La Sagrada Familia: Jesús, María y José
31 de diciembre de 2006

La homilía de Betania


1. - LO QUE APRENDIÓ JESÚS DE SU FAMILIA

Por José Maria Maruri SJ

2.- LA FAMILIA, ESPERANZA DE LA SOCIEDAD

Por José María Martín, OSA

3.- JESÚS EN FAMILIA

Por Antonio Díaz Tortajada

4.- FAMILIAS CERTIFICADAS

Por Gustavo Vélez, mxy

5.- UN CUADRO NO PARA PINTAR Y SI PARA IMITAR

Por Javier Leoz

6.- DE NUEVO SAN JOSÉ

Por Antonio García Moreno

7. - LA FAMILIA DE NAZARET, NUESTRA FAMILIA

Por Ángel Gómez Escorial


LA HOMILIA MÁS JOVEN


LA SAGRADA FAMILIA

Por Pedro José Ynaraja


1. - LO QUE APRENDIÓ JESÚS DE SU FAMILIA

Por José Maria Maruri SJ

1. - “No hay nación que tenga a sus dioses tan cercanos como Israel”, dice la Escritura, y esto se cumple hasta lo inconcebible en Jesús, Nuestro Dios y Señor, nacido de una madre, María, y educado de una familia llena de cariño. ¿Hay algo más semejantes a nosotros? ¿Más cercano?

Los problemas que hoy salpican con sus olas a nuestras familias no perdonaron tampoco a la familia de Jesús.

+ Su patria era un país dominado por un ejército extranjero siempre dispuesto a la dura represión cuando la creía necesaria.

+ El gobierno del propio país estaba en las manos de Herodes, hombre injusto que no buscaba más que mantenerse en el poder.

+ El terrorismo estaba representado por los llamados Zelotes, que asesinaban a las sombras de las estrechas calles de Jerusalén a los que, arbitrariamente, habían sentenciado a muerte.

+ La religión estaba en poder de unas familias sacerdotales ambiciosas, que habían vaciado de sentido la religión y el culto a Dios, mercantilizándolo y reduciendo todo a meras formas externas.

2. - José no fue ni un pequeño empresario, ni siquiera un obrero especializado como nos lo han representado los pintores clásicos. Era más bien, quizá, un “manitas", pero sin trabajo fijo y que, por lo tanto, no pocas veces estaría en el paro y sin subsidio. Podría ser uno de esos que Jesús describía en la plaza pública esperando que alguien los contratara. El Evangelio de hoy, nos describe a la Sagrada Familia como una familia de emigrantes, que al fin tienen que regresar a la propia patria, y por fin, empezar de nuevo. Hasta en el seno de la familia hubo incomprensiones. José y María no entendían a Jesús en su proceder, y nos consta de la regañina que María, su madre, le echó en el templo:

--¿Por qué te has portado así con tu padre y conmigo?

Impresiona pensar que Jesús, la Sabiduría Divina, aprendiera de María y de José:

De María, tal vez aquello de la alegría de la vecina que encuentra la dracma pérdida y viene a contarlo a las amigas; o lo de que no se debe poner un remiendo de paño nuevo a un paño viejo porque los destroza; o aquello, de que la luz hay que ponerla en alto para que ilumine la habitación.

De José, campesino avezado a mirar al cielo y a la naturaleza, aquello de las nubes que traen el agua; o lo de los brotes que anuncian la primavera; o lo de los lirios adornados por el Padre Dios; o aquello de los pajarillos a los que nunca le falta de comer; o quizá, lo de la maldad del alacrán que hay que mantener lejos del niño indefenso. Jesús como cada uno de nosotros, aprendió de sus padres

3. -. ¿Qué mantuvo unida a una familia en medio de unos problemas tan semejantes a los nuestros?

+ Una fe ciega en un Padre Dios, que nunca les regaló cesta de Navidad ni juguetes de Reyes Magos, pero les mostró su camino y les dio fuerza y alegría para hacerlo.

+ Un gran amor y un gran respeto mutuo, que es por parte de los hijos reconocimiento agradecido a ese padre y a esa madre que se afanan por ellos, y es por parte de los padres el tratar de hacer que los hijos aprendan a volar antes de tiempo y evitar que se rompan una pata o un ala, que sepa tomar la propia responsabilidad sin echar la culpa a los padres que no tienen ninguna.


2.- LA FAMILIA, ESPERANZA DE LA SOCIEDAD

Por José María Martín, OSA

1. Se suele decir que las fiestas navideñas son "entrañablemente familiares". Para muchas personas Navidad es sinónimo de encuentro familiar y de nostalgia por los seres queridos que ya no están físicamente a nuestro lado. La familia permite el mejor y más adecuado clima para el crecimiento y la madurez personal. ¿Cómo? Con el amor y donación, que es el camino evangélico y de realización del ser humano como persona y como creyente. El amor fue, es y será siempre el alma de la familia. Pero vivir el amor es una asignatura difícil de aprobar porque no consiste sólo en recibir, sino que es entrega y sacrificio para hacer feliz al otro.

2- Vivimos en una época de cambios y transformaciones que han afectado también a la familia. Hemos pasado de una familia patriarcal-rural a una familia nuclear-urbana. Los padres se quejan de que a veces la casa parece una pensión, los abuelos dicen que no se les escucha y respeta como antes, hay muchos "niños llave" que pasan muchas horas solos en casa o con su "cuidadora". ¿Está en crisis la institución familiar? Parece ser que no, pues recientes encuestas ponen de relieve que los españoles seguimos valorando altamente la familia, que es una referencia esencial en nuestras vidas.

3.- También la familia de Nazaret tuvo sus conflictos. María pregunta al adolescente Jesús: "Hijo, ¿por qué nos has tratado así?". Y El responde: "¿Por qué me buscabais, no sabías que yo debía estar en la casa de mi Padre?". Diferentes formas de ver la vida se pueden concluir de este episodio entre Jesús y sus padres. Pero lo importante es buscar lo esencial, que perdura a lo largo del tiempo, y saber distinguirlo de lo pasajero. María y José comprendieron después a su Hijo. Porque sin duda en la familia de Nazaret reinaba el amor, el diálogo y la tolerancia.

4.- La familia es "la esperanza de la sociedad", pero todos, incluidas las autoridades públicas, hemos de trabajar en favor de la familia, promoviendo medidas concretas en materia de vivienda, apoyando a las familias numerosas, solicitando medidas laborales que faciliten la convivencia y la educación de los hijos, ayudando especialmente a familias marginadas, transmitiendo a los niños y jóvenes valores auténticos frente a la superficialidad reinante, apoyando a los ancianos para que puedan vivir una vida familiar digna...... Comprendamos que el hogar es la primera escuela donde el niño, que es como una esponja, "aprende" lo que observa en sus padres, es el lugar privilegiado y primero de la iniciación en la fe cuando "la vida familiar es vivida en el Señor". Valoremos el don que hemos recibido con nuestra familia, demostremos amor y agradecimiento a los nuestros y no sólo en Navidad…


3.- JESÚS EN FAMILIA

Por Antonio Díaz Tortajada

1. En este domingo de la Sagrada Familia la Iglesia quiere ante todo que volvamos los ojos al hogar de Nazaret para contemplar en él la humanidad de Cristo y contemplar el verdadero alcance de la encarnación del Hijo de Dios, en todo semejante a nosotros menos en el pecado.

Cristo quiso nacer de María Virgen para que en su humanidad nueva, el hombre pudiera superar la condición pecadora del viejo Adán. Cristo es así el nacido de lo alto, no de la carne ni de la sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios, como nos dice san Juan en el prólogo a su evangelio. Nació de lo alto para recrear en su humanidad nueva nuestra humanidad pecadora.

2. - Jesucristo es para nosotros la revelación de todo lo que Dios es. Es en Jesús el Cristo que nosotros los cristianos conocemos de verdad lo que para nosotros es Dios. Pero Jesús revela a Dios justamente formando parte de una familia, en el seno de una familia, precisamente en su forma de vivir la familia. Si Dios es amor es en el lugar en el que primordialmente recibimos amor, la familia, en donde se nos revela lo que de verdad es Dios.

Jesús demuestra en sus más de treinta años de vida ordinaria de trabajo manual, que las tareas más extraordinarias del mundo: Honrar a Dios, liberando a los oprimidos, se realizan viviendo a fondo la más normal vida familiar. Hizo lo ordinario de forma extraordinaria.

3.- Es en la familia en donde recibimos la primera revelación, y la más importante de toda la vida, de lo que es Dios. Si Dios es amor incondicional, es en la familia en donde por primera vez somos amados no por nuestros méritos, sino porque sí. No porque seamos bonitos, o inteligentes, o buenos o simpáticos, sino porque somos hijos.

Y Dios es así. Y así es Dios. Dios no nos quiere porque nosotros seamos buenos, sino porque Él es bueno. En nuestra familia nos quieren como somos, igualmente Dios. Quien no ha tenido madre y no ha sido amado incondicionalmente, nunca sabrá o entenderá lo que es Dios por muchas explicaciones que le demos. Porque el amor no se aprende por razones, sino siendo amado y amando.

Nosotros no amamos a nuestros padres porque ellos no tengan ningún defecto, nosotros no hemos escogido de qué padres nacer, los queremos porque son nuestros padres, y punto, o no los queremos.

Una familia es una familia sagrada cuando en ella se ama a pesar de todo, como Dios. Familia sagrada es aquella en la que existe la revelación de la gratuidad del amor. Sólo el amor incondicional es revelación del amor de Dios.

4.- ¿Qué significa para nosotros la Sagrada Familia? ¿Una cosa rara? ¿Hemos hecho de la familia de Jesús una familia extraterrestre que no se parece en nada a la nuestra?, ¿Se parece en nada a las familias que sí existen a nuestro alrededor?

Nadie se casa porque la novia o el novio no tengan defectos. Si hubiera que esperar o encontrar una novia o novio sin defectos para casarse, nadie se casaría. Tampoco uno se divorcia porque la esposa o el esposo tengan defectos; si sólo duraran los matrimonios en los que el cónyuge no tuviera defectos, no habría un solo matrimonio permanente. Sólo el amor hace posible la superación de los problemas matrimoniales. Sólo el amor hace posible que un matrimonio cumpla 25 ó 50 años de existencia.

José, María y Jesús son el prototipo de familia y matrimonio que vive y perdura por amor y sólo por amor. Ellos son el ideal para nosotros.

5. - Jesús va al templo a tener su “barMitsvá” hebreo; tiene doce años y debe pasar a ser un adulto en su fe, según la mentalidad judía. El relato del evangelio tiene muchos más detalles teológicos que históricos. Según Lucas Jesús es hijo de Dios y, al mismo tiempo y sin contradicción para el evangelista, es hijo de María y de José. El mismo evangelista que dice que fue engendrado por obra y gracia del Espíritu Santo es el que dice:” Tu padre y yo te buscábamos”.

Jesús no admite a nadie entre la voluntad de Dios y él. La primera frase que los evangelios ponen en boca de Jesús es para afirmar que Jesús sólo se siente en dependencia absoluta de la voluntad de Dios. La carta a los hebreos resume precisamente así lo que fue la finalidad de la vida de Jesucristo: “He aquí que vengo a cumplir tu voluntad”.

El evangelio dice que en el templo Jesús estaba oyendo a los doctores y haciéndoles preguntas; todo eso forma parte de la ceremonia del “barMitsvá” de un joven hebreo a los doce años. La importancia en el relato no la tiene ninguno de esos detalles, sino las primeras palabras de Jesús en todo el Evangelio.

El relato termina de una forma equívoca. La frase final de Lucas admite el sentido de que ellos no habían entendido lo que Jesús les había avisado. Supone la posibilidad de que Jesús hubiera avisado que se iba a quedar en el templo y que sus padres no lo hubieran entendido.

Jesús estuvo, según este trozo hasta los años de su actividad pública, en Nazaret. Por eso a sus coterráneos les extrañará la sabiduría que va a mostrar. Si hubiera salido a estudiar fuera de Israel a nadie le hubiera extrañado la sabiduría que mostraba.


4.- FAMILIAS CERTIFICADAS

Por Gustavo Vélez, mxy

1.- “Cuando Jesús cumplió doce años sus padres subieron a la fiesta de Pascua, según la costumbre. Cuando terminó se volvieron pero el Niño se quedó en Jerusalén. San Lucas, Cáp. 2. El mundo de hoy nos exige ante todo calidad. En la industria, el comercio, la academia, el arte y el deporte. También en la política y en las relaciones internacionales. Quienes no cualifican su comportamiento y sus productos se quedaron atrás irremediablemente. ¿Y la familia qué? Si la entendemos como célula de la sociedad, crisol donde se forman los ciudadanos, escuela de los auténticos valores, es todavía más urgente acreditarla para que avance hacia sus propias metas. Frente a ese reto los cristianos volvemos a mirar aquella familia de Nazaret, donde nació el Hijo de Dios. Sometida a las leyes y costumbres de su tiempo, vulnerable frente a los problemas ordinarios de un hogar, sostenida por su limitado presupuesto. Una familia en todo igual a las nuestras, pero con un enorme privilegio: Bajo su techo Dios estaba presente.

2.- San Lucas nos cuenta que Jesús, al cumplir doce años, subió con sus padres a Jerusalén, con motivo de la Pascua. Un viaje que se hacía en cuatro etapas, entre el entusiasmo religioso y el fervor patriótico. La fiesta duraba generalmente siete días, pero solamente los dos primeros eran de obligación. Y es probable que María y José, al estilo de los pobres, no permanecieran toda la semana en la capital. Ya de regreso, al acampar el primer día, advirtieron que entre el grupo de parientes y amigos, no estaba el Niño. Un doloroso eclipse que duró tres días, durante los cuales sus padres le buscaron afanosos por toda la ciudad. El texto nos sugiere que el pequeño no se había extraviado entre la multitud. Se quedó embelesado ante las maravillas que descubría por todas partes en la ciudad santa. Lo hallaron luego entre los peregrinos, que escuchaban a los maestros de la ley, entre ellos al anciano Schammai líder de una escuela más estricta, en los atrios del templo. No estaba allí como un niño prodigio. Sencillamente era un judío más, ansioso de conocer la tradición religiosa y la historia de su pueblo.

3.- Entonces surgió aquel desconcertante diálogo: “Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira que tu padre y yo te buscábamos llenos de angustia”. A lo cual el Niño replica: “¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debo estar en la casa de mi Padre?”. San Lucas advierte que José y María no entendieron tal respuesta. Tal vez Jesús se adelantaba a anunciar cuanto revelaría en su enseñanza. Bajaron luego a Nazaret, concluye el evangelista, “y el Niño iba creciendo en sabiduría, estatura y gracia ante Dios y ante los hombres”.

La calificación de las familias se ha entendido únicamente desde el sacramento del matrimonio, lo cual continúa siendo válido. Pero de una parte, muchas parejas no alcanzan esa meta y de otro, el sacramento sin un soporte humano de valores, es un signo insignificante. Para obtener entonces familias certificadas hemos de aportar sinceridad a toda prueba, capacidad de diálogo, compromiso, común responsabilidad. Solidaridad hacia adentro y hacia fuera. Hemos de crecer en sabiduría y gracia y en aquella estatura según la medida de Cristo, como enseña san Pablo.


5.- UN CUADRO NO PARA PINTAR Y SI PARA IMITAR

Por Javier Leoz

1.- En medio de la Navidad, y desde la lógica que nosotros tenemos, no nos resulta difícil entroncar esta fiesta: la Sagrada Familia.

--¡Algo bueno tiene la familia cuando, Dios, quiso formar parte de una!

--¡Algo, esencial e insustituible debe de tener la familia cuando, Dios, quiere nacer y crecer en medio de ella!

Mirar a José y María, en este domingo, es saber que una familia de Dios está llamada a cumplir la voluntad de Dios.

A mí, esta festividad de la Sagrada Familia, me sugiere una cosa: en ella se aprende a querer o a no querer al Señor; en ella, la familia, se aprende a apreciar a Jesús o a ignorarle; en ella, la familia, se aprenden los valores que el Evangelio nos sugiere o, por el contrario, se puede llegar a no conocerlos.

Amigos: ¡la familia! Es nuestra asignatura pendiente. Y, sobre todo, porque estamos en un momento tremendamente delicado. Hasta el Papa Benedicto, este pasado viernes, lo pensaba en alto: “nos preocupa el futuro de la familia por cuanto se le compara con otras situaciones que en nada tienen que ver con la esencia de la misma”.

2.- Belén es algo vivo, un ideal de lo que pueden ser las familias de hoy. No es una estampa que se ha quedado petrificada en los siglos del ayer. No es puzzle para ser encajado a modo de entretenimiento, ni tampoco algo para ser objeto de burla por una campaña orquestada e ideológica para sacarlo del contexto escolar o institucional. Ningunear a la Sagrada Familia, por si alguno no es consciente, es ir en contra de la estructura que sostiene los valores occidentales.

La Sagrada Familia es todo un ejemplo para los que queramos recuperar o mantener la sencillez, la verdad, la bondad de Dios, la alegría de corazón, la fidelidad entre los esposos, el amor auténtico entre un hombre y una mujer.

Belén, entre otras cosas, es un grito contracorriente a lo que, hoy, estamos padeciendo y viviendo en algunos lugares de nuestra tierra. ¿Son necesarios –de repente y tan deprisa- tantos cambios que alteran y desequilibran lo que es equilibrio en la sociedad?

3.- Hoy, en la Sagrada Familia, contemplamos los más altos ideales que muchos de nuestros padres siguieron a rajatabla: creer en Dios es vivir en el amor.

Jesús, José y María nos animan a seguir en el camino que hemos emprendido como familias cristianas. El amor de Dios, tan apartado y arrinconado en muchas familias que se dicen cristianas, ha de ser el pulmón que dé oxígeno y vida a un hogar. ¿Cuántos de los que estamos aquí hemos bendecido la mesa en estos días? ¿Y por qué sólo en Navidad y no todos los días? ¿Cuántos de los que estamos aquí intentamos cumplir la voluntad del Señor antes que dar capricho y ceder ante la presión y disposición de una sociedad hedonista y esquiva con las cosas de Dios? ¿Cuántos, de los que hoy estamos aquí, vivimos con cierta radicalidad –como la Sagrada Familia- nuestro encuentro con Dios; nuestra experiencia de Dios; nuestra apertura a Dios?

No podemos quedarnos en una continua lamentación. Pero, más que mirar hacia fuera, vamos a intentar hacer más saludables nuestros propios hogares con la fuerza de la oración; con la alegría de la fe; con el firme convencimiento y seguridad de que Dios nos apoya y nos acompaña en la misión de padres, en la educación de los hijos o en el cuidado de nuestros mayores.

Mirar a Belén es ver el amor que triunfa; el amor que todo lo invade; el amor que todo lo puede; el amor que, incluso asume, el hecho de que Jesús siga su propio camino para cumplir la voluntad de Dios, antes que dar satisfacción a sus propios padres.

4.- Fiesta de la Sagrada Familia. No cuesta demasiado centrarnos y ver que, hoy más que nunca, es un gran ideal que tenemos que presentar y seguir proponiendo ante otras opciones –respetables por supuesto- pero distintas a la familia cristiana.

Si María conservaba todo esto en su corazón, que nosotros aún en medio de tormentas y dificultades, aprendamos una gran lección: algo tiene el agua cuando la bendicen y algo tiene la familia, cuando tantos la quieren confundir o infravalorar.


6.- DE NUEVO SAN JOSÉ

Por Antonio García Moreno

1.- "...y afirma la autoridad de la madre sobre la prole" (Si 3, 3) Hay cosas que no pasan de moda, realidades humanas que llevamos tan metidas en el corazón que, por mucho que cambien las circunstancias de la historia y las costumbres de los hombres, siempre siguen igual. Y una de esas realidades es la figura de la madre, de la mujer que nos trajo a la luz de la vida. Es como si durante los nueve meses que vivimos en sus entrañas fuéramos recibiendo día a día la convicción íntima de lo que significa ella para nosotros, como si durante los años de nuestra niñez, cuando seguimos dependiendo de ella, se fuera imprimiendo en nuestro cuerpo y en nuestro espíritu la grandeza de su amor. Y el día que no sea así, el día en que el hombre se olvide de su madre se habrá convertido en un monstruo.

Pero eso aún no ha ocurrido. Y quiera Dios que no ocurra nunca. El hombre sigue, también hoy, cargado de ternura, de hondos sentimientos hacia la madre. Por ello, en muchas ocasiones se destaca la figura de la madre en la literatura, en la música o en la pintura. Bien podemos afirmar que la madre con el niño en su regazo es un símbolo de esperanza, que sostiene e impulsa la vida humana.

"El que respeta a su padre tendrá larga vida, el que honra a su madre, el Señor le escucha" (Si 3, 7) Estamos en Navidad, tiempo de recuerdos, de añoranzas íntimas, de dulce nostalgia. Días de hogar, de familias unidas. Días para recordar ante este Dios hecho Niño lo que supone la familia, lo que le debemos, lo que hemos de luchar para defenderla, para conservar su unidad y su amor. Si la familia se desmiembra la sociedad se derrumbará.

Las estadísticas hablan, los datos sobre delincuencia juvenil, sobre drogadictos, sobre prostitución y homosexualismo, todo apunta a una causa única. Esta causa es la degradación de la familia, la pérdida de su sentido cristiano... Ante José, ante María, ante el Niño Jesús, vamos a postrarnos con humildad, vamos a pedirle llorando y cantando que nos conceda una familia unida, una familia que se ame, una familia que rece. Sólo esa familia salvará al mundo y a la sociedad de la hecatombe de su autodestrucción.

2.- "Dichoso el que teme al Señor y sigue sus caminos" (Sal 127, 1) Tenemos que convencernos de que no hay otro camino para alcanzar la dicha que, desde lo profundo de nuestro ser, todos anhelamos. Uno sólo es ese camino: el que nos marca el Señor y que consiste en cumplir siempre y en todo su voluntad. Las demás tentativas que los hombres han ensayado a través de la Historia terminaron siempre en el fracaso, en un dolor sin alivio, en la tristura sin esperanza. De momento es posible que nos sintamos satisfechos por esos u otros caminos que nosotros nos inventamos. Pero a la larga, todo eso desaparece para dar paso a la amargura, a la angustia.

Es verdad que el recorrer los caminos de Dios resulta a veces costoso, heroico incluso. Pero el esfuerzo que cuesta está sostenido por la gracia y animado por la esperanza que nos hace comprender que, sin duda, vale la pena... Caminos de Dios que nos conducen a la dicha sin nombre, a la felicidad más grande que jamás podamos ni imaginar. Ojalá descubramos cuál es el camino que nuestro Padre Dios nos ha señalado; ojalá que al menos intentemos descubrirlo. Y que una vez descubierto, lo recorramos cada día sin desaliento, sin volver la vista atrás. Sólo entonces alcanzaremos la salvación.

"Tu mujer, como parra fecunda en medio de tu casa; tus hijos, como renuevos de olivo, alrededor de tu mesa" (Sal 127, 3) Hoy, dentro del ciclo entrañable de la Navidad, celebramos la fiesta de la Sagrada Familia. De una parte recordamos y contemplamos la figura de san José, el varón justo; de María, la llena-de-gracia; del Niño-Dios. De otra parte, tomamos conciencia de lo que ha de ser la familia para todos los hombres: un hogar donde hay paz y alegría, amor que sabe comprender siempre y perdonar, entregarse sin reservas ni egoísmos, ser los unos para los otros en un quererse mutuamente más y más.

Dios mío, la familia. Qué importancia tiene tan enorme en la vida del individuo y de la sociedad; qué decisiva es su integridad. La familia forja al hombre o lo destruye, lo engrandece o lo envilece, lo empuja al bien o lo precipita por los abismos del mal. Por eso toda verdadera familia es sagrada, porque respeta el carácter sacro de la unión indisoluble entre el hombre y la mujer, porque ama a los hijos sobre todas las cosas, a los que han venido y a los que puedan venir, sin negarse jamás al don de un niño o de una niña, sin anteponer la propia comodidad o capricho a las exigencias divinas del Sacramento magno... Tened compasión de nosotros, Jesús, María y José. Defended las familias de tanto ataque como reciben, hacednos conscientes de su importancia y su grandeza.

3.- "Como pueblo elegido por Dios, pueblo sacro y amado..." (Col 3,12) No perdamos de vista nuestra propia dignidad, esa grandeza de ser hijos de Dios, que por medio del Bautismo se nos ha conferido. En toda nuestra vida se ha de notar ese aire de familia que tiene todo buen hijo, el aire de la familia de Dios. Y hoy, la Iglesia nuestra Madre, nos recuerda la necesidad, la urgencia podemos decir, de que vivamos dignamente nuestra vida familiar.

Metidos en el ambiente de la Navidad, tomemos conciencia de lo importante que es defender la familia, evitar que sea demolida y socavada en sus más hondos cimientos. Los enemigos de Dios están empeñados en dañarla a través del rompimiento del vínculo indisoluble que por derecho natural caracteriza al matrimonio. También el control indiscriminado, egoísta y cómodo, de la natalidad contribuye a la destrucción de la familia, así como el aborto, el asesinato de seres humanos indefensos, o el desprecio y el abandono de los mayores, esos ancianos que después de dar sus vidas por sus hijos se ven desamparados y solos. A esto se añade el intento de llamar matrimonio a las parejas de homosexuales o lesbianas, aberración no sólo gramatical sino también social.

Recemos de modo particular por la familia. Pidamos a san José que nos enseñe a ser generosos, comprensivos los unos con los otros y capaces de superar las lógicas diferencias de los que viven juntos. A santa María roguemos que nos enseñe a querer de verdad a los nuestros, para que nada lesione en lo más mínimo la unidad y la paz del hogar.

"El Señor os ha perdonado, haced vosotros lo mismo..." (Col 3, 13) Ahí está la clave: en saber perdonar. Qué cierto es que el amor, más que en dar, está sobre todo en comprender. Si los esposos se comprendieran entre sí, todo sería más llevadero, si se aceptaran tal como son, si se quisieran incluso con los defectos que cada uno tienen, entonces la convivencia sería más fácil, sería incluso muy gozosa.

Los padres deben querer de veras a los hijos, dedicarles más tiempo, derrochar más paciencia y cariño, ganarse la confianza a fuerza de tratarlos. Exigiendo y dando al mismo tiempo. A veces los hijos ocupan un lugar secundario en la vida de los padres, que se afanan por ganar dinero para ellos, sin darse cuenta de que más importante es ganarse antes su cariño y su confianza.

Y los hijos han de comprender cuánto deben a los padres, cuántos sacrificios ignorados, cuántas lágrimas escondidas, cuántas inquietudes y zozobras, cuánto trabajo, cuánto dinero, cuánta renuncia... Nuestros padres se lo merecen todo. Y cuando la vida nos obligue a la separación física, hacer todo lo posible para que no se produzca la separación de los corazones. Y cuando sean ancianos, inútiles quizá, que sepamos atenderlos con cariño y abnegación.

4.- "Levántate, coge al niño y su madre y huye..." (Mt 2, 13) Sí, una vez más la figura entrañable del santo patriarca ocupa un primer plano en la liturgia. El domingo pasado contemplábamos su humildad y su fortaleza, su aceptación rendida a los planes de Dios y su reciedumbre en llevarlos a cabo. Hoy podemos fijarnos en otros aspectos de su conducta con el deseo, y la súplica al Señor, de hacerlos vida de nuestra vida. Esos aspectos pueden ser, por ejemplo, su fe y su laboriosidad, su visión sobrenatural de lo que ocurría y su esfuerzo humano para afrontar aquellas difíciles circunstancias, su confianza absoluta en el poder divino y su afán por poner cuantos medios estaban a su alcance.

Cuando apenas se habían marchado los Magos venidos de Oriente, cuando duraba aún el regocijo de haber visto cómo aquellos grandes personajes adoraban al Niño, entonces, en aquella misma noche, el ángel le habla de nuevo para transmitirle un mensaje de lo Alto. Algo inesperado y desconcertante. Ponerse en camino de inmediato pues el Niño, el Mesías, el Hijo de Dios, estaba en peligro de muerte. Era algo contradictorio y difícil de comprender que el rey del universo tuviera que esconderse, darse a la fuga por caminos desconocidos y llenos de peligros. Pero san José no titubea ni por un momento y se pone en camino, seguro de que aquello, lo que Dios disponía, era lo mejor que debía hacer. Su fe no vacila, antes al contrario cumple con exactitud meticulosa lo que el ángel le ha ordenado.

Los escritos apócrifos han adornado con prodigios la marcha hacia Egipto. Los Evangelios, por el contrario, no dicen nada de eso, pues nada extraordinario ocurrió. José tendría que escoger los caminos menos frecuentados para mejor burlar a sus perseguidores. Luego, ya en Egipto, buscaría trabajo entre gente extraña, como un emigrante judío más, entre todos aquellos que habían ido a Egipto para trabajar. Luego, cuando quizá estaban ya instalados y con todo resuelto, de nuevo se le aparece el ángel del Señor para indicarle que vuelva a su tierra. San José muestra otra vez su animosidad.

Pero cuando llega, oye decir que Arquelao reina en Judea y que es peor todavía que su padre Herodes. Por eso decide marchar a Nazaret. Allí reinició su vida de siempre, vida de trabajo afanoso e incesante, bien hecho, con mucho amor de Dios. Así pudo sacar adelante a su familia que no, por ser sagrada, carecía de dificultades.

Con su vida escribió entonces, junto con María y Jesús, las páginas más sencillas y entrañables de la Historia, páginas para que las contemplemos y las imitemos. Son tan sencillas que están al alcance de todos. Dios quiso mostrarnos cómo había de ser nuestra vida de familia y vivió durante treinta años unas circunstancias del todo iguales a las que hemos de vivir la inmensa mayoría de todos nosotros. Vivamos, pues, como vivió san José, con una gran fe y, al mismo tiempo, con un esfuerzo serio por hacer bien el trabajo de cada día.


7.- LA FAMILIA DE NAZARET, NUESTRA FAMILIA

Por Ángel Gómez Escorial

1. - Este domingo posterior a la Navidad, y dentro de la octava navideña, está dedicado a la Sagrada Familia. Y es que la Iglesia y su liturgia quieren que vayamos a la intimidad familiar en que se desarrolló humanamente el Salvador del Mundo. Siendo Jesús auténtico hombre --al mismo tiempo que era Dios-- creció con características idénticas a como lo hace cualquier niño. Y para los pequeños, la familia --y, sobre todo, su padre y su madre-- son un universo total y muy significativo. La fiesta de la Sagrada Familia es de reciente creación y su finalidad es, como se ha dicho, recrear el ambiente hogareño de Jesús, Maria y José. El último párrafo del Evangelio de San Lucas que leemos hoy marca perfectamente esa normalidad en el hogar. Dice Lucas: “Él bajó con ellos a Nazaret y siguió bajo su autoridad. Su madre conservaba todo esto en su corazón. Y Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres”. Tras la incorporación oficial de Jesús como adulto a la religión --eso significaba la primera `peregrinación a Jerusalén en la Pascua-- el texto parece indicar que volvieron a Nazaret, sin más. Pero no sería así.

2. - Y es que no iba a ser fácil la vida de Jesús en la Tierra. No se habían apagado los ecos maravillosos del quehacer de los ángeles sobre el cielo de Belén y, asimismo, la presencia de los Reyes Magos --personajes importantes y misteriosos, que venían de lejos para adorar al Hijo de Dios-- cuando Herodes inicia una cobarde persecución contra los niños menores de dos años, para así terminar con su presunto "competidor" en el trono. San José, que iba a ejercer con eficacia la paternidad terrena del Niño Jesús, tenía ante sí un nuevo desafío. Es de suponer habrían sido para él muy difíciles los días en los que dudaba de su esposa. Un ángel le contó la verdad y le entregó la responsabilidad de custodiar del Hijo de Dios. La primera prueba era terrible: emigrar al extranjero al amparo de la noche para proteger la vida del pequeño. Nada sabemos del tiempo que la Sagrada Familia pasó en Egipto. Probablemente, José mejoraría su oficio de artesano, pues los egipcios tenían técnicas muy adelantadas. Pero, por supuesto, no tuvo que ser fácil. Ahí vemos el reflejo de la actividad difícil de los emigrantes. España se ha transformado de país de emigrante a nación que recibe mucha emigración. Debemos de tenerlo en cuenta y ser muy solidarios con aquellos que se ven obligados a llegar a nuestra tierra para sobrevivir. Pero, asimismo, hemos de recordar siempre la condición de Jesús emigrante, pero que no se nos olvide la necesidad de ayudar a nuestros prójimos que vienen de países lejanos. En el ciclo B se lee el Evangelio de San Lucas sobre la presentación en el templo de Jesús. El episodio de la huida a Egipto, de San Mateo, es propio el ciclo A, pero es importante reseñar ambas cosas hoy aquí, para tener una impresión mas completa de como fueron los primeros años de esa Familia Sagrada.

3. - Hay otro reflejo interesante y es meditar pausadamente sobre la familia de Nazaret, sobre el crecimiento de Jesús y sobre su aprendizaje profesional y vital. Tampoco hay muchos datos sobre la larga estancia de la Sagrada Familia en Nazaret. El Evangelio que leemos solo nos habla de la subida a Jerusalén, de la desaparición de Jesús y de su estancia en el Templo. Durante un tiempo esas jornadas familiares en Nazaret fueron suplidas por los piadosos relatos de los evangelios apócrifos. No es posible establecer su verosimilitud y tampoco es importante que no sean hoy conocidos. Es fácil pensar, con nuestra propia imaginación, el tiempo maravilloso de la infancia, adolescencia y primera juventud del Salvador. La ventaja es que, sobre la base del amor y de la adoración al Salvador, podemos "construir" nuestro propio relato. Durante muchos años la preocupación por lo ocurrido en esos tiempos de Nazaret produjo, como decíamos, una enorme cantidad de textos apócrifos, sin duda muy piadosos e bellamente ingenuos, pero sin rigor documental, canónico o histórico.

4.- Pero ahora nos interesa profundizar un poco más en ese episodio un poco misterioso de la pérdida del Niño Jesús. El relato de Lucas tiene todo el dramatismo al que nos tiene acostumbrados. Para cualquier padre o madre tener perdido a su hijo durante tres días es un hecho terrible. También se relata como se produjo el problema y la forma de organizarse las caravanas de peregrinos que iban o regresaban de Jerusalén. Es apunte de gran valor histórico y sociológico. Eran todos amigos y no era extraño que un grupo de niños marchara en unión, sin el control director de sus progenitores. Pero, en un momento dado, Maria y José se aperciben que Jesús no está. María y José eran humildes. Los doctores de la ley formaban una aristocracia real, no solo intelectual. La sorpresa de ver a Jesús hablando “de tú a tu” con sacerdotes y doctores les tuvo que llenar de estupor y hasta de un cierto temor contenido. “Al verlo se quedaron atónitos”, dice el evangelista, y no era para menos. A pesar de ello es su madre quien le reconviene su actitud y expresa su angustia. La respuesta de ese niño de doce años es también muy inesperada: “¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?” Y se añade que ellos –José y María—no comprendieron lo que les decía. Se diga lo que se diga, no es fácil interpretar esa respuesta, salvo incluyéndola en la obediencia total que Jesús mantuvo durante toda su vida a los designios del Padre de los Cielos.

6. - Tanto la primera lectura como la segunda de este domingo son comunes en todos los ciclos litúrgicos. El texto que hemos oído en primer lugar es del Libro del Eclesiástico y son consejos para la armonía familiar. Ya el pueblo judío reconoció desde históricamente muy temprano la importancia de la familia. Los consejos que nos da este texto son perfectamente aplicables a nuestro tiempo y debemos de tenerlos muy en cuenta. En el fragmento de la Carta de Pablo a los Colosenses da consejos para conseguir la concordia entre los primeros cristianos. Dichos consejos no "superaban" el ámbito familiar porque la vida de las primitivas iglesias era como la de una familia santa. No es mal "espejo" para hoy. Hace falta en nuestras comunidades religiosas una mayor hermandad, una vida de familia que hoy no existe. Las recomendaciones de Pablo de Tarso incluyen en dicha "actividad familiar" la Liturgia con la alusión a la Acción de Gracias. Finalmente, da algunos consejos muy oportunos para estos tiempos, pero que, tal vez, son poco apreciados por las familias, las parejas o las mujeres de hoy. Dice Pablo: "Mujeres, vivid bajo la autoridad de vuestros maridos, como conviene en el Señor. Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas. Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, que eso le gusta al Señor. Padres, no exasperéis a vuestros hijos, no sea que pierdan los ánimos". Pablo tenia un sentido de la familia basada en la propia estructura de la Iglesia. Cristo era la cabeza de ella, lo mismo que el marido era la cabeza de la familia. No se trata de que la mujer no acceda a sus derechos de igualdad. El mensaje de hoy es que la familia necesita amor y armonía. Y esa armonía se consigue con un cierto orden. Haría falta, pues, un núcleo coherente en el interior de la familia que evitase cualquier dispersión. ¿A quien le toca hoy ser cabeza de familia? Pues a quien pueda acometer esa labor o tenga vocación por ella. Da igual que sea la mujer o el hombre. La oración dirigida a la Familia de Nazaret, que es nuestra Familia, nos servirá para conseguir nuestros propósitos de paz y amor en el entorno familiar.


LA HOMILIA MÁS JOVEN


LA SAGRADA FAMILIA

Por Pedrojosé Ynaraja

1.- Quisiera, para empezar, mis queridos jóvenes lectores, que olvidarais, si alguna vez habéis visto, los cuadros que representan la escena que nos describe el evangelio del presente domingo. Por lo general, nos pintan a un niño con cara y ricitos rubios de niña, muy repipi, rodeado de unos viejos tontos. Debemos ser serios, os explicaré, brevemente, como se enseñaba en aquel tiempo. El que hoy llamaríamos profesor, se sentaba en una piedra, en este caso, bajo los soportales que rodeaban la explanada del Templo de Jerusalén, llamada “Atrio de los gentiles”. Los discípulos estaban en el suelo, a sus pies. (Es la expresión que utiliza Pablo al hablar de cursillos recibidos de gran maestro Gamaliel). La enseñanza se practicaba en forma de diálogo, más que de lección magistral. En tales circunstancias no existen los exámenes, o las pruebas de grado, o las reválidas. El saber, o la categoría del alumno, se descubren por sus intervenciones, por lo que pregunta, más que por lo que responde, así ocurría entonces, en aquella cultura.(y, no hay que engañarse, lo mismo pasa en la nuestra, si el maestro es honrado maestro y no simple enseñante)

2.- Otro aspecto del acontecimiento descrito, es el referente a la edad. Un chico, en llegando a los doce años, se convertía en un “esclavo de la Ley”, de alguna manera lo que hoy en día llamamos mayoría de edad legal. No era un niño en el aspecto de inmadurez que le damos corrientemente al término. Acordaos que el otro día os advertía que en aquellos tiempos, como todavía ocurre en alguna cultura actual, no existía la etapa espiritual de la adolescencia, la que con ironía llaman edad del pavo, algunos. La subida a Jerusalén era un acontecimiento anual que no podían perdérselo los que pudieran hacerlo. María, como no había tenido ningún otro hijo, en llegando el destete, a los cuatro o cinco años de haber nacido su Hijo, fue subiendo al Templo cada año. El ritual de la visita era complejo y mientras adquirían lo necesario para las ofrendas, se entrevistaban con los levitas etc, podía Jesús acudir a los círculos de enseñanza de los que os hablaba. Perfeccionaba sus conocimientos adquiridos en la pequeña sinagoga de su pueblo, de no más de 500 habitantes y dedicaba determinados tiempos a la oración. El ámbito del encuentro y concentración era enorme, la concurrencia numerosa, de manera que era fácil la dispersión de los miembros de aquella pequeña familia. Y como por otra parte el chico no era adulto comprometido, ni casado, ni casadero, su situación le permitía codearse con los mayores que escogiera, fueran quienes fuesen. Las caravanas de viajeros se organizaban, para volver, en grupos y gozar así de mutua ayuda y protección y el conjunto de peregrinos de Nazaret no sería tan numeroso como para no encontrar a faltar a Jesús, en la primera parada para pernoctar.

3.- Hago un paréntesis. Con frecuencia, mis queridos jóvenes lectores, lamentáis que vuestros padres no os entiendan. Con frecuencia los padres lamentan no entender a sus hijos, sumergidos en las crisis propias de la edad que atraviesan. Hay sufrimiento, surgen problemas de relación familiar, más o menos graves, situaciones tensas. La Sagrada Familia no se libró de estos trances. Acordaos de que el mismo Hijo de Dios, durante su estancia histórica en la Tierra, fue semejante a nosotros en todo excepto en el pecado.

El encuentro, después de una jornada ocupada en la vuelta, y poco más tiempo en la búsqueda, allá en la explanada del Templo, fue un momento de tensión, en el que se manifestó que, aun llevando doce años de convivencia, José y María todavía no habían entendido al Hijo. Y es que el Hijo había llegado a una edad en que debía de gozar de autonomía responsable y ellos, como la mayor parte de padres, no lo sabían aceptar. Y, aun habiendo crecido y madurado, todavía les gusta hablar de su niño, sin darse cuenta de que ya era un hombre.

No os quejéis, mis queridos jóvenes lectores, de que no os entiendan o de que no os concedan la libertad de la que deseáis gozar. A Jesús le pasó lo mismo, y era Dios, y era el hijo de la Santa Madre, María.

Mas la situación tensa no se convirtió en trágica, la incomprensión no derivo en rabieta. Los tres eran fieles al Señor. Uno porque se trataba de su Padre. La otra porque se consideraba su esclava. El tercero porque era un hombre enormemente bueno, en el buen sentido de la palabra, como diría más tarde, Machado.

4.- Y en Nazaret Jesús crecía en estatura y en personalidad. Se hacía notoria esta trasformación, no sólo a los ojos del Padre Eterno, sino también a los de los parientes y vecinos. Llamar a esta etapa vida oculta, es ignorar lo que dice el evangelio.

Es tópico decir que la familia es la célula de la sociedad, la pequeña iglesia doméstica, el núcleo fundamental de la convivencia. Por muy tópico que sea en la realidad, resulta difícil de conseguir el éxito. La Sagrada Familia de Nazaret lo consiguió porque allí cada uno de los tres, en silencio, con amor y devoción, trascurrían sus días en honrada fidelidad a los principios de la Ley. Rezaré para que la vuestra, mis queridos jóvenes lectores, trate de imitarla siempre.