LA ORACION DE Y CON JESUCRISTO


Don Antonio Pavía, tras completar su formidable trabajo de explicar, en óptica cristiana, los 150 salmos, inicia hoy un trabajo muy similar, pero tomando como base el Libro de la Sabiduría, del Antiguo Testamento. No hemos querido cambiar el titulo general de esta sección “La Oración para y con Jesucristo”, que nos acompañó durante el recorrido oracional con los salmos, porque, en realidad es lo mismo: se trata de Orar con Jesús de Nazaret, basándonos, en este caso, en el Libro de la Sabiduría.


PRÓLOGO PARA EL LIBRO DE LA SABIDURÍA
Por Antonio Pavía. Misionero Comboniano.

Queridos amigos de Betania:

Nuevamente me pongo en contacto con vosotros, esta vez para intentar, con la ayuda y gracia de Dios, sacar de las inagotables aguas vivas contenidas en el libro de la Escritura, la riqueza inestimable que es en sí la Palabra.

Es mi deseo hacerlo pausadamente, sin prisas, saboreando cada versículo a lo largo de sus nueve primeros capítulos, ya que éstos conforman el cuerpo y la esencia de este impresionante libro, fuente de inspiración y de crecimiento espiritual tanto para Israel como para la Iglesia. He tenido la intuición de escribir sobre el libro de la Sabiduría partiendo del hecho de que Jesucristo no divide a los hombres tanto en buenos y malos cuanto en sabios y necios (Mt 25,1-12).

Penetrando en el espíritu de las Escrituras, nos damos cuenta de que éstas definen al sabio como aquel que busca a Dios hasta que lo encuentra y lo conoce. Es un conocer bíblico que tiene sus etapas graduales. Empieza con una sensación de asombro ante el Dios que se le va manifestando en su interior y que da paso a la cercanía de su Presencia. A esta altura, el hombre siente cómo es conducido a una intimidad insospechable y que culmina en su estar con Él.

A este respecto, es necesario remitimos a la experiencia del Hijo de Dios.

Nos dice en el Evangelio de san Juan que Él conoce al Padre y guarda su Palabra (Jn 8,55). Con esta afirmación el Señor Jesús nos está catequizando en orden a nuestro camino de fe. Nos está instruyendo como Maestro, el único que puede hacerlo (Mt 23,8). Lo hace en términos que no deja lugar a dudas ni especulaciones: conoce al Padre porque guarda su Palabra.

La Palabra que el Hijo de Dios guarda en su corazón no es una vivencia espiritual estática. La vida misma del Padre, guardada en su espíritu, mueve sus pasos por el camino de su voluntad.

Jesucristo es aquel que, guardando la Palabra del Padre, le conoce lo suficiente como para fiarse de El, lo suficiente como para entrar en obediencia, lo suficiente como para arriesgarse a llevar a cabo la misión que le ha confiado. El conocer de Jesús al Padre tiene como punto de despliegue "su estar con Él". Recordemos que en la última cena Felipe le pidió que le mostrara al Padre. Oigamos su respuesta: "¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me conoces, Felipe? El que me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú muéstranos al Padre? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí...? Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí" (Jn 14,9-11).

Decía al principio que Jesucristo no divide a los hombres tanto en buenos y malos cuanto en sabios y necios. A esta altura, ya podemos reconocer quiénes son los sabios según Jesucristo. Son aquellos que conocen a Dios desde la Sabiduría que Él mismo ha sembrado en su corazón; aquellos que entran en relación con Dios desde la Palabra guardada en su espíritu.

Por otra parte, necios son aquellos que se relacionan con Dios únicamente desde su mente natural que, evidentemente, no está capacitada para comprender y penetrar su Misterio, tal y como nos lo indica el apóstol Pablo: "El hombre, de forma natural no capta las cosas del Espíritu de Dios..." (1Co 2,14).

Hablamos, pues, de la Sabiduría de Dios, y esto sin desdeñar en absoluto la realidad y potencialidad humana. En la búsqueda y conocimiento de Dios, tan nocivo es un extremo como el otro. Tan nocivo es caer en un fanatismo espiritualista como cerramos en nuestras posibilidades y capacidades simplemente naturales.

Dios es Misterio y, como tal, sólo es abordable con seriedad en la medida en la que Él mismo se nos da a conocer... Y se nos ha dado a conocer por medio de su Hijo.

El es quien abre nuestra inteligencia para que pueda darse este conocimiento. Conocimiento tan espiritual como real de Dios.

En esta nueva modalidad de relación, Dios libera las infinitas capacidades que tenemos para amar. Infinitas porque hacen parte de la imagen y semejanza suya con la que fuimos creados. Conforme el hombre va creciendo en tan peculiar y decisiva experiencia, su amor evoluciona hasta su más alta graduación, se convierte en: Amor a Dios y a los hombres. Amor que no deja de saciarse en Dios y que le lleva a acariciar las heridas de sus hermanos.

Insisto nuevamente en que la sabiduría viene de Dios. El apóstol Pablo no duda en llamar a su Hijo Jesucristo: Sabiduría de Dios (l Co 1,30). Al igual que Pablo, muchos Padres de la Iglesia reconocieron en el Señor Jesús la encarnación de la Sabiduría de Dios, tantas veces alabada y proclamada en el Antiguo Testamento, sobre todo en el libro de la Sabiduría que, si Dios quiere, iremos transmitiendo catequéticamente todas las semanas.

Termino este prólogo haciendo hincapié en la conciencia clarísima que tenía san Pablo de que es el espíritu de sabiduría y de revelación lo que nos posibilita el que se abran e iluminen los ojos de nuestro corazón para llegar a conocer a Dios, así como conocer también lo que Él hace por nosotros. Veamos cómo nos lo hace saber en una de sus cartas: "El Padre de la gloria, os conceda espíritu de sabiduría y de revelación para conocerle perfectamente; iluminando los ojos de vuestro corazón para que conozcáis cuál es la esperanza a la que habéis sido llamados por Él... y cuál la soberana grandeza de su poder para con nosotros los creyentes, conforme a la eficacia de su fuerza poderosa, que desplegó en Cristo..." (Ef 1,17-20).

Quiero, por último, agradecer a Ángel Gómez Escorial, Editor de Betania, por su generosidad y altitud de miras al dejarme colaborar en esta extraordinaria página web, acerca de la cual no tengo la menor duda que es un vehículo de gracia de Dios para muchísimas personas.