Santa María, Madre de Dios
1 de enero de 2007

La homilía de Betania


1.- UNA MADRE ¡BIEN VALE UN AÑO!

Por Javier Leoz

2. - DE LA MANO CON JESÚS Y MARÍA

Por José Maria Maruri SJ

3.- LA ILUSIÓN Y LA ESPERANZA

Por Gustavo Vélez, mxy

4.- MARÍA, CONSTRUCTORA DE LA PAZ

Por Antonio Díaz Tortajada

5.- BENDITA ENTRE LAS MUJERES

Por Antonio García Moreno

6.- LA PAZ JUNTO A MARÍA, MADRE DE TODOS

Por Ángel Gómez Escorial


LA HOMILIA MÁS JOVEN


VIDA INTERIOR DE MARÍA

Por Pedrojosé Ynaraja


1.- UNA MADRE ¡BIEN VALE UN AÑO!

Por Javier Leoz

1.- No hay mejor forma de adentrarse en un nuevo año que caminando de la mano de María y al compás del latido del corazón de la Virgen. ¡Cuántos aspectos y motivos recordamos en este día! ¡La paz; Año Nuevo; Santa María, Madre de Dios!

¡Feliz Año Nuevo! Será feliz si, en los 365 días, sabemos dar con aquellas razones que hicieron saltar de gozo y de felicidad a María: ¡Dios! ¡Sólo Dios! ¡Desde ahora me llamarán bienaventurada!

¡Feliz Año Nuevo! Será feliz si, en estos doce meses que ahora iniciamos con esperanza y con tan buenos deseos, no dejamos que se duerma en nosotros la gran noticia que estamos celebrando en estos días: Dios ha bajado.y comparte nuestra suerte. ¿Seremos capaces de hacer frente a “los nuevos Herodes” que intentan asediarle y disuadirle de estar presente en nuestras conciencias, en nuestra sociedad o en nuestras familias?

Santa María, Madre de Dios, es como un pórtico que se antepone a los doce meses. Es como si, la Madre de Dios, nos estuviera diciendo: “no tengáis miedo; yo voy por delante” “iniciad este nuevo año con la cabeza bien alta; dejad atrás vuestras penas, defectos, inquietudes.yo os acompaño”

Comenzamos este nuevo período del 2007. ¿Qué nos depararán estas próximas semanas? ¡Sólo Dios lo sabe! Pongamos nuestro futuro en las manos de María. Contemplemos a Jesús como lo que es: un hermano mayor que nos ayudará cuando tropecemos; nos levantará cuando caigamos y nos sonreirá cuando el éxito nos acompañe. ¿Acaso no ha venido para compartir suerte?

2.- Esta fiesta, Santa María Madre de Dios, sigue estando presente en el corazón de muchos creyentes. Resulta, cuando menos chocante, paradójico y hasta sorprendente, cómo se acepta con cierta facilidad el culto, las procesiones, fiestas o romerías a la Virgen y, por el contrario, se vive de espaldas a lo que en Ella fue grande: Jesús y su Reino.

La Fiesta de Santa María Madre de Dios nos urge a estar en paz con María pero, sobre todo, la paz con María nos empeña a estarlo también con Dios. La voluntad de María no es quedarnos contemplándola a Ella, sino preocupados y entusiasmados a la vez por dar gusto a Dios y de llevar a la práctica lo que Ella meditaba tantas veces en su corazón: el plan de Dios.

¿Por qué no poner, con seriedad, a María como antecámara de este nuevo año? ¿Nos proponemos el consagrarnos a Ella desde un acuerdo implícito, ante nosotros, ante el ambiente que nos rodea y ante los demás, de crecer –cristianamente hablando- para no perder peso espiritual?

Sí; hermanos. ¡Nuevo Año con la mano y de la mano de María! Nos escoltarán los problemas de siempre; desaparecerán amigos nuestros; nos iremos lejos o cerca de Dios; nos traicionaremos a nosotros mismos….pero Santa María, por ser Madre de Dios y Madre Nuestra, nos aportará luz para encontrar el camino perdido; seguridad para avanzar en el camino de la fe y esperanza para no echarnos atrás en nuestra vivencia cristiana.

3.- Que Ella, Reina de la Paz, nos ayude no tanto a pedirla por los pueblos que quedan lejos (aunque también) sino por la paz con nosotros mismos; por la paz de los hijos de la Iglesia; por la paz de las conciencias que andan revueltas y revuelven a los demás; por la paz de las familias que viven en contienda por el “cuánto”; por los jóvenes que encuentran en la violencia una diversión y no un peligro; por la paz de los políticos, para que se serenen en sus decisiones y sientan que no son padres de la patria y sí servidores.

¡Santa María, Madre de Dios! ¡Cuánto juego y contenido da y tiene esta fiesta! Con Ella merece la pena adentrarnos sin temor ni temblor en este nuevo año.

4.- ORACION ANTE UN NUEVO AÑO

Señor, finaliza un año pero he de reconocer que no todo termina en mí.

Comencé el primer día del 2006 con muchos deseos e inquietudes.

Ahora, cuando llego su tramo final,

me doy cuenta que no todo lo que me propuse he llevado adelante

ni aquello que pretendí alejar de mí, lo he vencido.

Señor, se clausura un año pero, soy consciente

de que en algunas cosas, soy el mismo de ayer:

 

Donde dije “quiero” he puesto el “así soy”

Donde me propuse “seré” ha ganado el “no lo logré”

Donde prometí un “cambiaré” ha dominado el “que cambien los demás”

Ahora, a punto de iniciarse un nuevo año, te confieso, mis temores:

¿Merece la pena el que alardee de aquello que no estoy dispuesto a ofrecer?

¿Tendré que pensarme mucho más mis deseos hacia los demás y hacia mí mismo?

¿Dejaré para otra ocasión, más consciente y serena,

la copa que rebosa de burbuja pero no de sinceridad?

¿Pensaré detenidamente si, abrazos y llamadas telefónicas

en los primeros minutos de la primera noche del año,

tendrían que ser más espaciadas para otras tantas donde no dedico un solo

instante?

 

Ahora, cuando me dispongo a comenzar este nuevo año, te pido, Señor:

Que pongas verdad en mis palabras

Que hagas de mis deseos un apostar con pasión por ellos

Que me hagas ser realista a la hora de valorar mis propias fuerzas y medios

Que olvide las fronteras que, la difícil convivencia, levantó el año pasado

Que anteponga el bien de los demás al mío propio

Que supere, pero que no olvide, mis errores del pasado

para que así pueda aprender de ellos.

 

Y que, Santa María, que como Madre, mejor me conoce

me ayude a vivir con alegría y con juventud de corazón

este año 2007 por el que te bendecimos

por el que te damos gracias

en el cual te queremos presente

y ante el cual se abren como siempre tantos temores.

¡Feliz Año 2007, Señor!

¡Feliz Año Nuevo Santa María!

¡Felices días nuevos, hermanos!


2. - DE LA MANO CON JESÚS Y MARÍA

Por José Maria Maruri SJ

1. - Cuando una flor nace el universo entero se hace primavera y a María le nació la primavera en sus brazos. Con un niño todo se hace maravilloso, cambia la vida entera, se hace todo nuevo. Por eso quizás al principio del año, en el año nuevo nos encontramos con María y en sus brazos su recién estrenado niño de ocho días.

Dejamos atrás un año y no sabemos si tenemos un año más o nos queda un año menos y todo depende de si hemos añadido años a nuestra vida o hemos añadido vida a nuestros años; es decir si hemos vivido este año que se nos escapa o nos lo han vivido, nos han forzado a vivirlo, llenos de tubos de “gota-gota”, máquinas que han mantenido en nosotros una vida que no es es vida.

Depende de si nos hemos movido arrastrados por la corriente como cantos rodados sin vida, aunque se mueven, o si luchando con la corriente hemos subido río arriba como los salmones. Si hemos vivido para la vida o hemos despachado la vida como un aburrido asunto más administrativo.

2. - Nos enfrentamos con un nuevo año y en la bruma de este 2007 no sabemos lo que nos espera. En el 2006 hemos asistido a muchos acontecimientos variados. Parecía que la economía se tambaleaba y que las buenas previsiones del 2006 se transformaban en otra cosa. No sabemos si el 2007 nos traerá una crisis más fuerte e, incluso, dicho a la antigua usanza, algún imperio podría caer, porque todos esos imperios tienen pies de barro si se fundan en pura economía, en el poder de las armas y si, de verdad, no buscan el bien de todos y cada uno de los hombres y mujeres de este planeta.

Habrá, sin duda, futurólogos ansiosos de predecir las gracias o desgracias de este 2007, como ya lo hicieron –hace ya unos cuantos años-- con el tan cacareado 2000. Pero lo importante no es preguntar sobre lo que nos espera, sino preguntarnos cada uno de nosotros que pensamos hacer con este Año Nuevo. ¿Vamos a hacer de él una cada vez más desvaída fotocopia de los años anteriores?

Como al mirar por el retrovisor el año 2006 que dejamos atrás, lo importante no es lo que ha sucedido, sino lo que hemos vivido. Así al enfrentarnos con el 2007, que se nos echa encima, lo importante es constatar si estamos dispuestos a enfrentarnos con él, con sinceridad, con coherencia humana y espiritual, con vitalidad. Si estamos dispuestos a luchar por una vida plena o nos vamos a contentar de nuevo con que nos mantengan artificialmente en la UVI.

3. - Miremos cada uno nuestras recién estrenadas agendas y miremos cada día con veneración, porque cada día no está marcado por una fecha, por un número, sino por una doble esperanza. Dios quiere encontrarnos cada día, nos espera cada día, espera algo de nosotros ese día, cada fecha es la fecha del reencuentro con el Señor.

Pero también los hombres nos esperan en la encrucijada de cada día. También nos esperan y esperan de nosotros. No los decepcionemos. Como hombres y como cristianos estamos llamados a pasar por el calendario haciendo el bien, como paso haciendo el bien Jesús de Nazaret. Pues eso espera Dios de nosotros casa día y en eso confían los hombres que nos necesitan.

4.- Comenzamos el año con María, la única que jamás defraudó ni a Dios ni a los hombres, que pasó por el mundo no sólo haciendo el bien, sino comunicando a todos el Bien que lleva en sus brazos.

Como niños de andar vacilante empezamos el año de la mano de Maria, que lleva de la otra mano al Jesús Niño, para que nuestros pasos se acompañen con los pasos también vacilantes de Jesús.


3.- LA ILUSIÓN Y LA ESPERANZA

Por Gustavo Vélez, mxy

1.- “Los pastores se volvieron, dando gloria y alabanzas a Dios por lo que habían visto y oído. San Lucas, Cáp. 2. En esta fecha, advertimos que la tierra comienza a dibujar un nuevo anillo alrededor del sol. Año se deriva de “annulus”, anillo. Empieza un año nuevo y aun sin quererlo, todos nos damos al ejercicio de la ilusión y la esperanza. Como el niño que eleva su cometa.

Pero esperar significa creer que todo puede ser mejor. Ilusionarse es imaginar que todo marcha bien. Aferrémonos más bien a la esperanza.

Como aquellos pastores que regresan del portal de Belén, contémosle a la gente lo que hemos visto y oído: Un Dios hecho Niño, porque quiso acampar entre nosotros. Que nos transforma en hombres capaces de mejorar el mundo. Unidos a ese Niño que nos salva, somos en cierto modo omnipotentes.

2.- Según cuenta el libro de los Números, los sacerdotes judíos acostumbraban terminar la liturgia del Año Nuevo, con estas palabras: "El Señor te bendiga y te guarde, el Señor te muestre su rostro y te conceda la paz". Una admirable fórmula de bendición.

Si alguien sabe bendecir, bien decir, desear cosas buenas, es la madre. Por eso, el Papa Pablo VI quiso que el primer día del año recordáremos a María, Madre de la Iglesia. Recojamos esas palabras del Antiguo Testamento y pidámosle esta bendición a Nuestra Señora.

En nuestras familias siempre hubo algún título con el cual se la nombraba en los momento difíciles: la Inmaculada, la Virgen del Carmen, Nuestra Señora de las Mercedes, María Auxiliadora, la Milagrosa, Perpetuo Socorro... Por ella el Señor nos guarde todo mal, del cansancio en la fe, de la ambición y la mentira, del egoísmo y de la soledad.

Por ella, el Señor nos muestre su rostro. Ese rostro invisible que tomó cuerpo con la carne y la sangre de María. En su rostro de Madre adivinamos la amable compasión de su Hijo, su cariño que mezcla la seguridad con la ternura. Por ella el Señor nos conceda la paz. Aquella que inauguró Cristo en Belén rodeado de ovejas y pastores.

Con el final de un año se cierra el círculo, pero vuelve a comenzar otro nuevo, como sucede en la espiral.

Ojalá no regresemos al viejo sitio de partida, donde permanece anclada nuestra pequeñez.

Ojalá alcancemos un punto superior, más elevado, más luminoso, más lleno de esperanza. Se inicia hoy para los creyentes un nuevo año de gracia.


4.- MARÍA, CONSTRUCTORA DE LA PAZ.

Por Antonio Díaz Tortajada

1. - Cristo es nuestra paz y es la paz que Dios nos envió por medio de María para nuestra reconciliación con Él y entre nosotros.

Estamos todavía en el ambiente de Navidad. Y desde el Adviento, Nuestra Señora aparecía ya como una de las figuras que le daban vida y sentido a esta etapa inicial del año litúrgico. Hace apenas ocho días hemos celebrado el nacimiento de Jesús dando así inicio al tiempo de Navidad y que no termina hasta la fiesta de la Epifanía con la cual se celebra el sentido universal de la Salvación.

En este tiempo tan hermoso y lleno de gracias, la Virgen Madre continua en un lugar privilegiado, pues, con su obediencia pronta y humilde es ella quien ha hecho posible la entrada del Hijo de Dios en nuestra historia. Jesucristo es Hijo de Dios e hijo de la humanidad por medio de María. La expresión más completa de su maternidad virginal es su respuesta libre y gozosa en el amor al servicio de Dios y de la humanidad.

2. - En este día primero del año la Iglesia celebra también la jornada de la paz. Aparentemente nada tiene que ver la Virgen Madre de Dios con la paz. Sin embargo, me parece que, al menos, hay dos razones por las que están estrechamente relacionados.

La primera es la obediencia de María que, con su sí, se convierte en constructora de la paz. La obediencia de María la hizo entrar en armonía con el proyecto de Dios porque se dio en la fe y en el amor. Si consideramos que paz (shalom) quiere decir, en primer lugar, armonía, podemos comprender que cuando nuestra Señora le dijo sí a Dios, ella entro en armonía perfecta con los planes de Dios y le dejó hacer, sobre ella, cuanto quiso y como quiso. No puso condiciones, nos hizo cálculos para ver si le convenía o no comprometerse en el proyecto divino, simplemente aceptó sin más. Si acaso, hizo una pregunta con la cual quería sólo saber qué debía hacer para cooperar y poner todo lo que estaba en sus manos. Su respuesta fue expresión de fe y amor a Dios y a la humanidad.

La segunda razón está en el hecho de habernos dado al Príncipe de la paz, el que con su Encarnación, unió en la armonía el cielo con la tierra y, con su muerte y su resurrección, puso en paz todas las cosas. Vino a restablecer y a levantar lo que estaba derrumbado.

3. -Vivir la paz es, entonces, la primera de las exigencias de nuestra condición de salvados. Por eso se impone una reflexión que nos haga comprender este don de Dios, a fin de convertirnos en agentes de la paz. Jesús dice en el evangelio de Mateo: Bienaventurados los que trabajan por la paz. La paz es don de Dios, pero Él quiere que seamos colaboradores suyos en su construcción. De ahí que también sea tarea. Y esta colaboración con Dios comienza en la sintonía con su voluntad; comienza como en Cristo y en María, con un sí participando por obediencia en el plan del Padre.

Su Santidad Benedicto XVI en su mensaje por la paz, ha subrayado estas ideas.

Dios mismo, no el hombre, es el verdadero y supremo «agente de paz». Precisamente por esto, los que se afanan por la paz son llamados «hijos de Dios». Porque se asemejan a Él, le imitan, hacen lo que hace Él. El mensaje pontificio dice que la paz es característica del obrar divino en la creación y en la redención, esto es, tanto en el obrar de Dios como en el de Cristo.

Paz no indica sólo lo que Dios “hace” o “da”, sino también lo que Dios “es”. Paz es lo que reina en Dios.

La condición para poder ser canales de paz es permanecer unidos a su fuente que es la voluntad de Dios: «En su voluntad está nuestra paz», le hace decir Dante a un alma del purgatorio. El secreto de la paz interior es el abandono total y siempre renovado a la voluntad de Dios. Aunque en el occidente secularizado, y laicista desea, a decir verdad, un tipo distinto de paz religiosa: El que resulta de la desaparición de toda religión.

«Imagina que no existe el paraíso, / es fácil si lo intentas. /Ningún infierno bajo nosotros / y sólo el cielo encima de nosotros.

Imagina a toda la gente/ viviendo para hoy,/ imagina que no hay países/ no es difícil hacerlo./ Nada por lo que matar o morir / y tampoco religión alguna...

Imagina a toda la gente/ viviendo la vida en paz./ Puede que digas que soy un soñador./ Pero no soy el único. / Espero que un día te unas a nosotros/ y que el mundo viva como una sola cosa».

Esta canción, compuesta por John Lennon, uno de los grandes ídolos de la música ligera moderna, con una melodía persuasiva, se ha convertido en una especie de manifiesto secular de pacifismo. Si se llevara a cabo, lo que aquí se desea sería el mundo más pobre y triste que se pudiera imaginar; un mundo chato, en el que son abolidas todas las diferencias, donde la gente está destinada a despedazarse, no a vivir en paz, porque allí donde todos quieren las mismas cosas, el «deseo mimético» se desencadena y con él la rivalidad y la guerra.

4. - La paz es hermana de la justicia y, tal vez sería mejor decir que aquella es resultado lógico de ésta. Cuando respetamos a los demás en su integridad, estamos practicando la justicia y, por lo mismo, estamos cooperando a la paz.

Cuando las relaciones familiares, laborales y políticas son justas, estamos cooperando en la construcción de la justicia. Cuando nos preocupamos de los más pobres y emprendemos acciones para su promoción y desarrollo, aunque sea de la manera más discreta y humilde, estamos entonces fomentando una cultura de paz comprometida y sostenida.

Tanto la observancia y el respeto de la leyes justas como la promoción de la educación y del derecho al trabajo para todos por igual, son condiciones para una auténtica paz que permite el desarrollo, la seguridad y la convivencia entre la gente que vive en una misma casa que es nuestro mundo. Y en esta tarea, mis hermanos, no tienen que ver sólo las autoridades y los grandes, no es tarea de todos. Todos tenemos algo que hacer más que decir en el tema de la paz.

5. - Son más bien, los pequeños y humildes, como nos lo muestran Cristo y María, Nuestra Señora de la paz, los que, con sus pequeñas acciones, discretas y modestas en todos sentidos, logran crear ámbitos de paz en torno suyo como muestras de que para construir la paz sólo se necesita amor y fidelidad al proyecto de Dios y al hombre en su totalidad.

La humanidad está cansada de grandes discursos sobre la paz. El mundo pide y necesita acciones muy concretas, aunque sean pequeñas, pero que se desarrollen en la verdad y en el respeto integral de todos. Es importante que en este año nuevo que comenzamos lo tengamos presente para que, como discípulos del Rey de la paz, demos responsablemente testimonio de esperanza.


5.- BENDITA ENTRE LAS MUJERES

Por Antonio García Moreno

1.- "El Señor habló a Moisés..." (Nm 6,22) Qué verdad es que, como dice la epístola a los Hebreos, Dios habló muchas veces y de muchas maneras a los hombres a lo largo y lo ancho de la Historia. Resulta asombroso que El se acerque hasta el hombre y le hable para comunicarle cuanto de un modo o de otro contribuye a su salvación... Algunos filósofos han dicho que Dios es un Ser tan alto y sublime que es falso que se digne intervenir en la vida de los hombres. Eso es una verdad a medias, lo cual es la peor de las mentiras.

Es verdad que Dios es sublime, trascendente, muy distinto de nosotros. Pero ello no quiere decir que se desentienda de sus criaturas, que no pueda ni quiera comunicarse con el hombre. Al contrario, precisamente por la grandeza de su amor, por la inmensidad de su sabiduría, ha querido perdonar al hombre su pecado y hacerlo hijo suyo. Y para estar muy junto a nosotros, se hecho carne en el seno de una virgen y ha nacido pequeño, para que así su cercanía sea amable y atractiva.

2.- "Así que ya no eres esclavo, sino hijo..." (Gá 4,7) El que está en pecado es un esclavo del demonio. Por eso es llamado Príncipe de este mundo, porque tiene dominio sobre quienes se apartan de Dios y de su bendita Ley, dejándose llevar de sus malas inclinaciones. Es una esclavitud a veces sutil, dando incluso la impresión de que el pecador goza de libertad absoluta, haciendo en cada momento lo que le da la gana. Pero es mentira, no hace lo que quiere sino lo que sus inclinaciones le sugieren, aunque ello sea algo que va en contra de los demás o de sí mismo.

Esa es la realidad que la experiencia nos da a conocer. Si el hombre se abandona a sus instintos, acaba convirtiéndose en un ser egoísta y cruel, que sólo busca su provecho personal e inmediato... Pero Dios ha querido que su Hijo sea hijo de mujer, para que nosotros, los nacidos de mujer, seamos hijos de Dios. Así lo atestigua en nuestro interior la fuerza del Espíritu Santo que nos impulsa de modo irresistible a decir “Abba”, ¡Padre!, con toda la confianza y el abandono que un niño pequeño tiene con su padre.

3.- "Y María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón" (Lc 2,19)La Virgen estaba ruborizada y llena de asombro. Ella guardó silencio cuando el Arcángel le anunció de parte de Dios que sería la madre del Redentor. Ella lo creyó firmemente, pero no se atrevió a decir nada, ni siquiera a José. Era algo tan íntimo y tan grandioso que lo guardaba discretamente en su interior, callada y serena ante el Misterio que en su seno tomaba cuerpo. Pero el Señor irá desvelando su secreto. Primero será José quien en sueños se entera del prodigio de la Encarnación del Verbo.

Luego Isabel descubrirá que ante ella está la Madre del Mesías y la llamará bendita entre las mujeres. Más tarde serán los pastores, quienes en la noche llegarán con sus ofrendas y sus cantos. Ellos contarán que los Ángeles les han anunciado el nacimiento de aquel Niño, el Rey de Israel. Luego Simeón y Ana... La Madre de Jesús callaba y lo contemplaba todo en lo más íntimo de su ser, sin encontrar palabras para expresar sus sentimientos, sin poder decir nada que expresara su entrañable y profunda dicha. Pero aquel silencio era tan clamoroso que aún resuena y resonará en el corazón de los hombres.


6.- LA PAZ JUNTO A MARÍA, MADRE DE TODOS

Por Ángel Gómez Escorial

1. - La misa del primer día del Año Nuevo está dedicada a Santa María, Madre de Dios. También la fecha es Jornada de la Oración por la Paz. San Pablo alude a la venida del Hijo de Dios, nacido de mujer. María en el relato de San Lucas recibe el testimonio de alegría de los pastores según el mensaje de los ángeles y los medita en su corazón. A lo largo de toda su vida la Madre de Jesús repetirá esa observancia silenciosa de la realidad del Hijo de Dios. Es difícil -por no decir imposible- separar de la Redención, del paso del Cristo por la tierra, la figura y los sentimientos de María.

2. - Tiene un especial significado dedicar la primera celebración litúrgica del año a María. Tal vez ella nos mirará con indulgencia a esa gran mayoría de personas que, sin duda, llegaremos al templo sin haber dormido mucho y tras celebrar alegre y ruidosamente la llegada del nuevo año. No será María quien esté en contra de cualquier manifestación de sana y gran alegría. Aunque cada uno es libre para organizar su vida como quiera --diríamos como cristianos que lo único, no permisible, es el pecado-- parece más que pertinente dedicar tiempo a las celebraciones de estas fiestas. El nacimiento de Jesús nos llenaba de una alegría profunda, porque Jesús se había hecho presente en nuestras vidas. Y ahora queremos reiterarla al referirnos a las celebraciones del Año Nuevo. El viejo dicho teresiano de que "un santo triste es un triste santo", podría aplicarse a nosotros -rebajando, claro, la condición de santos, que no lo somos- y decir así que un cristiano triste es triste cristiano. No es el cristianismo una religión de tristes y atormentados. Es bueno aprovechar las ocasiones adecuadas para desbordar nuestra alegría en compañía de familiares y amigos.

3. - La otra parte de la celebración está dedicada a la paz. Y hace falta. No termina de llegar la paz a la tierra que vio nacer a Jesús. Un largo conflicto entre israelíes y palestinos permanece ahí pero con insuficientes perspectivas. El cristiano solo puede ser pacífico. Debe construir la paz. Ese mensaje está en las bienaventuranzas. Y es importante que este primer día del año 2007, dedicado a la Santísima Virgen, le pedimos a ella por la paz. Por una paz completa y total que recuerde a las profecías de Isaías. Eso no debe ser una utopía. Y sí una realidad posible. Recemos, hoy día 1, por la paz de todos. En el mundo, en las naciones, en las ciudades, en los barrios, en las familias. Los ángeles de la Nochebuena nos lo dijeron claramente: "... y paz a los hombres que ama el Señor".


LA HOMILIA MÁS JOVEN


VIDA INTERIOR DE MARÍA

Por Pedrojosé Ynaraja

1.- No puedo ignorar, mis queridos jóvenes lectores, que hoy, vosotros, estaréis pensando que es Año Nuevo y nada más. Y no seré yo quien os recrimine por ello. Cuando era pequeño, y de esto hace muchos años, la fiesta se llamaba de la Circuncisión del Señor (y todavía hay una cierta resonancia del hecho ritual judío, que se practicó al Niño Jesús al cabo de una semana de haber nacido, en la liturgia de esta jornada). Después, quisieron que fuera, simplemente, la octava de Navidad, un título que suena a secundario y no tuvo éxito. También se le llama el día de la paz, pero las normas litúrgicas nos dicen que no celebremos hoy la misa correspondiente a ello. Por fin se ha quedado con el nombre de Santa María, Madre de Dios y, aunque a esta advocación, que yo sepa, no le corresponde ningún nombre de mujer, lo cual facilitaría su notoriedad, permanece, la fiesta cristiana, con este título.

2.- La grandeza de María reside en su radical fidelidad a Dios. Esto por lo que respecta a lo que ella quiso ser. Pero, como la inmensa y portentosa imaginación de Dios tuvo la ocurrencia de llegarse al planeta Tierra para quedarse en él, quiso que este hecho insólito fuera la consecuencia de otro que no lo era menos. Decidió estar presente en el mundo como cualquiera de nosotros hemos llegado a conseguirlo: teniendo una gestación en una mujer, María, que lo dio a luz. Llegar a ser hombre, el que era sólo Dios, mediante un vínculo, que nos suena a cosa de poca monta: aparecer en un seno femenino, como minúsculo embrión, nacer, salir a llorar, reír, sonreír, comer y defecar, como cualquier hijo de vecino. Suena a cosa de poca monta, pero, si reflexionamos un momento, veremos que se trata de un misterio, un prodigio portentoso.

Era preciso, para tales cosas, que la criatura que colaborara fuera de una absoluta pureza, como el mejor diamante espiritual. Estoy recordado la inmaculada concepción de esta predilecta hija de Dios. Parecería que lo dicho es suficiente, pero debo añadiros algo, pues, de otro modo, me comportaría yo, como un hijo mal nacido.

3.- Recuerdo un libro muy original, de profunda vida religiosa, escrito e ilustrado por una monja. Lo que sorprendía, al tomarlo en las manos, era, sin duda, los dibujos de cada página, digamos al estilo de los de nuestro Mingote, para que se entienda, que iban acompañados de una corta frase. La que hoy quiero recordar es la siguiente. Se le apareció al protagonista una figura especial, vestida de recogimiento, y le dijo: has de saber que la vida interior es una vida que es interior. Lo dicho fue suficiente para dejarlo atónito y desaparecer de inmediato. Recuerdo esta sentencia porque, en el texto del evangelio de hoy se dice: su madre conservaba cuidadosamente todas las cosa en su corazón (ver 51) habiendo dicho anteriormente (ver 19) Maria por su parte guardaba todas estas cosas, y las meditaba en sus corazón. (Ambos textos pertenecen al capítulo segundo del de San Lucas).

4.- Esta vida interior de María fue su íntimo secreto, su preciado tesoro, que después, en llegando a la eternidad, se desveló y sigue desvelándose. Porque fue grande y profundo su interior, pudo enriquecerse sin medida y pudo enriquecer y contagiar a quienes se acercan a ella. Mis queridos jóvenes lectores, cultivar la vida interior no es un buen negocio. No aumenta ni los caudales públicos, ni los dividendos de las multinacionales, ni siquiera los negocios del más pequeño tendero de barrio periférico. Pero esta labor enriquece a toda la humanidad, como la atmósfera que rodea el planeta Tierra, que la nutre con su oxigeno y forma a su vez protector escudo de radiaciones malignas, que nos pudieran llegar. Problema mucho más importante que el agujero de ozono que aumenta, según dicen los científicos, augurando futuras desgracias colectivas, es la pobreza de vida espiritual que deja desnudos a tantos hombres, que se mueven por ambientes donde es imposible cultivarla. El ruido, la música excesiva, los impulsos consumistas, la falta de deseo de que lo que uno aprende sirva para provecho en la vida personal y colectiva son terribles males, plagas que se propagan. (por si no habéis entendido lo que quería decir, os lo escribiré de otra manera: me asustan aquellos que, al recordarles una cuestión, te dicen tranquilamente: ¡ay!, de esto me examiné hace dos años y ya lo tengo olvidado). María no olvidó nada y, con su esposo José, elaboró el más portentoso prodigio: la sagrada Familia. Habrá que tener sensores espirituales siempre a punto para que el Hijo de Dios, el hijo también de María, pueda ser nuestro salvador, es decir, nuestro Jesús, que es lo que significa el nombre que le pusieron a los ocho días de nacer. (por si no lo recordáis los sensores espirituales reciben, desde antiguo, el nombre de examen de conciencia)