Vigilia Pascual
6- 7 de abril de 2007

La homilía de Betania


1.- LA RESPUESTA DEL BONZO

Por Gustavo Vélez mxy

2. - ¿CREEMOS EN LA RESURRECCIÓN O NO CREEMOS?

Por José Maria Maruri, S. J.

3.- ¡EL SEÑOR, RESUCITÓ! ¡NO NOS ABANDONARÁ!

Por Javier Leoz

4.- MUJERES HERALDOS DE LA VIDA

Por Antonio García Moreno

5.- EL BILLETE DE VUELTA

Por Ángel Gómez Escorial


LA HOMILIA MÁS JOVEN


¡GOZAD DE ESTA FIESTA SUPREMA!

Por Pedrojosé Ynaraja


1.- LA RESPUESTA DEL BONZO

Por Gustavo Vélez mxy

1.- “El primer día de la semana, de madrugada, las mujeres fueron al sepulcro llevando los aromas que habían preparado. Mientras estaban desconcertadas, dos hombres con vestidos refulgentes les dijeron: No está aquí. Ha resucitado”. San Lucas, Cáp. 24.

En una aldea remota, al frente de una antigua pagoda, el misionero dialogaba con un bonzo:

- ¿Y por qué decidiste abrazar esta vida?

--Mira, extranjero, respondió el monje, durante la guerra de Pol Pot, cuando en Camboya hubo tres millones de muertos, yo quedé con un hueco en el alma.

--También a nosotros los cristianos muchas cosas nos han herido en lo interior, respondió el misionero. Pero nos apoyamos en Jesús de Nazaret.

- Jesús… ¿Jesús de Nazaret? Algo he oído de él. Entiendo que fue un hombre iluminado, casi como Buda.

Cuando nos acercamos al Evangelio verificamos que los discípulos del Señor, aquella tarde del Viernes Santo, se sintieron destrozados. Lo mismo que tantos de nosotros, creyentes o increyentes, a quienes la vida nos hiere de modo inexorable. Pero cuando Jesús se levanta del sepulcro, vence en nosotros todas las fuerzas del mal. El poder de Dios vuelve a tomar las riendas de la historia.

3.- La liturgia que esta noche celebramos, con sus signos de luz, de gozo y de vida procura afirmar en cada corazón la fe en Cristo resucitado. En un Jesús que es el Hijo de Dios. Un Jesús, hermano nuestro que se las hubo con el enigma de la muerte y triunfó sobre él. “¿Dónde está muerte tu victoria? ¿Dónde está muerte tu aguijón?”, dirá luego san Pablo. El cirio que encendemos esta noche ahuyenta las tinieblas de la duda y anuncia sobre todos los tiempos que el pecado es menos poderoso que el amor de Dios. Que el dolor se diluye bajo el impulso de la gracia. Que morir es solamente un momento de sombra, en el camino hacia la luz perdurable.

4.- Los evangelistas se encargan de presentarnos, en diversas escenas, al Señor resucitado frente al desconcierto de sus discípulos. Primero unas mujeres que, van con aceites y aromas hasta el sepulcro del Maestro, pero no encuentran su cadáver. Luego unos “hombres con vestidos refulgentes, que les dicen: No está aquí. Ha resucitado”. Enseguida, Pedro y Juan que corren hacia el huerto, al ser avisados por las mujeres. Más tarde la pequeña comunidad reunida en el cenáculo, llena de miedo, pero alentada por la esperanza. Unos días más adelante, todos aquellos que van sintiendo en el alma la seguridad de que Jesús es Dios y ha vencido la muerte.

5.- Entre ellos nos contamos nosotros, congregados aquí en este templo. Nosotros que, a pesar del tiempo y la distancia que nos separan del Cristo histórico, sentimos en nuestra vida la tragedia de la crucifixión, pero además el gozo de Cristo resucitado.

Sobre todas las liturgias del año, la de esta noche es la reina y señora. Cantamos: Aleluya, que significa: ¡Viva Dios! Renovamos la profesión de fe y las promesas bautismales. Es decir confesamos que vale la pena seguir a Jesucristo, apear de nuestras culpas. Que nos comprometemos a seguirle en la comunidad de los sus discípulos. Porque Jesús ha cubierto con el amor inefable de Dios todos nuestros vacíos. Con Él podemos mantener encendida la esperanza. Por Él hemos sanado las heridas que nos hacen sangrar el corazón.


2. - ¿CREEMOS EN LA RESURRECCIÓN O NO CREEMOS?

Por José Maria Maruri, S. J.

1. - Desde que nuestra sociedad comenzó a darse cuenta de que no éramos libres, que andábamos reprimidos, se empezó a hablar y a trabajar en contra de todo tabú: el tabú del sexo, el tabú del porro y las drogas, el tabú de los padres y maestros…

Pero ha quedado un tabú, del que es tabú hablar y es el tabú de la muerte. Digo, de él también se habla, pero no para librarnos de él, sino para, por eutanasia, poner la pesada losa de la muerte cuanto antes sobre los que no tienen remedio.

2.- Sólo ha habido un hombre en la Historia que se ha atrevido a hablar en contra del tabú de la muerte. El que se ha llamado a sí mismo: verdad y vida. Resurrección y vida. El que ha prometido vida eterna a los que creen en Él.

Jesús Dios es el único que puede prometer, sin aplicaciones políticas ni concesiones a la galería, que puede acabar con el tabú de la muerte con la idea de que pasaremos de esta vida, a través de la muerte, a una vida inacabable.

Jesús no escamotea la muerte. Pasa por ella, pero la vence.

Jesús no nos enseña a morir dignamente y a quedarnos en la tumba. Nos enseña que la muerte es un dintel oscuro entre dos habitaciones llenas de vida; que la muerte es una frontera entre dos vidas, que la muerte es un puente que une la orilla de la vida mortal con la orilla de la eternidad; que la muerte es el traqueteo del tren al entrar en esa estación del Reino de la Vida y de la vida eterna y que es una mera transformación del grano de trigo en la vitalidad pujante de la espiga.

3.- Jesús Dios no es dios de muertos, sino de vivos. Por eso los ángeles no comprenden que los discípulos busquen entre los muertos al que vive:

—No es en el sepulcro sellado.

—No es en la oscuridad de la tumba.

—No es en la tristeza y las lágrimas.

—No es en caras amargas y alargadas.

—No es en todo aquello que paraliza al hombre, donde Dios está:

—A Dios se le encuentra, no en la inmovilidad de un cadáver, sino en la agitación de aquellas mujeres que huyen del sepulcro vacío.

—A Dios lo encuentra María, no en las tinieblas de la tumba, sino en medio de una explosión de flores y plantas en el jardín.

—A dios se lo tropiezan al aire libre los caminantes de Emaús.

—A Dios lo palpan los Apóstoles en una reunión de amigos en el Cenáculo.

Dios es vida y está donde hay vida, no entre crespones de luto.

4.- Este es el mensaje de la Resurrección:

Que Dios no ha hecho al hombre para la muerte sino para la vida y que en la misma muerte hay vida:

—Como en la muerte de la semilla está la fecundidad vital de toda planta.

—Como en la explosión de una estrella del cielo nace una luz por millones de años.

Así en la muerte de Jesús, y en la nuestra, hay una explosión de vitalidad que tiende al infinito.

¿Creemos en la Resurrección o no creemos? Si no creemos es natural la tristeza de tantos cristianos. Es natural que nos aburra la religión. Es natural que, a veces, hasta deseásemos no haber tenido esa Fe. Es natural que llevemos a rastras nuestra vida cristiana.

El que cree tiene la vitalidad del salmón que nada contracorriente río arriba para dejar, allá en lo alto, un nuevo principio de Vida.

El que ni cree se deja empujar como canto rodado río abajo. Vivirá como pez en pecera respirando malamente hasta que una mañana lo encuentren panza arriba, sin vida.


3.- ¡EL SEÑOR, RESUCITÓ! ¡NO NOS ABANDONARÁ!

Por Javier Leoz

1.- ¡Feliz Pascua de Resurrección! Así de entusiastas nos hemos de mostrar, cantar, proclamar y recordar por todos los rincones donde nos encontremos: ¡Ha resucitado el Señor!

Es, esta gran noticia, la que sostiene nuestra fe. Por muchas veces que la celebremos y pregonemos, lejos de parecer antigua, ha de recobrar fuerza y vitalidad, por el testimonio y la convicción con que nos ha sido transmitida desde tiempos de los mismos apóstoles. ¡Ha resucitado el Señor!

Buena noticia porque, en medio de tanta muerte y de tristes crónicas que nos preocupan, el Señor nos ofrece una salida: si El murió, nosotros moriremos. Si El resucitó, nosotros resucitaremos.

Hoy, al lado de este gran acontecimiento, la ciencia, la razón, la matemática o toda especulación, se quedan cortas y, el Señor, vence por goleada: Dios resucitó al Señor, y con El, a todos nosotros. ¿Creemos esto? ¿Somos conscientes de que estamos hablando, profesando y cuidando los cimientos de nuestra fe?

2.- ¡Feliz Pascua de Resurrección! El Señor ha pasado. Ha sido aclamado e injuriado, lacerado y levantado en una cruz, enjuiciado y crucificado, enterrado….pero no ha sido derrotado. “Volveré” nos dijo. ¡Ya lo creo que ha vuelto! ¡Pero con una vida eterna en sus manos! ¡Con vida suficiente para todos! Con las marcas de su pasión en el cuerpo pero, sobre todo, con el gran regalo que, muchos hombres ya quisieran conseguir por sí mismos para venderlo luego a alto precio: la vida eterna. A Dios, el coste por dárnosla a nosotros, le ha salido alto, ¡Cristo!

En esta noche, y sería bueno pensarlo así, han sido rotas las cadenas de la muerte que nos tenía maniatados, esclavos. Era un túnel sin salida. Era el gran enigma por resolver. Con Dios todo ello ha sido resuelto: ¡tendremos un mañana feliz!

La noche más dramática de la humanidad es precisamente aquella que se cierne sobre ella: la muerte.

La noche más luminosa de la cristiandad es la que estamos celebrando: la vida. ¡Cómo no vamos a entonar un cántico de alabanza y un triple aleluya pascual!

3.- Innumerables hermanos nuestros lo vieron y lo pregonaron: ¡ha resucitado! Y, desde entonces, por los cuatro puntos cardinales de nuestra tierra, esta confidencia, ha ido transmitiéndose como el gran legado de Jesucristo.

Esta noche santa ilumina toda la historia de la humanidad. Muchos, es cierto, seguirán viviendo en la oscuridad. Otros ni saben todavía que están llamados a una nueva vida. Pero, nosotros, porque lo sabemos y lo creemos, lo celebramos, lo cantamos y lo vivimos: ¡ha resucitado el Señor! ¡Aleluya!

Ya que tenemos la suerte de haber conocido este gran prodigio, el Señor Resucitado, no podemos esconderlo por más tiempo. Nuestra vida ha de ser traspasada , hasta dar un vuelco, por el efecto de la resurrección. Ya no tienen sentido los llantos ni las tristezas, los desencantos ni los desencuentros: ¡estamos llamados a una nueva vida! ¡Jesús Resucitó!

Esta noche, es la noche a través de la cual pasamos de la muerte a la vida, de la oscuridad a la luz, de la orfandad a la amistad definitiva con Dios sellada en Nueva Alianza por Jesucristo. ¡Gracias Dios mío! ¡Tu cruz, aunque escándalo a primera vista, ha resultado ser victoria!

4.- Qué alegría, vivir todo esto y, espontáneamente comunicarlo a cuantos nos rodean. ¿Seremos capaces? ¿Diremos aquello de “es verdad ha resucitado”? No nos podemos asomar al sepulcro vacío y permanecer absortos e impasibles con los ojos puestos en el sudario. Nosotros somos hombres y mujeres del resucitado. No seguimos ni creemos por sus reliquias: ¡sus hechos nos han dejado impresionados! ¡Su Resurrección es motivo de optimismo y de liberación! ¡No moriremos definitivamente!

¿Por qué, hermanos, cuesta tanto entender y creer todo esto a amigos nuestros que –se dicen cristianos?

En esta Vigilia Pascual, que precede a mañana de la Pascua, no somos meros admiradores de Jesús. No somos fans de Jesús de Nazaret. Somos herederos de su misma suerte. Estamos llamados a descubrir su testamento espiritual, luego cumplirlo y, al final, disfrutarlo con la vida de la Resurrección.

Que el fruto primero, de esta Vigilia Pascual, la Vigilia de la Luz, la Vigilia de la Vida, la Vigilia del esplendor y del resplandor de la fe, sea precisamente ser hijos de la luz, irradiar y contagiar la alegría de nuestra vivencia cristiana.

Cristo no ha muerto ¿Quién ha dicho eso? ¡Vivo y eternamente vivo! Y, por la cuenta que nos trae a la humanidad sometida al absurdo de la muerte, creamos firmemente, y que no nos cueste demasiado creerlo: Jesús Resucitó y estamos llamados a gozar de esa misma vida. Entre otras razones, la más poderosa, porque lo ha hecho Dios. ¡Feliz Pascua de Resurrección!

5.- QUÉ GRAN NOTICIA, SEÑOR!

Que, el hombre, ya no conocerá

la muerte para siempre

Que, el pecado, ha sido con creces perdonado

Que, la vida, vence sobre el horizonte oscuro

Que, la luz, brillará –en un futuro- permanentemente.

 

¡QUÉ GRAN NOTICIA, SEÑOR!

Bajaste al sepulcro y, al tercer día, regresaste

Bajaste al sepulcro sólo, y subes con vida para todos

Bajaste al sepulcro muerto,

y regresas con una vida resucitada

¡QUÉ GRAN NOTICIA, SEÑOR!

Estábamos con grilletes esclavos de la muerte,

y ahora libres

Estábamos preocupados por la noche oscura,

y ahora cantamos a pleno día

Estábamos llenos de dudas, y el sepulcro abierto

nos da una certeza: ¡VIVES!

 

¡QUÉ GRAN NOTICIA, SEÑOR!

Te sentimos vivo, operante, activo y presente

Te sentimos cercano en el amor

y alentando nuestra esperanza

Te sentimos dándonos impulso y calor

para ser hombres nuevos

Te sentimos soplando las brasas de nuestra Fe

para que nunca se apague

 

¡QUÉ GRAN NOTICIA, SEÑOR!

Si Tú has vuelto, nosotros volveremos

Si Tú no has muerto para siempre,

nosotros resucitaremos un día

Si Tú has muerto por unos días,

nosotros moriremos por unas noches

Si Tú has vuelto después de tanto,

nosotros volveremos después de todo

 

¡QUÉ GRAN NOTICIA, SEÑOR!

Hemos pasado del sinsentido a la comprensión de todo

Hemos pasado de la inquietud a la paz

Hemos pasado de la tierra al cielo

Hemos pasado de los dioses a Dios

Hemos pasado del odio al amor

Hemos pasado de la muerte a la VIDA

 

¡QUÉ GRAN NOTICIA, SEÑOR!

Correremos hacia los vivos: ¡ESTAS VIVO!

Correremos hacia la fraternidad: ¡ERES AMOR!

Correremos hacia el pan: ¡ERES EUCARISTIA!

Correremos hacia iglesia: ¡ES COSA TUYA, SEÑOR!

Correremos hacia la vida:

¡ERES RESURRECCIÓN, SEÑOR!


4.- MUJERES HERALDOS DE LA VIDA

Por Antonio García Moreno

1.- "Cuando la casa de Israel habitaba en su tierra, la profanó con su conducta..." (Ez 36,16) El profeta Ezequiel, desde el exilio, recuerda con amargura la torpe conducta de su pueblo, sus pecados cuando habitaba en la tierra que Dios le había prometido. En lugar de agradecer cuanto el Señor les había dado, adoptaron una actitud de orgullo y autosuficiencia, dieron culto a otros dioses y olvidaron al Dios de sus padres. Por eso la cólera divina se desencadenó sobre ellos y fueron echados violentamente de sus casas, deportados a tierra extraña de nuevo.

Pero el Señor es un Dios compasivo que no olvida su alianza. Y al ver la triste situación en que estaban, siente pena y les promete la restauración del pueblo, la vuelta a sus hogares, a su añorada tierra. Serán recogidos de las naciones donde malvivían dispersos, serán purificados de todas sus inmundicias, les dará un corazón nuevo e infundirá sobre ellos su espíritu. Promesas que recordamos para comprobar que la historia se repite y también de nosotros tiene compasión el Señor.

2.- "Lo mismo vosotros consideraos muertos al pecado..." (Rm 6,11) En la Vigilia pascual puede parecer extraño hablar de muerte. Y sin embargo, en varias ocasiones su oscura sombra atraviesa la escena, la brisa húmeda y fría de la tumba se hace sentir. En realidad es elemento tenebroso que pone de relieve y da contraste a la fuerte y clara luz de la Pascua incipiente. Y junto a la muerte, el pecado, esa terrible realidad de la que proviene no sólo la muerte, sino también cuantos males padece el hombre.

Pero el frío y la tiniebla se disipan en la liturgia del fuego que calienta y que da luz, esa luz que comienza tímidamente y que, al clamor del anuncio de la Luz de Cristo, va creciendo hasta inundar de fulgor la negrura de la noche, llenado de claridad las naves de la iglesia... Son símbolos que nos interpelan, que nos animan a morir de una vez al pecado, a resucitar para siempre a la vida de la Gracia, a la vida de Dios.

3.- "¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?" (Lc 24,5) De nuevo el séquito de la muerte aparece en la liturgia de la vida. Ahora es el sepulcro nuevo donde habían depositado el cuerpo muerto del Señor. Era un huerto, un jardín podemos decir, dentro de esa costumbre tan humana de depositar los cadáveres en zonas ajardinadas, de poner flores frescas en la tumba de los seres queridos, como si quisiéramos espantar los murmullos tristes que suscita la muerte, suplir el fétido olor de la carne podrida con la fragancia suave de unos jazmines o de unas rosas.

Las mujeres fueron las primeras en saber que Cristo había resucitado, como si recibieran el premio por haber sido las últimas en abandonar al Señor en su Pasión y Muerte. También serán las primeras en ver a Jesús resucitado y ser los heraldos aguerridos que, contra la dureza de corazón de los hombres, proclamaron con entusiasmo y convicción de Cristo. Ellas prendieron el fuego del cirio pascual, del primer chispazo del fuego y la luz de la Pascua, que hoy nos anima e ilumina a todos.


5.- EL BILLETE DE VUELTA

Por Ángel Gómez Escorial

1.- En esta noche de Pascua es cuando se comprende ya totalmente lo que ha sido la Semana Santa, lo que han sido esos días tan especiales en los que Jesús pasaba de ser un hombre conocido, famoso, –querido por unos y perseguido por otros—a convertirse en un delincuente sometido a un proceso terrible, con turbas vocingleras intentando cambiar la voluntad del Gobernador romano, con un recorrido terrible –Vía Dolorosa—por la ciudad de Jerusalén con la cruz a cuestas y con una muerte atroz –de larga agonía—en el Gólgota. Hemos de ser justos. La desbandada de los apóstoles ante la detención de Jesús no es tan extraña o tan afrentosa. La situación creada era ininteligible. Y durante las horas siguientes el desconcierto y el dolor tuvieron que ser enormes.

2.- Nadie fue testigo de la Resurrección, algún autor fantasioso habla como de una explosión atómica, siendo tanta la energía desplegada en la salida de la gruta del Señor Jesús. Esa explosión es la que dejaría fuera de combate a los soldados que custodiaban el sepulcro. Muy fuerte parece eso. De todas formas, es difícil para un ser humano imaginas los modos y los procedimientos de Dios. No creo en la explosión –es una idea mía—si en un golpe de luz, la luz que hoy mismo llega a nuestros corazones después de haber encendido el cirio pascual, presencia viva del Espíritu Santo es nuestra cercanía.

3.- Las lecturas tan numerosas y bellas nos hablan de la historia del ser humano y de su caminar conjuntamente con Dios. Jesús de Nazaret murió para cambiar la historia y para reconciliar a la creación con Dios Padre. Resucitaba para confirmar esa fuerza divina de paz y amor. La tristeza del Viernes Santo se ha esfumado y, en su lugar, aparece la alegría desplegada ante la victoria de Cristo que es para siempre. Y todas estas cosas, toda la felicidad por el triunfo debe llegar –y llenar—nuestro corazón y hacerle rico en esperanza. Es verdad que la vida no es fácil, que el pecado, la desdicha, el dolor, todo ello está ahí.

4.- Quiero revelaros una cosa importante en esta noche santa de luz y de alegría. El fermento que en mi dejó la celebración de una vigilia pascual fue, sin duda, mi billete de vuelta para volver a la fe. Acudí a dicha ceremonia siendo muy joven, cuando iniciaba la separación total de la Iglesia. Pero siempre estuvo presente ese recuerdo localizado en la capilla bizantina del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, de la calle Serrano, de Madrid. Por eso cuando se acerca la hora nocturna para acudir al templo a esperar la Resurrección del Señor pues estoy nervioso y agitado. Creo que eso mismo les pasaría a los catecúmenos que en una noche como esta esperaban su bautismo y su entrada plena en la familia cristiana. Pero para mi ese recuerdo fue con un billete de vuelta. Estaba en mi bolsillo y no lo sabía. Pero un día silbó un tren y yo ya supe que tenía plaza en el ese viaje de vuelta.

5.- Estamos celebrando la resurrección de Nuestro Señor y es, si lo metemos bien dentro de nuestros corazones, lo que nos enseña que podemos cambiar, que nuestra vida puede acercarse más y más a la de Jesús; y ser como Él, porque Él mismo nos lo ha mandado. La resurrección es un triunfo de todos y conlleva la promesa que un día todos tendremos un cuerpo glorioso semejante al de Él. Eso es lo importante y ello es lo que nos ayuda a seguir nuestro camino a la espera de encontrarnos con Él, como los discípulos de Emaús. Y ojalá nosotros sepamos reconocerles de inmediato. ¡Feliz Noche! ¡Feliz Pascua! ¡El Señor Jesús vive, ha resucitado!


LA HOMILIA MÁS JOVEN


¡GOZAD DE ESTA FIESTA SUPREMA!

Por Pedrojosé Ynaraja

1.- Yo no sé, mis queridos jóvenes lectores, como y cuando celebráis la Pascua. Yo recuerdo, no hace demasiados años, que era una noche que nadie quería pasarla durmiendo prosaicamente. No nos íbamos a dormir hasta que se despertase la aurora. Era la luminosa noche de Pascua. No importaba que los más pequeños se durmieran, tal vez fuera una imagen de la paz que la Gracia y salvación que habían recibido en el bautismo, les proporcionaba. Casi siempre bautizábamos a alguien, niño o mayor, lo cual nos obligaba a repensar nuestro bautismo.

El fuego, ese fenómeno que aunque conocido su mecanismo al que llamamos combustión, siempre sorprende, iluminaba con cálidos tonos nuestros rostros. Hay que mirarlo siempre enigmático, que siempre calienta y alumbra, como el Espíritu del Señor Resucitado. El pregón es un texto precioso. Por una vez la hierática liturgia latina se reviste de sensibilidad, dice disparates y habla poéticamente. Lo de los disparates es porque afirma que la culpa de Adán fue feliz culpa. Es muy gordo el desatino si lo analizáramos con la lupa de un riguroso teólogo. Pero esta noche la Santa Madre Iglesia nos permite estos deslices y tornarnos un poco locos de contentos.

2.- Las lecturas, las largas lecturas, monótonas algunas, fileteadas con cantos responsoriales, no os importe aburriros, si esto os pasa. Toda espera es molesta, pero a la vez aumenta el ritmo del corazón a medida que se acerca el momento culminante. Yo no sé si vosotros hacéis esto, ni si os gustará lo que os propongo, si os es desconocido. Entre vosotros, gente joven, os lo podéis pasar al oído o con el móvil. Cuando se proclame el evangelio y se diga: no está aquí, ha resucitado, vosotros interrumpís aplaudiendo con entusiasmo, obligando a que la gente mayor, tal vez muy seria y cargada de viejas y desfasadas costumbres, se una a vuestro entusiasmo. Cuando esto os escribo, yo presbítero, que cada año me toca proclamarlo, se me pone la carne de gallina y casi lloro de emoción pensándolo. Siempre me cuchichean secretamente, como si estuvieran confabulándose: este año también aplaudimos, ¿verdad que sí?

Siempre comulgamos con Jesús resucitado, pero esta noche la liturgia pone el acento en este misterio, sin olvidar la Encarnación, Muerte y Sepultura. Si habéis preparado, tal vez decorado vuestro cirio, debéis guardarlo como el más precioso “souvenir”. Estar un cristiano celebrando la Pascua sin un cirio, es como si un torero bajase al ruedo sin espada.

Yo no sé si al salir veréis la Luna, pues es lunática y nunca se sabe cuando se presentará. Los astrónomos si que lo saben, pero no es día para preguntar a estos sabios. Un momento u otro la podréis ver y comprobareis que ha cambiado de tonalidad, que parece que no sea la misma que contempló impotente y triste, la agonía de Getsemaní.

3.- La Resurrección de Jesús, que llamamos Pascua, ya que este misterio que conmemoramos es el del PASO de la vida terrena a la muerte y sepultura, para concluir en una nueva VIDA real, definitiva, gloriosa. No es un hecho repetible en laboratorio. No está encadenado al espacio y al tiempo. Empezó en Jerusalén, concluyó en la Eternidad, no estando sometido a ninguna clase de coordenadas. Se inició probablemente a principios de abril del año 33 (la exactitud de la fecha no es lo importante, ocurrió con toda seguridad un día de primavera de aquella década) pasó a una Eternidad definitiva y trascendente. Nada de revivir, para continuar como antes, estos fueron los casos de Lázaro, la chiquilla de Cafarnaún o el joven de Naín. Os he hecho estas precisiones para que no os desorientéis si un día os dicen que no fue un hecho histórico. No, no lo fue, ni tampoco geográfico. No lo estudiaréis en la asignatura de ciencias sociales, donde aprendéis fenómenos, guerras, victorias o derrotas, que un día sucedieron y después pasaron a los textos o se recuerdan en frías lápidas, pues dejaron de ser realidades. La Resurrección es única, exclusiva de Jesús, pero no nos es indiferente. Nosotros hemos sido incorporados a ella por la Fe y la Gracia. Al celebrar hoy este Misterio disfrutamos anticipadamente nuestra resurrección futura. Sentimos en nuestra interioridad que se nos ha introducido una semilla esperanzada, que germinará, crecerá y lucirá esplendorosa en el Cielo.

Los cristianos orientales acabada la Santa Liturgia se saludan diciendo:

Cristós aneste, a lo que responde el saludado: Alezos aneste

(que significa: Cristo ha resucitado, realmente ha resucitado)

4.- Mis queridos jóvenes lectores, gozad de esta Fiesta suprema y que seáis felices siempre y vuestro júbilo lo empape todo y me llegue a mí. Que el mío, no lo dudéis, brotará de mi corazón con potencia, deseando que os llegue a todos doquiera estéis.