La Sagrada Familia: Jesús, María y José
31 de diciembre de 2006

MONICIÓN DE ENTRADA

Nuestro marco del día es la familia de Nazaret, ya que Jesús la elige para venir a compartir nuestra vida. Todavía, hay muchos esposos que no toman el ejemplo de esta “Gran Familia”. Les parecen mucho más sugestivos los ejemplos que brindan cada semana las revistas del corazón. Y así nos va. Mires donde mires aparecen grietas, roturas, heridas, dolor, derrumbe... casi diría que hay pocas familias en las que alguno de sus miembros no sufra esta cruel lacra. Por eso todos queremos cambiar la familia, mejorarla, renovarla; pero no hemos caído en la cuenta de que la familia está compuesta por personas y, si esas personas no cambian, el mal avanzará velozmente. Entonces, presentemos al Señor en esta Eucaristía a todas las familias del mundo, sobre todo a esas que lo están pasando mal. Y, de una manera especial, vamos a pedir por nosotros para que seamos capaces de vivir con valentía el puesto que cada uno tenemos en nuestra familia: Padre, madre, esposo, esposa, hijo, hermano; regalando nuestros logros a los demás. Las lecturas de hoy hacen una llamada a vivir en plenitud nuestra realidad familiar. Una realidad amplia y constructora asumiendo nuestros deberes familiares para estar abiertos a los retos que nos plantea el mundo de hoy. Pues no podemos olvidar que en la vida familiar no sólo hay derechos, hay también obligaciones.


MONICIONES SOBRE LAS LECTURAS

1.- En la primera lectura vamos a leer un texto del Libro del Eclesiástico. El autor sabio del Antiguo Testamento nos da enseñanzas firmes para que nuestras familias funcionen en el amor y en la esperanza. Buen ejemplo para hoy cuando muchos quieren romper la idea de la familia. Y no se sabe la causa.

S.- El sentido de los antiguos judíos sobre este salmo 127 es que Dios premia al hombre y a la mujer fieles al Señor con muchos bienes familiares. Una buena familia, feliz y dichosa, es el gran premio. Para nosotros se puede decir lo mismo. La familia es una bendición permanente.

2.- San Pablo en la segunda lectura, sacada de la Carta a los Colosenses, nos da el esquema de vida que hará todo lo que es deseable para nosotros sea realidad: “que vuestra vida la presida la misericordia, la bondad, la humildad, la dulzura, la comprensión, el perdón… y así la paz de Dios habitará en vuestros corazones”. Es un buen plan de vida. Meditemos sobre ello.

3.- El Evangelio de San Lucas nos narra el primer viaje de Jesús a Jerusalén para celebrar la fiesta de la Pascua. Se hacía a la edad de doce años. Y a la vuelta sus padres le dan por perdido. Pero no. Estaba en las “cosas de su Padre”, el Templo, siendo admiración de todos los que le escuchaban. Luego, volvió a Nazaret para vivir en familia hasta el día en que comenzó su vida pública.

Lectura de Postcomunión

VER A DIOS

 

Ver a Dios en la criatura,

ver a Dios hecho mortal,

ver en humano portal

la celestial hermosura.

¡Gran merced y gran ventura

a quien verlo mereció!

¿Quién lo viera fuera yo

 

Ver llorar a la alegría,

ver tan pobre a la riqueza,

ver tan baja a la grandeza

y ver que Dios lo quería.

¡Gran merced fue aquel día

la que el hombre recibió!

¡Quién lo viera fuera yo!

 

Poner paz en tanta guerra,

calor donde hay tanto frío,

ser de todos lo que es mío,

plantar un cielo en la tierra.

¡Qué misión de escalofrío

la que Dios nos confió!

¡Quién lo hiciera y fuera yo!

Amen.

(Diurnal. Himno de Laudes)


Exhortación de despedida

Apretémonos hoy muy especialmente con nuestros familiares, que el calor de nuestra familia llegue a lo más profundo de nuestro ser. Pero no olvidemos que todos los hombres y mujeres del mundo somos una familia, porque somos hermanos, como Jesús nos dijo. Pero apretémonos también a la Familia de Nazaret: a Jesús, María y José. Ellos son nuestros amigos y nuestro ideal.