XXI Domingo del Tiempo Ordinario
27 de agosto de 2006

MONICIÓN DE ENTRADA

Un domingo más nos reunimos en el nombre del Señor Jesús para celebrar comunitaria y fraternalmente el banquete de la esperanza, del amor y de la fe. La asamblea semanal hecha en la presencia de Dios nos prepara para acercarnos más y más a nuestra mejor meta que es la de ser auténticos seguidores de Cristo. Decir también que este es el último domingo de agosto y que muchos tendrán que viajar, volver a sus hogares o iniciar vacaciones. Pues que el Señor Jesús –y la fuerza de su Eucaristía—nos proteja a todos contra todo mal.


MONICIONES SOBRE LAS LECTURAS

1.- En el libro de Josué es el Señor Dios Padre quien pregunta al pueblo de Israel si quiere abandonarle. Nuestra primera lectura de hoy nos ofrece un buen ejemplo de fidelidad al Señor. Bien podemos decir todos como Josué: “Serviremos al Señor, porque Él es nuestro Dios

S.- Terminamos hoy la lectura sucesiva de varios domingos en los que hemos leído el Salmo 33. Maravillosa oración de acción de gracias por el Señor que nos salva de todos los peligros. Es un salmo para la oración personal y comunitaria.

2.- San Pablo nos da una lección de respeto conyugal que debemos leer con ojos y efectos de hoy. Vamos, pues, a escuchar en nuestra segunda lectura de hoy --en la Carta a los Efesios-- la formulación de un gran misterio de amor que, por supuesto alcanza a los conyuges, pero también al prodigioso misterio de amor de Cristo y de su Iglesia.

3.- Hoy Llama la atención, especialmente, el evangelio de Juan. Se produce una fractura, una ruptura entre Cristo y sus discípulos. Es un momento dramático. Jesús, preguntará a Pedro –como lo hace con nosotros todos los días—si queremos marcharnos de su lado. Y la única respuesta posible es la de Simón.

 

Lectura de Postcomunión


MONICIÓN

Esta oración del Licenciado Dueñas fue compuesta en el siglo XVI y fue muy popular durante siglos. Hoy lo es menos, pero merece la pena ser recordada en estos momentos de necesaria acción de gracias.

BENDIGO YO TU SANTO NOMBRE

Jesús, bendigo yo tu santo nombre;

Jesús, mi corazón en ti se emplee;

Jesús, mi alma siempre te desee;

Jesús, loarte siempre yo cuando te nombre.

 

Jesús, yo te confieso Dios y hombre;

Jesús, con viva fe por ti pelee;

Jesús, en tu ley santa me recree;

Jesús, sea mí gloria tu renombre.

 

Jesús, medite en ti mi entendimiento;

Jesús, mi voluntad en ti se inflame;

Jesús, contemple en ti mi pensamiento.

 

Jesús de mis entrañas, yo te ame;

Jesús, viva yo en ti todo momento;

Jesús, óyeme tú cuando te llame.


EXHORTACIÓN DE DESPEDIDA

San Pedro nos lo ha enseñado. Nunca dejaremos a Jesús porque, realmente, no sabemos donde ir. Él es nuestro camino, nuestra verdad y nuestra vida.