TALLER DE ORACIÓN

A LA VIRGEN DEL ROSARIO

Por Julia Merodio

Alguna vez he escrito sobre el rosario, pero nunca en esta advocación de la Virgen del Rosario, por eso quiero dedicar esta semana de octubre para honrar a María desde el rezo del Rasarlo. Es verdad que se sigue rezando el rosario, pero seria bueno plantearnos lo que, de verdad, supone rezarlo y orarlo.

No tenemos que ir demasiados años atrás, para ver a mucha gente con el rosario entrelazado en sus manos, era incluso, síntoma de prestigio; pero eso ha desparecido. No son demasiadas las iglesias donde el rosario se rece con asiduidad, las familias han sustituido esta gran devoción por el ruido del televisor y, en general se tiene la sensación de que el rosario es algo aburrido, monótono, desfasado y anticuado. Quizá después de oír esto os venga una pregunta a la cabeza ¿Acaso María rezó el rosario?

Pues, ciertamente María no rezó el rosario. María vivió el Rosario. Cada misterio pertenece a un trozo de su vida, pero también a un trozo de la nuestra. Si de verdad estamos vivos tendremos momentos de gozo, de alegría, de dolor, de luz –como añadió nuestro querido, Papa, Juan Pablo II- . Por eso os pido que hoy nos acerquemos al rosario desde una opción seria, porque así podremos hacer vida en nosotros cada misterio y nos ayudará a crecer y madurar.

Por eso quiero decirte hoy a ti, personalmente: no reces el rosario, Ora el Rosario. Contémplalo, entra en lo que dices, saboréalo, no corras para terminar pronto, no hagas un maratón de misterios. Deja espacios para que te hable Dios. Pídele al Señor que te ilumine, deja que Él lo rece contigo y pídele a la Madre que te enseñe a rezarlo y te acompañe como acompañaba a los discípulos.

MISTERIOS LUMINOSOS

Para este recorrido me ha parecido oportuno decantarme por los misterios luminosos ya que, posiblemente sean menos conocidos que los tradicionales.

Y, ciertamente son luminosos, ellos han sido, son y serán Luz para las naciones y los pueblos.

Primer Misterio.- El Bautismo de Jesús. Como signo de conversión y perdón.

La aparición pública de Jesús comienza en el Jordán. Una gran masa de gente llega allí para dejar su pecado y Jesús se mezcla con ellos, se mete en las aguas fangosas y se deja salpicar por todos los pecados de la humanidad.

Jesús es nuestro Jordán.

Bautismo.

Sumergirnos en Cristo.

Participar de su misión.

Renacer por medio del Agua y del Espíritu.

Sumergirnos en Cristo.-

El bautismo optado, en adulto, es como entrar en el Jordán, enterrar nuestro pecado y salir renovados.

En el origen no estaba el pecado original. Estaba el sueño amoroso de Dios: el amor, la vida, la plenitud... En el plan de Dios no estaba el pecado.

Por eso no podemos anclarnos en la negatividad. Somos criaturas amadas y queridas por Dios.

Esto no puede taparnos el saber, que estamos situados en un mundo donde hay lados oscuros y esos lados oscuros se sitúan, muchas veces, dentro de nosotros, dentro de cada uno en particular. Por tanto, aunque Dios no quería el pecado, tengo que ser conciente de que existe desamor dentro y fuera de mí.

Por eso hoy, vamos a dejar, de nuevo, que el agua de nuestro Bautismo lave nuestro corazón. Vamos a darnos cuenta de que Dios nos brinda, una vez más, la misericordia regeneradora y el perdón.

• Y así, con esta actitud rezamos juntos: Padrenuestro.

• Rezamos cinco avemarías y volvemos a quedar en silencio para volver a interiorizar:

Participar de su misión.-

Jesús llega a bautizarse al Jordán, porque tiene clara su misión. Él ha venido a cumplir la voluntad del Padre y la llevará a cabo hasta el final. Pero Jesús necesita seguidores, necesita a las personas. Él no es solitario ni, mucho menos, egocéntrico. Él es don, salido de sí, entregado sin límites por amor a todos los hombres.

Jesús se ha fijado en cada uno de nosotros. Somos protagonistas de la obra de la salvación.

Hemos elegido libremente ser cristianos e implicarnos en su misión. Y aquí está la realidad; Él nos ha hecho una oferta y nosotros hemos respondido desde la libertad más absoluta; debe de ser grandiosa la dimensión que tiene el testimonio de quien está dispuesto a dar razón de la fe y de la esperanza en medio del mundo.

No creas que esto no es para ti. Todos tenemos necesidad del bautismo, sin excepción, pues todos formamos un mismo cuerpo y todos tenemos un mismo Señor: Jesucristo.

Tomemos conciencia, seriamente, de que somos enviados a ser luz en medio de esta generación, y aparezcamos ante ella con el estilo de Jesús basado en las Bienaventuranzas. Ya que, seremos luz para los demás, cuando esta realidad ilumine nuestra vida. Pensad que:

No podremos hacer visible la novedad de Dios, si antes no hemos cambiado las profundidades de nuestro corazón.

• Rezamos las siguientes cinco Avemarías y gloria al Padre…

Segundo Misterio.- La auto revelación. (Boda en Caná) Como signo de cercanía y gratuidad.

Cuando seamos capaces de llenar nuestras “tinajas de agua”, de eso que aparentemente no tiene valor, de aquello que no seríamos capaces de ofrecer en un banquete, de aquello que, porque no cuesta, no nos parece valioso... el Señor aprovechará nuestra cooperación para que se realice el milagro.

Faltó el vino y la madre de Jesús le dijo: No les queda vino. Jesús le contestó: Mujer, déjame, todavía no ha llegado mi hora” (Juan 2, 2 – 3)

Lo que para nosotros pasa desapercibido, para una madre se hace palpable. La madre siempre ve a través de los tabiques de nuestro corazón. “No tienen vino”- dice a Jesús. “Todavía no ha llegado mi hora”.

A nosotros nos ha llegado la hora de la existencia. Vivimos en relación unos con otros y, personalmente hemos de trabajar y cuidar nuestra relación con los demás. No podemos esperar que nos lo den todo hecho:

Nosotros, somos los únicos responsables de nuestro amor.

Los que ya llevamos años de convivencia: esposos, padres, hijos, familia, amigos, grupos de parroquia… hemos experimentado que es difícil amar cuando es cosa de varios.

Nos hemos dado cuenta que es difícil madurar al unísono.

Y hemos experimentado el daño que hacen las confrontaciones.

Por eso hay algo con lo que tenemos que contar: La Generosidad.

Todas las personas humanas, con indiferencia del lugar y del tiempo en que les haya tocado vivir, han ansiado la felicidad que nace de la fraternidad, de la cercanía de sentirse querido; y nosotros no somos menos que ellos. Pero, ¿Somos felices? ¿Seguimos teniendo vino en nuestras reservas?

La felicidad, el amor y la libertad forman una trilogía inseparable y es difícil encontrar gente que las posea en racimo.

Yo creo que, entre otras muchas causas, existen algunas que nos llevan a ello:

La falta de información.

La falta de comunicación.

El dejarse arrastrar por la corriente.

Y la huída de la responsabilidad.

Por eso me alegra que, hoy, dediquemos nuestro tiempo de oración, a algo tan valioso para todos y que con tanta facilidad pasamos por alto: Mirar la necesidad de “vino nuevo” que tiene nuestra manera de convivir.

“Su madre dijo a los sirvientes: Haced lo que Él os diga” (Juan 2, 3 – 4)

La Madre se hace signo y llega la alegría inesperada. Estábamos acostumbrados al Dios del Antiguo Testamento, Dios de severidad y austeridad y la Madre nos ayuda a entender que Jesús esta fenomenal donde hay vida, alegría y amistad ¡Hagamos lo que Él nos diga!

• Y así, con esta actitud rezamos juntos: Padrenuestro.

• Rezamos cinco avemarías y volvemos a quedar en silencio para volver a interiorizar:

Llenad las tinajas de Agua.-

Nadie podía suponer que el vino que estaba sobre su mesa había sido suministrado directamente por Dios.

Ahora lo tenemos claro. Dios no ha venido solamente para llevar nuestras cruces; ha venido, también, para participar en nuestras alegrías. Jesús no ha ido a Caná para predicarnos la resignación y la templanza, sino para participar en una fiesta. Jesús ha ido a regalar; por eso se ha producido el milagro.

Recordemos lo que, un día, el Señor nos dijo a cada uno: Aquí os entrego el trozo de la creación que tenía destinado para vosotros desde siempre; cuidadlo, trabajadlo y hacedlo producir. Mirad que os lo doy en pequeñas semillas. A vosotros os corresponde hacerlas creced y multiplicarse.

Tendréis que amaros de tal manera que seáis un espejo donde se refleje mi amor, hecho de entrega y donación.

Pensad que tendréis que llenaros hasta que vuestra copa rebose; pues lo que rebose llegará a los demás y los primeros beneficiados serán vuestros hijos.

No podéis paraos. Vosotros iréis haciendo el camino. No os olvidéis de la meta que os habéis marcado y tened presente la importancia de caminar en la misma dirección y el mismo sentido.

Pero la vida es larga. Habrá momentos en que será de día y veremos todo con claridad. Habrá momentos, de noche, en los que no nos quedará más remedio que caminar a oscuras: ¡Dichosos vosotros si en ese momento sois capaces de juntas vuestras manos para no permitiros caer! Habrá momentos en que el camino se llenará de piedras y caeréis pero ahí estaréis juntos para ayudaros a poneos en pie. Sabiendo que no es más grande el que menos veces cae, sino el que siempre se levanta.

Qué importante, hacerle caso a la Madre, volvamos a escuchar, de nuevo, de sus labios: “¡Haced lo que Él os diga!

• Rezamos las siguientes cinco Avemarías y gloria al Padre…

(Vamos a quedarnos aquí, en el segundo misterio. Pretendía hacerlo más corto, pero veis que eso para mí es imposible, por tanto trataré de terminarlo la próxima semana, creo que merece la pena tener los cinco misterios)