Viernes Santo: Celebración de la Pasión del Señor
6 de abril de 2007

Nota importante

Repetimos esta nota ya aparecida en la página de Moniciones. De todas formas la indicación se hace para evitar errores. Como decíamos, la celebración se inicia en silencio con el sacerdote rostro en tierra. No es una celebración eucarística de la del Viernes Santo. No es una misa. Por eso no hay moniciones de ningún tipo. Estamos ante la conmemoración de la muerte del Señor en la Cruz y su Enterramiento. Cuando en las iglesias se prepara el "Monumento" --un sagrario colocado fuera del altar y lleno de luces-- se "entierra" a Jesús Sacramentado a la espera de la Resurrección. San Ignacio de Loyola, en sus Ejercicios Espirituales habla de sentir tristeza y procurarla. Luego dirá en la Resurrección que habrá que pensar en la Alegría. Tiene razón sobre que debemos preparar nuestro corazón para este tiempo y sentir lo que queremos sentir que, sin duda, es una tristeza honda por la muerte del único que no debió morir. No fue así y el sacrificio de Cristo nos limpió a los supervivientes de todos los tiempos para que, sin pecado, busquemos la implantación del Reino. Se lee completa la Pasión según San Juan que es uno de los relatos más impresionantes del Nuevo Testamento con un sentido de la teología de la redención que deja el espíritu exhausto.

Al final de las Lecturas aparece el formulario de una emocionante Hora Santa

redactada por el padre Javier Leoz

PRIMERA LECTURA

LECTURA DEL LIBRO DE ISAÍAS 52, 13-53, 12

Mirad, mi siervo tendrá éxito, subirá y crecerá mucho. Como muchos se espantaron de él, porque desfigurado no parecía hombre, ni tenía aspecto humano, así asombrará a muchos pueblos, ante él los reyes cerrarán la boca, al ver algo inenarrable y contemplar algo inaudito. ¿Quién creyó nuestro anuncio?, ¿a quién se reveló el brazo del Señor? Creció en su presencia como brote, como raíz en tierra árida, sin figura, sin belleza. Lo vimos sin aspecto atrayente, despreciado y evitado de los hombres, como un hombre de dolores, acostumbrado a sufrimientos, ante el cual se ocultan los rostros, despreciado y desestimado. Él soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores; nosotros lo estimamos leproso, herido de Dios y humillado; pero él fue traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes.

Nuestro castigo saludable cayó sobre él, sus cicatrices nos curaron. Todos errábamos como ovejas, cada uno siguiendo su camino; y el Señor cargó sobre él todos nuestros crímenes. Maltratado, voluntariamente se humillaba y no abría la boca; como cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca. Sin defensa, sin justicia, se lo llevaron, ¿quién meditó en su destino? Lo arrancaron de la tierra de los vivos, por los pecados de mi pueblo lo hirieron.

Le dieron sepultura con los malvados, y una tumba con los malhechores, aunque no había cometido crímenes ni hubo engaño en su boca. El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento, y entregar su vida como expiación; verá su descendencia, prolongará sus años, lo que el Señor quiere prosperará por su mano. Por los trabajos de su alma verá la luz, el justo se saciará de conocimiento.

Mi siervo justificará a muchos, porque cargó con los crímenes de ellos. Le daré una multitud como parte, y tendrá como despojo una muchedumbre. Porque expuso su vida a la muerte y fue contado entre los pecadores, él tomó el pecado de muchos e intercedió por los pecadores.

Palabra de Dios

 

SALMO RESPONSORIAL

SALMO 30

R.- PADRE, A TUS MANOS ENCOMIENDO MI ESPÍRITU

A ti, Señor, me acojo:

no quede yo nunca defraudado;

tú, que eres justo, ponme a salvo.

A tus manos encomiendo mi espíritu:

tú, el Dios leal, me librarás. R.-

 

Soy la burla de todos mis enemigos,

la irrisión de mis vecinos,

el espanto de mis conocidos;

me ven por la calle, y escapan de mí.

Me han olvidado como a un muerto,

me han desechado como a un cacharro inútil. R.-

 

Pero yo confío en ti, Señor,

te digo: «Tú eres mi Dios.»

En tu mano están mis azares;

líbrame de los enemigos que me persiguen. R.-

 

Haz brillar tu rostro sobre tu siervo,

sálvame por tu misericordia.

Sed fuertes y valientes de corazón,

los que esperáis en el Señor. R.-

 

SEGUNDA LECTURA

LECTURA DE LA CARTA A LOS HEBREOS 4, 14-16; 5, 7-9

Hermanos:

Mantengamos la confesión de la fe, ya que tenemos un sumo sacerdote grande, que ha atravesado el cielo, Jesús, Hijo de Dios. No tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino que ha sido probado en todo exactamente como nosotros, menos en el pecado. Por eso, acerquémonos con seguridad al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y encontrar gracia que nos auxilie oportunamente. Cristo, en los días de su vida mortal, a gritos y con lágrimas, presentó oraciones y súplicas al que podía salvarlo de la muerte, cuando en su angustia fue escuchado. Él, a pesar de ser Hijo, aprendió, sufriendo, a obedecer. Y, llevado a la consumación, se ha convertido para todos los que le obedecen en autor de salvación eterna.

Palabra de Dios

 

ACLAMACIÓN Flp 2, 8-9

Cristo, por nosotros, se sometió incluso a la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el “Nombre-sobre-todo-nombre”.

 

EVANGELIO


Nota importante.- El presente texto del Evangelio está editado para que sea leído por varios lectores, siguiendo la tradición litúrgica de la escenificación solemne. Así los párrafos iniciados con la cruz (+) corresponden a las palabras pronunciadas por Jesucristo y las lee el sacerdote. Con la ese (S) son otros personajes y con la ce (C) el cronista. Asimismo se ha marcado con doble espacio lugares de pausa o hay instrucciones de culto y en ellos se han situado los dibujos habituales de final de lectura para facilitar la partición


PASIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO SEGÚN SAN JUAN 18, 1-19,42

C. En aquel tiempo, salió Jesús con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto, y entraron allí él y sus discípulos. Judas, el traidor, conocía también el sitio, porque Jesús se reunía a menudo allí con sus discípulos. Judas entonces, tomando la patrulla y unos guardias de los sumos sacerdotes y de los fariseos, entró allá con faroles, antorchas y armas. Jesús, sabiendo todo lo que venía sobre él, se adelantó y les dijo:

+ ¿A quién buscáis?

C. Le contestaron:

S. A Jesús, el Nazareno.

C. Les dijo Jesús:

+ Yo soy.

C. Estaba también con ellos Judas, el traidor. Al decirles: «Yo soy», retrocedieron y cayeron a tierra. Les preguntó otra vez: + -«¿A quién buscáis?»

C. Ellos dijeron:

S. A Jesús, el Nazareno.

C. Jesús contestó:

+ Os he dicho que soy yo. Si me buscáis a mí, dejad marchar a éstos.

C. Y así se cumplió lo que había dicho: “No he perdido a ninguno de los que me diste”.

Entonces Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó e hirió al criado del sumo sacerdote, cortándole la oreja derecha. Este criado se llamaba Malco. Dijo entonces Jesús a Pedro:

+ Mete la espada en la vaina. El cáliz que me ha dado mi Padre, ¿no lo voy a beber?

C. La patrulla, el tribuno y los guardias de los judíos prendieron a Jesús, lo ataron y lo llevaron primero a Anás, porque era suegro de Caifás, sumo sacerdote aquel año; era Caifás el que había dado a los judíos este consejo: “Conviene que muera un solo hombre por el pueblo”. Simón Pedro y otro discípulo seguían a Jesús. Este discípulo era conocido del sumo sacerdote y entró con Jesús en el palacio del sumo sacerdote, mientras Pedro se quedó fuera a la puerta. Salió el otro discípulo, el conocido del sumo sacerdote, habló a la portera e hizo entrar a Pedro. La criada que hacía de portera dijo entonces a Pedro:

S. ¿No eres tú también de los discípulos de ese hombre?

C. Él dijo:

S. No lo soy.

C. Los criados y los guardias habían encendido un brasero, porque hacía frío, y se calentaban. También Pedro estaba con ellos de pie, calentándose.

El sumo sacerdote interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y de la doctrina. Jesús le contestó:

+Yo he hablado abiertamente al mundo; yo he enseñado continuamente en la sinagoga y en el templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he dicho nada a escondidas. ¿Por qué me interrogas a mí? Interroga a los que me han oído, de qué les he hablado. Ellos saben lo que he dicho yo.

C. Apenas dijo esto, uno de los guardias que estaba allí le dio una bofetada a Jesús, diciendo:

S. ¿Así contestas al sumo sacerdote?

C. Jesús respondió:

+ Si he faltado al hablar, muestra en qué he faltado; pero si le hablado como se debe, ¿por qué me pegas?

C. Entonces Anás lo envió atado a Caifás, sumo sacerdote.

C. Simón Pedro estaba en pie, calentándose, y le dijeron:

S. ¿No eres tú también de sus discípulos?

C. Él lo negó, diciendo:

S. No lo soy.

C. Uno de los criados del sumo sacerdote, pariente de aquel a quien Pedro le cortó la oreja, le dijo:

S. ¿No te he visto yo con él en el huerto?

C. Pedro volvió a negar, y enseguida cantó un gallo.

C. Llevaron a Jesús de casa de Caifás al pretorio. Era el amanecer, y ellos no entraron en el pretorio para no incurrir en impureza y poder así comer la Pascua. Salió Pilato afuera, adonde estaban ellos, y dijo:

S. ¿Qué acusación presentáis contra este hombre?

C. Le contestaron:

S. Si éste no fuera un malhechor, no te lo entregaríamos.

C. Pilato les dijo:

S. Lleváoslo vosotros y juzgadlo según vuestra ley.

C. Los judíos le dijeron:

S. No estamos autorizados para dar muerte a nadie.

C. Y así se cumplió lo que había dicho Jesús, indicando de qué muerte iba a morir.

Entró otra vez Pilato en el pretorio, llamó a Jesús y le dijo:

S. ¿Eres tú el rey de los judíos?

C. Jesús le contestó:

+ ¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?

C. Pilato replicó:

S. ¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho?

C. Jesús le contestó:

+ Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí.

C. Pilato le dijo:

S. Con que, ¿tú eres rey?

C. Jesús le contestó:

+ Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz.

C. Pilato le dijo:

S. Y, ¿qué es la verdad?

C. Dicho esto, salió otra vez adonde estaban los judíos y les dijo:

S. Yo no encuentro en él ninguna culpa. Es costumbre entre vosotros que por Pascua ponga a uno en libertad. ¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?

C. Volvieron a gritar:

S. A ése no, a Barrabás.

C. El tal Barrabás era un bandido.

C. Entonces Pilato tomó a Jesús y lo mandó azotar. Y los soldados trenzaron una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza y le echaron por encima un manto color púrpura; y, acercándose a él, le decían:

S. ¡Salve, rey de los judíos!

C. Y le daban bofetadas.

Pilato salió otra vez afuera y les dijo:

S. Mirad, os lo saco afuera, para que sepáis que no encuentro en él ninguna culpa.

C. Y salió Jesús afuera, llevando la corona de espinas y el manto color púrpura. Pilato les dijo:

S. Aquí lo tenéis.

C. Cuando lo vieron los sumos sacerdotes y los guardias, gritaron:

S. ¡Crucifícalo, crucifícalo!

C. Pilato les dijo:

S. Lleváoslo vosotros y crucificadlo, porque yo no encuentro culpa en él. C. Los judíos le contestaron:

S. Nosotros tenemos una ley, y según esa ley tiene que morir, porque se ha declarado Hijo de Dios.

C. Cuando Pilato oyó estas palabras, se asustó aún más y, entrando otra vez en el pretorio, dijo a Jesús:

S. ¿De dónde eres tú?

C. Pero Jesús no le dio respuesta. Y Pilato le dijo:

S. ¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para soltarte y autoridad para crucificarte?

C. Jesús le contestó:

+ No tendrías ninguna autoridad sobre mí, si no te la hubieran dado de lo alto. Por eso el que me ha entregado a ti tiene un pecado mayor.

C. Desde este momento Pilato trataba de soltarlo, pero los judíos gritaban:

S. Si sueltas a ése, no eres amigo del César. Todo el que se declara rey está contra el César.

C. Pilato entonces, al oír estas palabras, sacó afuera a Jesús y lo sentó en el tribunal, en el sitio que llaman «el Enlosado» (en hebreo Gábbata). Era el día de la Preparación de la Pascua, hacia el mediodía. Y dijo Pilato a los judíos:

S. Aquí tenéis a vuestro rey.

C. Ellos gritaron:

S. ¡Fuera, fuera; crucifícalo!

C. Pilato les dijo:

S. ¿A vuestro rey voy a crucificar?

C. Contestaron los sumos sacerdotes:

S. No tenemos más rey que al César.

C. Entonces se lo entregó para que lo crucificaran.

C. Tomaron a Jesús, y él, cargando con la cruz, salió al sitio llamado “de la Calavera” (que en hebreo se dice Gólgota), donde lo crucificaron; y con él a otros dos, uno a cada lado, y en medio, Jesús. Y Pilato escribió un letrero y lo puso encima de la cruz; en él estaba escrito: “Jesús, el Nazareno, el rey de los judíos”. Leyeron el letrero muchos judíos, porque estaba cerca el lugar donde crucificaron a Jesús, y estaba escrito en hebreo, latín y griego. Entonces los sumos sacerdotes de los judíos dijeron a Pilato:

S. No escribas: "El rey de los judíos", sino: "Este ha dicho: Soy el rey de los judíos".

C. Pilato les contestó:

S. Lo escrito, escrito está.

C. Los soldados, cuando crucificaron a Jesús, cogieron su ropa, haciendo cuatro partes, una para cada soldado, y apartaron la túnica. Era una túnica sin costura, tejida toda de una pieza de arriba abajo. Y se dijeron:

S. No la rasguemos, sino echemos a suerte, a ver a quién le toca.

C. Así se cumplió la Escritura: “Se repartieron mis ropas y echaron a suerte mi túnica”. Esto hicieron los soldados.

C. Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre:

+ Mujer, ahí tienes a tu hijo.

C. Luego, dijo al discípulo:

+ Ahí tienes a tu madre.

C. Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa.

C. Después de esto, sabiendo Jesús que todo había llegado a su término, para que se cumpliera la Escritura dijo:

+ Tengo sed.

C. Había allí un jarro lleno de vinagre. Y, sujetando una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo, se la acercaron a la boca. Jesús, cuando tomó el vinagre, dijo:

+ Está cumplido.

C. E, inclinando la cabeza, entregó el espíritu.

(Todos se arrodillan, y se hace una pausa)

C. Y al punto salió sangre y agua

C. Los judíos entonces, como era el día de la Preparación, para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día solemne, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y que los quitaran. Fueron los soldados, le quebraron las piernas al primero y luego al otro que habían crucificado con él; pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua. El que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero, y él sabe que dice verdad, para que también vosotros creáis. Esto ocurrió para que se cumpliera la Escritura: “No le quebrarán un hueso”; y en otro lugar la Escritura dice: “Mirarán al que atravesaron”.

C. Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo clandestino de Jesús por miedo a los judíos, pidió a Pilato que le dejara llevarse el cuerpo de Jesús. Y Pilato lo autorizó. Él fue entonces y se llevó el cuerpo. Llegó también Nicodemo, el que había ido a verlo de noche, y trajo unas cien libras de una mixtura dé mirra y áloe. Tomaron el cuerpo de Jesús y lo vendaron todo, con los aromas, según se acostumbra a enterrar entre los judíos. Había un huerto en el sitio donde lo crucificaron, y en el huerto un sepulcro nuevo donde nadie había sido enterrado todavía. Y como para los judíos era el día de la Preparación, y el sepulcro estaba cerca, pusieron allí a Jesús.

Palabra del Señor

 

CAntos para la celebraciÓN

Viernes Santo

Por Alfonso Medina

ENTRADA: En silencio
Salmo responsorial: Padre a tus manos.
 Antes de la pasión : Cristo por nosotros.  
Durante la lectura de la pasión: Despues de la escena del huerto (..no he de beber”) se puede cantar Dános un corazón. CLN. 718 (sin estrofas), se invita a la asamblea a sentarse; después de la escena de Barrabás (“el tal Barrabás era un bandido”) Se canta sin estrofas Anunciaremos tu reino CLN. 402, prosigue  la lectura hasta  “para que lo crucificaran” se puede cantar la primera estrofa de
“ Oh rostro lacerado”  CLN 102; todos se ponen de pie y después de entregó el espíritu” se hace una pausa y todos se arrodillan). Al final se puede cantar  como aclamación : Victoria CLN. 154
Adoración de la cruz: Mirad el árbol de la cruz (Misal) ; Pueblo mío CLN. 154; Oh cruz te adoramos CLN.156; Perdona a tu pueblo CLN. 125;
Comunión: Cerca de ti, Señor . CLN 702; Todos unidos formando un solo cuerpo. CLN. 408.
Final: En silencio.

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HORA SANTA

Javier Leoz (2007)


1. INTRODUCCIÓN

Estamos en la hora de mayor debilidad en Jesús, y sin embargo, es el momento de su gran valentía y admirable fortaleza.

.El Dios, que bajó humildemente en Belén, se ha postrado –en este atardecer- para lavarnos los pies.

.El Dios, que sin palabra alguna, dijo tanto en la noche de Belén, guarda silencio al calor de los olivos.

¿Queréis acompañar al Señor en este momento culminante de su vida?

.El Salvador, que se hizo carne para que viésemos el rostro de un Dios humanado, se arrodilla, otra vez hoy, en Jueves Santo:

-No para lavarnos los pies…sino para estar a solas con Dios

-No para dejarnos su Eucaristía….sino para hacernos partícipes de su dolor y de sus pruebas

-No para servirnos……sino para dejarnos un testamento que se resume en una palabra: ¡AMAOS!

-No para echar marcha atrás….sino para decir ¡Hágase tu voluntad!

1.1. ORACIÓN DE LA ASAMBLEA

- Tengo miedo, Dios mío, pero confío en Ti: ¡HAGASE TU VOLUNTAD! (todos)

- ¿Es necesario tanto dolor y tal prueba de amor? ¡HAGASE TU VOLUNTAD!

- Siento que, el pensamiento, puede más que la voluntad de mi alma: ¡HAGASE TU VOLUNTAD!

- Quisiera que, la cruz que me espera, fuera más corta y menos pesada: ¡HAGASE TU VOLUNTAD!

- Necesito saber, Dios mío, que Tú estás detrás de todo esto: ¡HAGASE TU VOLUNTAD!

- ¿Dónde estás, Señor, cuando apenas percibo tu presencia? ¡HAGASE TU VOLUNTAD!

- Si he morir, Señor, que sea sin sufrimiento, sin tentaciones, sin cruz: ¡HAGASE TU VOLUNTAD!

- Si he de morir, que no sea insultado ni maltratado: ¡HAGASE TU VOLUNTAD!

Canto: (Oh Señor delante de Ti; Cerca de Ti Señor; Libertador de Nazaret)

2. LA PALABRA DE DIOS

Como el Padre me amó, yo os he amado (Jn. 15, 9-17)

“Yo os he amado como el Padre me ama a mí: permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, así como yo permanezco en el amor de mi Padre guardando sus mandatos.

Os he dicho todas estas cosas para que participéis de mi alegría y seáis plenamente felices. Ahora os doy mi mandamiento: amaos unos a otros como yo os he amado. No hay amor más grande que dar la vida por los amigos.

Vosotros sois mis amigos si cumplís lo que os mando. Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo.

Os llamo amigos, porque os he dado a conocer todo lo que he aprendido de mi Padre.

No me escogisteis vosotros a mí. Fui yo quien os escogí a vosotros y os puse para que produzcáis fruto, y ese fruto permanezca. Entonces todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo dará.

Esto os pido: QUE OS AMÉIS UNOS A OTROS”

2.2: TAMBIÉN, Y COMO INICIO DE LA HORA SANTA, SE PUEDE ESCOGER EL SIGUIENTE TEXTO:

“Entonces Jesús salió y se fue, como era su costumbre, al monte de los Olivos; y le siguieron también sus discípulos. Cuando llegaron al lugar, les dijo: Orad para no caer en la tentación. Después se alejó de ellos como a la distancia de un tiro de piedra y, doblando las rodillas, oraba diciendo: Padre, si quieres, aparta de mí esta prueba. Sin embargo, que no se haga mi voluntad sino la tuya. Entonces se le apareció un ángel del cielo que venía a animarlo, y empezó a luchar contra la muerte. Oraba con más insistencia y su sudor se convirtió en grandes gotas de sangre, que caían hasta el suelo. Después de orar se levantó y fue hacia donde estaban los discípulos y los halló durmiendo, vencidos por la tristeza. Les dijo: ¿Cómo podéis estar durmiendo? Levantaos y orad para que no os venza la prueba.”

Gesto: El que dirige la Hora Santa dice: El Señor nos manda que nos amemos. Comencemos con paz esta Hora Santa con Jesús: ¡EN EL NOMBRE DEL SEÑOR DAROS LA PAZ!

Canto: (Os doy un mandato nuevo; Haz de mí, Señor un instrumento de tu paz; Señor, Señor; haz de mí un mensajero de tu paz u otros apropiado)

2.3 REFLEXIÓN

¿Amar como el Señor nos ha amado? Sólo estando cerca de El se puede amar así. Cuanto más lejos de Dios, más lejos de la fuente del amor. ¡Más distancia entre nosotros y los que nos rodean! El amor de Jesús tiene una originalidad: es universal. No es arrogante. No se impone.

El amor de Jesús, entre otras cosas, es silencioso. Hace el bien...y sigue hacia adelante. No espera agradecimiento ni reconocimiento. El amor de Jesús busca y se alimenta con la Fe.

¿Amar como el Señor nos ha amado? ¡Es posible! Adentrémonos en Getsemaní. Pensemos un momento sobre qué personas necesitan de un amor sin condiciones, sin mentiras, constante, sin altibajos.

(Silencio lleno de oración)

3. ORACION: POR TANTAS COSAS

(puede ponerse un fondo musical o incluso proyectarse unas diapositivas sobre la vida de Jesús)

Padre santo,

en esta hora de la noche nos reunimos al cobijo del Huerto de los Olivos

para hacer memoria de lo mucho que en esta tarde has hecho y nos has dado.

De los dones que, en este día de Jueves Santo, nos has dejado

y adorar la presencia sacramental de tu Hijo

entregado para la salvación de todos.

 

-Él es el Profeta,

haz que su Palabra resuene en nuestro corazón

y nuestras palabras sean eco de la suya. (Se acerca una Biblia)

-Él es el Sacerdote (Se acerca una estola)

haz que nuestra ofrenda y oración

se eleve hasta tu trono, como incienso,

y te ofrezcamos el gozo y el llanto de la humanidad.

 

-Él es el Emmanuel, que permanece en el Sacramento

haz que nosotros permanezcamos con él,

como los sarmientos en la vid (se acercan unos sarmientos)

Él nos ha dado como testamento el mandamiento del amor,

haz que lo cumplamos y seamos instrumento de caridad

(Se acerca un gran corazón)

 

Padre santo,

aumenta nuestra fe en el misterio que adoramos y veneramos

en este tarde del Jueves Santo.

Ayúdanos a crecer y testimoniar nuestra fe en la vida

para que un día podamos contemplarte a ti y a tu Hijo, sin velo alguno.

Él que vive y reina por los siglos de los siglos.

Todos: Amén.

3. ESTA NOCHE, IGUAL QUE LA DE ENTONCES

(Diálogo de Jesús con el amigo)

Amigo: En esta hora, Señor, queremos darte gracias por habernos apartado a este lugar tranquilo. Dicen que, en el silencio, es donde se toman las grandes decisiones. Aún ahora, Señor, seguimos conmovidos por tus palabras en la Santa Cena.

Cristo: Han sido palabras salidas del corazón que os quiere. En él, os lo aseguro, todos tenéis cabida. Miro al cielo estrellado y, más que por mí, aún con el amargo cáliz en mis manos, pido por todos vosotros. ¿Seréis capaces de llevar adelante mi testamento de amor? ¿No romperéis pronto lo que, en Jueves Santo, os dejo en delicado vaso sagrado y en patena resplandeciente?

Amigo: ¿Por qué habríamos de romper tu obra, Señor? Aún te recordamos niño. Aún estamos viendo a Santa María Virgen meciéndote en sus brazos. Si, el día en el que Tú naciste Señor, se rompió el silencio de la noche por los coros celestiales, ayúdanos a no dañar estos momentos de gloria, de pasión y de dolor.

Cristo: ¿Y qué me decís de la cruz? ¿Sabéis que duro resulta hablar con un Padre que te exige cargar con un madero excesivamente grande; con un peso tremendamente desproporcionado? Pero, sabedlo, no es el peso que me espera mañana, Viernes Santo, lo que me asusta. Sigo viendo hombres que no creen. Hombres y mujeres que no esperan. Hombres y mujeres que van quitando trozos a su cruz porque ya no quieren acompañarme o aligerar la mía.

Amigo: Enséñanos a llevar esa cruz, Señor. Descúbrenos el secreto y el misterio que encierra esta noche de Getsemaní. ¡Despiértanos! Si es que nos dormimos. ¡Levántanos! Si, por lo que sea nos desplomamos por el miedo y las consecuencias de seguirte.

Cristo: ¿Secreto? No hay más secreto que la presencia de Dios. Y, aún en su presencia, quisiera no haber conocido este cáliz con el que se ha abierto ante mí los peores días de mí vida pero con un solo deseo: abrazos a todos y elevaros hasta Dios. No sé si esto lo conseguiré. Pero, estad seguros, que en esta oración se cruza la fe con la duda, el gozo con el llanto, Dios con el maligno, la paz con las turbulencias en mi alma. ¡Basta ya! Quiero silencio. ¿Estáis dispuestos, por lo menos, a ofrecerme un poco de vuestro silencio? ¿Queréis acortar un poco la distancia que existe entre vuestro pensamiento perdido y el alma que busca a Dios? ¡No durmáis! ¡Velad conmigo!

(silencio)

Canto: (No adoréis a nadie; Quédate junto a nosotros)

Amigo: ¿Dormir, Señor? Nosotros, en esta noche, quisiéramos ser como la sangre. Cuando hay herida, acude a ella. ¿Cómo vamos a descansar cuando un amigo da la vida por sus amigos? ¿Cómo vamos a dejar que nuestros ojos dejen de contemplar tu oración universal y vertiginosa, limpia y dolorosa?

Hoy, Señor, te lo confesamos: esta Hora Santa es la hora en la que, una vez más, se pone sobre la mesa la redención de la humanidad, el rescate de nosotros tus amigos, la salvación que Dios quiere y desea para los que creen en El. Déjanos acompañarte con el silencio. Recordarte lo que, Tú en tantos momentos, nos prometiste: el triunfo sobre la muerte, la esperanza en tu resurrección, la libertad frente a las esclavitudes que tenemos.

Cristo: Os lo prometo: ¡Volveré! ¡Volveré! ¡Volveré! Y, ojala cuando vuelva, os encuentre a todos siendo servidores los unos con los otros; buscando el bien en aquellos que más lo necesitan; trabajando por la paz; amando y edificando espiritualmente mi iglesia.

¡Volveré! ¡Volveré! Con este cáliz entre mis manos, como amigo y Señor, os digo: ¡Volveré! Pero, cuando vuelva ¿Encontraré adoradores de mi Padre? ¿Corazones hambrientos de Dios? ¿Paladares gustando la Eucaristía? ¿Manos comprometidas en el amor y por el amor? ¿Oídos que deseen escuchar palabras de salvación?

Esta hora, como la de hace 2000 años, sigue siendo igual de cruenta, de vértigo. Miro al fondo del cáliz, y veo los mismos pecados que aquella primera noche Getsemaní: el hombre que sólo quiere ser hombre, y de –vez en cuando- quiere jugar a ser Dios.

(Silencio lleno de oración)

4. PALABRA DE DIOS

Lectura del santo evangelio según san Juan 14, 1-12

Dijo Jesús a sus discípulos: “Que no tiemble vuestro corazón; creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas estancias; si no fuera así, ¿os habría dicho que voy a prepararos sitio? Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros. Y a donde yo voy, ya sabéis el camino”. Tomás le dice: “Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?”.Jesús le responde: “Yo soy el camino, y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí. Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto”. Felipe le dice: “Señor, muéstranos al Padre y nos basta”. Jesús le replica: “Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: Muéstranos al Padre?” ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace sus obras. Creedme: yo estoy en el Padre, y el Padre en mí. Si no, creed a las obras. Os lo aseguro: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores. Porque yo me voy al Padre”.

Palabra del Señor.

4.1 REFLEXIÓN

-Qué gran estancia, la que el Señor, nos ha preparado en esta noche. Aquí se respira la presencia de Dios. El alma está en lucha. ¿A quién de los que estamos aquí no nos asustan los “límites”, es decir, cuando se nos exige más de aquello que pensamos podemos dar?

-Dejémonos llevar por el Señor. La Hora Santa es un camino de apertura hacia Dios. Un momento en el que, con nitidez, escuchamos una frase de Jesús: ¡Hágase tu voluntad!

-Dejémonos seducir por el silencio. Hagamos frente al sueño. No dejemos que se amuerme nuestra fe en los ambientes adversarios a la vida cristiana.

-Estar con el Señor, hoy y aquí, implica una cosa: elegirle como camino, escucharle como Palabra y tenerlo como lo más importante de nuestra existencia.

Canto: (Cristo nos da la libertad; Creo en Jesús; Yo creo en Ti, Señor; Creo aunque todo parezca morir; Levanto mis ojos a los montes)

5. DESDE MI SILENCIO

(Habla Jesús)

Te escribo cuando estoy a punto de subir a la cruz

a ti, que tantas veces me miraste sin verme

y me oíste sin escucharme.

 

A ti, que tantas veces prometiste seguirme de cerca

y sin saber por qué te distanciaste de las huellas que dejé en el mundo

para que no te perdieras.

 

Os escribo, cuando –con más emoción que nunca- miro al Padre,

pero, con más pasión que nunca, no puedo dejar de mirar hacia vosotros,

A vosotros, que no siempre creéis que estoy en el silencio,

que me buscáis sin hallarme y a veces perdéis la fe en encontrarme,

a vosotros, que a veces pensáis que soy un recuerdo y no comprendes que estoy

vivo.

 

Yo soy el principio y el fin, soy el camino para no desviaros,

la verdad para que no te equivoquéis y la vida para no morir.

Mi tema preferido es el amor, que fue mi razón para vivir y para morir.

Yo fui libre hasta el fin, tuve un ideal claro

y lo defendí con mi sangre para salvaros

Fui maestro y servidor, soy sensible a la amistad

y hace tiempo que espero que me regaléis la vuestra

 

Nadie como yo conoce vuestras almas,

vuestros pensamientos, vuestro proceder,

y sé muy bien lo que valéis.

Incluso, ahora que os veo dormidos, sé que puede más

El deseo de seguirme, que la inclinación a dejarme.

 

Sé que quizás vuestra vida os parezca pobre a los ojos del mundo,

pero Yo sé que tenéis mucho para dar,

como yo me estoy dando ahora,

y estoy seguro que dentro de vuestro corazón

hay un tesoro escondido; ¡conoceros a vosotros mismos!

y, así, haréis un lugar para mí, como yo, en mi corazón

he reservado un rincón para mi Padre Dios.

 

Si supieseis cuánto hace que golpeo las puertas de vuestro corazón

y no recibo respuesta.

 

A veces también me duele que me ignoréis y me condenéis como Pilatos,

otras que me neguéis como Pedro

y que otras tantas me traicionéis como Judas.

 

Cuando estoy a punto de coger el madero y de subir hasta lo más alto de él

quisiera no volver a veros egoístas

orgullosos, rebeldes, disconformes, pesimistas.

Cada vez que estéis débiles, como yo ahora lo estoy –débil y fuerte-

buscadme y me encontraréis.

Cada vez que os encontréis abatidos, como en este instante yo me encuentro,

habladme, contadme lo que os ocurre. Como yo, ahora, lo estoy haciendo con mi

Padre.

Cada vez que creáis que no servís para nada no os deprimáis

no os creáis poca cosa.

No olvidéis que yo, hace unos días, necesité de un asno

para entrar en Jerusalén y necesito de vuestra pequeñez

para entrar en el alma de vuestros prójimos

 

Cada vez que os sintáis solos en el camino,

no olvidéis que estoy con vosotros, aunque –ahora- me sienta más sólo que nunca

No os canséis de pedirme que yo no me cansaré de daros

no os canses de seguirme que yo no me cansaré de acompañaros

nunca, os lo digo en esta hora de prueba, os dejaré solos.

(Silencio lleno de oración)

 

6. ORACIÓN FINAL

¡Qué milagro, todo por amor a nosotros!

Te damos gracias, Señor, por haber nacido en la Tierra.

Viviste y moriste por nosotros.

Anduviste en el mundo como nosotros

y pasaste por las mismas experiencias

que tenemos que pasar.

Aun así, Tu fe jamás titubeó.

Te damos gracias por el mejor de los regalos: Tú mismo.

Por encima de todo, te agradecemos Tu regalo de Amor

¡Te damos gracias por tu nacimiento,

por Tu vida, por Tu muerte

y por todo lo que tuviste que hacer

para darnos salvación y vida eterna! Amén.

CANTO FINAL

Danos un corazón grande para amar.

Danos un corazón fuerte para luchar.

 

1.- Hombres nuevos, creadores de la historia,

constructores de nueva humanidad.

Hombres nuevos que viven la existencia

como riesgo de un largo caminar.

 

2.- Hombres nuevos, luchando en esperanza,

caminantes, sedientos de verdad.

Hombres nuevos, sin frenos ni cadenas,

hombres libres que exigen libertad.

 

3.- Hombres nuevos, amando sin fronteras,

por encima de razas y lugar.

Hombres nuevos, al lado de los pobres,

compartiendo con ellos techo y pan