1.- MEDITACION DEL SANTO ROSARIO

Por Javier Leoz

Con el rezo del rosario, en octubre, van abriéndose ante Maria, el corazón de la fe y de la esperanza, el del amor o la entrega, el de la confianza o el servicio, el del dolor o el de la gloria. El rosario, en octubre, es… ¡rézalo y lo sabrás!

MISTERIOS DE GOZO

1º La Anunciación del Hijo de Dios

En el mes de octubre, la naturaleza que se duerme, nos habla de la presencia misteriosa y creadora de Dios.

Una voz sonó con especial fuerza en la vida ordinaria de María: “has encontrado gracia ante Dios”.

Que este Misterio que vamos a meditar, contribuya a descubrir la voz del Señor en nuestra propia vida.

Ofrecemos este Misterio por los que no abren sus ventanas a la existencia de Dios.

2º La visitación de la Virgen a su prima Santa Isabel

Visitar, conlleva el salir de uno mismo. María, lejos de quedarse disfrutando de lo que germinaba, en el interior de Ella, salió para comunicarlo.

El mundo necesita grandes comunicadores pero, sobre todo, buenas noticias. “¡Dichosa Tú que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor, se cumplirá”! Que el mensaje de la vida cristiana no lo encerremos entre las paredes de una fe íntima y cobarde.

Ofrecemos este Misterio por los testigos valientes de la fe. Especialmente, es este mes de octubre, por los misioneros.

3º El nacimiento de Jesús en Belén

Recientemente nos sorprendía una noticia sobre los “presuntos derechos de los simios”. ¿Dónde quedan los de los niños no-nacidos? ¿Tan mal está nuestra sociedad que somos capaces de defender cualquier especie, antes que al ser humano?

El Nacimiento de Jesús fue motivo de alegría para los que supieron ver, en su rostro, el gemido y el amor de Dios.

Este Misterio lo ofrecemos por los que gobiernan las naciones. Que dediquen sus ideas al bienestar y la dignidad, sobre todo, de las personas.

4º La Presentación del Señor en el templo

Con mucha frecuencia hemos escuchado que, lo importante, no es el culto a Dios sino el amor al prójimo. ¿Dónde está la fuente inagotable y constante de nuestro volcarnos por los demás? Nuestra comunión con Dios, el estar con El, en su presencia, en el Templo nos exige –no solamente amar – y sí amar sin agenda, sin condiciones, sin horario y sin distinciones.

Este Misterio lo ofrecemos por los que trabajan desinteresadamente, reconociendo el rostro de Jesús en los que sufren.

5º El Niño Jesús perdido y hallado en el templo

No hay peligro; si Jesús volviese, no nos llamaría la atención por “estar demasiado perdidos en el templo”. Los extremos son siempre malos. Ni una fe polarizada excesivamente en los actos piadosos, ni unos actos convertidos en simple altruismo sin referencia a Dios.

Este Misterio lo ofrecemos por los que armonizan fe y vida, eucaristía y compromiso, oración y trabajo.

MISTERIOS LUMINOSOS

1º El Bautismo de Jesús en el Jordán.

María, entre lo mucho de bueno que tuvo, fue precisamente el que culminó lo que prometió. Se comprometió en ser Madre de Jesús y, con pobreza y sencillez, lo llevó hasta sus últimas consecuencias.

El Bautismo no es flor de un día. Los cristianos tenemos que saber que, lo importante es –por supuesto ser hijos de Dios- pero, sobre todo, el crecer como hijos de Dios, orientarnos por su Palabra y trabajar por la gran familia que somos la iglesia.

Desgranamos estas Ave Marías por los que van a ser bautizados y por su padres

2º La autorrevelación de Jesús en Caná

La que sostuvo en sus brazos, siendo pequeño Jesús, pide su intervención para que no se rompa la fiesta.

La presencia de la madre (en nuestras familias y reuniones) es signo de entrega, abnegación y respuesta.

Meditemos este Misterio pidiendo a Dios por nuestras madres.

3º El anuncio del Reino invitando a la conversión

¿Convertirse? ¿De qué? ¿Para qué? ¿A quién? Son interrogantes que surgen de los corazones y de las conciencias que han perdido el vigor de la fe.

María, de una vida sencilla y sin grandes contrastes, tuvo también que convertirse a una vida de más sacrificio, sufrimiento y entrega.

Meditemos este Misterio, poniendo en las manos de María, las personas que se creen poseedoras de la verdad y seguras de sí mismas.

4º La Transfiguración del Señor

María, en su fidelidad a Dios, supo transfigurarse. No necesitó de ningún Monte Tabor elevado sobre el llano, ni muchos testigos a su alrededor.

Dios, en el día a día, la iba moldeando, haciéndola esposa de Dios Espíritu Santo. Sin saberlo Ella, la iba transfigurando, haciéndola también su predilecta, su amada.

Meditemos este Misterio, dejando ante la Virgen, nuestras intenciones. Que Dios las traspase con la fuerza de su amor y de su verdad.

5º La Institución de la Eucaristía

No se nos narra, en los evangelios, la presencia de María en el Cenáculo. Pero, ¿en qué gran fiesta de un hijo no está cerca la madre?

La Eucaristía es surtidor de amor, garantía de un constante servicio y acción de gracias por el ministerio del sacerdocio.

Meditemos este Misterio, con nuestros Ave Marías, por los sacerdotes

MISTERIOS DOLOROSOS

1. La Oración de Jesús en el Huerto

María nos enseña que, en la escuela de la oración, es donde se aprende de verdad a estar, vivir y no olvidar a Dios.

A veces ponemos tanto interés en los métodos de la evangelización, en las formas, etc., que olvidamos el secreto que la sostiene y la hace fructificar: la comunión con Dios.

Pidamos, con este Misterio, para que los cristianos usen más y mejor el teléfono de la oración.

2º La Flagelación del Señor

En el mes de octubre, si encontramos con una rosa, nos encontraremos enseguida con una espina.

Las grandes hazañas, no están exentas de complicaciones, de zancadillas o dificultades.

María, también vivió en propio cuerpo, el flagelo de la soledad o del llanto.

Pidamos, con este Misterio, por los que son constantemente apaleados por la mala suerte y por la dureza de las situaciones que les rodean.

3º La Coronación de espinas

Los jóvenes de la época moderna, están acostumbrados a disfrutar de tal manera que ya no distinguen entre lunes o domingo. Entre otras cosas porque, esta sociedad de los mayores, les hemos proporcionado la corona de espinas que produce la saciedad del ocio sin tregua.

Este Misterio lo ofrecemos por la juventud. Que sea consciente de que, la vida, también tiene sus riesgos y exige un equilibrio personal y colectivo.

4º Jesús con la cruz a cuestas

A cada uno nos duele allá donde nos aprieta. Jesús, camino del calvario, nos invita a contemplar el drama del mundo sufriente. No podemos decir aquello de “a mí, mucho más me pasa”.

María, desde la esquina de la Vía Dolorosa, nos recuerda que –en la Iglesia de los hijos de Dios- cuando uno sufre, todos sufrimos y, por lo tanto, todos hemos de ayudarnos.

Este Misterio lo ofrecemos por todos los enfermos y por aquellos que viven cerca de ellos.

5º La Crucifixión ya la Muerte del Señor

La cruz nos asusta, pero la del calvario, nos hace mirar al horizonte de la esperanza. María, al pie de la cruz, supo esperar a que, después de que la fruta fuese exprimida por la mano del hombre, se convirtiera en sangre de vida eterna.

Este Misterio lo rezamos recordando a tantos de nuestros difuntos que nos enseñaron el valor profundo de la cruz: el amor de Dios

MISTERIOS GLORIOSOS

1º La Resurrección del Hijo de Dios

Un cristiano que no crea en la resurrección futura, es de todo, menos un cristiano. Nuestro convencimiento y nuestro creer está basado en una gran verdad: Cristo Resucitó.

Así lo vivió Santa María, en el gran día primero de la semana, festejando y dando gracias porque la muerte había sido vencida.

Oremos, por intercesión de la Virgen María, para que los hombres de nuestro tiempo recuerden siempre que, después del invierno de la muerte, vendrá el regreso de la primavera de la vida que nos trajo Jesús.

2º La Ascensión de Jesús a los cielos

Un montañero, cuando sube a una cima, señala el camino para que otros lo emprendan y puedan llegar a la meta.

Jesús, en su Ascensión, cumple todo lo proyectado por Dios en El, con El y por El. Y, con su cabeza en el cielo, nos precede para que no olvidemos que estamos llamados a esa misma suerte.

Oremos, por intercesión de María, por los tristes, por los que sólo miran hacia el suelo olvidando la realidad del cielo.

3º La venida del Espíritu Santo

La tierra necesita menos huracanes y más brisa, menos tempestades y lluvia más fina.

El Espíritu Santo, como para los Apóstoles y María, es esa fuerza divina que nos transmite la huella de Dios, su presencia y el aliciente necesario para progresar y vivir como cristianos en el marco de nuestra Iglesia universal.

Oremos, por intercesión de María, para que valoremos este soplo de Dios que es el Espíritu Santo.

4º La Asunción de la Virgen

La humillación de María, encontró su exaltación y su podium por parte de Dios. ¡Cómo iba a conocer la profundidad de la tierra, Aquella que siempre vivió y trabajó pensando en el cielo!

La Asunción de María, es para nosotros, una motivación para adentrarnos por las sendas que escogió María para ser feliz, y hacer aún más feliz a Dios mismo y a la humanidad: los caminos de Jesús.

Oremos, por intercesión de María, por los pobres. Por los que no tienen pan, techo ni hogar.

5º La Coronación de María

Los trofeos que el mundo otorga, la mayoría de las veces, no son los más aplaudidos por las manos de Dios.

La Coronación de María es premio a su pobreza, constancia, verdad, transparencia, negación, obediencia, humildad, etc. ¿Enaltece y homenajea, todo esto, nuestra tierra?

Es bueno pensar que, premio no conseguido en la tierra, es premio merecido en el paraíso que espera.

Oremos, por intercesión de María, por todos los religiosos de vida activa y vida contemplativa. Que sigan trabajando allá donde Jesús y la iglesia les ha llamado.

EL ROSARIO EN OCTUBRE

El Rosario, son diapositivas que pasan por delante de nuestros ojos. En ellas, brilla la luz del gozo por la venida del Ángel anunciador, la Visitación de María a Isabel, el Nacimiento de Jesús en Belén, la Presentación del Señor en el templo o su reencuentro con la familia después de haber estado perdido.

El Rosario, es una película que tiene el fondo de la luz que irradia el Bautismo en el río Jordán, la revelación de Jesús en las bodas de Caná, su Anuncio invitando a la conversión, la Transfiguración en el Tabor o su presencia –misteriosa y permanente- en la Institución de la Eucaristía.

El Rosario, son imágenes enmarcadas en el dolor de un Cristo que ora antes morir, que permanece de pie en su Flagelación, despierto en la Coronación de Espinas, fuerte con la Cruz a Cuestas o con escasas palabras a la hora de morir en la cruz.

El Rosario, son momentos de gloria y de triunfo que emergen de la Resurrección del Señor, por su Ascensión al cielo, por la fuerza del Espíritu Santo en Pentecostés, por la Asunción de María a los cielos o por el despertar de conciencia que supone para todo cristiano el Misterio de su Coronación.

Sí; ciertamente.

El mes de octubre es esa gran pantalla gigante donde, a través del rosario, Dios nos va proyectando veinte imágenes que nos animan a vivir el gozo de la fe, a tomar la luz del evangelio, a ser conscientes del dolor que conlleva el ser seguidores de Jesús y, sobre todo, a gustar las horas de felicidad y de vida, de triunfo de claridad, de alegría y de eternidad que nos trajo la Resurrección de Cristo.

Todo ello, porque nos gusta, lo saboreamos –en cada diapositiva, imagen, película y momento- con el sonido del Ave María.

Todo ello en el otoño, en el comienzo de un nuevo curso, que es sinónimo de reflexión, lo fecundamos con diez Ave Marías en cada imagen. Porque, cada diapositiva divina, merece nuestra atención, contemplación y veneración, las pregonamos con un Padrenuestro. Y con él, le pedimos a Dios que nos haga entrar de lleno en el fondo del Misterio. Que nos haga disfrutar con el fruto de cada uno de esos veinte momentos con el Padre, el Hijo o el Espíritu.

El mes de octubre, por ser el tiempo donde la naturaleza duerme en multitud de colores y de contrastes, también el corazón del creyente se recoge para amar un poco más a Dios, por Maria.

El mes de octubre, por ser el tiempo en que todo vuelve a la calma, la mente del creyente se detiene –durante veinte minutos escasos- para contar, no los bienes materiales, y sí las 50 cuentas de un rosario que tienen sabor a gozo, fondo de luz, color de dolor, pero anuncio de gloria y definitiva vida para el que cree en Jesús y, por María, sabe encontrarlo y nunca perderlo.

Amén.

 

2.- OCTUBRE: EL MES DEL ROSARIO

Por Jesús Martí Ballester

Surgió el Rosario en el siglo XII en el mediodía francés, la herejía albigense, perniciosa y pertinaz, que ni el clero local ni los monjes cistercienses lograron desarraigar. Los albigenses enseñaban la existencia de dos dioses, uno del bien y otro del mal. El bueno creó todo lo espiritual. El malo, todo lo material. Para ellos, todo lo material es malo. El cuerpo es material; por tanto, el cuerpo es malo. Como Jesús tuvo cuerpo, Jesús no es Dios ni María es la Madre de Dios. También negaban los sacramentos. Rehusaban al Papa. También había factores políticos.

Aconteció que un canónigo español de la diócesis de Osma, tuvo que viajar a Dinamarca, con su obispo, Diego de Acevedo, y cuando regresaba, se detuvo y se entregó a la predicación contra la herejía. Era Domingo de Guzmán. Agotado de tanto predicar, según la tradición, escuchó que le dijo la Virgen: «Domingo, siembras mucho y riegas poco». Esta experiencia de María, le hizo tomar conciencia de que había de orar más. En el año 1208, la Madre de Dios enseñó a Santo. Domingo a rezar el rosario y le dijo que propagara esta devoción y la utilizara como arma poderosa en contra de los enemigos de la Fe. Domingo logró convertir a unos pocos e inició la creación de una orden religiosa en Prouille, para las mujeres jóvenes convertidas. La Virgen se le apareció en la capilla con un rosario en la mano y le enseñó a Domingo a rezarlo. Le dijo que lo predicara por todo el mundo, y le prometió que muchos pecadores se convertirían. Domingo quedó lleno de celo y con el rosario en la mano, lo predicó y convirtió a muchos herejes. Las vinculaciones políticas desencadenaron una guerra. A petición de Simón de Montfort, dirigente del ejército cristiano y amigo de Domingo, enseñó a los soldados a rezar el rosario y ganaron la batalla de Muret. Como signo de gratitud, se construyó la primera capilla a Nuestra Señora del Rosario, cuyo título se le concedió tras la batalla de Lepanto.

Muchos hombres se unieron a la obra apostólica de Domingo y, con la aprobación del Papa, Domingo fundó la Orden de Predicadores, a la que le cabe la gloria de haber difundido intensa y extensamente la devoción del Rosario. Durante casi dos siglos se mantuvo el rosario como la oración predilecta. Cuando la devoción empezó a disminuir, la Virgen se apareció a Alano de la Rupe y le encomendó vivificar la devoción y le reiteró las promesas hechas a Sto. Domingo, de que los que recen el rosario recibirán la gracia que pidan y una especialísima protección. Y señala como frutos del Rosario, que éste será el escudo contra el infierno, que destruirá los vicios, librará de los pecados y de las herejías, que hará germinar las virtudes, sustituirá en el corazón de los hombres el amor del mundo con el amor de Dios y los elevará a desear las cosas celestiales y eternas. Que la persona que rece el Rosario no perecerá. Los devotos del Rosario no morirán sin los Sacramentos. La Virgen socorrerá en sus necesidades a los que propaguen su Rosario, que será una señal de predestinación.

EL PAPA SAN PIO V

San Pío V (1566) Papa Dominico, encargó la propagación del rosario a la Orden de Predicadores. Muchos Papas han sido devotos del rosario y lo han propagado con profunda convicción y confianza. Entre ellos: León XIII y Juan Pablo II. León XIII, considerado como el Padre de Europa, escribió doce encíclicas sobre el rosario, afirmó que: «El Rosario es la fórmula más eximia y excelente de oración». Insistió en el rezo del rosario en familia, consagró el mes de octubre al rosario e insertó el título de “Reina del Santísimo Rosario” en la Letanía de la Virgen. Por todo esto mereció el título de “El Papa del Rosario”. Todos los Papas recomiendan a la Iglesia el Rosario y han escrito más de 500 documentos exhortando a rezarlo. Junto a León XIII, sobresalen Pío X, Pío XI, Pío XII, Juan XXIII, Pablo VI y Juan Pablo II.

Leamos algunos fragmentos: Pío X: “El rosario es un medio de los más eficaces para obtener gracias del cielo, porque es la oración por excelencia”. Pío XII: «El rosario es el breviario de todo el evangelio, meditación de los misterios del Señor, sacrificio vespertino, guirnalda de rosas, himno de alabanzas, plegaria doméstica, norma de vida cristiana, garantía cierta del poder divino, apoyo y defensa de nuestra salvación» (Carta Apostólica al Arzobispo de Manila, del 31 de julio de 1946). «La iglesia no vence con la fuerza de las armas, ni con el poder humano, sino con el auxilio divino obtenido por la oración del rosario, igual que David con su honda contra Goliat» (Ingruentium malorum). Juan XXIII decía: “Si el Papa no reza cada día las tres partes del rosario, el Papa no ha orado”. Juan Pablo II dice que el rosario es su oración predilecta y apenas le dejan solo saca su rosario y comienza a rezarlo.

LA ORACION

Jesús ha dicho: “Donde dos o tres estén reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt 18,20). El rosario en familia es algo maravilloso. Es un modo práctico de fortalecer la unidad de la vida familiar. Es una oración al alcance de todos. El gran apóstol del rosario en familia, Padre Patrick Peyton, llevó a cabo una cruzada a nivel mundial del rosario en familia en el Holy Cross College, Washington D.C., en enero de 1942. Hizo esta cruzada en acción de gracias a María Santísima por la restauración de su salud. De una forma maravillosa la cruzada se propagó por todo el mundo con el lema: “La familia que reza unida, permanece unida”. El Rosario es la oración de los sencillos y de los grandes. Es tan simple, que está al alcance de todos; se puede rezar en cualquier parte y a cualquier hora. El rosario honra a Dios y a la Santísima Virgen de un modo especial. La Virgen llevaba un rosario en la mano cuando se le apareció a Bernardita en Lourdes. Cuando se les apareció a los tres pastorcitos en Fátima, también tenía un rosario. Fue en Fátima donde ella misma se identificó con el título de “La Señora del Rosario”. El rosario es una oración que Pío XII llamó compendio del Evangelio, y Pablo VI Evangelio abreviado.

Los autores de la oración del rosario son cuatro, y todos eximios: Jesús, el arcángel San Gabriel, la prima de María, Isabel y la Iglesia. Entre todos han compuesto una oración contemplativa que nos traza las virtudes evangélicas de Jesús, de José y de María: el Redentor y la Corredentora, a la vez que invoca y glorifica a la Santa Trinidad, al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. El rosario es pues, una oración evangélica porque saca del evangelio el anuncio de los misterios y las fórmulas principales. Y la triple división de los misterios, no sólo se adapta al orden cronológico de los hechos, sino que refleja el primitivo anuncio de la fe y propone el misterio de Cristo como fue visto por San Pablo en la carta a los Filipenses (2,6): humillación, muerte y exaltación. Con el rosario contemplamos los misterios de la Vida, Pasión y Muerte de Cristo, para sacar normas de vida y poder conseguir lo que prometen. El rosario es una oración familiar, amena y bella, porque cuando rezamos el rosario tejemos guirnaldas de rosas, creamos un delicioso jardín que se armoniza con la Liturgia, ya que se nutre de la Escritura y, como ella, gravita en torno al misterio de Cristo.

En el Rosario nos encontramos en el corazón del Evangelio: “¡pedid y se os dará...”! (Mt 7,7). Jesús, que pasa noches en oración (Lc 6,12), nos dice: “Lo que pidáis al Padre en mi Nombre, os lo concederá” (Jn 14,13); «esta clase de demonios sólo se lanza con oración y ayuno» (Mc 9,18). Y San Pablo exhorta: «Orad sin interrupción» (Col 4,2; 1Tes 5,17). Jesús comenzó su Pasión orando en el huerto de Getsemaní (Lc 22,41). María comenzó a ejercer de Madre de la Iglesia orando en el cenáculo con los apóstoles (Hech 1,14). Y los apóstoles decidieron con alegría: «Nosotros nos dedicaremos a la oración y al ministerio de la Palabra» (Hech 6,4). Así lo testifica Orígenes: “En el edificio de la Iglesia conviene que haya un altar, y son capaces de llegar a serlo los que están dispuestos a dedicarse a la oración, para ofrecer a Dios día y noche sus intercesiones y a inmolarle las víctimas de sus suplicas. Como los apóstoles que perseveraban unánimes en la oración y oraban concordes con una misma voz y un mismo espíritu” (Homilía en la Dedicación de la Iglesia).

NECESIDAD Y EFECTOS DE LA ORACION

a) La oración es necesaria, como el agua para los árboles y las plantas, como los alimentos para el cuerpo, como la sangre para el organismo, como los cimientos para la casa, como el estómago para la digestión, como el oxígeno para la vida.

b) La oración es fuente de conocimiento no teórico, sino sapiencial. El Niño Jesús, a quien vieron tantos, sólo fue reconocido por Simeón y Ana, personas de oración, y como Hijo de Dios y Mesías, sólo por San Pedro, porque no lo supo por los sentidos corporales. Así como las manzanas no hay que rimarlas, sino morderlas para saborearlas y el perfume de la rosa hay que aspirarlo y no contentarse con saber de la rosa en la lectura de las Enciclopedias, a Dios hay que saborearlo para saber a qué sabe (San Juan de Ávila). En la oración se aprenden verdades (Santa Teresa de Jesús).

c) La oración es fuente de energía. En la vida cristiana, no podemos estar siempre gastando energías. Necesitamos reposo, sosiego, paz: «Marta, Marta, estás muy nerviosa» (Lc 10,41). Y así como el agricultor no pierde el tiempo cuando afila la guadaña, «si yo realizo el trabajo de orar caerán todas las murallas» (Von Braum). Pero este trabajo nos resulta el más difícil. Siempre se nos ocurren cosas que hacer cuando decidimos ir a orar. Porque la dificultad no sólo nos viene de la naturaleza, sino del príncipe de este mundo, que sabe que está perdido si oramos. El cura de Torcy en la novela de Bernanos, “El cura rural”, le dice al joven sacerdote lacerado: «Muchacho, sufres demasiado para lo que oras. Hay que alimentarse en proporción a nuestros dolores”. El P. Ravignan recomendaba a un ejecutivo que se lamentaba de su stress, hacer un cuarto de hora de oración diaria.”Pero, Padre, ¡si le estoy diciendo que no tengo tiempo!” “Es verdad, repuso el Padre, haga media hora cada día”. «Quien tiene mucho que hablar ha de guardar mucho silencio. Quien algún día ha de engendrar el rayo ha de ser largo tiempo nube» (Nietzsche).

d) La oración es fuente de alegría. ¿Quiere, acaso Jesús que nuestro Vía Crucis sea más largo y duro? No. Por eso dice: «Venid a mí los que estáis cansados y yo os aliviaré y hallaréis el descanso> (Mt 11,28s), y, “Mi paz os dejo, mi paz os doy” (Jn 20,19). El anhelo de la felicidad es un motor que no deja reposar a los hombres, “Nos has hecho, Señor para ti, y sólo descansaremos en Dios”, en la oración. Si Moisés baja radiante del Sinaí es porque había permanecido con Él (Ex 34,29). Si Agustín veía radiantes en la catedral de Milán a los jóvenes salmodiando, es porque oraban. «No se puede ser cristiano sin oración” ha escrito Urs Von Balthasar. Se nota pronto cuando una persona no ora. El famoso compositor y pianista húngaro Franz Listz, decía: Si estoy un día sin tocar, lo noto yo; si estoy dos días, lo nota mi esposa; si estoy tres, lo nota el público.

e) La oración es fuente de conversión diaria. Por eso María y la Iglesia nos entregan este modo sencillo de orar: el Rosario.

TESTIMONIOS SOBRE EL ROSARIO

Felipe II, moribundo, dijo a su hijo: «Si quieres que tus Estados prosperen no olvides el rezo del Santo Rosario». Y dice Lacordaire: «El amor no tiene mas que una palabra y, diciéndola siempre, no la repite nunca». A San Antonio Claret le dijo la Virgen: «Antonio, predica el Rosario que es la salvación de España». Preguntó Lucía a la Virgen en Fátima: “¿Francisco irá al cielo?...” Y la Virgen respondió: “Sí... Pero ha de rezar muchos rosarios”. Al final de una misión, dijo un feligrés al padre misionero: «He hecho un propósito: Clavar un clavo en la cocina... Sí, y colgar allí el Rosario para rezarlo cada día».

Algunos, no pocos, han encontrado monótono el Rosario:

“Tú que esta devoción supones

monótona y cansada, y no la rezas,

porque siempre repite iguales sones,

tú no entiendes de amores ni tristezas.

¿Qué pobre se cansó de pedir dones?

¿qué enamorado de decir ternezas?”.

EL ROSARIO Y LA HISTORIA DE LOS PUEBLOS

Europa y con ella toda la cristiandad estaba en grave peligro de extinción amenazada por el Islam. Los musulmanes se proponían hacer desaparecer, a punta de espada, el cristianismo. Ya habían tomado Tierra Santa, Constantinopla, Grecia, Albania, África del Norte y España. En esas extensas regiones el cristianismo era perseguido, y muchos mártires derramaron su sangre, muchas diócesis desaparecieron completamente. Después de 700 años de lucha por la reconquista, España y Portugal pudieron librarse del dominio musulmán. Esa lucha comenzó a los pies de la Virgen de Covadonga y culminó con la conquista de Granada, cuando los reyes católicos, Fernando e Isabel, pudieron definitivamente expulsar a los moros de la península en el 1492. ¡La importancia de esta victoria es incalculable ya que en ese mismo año ocurre el descubrimiento de América y la fe se comienza a propagar en el nuevo continente!

En el siglo XVI, año 1571, amenazaban los turcos invadir Chipre, para desde allí conquistar Creta y saltar a Grecia, llegar a las costas de África y terminar en las playas de Roma. Con ello el Islam enarbolaría el estandarte de Mahoma en el mismo corazón de la cristiandad. San Pío V organizó una flota con sus Estados, Venecia y España, La Liga Santa, capitaneada por D. Juan de Austria. Y pidió a toda la Iglesia que rezara el Santo Rosario. La batalla se desencadenó en el golfo de Lepanto: trescientas galeras mahometanas contra la armada cristiana: tronaba el cañón, las gabarras descargaban su metralla, las bombardas disparaban contra las embarcaciones, las naves embestían, el humo cegaba y casi oscurecía el sol, las aguas se teñían de sangre... las voces subían clamorosas al cielo rezando el Rosario. Pío V contempló misteriosamente la victoria mientras rezaba asomado a una ventana del Vaticano. Este éxito fue el origen de la fiesta del Rosario: dar gracias a Dios por esta victoria.

En el siglo XIX, 11 de febrero de 1858, la Virgen en Lourdes le pide a Bernardette que rece el rosario. En el siglo XX, en 1917, cuando Lenín y Trostki declaran en Rusia la revolución bolchevique, e implantan un Estado materialista y ateo, el 13 de mayo de ese mismo año, pide la Virgen en Fátima a tres niños que recen el rosario y promete que Rusia se convertirá. Pasan los años... y las catástrofes y hecatombes, genocidios, hambre y dolor, esclavitud, guerra fría, escalada de armamentos... asolan a la humanidad. Cuando en 1945 terminó la segunda guerra mundial, reunidos en Yalta los tres grandes: Roossevelt, Stalin y Churchill, Stalin preguntó a Roossevelt, que le comentaba que el Papa pedía la paz: « ¿Con cuántas divisiones cuenta el Papa de Roma?

Siglo XX. El 16 de octubre de 1979 los cardenales eligen en Roma un Papa polaco. El Kremlin tembló. Armaron el brazo de Alí Agca, y el 13 de mayo, día de la Virgen de Fátima, caía Juan Pablo II en la plaza de San Pedro. Andropov, al frente de la KGB, tenía como subalterno a Gorbachov, quien ahora le ha dicho a Juan Pablo II, que aprecia mucho sus oraciones. Para todos, incluso para los observadores más perspicaces, es inexplicable la caída, en cuatro meses, del marxismo... Para todos los que ignoran la profecía de Fátima, en cambio ha dicho el cardenal de Cracovia, Mons. Marchaski: «para nosotros no es inexplicable. Hace años que venimos orando».

Hemos repasado la historia y hemos contemplado varios acontecimientos que nos revelan la eficacia de la oración del Rosario.