Domingo de Ramos
1 de abril de 2007

La homilía de Betania


1.- DAR LA VIDA POR AMOR

Por José María Martín, OSA

2.- TODOS ESTÁBAMOS ALLÍ

Por José María Maruri, SJ

3.- CLAMORES DE VICTORIA

Por Antonio García Moreno

4.- LA PROCESIÓN VA POR DENTRO

Por Gustavo Vélez, mxy

5.- HOY, APLAUSOS Y PALMAS ¿Y MAÑANA?

Por Javier Leoz

6.- JESUCRISTO PACÍFICO

Por Ángel Gómez Escorial


LA HOMILÍA MAS JOVEN


EL DÍA DE LA JUVENTUD CRISTIANA

Por Pedrojosé Ynaraja


LECTIO DIVINA: EVANGELIO Y ORACIÓN


LA PASIÓN DE JESÚS

Por Pedro Rodríguez


1.- DAR LA VIDA POR AMOR

Por José María Martín, OSA

1.- En el "Siervo de Yahvé" los judíos veían representado al pueblo de Israel perseguido e incomprendido por los otros pueblos. Los cristianos vemos en el "Siervo" la prefiguración del Mesías sufriente, que en la cruz recibe insultos y salivazos, que ofrece la espalda a los que le golpean. No es un loco ni un necio, sino alguien que se fía de Dios y cumple su voluntad. Por eso, no se acobarda ni se echa atrás ante el sufrimiento o la misma muerte. Sabe que el Señor le ayuda y que no quedará avergonzado. A pesar de la sensación de abandono y hasta desesperación que refleja el salmo 21 --¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado?-- implora la ayuda de Dios y sabe de quien se ha fiado.

2.- El himno cristológico de la carta a los Filipenses refleja la entrega de Jesús, hasta vaciarse por nosotros. Este despojo lleva un nombre técnico en teología: es la "kenosis" de Cristo. Kenosis viene del griego "kenos", que significa precisamente "vacío". Se concretizó en una obediencia total a su misión, que era la voluntad del Padre. Y no sólo aceptó esta obediencia, sino que escogió también el vivirla hasta el final, "hasta la muerte y la muerte en la cruz", esta muerte que era reservada a los malhechores o a los esclavos. En este sentido, Jesús dio libremente su vida.

3. - El anonadamiento de Cristo es la puerta que conduce la glorificación. Por la cruz se llega a la luz. El centurión desvela todo el enigma que Marcos ha mantenido en secreto durante todo su evangelio. Sólo en la cruz se desvela el misterio. Ese Jesús crucificado es "verdaderamente el Hijo de Dios", es el Cristo, Mesías Ungido y esperado por el pueblo. Este himno nos introduce en el misterio pascual --muerte y resurrección de Cristo-- que vamos a celebrar en el Triduo Santo. Jesús en este domingo de Ramos es aclamado por aquellos que después van a quitarle de en medio. Todo esto ocurre porque Jesús se mete en el mundo, asume el dolor de todos los hombres que hoy son "crucificados". Jesús se empeña en estar en todos los líos, se sitúa en las entrañas de la vida, allí donde se juega el futuro de la humanidad. El mundo es su sitio. No le va la muerte ni la marginación -siempre injusta- . Lucha por acabar con todo aquello que degrada al hombre, que le humilla y hunde en el abismo. Fue valiente, por eso le mataron tanto el poder político como el religioso. Pero Jesús sigue muriendo hoy día... Nosotros seguimos crucificando a muchos "cristos" y gritando: "¡Crucifícalo!".

4. - Hoy nos atrevemos a pedirle a Jesucristo que nos ayude a ser como él, generosos y entregados. El se "desvivió" por nosotros, fue como un árbol que da sombra al cansado y al que está castigado por el sol, que es refugio de la lluvia al viajero exhausto. El árbol presta sus ramas para que las aves aniden y las criaturas encuentren refugio. Da siempre fruto en el momento oportuno. Echa hondas raíces y se afirma para no ser movido de donde le han encomendado estar. Con sus hojas caídas se abona a sí mismo para crecer más aún. Queremos ser como el árbol, que toma lo poco que necesita y devuelve muchas veces más. Incluso cuando es cortado sirve para un sin fin de usos como leña para dar calor. Pasados los años se derrumba por su antigüedad, pero incluso así se convierte en abono para que otros continúen viviendo. Jesús es ese árbol del que todos hemos recibido vida plena, que se entrega por nosotros hasta la muerte, y una muerte de cruz. El mundo sería diferente, muy diferente, si todos fuéramos como el árbol, como Jesús que entrega su vida por amor.


2.- TODOS ESTÁBAMOS ALLÍ

Por José María Maruri, SJ

1.- Hoy damos comienzo a la Semana Santa. En ella se descubre en toda su hondura el drama del hombre ante Dios. Drama de vida y de muerte, de traición y de eterna felicidad.

San Juan de Ávila dejó escrito que era necesario que la lanza del centurión romano abriese el corazón de Cristo para que a través de esa herida pudiéramos los hombres vislumbrar el amor infinito del Padre que entrega a su Hijo por nosotros, y del Hijo, Jesucristo, que se entrega a la muerte por nosotros.

En esta Eucaristía –como en todas—vuelve a repetirse en símbolo y en realidad aquel acto de entrega de Jesús. Y nosotros que, como los discípulos y los judíos, unas veces hemos aclamado a Cristo con entusiasmo como Rey y después le hemos traicionado y abandonamos tantas veces, nos convertimos, por nuestra debilidad y nuestro pecado en protagonistas de la Pasión, tal como la hemos escuchado en el Evangelio. Insisto que ante la Pasión de Jesús no podemos ser meros espectadores o como auditorio pasivo. Cada uno de nosotros estábamos allí, entre aquellos judíos o aquellos discípulos, porque Jesús ofrecía su vida también por cada uno de nosotros. Y es que, para cada uno de nosotros es el relato de cuando nuestro mejor amigo entregó y perdió la vida por todos, por mí, por ti.

2.- La narración de la Pasión de San Lucas sigue una tradición más antigua que las de San Marcos y San Mateo. En ella se suaviza todo lo que sea violencia y dramatismo. No quiere insistir en los sufrimientos, por eso no narra los azotes, ni la coronación de espinas. Y la crucifixión es relatada muy brevemente.

Resalta el señorío de Jesús, que da permiso para su prendimiento y responde con autoridad a los sumos sacerdotes. Y sobre todo resplandece la infinita misericordia del Señor en tales momentos, llamando al traidor por su nombre, curando la oreja del siervo del pontífice, perdonando a los que le crucifican, y prometiendo el paraíso al buen ladrón. Jesús se manifiesta así como reflejo del amor y de la misericordia del Padre hacia nosotros.


3.- CLAMORES DE VICTORIA

Por Antonio García Moreno

1.- "El Señor me ha dado una lengua de iniciado, para saber decir al abatido una palabra de aliento" (Is 50, 4) El profeta vislumbra la figura del siervo de Yahvé. En varios poemas de subida inspiración dramática, aparece ante nuestros ojos este personaje misterioso que sufre extremadamente por la redención de los hombres. Él ha gustado el sabor amargo y agrio de la muerte. Él ha experimentado en su carne esa laceración punzante del dolor humano. Por eso es capaz de compadecerse de la miseria del hombre herido, capaz de decir al que está abatido una palabra de aliento.

Las largas horas de la noche en el silencio quejumbroso de los hospitales, el insomnio de los que velan el sufrimiento de los seres queridos. Cuerpos que se extinguen lentamente, o se contraen en el dolor insoportable. Míralos, Señor, míralos desde tu cruz. Diles una palabra de aliento, consuela su pena. Tú que sabes lo que es sufrir, compadécete de los que sufren.

Y también de los otros. Los que llevan su dolor por dentro. Ese dolor que no se ve, el que se clava en el alma. La ingratitud, el desprecio, la vida vacía, la sensación de triste inutilidad. También a esos diles una palabra de consuelo. Hazles ver el sentido del sufrimiento. Anímalos a aceptar la prueba como tú lo hiciste, que sepan unirse a tu dolor para que también el de ellos tenga un valor expiatorio.

"Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, la mejilla a los que mesaban mi barba " (Is 50, 6) No oculté el rostro a insultos y salivazos. Burlas despiadadas ante ese hombre justo, indefenso y callado. En su pasión y muerte se van desgranando los versículos del salmo: Dios, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? Me acorrala una jauría de perros mastines, me pone cerco una banda de malhechores, me traspasan las manos y los pies, se pueden contar mis huesos. Se reparten mis ropas, echan a suerte mi túnica...

Semana de Pasión. Los hechos de siempre vuelven a nuestra memoria. Las palabras del poema del Siervo de Yahvé resuenan en nuestro espíritu: Lo vimos despreciado por los hombres, varón de dolores... Humillado hasta el máximo, callando su pena, sin defenderse contra tan tremenda injusticia.

Tú, Señor, soportaste nuestros sufrimientos, aguantaste nuestros dolores. Fuiste herido por Dios, leproso, humillado, traspasado, triturado. Desgarrándote desnudo, colgando de una cruz... Y todo para redimirnos, para liberarnos, para salvarnos, para conseguir nuestro indulto y perdón. Misterio que nos abruma, que rebasa nuestra capacidad de comprensión, que escapa a nuestras posibilidades de reacción. Y apenados por nuestra escalofriante insensibilidad ante tu dolor de Dios crucificado, te miramos queriendo llorar nuestra maldad, queriendo comprender el sentido profundo de estos días cargados del recuerdo vivo de tu Pasión.

2.- "Al verme se burlan de mí..." (Sal 21, 8) Cómo es posible que la crueldad del hombre pueda llegar a tales términos, cómo es posible descender tan bajo, cómo se puede llegar a tanta vileza... Jesús está colgado de la cruz, cosido a ella, marcado con las huellas rojizas y cárdenas de la flagelación que surcó su cuerpo divino, agonizando por momentos delante de su madre bendita, ante sus amigos que nada pueden hacer para ayudarle. Y, sin embargo, los "triunfadores" se ensañan aún con su pobre víctima, se burlan de Él, se hacen señas burlescas con la cabeza.

Jesús exclama: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? Con estas palabras se inicia el salmo veintiuno, la oración entre fervorosa y doliente del justo perseguido y atormentado: la boca seca y la lengua pastosa, las burlas y risas de sus enemigos le atraviesan el alma, indefenso, inerme ante quienes le aborrecen e insultan. Las quejas del salmista son, en los labios agrietados de Cristo, lamentaciones más amargas que las de Jeremías.

"Pero tú, Señor, no te quedes lejos " (Sal 21, 20) Ante el recuerdo de los sufrimientos de Cristo, ante la rememoración viva del Semana Santa que empieza, hemos de llorar nuestros pecados y culpas, nuestra ingratitud y falta de amor hacia quien, por amor precisamente, muere en una cruz. Llorar nuestros pecados, sin lágrimas quizá, pero llorarlos porque por nuestra redención sufrió Jesucristo los sufrimientos y los ultrajes del Calvario.

Vamos a decirle que lo sentimos de veras, vamos a hacer una sincera y completa confesión. Y vamos también a renovar nuestro amor y nuestra gratitud, nuestros deseos y propósitos de serle fieles, de luchar con más ahínco y constancia contra todo lo que, por poco que sea, nos aleje de Él.

Digámosle también con las palabras finales de este salmo: Pero tú, Señor, no te quedes lejos, fuerza mía, ven corriendo a ayudarme. Contaré tu fama a mis hermanos, en medio de la asamblea de alabaré. Fieles del Señor, alabadlo; linaje de Jacob, glorificadlo; temedlo, linaje de Israel... De este modo el dolor y la tristeza de la Pasión harán brotar y fundamentará el gozo de la Pascua de la Resurrección.

3.- "Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios (Flp 2, 6) No, Cristo no alardeó de su poder. Cuando fue preciso confesar su grandeza, lo hizo con toda sencillez. En su confesión no hubo el menor asomo de prepotencia. Confesión que, por otra parte, le va a llevar a la muerte de cruz. Sus jueces y sus verdugos no le creyeron, no comprendieron que Jesús de Nazaret, al proclamarse Rey, había dicho la verdad, y se atreven a enfrentarse con él, Dios mismo que de forma instantánea hubiese podido aniquilarlos.

Cristo no hizo alarde de su condición divina. Al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. Y todo eso para enseñarnos de modo práctico cuál ha de ser nuestra actitud. San Pablo lo dice en este mismo pasaje: Tened los mismos sentimientos de Cristo... Por lo menos hay que luchar para tener esos sentimientos. Está claro, si somos cristianos hemos de parecernos a Cristo, identificarnos con él. Y prescindir de nuestro orgullo, disimular "nuestro poder", no ostentar "nuestra riqueza". Despojarnos de nuestro rango -tan poca cosa en realidad-, y actuar con sencillez, con humildad, con verdad. Al fin y al cabo, todo alarde o todo abuso de poder tapan una tremenda debilidad o cobardía.

"Por eso Dios lo levantó sobre todo..." (Flp 2, 9) Cristo actuó como un hombre cualquiera, se rebajó incluso hasta la muerte, y una muerte de cruz. Por eso -dice el apóstol- Dios le levantó sobre todo y le concedió el "Nombre-sobre-todo-nombre"; de modo que al nombre de Jesús, toda rodilla se doble -en el cielo, en la tierra, en el abismo-, y toda lengua proclame: ¡Jesucristo es el Señor...! Precisamente por humillarse y obedecer hasta la muerte, Dios exalta a Cristo, el Verbo humanado, hasta la cumbre más alta de la gloria. Y esa exaltación es modelo y figura de la que ha de gozar todo el que acepte los planes de Dios, con los mismos sentimientos de humildad y servicio que Cristo Jesús.

Aceptar gozosamente la cruz de cada día, llevarla con la ilusión y la alegría de quien carga sobre sus hombros un preciado tesoro, aunque el peso de esa riqueza le quebrante. Caminar sin dar importancia al peso o a la fatiga, como quien sabe que al final todos los esfuerzos y sacrificios serán pagados con creces... Pero hay un motivo mucho más hondo y más fuerte: el amor. Sí, Cristo subió al patíbulo llevado del arrebatado amor de su corazón de Dios. Del mismo modo nosotros, si nos olvidamos de nuestros intereses y pensamos más en los demás, llevaremos con decisión y gozo nuestra propia cruz.

4.- “En aquel tiempo, Jesús iba hacia Jerusalén, marchando a la cabeza" (Lc 19, 28) El evangelio de la bendición de los ramos comienza diciendo que Jesús iba hacia Jerusalén, marchando en cabeza. Es un detalle que indica cómo el Maestro precedía a los suyos en el camino hacia la cruz. Todos sabían que ese viaje a Jerusalén podría ser fatídico. Era ya público el odio de los fariseos, los letrados y los sumos sacerdotes que cada vez estrechaban más el cerco en torno a Jesús de Nazaret. Pero el Señor había enseñado a sus discípulos que era preciso negarse a sí mismo, coger la cruz de cada día y caminar hacia adelante en un cumplimiento fiel de la voluntad de Dios. Por eso marcha decidido, para mostrarnos con su propio ejemplo el modo de cumplir las exigencias que implican su doctrina de salvación. Estamos en el pórtico de la Semana Santa, vamos a contemplar el dolor y la muerte de nuestro Señor, a recordar todo cuanto él hizo por nosotros y animarnos a quererle más y a hacer algo, o mucho, por él.

En contraposición del odio de los jefes de Israel, destaca el entusiasmo de la gente sencilla del pueblo. A ellos no les importa a opinión de los gerifaltes, ni temen posibles represalias. Ante la Figura amable y majestuosa de Jesucristo su entusiasmo se desborda y le aclaman abiertamente como el Rey de Israel, el hijo de David, el Mesías anhelado. Supieron descubrir al Hijo de Dios detrás de aquellas apariencias sencillas, intuyeron que en aquel hombre joven se ocultaba una persona superior capaz de redimir al mundo. Bendito el que viene como rey -exclaman-, en nombre del Señor. Son aclamaciones que sólo el Mesías, el Hijo del Altísimo, podía recibir. De ahí que los fariseos se escandalicen y pidan al Maestro que callen sus discípulos.

Si éstos callan, responde Cristo, gritarán las piedras. Es una respuesta valiente y comprometida. El Señor hace frente a sus enemigos. Es el momento de la gran batalla, ha sonado la hora que el Padre había señalado y es preciso acudir a esa cita que le acarrearía la muerte. Pronto el clamor de la victoria del domingo de Ramos se convertirá en tremenda derrota el Viernes santo. Jesús lo sabe, pero esto no le detiene. Al contrario, le estimula a la entrega generosa, consciente de que sólo por medio de la cruz, llegará el triunfo grandioso de la luz. Con ello comienza la exposición clara de la gran lección de su vida, nos anima a seguirle de cerca, no sólo a la hora del triunfo de los ramos, sino también en los momentos difíciles del Calvario.


4.- LA PROCESIÓN VA POR DENTRO

Por Gustavo Vélez

1.- “Jesús entró en Jerusalén montado en el borrico, mientras la gente le alfombraba el camino con sus mantos. Y los discípulos entusiasmados, alababan a Dios diciendo: Bendito el que viene como rey”. San Lucas, Cáp. 19. El desfile asomó por una estrecha calle del barrio. Delante los acólitos, luego el nutrido grupo de fieles y la imagen del Señor, sobre una mansa burrita que los niños señalaban con alborozo. Desde los balcones, otras gentes con el sueño todavía en los ojos, observaban la procesión. Bajo los arcos de nuestras catedrales, entre lujosos ornamentos y atuendos de canónigos, también celebramos la entrada solemne de Cristo en Jerusalén. Cuando la multitud lo aclamó como Rey, mientras los discípulos le alfombraban el camino con sus mantos y agitaban ramos y palmas. Otros gritaban: “Hosanna al Hijo de David. Bendito el que viene en nombre del Señor”.

2.- En varias ocasiones Jesús había esquivado la ovación de la gente. Una manifestación pública habría sido entonces peligrosa, entorpeciendo así sus planes. Pero ese día, próxima ya su última Pascua, “había llegado su hora”. La multitud se congregó en el monte de los Olivos, una pequeña cima vecina a la capital. Desde allí bajaría lentamente, para cruzar la hondonada del Cedrón y ascender luego hacia Jerusalén, donde ya muchos sabían de este profeta que había resucitado a Lázaro. En aquella ocasión el Señor aceptó que sus seguidores lo reconocieran como rey. Si bien su realeza no lo constituía en líder político, para derrotar a los romanos, como señalaban sus enemigos.

Unas horas más tarde todo volvió a ser igual en Jerusalén. Igualmente en las calles de aquel barrio y en el recinto de las catedrales. Debió empezar entonces la otra procesión. La que avanza por dentro, cuando enseñados por los textos bíblicos y los signos litúrgicos, aceptamos a Cristo como Salvador. Y le hacemos un espacio preferencial en nuestra vida.

3.- Podría existir un aparato electrónico que registrara en pantalla, cómo resuena la fe en nuestras conciencias. Nos llevaríamos entonces muchas sorpresas. Para numerosos cristianos creer es aceptar resignados una represión moralista. Con razón tanta gente que ayer se decía creyente, hoy ya no lo es. Para otros, la fe consiste en algo tradicional, que no conviene desechar. Como una hermosa porcelana que heredamos de la abuela. Para otros, equivale a una dosis de caricias sicológicas que, de cuando en cuando, vale aplicarnos al corazón. Para otros más es estar adheridos, por inercia a una institución, cuya esencia nunca nos ha preocupado averiguar.

La procesión, entonces, va por dentro. Pero es necesario conocer al Señor y acompañarlo en su camino. Mientras Él nos acompaña en el nuestro. Y no basta aclamarlo entusiasmados, sin una convicción personal y transformante. No basta observar desde lejos. No basta sumergirnos estos días en algo religioso, porque sí. Porque lo señala el almanaque.

4.- Un evangelio apócrifo nos cuenta de cierto discípulo, que no pudo acompañar al Maestro en su triunfo. Entonces lo buscó por la tarde, mientras descansaba donde su amigo Nicodemo, comentando los acontecimientos matinales. Allí Jesús les dijo: “Dejad correr las horas y los días y ya no se escucharán los hosannas. Sólo quien camina conmigo tendrá la vida eterna. Porque muchos me honran con los labios, pero su corazón está lejos de mí”.


5.- HOY, APLAUSOS Y PALMAS ¿Y MAÑANA?

Por Javier Leoz

1.- Hoy, Cristo, entra en la ciudad de nuestros corazones y los encuentra preocupados y ocupados por desesperanzas que nos impiden vivir con libertad y con la alegría de los Hijos de Dios.

Hoy, Cristo, cruza el pórtico de nuestra vida para que entendamos que su costado (pronto desgarrado y abierto) es un surtidor del que brotará vida abundante y que se dará con pasión y sufrimiento para que no olvidemos que será triunfo en la mañana de Pascua.

Hoy, en el Domingo de Ramos, comienza la semana más santa de los cristianos. En ella transcurren aquellos misterios de la pasión y muerte del Señor que se iniciaron con su entrada triunfal en Jerusalén.

Hoy lo hará con gloria….mañana saldrá de sus muros envuelto en sangre

Hoy lo hace montado en pollino recién estrenado…..mañana caminará con una cruz gigante e ignominiosa diseñada ferozmente, y desproporcionadamente, para sus hombros

Hoy se abre camino consciente del pecado que esconde el pueblo que le vitorea…..mañana lo hará pagando cruel tributo por aquellos que le dijeron ¡Si! pero pronto le olvidaron

Hoy desfila en medio de cánticos y alabanzas…..pero el viernes subirá hacia el monte Gólgota acompañado de un coro de burlas y de risas, de corazones duros e implacables

Hoy, con nuestras palmas, le diremos a Jesús que queremos compartir e ir con El su victoria; que nuestra vida es suya; que su verdad ha de ser nuestra verdad; que daríamos la vida y mucho más antes que perderle… mañana nos asustará de tal manera la ostentosidad, la cercanía y la crudeza de su cruz que llamaremos a un cirineo para ayudarle.

Encuentros y desencuentros, amigos e infidelidades, promesas y traiciones, subidas y bajadas….son en la vida de todo creyente (en su relación con Dios) una constante.

2.- El Señor, aún conociéndonos desde donde, con qué intereses y tonalidades recibe nuestros honores y nuestros piropos , compartirá con nosotros, ya desde ahora, su victoria (que será nuestra también) sobre la muerte.

Señor, ¡cuánto me acuerdo de aquel villancico en la noche santa de tu nacimiento!; “hoy son rosas y flores....mañana dolor y hiel”.

¿Nos decidimos acompañarle en estos días? ¿Levantamos los ramos y las palmas de nuestra fidelidad, las del bien, las del perdón?

¿Por qué no alzamos, al paso de Jesús, las ramas de nuestra adhesión a El, las de nuestra fe y las de nuestro deseo de sentir y vivir la Iglesia?

3.- ¡HOSANNA AL HIJO DE DAVID!

Lo recibiremos con aclamaciones

y, en viernes santo, lo despediremos en el silencio más absoluto

Le cantaremos ¡Hosanna al Hijo de David!

y, en el Gólgota ,le gritaremos: ¡Si eres Hijo de Dios, baja de la cruz!

 

Alfombraremos aquí su camino con olivo y palmas

y más adelante, en cualquier esquina, le negaremos como al eterno desconocido

Hoy, en los aledaños de nuestras ciudades y calles, seremos su pueblo

mañana nos convertiremos en aquellos que nunca con El estuvimos

Con las palmas y ramos lo acogemos como promesa esperada y por fin cumplida

y, cuando sea ajusticiado, asistiremos cómplices con nuestra sordina.

 

En este día, Señor, te alabamos con gritos

el Jueves, seremos presos del sueño, muertos por el cansancio

Ahora, Señor, entonamos que ¡nadie hay tan grande como Tú!

y, ante los poderosos, fingiremos no conocerte

 

En este momento, Jesús, más que nunca, las piedras corren el riesgo de gritar tu nombre:

hay demasiado cristiano callado

multitud de amigos tuyos que, viven, como si no lo fueran

miles de palmas sostenidas por la mano

pero no cosidas ni arrancadas desde el corazón.

 

En este momento, en el pórtico de la Semana Santa,

infinidad de fan salen a la calle para vitorear lo que, tal vez,

ni de lejos ni de cerca conocen:

¿Por qué va a morir Jesús?

¿Por quién? ¿Cuándo? ¿Cómo?

¡Alabemos al Señor! ¡Claro que si!

¡Vitoreemos su nombre! ¡Y con tambores y trompetas brillantes!

 

Pero, eso sí, luego…a continuación:

no apaguemos nuestras voces: somos su voz

no escondamos nuestra vida cristiana: somos su cuerpo

no neguemos su presencia: somos su afirmación

no ocultemos su Evangelio: somos su expresión


6.- JESUCRISTO PACÍFICO

Por Ángel Gómez Escorial

1.- En los años setenta del siglo pasado, cuando Jesús de Nazaret quiso ser transformado en un revolucionario al estilo del siglo XX, se interpretó la entrada triunfal en Jerusalén como un ataque guerrillero contra el poder establecido. Las consecuencias de esa insurrección habrían sido la condena, tortura y ejecución de Jesús. La verdad es que esta teoría no tiene la menor posibilidad histórica, porque la guarnición romana vigilaba desde lo alto de la Torre Antonia. Cualquier problema de orden público era dominado enseguida con enorme dureza.

Por el contrario los actos de contenido religioso –procesiones, romerías con cantos y las típicas subidas al templo—no producían inquietud alguna y dejaban que se desarrollasen, aunque algunas veces produjeran algún tumulto por la multitud que participa en ellas. Los militares romanos ya sabían lo que se traían entre manos y desde luego no hubieran permitido nada parecido a un ataque revolucionario. Otros tratadistas del mismo tinte revolucionario relacionaron también la actitud guerrillera de Jesús con la expulsión de los mercaderes del Templo.

2.- Pero Jesús quiso dejar claro que era pacífico. Entró en Jerusalén sobre un borriquillo y no a lomos de un impetuoso caballo blanco, rodeado de su guardia de corps. El cortejo real era festivo y propio de una romería. Las gentes le saludaban con ramos de olivo –señal de paz—y palmas. Y, desde luego, fue un gran éxito. Y si bien a las fuerzas de ocupación romana el asunto no les importó nada, no ocurrió así con el conjunto de las autoridades religiosas de Israel, que entendieron perfectamente que esa entrada era religiosa y que añadía un talante de paz y de fiesta muy deseado por el pueblo, pero odiado por el sistema oficial del Templo, ya que era todo un cambio. Y fue esa entrada triunfal lo que precipitó la persecución y muerte de Jesús.

3.- La Iglesia y su liturgia –que derrochan gran sabiduría—han puesto en la misa de hoy ese relato completo de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo para que –digámoslo así—no haya duda sobre que celebramos hoy. Por eso, la liturgia tiene una lectura de júbilo, asociada a la procesión de Ramos y el relato íntegro de la Pasión. En este ciclo C hemos escuchado la Pasión según San Lucas que nos da la idea de que dicha Pasión es testimonio de la voluntad salvadora universal de Dios y de su amor representado en el sacrificio y posterior victoria de Cristo Jesús. Estaréis de acuerdo conmigo que esta lectura en conjunto emociona y deja el alma perfectamente preparada para vivir la Semana Santa –Semana Grande se decía antes--, de la que el Domingo de Ramos es pórtico “físico” e inicio “psicológico”

4.- La paz de Jesús se verá reflejada horas después en su retirada, en su marcha a Betania para descansar con sus amigos, Marta, María y Lázaro. Ante su éxito –y en términos estrictamente religiosos—Jesús podría haber pedido a los Sumos Sacerdotes y Senadores “que le tuvieran en cuenta” dentro de la “religión oficial”. Y quien sabe si esa imposible pretensión de Jesús –fue una de las tentaciones de Satanás en el desierto—de “oficializar” su mesianismo hubiera tenido éxito. Pero tanto Jesús como los líderes religiosos de Israel sabían que eso era imposible. Jesús pedía la vuelta a la religión original de Amor que el Padre esperaba. Los fariseos y saduceos alimentaban un sistema social, político y con formas religiosas, que nada tenía que ver con la misión de Jesús de Nazaret. Por eso, llegada la tarde Jesús se retiró a Betania a esperar el desenlace de su Misión. Por eso es importante hoy, tras la bendición alegre de los ramos, leer y meditar íntegra la Pasión de nuestro Maestro.


LA HOMILÍA MAS JOVEN


EL DÍA DE LA JUVENTUD CRISTIANA

Por Pedrojosé Ynaraja

1.- Os escribo cada semana un mensaje, mis queridos jóvenes lectores, deseando que lo que os explico, os sirva, en primer lugar, para que aumente vuestrO convencimiento de que Jesús existió, en un determinado tiempo y en un preciso lugar. Hoy, como la mayor parte de días, os doy detalles en este sentido. He recorrido aquellas tierras, los caminos que se mencionan en el primer evangelio de hoy, y hasta he vivido en Bet-Fagé y Getsemaní, unos días, amablemente acogido por amigos de la Custodia Franciscana. Los trayectos lo he hecho a pie, como le tocaba hacerlos a Jesús, sirviéndome este detalle para identificarme un poco más con el Maestro. Os quiero decir una cosa para empezar. Una cosa que sorprende cuando está en Tierra Santa es la alegre y sincera participación juvenil en todos los actos explícitamente cristianos. Los uniformes de los colegiales y la vistosidad de los de los scouts y sus fanfarrias, alegran la vista del foráneo que lamenta la ausencia de tanta gente joven en nuestras asambleas. La procesión que cada Domingo de Ramos desciende por el Olivete, es un maravilloso ejemplo de esto que os digo.

2.- Betania, en aquel tiempo, era una pequeña población, ahora es un gran conglomerado de edificaciones sin orden ni concierto. Por allá andaría Jesús seguramente pasando un buen rato de tertulia con sus amigos, Lázaro, Marta y María, cuando envió a algunos de los suyos a prepararle la llegada a la Capital y la celebración que con ilusión imaginaba y proyectaba desde hacía tiempo. Hasta Betfagé se va en unos 12 minutos, a buen paso. Hoy el muro lo impide. Betfagé, hace unos años, era un pequeño grupito de casas alrededor de una iglesita franciscana, que custodiaba una gran piedra donde se encaramó Jesús para subirse al borriquillo. Curiosa leyenda esta, ya que es más alta esta roca, que la que pueda tener la grupa de un jumento. Ahora el lugar es un desordenado amasijo de calles y carreteras. Desde este lugar se empina uno hasta la cima, en algo menos de 10 minutos. En llegando a la cresta, se asombra uno de la preciosa vista panorámica de la gran ciudad. Bajar hasta la primera de sus puertas supondrá un poquito más de media hora. El recorrido que os he descrito es el mismo que hizo Jesús, entonces de tierra, ahora alquitranado. Por el camino, en las iglesias, en sus sagrarios, está el mismo Jesús de aquel entonces. Satisfacción, pues, de la vista y del caminar, encanto interior del espíritu al adorar.

El Domingo de Ramos los fieles de Jerusalén recorren en procesión este itinerario, ya os lo he dicho. Cada una de nuestras comunidades, en el lugar que estemos, tratamos de imitarlos. El ambiente debería ser alegre, que no envidiara ni los sanfermines, ni las tracas de Valencia, ni la euforia de un concierto del conjunto más actual.

3.- Hoy es la Jornada de la Juventud cristiana, el Papa os ha dirigido un mensaje. Yo, mis queridos jóvenes lectores celebraré una misa por vosotros. Examinaos de Fe, de entusiasmo y de fidelidad en el seguimiento de Cristo. Si tenéis un árbol cerca, cortad una rama y agitadla. Si algún sabiondo viejo no lo aprueba, acordaos de que Jesús dijo que si los chiquillos no aclaman, gritan las piedras. Olvidad expresiones hebreas del texto evangélico y traducidlas a palabras actuales: ¡viva! ¡bravo! O cualquiera de las que se profieren en los eventos deportivos. Decidle, al que no os entienda, que no sabe lo que se pierde, al ignorar la riqueza espiritual que proporciona la Fe en Cristo. Quisiera escuchar en mi oído interior espiritual vuestros gritos entusiasmados y que me contagiéis a distancia vuestro júbilo. Este domingo es vuestra jornada, pero, a diferencia de las que se organizan en otros estamentos, nadie os invitará a que compréis, gastéis y os alteréis. La alegría profunda nadie os la arrebatará.

Al pasar la procesión el dintel de la iglesia, la liturgia cambia de tono. Recuerda la tradición romana y nos anuncia que la semana que comienza es la de la celebración de los más grandes misterios cristianos. La pasión del Señor es la culminación de estos. Escuchad la proclamación y, como os distraeréis sin daros cuenta, uno de estos días leedla en vuestra casa, con la atención que ponéis al preparad un examen o al estudiar un texto para un trabajo de investigación. Descubriréis detalles útiles para vuestra vida espiritual, que hasta entonces desconocíais.


LECTIO DIVINA: EVANGELIO Y ORACIÓN


LA PASIÓN DE JESÚS

Por Pedro Rodríguez

Evangelio dominical meditado y escrito para la prensa hace (casi) cincuenta años por un joven sacerdote, que hoy ya no lo es tanto. La fecha o las fechas son las del domingo en que se publicó en los periódicos (1960 y 1961).

DOMINGO DE RAMOS

San Mateo 21, 1-9:

Al acercarse a Jerusalén y llegar a Betfagé, junto al Monte de los Olivos, Jesús envió a dos de sus discípulos, diciéndoles:

—Id a la aldea que tenéis enfrente y encontraréis enseguida un asna atada, con un borrico al lado; desatadlos y traédmelos. Si alguien os dice algo, le responderéis que el Señor los necesita y que enseguida los devolverá.

Esto sucedió para que se cumpliera lo dicho por medio del Profeta: Decid a la hija de Sión: “Mira, tu Rey viene hacia ti con mansedumbre, sentado sobre un asna, sobre un borrico, hijo de animal de carga”.

Los discípulos marcharon e hicieron como Jesús les había ordenado. Trajeron el asna y el borrico, pusieron sobre ellos los mantos y él se montó encima. Una gran multitud extendió sus propios mantos por el camino; otros cortaban ramas de árboles y las echaban por el camino. Las multitudes que iban delante de él y las que seguían detrás gritaban diciendo:

—¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!

La Pasión de Jesús (26-III-1961)

El evangelio de la Misa de hoy (Mt cáp. 26 y 27) es demasiado largo para transcribirlo aquí. Por eso, que cada uno acuda a ese ejemplar del Nuevo Testamento que no debe faltar en ningún hogar cristiano. Si abrís el libro por el capítulo 26 del primer evangelio encontraréis la historia de la Pasión según San Mateo, que es el evangelio que la Iglesia nos propone este domingo para introducirnos en la Santa Semana. Dos capítulos que merecen una lectura personal, reposada, orante, durante toda la semana.

Pero la misa viene precedida por la procesión de los ramos, cuya liturgia evoca la entrada triunfal de Cristo en Jerusalén. En ella se lee el pasaje evangélico correspondiente. Este es el texto que queda escrito al principio y sobre el que recae nuestra meditación.

Suenan vítores y aclamaciones al Hijo de David mientras Jesús corona el monte de los Olivos y baja hacia el torrente Cedrón. ¡Hosanna! ¡Gloria! Pero no sé yo qué tiene esta alegría de Ramos que deja un regusto amargo en el alma. No podemos evitar contemplarla con su trasfondo: muchos de los que aclaman ahora, pocos días después gritarán como posesos: ¡crucifícale, crucifícale! Y en medio de todo, de un lado para otro, estamos también nosotros. Por eso nos impresiona el contraste entre los vítores de la muchedumbre y la mirada de Cristo, sobre el borrico.

—¿Qué miras, Señor, mientras el pueblo te aclama y los apóstoles, atropellándose detrás de Ti, vociferan alegremente?

La mirada de Jesús contemplaba enfrente la Ciudad Santa y la pequeña colina que llaman Calvario. Pero ahora Cristo nos responde:

—Yo miro tu alma y busco en ella el por qué de tu alegría. En esta mañana de fiesta, ¿es tu alegría como la de ese pueblo que lanza vítores o pide la muerte según sople el viento? ¿O como la de unos apóstoles que esperan puestos de honor en un reino terreno? ¿O es la tuya la alegría de los míos, la alegría de los hijos de Dios, esa alegría que procede de abandonarlo todo y abandonarte en los brazos amorosos de mi Padre?

Y al sentir los interrogantes de Cristo, el alma se encuentra sumida en la confusión. Y en medio de la algarabía del pueblo se acerca al borrico y acompaña a Jesús en el lento caminar del jumento y comienza a desahogarse en el Señor, que escucha:

—No, no ha sido esa mi alegría. Yo he caminado tantas veces según el viento soplaba: te he aclamado a la entrada de Jerusalén con obras buenas, pero superficiales, con poco sentido sobrenatural; y, casi sin saber cómo, me he encontrado también delante de Pilatos, gritando a coro con la muchedumbre: crucifícale, crucifícale. Y te he azotado con mis pecados, con unos ¡no! rotundos que salían de mi alma sin saber cómo. Y he vivido la alegría egoísta de aquellos discípulos, demasiado terrenos: muchas veces mis obras “virtuosas”, mi cumplimiento de la Ley de Dios, han tenido un aspecto un poco mercantil, han sido un “do ut des”, que contabilizaba cuidadosamente para calcular si me dabas con puntualidad esa felicidad terrena que yo creía merecían mis obras... He sido caña agitada por el viento y no he captado el fondo de tu alegría.

Cristo escucha y sonríe y comprende. Su gracia nos llega a raudales. Ahora oye la última confidencia, mientras aligera el paso del jumentillo.

—Pero yo quiero participar de tu alegría, Señor, de esa alegría de Hijo consustancial al Padre; la alegría que es propia de los hijos de Dios, la que tu nos das al darnos tu Espíritu, esa alegría que no está a merced de las circunstancias: tu alegría, que te hace ver la Cruz como “exaltación” y, por amor, mira de frente al sufrimiento, aunque parezca que el cuerpo no puede aguantar. Así, por amor, quisiste atraer hacia Ti a todos los hombres: “omnia traham ad me ipsum”, dijiste (Jn 12, 32). Yo quiero este año empuñar el ramo de olivo de forma muy diversa a la de años anteriores: yo quiero que exprese mi alegría y mi deseo de acompañarte durante toda la Semana Santa camino de la Cruz, la alegría del desagravio por Tus sufrimientos, la alegría del grano dorado que se entierra en el surco —muerte de cruz— para resurgir en tallo vibrante: Resurrección. Yo, Señor, estoy lleno de miseria y, sin embargo, querría, por tu misericordia, parecerme a Ti…