Viernes Santo: Celebración de la Pasión del Señor
6 de abril de 2007

La homilía de Betania


1.- EL GRITO DE JESÚS

Por José María Maruri, SJ

2. - DIOS SE HA HECHO TAN DÉBIL, QUE HASTA HA MUERTO

Por Jesús Martí Ballester

3.- LA CRUZ NOS DA LA VIDA

Por José María Martín OSA

4.- EL DRAMA DE LA PASIÓN

Por Gustavo Vélez mxy

5.- UN SEPULCRO NUEVO

Por Antonio García Moreno

6.- LA CRUZ: ¿NOS HABLA DE DIOS?

Por Javier Leoz

7.- SITIO PARA LA ESPERANZA EN ESTA TARDE TAN TRISTE

Por Ángel Gómez Escorial


LA HOMILÍA MÁS JOVEN


DÍA DE DOLOR. DÍA DE CONVERSIÓN

Por Pedrojosé Ynaraja


1.- EL GRITO DE JESÚS

Por José María Maruri, SJ

1.- “Y dando un fuerte grito expiró” nos dicen Mateo y Marcos. Un grito que rasga las tinieblas de la hora sexta. Dios se vale de la tiniebla para dar a conocer a Dios, como en la creación, cuando todo era caos, confusión y oscuridad. El grito creador de Dios supo sacar luz de las tinieblas… “Y apartó Dios la luz de la oscuridad”, dice el génesis.

Fue necesaria la tiniebla de la hora sexta, como cristales ahumados, para que el sol de la divinidad entrase en nuestros ojos sin cegar nuestra retina. Y el centurión exclamó en la oscuridad: “en verdad este hombre era Hijo de Dios”. Lo que a la luz del sol no comprendió lo vio claro en la tiniebla.

Así son las cosas de Dios. Cuando todo pierde color y forma estamos más cerca de Dios que no es forma ni color, por eso somos más bienaventurados los que creemos en la oscuridad de la fe, que los que han palpado y visto a Cristo.

2.- “Y dando un fuerte grito expiró” No gritó en la flagelación, no gritó en la crucifixión, ¿por qué grito al morir? Gritaba por morir, porque solo en Él la muerte arrancaba de raíz la vida al que es la Vida de todas las cosas.

Nosotros cuando morimos apenas morimos, los años se han ido llevando de nosotros pedazos de vida y nos dejan poco por morir. Cuando morimos nuestra vida es una vida cansada, macilenta, desportillada, pasamos de semivivos a muertos. Pero Jesús, además de vivo y entero, era la misma Vida. “Yo soy la Verdad y la Vida”. Y esa vida era arrancada de cuajo.

3.- Gritó por solidaridad. Era el grito de dolor de los sin voz. Era el grito de los millones de hombres que mueren de hambre, de las madres que ven morir en sus brazos a sus recién nacidos, de los asesinados y torturados por el odio humano, de los aplastados por la maquinaria sanguinolenta de los intereses económicos inconfesables. Era ese grito que jamás es atendido en los falsos tribunales humanos.

4.- Un grito de angustia porque su muerte, aunque iba a dar sentido al dolor, iba a ser incapaz de borrar el dolor del mundo, porque la enfermedad y la muerte, hijas del pecado, iban a seguir martirizando a través de los siglos a sus hermanos, hombres y mujeres de todos los tiempos.

--Un grito de decepción por la mediocridad y la división de los suyos, las falsificaciones de su evangelio, las componendas de su Iglesia.

5.- Un grito en la tiniebla como señal de aviso. Sirena quejumbrosa del barco en la niebla, un grito ante el peligro de millones de hombres y mujeres bailan borrachos de placer al borde del abismo eterno sin caer en la cuenta del peligro, “porque si en el árbol se hace esto, que será en el seco”

6.- Un grito de señorío, demostrando en el esfuerzo supremo de unos pulmones sin aire que si moría, moría por propia voluntad, aunque no por gusto. Daba su vida con dolor para cumplir la voluntad de su Padre y para demostrar al hombre hermano que nadie le ha amado, ni amará, como Él ha amado.

--Un grito tal vez de triunfo como aquel “Lázaro sal afuera”. O como aquel otro: “que viene el esposo salid a su encuentro” porque en verdad el esposo ya estaba llegando a la puerta.

Y tras el grito la paz. “Todo está cumplido, en tus manos encomiendo mi espíritu. No la paz de los muertos. La paz en el regazo de Dios.


2. - DIOS SE HA HECHO TAN DÉBIL, QUE HASTA HA MUERTO

Por Jesús Martí Ballester.

1. La muerte de una persona siempre es un misterio incomprensible. A medida que se va sumergiendo en las aguas del mar de la muerte, su experiencia se va haciendo más impenetrable: se nos hace impenetrable lo que siente, lo que sufre lo que piensa, lo que está pasando El misterio es mayor en la muerte de Cristo. Imposible penetrar en su hondura.

2. El Dios del Antiguo Testamento es un Dios grande, poderoso, vencedor de sus enemigos. En una teofanía grandiosa en el imponente macizo rocoso del Sinaí, precedido por la solemne manifestación cósmica del retumbar de los truenos, del fulgurar de los relámpagos y de la oscuridad de la nube espesa en el monte humeante, se manifestó Dios tres veces santo, al pueblo aterrorizado en el campamento. Hoy se conocen las leyes físicas de estos fenómenos naturales causados por descargas eléctricas, pero en aquellos tiempos impresionaban a los pueblos extraordinariamente. El Dios del Éxodo es el Dios que se manifiesta en la zarza ardiente, y que hace vacilar los fundamentos de los montes, que tronó desde los cielos, que hizo sonar su voz, que lanzó sus saetas y los desbarató, fulminó sus rayos y los consternó (Sal 18,7). Es el Dios que arranca los cedros de raíz, que se sienta sobre el aguacero. El Dios de las plagas de Egipto, el que mata a los primogénitos del país, el Dios que separa las aguas del mar Rojo. El Dios que hace caer serpientes en el desierto, el Dios que hace brotar agua de la roca.

3. Pero he ahí que el Dios que los judíos nunca pudieron comprender que tuviera un Hijo, Jesús, se convierte en un Dios débil y humillado, anonadado. Vendido por Judas, negado por Pedro, juzgado por el Sanedrín, por Herodes y Pilato. Condenado a muerte, escarnecido en la Cruz, insultado por los ladrones y por los Sumos Sacerdotes: "Si eres hijo de Dios, sálvate y baja de la Cruz". Movían la cabeza. Ha salvado a otros y a sí mismo no se puede salvar. El Dios Jesús callaba. Ofrecía su mejilla a los que le golpeaban y soportaba que se mofasen de él. Y Dios muere, no con una muerte heroica y grande, sino humillante y dolorosa, escandalosa. Muere crucificado, tormento horrible, condena de esclavos. La inspiración del gran poeta ha intuido la inmensa e infinita angustia del hombre Jesús: "Él subía bajo el follaje gris, - todo gris y confundido con el olivar, - y metió su frente llena de polvo - muy dentro de lo polvoriento de sus manos calientes.

4. El velo del Templo se rasgó. Ante la debilidad espantosa de Dios, debe rasgarse también nuestro concepto del Dios del Antiguo Testamento, aunque no del todo. Debemos aceptar a un Dios humillado, que se encarna en la debilidad humana y que quiere ser el servidor de todos y el que está en los pequeños, en los sin cultura, en los marginados y en los torturados de todas las sociedades: "lo que hacéis a uno de mis pequeños, a mí me lo hacéis".

Los personajes que intervienen en la Pasión y Muerte de Jesús, no son extraordinariamente malos, sino personas normales y corrientes. Y esta reflexión nos ayuda a aceptar que nos puedan negar, vender, juzgar, traicionar, abandonar, y crucificar las personas normales que están junto a nosotros. Podemos ponerles nombres y apellidos y hasta fechas, pero también podemos poner nuestros nombres como sujetos activos de esas deslealtades.

6. ¿Por que tanta sangre, Señor? ¡Qué gran amor el tuyo y el de tu Padre, que te entrega para que participemos de vuestra vida trinitaria y feliz por siempre! Te adoramos, Cristo y te bendecimos porque por tu santa Cruz has redimido al mundo.


3.- LA CRUZ NOS DA LA VIDA

Por José María Martín OSA

1.- Mirad el árbol de la Cruz, donde estuvo clavada la salvación del hombre. Es el momento de reflexionar qué hizo Jesús por nosotros y qué hacemos nosotros por El. El vino para ser Camino, Verdad y Vida. Sin embargo, nosotros, a menudo, caminamos por nuestros caminos, nos creamos nuestras verdades y no dejamos que El dé sentido a nuestra vida. Vino para darnos la vida y la salvación, como la vid da la vida a los sarmientos (Jn 15, 1-6). Fue el Mesías prometido por Dios a su pueblo. Pero fue también el "Siervo de Yahvé" que soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores. Jesús terminó clavado en la cruz construida con la madera de un frío árbol, fue asesinado por su infinito Amor a nosotros y por su obediencia a la voluntad del Padre. El canto del Siervo de Yahvé es desgarrador: "maltratado voluntariamente se humillaba y no abría la boca; como un cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca". La cruz es símbolo de adhesión, de confianza, de amor. Y, sin embargo, cuando somos incoherentes le matamos en nuestro corazón....le entregamos como Judas, a cambio de unas pocas monedas sin valor: egoísmo, comodidad, mediocridad, falta de confianza...). Nosotros también decimos muchas veces ¡crucifícale!

2.- Jesús nos sigue esperando. Unos brazos abiertos, un deseo de abrazar a todos los hombres... Unos ojos cerrados, un deseo de no volver a ver la maldad de los hombres... Una cabeza inclinada hacia delante para escucharnos siempre.... Unos pies clavados esperando siempre... Un costado abierto, estrecho... porque sólo pueden llegar al corazón de Cristo los que se hacen pequeños.

3.- Jesús nos sigue invitando."El que quiera venirse conmigo que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz y me siga" (Mc 8,34). Nos sigue invitando a que no nos olvidemos de nosotros mismos y nos centremos en intentar hacer felices a los demás, en que caminemos por sus caminos y no por los nuestros, en dejar que se cumpla su plan en nosotros. Sólo respondiendo a la llamada que nos hace a cada uno de nosotros descubriremos el verdadero sentido de la muerte de Cristo e iremos preparando el camino para que el Señor resucite en nuestro corazón hasta poder descubrir que la Resurrección convierte el árbol muerto de la Cruz en símbolo de vida para siempre. En la muerte de Jesús en la Cruz se nos muestra su fidelidad insobornable a Dios Padre. En la Cruz contemplamos al testigo del amor y la misericordia de Dios. El crucificado es el que ha de guiar nuestros pasos. Optemos por la Cruz de la vida. Optemos por ser sarmientos de la vid verdadera. Olvidémonos de nosotros mismos. Carguemos con nuestras pequeñas cruces....y sigamos su camino.


4.- EL DRAMA DE LA PASIÓN

Por Gustavo Vélez mxy

1.- “Cuando Jesús tomó el vinagre, que le ofreció un soldado, dijo: Todo está cumplido. E inclinando la cabeza, entregó su espíritu”. San Juan, Cáp. 18. Si colocamos sobre un amplio tablado, todos los personajes que actuaron en la pasión y muerte del Señor, podría cada uno preguntarse: ¿A cual de ellos estoy representando? En esta historia trágica intervienen gentes de diversas categorías religiosas, sociales y políticas. Cada uno marcado por una diversa pasión, golpeado por distinta culpa. O bien demostrando un valor particular, destacando una actitud de amor al Maestro.

Los cristianos de a pie no podríamos reclamar ningún protagonismo. Nuestras vidas no discurren entre altas jerarquías de la sociedad o de la Iglesia. No nos queda entonces sino identificarnos con la turba voluble, que hoy aclama al Señor con entusiasmo y mañana lo niega de forma irresponsable. O bien situarnos entre la masa de quienes permanecieron indiferentes, mientras el profeta de Nazaret, “hombre poderoso en obras y en palabras”, era llevado injustamente a la cruz. Fue notoria la falta de Pedro, quien negó al Maestro. Pero lo salva su llanto, como anota oportunamente el evangelista. San Juan también se encarga de rehabilitar al apóstol en un encuentro del grupo con Jesús, luego de la resurrección. Allí Pedro declaró su fe de modo magistral: “Señor, tú sabes todo, tú sabes que te amo”.

2.- Desde la piedad popular muchos creyentes gustan enumerar en forma detallada los sufrimientos de Jesús: Los azotes, las espinas, los clavos. Contabilizan sus dolores físicos y aquellos tormentos de su espíritu. No decimos que esto sea inútil, pero es tarea que a veces termina únicamente en compasión. Nosotros podemos ir más allá. Reconozcamos que la pasión de Cristo nos ha afectado verdaderamente la vida. No es ella un jirón de la historia que alguna vez se aposentó en nuestra memoria. Es algo que hoy nos sacude las entrañas, al descubrir la relación directa de la pasión de Cristo con nuestros pecados. Pero a la vez, con nuestra salvación. La teología explica que la sangre del Señor lava nuestras culpas. Pero el hecho es que luego de la muerte de Jesús, más allá de su resurrección el pecado sigue venciéndonos y contamina muchas áreas de la historia. Pareciera entonces que esta teología de la muerte de Cristo equivale a una hermosa literatura, inocua a la vez. Habría que señalar entonces que Jesús muere para demostrar que Dios ha derramado sobre la tierra un amor extraordinario. Pero este hecho permanecerá inútil si cada uno no se apropia sus consecuencias.

3.- Podríamos empezar, de veras, por la compasión. Pero luego nos tocaría sentir en el alma esa fuerza transformante del amor de un Dios. En su muerte descubrimos que existe un capital que financia, a todas horas, nuestra transformación como personas, como familias, como sociedad. Que es posible abandonar el pecado, dejándonos amar. Que es posible amar a Dios y amar al prójimo, porque desde la cruz irradia una pedagogía que llamaríamos cósmica, ante la cual, nadie de buena voluntad podría resistirse.

Porque en estricta teología Jesús no quiso morir crucificado. Decidió, eso sí, amar hasta el extremo y la cruz fe el medio audiovisual de hacernos entender su entrega. El dolor solamente no vale. “Aunque entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo caridad nada me aprovecha”, escribirá San Pablo a los corintios.


5.- UN SEPULCRO NUEVO

Por Antonio García Moreno

1.- "Por eso le daré una parte entre los grandes..." (Is 53,12) Es verdad que los sufrimientos del Señor nos desconciertan, nos entristecen y abaten. Como a los discípulos de Emaús, se nos llena el corazón de tristeza. La visión de Cristo flagelado y coronado de espinas, las burlas y ultrajes de los soldados nos abate el ánimo. Pero todo ello no puede traducirse en una tristeza sin salida, en una sensación de fracaso y derrota. Eso sería no comprender el sentido profundo del padecer de Cristo y de quienes, por amor suyo, están también dispuestos a dar la vida por El.

Sí, es preciso recordar, también en este día, que los sufrimientos del Señor tenían, y tienen, un valor salvífico universal. Son el precio, altísimo si se quiere, de nuestra propia redención, son el precio costoso de la gloria. Los santos han descubierto el valor supremo del sufrimiento de Cristo, y de cuantos como él sufren por amor, aceptando serenos los planes del Padre, por muy incomprensibles e intolerables que nos parezcan.

2.- "El, a pesar de ser Hijo, aprendió, sufriendo..." (Hb 5,8).- Misterio del dolor y de la aflicción. Cómo es posible que Dios permita tanto quebranto y tanta pena. Si nos ama por qué permite que lloremos anegados por el sufrimiento, cuando El que es Todopoderoso podría ahorrarnos las lágrimas y los gemidos. Y esto no sólo en los que son malos y se merecen un duro castigo. También el justo sufre a veces de modo intenso y agudo. El mismo Jesús, el Hijo Unigénito, el Amado, pasa por esa zona tenebrosa del dolor.

Primero hay que recordar que Dios que da la llaga, da también el remedio. Es decir, el sufrimiento es siempre llevadero si uno recurre al Señor y le pide con la confianza y la sencillez que un hijo recurra a su padre. Y luego hemos de tener en cuenta que esos sufrimientos son a menudo el remedio para nuestros males. Sobre todo, hay que tener presente el valor salvífico del sufrimiento y saber, además, que no son comparables los dolores de la vida presente con los goces de la vida futura.

3.- "Había un huerto en el lugar donde lo crucificaron, y en el huerto un sepulcro nuevo donde nadie había sido enterrado todavía" (Jn 19,41) San Juan dedica pocos versículos al sepelio de Jesús. Era un hecho de poca importancia, un acontecimiento pasajero ya que muy pronto aquel lugar sepulcral quedaría vacío. Recuerda que era un sepulcro nuevo, sin estrenar. De esa forma se destacaba, por una parte, la santidad y grandeza de aquel cuerpo inmolado por nuestra salvación. Pero, por otro lado, se dejaba bien claro que no había nada en dicho sepulcro una vez que Cristo resucita.

Es cierto que es la última estación del Vía Crucis. Sin embargo, hoy se tiende a terminar ese piadoso ejercicio con una décimo quinta estación en la que, de una forma o de otra, se recuerde que aquello no es el final sino simplemente el principio, el prólogo del triunfo de Cristo, las sombras densas que dan mayor contraste a la luz. Pronto aquella piedra que tapaba la puerta del sepulcro sería removida. Pronto aquel cuerpo exánime se alzaría lleno de vida, mostrando todo su poder y su gloria.


6.- LA CRUZ: ¿NOS HABLA DE DIOS?

Por Javier Leoz

1.- Pocas palabras en este día de Viernes Santo. La cruz lo dice todo. Jamás, Dios, en tan poco espacio de tiempo, había hecho tanto por el hombre. La lectura y meditación de su Pasión es suficiente, reconforta, y nos da cien mil vueltas a lo que nosotros, con mil explicaciones, quisiéramos decir o completar en esta hora de muerte.

Cortas palabras en este momento, donde –en el cielo- Alguien parece haberse vuelto loco para permitir tanto a favor de nosotros los hombres.

Escasas palabras, amigos, hacen falta en Viernes Santo. La cruz lo explica todo. La cruz lo enseña, una vez más, el auténtico rostro de Dios en Jesús: el amor gigante de Cristo se palpa, se siente, se visualiza en un lenguaje que todos entendemos: se entrega hasta morir. Se entrega por amor y con amor.

2.- Un capellán, cuentan, se aproximó a un herido en medio del trueno de la batalla y le preguntó:

-- ¿Quieres que te lea la Biblia?

- -Primero dame agua que tengo sed, dijo el herido.

El capellán le convidó el último trago de su cantimplora, aunque sabía que no había más agua en kilómetros a la redonda.

- -¿Ahora?, preguntó de nuevo.

-- Primero dame de comer, suplicó el herido.

El capellán le dio el último mendrugo de pan que atesoraba en su mochila.

-- Tengo frío, fue el siguiente clamor, y el hombre de Dios se despojó de su abrigo de campaña pese al frío que calaba y cubrió al lesionado.

-- Ahora sí, le dijo al capellán. Habla de ese Dios que te hizo darme tu última agua, tu último mendrugo, y tu único abrigo. Quiero conocerlo en su bondad.

Danos, oh Cristo, también a nosotros, esa fuerza que te ha hecho soportar el cruel madero.

Descúbrenos, Señor, el secreto que te ha permitido ser fiel hasta el final. Aún en medio de ingratitudes y desprecios.

Ábrenos, Señor, al Misterio que nos revelas, sin tapujos ni vergüenza, en la soledad del Calvario.

3.- Hermanos, sólo Dios, vive en el corazón de Cristo. Sólo a Dios, Jesús, buscó, amó y sirvió con toda su alma y con todas sus fuerzas.

¿Podemos pedir más? ¿Qué nos sugiere la Pasión y Muerte de Jesús? ¿Qué motivaciones y sentimientos despierta en nosotros Jesús colgado de la cruz? ¿Nos lleva a Dios? ¿La cruz de Jesús, nos sigue hablando del amor de Dios o, tal vez, se quedó como amuleto en el pecho de alguno o como simple adorno?

Es Viernes Santo. Dios lo ha dicho todo. Dios lo ha hecho todo. Dios lo ha dado todo… por dar, nos ha dado hasta lo más grande y único que poseía: a su Hijo. (silencio)

4.- En Viernes Santo, las manos de Jesús, son traspasadas por los pecados del hombre.

Los clavos son nuestras miserias.

La sangre, el precio de nuestro rescate

La cruz, el estandarte que nos lleva a la victoria

El silencio, la oración de Jesús que confía en Dios

La confianza, la figura de una Madre, María, que espera a que la semilla de su fruto

5.- ES VIERNES SANTO (ORACIÓN)

En Viernes Santo, te alzas cruz,

enriquecida con el cuerpo de Aquel, que ha dejado la piel por el camino

y astillada, en tus dos tramos,

por un trato indiscriminado y cruel al crucificado.

Necesitamos otear, en el horizonte oscuro de nuestros días,

una silueta que nos hable de la esperanza

un madero que, al romperse, llene de leña nuestro hogar de fe

una cruz, que plantada en lo alto, sea agarradero y salvación,

palabras, aunque sean pocas,

para los que, sabemos y creemos,

que en ti, cuelga una víctima que paga alto precio por la humanidad.

 

Es Viernes Santo

déjame, Señor, estar al lado de la Madre

y, así de esa manera, cuando se desplome tu cuerpo

pueda con mis brazos decirte y expresarte lo mucho que yo te quería

Permíteme permanecer con Juan al pie de la cruz

y, al igual que tu confidente amigo, poder escuchar tus últimas palabras

de misericordia, de vértigo y de paz.

Déjame, Jesús, ser centurión en la hora nona

y que pueda exclamar antes de que tú mueras, antes de que sea demasiado tarde:

¡Jesús; eres el Hijo de Dios!

y poder clamar a los cuatro vientos:

¡Ese que está en la cruz, es Salvación!

Conviérteme, Jesús, por un momento en un puntual carpintero

y pueda, de esa manera, subir hasta ese madero que te sostiene

y con mis débiles fuerzas

desclavarte, clavo a clavo, con suavidad,

en el día a día, y ser testigo de tu reino.

Es Viernes Santo, Señor

¡De qué modo tan impresionante nos lo haces vivir!

El amor de Dios, para que no exista duda, es clavado

El amor de Dios, para que cunda el ejemplo, es desangrado

El amor de Dios, pobre y humilde, es desnudado

El amor de Dios, para que sea universal, es puesto en lo alto de un monte

 

Es Viernes Santo, Señor

Como María, permanezco en silencio….sin tanta fe, pero con recogimiento

Como Juan, aquí estoy, Señor: dame a tu Madre para nunca perderla

Como el Centurión hago profesión de fe: “creo en Ti y espero en Ti

No te quedes Señor indefinidamente en el madero

Observa la humanidad; sus sombras y sus luces

Sus grandezas y sus cruces

Y, después de mirarnos, no lo dudes Señor:

baja hasta el sepulcro prestado y, al tercer día,

resucita para que resucitemos

vive para que vivamos

Levántate para que nosotros nos levantemos

Sólo Tú, Señor, tienes palabras de vida eterna

Sólo Tú, Señor, cumples lo que prometes

Sólo tu cruz, Señor, hace que se acallen los ruidos y, hoy, reine el silencio.

Amén.


6.- SITIO PARA LA ESPERANZA EN ESTA TARDE TAN TRISTE

Por Ángel Gómez Escorial

1.- Desde los primeros tiempos de la Iglesia no se celebra Eucaristía hoy, Viernes Santo, ni mañana, Sábado Santo. Y las normas y costumbres litúrgicas son iguales que desde hace siglos. Ayer, Jueves Santo, el Altar quedó desnudo, sin mantel, sin candelabros, sin cruz y el Cuerpo de Cristo se reservó en el “monumento”, sagrario especialmente adornado para el culto de los fieles. Esa desnudez del altar nos ha conmovido, sin duda. Es ya una imagen de soledad que no podemos obviar. Sabemos que estamos solos y una tristeza enorme llena nuestra alma. No puede ser de otra forma. A las tres de la tarde murió Jesús y desde esa hora –salvo por cambios por razones pastorales—los fieles de todo el mundo no unimos para dar los pasos junto a la cruz.

2.- Hemos comenzado con la liturgia de la Palabra. El cuarto canto del Siervo de Yahvé que es la profecía que manera prodigiosa narra la Pasión de Jesús, su sufrimiento y sus efectos salvadores. Dicen que los antiguos judíos jamás repararon en estos cantos del Siervo de Yahvé y mucho menos le dieron aplicación mesiánica. Esperaban un triunfador. El Salmo 30 reproduce las palabras de Jesús al expirar. “Padre a tus manos encomiendo mi espíritu. Sin duda él rezaba este salmo en esos momentos, lo cual también puede enternecernos. La Carta a los Hebreos nos comunica la sublime obediencia de Cristo a la misión encargada por el Padre y de ahí nace nuestra salvación. Nadie como el autor de la Carta a los Hebreos ha penetrado tan profundamente en el papel de Cristo como víctima, altar y sacerdote.

Hemos escuchado la Pasión según San Juan. Como se sabe la otra jornada de la Semana Santa en la que se proclama completo el relato de la Pasión ha sido este pasado Domingo de Ramos. En su liturgia se lee, según el ciclo (A, B y C) los textos evangélicos de Mateo, Marcos o Lucas, de los llamados sinópticos. Y si hoy leemos a Juan es porque expone la exaltación hacia la gloria total del Señor Jesús. Escrito el Evangelio de Juan muchos años después que los sinópticos ya ha habido tiempo para conocer los dones maravillosos de la Pasión salvadora de Cristo. Y por eso la Iglesia nos la ofrece, para que en esta tarde tan triste haya sitio para la esperaza.


LA HOMILÍA MÁS JOVEN


DÍA DE DOLOR. DÍA DE CONVERSIÓN

Por Pedrojosé Ynaraja

1.- Es preciso, mis queridos jóvenes lectores, pensar la realidad histórica de la muerte de Cristo en la cruz. Este instrumento de suplicio resultaba tan repugnante entonces como para nosotros pueda serlo la horca o la silla eléctrica. Además del dolor, hay muchos y buenos estudios al respecto, la desnudez, aunque no fuera total, suponía someter al reo a la total indefensión, a ser el hazmerreír de todo el mundo. Se pretendía que la muerte fuera lenta y que resultase vergonzosa. La compañía de su Madre y de las otras santas mujeres sería para Jesús consuelo y a la vez mayor dolor.

Sin insistir en detalles del sufrimiento hay que llegar a comulgar de tal manera con él que resulte ayuda en nuestros momentos de dolor. Antiguamente, en una situación médica precaria y una vigencia mayor de la espiritualidad, la cura paliativa del cristiano en fase terminal de su enfermedad, era que le leyeran la Pasión de Cristo y el sentirse junto a Él, empapado de dolor, le era una ayuda para soportar su sufrimiento. Como el buen ladrón, sentían merecido su tormento y solo querían escuchar aquella impresionante sentencia: hoy estarás conmigo. Es un matiz de la celebración, pero no el único.

2.- El Papa, en su último documento, publicado hace pocos días, dice: “el amor esponsal es signo sacramental del amor de Cristo a la Iglesia, un amor que alcanza su punto culminante en la Cruz, expresión de sus “nupcias” con la humanidad”. Tal vez no captéis el sentido, sacado como está de su contexto. Procuraré daros una corta explicación. No sabemos si existen seres con capacidad trascendente en otros lugares de nuestro cosmos, ni si existieron o existirán otros universos, lo que se nos ha dado a conocer es que Dios se ha enamorado del linaje humano. Creada nuestra especie un día, cargada con múltiples infidelidades a través de los tiempos, Él no ha dejado de seguir enamorado, y ha querido, como todo novio, casarse con su chica, que en este caso es la humanidad. Toda boda tiene un precio, todo compromiso un sacrificio. La Segunda Persona de la Santísima Trinidad, movida por un amor inmenso, se viste de hombre, se hace hombre, para que el género humano se una en íntimo encuentro matrimonial con la Divinidad. ¡Cuanto sacrificio supone para algunos el desembolso de los gastos del banquete de bodas! Mucho más fue el precio que tuvo que pagarse por convertirnos en esposos del Altísimo. De aquí que, al mirar el Crucifijo, debamos admirar el alto precio que por nosotros se arriesgó a pagar. La literatura universal guarda múltiples historias de amor, sentimentales ejemplos de osadía, de quien quiere conseguir el aprecio de la amada... Ninguna historia tiene la grandeza de la nuestra, nunca nadie pudo gozar de tanto amor.

3.- Volvamos a realidades históricas. Sin duda el Señor en los ratos de soledad, mientras sabía que el tribunal estaba reunido para decretar su muerte, sin que Él pudiera defenderse, se preguntaría, como hombre que era ¿para qué va a servir todo esto? ¿qué hago yo aquí, estúpida e injustamente encarcelado? ¿Quiénes son estos que se creen capaces de juzgarme y condenarme? Como Dios sus reflexiones se fijaría en nuestra realidad y de nuevo, al pensar en nosotros, se diría ¿qué caso va a hacer de lo que ahora estoy haciendo yo por él? ¿qué caso hacemos? Debemos preguntarnos con radical sinceridad.

Día de dolor es el Viernes Santo. Día de conversión si somos conscientes de lo que Jesús hace por nosotros. Paradoja cristiana. El entierro de Cristo es salvación nuestra, con Él se entierran nuestros pecados. El patíbulo se convierte en estandarte de victoria. Debemos hacernos inmediatamente un propósito: sentir profundo respeto por el signo de la cruz, tan profanado hoy en día, ante la indiferencia de la gente.

4.- ¡Cuantas veces en los entierros nos encontramos y nos saludamos recordándonos los unos de los otros! Algo semejante es la solemne Oración Universal. Nuestra alma gira por el mundo entero, recorre actitudes, aciertos, errores, penas y dolores varios y se los encomienda al Señor. La oración esta noche debe envolver nuestro planeta como las ondas de los satélites de comunicaciones o los de los GPS salpican nuestro entorno.

Luego, antes de acabar, adoramos la Cruz. Leño sagrado, aunque el símbolo sea sencilla madera, lo significado que es lo que adoramos es Cristo serenamente muerto. Y si no os atrae la idea de besarlo, os quedáis en vuestro sitio. Adorad a Jesús crucificado desde el interior de vuestro corazón. Hacedle sitio. Abrazadlo. Comulgad después con el misterio de su muerte. Y cantad con mucho brío: Victoria tu reinarás, oh Cruz, tu nos salvaras. Y repetidlo muchas veces esta noche. No hemos abandonado un cadáver en descomposición. Acude Jesús allá, si así se puede hablar, donde están los antiguos justos, y se los trae consigo, abrazados para resucitar con Él

(Como post data a mi mensaje quisiera deciros que la famosa desnudez total de Jesús en la cruz, si es que así pudo ocurrir, no resultaba importante en aquel tiempo. El pueblo judío era sexual, pero raramente sensual. A nadie le gusta detener morbosamente la mirada en la desnudez de su padre o de su madre. Probablemente, para no herir susceptibilidades, taparían su bajo vientre con cualquier trapo, sin valor alguno)