MENSAJE DE NAVIDAD DE BENEDICTO XVI

CIUDAD DEL VATICANO (ZENIT.org).- Publicamos el mensaje de Navidad que leyó Benedicto XVI a mediodía del Día de Navidad desde el balcón de la fachada de la Basílica de San Pedro del Vaticano ante decenas de miles de peregrinos.

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"Salvator noster natus est in mundo" (Misal Romano). ¡"Nuestro Salvador ha nacido en el mundo"! Esta noche, una vez más, hemos escuchado en nuestras Iglesias este anuncio que, a través de los siglos, conserva inalterado su frescor. Es un anuncio celestial que invita a no tener miedo porque ha brotado una "gran alegría para todo el pueblo" (Lc 2,10). Es un anuncio de esperanza porque da a conocer que, en aquella noche de hace más de dos mil años, "en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor" (Lc 2,11). Entonces, a los pastores acampados en la colina de Belén; hoy, a nosotros, habitantes de este mundo nuestro, el Ángel de la Navidad repite: "Ha nacido el Salvador; ha nacido para vosotros. ¡Venid, venid a adorarlo!".

Pero, ¿tiene todavía valor y sentido un "Salvador" para el hombre del tercer milenio? ¿Es aún necesario un "Salvador" para el hombre que ha alcanzado la Luna y Marte, y se dispone a conquistar el universo; para el hombre que investiga sin límites los secretos de la naturaleza y logra descifrar hasta los fascinantes códigos del genoma humano? ¿Necesita un Salvador el hombre que ha inventado la comunicación interactiva, que navega en el océano virtual de Internet y que, gracias a las más modernas y avanzadas tecnologías mediáticas, ha convertido la Tierra, esta gran casa común, en una pequeña aldea global? Este hombre del siglo veintiuno, artífice autosuficiente y seguro de la propia suerte, se presenta como productor entusiasta de éxitos indiscutibles.

Lo parece, pero no es así. Se muere todavía de hambre y de sed, de enfermedad y de pobreza en este tiempo de abundancia y de consumismo desenfrenado. Todavía hay quienes están esclavizados, explotados y ofendidos en su dignidad, quienes son víctimas del odio racial y religioso, y se ven impedidos de profesar libremente su fe por intolerancias y discriminaciones, por ingerencias políticas y coacciones físicas o morales. Hay quienes ven su cuerpo y el de los propios seres queridos, especialmente niños, destrozado por el uso de las armas, por el terrorismo y por cualquier tipo de violencia en una época en que se invoca y proclama por doquier el progreso, la solidaridad y la paz para todos. ¿Qué se puede decir de quienes, sin esperanza, se ven obligados a dejar su casa y su patria para buscar en otros lugares condiciones de vida dignas del hombre? ¿Qué se puede hacer para ayudar a los que, engañados por fáciles profetas de felicidad, a los que son frágiles en sus relaciones e incapaces de asumir responsabilidades estables ante su presente y ante su futuro, se encaminan por el túnel de la soledad y acaban frecuentemente esclavizados por el alcohol o la droga? ¿Qué se puede pensar de quien elige la muerte creyendo que ensalza la vida?

¿Cómo no darse cuenta de que, precisamente desde el fondo de esta humanidad placentera y desesperada, surge una desgarradora petición de ayuda? Es Navidad: hoy entra en el mundo "la luz verdadera, que alumbra a todo hombre" (Jn 1, 9). "La Palabra se hizo carne, y acampó entre nosotros" (ibíd. 1,14), proclama el evangelista Juan. Hoy, justo hoy, Cristo viene de nuevo "entre los suyos" y a quienes lo acogen les da "poder para ser hijos de Dios"; es decir, les ofrece la oportunidad de ver la gloria divina y de compartir la alegría del Amor, que en Belén se ha hecho carne por nosotros. Hoy, también hoy, "nuestro Salvador ha nacido en el mundo", porque sabe que lo necesitamos. A pesar de tantas formas de progreso, el ser humano es el mismo de siempre: una libertad tensa entre bien y mal, entre vida y muerte. Es precisamente en su intimidad, en lo que la Biblia llama el "corazón", donde siempre necesita ser salvado. Y en la época actual postmoderna necesita quizás aún más un Salvador, porque la sociedad en la que vive se ha vuelto más compleja y se han hecho más insidiosas las amenazas para su integridad personal y moral. ¿Quién puede defenderlo sino Aquél que lo ama hasta sacrificar en la cruz a su Hijo unigénito como Salvador del mundo?

"Salvator noster", Cristo es también el Salvador del hombre de hoy. ¿Quién hará resonar en cada rincón de la Tierra de manera creíble este mensaje de esperanza? ¿Quién se ocupará de que, como condición para la paz, se reconozca, tutele y promueva el bien integral de la persona humana, respetando a todo hombre y toda mujer en su dignidad? ¿Quién ayudará a comprender que con buena voluntad, racionabilidad y moderación, no sólo se puede evitar que los conflictos se agraven, sino llevarlos también hacia soluciones equitativas? En este día de fiesta, pienso con gran preocupación en la región del Oriente Medio, probada por numerosos y graves conflictos, y espero que se abra a una perspectiva de paz justa y duradera, respetando los derechos inalienables de los pueblos que la habitan. Confío al divino Niño de Belén los indicios de una reanudación del diálogo entre israelíes y palestinos que hemos observado estos días, así como la esperanza de ulteriores desarrollos reconfortantes. Confío en que, después de tantas víctimas, destrucciones e incertidumbres, reviva y progrese un Líbano democrático, abierto a los demás, en diálogo con las culturas y las religiones. Hago un llamamiento a los que tienen en sus manos el destino de Irak, para que cese la feroz violencia que ensangrienta el País y se asegure una existencia normal a todos sus habitantes. Invoco a Dios para que en Sri Lanka, en las partes en lucha, se escuche el anhelo de las poblaciones de un porvenir de fraternidad y solidaridad; para que en Darfur y en toda África se ponga término a los conflictos fraticidas, cicatricen pronto las heridas abiertas en la carne de ese Continente y se consoliden los procesos de reconciliación, democracia y desarrollo. Que el Niño Dios, Príncipe de la paz, haga que se extingan los focos de tensión que hacen incierto el futuro de otras partes del mundo, tanto en Europa como en Latinoamérica.

"Salvator noster": Ésta es nuestra esperanza; este es el anuncio que la Iglesia hace resonar también en esta Navidad. Con la encarnación, recuerda el Concilio Vaticano II, el Hijo de Dios se ha unido en cierto modo a cada hombre (cf. Gaudium et spes, 22). Por eso, puesto que la Navidad de la Cabeza es también el nacimiento del cuerpo, como enseñaba el Pontífice san León Magno, podemos decir que en Belén ha nacido el pueblo cristiano, cuerpo místico de Cristo en el que cada miembro está unido íntimamente al otro en una total solidaridad. Nuestro Salvador ha nacido para todos. Tenemos que proclamarlo no sólo con las palabras, sino también con toda nuestra vida, dando al mundo el testimonio de comunidades unidas y abiertas, en las que reina la hermandad y el perdón, la acogida y el servicio recíproco, la verdad, la justicia y el amor.

Comunidad salvada por Cristo. Ésta es la verdadera naturaleza de la Iglesia, que se alimenta de su Palabra y de su Cuerpo eucarístico. Sólo redescubriendo el don recibido, la Iglesia puede testimoniar a todos a Cristo Salvador; hay que hacerlo con entusiasmo y pasión, en el pleno respeto de cada tradición cultural y religiosa; y hacerlo con alegría, sabiendo que Aquél a quien anuncia nada quita de lo que es auténticamente humano, sino que lo lleva a su cumplimiento. En verdad, Cristo viene a destruir solamente el mal, sólo el pecado; lo demás, todo lo demás, lo eleva y perfecciona. Cristo no nos pone a salvo de nuestra humanidad, sino a través de ella; no nos salva del mundo, sino que ha venido al mundo para que el mundo se salve por medio de Él (cf. Jn 3,17).

Queridos hermanos y hermanas, dondequiera que os encontréis, que llegue hasta vosotros este mensaje de alegría y de esperanza: Dios se ha hecho hombre en Jesucristo; ha nacido de la Virgen María y renace hoy en la Iglesia. Él es quien lleva a todos el amor del Padre celestial. ¡Él es el Salvador del mundo! No temáis, abridle el corazón, acogedlo, para que su Reino de amor y de paz se convierta en herencia común de todos. ¡Feliz Navidad!

[Traducción del original italiano distribuida por la Santa Sede © Copyright 2006 - Libreria Editrice Vaticana]


HOMILÍA DE BENEDICTO XVI EN LA MISA DE NOCHEBUENA

CIUDAD DEL VATICANO (ZENIT.org).- Publicamos la homilía que pronunció Benedicto XVI durante la misa de Navidad que celebró en la Nochebuena, en la basílica de san Pedro del Vaticano.

TEXTO INTEGRO

¡Queridos hermanos y hermanas!

Acabamos de escuchar en el Evangelio lo que en la Noche santa los Ángeles dijeron a los pastores y que ahora la Iglesia nos proclama: « Hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un salvador, el Mesías, el Señor. Y aquí tenéis una señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre » (Lc 2,11s.). Nada prodigioso, nada extraordinario, nada espectacular se les da como señal a los pastores. Verán solamente un niño envuelto en pañales que, como todos los niños, necesita los cuidados maternos; un niño que ha nacido en un establo y que no está acostado en una cuna, sino en un pesebre. La señal de Dios es el niño, su necesidad de ayuda y su pobreza. Sólo con el corazón los pastores podrán ver que en este niño se ha realizado la promesa del profeta Isaías que hemos escuchado en la primera lectura: « un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado. Lleva al hombro el principado> (Is 9,5). Tampoco a nosotros se nos ha dado una señal diferente. El ángel de Dios, a través del mensaje del Evangelio, nos invita también a encaminarnos con el corazón para ver al niño acostado en el pesebre.

La señal de Dios es la sencillez. La señal de Dios es el niño. La señal de Dios es que Él se hace pequeño por nosotros. Éste es su modo de reinar. Él no viene con poderío y grandiosidad externos. Viene como niño inerme y necesitado de nuestra ayuda. No quiere abrumarnos con la fuerza. Nos evita el temor ante su grandeza. Pide nuestro amor: por eso se hace niño. No quiere de nosotros más que nuestro amor, a través del cual aprendemos espontáneamente a entrar en sus sentimientos, en su pensamiento y en su voluntad: aprendamos a vivir con Él y a practicar también con Él la humildad de la renuncia que es parte esencial del amor. Dios se ha hecho pequeño para que nosotros pudiéramos comprenderlo, acogerlo, amarlo. Los Padres de la Iglesia, en su traducción griega del antiguo Testamento, usaron unas palabras del profeta Isaías que también cita Pablo para mostrar cómo los nuevos caminos de Dios fueron preanunciados ya en el Antiguo Testamento. Allí se leía: « Dios ha cumplido su palabra y la ha abreviado» (Is 10,23; Rm 9,28). Los Padres lo interpretaron en un doble sentido. El Hijo mismo es la Palabra, el Logos; la Palabra eterna se ha hecho pequeña, tan pequeña como para estar en un pesebre. Se ha hecho niño para que la Palabra esté a nuestro alcance. Dios nos enseña así a amar a los pequeños. A amar a los débiles. A respetar a los niños. El niño de Belén nos hace poner los ojos en todos los niños que sufren y son explotados en el mundo, tanto los nacidos como los no nacidos. En los niños convertidos en soldados y encaminados a un mundo de violencia; en los niños que tienen que mendigar; en los niños que sufren la miseria y el hambre; en los niños carentes de todo amor. En todos ellos, es el niño de Belén quien nos reclama; nos interpela el Dios que se ha hecho pequeño. En esta noche, oremos para que el resplandor del amor de Dios acaricie a todos estos niños, y pidamos a Dios que nos ayude a hacer todo lo que esté en nuestra mano para que se respete la dignidad de los niños; que nazca para todos la luz del amor, que el hombre necesita más que las cosas materiales necesarias para vivir.

Con eso hemos llegado al segundo significado que los Padres han encontrado en la frase: « Dios ha cumplido su palabra y la ha abreviado ». A través de los tiempos, la Palabra que Dios nos comunica en los libros de la Sagrada Escritura se había hecho larga. Larga y complicada no sólo para la gente sencilla y analfabeta, sino más todavía para los conocedores de la Sagrada Escritura, para los eruditos que, como es notorio, se enredaban con los detalles y sus problemas sin conseguir prácticamente llegar a una visión de conjunto. Jesús ha « hecho breve » la Palabra, nos ha dejado ver de nuevo su más profunda sencillez y unidad. Todo lo que nos enseñan la Ley y los profetas se resume en esto: « Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente… Amarás a tu prójimo como a ti mismo » (Mt 22,37-39). Esto es todo: la fe en su conjunto se reduce a este único acto de amor que incluye a Dios y a los hombres. Pero enseguida vuelven a surgir preguntas: ¿Cómo podemos amar a Dios con toda nuestra mente si apenas podemos encontrarlo con nuestra capacidad intelectual? ¿Cómo amarlo con todo nuestro corazón y nuestra alma si este corazón consigue sólo vislumbrarlo de lejos y siente tantas cosas contradictorias en el mundo que nos oscurecen su rostro? Llegados a este punto, confluyen los dos modos en los cuales Dios ha "hecho breve" su Palabra. Él ya no está lejos. No es desconocido. No es inaccesible a nuestro corazón. Se ha hecho niño por nosotros y así ha disipado toda ambigüedad. Se ha hecho nuestro prójimo, restableciendo también de este modo la imagen del hombre que a menudo se nos presenta tan poco atrayente. Dios se ha hecho don por nosotros. Se ha dado a sí mismo. Por nosotros asume el tiempo. Él, el Eterno que está por encima del tiempo, ha asumido el tiempo, ha tomado consigo nuestro tiempo. Navidad se ha convertido en la fiesta de los regalos para imitar a Dios que se ha dado a sí mismo. ¡Dejemos que esto haga mella en nuestro corazón, nuestra alma y nuestra mente! Entre tantos regalos que compramos y recibimos no olvidemos el verdadero regalo: darnos mutuamente algo de nosotros mismos. Darnos mutuamente nuestro tiempo. Abrir nuestro tiempo a Dios. Así la agitación se apacigua. Así nace la alegría, surge la fiesta. Y en las comidas de estos días de fiesta recordemos la palabra del Señor: « Cuando des una comida o una cena, no invites a quienes corresponderán invitándote, sino a los que nadie invita ni pueden invitarte (cf. Lc 14,12-14). Precisamente, esto significa también: Cuando tú haces regalos en Navidad, no has de regalar algo sólo a quienes, a su vez, te regalan, sino también a los que nadie hace regalos ni pueden darte nada a cambio. Así ha actuado Dios mismo: Él nos invita a su banquete de bodas al que no podemos corresponder, sino que sólo podemos aceptar con alegría. ¡Imitémoslo! Amemos a Dios y, por Él, también al hombre, para redescubrir después de un modo nuevo a Dios a través de los hombres.

Finalmente, se manifiesta un tercer significado de la afirmación sobre la Palabra hecha « breve » y « pequeña». A los pastores se les dijo que encontrarían al niño en un pesebre para animales, cuyo cobijo normal es el establo. Leyendo a Isaías (1,3), los Padres han deducido que en el pesebre de Belén había un buey y una mula. E interpretaron el texto en el sentido de que estos serían un símbolo de los judíos y de los paganos –por lo tanto, de la humanidad entera–, los cuales precisan de un salvador, cada uno a su modo: del Dios que se ha hecho niño. Para vivir, el hombre necesita pan, fruto de la tierra y de su trabajo. Pero no sólo vive de pan. Necesita sustento para su alma: necesita un sentido que llene su vida. Así, para los Padres, el pesebre de los animales se ha convertido en el símbolo del altar sobre el que está el Pan que es el propio Cristo: la verdadera comida para nuestros corazones. Y vemos una vez más cómo Él se hizo pequeño: en la humilde apariencia de la hostia, de un pedacito de pan, Él se da a sí mismo.

De todo eso habla la señal que les fue dada a los pastores y que se nos da a nosotros: el niño que se nos ha dado; el niño en el cual Dios se ha hecho pequeño por nosotros. Pidamos al Señor que nos dé la gracia de mirar esta noche el pesebre con la sencillez de los pastores para recibir así la alegría con la que ellos tornaron a casa (cf. Lc 2,20). Roguémoslo que nos dé la humildad y la fe con la que san José miró al niño que María había concebido del Espíritu Santo. Pidamos que nos conceda mirarlo con el amor con el cual María lo contempló. Y pidamos que la luz que vieron los pastores también nos ilumine y se cumpla en todo el mundo lo que los ángeles cantaron en aquella noche: «Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor». ¡Amén!

[Traducción del original italiano distribuida por la Santa Sede © Copyright 2006 - Libreria Editrice Vaticana]


BENEDICTO XVI ESCRIBE A LOS CATÓLICOS DE ORIENTE MEDIO PARA UNIRSE A SUS SUFRIMIENTOS

Y confiesa que espera poder visitar Tierra Santa

CIUDAD DEL VATICANO (ZENIT.org).- Ante las innumerables noticias de los sufrimientos que experimentan los católicos en los países de Oriente Medio, Benedicto XVI ha tomado papel y pluma para expresarles en una carta su cercanía. En la misiva, firmada el 21 de diciembre y publicada con motivo de la Navidad por la oficina de prensa de la Santa Sede, el pontífice confiesa además su deseo de poder visitar pronto Tierra Santa.

Al dirigirse al «pequeño rebaño» que constituyen esos cristianos, sumergidos en sociedades compuestas en amplía mayoría por creyentes de otras religiones, el Papa constata que esos países están «con frecuencia sometidos a manifestaciones de cruel violencia, que, además de causar grandes destrucciones, golpean sin piedad a personas indefensas e inocentes». «El sufrimiento, en el fundo, une a todos, y cuando uno sufre tiene que sentir ante todo el deseo de comprender lo que sufre quien se encuentra en una situación análoga», añade. «En las actuales circunstancias, caracterizadas por pocas luces y por demasiadas sombras, para mí es motivo de consuelo y de esperanza saber que las comunidades cristianas de Oriente Medio, cuyos intensos sufrimientos tengo muy presentes, siguen siendo comunidades vivas y activas, decididas a testimoniar su fe con su identidad específica en las sociedades que les rodean».

El Santo Padre espera «vivamente que la Providencia cree las circunstancias que permitan mi peregrinación en la tierra que fue santificada por los acontecimientos de la historia de la salvación». «De este modo, espero poder rezar en Jerusalén, patria del corazón de de todos los descendientes de Abraham, por la que experimentan un inmenso amor», afirma Benedicto XVI citando una expresión de Juan Pablo II. Ese Papa visitó Tierra Santa en marzo del año del jubileo del año 2000. Su predecesor, Pablo VI, viajó a Jerusalén en enero de 1964.


EN LA FIESTA DE ESTEBAN MÁRTIR, EL PAPA ORA POR LOS CRISTIANOS PERSEGUIDOS

VATICANO (ACI).- Al presidir el Ángelus este 26 de diciembre con ocasión de la fiesta de San Esteban Mártir, el Papa Benedicto XVI encomendó a María a los cristianos perseguidos en el mundo. El Pontífice explicó que la celebración de la fiesta del martirio de San Esteban al día siguiente de Navidad, “puede dejarnos confundidos, porque choca el contraste entre la paz y el gozo de Belén y el drama de Esteban, lapidado en Jerusalén en la primera persecución contra la naciente Iglesia”.

El Papa señaló que “San Esteban fue el primero en seguir las huellas de Cristo con el martirio; murió como el divino Maestro, perdonando y rezando por sus verdugos”. Además, explicó que durante los primeros cuatro siglos de la Iglesia, cuando todos los santos eran mártires, “su muerte no infundía miedo o tristeza, sino entusiasmo espiritual que suscitaba siempre nuevos cristianos”.

“Para los creyentes, el día de la muerte, y más aún el día del martirio, no es el fin de todo, sino el ‘tránsito’ hacia la vida inmortal, es el día del nacimiento definitivo, en latín, el dies natalis. “Se comprende entonces el vínculo que existe entre el ‘dies natalis’ de Cristo y el dies natalis de San Esteban. Si Jesús no hubiese nacido en la tierra, los hombres no habrían podido nacer en el Cielo. ¡Precisamente porque Cristo ha nacido, nosotros podemos ‘renacer’!”, exclamó el Papa.

El Pontífice encomendó finalmente a María “a cuantos son perseguidos y sufren, de diversa forma, por testimoniar y servir al Evangelio. Con especial cercanía espiritual, pienso en aquellos católicos que mantiene la propia fidelidad a la Sede de Pedro sin ceder a compromisos, muchas veces al precio de grandes sufrimientos”. “Toda la Iglesia admira este ejemplo y ora para que tengan la fuerza de perseverar, sabiendo que sus tribulaciones son fuente de victoria, aún si en el momento puedan parecer un fracaso”, concluyó.


LA FINANCIACIÓN DE LA IGLESIA EN ESPAÑA

MADRID (ZENIT.org).- Publicamos el artículo escrito por Fernando G. Barriocanal, vicesecretario Asuntos Económicos de la Conferencia Episcopal Española, aparecido este lunes en el diario «La Razón»

TEXTO DEL ARTÍCULO

El pasado 22 de septiembre, el Gobierno anunció públicamente el compromiso verbal alcanzado con la Iglesia católica en España en materia económica y que, en resumen, consistía en cuatro puntos: la elevación del porcentaje de asignación tributaria al 0,7%, la desaparición del complemento presupuestario, la eliminación de las exenciones y no sujeciones de IVA y la mejora de la memoria económica a presentar.

Dichos puntos de acuerdo precisaban la correspondiente instrumentación jurídica. Por una parte, el Gobierno tenía que incluir en la ley de Presupuestos el nuevo sistema de asignación tributaria, que supone la elevación del porcentaje y la desaparición de las cantidades mínimas a percibir por la Iglesia.

Por otro lado, era necesario que las partes se pusieran de acuerdo en el modo de interpretación de las exenciones y no sujeciones previstas en los acuerdos, y que habían sido interpretaciones, en materia de IVA, a través de la Orden Ministerial de 29 - II - 1988.

En ambos casos, se trataba de aspectos regulados en el Acuerdo entre la Santa Sede y el Estado. En cuanto a la asignación tributaria, el acuerdo preveía que, trascurrido un plazo, se sustituiría el mecanismo de dotación estatal por el de asignación. En la Nota firmada el viernes, la Santa Sede considera suficiente la elevación del coeficiente al 0,7%, con carácter estable e indefinido, tal y como lo establece la ley de Presupuestos, cerrando una etapa que ha durado 18 años. Con este paso, la Iglesia, para su sustentación básica, recibirá como colaboración sólo lo que los contribuyentes destinen a través del IRPF. El Estado no va a financiar con cargo a los Presupuestos el sostenimiento básico.

El otro aspecto tiene que con el modo de interpretar las exenciones previstas en el Impuesto sobre Valor Añadido (IVA). La Comisión Europea había instado al Gobierno a llegar a un acuerdo que supusiera la desaparición de dichos beneficios fiscales, reconociendo el derecho de la Iglesia a percibir la adecuada compensación. La Nota contempla lo acordado en septiembre. La elevación al 0,7% incluirá la asunción por parte de la Iglesia de la sujeción al IVA en los términos previstos. Se establece que ello no provoca ninguna lesión patrimonial a la Iglesia en tanto en cuanto se mantenga el sistema pactado, es decir, mientras no se alteran a la baja las condiciones establecidas en el acuerdo. La fórmula acordada tiene una doble vertiente: el Gobierno no tendrá que compensar a la Iglesia por la reinterpretación de estos beneficios fiscales mediante otros mecanismos (tal y como ocurre en Portugal). Por otra parte, la Iglesia obtiene la garantía de que la modificación del sistema a la baja se entendería como una lesión patrimonial y, en consecuencia, habría que establecer un mecanismo de compensación alternativo.

Es importante destacar que, en ningún caso, se trata de una modificación del Acuerdo de 1979, sino de la interpretación dada por la Orden Ministerial de 29 - II - 1988 al introducirse el IVA en España. Dicha Orden será derogada en breve. En todo caso, y como era lógico, la Nota contempla que todas las exenciones ya concedidas con anterioridad a la derogación de la Orden se mantendrán vigentes.

El intercambio de Notas Verbales, reconocido en Derecho Internacional, es sin duda una buena noticia, ya que otorga seguridad jurídica y estabilidad a los puntos de acuerdo alcanzados en septiembre y refleja con exactitud el contenido de los mismos.


NUEVO PASO ECUMÉNICO EN RUSIA

Representante del patriarcado de Moscú explica a católicos cómo tiene lugar la inculturación

MOSCÚ (ZENIT.org).- Por primera vez en lo que se ha dado en llamar «la nueva historia de las relaciones entre la Iglesia católica y ortodoxa rusa», un representante de esta última participó en un encuentro de sacerdotes y religiosos católicos en víspera de la Navidad. Se trata de un anual encuentro de la parte central de la arquidiócesis la Madre de Dios en Moscú. Por invitación de monseñor Tadeusz Kondrusiewicz, arzobispo de dicha arquidiócesis, el secretario para las relaciones intercristianas del Patriarcado de Moscú, el padre Igor Vyzhanov, asistió al encuentro, que tuvo lugar el pasado 21 de diciembre. La presencia del sacerdote ortodoxo cobra importancia no sólo por la fecha del en encuentro, sino porque además cierra un ciclo de intenso trabajo en el mejoramiento de las relaciones entre ambas Iglesias.

«La amistad que existe entre representantes del clero católico y ortodoxo no es fortuita: somos gente de un mismo espíritu y no podemos no ser amigos, debemos serlo», expresó el sacerdote Igor Vyzhanov. «La incomprensión que se da actualmente entre la Iglesia católica y ortodoxa rusa es anormal y paradójica», señaló, «no debemos ser rivales, ni enemigos; en Rusia nosotros no tenemos razones para reñir».

Durante las palabras que dirigió a los sacerdotes, religiosos y religiosas congregados en el encuentro, el representante ortodoxo se pronunció a favor de que «la comprensión recíproca que actualmente existe a nivel oficial en el enfoque de muchos problemas mundiales, baje también a nivel del sacerdocio común». A título personal, Vyzhanov comentó que comprendía las dificultades a las que se enfrentaban los sacerdotes, religiosas y religiosos provenientes de otros países al llegar a Rusia, sobre todo en lo referente a la inculturización: «como dicen: la mente no es capaz de comprender a Rusia, a Rusia -- apuntó enfático-- hay que entenderla con el corazón». Por eso, explicó, es necesario «comprender la psicología de sus habitantes para entonces actuar».

«En un principio las dificultades, como se habrán dado cuenta --expresó Vyzhanov--comienzan por la suspicacia que de entrada existe hacia occidente y hacia los cristianos de occidente. Bueno o malo, esto es un hecho». Explicó que como frecuentemente se menciona, dicho recelo está fundamentado en los cambios económicos, en el proceso de democratización y en la apertura a occidente, un proceso que comenzó hace 15 años y que, para la mayoría del pueblo ruso, a parte de la restauración al culto religioso, no ha traído cosas buenas.

Por lo anterior «me parece que cada representante del clero occidental al llegar a Rusia debe demostrar que ha venido en son de paz» y «romper el hielo» para vencer la suspicacia, apuntó el presbítero. A su parecer, los representantes del clero católico que vienen a servir a tierras rusas, deben actuar necesariamente con tacto extremo tomando en cuenta los rasgos culturales e históricos del país. Agregó que el trabajo o proyectos en conjunto son muy importantes para sobrepasar las barreras, así como el «no actuar sospechosamente», aspecto que recalcó varias veces.

Haciendo una analogía con sus labores diplomáticas dentro de la Iglesia ortodoxa rusa donde al llegar a un nuevo lugar busca siempre una cara conocida, un amigo, que le haga sentirse en confianza, Igor Vyzhanov invitó a los sacerdotes, religiosas y religiosos católicos presentes en Rusia a buscar a ese amigo, ese soporte, precisamente en la Iglesia ortodoxa: «Ese amigo, para ustedes, aquí, es nuestra Iglesia».

«Yo quisiera exhortarles a traer amistad. De entrada, estamos abiertos y preparados pero, si hay alguien que no lo está, su tarea es prepararlo. Sólo así se dará una fuerte amistad y espero que así sea», concluyó.


GESTO NAVIDEÑO DE OBISPOS URUGUAYOS Y ARGENTINOS SOBRE EL RÍO LIMÍTROFE

MONTEVIDEO, (ACI).- Obispos de Argentina y Uruguay realizarán hoy una celebración en el Puente “General San Martín” que une ambos países para orar por la paz de los pueblos ante la festividad de Navidad. El encuentro tendrá lugar en la mitad de la conexión vial, sobre el río Uruguay a las 8:00 p.m., hora de Uruguay. En el evento participarán Mons. Jorge Lozano, Obispo de Gualeguaychú (Argentina); Mons. Pablo Galimberti, Obispo titular de Salto (Uruguay) y Mons. Heriberto Bodeant, Obispo Auxiliar de Salto. Los pastores estarán acompañados por sacerdotes, familias y jóvenes de ambas diócesis. Según los organizadores del evento, “durante la celebración, se expresará la unidad y confraternidad de ambos pueblos mediante un signo que consistirá en el intercambio de una imagen del Niño de Belén para tener en las respectivas iglesias durante la fiesta de la Navidad”. Posteriormente y de manera conjunta se elevará la oración atribuida a San Francisco de Asís: “Hazme instrumento de tu paz”.

“La celebración se realiza en el marco de la preparación de la Navidad, como gesto de unidad y pidiendo al Niño Dios su sencillez de corazón para crecer en la comprensión y el amor fraterno”, concluye el comunicado.


"NO PUEDO SER SANTO SIN SER MISIONERO. NO PUEDO SER MISIONERO SIN SER SANTO"

Es el tema del Cuarto Congreso Nacional Misionero de las Obras Misionales Pontificias de Kenya

NAIROBI (Kenya) OMPRESS-) "No puedo ser santo sin ser misionero. No puedo ser misionero sin ser santo", es el tema del Cuarto Congreso Nacional Misionero de las Obras Misionales Pontificias de Kenia, que ha tenido lugar del 4 al 9 de diciembre. "El tema es una cita de la encíclica de Juan Pablo II Redemptoris Missio" explica el padre Eugenio Ferrari, Director de las Obras Misionales Pontificias de Kenia. En dicho Congreso han participado 64 personas procedentes de Murang'a, Ngong, Lodwar, Nakuru, Malindi, Marsabit, Mombasa, Machakos, Embu, Kericho, Nyahururu, Isiolo, Kakamega, Eldoret, Kisii, Nyeri, Meru, Bungoma, Kisumu, Kitui, Kitale y Homa Bay.

"El martes 5 de diciembre, el Congreso tuvo la gracia de contar con la presencia de 85 niños misioneros de Kisumu que recitaron y cantaron algunas poesías sobre la alegría de ser niños misioneros y subrayaron las dificultades que encuentran los niños en todo el mundo" dice el padre Ferrari. "El grupo de niños - continúa el misionero - se ha presentado con el dibujo de la bandera de la Santa Infancia, con el blanco de la pureza, el amarillo de la madurez y el rojo de la sangre del sacerdote francés, padre Gabriel Perboyre, martirizado en China en 1840 y bajo cuyo protección puso el fundador de la Santa Infancia la asociación y el himno cuyo título es: Somos los pequeños amigos de Jesús."

Entre las relaciones efectuadas en el Congreso estaban: No puedo ser santo sin ser misionero. No puedo ser misionero sin ser santo" de Mons. Anthony Muheria, Obispo de Embu; "La espiritualidad misionera de Maria" del P. Vincenzo Salemi, misionero de la Consolata, "La espiritualidad de la Santa Infancia" de Agnes Mwonjaru, Secretaria de las OMP; "¿Es el tiempo de un movimiento juvenil misionero en Kenia?" del P. Eugenio Ferrari. El próximo Congreso Nacional Misionero de Kenia se celebrará en diciembre del 2007.


CAMPAÑA 2007 DE LOS CANTORES DE LA ESTRELLA EN ALEMANIA

BAMBERG, BAVIERA ALEMANIA (OMPRESS) En Bamberg, Baviera, se reunirán el viernes 29 de diciembre unos 1.500 niños en representación de los grupos de los "Cantores de la Estrella" (Sternsinger) de la Infancia Misionera de toda Alemania, para la apertura oficial de su Campaña de solidaridad 2007. Ante la presencia de Su Exc. Mons. Ludwig Schick, Arzobispo de Bamberg, de Mons. Winfried Pilz, Presidente de la Infancia Misionera alemana, y del padre Andreas Mauritz, Presidente de la asociación de la juventud católica alemana (BDKJ), los niños recibirán solemnemente el mandato misionero. Por 49° año sucesivo los "Cantores de la Estrella" de la Infancia Misionera alemana irán por las calles de Alemania, siguiendo el lema de la campaña 2007: "Los niños dicen sí a la creación - Tianay ny Haritanan'Atra", y habiendo elegido como país símbolo de este año Madagascar.

Vistiendo los tradicionales vestidos de los Reyes Magos, con su estrella y sus cantos, los "Cantores de la Estrella" llaman durante el tiempo navideño y en los primeros días del año, a las puertas de las casas alemanas. Cerca de medio millón de niños de las 12.500 parroquias católicas de Alemania llevarán en estos días la bendición "C+M+B" ("Christus mansionem benedicat - Cristo bendiga esta casa") a las familias, recogiendo ofertas para sus coetáneos que sufren en todo el mundo. La campaña de los "Cantores de la Estrella" alemanes se ha convertido en la principal iniciativa de solidaridad en todo el mundo, que ve a los niños trabajar por sus coetáneos pobres.

Con una actitud positiva hacia la creación y la naturaleza, los "Cantores de la estrella" quieren subrayar que los niños de todo el mundo están particularmente atentos a la protección del entorno. Junto a sus educadores, los niños de la infancia Misionera quieren dirigir la mirada a los peligros que amenazan el entorno, en Madagascar y en tantos otros países del llamado "tercer mundo", y que los cambios climáticos obstaculizan su desarrollo. De este modo los niños demuestran que comparten los problemas de sus coetáneos. Los Cantores de la Estrella quieren trabajar para que en Madagascar y en otros países del mundo se promuevan medidas para la conservación de la naturaleza para la vida de los niños. Con los fondos recogidos en la Campaña 2007, se sostendrán, entre otros, proyectos de educación que enseñan a los niños como respetar la naturaleza.


UNA COMUNIDAD UNIDA EN LA FE Y EN LA ORACIÓN, DESPUÉS DEL ASESINATO DE UN LAICO CATÓLICO

CHENNAI (India) OMPRESS- "La comunidad católica está unida en la oración, en la fe y en la solidaridad. El episodio de la matanza del laico católico Jacob Fernández ha sacudido a los fieles. Pero no ha habido reacciones violentas. Tan solo la petición de justicia a las autoridades y la oración a Dios": lo ha dicho en un coloquio con la Agencia Fides Mons. Malayappan Chinnappa, Arzobispo Salesiano de Madras-Mylapore, contando la muerte de un laico católico ocurrida el 26 de noviembre pasado en el Santuario del Monte de Santo Tomás en Chennai, en el estado del Tamil Nadu (India meridional). Jacob era el gestor de la librería anexa al Santuario. Fue atacado por un hombre identificado como Ramesh Babu, de 37 años, que lo amenazó y atacó sin motivo, ante una muchedumbre de testigos impresionados presentes en el bookshop, matándolo con un machete. Según la reconstrucción, el hombre, en un estado de exaltación violenta, pidió ver al párroco y gritó reivindicando la propiedad hindú de la colina donde surge el Santuario. Después de matar a Jacob, el hombre dañó la estatua de San Francisco de Asís y una pintura de la Virgen Maria. La policía detuvo al homicida definiéndolo como "mentalmente inestable", pero los católicos del lugar señalan que el hombre, considerado como un fanático extremista en contacto con grupos violentos, tiene una página web en la que habla de la "verdadera fe", sembrando odio hacia las minorías religiosas.

Después del trágico episodio, la comunidad católica en Tamil Nadu, conducida por los dos Obispos Mons. Malayappan Chinnappa y Mons. Anthony Neethinathan, Obispo de Chinglepet, ha organizado una manifestación pacífica, en la que han marchado hasta el Santuario, rezando y celebrado una Santa Misa, expresando su solidaridad a los familiares de Jacob, que deja mujer y tres hijos. Según los testimonios de algunos fieles que lo conocieron, "Jacob era un laico católico muy devoto, que participaba todas las mañanas en la misa en el Santuario, y vivía su vida como una misión". El Santuario de Santo Tomás surge en el lugar donde murió el apóstol Tomás, primer evangelizador de la India, en el siglo I. El Papa Juan Pablo II lo visitó en su viaje a la India en 1986.


LOS MISIONEROS OBLATOS CELEBRAN 125 AÑOS DE PRESENCIA EN ESPAÑA

Fueron fundados por Eugenio de Mazenod en el sur de Francia

MADRID (IVICON).- La provincia de España de la Congregación de los Misioneros Oblatos de María Inmaculada comenzó, el pasado 8 de diciembre, la conmemoración del 125 aniversario de su presencia en España.Fundados en 1816, en el sur de Francia, por San Eugenio de Mazenod, llegaron a España en 1882 para ejercer de capellanes de las religiosas de la Sagrada Familia de Burdeos, y pronto se extendieron por nuestro país con distintas actividades educativas, de preparación para misiones extranjeras y trabajo en los barrios más desfavorecidos. En la actualidad, los Oblatos de la provincia de España, desarrollan su actividad a través de misiones populares y pastoral rural, desde el ministerio parroquias al envío de misioneros al Sahara, Argentina, Uruguay y Ucrania.