LA PASCUA QUE CONVIERTE

Por Ángel Gómez Escorial

Quiero acercarme a cada uno de los hermanos que sigue Betania. Los días de Semana Santa y Pascua son siempre un buen momento para ejercitar el amor fraterno y “aprovecharnos” de lo que representa la santa doctrina de la Comunión de los Santos. Por todo ello esta Carta quiere ser un poco más intima y personal. Y ocurre que en estos días leo, por enésima vez, "El Señor", de Romano Guardini. Y sin poderlo remediar sólo se me ocurre escribir, en principio, del mensaje que nos dio el teólogo italogermano. Plantea una tesis muy interesante de cara a la muerte de Jesús. El Hijo de Dios bajó a la tierra para convencer de buen grado que el Reino de Dios estaba cerca y que la conversión pacifica traería un mundo feliz como el que se describe en algunas de las profecías de Isaías.

EL “PELIGROSO” MENSAJE DE CRISTO

Pero ni el pueblo elegido, ni sus dirigentes, aceptaron ese camino. Anclados en una religión oficial, completamente materializada, vieron un grave peligro en la "revolución" que Jesús traía. El mensaje de Cristo sobre la ternura del Padre rompía la idea de un Dios justiciero, solemne y hasta cruel. Y ese Dios fabricado a la medida de unos cuantos --hoy sigue ocurriendo esto en algún caso-- rompía el "sistema". Era, sin duda, el mensaje de Jesús, revolucionario y muy peligroso para la pervivencia de unas élites que dominaban todo mediante el mal uso de la religión. Pero también el propio Isaías narraba el terrible desenlace de Jesús en la figura del “Varón de Dolores. Retrato muy aproximado de lo que iba a ocurrir a Jesús.

Tras la muerte de Jesús se inicia un tiempo largo en el que, al no ser posible la Redención inmediata y total, se abre el largo camino hacia la conversión individual –uno a uno-- de todos los hombres. Y en ese trabajo tenemos parte todos. La Iglesia, nacida del costado de Cristo la tarde de Viernes Santo, tras la lanzada, recibirá el encargo de seguir el camino de la Redención. Jesús sigue como Cabeza de la Iglesia al frente de esa tarea. Nos hace copartícipes de la Redención. Y todo esto se ve, se toca con las manos, en estos días. Nuestro ánimo debe estar abierto a las inspiraciones que la oración de estas jornadas nos traiga. Nuestro corazón debe estar limpio y alejado de distracciones mundanas para mejor abrirse a lo que el Señor Dios quiera decirnos.

NUESTRO COMPORTAMIENTO

¿Cuál es el mejor comportamiento nuestro para estas fechas? No debemos generalizar. Cada uno tendrá su "obligación". No hay que renegar del tiempo de descanso, porque la quietud y la paz nos ayudarán. Si habrá que criticar la vacación como olvido y alejamiento de lo que es habitual en nosotros. Estemos donde estemos --también lo hemos dicho en el editorial-- tendremos una iglesia cercana en la que se conmemorarán los pasos de nuestro Señor Jesús en su Pasión, Muerte y Resurrección. Y, asimismo, la meditación y contemplación de las escenas evangélicas en la soledad de nuestro cuarto son muy deseables.

Y si se me permite, yo recomendaría a quienes andan flojos en cosas de la Fe que acudieran a la Vigilia de pascua. Es la misa que celebra "en directo" la Resurrección de Jesús.

Desde tiempo inmemorial -en los primeros tiempos de la Iglesia- se utilizaba esa vigilia para bautizar a los Catecúmenos y hoy la costumbre se continúa. Muchos adultos en todo el mundo son bautizados junto al fuego nuevo del Cirio Pascual también nuevo. Tengo que confesar, aquí y ahora que, durante los muchos años de mi increencia, de mi lejanía de Jesús y de su Iglesia, el recuerdo de una Vigilia Pascual, me acompañó como promesa impensada e inadvertida de regreso. Es –lo fue, sin duda—la Pascua que convierte. Y con todo mi corazón deseo que la alegría que vamos a sentir en la Pascua nos llene de felicidad y nos haga mejores. Y ya desde esa perspectiva, gritemos todos para todos: ¡Feliz Pascua!