EL ROSARIO, MI ROSARIO

Por Ángel Gómez Escorial

No se puede negar la deformación intelectual que tiene uno y como dicha deformación pues ha llenado durante mucho muchos episodios y acciones de mi vida. Cuando me convertí enseguida me enteré que el rosario se había inventado para aquellos religiosos y religiosas que, sin saber leer, no podían cantar el Salterio en la Liturgia de las Horas. Y eso me hizo desconfiar. Tampoco me gustaba su sonido público, la continua repetición de las avemarías y de las respuestas a la letanía. La enfermedad grave de un familiar me hizo pensar que tipo de sacrificio podría hacer yo por ella y surgió, sin la menor duda, la idea de rezar el rosario todos los días. Coincidía, además, el famoso Año del Rosario que convocó el anterior Pontífice, el siempre recordado Juan Pablo II. Y así, en solitario, en el transcurso de mi rato habitual, y nocturno, de oración, comencé a rezarlo. No me sabia los misterios, ni su distribución por días y mucho menos la letanía lauretana. Pero, en fin, todo esto se encuentra con los libros de oraciones y así, como decía, comencé.

EL ROSARIO DE LOS ENFERMOS

Me costó mucho trabajo, cambió –ha cambiado—mi sistema de oración personal. Y hoy, sin buscarlo, es lo más notable y lo que más me ocupa de mi referido rato oracional. Al final de todas las plegarias del rosario y antes de la final dedicada al Padre Dios, pedía a Santa María que intercediera por mi enferma. Un año después, o algo más, cree, aquí, en Betania, la página del Rosario de los Enfermos. Y si se observa esa página, pues tiene todos los elementos para iniciarse en el rezo de la oración mariana. Los misterios de cada día y las letanías. Tiende a ser una página de “oración directa” como puede serlo la correspondiente al Diurnal. Pensé, en su día, publicar en ella los correos de los lectores que hicieran referencia al mismo e ir cambiando los nombres de los enfermos encomendados. La realidad es que se han quedado todos los nombres y tampoco sé si alguno ha mejorado o se ha sanado. No me lo han comunicado los lectores que me han enviado los nombres, pues ahí quedan.

MI ROSARIO HOY

Decía que por cuestiones de trabajo, y por encontrar en esa hora bastante quietud, fijé mi rato de oración personal por las noches. Incluso, siguiendo las enseñanzas de Ignacio de Loyola, leía y rezaba tumbado, cosa, al parecer, bastante discutida por muchos. Pero a mi me iba bien. Pero llegado el rezo del rosario me daba sueño y comencé a rezarlo dando paseos por la casa, por aquellos lugares en los que mi familia no veía la televisión, por ejemplo. Y así los pasillos, la cocina, mi dormitorio, mi despacho –afortunadamente mi apartamento es grande—se llenaban de mis pasos… Decir además que mi familia no me acompaña mucho en esto de las devociones, ni yo lo impongo. Y pensando, pensando, me di cuenta no era malo –era muy bueno—dedicar veinte minutos a pasear. Y debe sentarme bien cuando en días complicados paso muchas horas trabajando sentado, ante el ordenador, y no camino nada.

¿Me gusta ya el Rosario? No lo sé. Pero no fallo ningún día. Tal vez, tal vez, sólo siga buscando la recompensa de la curación de mi familiar y, probablemente, me distraigo más de la cuenta mientras lo rezo. No lo sé. Pero ahí sigo. Lo que espero es la Santísima Virgen sepa entender mi mediocridad, mi poca generosidad y que ayude a luchar por la salud de mi pariente. Sobre lo demás, pues que juzguen mis lectores.