1.- EN LA CERCANÍA DE LA CUARESMA

Como ya afirmamos en los párrafos de inicio de nuestra primera página, la presente edición se cambiará el lunes 19, para ya publicar el especial doble de Miércoles de Ceniza y Primer Domingo de Cuaresma. Siempre hacemos este doble ya que no tendría sentido reunir el presente Séptimo Domingo del Tiempo Ordinario con la liturgia del Miércoles de Ceniza. Es verdad que los lectores dispondrán de menos tiempo para la preparación del primer día de Cuaresma, pero parece que es la mejor decisión. En fin, que iniciaremos así nuestro recorrido de Cuaresma, Semana Santa y Pascua, con una gran ilusión: la de mejor servir a nuestros lectores y, también, presentar con amor y esmero los textos y trabajos del Tiempo de Cuaresma.

Son ya muchos años, avanzado con Betania por el tiempo de Cuaresma. Ciertamente, nuestra edición especial de Semana Santa y Pascua suele alcanzar una gran difusión, lo que muestra la confianza que los lectores tienen en nosotros. Y es que el camino de Cuaresma, que simboliza, por un lado, la presencia de Jesús de Nazaret en el desierto, puede interpretarse, asimismo, como el recorrido de los israelitas a través de, también, el desierto. La austeridad, la penitencia, la necesaria introspección personal de todos y cada uno de nosotros nos hace mejores. Y no tener esos comportamientos austeros sería un golpe de soberbia, ya que todos somos pecadores y necesitamos perfeccionarnos. No admitir esto es muy peligroso ya que contiene una extraña complacencia en nosotros, que no es otra que cosa que tentación. Y las cosas, queridos lectores y lectoras, hay que llamarlas por su nombre.

En fin, preparemos nuestros corazones pera este nuevo tiempo y que nos sirva de cercanía a la realidad doliente de nuestro mundo: la gente sufre y mucho; y en todo el mundo. Es siempre el pecado personal y colectivo lo que genera el mal propio y el de los demás. En la medida de que nos entreguemos más a Dios y a los hermanos, estaremos abriendo un auténtico tiempo de paz y de amor. Y eso es lo que busca la celebración de la Cuaresma.

 

2.- COMPROMISO RADICAL POR LA PAZ

Este Domingo Séptimo del Tiempo Ordinario nos ofrece un Evangelio muy sorprendente. Es la invitación de Jesús a amar a los enemigos, a no devolver el mal recibido, a poner la otra mejilla para recibir el segundo bofetón. Cristo iba ser consecuente con ello hasta el final, porque el sacrificio de la Cruz no es otra cosa una acción pacifica y de perdón. En el fondo del relato del Evangelio de San Lucas ya se marca el conflicto, el enfrentamiento, con el judaísmo oficial. Jesús se opone a la ley del talión: ojo por ojo y diente por diente. El pacifismo de ofrecer la otra mejilla era, sin duda, un desafío a aquella sociedad. Y lo es todavía. Es obvio que la legítima defensa es un eximente completo a la hora de juzgar un delito y puede que sea lógico.

No debe ser fácil dejarse matar. Sin embargo, Jesús iba morir en la Cruz sin ejercer ninguna de sus capacidades para defenderse y no hizo falta --como dijo a Poncio Pilato-- que "vinieran sus legiones a defenderle". Sin ello, su inteligencia probada y su sagacidad a la hora de tratar con sus adversarios, le habría servido para evitar esa condena. Pero no se trataba de eso. Era necesario el uso completo y sobrehumano de la paz para que se produjera la Redención.

El compromiso por la paz debe ser radical. Habría que pensar incluso en la renuncia a la legítima defensa. Esto es muy difícil, incluso su misma formulación y su simple lectura son muy incomodas. Y, sin embargo, ello está perfectamente claro en el mensaje de Cristo. No vamos a conseguir en, solamente, un día esa conversión a la paz y al pacifismo, pero si meditamos en ello nos iremos impregnando de dicho anhelo. No se trata además de buscar un pacifismo teórico o simplemente buscar una moción antibélica. Es necesario ser pacíficos con nosotros mismos y con nuestros semejantes. Es básico rebajar nuestra tensión agresiva y nuestro rencor hacia los demás. Incluso hacia aquellos que nos hacen tanto daño.

La jungla laboral suele producir muchas enemistades. Algunos enemigos serán reales y el daño cometido por ellos será, asimismo, objetivo. Y es a ellos a quienes hay que amar, o, por lo menos, devolverles paz en respuesta a su violencia. Repetimos: no es fácil. Pero si nuestro corazón busca la paz y el seguimiento de Cristo, llegará un momento en que nos sea más fácil. Al principio sentiremos una paz teórica, pero según ahonda esa calma y ese amor en nuestro corazón, las actitudes de amor y de paz tomaran forma. Cuando hablamos de pacifismo es obvio que aquí sabemos lo que decimos y utilizamos su valor más generalmente admitido en estos tiempos.