Seguimos en la idea de dar textos íntegros de diferentes personalidades religiosas, pues creemos que no son suficientemente difundidos, fuera de Betania, y que su lectura completa y reposada puede dar muchas claves e informacion a nuestros lectores. Lo hemos hecho muchas veces con los discursos y homilías del Papa Benedicto. Pero hoy damos íntegro un amplio texto de Monseñor Sebastián, Arzobispo de Pamplona (España) que consideramos de mucho interés, por su aproximación a la política desde una vertiente cristiana.


BENEDICTO XVI RINDE HOMENAJE A PABLO VI, TIMONEL DE LA IGLESIA EN TIEMPOS DIFÍCILES

Al recibir en audiencia a los miembros del Centro internacional dedicado a ese Papa

CIUDAD DEL VATICANO (ZENIT.org).- Benedicto XVI ha rendido homenaje el Papa Pablo VI, protagonista de un período histórico caracterizado por momentos difíciles, especialmente tras el Concilio Vaticano II. Lo hizo este sábado al recibir a miembros del Instituto Pablo VI, centro internacional, con sede en Brescia, que recoge documentación y promueve el pensamiento de Giovanni Battista Montini, obispo de Roma entre 1963 y 1978. Benedicto XVI evocó algunos recuerdos personales ligados a este pontífice, que le nombró arzobispo de Munich y Freising, el 25 de marzo de 1977 y tres meses después le creó cardenal.

«Fue llamado por la Providencia divina a pilotar la barca de Pedro en un período histórico caracterizado por muchos desafíos y problemas», afirmó el Santo Padre. Fue el primer Papa que viajó a Tierra Santa, con motivo del histórico encuentro con el patriarca Atenágoras I (Jerusalén, enero de 1964), 900 años después del cisma entre las Iglesias de Oriente y Occidente. Aquella visita «tuvo un claro significado simbólico» e «indicó a la Iglesia que el camino de su misión consiste en recalcar las huellas de Cristo».

«El secreto de la acción pastoral que Pablo VI desempeñó con incansable entrega, adoptando en ocasiones decisiones difíciles e impopulares» está, según su sucesor, en su «amor a Cristo» y en su «total entrega a Jesús», así como en «una tensión misionera alimentada por el sincero deseo de diálogo con la humanidad». En el período posterior al Concilio Vaticano II, que Pablo VI clausuró, después de que hubiera sido convocado por Juan XXIII, el Papa Montini, según Benedicto XVI, «no se dejó condicionar por incomprensiones y críticas, aunque tuvo que soportar sufrimientos y ataques en ocasiones violentos, pero fue en toda circunstancia firme y prudente timonel de la barca de Pedro». El Instituto al que se dirigió el Papa surgió en 1979, tras la muerte de Pablo VI. Además del archivo, cuenta con una biblioteca de 30.000 libros ligados a ese Papa, de los cuales, 10.000 son los volúmenes de la biblioteca personal de Montini.

Más información http://www.istitutopaolovi.it


ALERTA POR LOS INTENTOS DE OBSTACULIZAR EL PROCESO DE CANONIZACIÓN DE JUAN PABLO II

Lanzada por el cardenal arzobispo de Cracovia, Stanislaw Dziwisz

CRACOVIA, (ZENIT.org).- Presuntas operaciones de espionaje en torno a Juan Pablo II no sólo son falsas, sino que buscan obstaculizar su proceso de canonización, alerta quien fue su secretario durante cuatro décadas. Actualmente arzobispo de Cracovia, el cardenal Stanislaw Dziwisz comentó el sábado, en el programa polaco de «Radio Vaticano», las recientes suposiciones acerca de la colaboración del agente secreto «Henryk», a quien medios de comunicación asocian al arzobispo Henryk Nowacki, hoy nuncio apostólico en Eslovaquia, antaño miembro y después responsable durante años de la sección polaca de la Secretaría de Estado del Vaticano.

«En los últimos tiempos, acusar e inculpar a hombres de la Iglesia en Polonia, como los que están al servicio de la Santa Sede, ha asumido tales dimensiones que todo hombre honesto debe sentirse tocado en lo más vivo», advirtió el cardenal Dziwisz. Originario de Alemania, donde nació hace 60 años, Henryk Józef Nowacki fue ordenado sacerdote de la diócesis polaca de Tarnów (perteneciente a la archidiócesis de Cracovia) a la edad de 23 años. Recibió la consagración episcopal --principal celebrante fue el Papa Karol Wojtyla-- y fue elevado a la dignidad arzobispal con 54 años, momento en que fue nombrado representante papal en Eslovaquia.

En la entrevista en la emisora pontificia, el cardenal Dziwisz puso de manifiesto la especial dedicación del arzobispo Nowacki en el servicio prestado durante el pontificado de Juan Pablo II. «Conozco su responsabilidad por cada palabra, su conducta y laboriosidad --expresó--. Golpear a este hombre es golpear a todos los polacos, colaboradores del Santo Padre, y por ello golpear al Siervo de Dios, Juan Pablo II». «Se está creando un marco de espías en torno al Papa Wojtyla --alertó-- y ello es un mentira, una calumnia. Se apunta de este modo también a obstaculizar el proceso de canonización».

Advierte además de que el clima de acusaciones que se ha creado en Polonia es altamente nocivo para el buen nombre de la Iglesia y del país en el ámbito internacional. Por todo ello no duda en dirigirse a las órdenes contemplativas: que «recen por el perdón de los pecados y las culpas de todos nosotros y para que el Espíritu Santo nos conceda su luz, a fin de que, enriquecidos por estas dolorosas experiencias, podamos renovar nuestra Iglesia, y también la convivencia entre los hombres», exhorta.

Subraya el cardenal Dziwisz que las acusaciones de estos últimos meses destruyen injustamente el derecho que tiene toda persona a su buen nombre. «Todo esto se hace en nombre de la presunta verdad, pero me pregunto: ¿qué verdad?», plantea. Además, de acuerdo con el purpurado, no se pueden considerar creíbles las notas de los servicios especiales del Estado comunista sin que sean antes estudiadas con la máxima responsabilidad y contemplando en conjunto la vida de las personas acusadas. El propio cardenal Dziwisz expone un «ejemplo de no credibilidad de tales documentos»: es «el caso de la nota del agente que me seguía –relata--, en la que se lee que nací en Mszana Dolna y que pasaba las vacaciones en Poronin». «Ni una ni otra noticia son ciertas. Se puede verificar fácilmente», concluye.


VIVIR CRISTIANAMENTE EN DEMOCRACIA

Escrito de monseñor Fernando Sebastián Aguilar, arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela

PAMPLONA (ZENIT.org).- Publicamos la Conferencia cuaresmal «Vivir cristianamente en democracia» de monseñor Fernando Sebastián Aguilar, arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela,

TEXTO INTEGRO

Introducción.- Para poder vivir con paz en este mundo nuestro, tenemos que tratar de comprender los elementos esenciales de nuestra propia vida. No podemos disfrutar de nuestra condición de cristianos si no la conocemos suficientemente. Los laicistas querrían recluir la vida cristiana, la vida de los cristianos, al ámbito privado, como si la vida personal y la vida en familia pudiera estar inmunizada de las influencias del ambiente y del conjunto de la sociedad. Tanto si las aceptamos como si las rechazamos, los cristianos vivimos en este mundo, recibimos las influencias de todo lo que hay en la sociedad y nos sentimos también movidos y responsabilizados de influir en la vida de la sociedad, denunciando y eliminando los males y apoyando todas las cosas buenas vengan de donde vengan.

Para cumplir la recomendación cuaresmal tenemos que tener en cuenta la gravedad del conflicto cultural en que vivimos. Están enfrentadas dos maneras de entender la vida, uno de sus rasgos diferenciantes fundamentales es la valoración de la religión, vida humana con Dios o sin Dios. Esta es una cuestión capital. Y no solamente como una cuestión social o cultural, este conflicto se hace más agudo porque el gobierno y grandes fuerzas sociales son claramente beligerantes en favor de la implantación social de la concepción de la vida sin Dios.

Miembros responsables de la sociedad

No somos de este mundo pero vivimos en el mundo. Somos ciudadanos del cielo y conciudadanos de los santos, pero esta vida celestial tenemos que ejercerla penosamente en las condiciones terrenas de nuestra vida temporal. Esta es la complejidad y la riqueza de la vida cristiana, vivir en comunión con el dios del Cielo mientras peleamos en este mundo, estar bien presentes en la tierra teniendo el corazón en el cielo, vivir intensamente en el hoy, cuando tenemos puesta la esperanza en el mañana de la vida eterna.

Para no confundir las cosas, tenemos que afirmar desde el principio la originalidad y las diferencias de la Iglesia respecto del resto de la sociedad. La Iglesia es la sociedad de los hijos de Dios en el mundo. Después de una larga preparación, comienza con la encarnación del Hijo de Dios en el seno de la Virgen María. El es el Hijo de Dios hecho hombre, principio de la nueva humanidad, la humanidad de los hijos de Dios encabezados por El y santificados por el Espíritu Santo. La Iglesia «tiene su origen y su fundamento permanente en Cristo, sus miembros nos incorporamos libremente a ella por la fe y el bautismo y recibimos el don del Espíritu Santo, principio de renovación espiritual que nos dispone para actuar justamente en este mundo mientras caminamos en la presencia de Dios hacia la vida eterna. Ninguna otra institución tiene en la tierra medios ni fines semejantes.» (Orientaciones morales, n.45).

Los católicos nos sentimos hijos de Dios, llamados a la vida eterna, pero tenemos los pies en el suelo y sabemos que tenemos que afirmar nuestra fe, ejercitar nuestra esperanza y practicar diligentemente nuestra caridad en el contexto real y actual de nuestra vida terrestre. Así, en la vida de los cristianos se va haciendo poco a poco, penosamente, la reconciliación y el encuentro entre el Creador y las criaturas, entre el Padre celestial y la humanidad. Viviendo para Dios no nos alejamos del mundo, porque sabemos que el mundo es de Dios y Dios se ha vinculado definitivamente a nuestro mundo en la carne de su Hijo. Quien se acerca a Dios, se siente enviado al mundo con el mismo amor con el cual El vino y se entregó por nosotros. El cristianismo es la religión del hombre para Dios y porque antes Dios quiso vivir y morir para el bien del hombre. De este modo los cristianos nos sentimos doblemente vinculados a nuestro mundo y a nuestros hermanos. Por nuestra condición humana y por la ley del amor nos sentimos vinculados a nuestro mundo, al bien de la sociedad concreta en que vivimos.

Los cristianos y la misma Iglesia, somos parte de la sociedad, estamos profundamente arraigados en ella por vínculos naturales y sobrenaturales, por múltiples vínculos de convivencia reforzados por el apremio del amor fraterno. El hecho de adorar a Dios y de vivir arraigados en Cristo no nos aleja del mundo sino que nos permite vivir más intensamente nuestras responsabilidades y ofrecer a nuestros conciudadanos los mismos dones sobrenaturales que nosotros hemos recibido y los abundantes bienes de orden cultural y social que se derivan de la iluminación de la fe y de la sanación espiritual que los dones del Espíritu Santo producen en nosotros. Si la razón humana es capaz de organizar la convivencia y elaborar modelos morales de vida y de comportamiento, la fe purifica y enriquece las capacidades naturales, ilumina la razón, purifica los deseos y fortalece la voluntad para percibir y practicar el bien en la vida personal y social.

No sólo los partidos políticos y las instituciones temporales pueden y deben enriquecer la vida de la sociedad. También la Iglesia y los cristianos en tanto que cristianos podemos y debemos ofrecer a la sociedad en que vivimos todos los bienes naturales y sobrenaturales que hemos recibido. Creer en Dios y vivir según su voluntad no es algo opcional de lo que podamos prescindir sin padecer graves privaciones y malograr nuestra existencia. Este es precisamente el error trágico del laicismo, pensar que el hombre encerrado en sí mismo, sin contar con Dios, puede alcanzar la plenitud de su existencia. Si estamos hechos para convivir con Dios, si somos algo más que el resultado de una evolución estrictamente mundana y material, los hombres no podemos llegar nunca a serlo totalmente sin reconocer a Dios como referencia absoluta y centro definitivo de nuestras aspiraciones. Por eso los cristianos, al sentirnos elegidos y enriquecidos por el conocimiento y el reconocimiento de Dios, nos sentimos obligados a ofrecer a nuestros conciudadanos esta fe que sostiene nuestra existencia y de la cual nacen convicciones y sentimientos que iluminan y fortalecen nuestra existencia también en las vicisitudes y obligaciones de nuestra vida social, cultural, económica y política. «No seríamos fieles a los dones recibidos, ni seríamos tampoco leales con nuestros conciudadanos, si no intentáramos enriquecer la vida social y la propia cultura con los bienes morales y culturales que nacen de una humanidad iluminada por la fe y enriquecida con los dones del Espíritu Santo» (ib. n.46).

«La fe no es un asunto privado» (ib. n.48). Quienes pretenden reducirla a la vida privada cometen dos equivocaciones. En primer lugar no se dan cuenta de que la fe en Dios es una decisión personal que afecta a la persona entera, en la comprensión de sí mismo y del mundo, en el proyecto y realización de todas sus acciones y realizaciones sociales. Por otra parte, esa distinción que a veces aceptamos sin discusión entre vida privada y vida pública no responde la realidad de nuestro ser. Nada en el hombre es del todo privado ni es únicamente público. Nuestras convicciones personales más íntimas condicionan la manera de manifestar y desarrollar nuestra vida en las relaciones con los demás. Lo que hacemos en la vida pública nace de lo que somos en el foro interior de nuestra conciencia, de nuestras convicciones, de nuestras aspiraciones más profundas y personales.

Por eso está plenamente justificado que nos preguntemos cómo podemos y debemos portarnos los cristianos en la vida pública, y más en concreto qué debemos hacer para vivir adecuadamente como cristianos en una sociedad democrática? Lo que ocurre a nuestro alrededor nos influye profundamente, influye en nuestras familias, nos facilita o nos perjudica vivir de acuerdo con nuestra fe y nuestras convicciones religiosas. De estas cuestiones queremos ocuparnos en esta tercera conferencia.

El servicio de la evangelizaciÓn

A la hora de pensar en los servicios que los cristianos tenemos que hacer a la sociedad en la que vivimos, tendemos a pensar inmediatamente en servicios de orden material, valorando únicamente lo que la Iglesia hace en el orden de la educación de la asistencia a los enfermos o los necesitados de cualquier género. Que esta simplificación la hagan quienes no conocen ni valoran la fe como una riqueza de la existencia, puede ser explicable y excusable. Pero que esto mismo lo hagamos los mismos cristianos es un error imperdonable.

La Iglesia, y los cristianos como miembros suyos, estamos en este mundo, ante todo, para difundir el evangelio de Jesús, para ampliar y multiplicar su testimonio sobre la bondad de Dios, para ayudar a nuestros hermanos a descubrir la verdad y grandeza de nuestra existencia, tal como Dios nos la manifestó en Cristo, «para que su nombre sea santificado, para que venga su Reino, para que su voluntad se cumpla en la tierra como en el Cielo».

Con frecuencia se piensa que este anuncio del evangelio corresponde sólo a los Obispos y sacerdotes, a los religiosos y consagrados. Es cierto que todos tenemos nuestras responsabilidades y tareas específicas, pero tenemos que tener muy claro que el anuncio, la presentación de la Palabra de Dios como palabra de salvación, consiste en la presencia elocuente de Cristo en nuestro mundo, como Palabra de salvación, que se hace presente en el testimonio, en la vida y en la actuación de los cristianos en su conjunto. La Iglesia entera, todas las comunidades, todos las familias cristianas, todos los cristianos en su conjunto, arraigados en Cristo y vivificados por el Espíritu, somos la ampliación elocuente de la gran palabra de Dios al mundo que es Cristo.

Tenemos que cambiar muchas cosas en este servicio de la evangelización superando cualquier actitud de superioridad o de imposición. Sin condenar, sin juzgar ni menospreciar a nadie, nuestra misión es ofrecer humilde y amablemente, y con toda claridad, lo que hemos recibido, porque estamos seguros de que los demás también lo necesitan para vivir su vida adecuadamente, para ser felices, y porque además el Señor merece ser conocido y alabado por todos sus hermanos. Ese es el primer gesto de reconocimiento y alabanza que le debemos. La primera exigencia de nuestra gratitud. Evangelizar sin condenar, ofrecer sin humillar, éste tiene que ser el nuevo estilo.

Los derivados culturales de la fe

Junto con el anuncio de la bondad y de las promesas de Dios en Jesucristo, la Iglesia y los cristianos podemos ofrecer a nuestros conciudadanos muchos bienes de orden cultural, ya no directamente religiosos, que históricamente han nacido de la experiencia cristiana, como la valoración de la persona, el aprecio de la vida, la igualdad entre varón y mujer, el valor del trabajo, el respeto absoluto por la justicia, la unidad e igualdad de razas y pueblos, etc. Aunque la vida cultural y política no es competencia directa de la Iglesia, nuestra fe clarifica los contenidos de la justicia y purifica la voluntad para servirla y respetarla. (Benedicto XVI en «Dios es amor»). Este servicio de la Iglesia ha tenido una importancia decisiva en la configuración de nuestro patrimonio cultural, social, jurídico y político. La misma democracia ha nacido y crecido en el humus cultural del cristianismo.

Una distinciÓn fundamental

En este punto hemos de tener presente una distinción que es fundamental para ver con claridad en este asunto. La Iglesia en su conjunto, quienes la representan y tienen autoridad en ella, los cristianos en cuanto miembros de la Iglesia, tenemos que mantener una distancia en relación con los asuntos de este mundo, con todo lo que es obra de la razón, de las ciencias y técnicas, de la política. Los asuntos que forman parte de la vida racional y técnica del hombre y de la sociedad son competencia del hombre y de la sociedad en sus instituciones y actividades naturales. El mundo tiene una consistencia interior que no puede ser alterada al margen de su propia naturaleza. Esta es la verdadera secularidad del mundo. En este terreno la Iglesia no tiene competencia especial. Su misión es religiosa y moral. Otra cosa es que la moral derivada de la fe en Dios, cuando se cree desde el fondo del corazón, influya realmente en la manera de ver y hacer todas las cosas. Anunciando el Reino de Dios la Iglesia trabaja indirectamente en favor de la libertad, de la solidaridad, del desarrollo y de la convivencia. La fe ilumina y humaniza todas los ámbitos de la vida personal, familiar y social, nacional e internacional (ib. nn.48 y 49).

Responsabilidad social y política de los laicos cristianos

Los fieles cristianos, en la medida en que forman parte de la sociedad terrestre, tienen que colaborar con todos los demás ciudadanos en la noble tarea de construir la ciudad terrestre de la manera más justa posible, buscando continuamente fórmulas de convivencia y de colaboración en la verdad, la libertad y la justicia. Esta es la doctrina ampliamente enseñada en la Iglesia por el Concilio Vaticano y por múltiples documentos de los Papas y de los Obispos. En España la Conferencia Episcopal publico en 1986 un documento sobre este punto «Católicos en la vida pública» que tiene hoy plena actualidad.

Los laicos, como ciudadanos de la sociedad secular, en plenitud de sus derechos y obligaciones, tienen preferentemente la tarea de hacer valer las normas nacidas de la recta razón, de la fe y del amor cristiano en las relaciones y actividades de la vida secular. Los laicos cristianos tienen «el deber inmediato de actuar en favor de un orden más justo en la sociedad». La caridad tiene que animar toda la vida de los fieles cristianos y por tanto también sus actuaciones políticas, en forma de lo que se llama «caridad social». Su misión es «configurar rectamente la vida social, respetando su legítima autonomía y colaborando con los otros ciudadanos, según las respectivas competencias y baso su propia responsabilidad (ib. n. 29).

Con frecuencia, cuando los cristianos criticamos una ley o proponemos un proyecto, nos dice que queremos imponer a la sociedad nuestras propias convicciones de moral, como hacíamos en los tiempos del Estado confesional y de la Iglesia impositiva. La respuesta es clara. Primero que nosotros no queremos imponer nada, simplemente proponemos nuestras ideas como las demás, porque las consideramos buenas para todos. Reclamamos solamente la posibilidad de que nuestras ideas sean conocidas y lleguen a ser aceptadas como cualquier otra si por los procedimientos previstos alcanzan la mayoría y la aceptación requerida.

Por otra parte, la moral cristiana no es una moral ajena a la naturaleza humana, no es algo arbitrario y añadido a la vida y a la conciencia humana normal. En su mayor parte, la conciencia cristiana es simplemente la moral común, fundada en la naturaleza humana, al alcance de la razón, refrendada por la tradición humana, iluminada y fortalecida por la fe. La fe no nos trae una visión sobreañadida, artificial, y por tanto perturbadora y prescindible. Sino que es la misma moral humana, fundada en la misma naturaleza, conocida por la razón común, clarificada por la fe y la tradición cristiana, fortalecida por los dones y a las ayudas del espíritu. Otra cuestión es si la moral cristiana tiene algún contenido específico no perceptible por la sola razón al margen de la revelación divina. Algunos moralistas dicen que no. Pero no parece una opinión bien fundada teológicamente. En profunda sintonía con lo natural, la gracia desborda la naturaleza, no sólo teóricamente sino también en el orden práctico, en la manifestación del amor a Dios y al prójimo, como p.e. la abnegación martirial y ascética, el amor a los enemigos, el perdonar setenta veces siete, etc. La constitución de un patrimonio moral social, dinámicamente entendido, con la aportación cristiana, en colaboración con el ejercicio de la recta razón de todos los conciudadanos es aceptable como base moral de la vida política, pero no como sustitutivo de la moral eclesial tradicional y plena. La Iglesia no puede por qué concordar su patrimonio con nadie ni someterlo a nadie.

Con una plataforma comÚn

«La doctrina social de la Iglesia argumenta desde la razón y el derecho natural, es decir, a partir de lo que es conforme a la naturaleza de todo ser humano. Y sabe que no es tarea de la Iglesia el que ella misma haga valer políticamente esta doctrina: quiere servir a la formación de las conciencias en la política y contribuir a que crezca la percepción de las verdaderas exigencias de la justicia y, al mismo tiempo, la disponibilidad para actuar conforme a ella, aun cuando esto estuviera en contraste con intereses personales» «La Iglesia no puede ni debe emprender por cuenta propia la empresa política de establecer la sociedad más justa posible. No puede ni debe sustituir al Estado. Pero tampoco puede desentenderse de las exigencias de la caridad en el mundo. Tampoco puede quedarse al margen de la lucha por la justicia. Tiene el deber de ofrecer, mediante la purificación de la razón y la formación ética, su contribución específica, para que las exigencias de la justicia sean comprensibles y políticamente realizables.» (Benedicto XVI, Dios es amor, n.28).

«La doctrina social de la Iglesia argumenta desde la razón y el derecho natural, es decir, a partir de lo que es conforme a la naturaleza de todo ser humano. Y sabe que no es tarea de la Iglesia el que ella misma haga valer políticamente esta doctrina: quiere servir a la formación de las conciencias en la política y contribuir a que crezca la percepción de las verdaderas exigencias de la justicia y, al mismo tiempo, la disponibilidad para actuar conforme a ella, aun cuando esto estuviera en contraste con intereses personales» «La Iglesia no puede ni debe emprender por cuenta propia la empresa política de establecer la sociedad más justa posible. No puede ni debe sustituir al Estado. Pero tampoco puede desentenderse de las exigencias de la caridad en el mundo. Tampoco puede quedarse al margen de la lucha por la justicia. Tiene el deber de ofrecer, mediante la purificación de la razón y la formación ética, su contribución específica, para que las exigencias de la justicia sean comprensibles y políticamente realizables.» (Benedicto XVI, Dios es amor, n.28).

En sus juicios y actuaciones sociales, los cristianos tenemos con los demás la plataforma común del reconocimiento de la dignidad y los derechos de la persona en la medida en que son conocidos por la recta razón y forman parte del patrimonio cultural y moral de la sociedad. La iluminación de la fe y del amor cristiano no entran en conflicto con este patrimonio racional y común, pues razón y fe son vías armoniosas y complementarias de conocer la misma realidad y en mismo ser de la persona en todas sus dimensiones. La profunda armonía entre fe y razón, arraigadas en la mente y en la voluntad del mismo y único Dios, hacen posible la colaboración sincera y paciente entre cristianos y no cristianos. Quien sigue las luces de la recta razón se acerca a la fe, quien vive la fe sinceramente asume con facilidad las verdades adquiridas social y históricamente por mediante el ejercicio de la razón.

Aunque a veces nos acusen de lo contrario, la intervención de los cristianos en política no tiende a imponer a los demás la fe o las obligaciones de la moral cristiana, sino en favorecer el bien común de todos, en libertad y justicia, tal como es patrimonio de la sociedad con la iluminación y la purificación, la rectitud y perseverancia que la vida cristiana aporta a quien la vive sinceramente.

Esta intervención de los cristianos en la vida pública se puede y se debe hacer en muchos órdenes y de diferentes maneras. Se puede hacer de forma personal o asociada. En la vida ordinaria, por el sistema del boca a boca, familia, amigos, tertulias, si sabemos responder, si tenemos el valor de replicar amablemente y serenamente podemos hacer valer la opinión cristiana sobre muchos acontecimientos y prácticas en muchos asuntos. Estamos pecando de demasiado silencio, de demasiadas condescendencias.

Diversos planos

Esta intervención e influencia de los cristianos en la vida social se puede desarrollar en

-el plano de las actividades profesionales, médicos, abogados, jueces, periodistas, profesores. Hay que saber en qué mundo vivimos y saber replicar serenamente con argumentos sólidos defendiendo los puntos de vista cristianos de acuerdo con la ley natural. Este es un elemento fundamental para la identidad de los cristianos y el vigor espiritual de la Iglesia. Los perfiles de la Iglesia se desdibujan si los cristianos no se diferencian por el ejercicio de la caridad en su vida profesional. En muchos casos puede resultar obligatoria la objeción de conciencia, médicos, farmaceúticos, abogados, constructores, políticos, funcionarios, etc.

-especial importancia tiene lo que podamos hacer mediante actuaciones que influyen directamente en la opinión pública, en las tendencias culturales, estudios, investigaciones, publicaciones, declaraciones, cartas al director, favorecer unos medios u otros, etc., etc.

El ejercicio del voto

La participación más común de los cristianos en la vida política consiste en el ejercicio del derecho a votar. ¿Cómo votar en unas elecciones en las que ningún partido asume enteramente las enseñanzas del evangelio ni de la moral católica? Los católicos sabemos que en la sociedad actual es muy difícil que el programa político de un partido coincida en todo con la moral católica, ni siquiera con lo que se podría esperar de un gobernante católico que quisiera en todo atenerse a las directrices de una recta conciencia. Dos cosas quiero señalar. La primera es decir que los católicos, como todos los ciudadanos, antes de votar valoramos las propuestas de los partidos en muchos elementos contingentes y opinables acerca de cómo resolver los múltiples problemas temporales de la convivencia. Pero en esta valoración es necesario que valoremos también de manera especial los aspectos y las consecuencias morales de la ideología, los programas y las actuaciones conocidas de los diferentes partidos en asuntos como la educación religiosa, el apoyo al matrimonio y a la familia, el respeto a la vida desde la concepción hasta la muerte natural, la protección de la seguridad, la paz social y la convivencia, la atención y solidaridad con los pobres y necesitados, emigrantes, enfermos, tercer mundo, además de todos los demás elementos que integran el bien común actual de nuestra sociedad.

«Es preciso afrontar con determinación y claridad de propósitos el peligro de opciones políticas y legislativas que contradicen valores fundamentales y principios antropológicos y éticos arraigados en la naturaleza del ser humano, en particular con respecto a la defensa de la vida humana en todas sus etapas, desde la concepción hasta la muerte natural, y a la promoción de la familia fundada en el matrimonio, evitando introducir en el ordenamiento público otras formas de unión que contribuirían a desestabilizarla, oscureciendo su carácter peculiar y su insustituible función social» (Benedicto XVI, Discurso al IVº Congreso Nacional de la Iglesia de Italia, Verona, 19 de octubre de 2006). Podemos los católicos apoyar con nuestro voto a un partido que ha eliminado la figura del matrimonio de nuestra legislación civil y está preparando el ambiente para legalizar la eutanasia?

En el momento actual, los católicos, además de pensar en los elementos de orden material y social que podemos esperar de la buena acción de los gobiernos, para votar responsablemente y según nuestra conciencia y nuestras obligaciones como católicos, tendríamos que preguntarnos cómo se sitúa cada partida y cada político en relación con la ley natural y la ley de Dios en asuntos tan importantes como:

-el respeto a la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural;

-la visión del matrimonio y de la familia, la protección legal de la familia, desde las políticas de la vivienda, la compatibilidad del trabajo exterior con las obligaciones de la familia, las ayudas para la crianza y educación de los hijos, el reconocimiento del trabajo de la mujer en la casa como una actividad de alto interés social, etc.

-en todo lo referente a la educación de los niños y jóvenes, desde el derecho a la elección de centro, la formación religiosa en la escuela pública, la ayuda a la creación y mantenimiento de centros de enseñanza no estatales en igualdad de condiciones, el clima educativo general en materias morales, la lucha contra las drogas, contra la promiscuidad sexual, el apoyo a una buena educación de niños y jóvenes, etc.

-la actitud ante los temas de convivencia general y pacífica, la seguridad de los ciudadanos, la lucha efectiva contra el terrorismo, la justicia y la solidaridad entre todos los pueblos de España.

Los católicos tendríamos que aprender también a hacer valer nuestro voto mediante la presencia de nuestros puntos de vista en la opinión pública y la cohesión de nuestros votos exigiendo garantías de los candidatos sobre aquellos puntos que nos interesan a todos. La dispersión y la falta de unidad hace que los políticos no nos tengan en cuenta y no acepten nuestros puntos de vista. Es verdad que la Iglesia nos reconoce la libertad de opinar en política y la libertad de voto, pero tiene que ser nuestra conciencia la que nos mueva a votar teniendo en cuenta las dimensiones morales de la cuestión, apoyando a aquellos partidos que más se acerquen a las exigencias de una conciencia católica. Aunque la fe cristiana no se identifique con ningún partido, tampoco los cristianos podemos ser indiferentes o neutrales. Estamos más cerca de los que más se acercan a la concepción cristiana de la vida y menos agresivos son contra la moral natural y cristiana.

La intervención de los cristianos en los diferentes partidos políticos

Aunque los partidos no sean confesionales ni estén del todo de acuerdo con las exigencias morales del cristianismo, los cristianos pueden participar en ellos, con tal de que tengan la libertad de ser críticos y confesantes en aquellos puntos que tienen conexión clara y directa con las propuestas y normas de la moral natural y cristiana. Los cristianos pueden militar libremente en los partidos que mejor les parezca en función de su servicio al bien común. Pero es evidente que a la hora de juzgar la capacidad de un partido para servir al bien común, el cristiano tiene que mirar mucho cómo se comporta el partido que quiere elegir en los puntos más directamente relacionados con los aspectos morales de la vida social, tal como hemos señalado al hablar del voto.

En el caso de la participación activo en un partido, el cristiano tiene que exigir al menos plena libertad para disentir y manifestar sus puntos de vista en cualquier punto que se discuta y la libertad de conciencia y de actuación necesaria para no verse obligado a apoyar ningún acuerdo que vaya en contra de su conciencia, en contra del bien común en las materias morales tal como las entendemos y defendemos en la Iglesia.

Con frecuencia se da el caso de que algunos cristianos valoran más su obediencia partidista, incluso en materias morales, que la integridad de su comunión eclesial. Para vivir cómodamente en un determinado partido esperan que la Iglesia cambie en sus enseñanzas sobre materia sexual, p.e., sobre la indisolubilidad del matrimonio, el aborto o la eutanasia. Se presentan como cristianos progresistas y pretenden que la Iglesia se someta a los programas de su partido en vez de luchar para que su partido se acerque a las posturas de la Iglesia, o por lo menos las respete, posturas que son de ley natural y del verdadero bien social y personal. Para poder seguir militando en un partido más o menos laico, más o menos laicista, el cristiano debe exigir la libertad para disentir y presentar objeción de conciencia en todo aquello que suponga una infracción contra la ley natural y contra su conciencia cristiana. Tiene que preguntarse si su militancia colabora o no con los proyectos de su partido en lo que tengan de inmorales, si el bien que pueda conseguir mediante esa militancia, dentro y fuera del partida, compensa de alguna manera los riesgos de esa posible colaboración. Lo que no vale es pretender que la Iglesia y la conciencia cristiana se someta a las exigencias de la identidad partidista.

Democracia y moral

Lo que venimos diciendo supone que la política no es una actividad exenta de las normas y valoraciones morales. La tentación del laicismo en este punto consiste en considerar la política exenta de cualquier ley moral objetiva y superior, previa e independiente a las decisiones del parlamento y de las instituciones públicas. Con ello que hace de la política como el techo del mundo que no puede ser traspasado por los ciudadanos y de los políticos los dioses de la sociedad moderna que deciden lo que es bueno y malo para el pueblo. Esta concepción de las cosas es inaceptable para los cristianos y resulta insostenible ante la recta razón.

La política es obra del hombre y el hombre de la política. Antes que cualquier institución y poder político, existe el hombre, el matrimonio, la familia, la libertad y la conciencia moral de los hombres. La actividad política, como actividad libre y responsable, tiene que ser una actividad moral, que los hombres tienen que realizar en conformidad con su conciencia. El valor y la condición moral de cualquier actividad política viene siempre de su servicio a la justicia, de su servicio al bien común de los ciudadanos. La política es justa cuando sirve de verdad a la justicia. Esto supone que podemos conocer y definir lo que es la justicia, lo cual requiere saber previamente qué es el hombre, cuáles son sus responsabilidades, necesidades y derechos. Conocer todo esto, definirlo y servirlo sinceramente es la justicia personal del político y la permanente legitimación de la autoridad que se le concede. En esta moralización permanente de la política y de los políticos tienen los cristianos una campo específico de actuación siempre necesario, urgente y apremiante en la sociedad española en estos momentos. (Cf Orientaciones Morales, nn. 52-55).

Si no hubiera ninguna norma moral vinculante a la que tuvieran que atener los gobernantes en sus decisiones, la sociedad entera quedaría sometida en definitiva a las opiniones y deseos de unas pocas personas que se alzarían con un poder sobre las conciencias y las vidas de los ciudadanos mucho más amplios de lo permisible. La política y los políticos están al servicio de la convivencia, pero no tienen capacidad ni competencia para definir lo bueno y lo malo, para configurar y dirigir la vida de los ciudadanos. No vale decir que los políticos interpretan y ejecutan lo que quieren las mayorías, porque los ciudadanos en sus preferencias también tienen que someterse a las exigencias éticas de la conciencia y de la recta razón. Ni se puede desconocer la capacidad incalculable que en la sociedad moderna tienen los políticos de dirigir los deseos y preparar los consensos de los ciudadanos mediante el control y la dirección de los poderosos medios de comunicación. Sin el predominio de la ley moral socialmente reconocida y vigente, la mejor democracia degenera en dictadura de unas pocas personas con apariencias democráticas.

Así vemos cómo aun siendo de orden diferente, religión y política no son del todo independientes ni aisladas entre sí. Coinciden en los agentes, pues los cristianos, junto con los demás ciudadanos, son también agentes de la política. Y coinciden en la realización de la justicia, conocida y ejercida por la razón y la voluntad del hombre, dejándose iluminar y fortalecer por las revelación de Dios y los dones del Espíritu Santo. No conviene engrandecer la política. La vida no empieza ni termina en la política. Es un modo de organizarnos para defendernos de los peligros y alcanzar los bienes comunes deseados, seguridad, libertad, salud, cultura, bienestar material, condiciones para vivir libremente en plenitud según la propia conciencia y las propias convicciones, Pero antes de actuar políticamente el hombre ya es persona y actúa como tal. Si ha de ser religioso o no, depende de su mismo ser de hombre, de lo que percibimos con nuestra razón, de la magnitud de los deseos y carencias que surgen en nuestra vida. La pregunta sobre el origen de la existencia, la pregunta sobre Dios y sobre el bien y el mal, la pervivencia, salvación o perdición, no depende de la democracia ni de ninguna otra forma política, nace de las entrañas del ser humano, aunque se manifiesta de manera diferente en cada época y en cada circunstancia.

El servicio al bien común es el fundamento del valor y de la nobleza de las instituciones políticas. Cuanto esta finalidad se oscurece o se sustituye por la rivalidad entre partidos o por las ventajas de un grupo determinado todo se devalúa y se corrompe(Ibn. 57).

Proteger y favorecer la libertad religiosa

En una política democrática moderna el objetivo central de las instituciones políticas es el de crear unas condiciones de vida en las que los ciudadanos puedan vivir y actuar libremente en un contexto de justicia y solidaridad. Esta defensa y protección de la vida personal implica la protección de la libertad religiosa. Ello significa que cada ciudadanos pueda vivir según su propia conciencia y manifestar privada y públicamente sus convicciones religiosas. Las democracias europeas se orientan hacia unas formas de estado plenamente respetuosas con la vida religiosa de los ciudadanos, un Estado sin ingerencias ni beligerancias políticas, pero también sin exclusiones ni discriminaciones en contra de las actividades e instituciones religiosas. «Un Estado laico, verdaderamente democrático, es aquel que valora la libertad religiosa como un elemento fundamental del bien común, digno de respeto y protección» (ib. n.62)

Al fin y al cabo la religión es una actividad profundamente humana, claramente benéfica para las personas y para la sociedad, especialmente la religión cristiana, cuando es vivida correctamente, que una política respetuosa con los derechos de la persona y servidora del bien común, tiene que respetar y favorecer. El Estado aconfesional no es un Estado que desconoce la religión y mucho menos cargado de reticencias en contra de ella, sino un Estado que favorece todo aquello que forma parte de la vida razonables de los ciudadanos y está presente y operante en la sociedad. La religión es parte esencial de la cultura de los pueblos. Gobernar en contra de ella o desconocerla en las gestiones del gobierno es una verdadera agresión contra la historia, la cultura y la identidad de una sociedad determinada. Ningún pueblo que quiere seguir siendo libre puede permitir que se desarrollen leyes o políticas contrarias y perjudiciales para sus convicciones y tradiciones religiosas. Un gobierno laico que pretenda directa o indirectamente debilitar la vida religiosa del pueblo para ir imponiendo e inculcando poco a poco el laicismo y la irreligión de los ciudadanos, es necesariamente un gobierno autoritario y sectario aunque se vista con piel de neutralidad y de respeto.

El gran principio de la subsidiariedad

Una cuestión esencial en la concepción cristiana de la política es la afirmación de que el ordenamiento y las instituciones políticas surgen de la sociedad, por decisión de los ciudadanos, para el servicio del bien común de las personas. La política está al servicio del bien de las personas y no al contrario. De lo cual se sigue que la política no debe absorber la vida entera de los ciudadanos sino solamente aquellas cosas que las personas solas no pueden hacer, o no pueden hacer las familias, ni tampoco otras instituciones inferiores. En cada instancia se debe llevar a cabo lo que en instancias inferiores no se puede resolver. Este principio es fundamental contra la tendencia a reglamentar todo, a invadir todo desde la administración, a hacer presente la actividad política en todos los órdenes de la vida, con una reglamentación cada vez más amplia, más detallada, más invasiva y condicionante de la vida de la sociedad, de las familias y de todos los individuos. Vivimos unos tiempos en los que la reglamentación y el desarrollo de la administración está invadiendo demasiado la vida y las actividades de las personas, de las familias, de los municipios, de las asociaciones profesionales, etc. La visión cristiana, también en la política, es siempre personalista, partidaria de que las personas y las familias, con la ayuda de las instituciones, puedan ser los verdaderos protagonistas de su vida, en las mismas condiciones para todos, con paz y justicia.

Lasa circunstancias actuales requieren de los cristianos que reforcemos la consideración de las consecuencias morales de nuestro voto en temas tan importantes como la educación religiosa y moral de la juventud, la protección del matrimonio y de la familia, el respeto a la vida humana desde la fase embrionaria hasta la muerte natural, más otros aspectos de siempre como la justicia social, la debida atención a los emigrantes, la solidaridad, la unidad y la paz entre los pueblos y regiones de España, la solidaridad con los países subdesarrollados, etc.

CONCLUSIÓN

Con estas consideraciones en torno a la presencia y actuación de los cristianos en la vida social y política, no quiero que nos olvidemos de que nuestra preocupación central y la importancia social de la Iglesia consiste en la memoria viva y amorosa de la persona de N. S. Jesucristo.

Jesús es el centro de la humanidad, todo ha sido creado por El y para El, en El tienen su verdad y consistencia todas las cosas, El es la verdad y la consistencia de nuestra vida personal y comunitaria.

Vamos a comenzar los ejercicios de la Santa Cuaresma. Vivámosla de tal manera que sea para nosotros una renovación de nuestro amor a Jesucristo, una renovación de nuestra fe en El, una renovación de nuestro amor y de nuestra vida, arraigada en El y en las enseñanzas de su Iglesia de manera clara y determinante, sin miedos, sin titubeos, sin inhibiciones, sin egoísmos. Podemos ser débiles y pecadores, pero no podemos ser cobardes ni indiferentes. Jesús nos necesita. Nuestros jóvenes nos necesitan. Nuestra sociedad nos necesita. Los que encuentran dificultades para creer y buscan su felicidad en excursiones alocadas lejos de Dios, lejos de la Iglesia, lejos de su propia intimidad, necesitan de unos cristianos que les muestren con claridad la doctrina y el amor de Jesús, el ideal universal y permanente de humanidad renovada que es Jesucristo. No lo dudemos, esta sociedad que nos desconoce o nos desprecia, nos necesita, necesita a Jesús, que solamente los cristianos le podemos ofrecer.

Termino con estas palabras del Papa en «Deus caritas est»: «El amor es una luz, en el fondo la única, que ilumina constantemente un mundo oscuro y nos da la fuerza para vivir y actuar en él. El amor es posible, y nosotros podemos ponerlo en práctica porque hemos sido creados a imagen de Dios. Vivir el amor, y así llevar la luz y la vida de Dios al mundo». Esto es lo que he querido deciros y para esto he querido ayudaros con mis palabras en estas conferencias cuaresmales. El Señor resucitado nos encuentre despiertos y disponibles, para su gloria y el servicio de nuestros hermanos. Esa será nuestra salvación.

+ Fernando Sebastián Aguilar,

Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela


EL ARZOBISPO FOLEY PROPONE A LA IGLESIA UN EXAMEN DE CONCIENCIA SOBRE LA COMUNICACIÓN

Constata pecados de acción y por omisión

CIUDAD DEL VATICANO (ZENIT.org).- Al inaugurar la asamblea plenaria del Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales, su presidente propuso en la tarde de este martes a la Iglesia hacer un examen de conciencia sobre la comunicación. En la homilía de la misa celebrada en la Casa Santa Marta del Vaticano, el arzobispo estadounidense, en pleno ambiente cuaresmal, comenzó constando que «todos hemos pecado; y lo hemos hecho no sólo como todos los hombres y mujeres lo hacen, sino también en el campo de las comunicaciones, a través de pecados de omisión y también de acción». «Somos culpables de pecados, o al menos de faltas por omisión, al no usar las “mirifica” --las maravillas que Dios ha permitido descubrir a los seres humanos-- para comunicar al mundo lo mejor posible su amor y su bondad», afirmó a los presentes en la asamblea: cardenales, arzobispos, obispos, sacerdotes, religiosos y profesionales de la comunicación.

«Los vendedores usan los medios de comunicación con mucho éxito para vender jabón, automóviles, ropa y vacaciones --reconoció--; en cambio, nosotros, que tenemos la responsabilidad de proclamar el mensaje más importante en la historia de la humanidad, con frecuencia hemos carecido de imaginación y de dedicación para dar a conocer con estos medios a todos los hombres y mujeres, la buena noticia de Jesucristo, de su amor y del destino al que hemos sido llamados» «A veces nosotros también pecamos, o al menos faltamos, en nuestro uso de los medios, al dedicarnos a condenar más que a elogiar. Nuestro Santo Padre Benedicto XVI nos ha aconsejado no mostrarnos siempre diciendo “no”, sino mostrándonos como reflejo del amor, la misericordia y la compasión de Jesucristo en nuestro modo de usar los medios».

Citando el pasaje evangélico de san Lucas de la liturgia de este martes, el arzobispo repitió las palabras de Jesús: «Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo. No juzguéis y no seréis juzgados. No condenéis y no seréis condenados. Perdonad y seréis perdonados. Dad y se os dará». «Ciertamente es necesario identificar los males en la sociedad y alertar a la gente contra ellos, pero nuestro esfuerzo más importante debería ser el de proclamar el conocimiento y el amor a Jesucristo, nuestro Señor misericordioso, y el bien que se hace en el mundo en su nombre», dijo. «¡Cuántas historias con “buenas noticias” no son difundidas y con frecuencia ello sucede porque nosotros no las difundimos!».

«Casi todos saben que la Iglesia católica, reflejando las enseñanzas de Cristo, no aprueba las relaciones sexuales fuera del matrimonio, ya sea heterosexual u homosexual, pero, ¿cuántos conocen la existencia de residencias para jóvenes embarazadas o madres solteras, para niños huérfanos o para víctimas del SIDA, impulsadas por la Iglesia en todo el mundo y en el nombre de Jesucristo?», preguntó a los presentes. «Hay que usar los medios de comunicación para dar a conocer el mensaje del amor y misericordia de nuestro Salvador, pero también debemos mostrarnos llenos de amor y misericordia, siguiendo su ejemplo, y más aún, su mandato», concluyó.


MEDIACIÓN EXITOSA DE LA COMUNIDAD DE SAN EGIDIO: COSTA DE MARFIL EN CAMINO A LA PAZ

Firmado el Acuerdo de Uagadugu

UAGADUGU /ROMA (ZENIT.org).- El presidente de Burkina Faso y la Comunidad eclesial de San Egidio ( www.santegidio.org) han construido, junto a las partes en conflicto, un acuerdo para detener la guerra civil en Costa de Marfil. Firmado el sábado –y el domingo por el presidente de la República, Laurent Gbagbo, y por el jefe de las «Fuerzas Nuevas» (facción rebelde marfileña) Guillaume Soro-, el acuerdo político de Uagadugu sobre Costa de Marfil es fruto del diálogo dirigido entre las partes desde hace unos dos meses en la capital de Burkina Faso. «Se trata de un paso importante en el camino a la paz, tras meses de estancamiento de la situación político-militar en el país de África Occidental, partido en dos por la guerra desde 2002», considera el movimiento eclesial en un comunicado. Facilitador de este avance ha sido el presidente de Burkina Faso, Blaise Compaoré, a cuyo lado se puso en el tema –especialmente en la última fase de negociación- la Comunidad de San Egidio, desde hace años comprometida en desarrollar una acción de diálogo y pacificación en Costa de Marfil.

En su comunicado, la citada Comunidad recuerda el panorama que atraviesa el país africano: desde finales de 2006, vetos cruzados han colocado al gobierno de transición en una situación de inoperatividad. La nación está dividida en dos, circunstancia que repercute gravemente sobre todo en las poblaciones del norte, zona rebelde, donde las carencias son agudas en educación y salud pública desde hace años, mientras que muchos se han refugiado en el sur. Por su parte, se estima en cerca de un millón la cifra de refugiados en Burkina Faso. A ello se suman las dificultades derivadas de que gran parte de la población marfileña está desprovista de documentos de identidad.

Denuncia «San Egidio» que la crisis ha provocado asimismo «cómplices interferencias y ambiciones políticas, una ruptura de la convivencia entre la población autóctona y los inmigrantes». Y ello es relevante, porque Costa de Marfil, que cuenta con cerca de un tercio de la población de origen extranjero, desde la independencia se había caracterizado por su hospitalidad y tolerancia.

A través de su tupida red de comunidades locales, la Comunidad de San Egidio trabaja desde hace años con los pobres y también en la construcción de un clima de diálogo y convivencia, con iniciativas asimismo en el campo interreligioso. Desde el comienzo de la crisis ha participado en varios intentos de mediación, como el de Marcoussis, el de Lomé o el de Accra. De ahí que fuera llamada a apoyar y participar en el diálogo directo en marcha en Burkina Fasso, dado que todos –en particular las partes en la negociación- reconocen su experiencia en las acciones de mediación y su larga y esforzada presencia de ayuda y diálogo en Costa de Marfil. La Comunidad de San Egidio nació, de la mano del profesor e historiador laico Andrea Riccardi, en febrero de 1968. Cuenta en la actualidad con una cifra superior a los 50.000 miembros en más de 70 países.


EL PRIOR GENERAL LOS AGUSTINOS Y LOS SUPERIORES MAYORES DE EUROPA APROBARON EN MADRID LA CREACIÓN DE LA ORGANIZACIÓN DE AGUSTINOS DE EUROPA

Esta nueva estructura fomentará la colaboración entre los agustinos de Europa en diferentes proyectos de pastoral y promoción humana

MADRID, (IVICON).- El Prior General de la Orden de San Agustín, Robert F. Prevost, y todos los Superiores Mayores Agustinos de Europa participaron la semana pasada, del 28 de febrero al 1 de marzo, en una reunión en Madrid, para trabajar en la creación y coordinación de proyectos comunes.

En esta reunión la Conferencia de Provinciales de la Orden de San Agustín en Europa, según se aprobó en los encuentros celebrados ya en Roma y Brno (República Checa), ha instituido la “Organización de Agustinos de Europa” (OAE) que se encargará fomentar el conocimiento y la colaboración entre los agustinos de Europa, promover proyectos de colaboración entre las diferentes provincias religiosas y realizar obras apostólicas y de promoción humana.

Estas iniciativas, que responden a una situación de población envejecida y de creciente secularización similar en todos los países del continente europeo en los que se encuentra extendida la Orden, serán animadas desde un secretariado creado al efecto, y que de momento, estudia la posibilidad de realizar un encuentro europeo de jóvenes agustinos y la creación de una ONG a nivel de Europa.

Se estableció una Asamblea General, que bajo la presencia del Prior General se reunirá cada tres años para evaluar los proyectos realizados y proponer nuevas líneas de acción. Asímismo, la Conferencia de Provinciales eligió como Presidente, al Provincial de la provincia de España, Domingo Amigo, y al Provincial de Inglaterra – Escocia, David Middelton, como Vicepresidente.


CONFER PUBLICA EL SEGUNDO CUADERNILLO DE REFLEXIÓN

La religiosa teresiana, Teresa Gil, reflexiona en este cuadernillo sobre la condición de la Vida Religiosa “en medio de la vida”

MADRID, (IVICON).- “… Y escuché que me decías…” es el título del segundo cuadernillo de reflexión, de los nueve que editará la Conferencia Española de Religiosos (CONFER) en los próximos tres años para potenciar la reflexión en torno al marco referencial “Presencias y resonancias de Dios en las periferias y fronteras de la vida”. Este cuadernillo, que acaba de aparecer, aborda el tema de la Vida Religiosa como “encuentro con este Dios que se hace presencia, pero también la de ser presencia de Dios en medio de esta historia”, como señala su autora, la religiosa de la Compañía de Santa Teresa, Teresa Gil.

Descubrir el carisma propio de la Vida Religiosa, "atraídos por la misma voz y que nos encomeinda una misma misión", o responder a esa vocación con una "actitud vital" que nos haga vivir con los ojos abiertos para "acoger y amar" son algunos de los temas centrales que Teresa Gil aborda al hilo de tres palabras del Antiguo Testamento: "Descálzate", "Vive" y "Sigue Creciendo".

Por otro lado, con el fin de hacer más fructífera la reflexión y favorecer el intercambio entre los destinatarios y el autor de cada cuadernillo CONFER ha puesto en marcha un “Foro” en su página web (www.confer.es) con el título “Presencias y resonancias de Dios.” Para poder recibir resonancias, aportaciones, sugerencias,… para cada uno de los temas.


La Iglesia de Bolivia volcada con los afectados en las inundaciones

LA PAZ, BOLIVIA (OMPRESS). - Por todo el territorio de Bolivia se ha visto la solidaridad de los católicos con los afectados por las inundaciones que han afectado este país sudamericano. En el marco de la campaña de solidaridad que viene realizando la Iglesia católica, el arzobispo de Cochabamba, Mons. Tito Solari, agradeció a todas las personas que han colaborado sus donativos y ayuda y ha invitado a seguir apoyando esta causa que beneficiará a las miles de familias afectadas por las inundaciones. En su mensaje semanal, el arzobispo indicaba: "Esta semana como las anteriores estamos cerca y queremos estar cerca de todos nuestros hermanos del oriente, sobre todo del Beni, quienes viven las consecuencias de los desastres naturales. Queremos que ellos perciban nuestra cercanía. Queremos que ellos confíen en la ayuda de Dios que nosotros necesitamos con insistencia, por que ese Dios es el Señor de la vida".

Y añadía refiriéndose a la cuaresma: "En este momento, también queremos ser coherentes y vivir la cuaresma desde nuestra fe, solidarizándonos con ayudas económicas, alimentos a favor de nuestros hermanos. Aunque las cosas sean pequeñas, aunque nuestra ayuda sea minúscula. Yo se que las necesidades son grandes, pero es necesario que Yo sea hermano del que necesita. La vida cristiana es vida de solidaridad, lo mismo que la cuaresma. No podemos hacer cuaresma sin estar cerca de nuestros hermanos, sin amarlos concretamente. ¡Les invito a solidarizarse con nuestros hermanos!"


Ordenados varios diÁconos en Irak, un signo de esperanza para los cristianos de ese país

BAGDAD-IRAK (OMPRESS). -. "Un signo de esperanza entre tanta violencia y desesperación". Así ha descrito, Mons. Louis Sako, arzobispo caldeo de Kirkuk, la ordenación de tres nuevos diáconos que tuvo lugar el mes pasado en la localidad de Ankawa, en el Kurdistán iraquí. En enero ya había sido ordenado otro diácono y a finales de febrero, después de la ceremonia antes referida, se ordenaron otros cuatro diáconos más. A esta ceremonia Desde el mes pasado se han retomado, en esta ciudad, los cursos en el seminario mayor caldeo de San Pedro y en el Babel Collage, la única facultad teológica cristiana en Irak, tras el traslado forzoso de ambas instituciones desde Bagdad, ciudad que se ha vuelto demasiado peligrosa.

Mons. Sako mismo contaba el enésimo secuestro y amenazas contra la comunidad cristiana en el país: "Un católico de Karaqosh, Abdul Khaliq Bakos, hermano de una religiosa dominica, fue raptado hace pocos día en Bagdad, una hora después del secuestro los familiares pagaron el rescate exigido para después encontrárselo muerto dos días después. El hombre tenía tres hijos". En Kirkuk, añade el obispo, algunos médicos cristianos han abandonado la ciudad tras haber recibido una carta en la que se les exige una gran cantidad de dinero o si no morirán.

Mons. Sako explica que la inseguridad, que en Irak amenaza la vida de cada comunidad, ha creado "un verdadero vacío a nivel pastoral", mientras proliferan los grupos evangélicos llegados con el ejército norteamericano. "Estos - denunciaba el obispo - llevan adelante un proselitismo agresivo entre católicos y ortodoxos y sólo en Bagdad ya tienen cerca de 36 nuevas iglesias".


Herido grave un misionero que se había ofrecido para experimentar la vacuna contra el sida

PRETORIA, SUDÁFRICA (OMPRESS-). El Padre Pasionista Kieran Creagh, que desde hace años trabajaba en la lucha contra el SIDA, fue herido gravemente, ayer 1 de marzo, en su casa en Pretoria, Sudáfrica. "Las situación del padre Kieran Creagh es grave pero estable. Tiene un proyectil en el pulmón", dicen a la Agencia Fides fuentes de la Casa Generalicia de la Congregación de la Pasión de Jesucristo (Pasionistas). "El Padre Creagh ha recibido tres disparos a manos de unos criminales que penetraron en su casa, robando el teléfono móvil y un lector de DVD", han declarado fuentes de la Iglesia local sudafricana. El religioso de Irlanda del Norte se encuentra hospitalizado en el "Little Company of Mary Hospital" de Pretoria.

El padre Creagh, nativo de Belfast (Ulster), fue nombrado 'irlandés del año' en el 2004, por su labor contra el SIDA en África, presentándose en el 2003 como voluntario, el primero de 24 personas, para la experimentación de una vacuna contra esta enfermedad.


OBISPO VENEZOLANO DENUNCIA EL DERROCHE PARA EXPORTAR EL SOCIALISMO

CARACAS (ZENIT.org).- El primer vicepresidente de la Conferencia Episcopal Venezolana y arzobispo de Coro, monseñor Roberto Lückert, considera que la discusión del socialismo del siglo XXI no sea una prioridad, ya que existen otros problemas en el país y ha denunciado los derroches que se están dando. En una entrevista concedida a una emisora de radio, el pasado 27 de febrero, el purpurado cuestionó que el Jefe de Estado actúe «con tanto celo para resolverle los problemas a Argentina y a Bolivia, en echar asfalto a las carreteras y resolver el problema de la luz a Nicaragua, cuando acá en Venezuela tenemos problemas urgentes que resolver». Al considerar la situación de la industria nacional y los problemas que hay para el mantenimiento de la producción, mientras el gobierno anuncia un nuevo préstamo a otra nación del continente, monseñor Roberto Lückert apuntó que son parte de las contradicciones del primer mandatario nacional.

«Esas son las contradicciones del presidente de la República, por un lado un país que se le está desbaratando, una cantidad de problemas de tipo social y por el otro lado el presidente regalando el dinero que no es de él, porque esto no es un conuco del presidente de la República, él tiene que rendirle cuentas al país y decir en qué utiliza el dinero del país, yo regalo lo que es mío, lo que no es mío yo no lo puedo regalar», puntualizó. Sobre el llamamiento del primer mandatario nacional al Episcopado venezolano para discutir el socialismo del Siglo XXI, el vicepresidente de la CEV, dijo: «Yo creo que antes de ponernos a discutir sobre filosofía política-social y económica, tenemos que actuar».

Sobre la carta pastoral de monseñor Moronta, el arzobispo de Coro señaló que en ella se propone la doctrina social de la Iglesia y no el Socialismo del Siglo XXI, como afirmaba el presidente de la República, Hugo Chávez. «Tenemos los documentos de la Iglesia, tenemos un cuerpo de doctrina que se llama 'Doctrina Social de la Iglesia' que es la que propone monseñor Mario Moronta en su documento, pero que lamentablemente él (Chávez), lo va a obviar», puntualizó Monseñor Lückert.

Pidió que se lea de manera correcta la carta pastoral del obispo de San Cristóbal, Mario Moronta, en la que se hace un llamamiento a combatir la inseguridad en la frontera y no solamente la propuesta de discutir el socialismo del Siglo XXI. Reiteró monseñor Lückert: «No pueden reducir la carta de Mario Moronta, como reducen el pensamiento del libertador, por favor, léanla, léanla bien, que allí hay mucha tela que cortar, monseñor Moronta es allí muy sensato y está fundamentado en la doctrina social de la Iglesia, no sigamos reduciendo al Libertador en su pensamiento y no sigamos reduciendo el Evangelio». El vicepresidente de la CEV criticó el excesivo gasto del gobierno venezolano en armas, para un país que no ha tenido enfrentamientos internos, ni con otras naciones desde hace más de un siglo.

«Esa cantidad de dinero que están empleando en armas, vamos a emplearla en salud, en educación, vamos a reactivar el aparato productivo y sobre todo, vamos a hacer una campaña para que los venezolanos entendamos, que la virtud del trabajo, es una virtud cristiana y que no podemos seguir viviendo de la vagancia», señaló el arzobispo de Coro. Indicó que, al mantener este modelo a través de las misiones y la entrega de recursos de manera indiscriminada, «estamos terminando con construir un país de flojos y de haraganes, donde no han entendido que el trabajo es virtud y la única forma que tengo yo para santificarme, como cristiano es a través del trabajo».


CARDENAL CIPRIANI: QUE LA ORACIÓN NOS ACERQUE MÁS A JESÚS Y A LA IGLESIA

Al clausurar Encuentro de Misioneros Laicos

LIMA (ACI).- El Arzobispo de Lima y Primado del Perú, Cardenal Juan Luis Cipriani, exhortó a contemplar “esa luz que nace de nuestro encuentro con Jesús y que la oración nos acerque más a Él y a nuestra Iglesia”, durante su homilía en la Misa de clausura del I Encuentro de Misioneros Laicos de los Países Bolivarianos, celebrado del 1 al 4 de marzo en esta capital. Durante su homilía pronunciada en la tradicional iglesia de Santo Domingo en el centro de Lima, el Purpurado exhortó a los presentes a orar con fe, porque Jesús no nos pide refugiarnos en la oración para huir de las responsabilidades sino para acercarnos a Él. Al recordar el mensaje del Papa Benedicto XVI del Ángelus dominical, el Cardenal destacó que “la oración no es un accesorio ni algo opcional, la oración es una cuestión de vida o muerte y quien solo se encomienda a Dios con amor filial puede ingresar a la vida eterna”.

Asimismo, recalcó la importancia de mantener la unidad de la familia y aprender a fortalecer la unión con Dios, con nuestra madre la Virgen María y con nuestra Iglesia. “No olvidemos que Dios esta presente siempre, y es esa presencia de nuestro Padre que nos ayuda a desarrollarnos en casa, en nuestro trabajo, en la escuela y en cada instante de nuestra vida; es por eso que debemos mantener esa conversación con Dios a través de la oración y que nada nos impida cortarla”, precisó.

El I Encuentro de Misioneros Laicos de los Países Bolivarianos, realizado en preparación a la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, contó con la presencia de laicos, sacerdotes y obispos de Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela y sirvió para reflexionar sobre la vocación, formación y envío de laicos misioneros.


EDITORA DE FAMOSA REVISTA "GAY" SE CONVIERTE Y CAMBIA RUMBO DE SU PUBLICACIÓN

NUEVA YORK, (ACI).- Charlene Cothran, una de las más prominentes lesbianas afro-americanas de Estados Unidos, fundadora y editora de la revista homosexual “Venus”, anunció sorpresivamente su conversión al cristianismo en el último número de la revista, y su decisión de cambiar el rumbo de la publicación para ayudar, en adelante, a la recuperación de homosexuales. Considerada como una de las más famosas y exitosas lesbianas de color en los Estados Unidos, Cothran sorprendió a su audiencia con su última edición de “Venus”, cuya historia principal anuncia: “¡Redimida! 10 maneras de dejar ‘la vida’ (homosexual) si quieres salir de ella”.En el artículo, la editora revela que la conversación con un pastor evangélico, que la instó sin cansancio a utilizar sus talentos para el bien en vez del mal, la llevaron a “rendir totalmente mi corazón a Jesús”.

“Aunque he vivido como lesbiana a lo largo de toda mi vida adulta –dice Cothran–, no tengo duda alguna de que el propósito de mi alma es el de usar mis dones para AMOROSAMENTE (en mayúsculas en el original) compartir la verdad de cómo llegamos aquí: cómo nos convertimos en un gay o una lesbiana, cómo llegamos a disfrutar de nuestro ‘estilo de vida’ y cómo llegamos a creer que esto estaba OK con Dios”. En el artículo escrito con estilo y pasión, Cothran transmite esperanza a “mis hermanos y hermanas homosexuales que realmente buscan la paz” y afirma que “es más simple de lo que piensas adquirir [la verdadera paz] y no hay condenación alguna una vez que has entrado en ella”.

A los casi 40 mil suscriptores de la revista, la gran mayoría homosexuales de raza negra en Estados Unidos y Canadá, y a los cientos de lectores de su sitio web, Cothran informa que ha decidido “entregar todos mis dones de nuevo al Señor, incluyendo la revista Venus. El público será el mismo, pero la misión ha sido renovada: Nuestra nueva misión es animar, educar y asistir a todos aquellos en la vida que quieren cambiar, pero no han encontrado una salida. Hermano mío, hermana mía, por favor, sígueme en el camino de salida a todo esto”, escribe Cothran, con su habitual estilo persuasivo.

Entre los diez medios que la editora menciona para combatir la homosexualidad figuran: “busca la verdad sobre la homosexualidad en las Escrituras”; “no te resistas al llamado de Dios en tu vida”; y no esconder la decisión de cambiar una vez que ésta ha sido tomada porque “éste es un truco que usa el enemigo para ganar tiempo mientras trata de atraerte de regreso a tu vida pasada”. Cothran responde con serenidad a las reacciones negativas a su conversión entre algunos líderes “gay”. “Comprendo perfectamente muchas de las respuestas, por más iracundas que sean. Un año atrás, yo habría reaccionado exactamente de la misma manera”, contesta.

Por eso, la editora ha respondido personalmente a los ataques de algunos dirigentes de grupos homosexuales que la acusan de haberse convertido en una “abusadora de gays”, explicando que su conversión la ha animado apoyar con verdaderas soluciones, no a señalar con el dedo, a los homosexuales. “Sabemos que muchos de los nuevos y antiguos suscriptores de Venus han sido influidos por un sistema de creencias en consonancia con esta convicción (que la homosexualidad no es una forma de vida deseada por Dios) pero permanecen todavía en ‘la vida (homosexual)’. Muchos quieren cambiar y se preguntan si pueden ser aceptados en la familia de Dios ‘tal como son’. ¡La respuesta es SÍ! Estos lectores encontrarán que la nueva Venus es una herramienta refrescante y bendita para el trabajo del reino”, concluye Cothran.