AÑO NUEVO, VIDAS NUEVAS

Por Ángel Gómez Escorial

Puede ocurrir en cualquier momento. Tal vez, minutos antes de cenar. O cuando se ha hecho silencio, tras la ruidosa y alegre celebración familiar del Año Nuevo. O en el momento de llegar a la cama esa noche. Poco importa --como digo-- cual sea la ocasión. Pero nos va a llegar. Rápidamente, haremos un balance grueso del año que termina y un propósito rápido para el año que comienza. Todo ello se refleja bien en el refrán castellano que dice: "Año Nuevo, Vida Nueva". Y los cambios suelen abundar. Los tiempos fronterizos son importantes. No es malo recapacitar sobre nuestra vida pasada, pero solo como camino de enseñanza. Y es que los aconteceres del --ya-- año pasado, me van a traer una evaluación de nuestra vida y, sin duda, un deseo de mejorar.

San Pablo habla mucho del "hombre nuevo". Hay que revestirse de esa novedad y "enterrar" al hombre viejo. Es de suponer que el cambio dado por los paganos convertidos sería impresionante. También, para los judíos que reconocían la divinidad de Jesús. Unos vivían en un mundo insolidario, inmoral y, en algunos casos, embrutecido. La cultura --la gran cultura grecorromana-- era un privilegio de unos pocos. Los judíos estaban inmersos en una religión que solo tenía normas y en una fuerte influencia de las supersticiones venidas de todo lugar. Si bien eran drásticos a la hora de admitir la adoración a cualquier otro dios que no fuera Yahvé, no lo eran tanto a la hora de aceptar otras "creencias menores".

LA NOVEDAD DEL EVANGELIO

En fin que el hombre y la mujer nuevos por el efecto del Evangelio construían sus vidas nuevas muy diferenciadas de lo anterior. No es muy diferente para las gentes de nuestro tiempo, que abandonando los viejos modos, abracen el seguimiento de Cristo. La sociedad occidental moderna tiene muchos aspectos de "barniz cristiano" que, por supuesto, no es cristianismo. Ya hemos dicho alguna vez que nuestro mundo actual se parece, en algunas cosas, al tiempo de los paganos.

Un buen argumento para obtener o consolidar nuestra conversión es pedírselo a Dios Padre, en nombre de su Hijo Jesucristo. Sabemos que El no nos va a negar nada que pidamos en nombre de su Hijo. Pero debe estar presente nuestra dedicación a ese trabajo de seguimiento de Jesús. En ese camino no faltará la ayuda de Dios. Siempre que, orando, pidamos ayuda para nuestro camino espiritual, llegará. Será mediante una muy especial comprensión de un párrafo en un libro, que antes nos parecía oscuro. Una frase de especiales brillos, surgida, tal vez, de una homilía un tanto átona, que escuchamos sin especial disposición. Un sin importancia pero que rezuma el sentimiento fehaciente de que Dios está cerca. Se habla mucho del silencio de Dios. Y nada podemos decir de ello, porque los testimonios que hablan de ello son importantes. Pero, ¿no será que esperemos la gran declaración y despreciamos el mensaje mínimo? Hemos de estar atentos a esas indicaciones de Dios, que nos llegaran siempre como un susurro y muy pocas veces como un viento impetuoso.

CAMINO DE CONVERSIÓN

Y es que el camino de conversión está lleno de momentos y de matices. Los tiempos fríos y oscuros existen. Pero es probable que nosotros mismos, con nuestros despistes o autoengaños contribuyamos decididamente a la importancia de esos tiempos. Pero es muy bello hacer nuestro propósito de ser mejores en --como decía-- estos tiempos fronterizos del Año Nuevo. Si nuestros propósitos están dichos a Dios con toda confianza van a hacerse realidad. Aunque, probablemente, haya alguna diferencia entre lo que nosotros habíamos esperado y lo que nos llegue. Pero no importa, porque de una forma u otra vamos a gustar de la cercanía del Señor.