1.- SOLO LO QUE NECESITAMOS

Por David Llena

Contemplaba hace unos días un anuncio en televisión en el que sitúan un coche en medio de un grupo de hombres prehistóricos. Al principio, se asustan un poco, pero, y así es la curiosidad humana, en seguida comienzan a inspeccionarlo todo. Les maravilla todo: la perfección de su estructura, la luminosidad de su color blanco, la suavidad de la tapicería… y en esas están, cuando descubren el encendedor que lleva el coche incorporado, y es entonces cuando cambia la escena a unas horas más tarde donde aparece, ya anochecido, el grupo de hombres alrededor de una hoguera y el coche ya no es motivo de admiración para aquellos hombres.

Así, ha de ser nuestra relación con las cosas que Dios pone ante nosotros, tanto a nivel material como a nivel humano o espiritual. No debemos dejarnos a traer por la belleza o perfección del objeto y a partir de entonces dedicarle toda nuestra atención, es como si este grupo de hombres del anuncio hubiesen dedicado sus mejores horas del día a adorar ese extraño objeto que apareció como “llovido del cielo”. San Pablo lo expresa con aquellas palabras: “Examinadlo todo quedándoos con lo bueno”.

Y ahora que acabamos de escuchar las bienaventuranzas, creo que éste es su espíritu. No hay que hacer un dios de lo que es sólo un objeto, es como si uno sólo de aquellos hombres decidiese que el coche era suyo impidiendo a los demás disfrutar de él. Es como si aquel que hubiese encontrado el encendedor se quedase el fuego solo para él. Hay que tener un espíritu capaz de compartir todos los dones que nos da el Señor. Todos los hombres de aquella tribu mejoraron gracias al descubrimiento del fuego.

Otra enseñanza más que podemos sacar para nuestro provecho de este anuncio es la idea de celebrar y dar gracias por los dones recibidos. Al final del día todos se reúnen en torno al fuego para festejar la aparición de aquel objeto que les había permitido tener luz en la noche y calor en las horas frías.

Y la última enseñanza es ser capaz de descubrir que lo que Dios nos da, viene en forma de semilla; aquellos hombres no se calentaron con la luz y el calor del mechero, ellos tuvieron que ir a recoger leña y apilarla para poder disfrutar de una lumbre que les calentase e iluminase. Es decir, que Dios pone su fuego pero nosotros tenemos que poner la leña.

 

2.- EL CORDERO

Por Pedrojosé Ynaraja

De esto hace muchos años. Iba conduciendo por Gante, cuando sufrí un percance de tráfico. Era la primera vez que me ocurría. Sin que hubiera ningún daño personal, las abolladuras exigieron intervención policial. El susto por el golpe, el estar en el extranjero y la dificultad del idioma, me dejaron trastornado. Venían conmigo seis benditas monjas, que supieron conservar la serenidad que a mí me faltaba. Cuando acabaron los trámites, me pidieron ellas, me exigieron más bien, que entrara en la catedral. ¡Bueno estaba yo para visitas, ni que fueran religiosas! Pero hube de complacerlas y entré. Vi entonces, contemple más bien, el tríptico del Cordero Místico de H y J van Eyck. Por un rato olvidé el accidente, perdí el aliento y lamenté no tener suficientes conocimientos del Apocalipsis, para gozar mas de aquella maravillosa pintura. Ha pasado mucho tiempo, pero el tema lo he ido encontrando en diferentes lugares y gozado de él, aunque no hayan tenido, las otras representaciones plásticas, la categoría estética de este primero, al que me he referido.

En aquella época había iniciado por primera vez la lectura diaria de la Biblia, al margen de la que me pueda corresponder en la liturgia. Supongo que ahora la he realizado más de 7 veces. Últimamente, al margen de la meditación, me he preocupado de anotar los nombres de animales y plantas que encuentro, pensando en la elaboración de un libro, tantas veces soñado. Supongo que habré escrito alguna vez sobre el ganado ovino. El pastoreo era ocupación de los Patriarcas. Cordero, oveja, carnero, son palabras que aparecen con frecuencia, pero, en la lectura del Apocalipsis, he constatado que cordero, no como animal lanar, sino como símbolo religioso, aparecía 28 veces. Una enormidad, si se tiene en cuenta que el libro sólo tiene 22 cortos capítulos o, dicho de otra manera, 20 páginas.

Visión apocalíptica es sinónimo de algo tenebroso, terrible y espantoso. Pero, en realidad, el Apocalipsis es el libro de la Esperanza, el escrito mediante el cual se nos va transmitiendo confianza para el futuro eterno, aquel que, en definitiva, cuenta. Estamos demasiado sumergidos en preocupaciones políticas, que, a la postre, nos decepcionan, en inquietudes climáticas que nos atemorizan, en pánicos a causa de delincuencias y drogadicciones, que nos tornan desconfiados. Nos preocupa, a veces, la posible suerte de un animal, dejándonos indiferentes la carencia de amor que sufre nuestro vecino. Nos olvidamos de rezar a Dios, sin dejar de regar, con minuciosa periodicidad, nuestras plantas. Nos preocupamos de reciclar materiales, para que no contaminen, dejando de lado el consolar al compañero que merece un poco de dedicación por nuestra parte. Este desquiciado obrar desperdicia el valor espiritual que puede tener el dolor humano, iluminado por la Fe. Ignoramos la evangelización, último deseo del Maestro, en aras del respeto a la libertad del prójimo, pero no dejamos de inculcar criterios a los demás, de sola ciudadanía.

El Apocalipsis pone las cosas en su sitio. Su lenguaje es el que mejor concuerda con la tendencia, tan actual, de trasformarlo todo en expresiones enigmáticas, de crear argot. La figura del Cordero (ahora lo escribo con mayúscula) es central, no pasiva, ni escurridiza. Este valor icónico lo ha sabido trasmitir la tradición y desde las grandes catedrales góticas europeas, hasta las realizaciones modernas, ha sido siempre tratado con una unción admirable. Invito al lector a enfrascarse en la lectura de este libro Estoy seguro de que la lectura del presente artículo no ha resultado entretenida. Desearía que animara a descubrir esta imagen de Jesús, que como las otras: siervo doliente en Isaías, buen pastor evangélico, camino, verdad y vida, nos trasmite un mensaje de salvación, personal y colectivo. ¡Quien fuera capaz siempre de sentirse al lado del Cordero Místico!