Domingo VII del Tiempo Ordinario
18 de febrero de 2007

MONICIÓN DE ENTRADA

Bienvenidos a la Eucaristía. Vamos a celebrar hoy el último domingo del Tiempo Ordinario, antes de la interrupción de este tiempo por la Cuaresma. El próximo día 21 es Miércoles de Ceniza. El tiempo ordinario regresará después del Tiempo Pascual. Hoy además, Jesús nos va a decir que amemos a nuestros enemigos y ello tiene especial resonancia pensando en la cuaresma y en los misterios de la Semana Santa. Jesús murió –y de muerte atroz—amando a sus enemigos, perdonó a los que lo mataban. El amor siempre triunfa por encima del mal. Pero nos gustaría añadir algo más en estos momentos. Hoy, también, es uno de esos días en el que quisiéramos quitarnos de encima lo que nos dice la palabra de Dios y pensar que eso lo dijo para los hombres de su tiempo. Pero no. Escuchad bien lo que dice: “amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, orad por los que os injurian”. Tenemos que caer en la cuenta de que Dios sólo quiere una cosa: que nos coloquemos al lado del amor, de la mansedumbre, del respeto. Que pensemos que, cuando herimos al enemigo con la violencia, el insulto, la indiferencia o la difamación, no herimos al enemigo de Dios, sino al “hombre-imagen de Dios”; y no estamos defendiendo la verdad, sino profanando el misterio de un hermano y ocultando la gloria del Señor.


MONICIÓN SOBRE LAS LECTURAS

1.- La primera lectura --del Libro de Samuel-- nos dice con claridad que las armas usadas por el enemigo son inservibles para un cristiano. Un cristiano tan sólo tiene para luchar la debilidad de quien ama mucho y esa debilidad que se transforma en una demostración de fuerza cuando surge de la misericordia y el perdón.

S.- El Salmo 102 es uno de los más bellos del Salterio. Los judíos contemporáneos lo utilizaban como himno litúrgico para dar gracias a Dios por todos los bienes recibidos del Altísimo. Para nosotros es una prueba de que el principio evangélico de que Dios es amor ya aparecía en el Antiguo Testamento, aunque tuvo que ser Cristo Jesús quien lo pusiera de manifiesto.

2.- En la segunda lectura, sacada de la Primera Carta de San Pablo a los Corintios, San Pablo nos habla del nuevo Adán –Jesús-- que se distingue del primero por su opción a la no-violencia, al perdón, a la creación de la nueva humanidad salvada y redimida.

3.- En el evangelio de Lucas Jesús de Nazaret nos da un mensaje de casi imposible seguimiento. Nos pide que amemos a nuestros enemigos. A quienes nos hacen daño y que el ha dejado sellado el evangelio de su vida con el triunfo del amor sobre el odio, de la paz frente a la violencia, de la compasión y el perdón frente al egoísmo y la incomprensión.

Lectura de Postcomunión

MONICIÓN

Esta oración, bellísima, condensa toda la doctrina de Agustín de Hipona sobre la relación del hombre con Dios. Es muy adecuada para estos momentos de paz y sosiego

ORACIÓN DE SAN AGUSTÍN

Señor Jesús, que me conozca a mí

y que te conozca a Ti,

Que no desee otra cosa sino a Ti.

Que me odie a mí y te ame a Ti.

Y que todo lo haga siempre por Ti.

Que me humille y que te exalte a Ti.

Que no piense nada más que en Ti.

Que me mortifique, para vivir en Ti.

Y que acepte todo como venido de Ti.

Que renuncie a lo mío y te siga sólo a Ti.

Que siempre escoja seguirte a Ti.

Que huya de mí y me refugie en Ti.

Y que merezca ser protegido por Ti.

Que me tema a mí y tema ofenderte a Ti.

Que sea contado entre los elegidos por Ti.

Que desconfíe de mí

y ponga toda mi confianza en Ti.

Y que obedezca a otros por amor a Ti.

Que a nada dé importancia sino tan sólo a Ti.

Que quiera ser pobre por amor a Ti.

Mírame, para que sólo te ame a Ti.

Llámame, para que sólo te busque a Ti.

Y concédeme la gracia

de gozar para siempre de Ti.


Exhortación de despedida

Jesús nos ha pedido que amemos a nuestros enemigos. Y la base de ese amor a todos está la Eucaristía. La Eucaristía es un banquete, una fiesta de amor. Jesús nos ha ofrecido hoy aquí la mesa del Pan y de la Palabra. Y nosotros, al salir del templo, deberíamos pensar como podemos multiplicar ese Pan y esa Palabra, como podríamos alimentar a nuestros familiares, amigos y conocidos con lo que Jesús nos da. Esto que nos ha dado aquí el Maestro en este domingo, no es para nosotros solos. Es para todo aquel que quiera acercarse. Y en especial nuestros enemigos. Aquellos que no nos gustan. Los que nos hacen sufrir. El Amor del Pan y de la Palabra también es para ellos