Domingo II del Tiempo Ordinario
14 de enero de 2007

MONICIÓN DE ENTRADA

Os deseamos una cordial bienvenida a la Eucaristía. Comenzamos hoy la primera fase del Tiempo Ordinario que nos llevará hasta el 21 de febrero en que iniciaremos la Cuaresma. Y deciros, también, para empezar que nos resulta difícil a los hombres y mujeres de nuestro tiempo vivir con sentido de fiesta nuestra vida. Nos pasamos la vida volando de un extremo a otro de los acontecimientos y así, o excluimos a Dios de nuestras fiestas porque las sacamos de contexto, o servimos a Dios tan “seriamente” que no somos capaces de vivir en fiesta. Dando, así, testimonio de un Dios pesado, aburrido, desagradable... siempre con la cara larga, y nosotros intentando agradarle haciendo cosas arduas y costosas sin la menor alegría. La Iglesia de Cristo tendría que identificarse con la alegría y ello por la unidad vivida desde la diversidad de sus miembros, y basada en el respeto, la aceptación y la armonía. Por eso, las lecturas de hoy tienen un carácter conciliador y liberador; tocando muchas zonas del vivir humano, pasando por las realidades de la vida para potenciarlas y transformarlas. Y aquí está el signo: la conversión del agua en vino, que más tarde sería el signo sacramental. Pidamos que esta eucaristía nos ayude a entender en el signo de la boda de Caná, cómo Dios es el Señor que dice siempre sí a la fiesta, sí a la alegría, sí a la espontaneidad, sí a la naturalidad, sí a lo bello de presentar nuestra nada para que Jesús la convierta en un bien preciado que llegue a todos los hombres. Escuchemos en nuestro interior el anuncio, que nos traen, de fuerza liberadora.


MONICIÓN SOBRE LAS LECTURAS

1.- El profeta Isaías en la primera lectura nos desvela que una profecía muy singular para nosotros hoy: el Mesías es presentado como el Esposo de Israel que traería la paz y la alegría a su pueblo. Y como seguiremos viendo todas las lecturas de hoy tienen ese contenido especial de matrimonio, de esponsales entre Dios y su pueblo.

S.- El salmo 95 tenía para el pueblo judío la idea de un Dios único y portador de toda la fuerza. Y era el pueblo de Israel quien debía de comunicar a todos los demás pueblo esa realidad importante y alegre. Esta idea de Dios como rey universal llega hasta nosotros y por eso le cantamos y le festejamos.

2.- La lectura de la Primera Carta de San Pablo a los fieles de Corinto nos acompañará hasta el domingo octavo de este tiempo ordinario, como segunda lectura de nuestras eucaristías. Refiere los diferentes dones y carismas que el Espíritu Santo otorga a los fieles para vivir mejor y ser más felices puestos todos en presencia de Dios.

3.- Jesús de Nazaret inicia su misión en una boda, por indicación de su Madre, la Virgen María y convirtiendo considerables cantidades de agua en un vino excelente. No puede haber principio más bello y alegre. El episodio de las Bodas de Caná merece toda nuestra atención al escucharlo y reflexionar, después, en él por su significado y matices.

Lectura de Postcomunión

SUGERENCIA

Si se considerara oportuno leer comunitariamente este texto después de la homilía, sería bueno facilitar a los fieles, fotocopias del mismo. Puede sustituir a la Oración de los Fieles. Pero también hacerlo como lectura de postcomunión. Y lo interesante sería leerlo todos al mismo tiempo, como una oración. La próxima semana se inicia el octavario para Unidad de los Cristianos. Y pedimos el aliento del Espíritu para que todo vaya bien. Si no se considerara esta sugerencia podremos leer la monición habitual

MONICIÓN

Las lecturas de hoy –y todas—nos acercan al Espíritu. Por eso nos ha parecido interesante leer este bello himno en estos momentos de paz y sosiego, tras haber recibido a Nuestro Señor Jesús.

HIMNO DEL ESPÍRITU

Ven, Espíritu divino,

manda tu luz desde el cielo.

Padre amoroso del pobre;

don, en tus dones, espléndido;

luz que penetra en las almas;

fuente del mayor consuelo.

 

Ven, dulce huésped del alma,

descanso de nuestro esfuerzo,

tregua en el duro trabajo,

brisa en las horas de fuego,

gozo que enjuga las lágrimas

y reconforta en los duelos.

 

Entra hasta el fondo del alma,

divina luz, y enriquécenos.

Mira el vacío del hombre

si tú le faltas por dentro;

mira el poder del pecado

cuando no envías tu aliento.

 

Riega la tierra en sequía,

sana el corazón enfermo,

lava las manchas, infunde

calor de vida en el hielo,

doma el espíritu indómito,

guía al que tuerce el sendero.

 

Reparte tus siete dones,

según la fe de tus siervos.

Por tu bondad y tu gracia

dale al esfuerzo su mérito;

salva al que busca salvarse

y danos tu gozo eterno.


Exhortación de despedida

Contemos a todos nuestros amigos –y sobre todo a los que no conocen a Jesús—que nuestro amigo, Jesús de Nazaret inició su misión en una boda, dando alegría a la gente, antes de que la perdiera. Nuestro Dios es alegre y familiar. Digamos eso a todos los que nos quieran oír.