XVII Domingo del Tiempo Ordinario
30 de julio de 2006

La homilía de Betania


1.- OLOR A PAN RECIÉN HECHO

Por José María Maruri, S. J.

2.- ¡DINOS, SEÑOR! ¿CÓMO HACER PARA QUE SOBRE?

Por Javier Leoz

3.- HAMBRE DE DIOS

Por Antonio García Moreno

4.- NO VIVIMOS EN PAZ

Por Antonio Díaz Tortajada

5.- LOS BIENES MATERIALES

Por Ángel Gómez Escorial


LA HOMILIA MÁS JOVEN


COMUNISMO

Por Pedrojosé Ynaraja


1.- OLOR A PAN RECIÉN HECHO

Por José María Maruri, S. J.

1.- Todo madrileño que se precie de serlo sabe lo bien que huele la casi esquina de la calle Mayor con Sol, donde está la Mallorquina, su horno de bollos y pasteles debería estar subvencionado por el Ayuntamiento, por lo que mejora la sucia imagen de la capital de España. Y sin embargo nada hay como el olor a pan recién hecho, cocido en horno de piedra y con leña.

El pan aparece en la Escritura ya en los comienzos, cuando Dios creador le dice al hombre: “comerás el pan con el sudor de tu frente” donde el castigo no es el trabajo, sino el sudor, el cansancio, porque recordareis que el Señor había puesto al hombree en el jardín para que lo cuidase y cultivase.

La dignidad del pan no le viene de ser pan, sino del hombre que dignamente trabaja para conseguir el pan a los suyos.

Con respeto y cariño guardo en mi corazón la imagen de mi padre, recorriendo Madrid andando de tienda de comestibles en tienda de comestibles ofreciendo artículos de sus representados los Mina, los Marraco, Marqués de Misa, trabajando con alegría e ilusión porque sabía que en su trabajo iba nuestra vida pobre y sencilla pero arropada por él y por los milagros económicos de nuestra madre. Bendito y sabroso pan el que comíamos.

2.- ¿Estaba Jesús refrendando el subsidio del paro cuando se pone a repartir pan gratis a miles de hombres en paro? No lo creo, porque el subsidio del paro es un mal menor de un mal mayor que es una sociedad no fundada en que cada hombre tenga un trabajo digno del que vivan dignamente él y su familia, sino fundada en la teoría del fuelle, que cuando las empresas no necesitan trabajadores los expelen y cuando los necesitan los absorben donde el hombre no es fin sino puro medio.

Jesús os habéis fijado que no empieza a repartir el pan hasta que todos están sentados, no se empieza a servir la comida a los invitados hasta que todos están sentados a la mesa. Jesús invitó a su mesa a esos miles de hermanos suyos que no tenían que comer.

Cuando el demonio tienta a Jesús en el desierto, el Señor se niega a conseguir pan con un milagrito, porque la dignidad del pan no le viene de la facilidad de conseguirlo, sino del esfuerzo digno del hombre para cocerlo.

El pan, como la dignidad del hombre es algo sagrado, por eso el repartir el pan en la familia tenía algo de culto y liturgia.

Tío Pedro, hombretón vasco y recio, sentado en lugar preferente en la cocina, nos repartía a cada uno una gran rebanada de pan, que muy cristianamente compartían con nosotros los exiliados de Madrid, que por cierto de estos exiliados nunca se habla. Aquello era toda una liturgia.

Pan abundante, y sobre todo pan digno, dignificado por el hombre sacerdote de la creación.

3.- Con un pan así compra el Señor su palabra y el fin en ese mismo pan se nos quedará El como alimento y vida.

¿Por qué no se quedó el Señor o no comparó su palabra con algún alimento más noble? El cordero tan común en sus tiempos podría haber servido. Sólo que el cordero no es comida de cada día y el pan sí.

Con esto no nos está diciendo el Señor algo a los que nos hemos empeñado en no comer más que de domingo en domingo, que no le extraña nada que llegado el jueves estamos tan flacos y débiles que caigamos en toda colase de pecados. ¿Cómo vamos a estar sanos y fuertes espiritualmente comiendo una vez a la semana?

Estoy a tu puerta y llamo, si alguno me oye y abre, entraré y cenaré con el, no olvidemos esta diaria invitación del Señor a participar en su cena.


2.- ¡DINOS, SEÑOR! ¿CÓMO HACER PARA QUE SOBRE?

Por Javier Leoz

1.- Cinco panes y dos peces, cuando hay fe y buena disposición para compartir, son suficientes para colmar, calmar las aspiraciones y las carencias de aquellos/as que llaman a nuestra puerta. Lo más fácil escurrir el bulto. Lo más necesario y efectivo: hacer frente a tantas situaciones que son las nuevas caras y los nuevos rostros de Cristo que caminan a nuestro lado.

¡Dinos Señor! Dónde ir y a quien alimentar con nuestras presencias y palabras, con gestos y compromiso.

Los nombres y las calles donde multiplicar y hacer presente el pan y los peces de nuestra misericordia y delicadeza.

Los corazones solitarios necesitados de la masa, de la harina que es el pan de nuestra compañía.

¡Dinos cómo! Permanecer atentos al sufrimiento humano sin necesidad de huir despavoridos en dirección contraria o de cerrar los ojos para no sentir pena alguna.

Compartir parte de nuestra riqueza sin, a continuación, mirar el vacío que dejó en nuestros bolsillos.

Salir de nosotros mismos sin pensar que, es de necios, poner en la mesa de la fraternidad el pan fresco de cada mañana o las horas gratuitamente gastadas.

Cómo hacer posible ante los ojos del mundo la justicia cuando, cada día que pasa, parece utópico y poco menos que un imposible

¡Dinos Señor! Una palabra ante la situación de la violencia para poder llevar el pan de la Paz

Una palabra ante el drama del egoísmo para que podamos ofrecer los peces de la hermandad

Una palabra ante la enfermedad para que compartamos el pan de la salud

¡Dinos cómo! Dar de comer a quien no busca precisamente tu pan sino aquel otro que endurece, perece y que en esta vida caduca

Presentar el mensaje de tu vida cuando hay tanta hartura de golosinas que embaucan, endulzan y malogran el paladar de la humanidad.

Trabajar, y no caer en ese empeño, para que la fuerza del hombre no esté en lo que aparentemente se multiplica sino en aquello que, por dentro, de verdad le enriquece y que en el mundo escasea.

¡Dinos Tú Señor!! ¡Dinos cómo Señor!! ¡Cómo con tan poco pudiste Tú hacer tanto! cuando, nosotros con tanto, llegamos a tan poco.

2.- Es cuestión, ahora (allá donde nos encontremos) pongamos sobre la mesa, los cinco panes y los dos peces que todos tenemos en propiedad. Que no pensemos que con ello, será insuficiente.

Lo importante es, en la medida de nuestras posibilidades, poner todo lo que somos y parte de lo que tenemos en beneficio de alguien necesitado. Dios, hará el milagro.

Los cinco y panes, y los dos peces, son las pocas o las muchas capacidades que podemos tener, el consejo oportuno, la palabra de aliento, la ayuda oportuna, la compañía a quien se siente solo, el silencio solidario con el que sufre.

3.- Todos, ¡todos!, tenemos nuestros “personales cinco panes y dos peces” con los que contribuir a mejorar muchas situaciones enquistadas o delicadas.

Desde luego, quien nunca tiene, es aquel que nunca se mueve ni hace nada por los demás.


3.- HAMBRE DE DIOS

Por Antonio García Moreno

1.- "En aquellos días vino un hombre de Bal-Salisá trayendo en la alforja el pan de las primicias" (2 R 4, 42) Este hombre de Bal-Salisá trae lo mejor de su cosecha: pan de primicias y trigo reciente. Él sabe que Eliseo es un profeta de Dios, un enviado del Altísimo. Y por eso le honra con lo mejor que tiene. Está convencido de que honrar a un enviado divino, equivale a honrar al mismo Dios, es una buena forma de agradar al Señor, de servirle.

Y tenía razón. Mucho después Jesús dirá: El que os recibe, a mí me recibe, y quien me recibe, recibe al que me ha enviado. El que recibe a un profeta como profeta, recibirá premio de profeta y el que recibe a un justo como justo, recibirá premio de justo; el que diere de beber a uno de estos pequeñuelos tan sólo un vaso de agua fresca, porque es mi discípulo, os digo que no perderá su recompensa.

Señor, se está perdiendo la veneración a los ministros de Dios. Es verdad que a veces esos ministros no estamos a la altura de la misión recibida, no vivimos de acuerdo con lo que predicamos... Admitiendo todo eso, incluso suponiendo lo peor que podamos imaginar, hay que tratarlos como enviados de Dios, hay que creer en los poderes que han recibido para la salvación del mundo entero. Poder para ofrecer el santo sacrificio de la Misa, esa repetición incruenta del Calvario. Poder para perdonar nuestros pecados, y presentarnos limpios ante Dios, haciendo posible el abrazo del Padre de los cielos...

No hay que olvidar que la eficacia de los sacramentos no depende de la dignidad o indignidad del sacerdote, ni podemos perder de vista la grave obligación que todos tenemos de ayudarles, de venerarlos. Podemos estar seguros de que esa veneración, ese cariño, ese apoyo moral y material será el mejor modo de hacerles comprender la grandeza de su ministerio, de recordarles lo que significa ser enviado de Dios.

"El criado le respondió: ¿Qué hago yo con esto para cien personas? Eliseo insistió: Dáselo para que coman" (2 R 4, 43) Y el profeta lo da todo. Para que aquellos pordioseros puedan satisfacer su hambre. Generosidad del que está cerca de ese Dios que es, ante todo, Amor. Corazón grande que se conforma con poco, que se olvida de sí para preocuparse hondamente por los demás. Y este dar y este darse, este amar sin buscar interés alguno, este volcarse hasta quedarse sin nada, es el mejor modo de testimoniar el mensaje amoroso de Dios.

Pero es difícil darse, es duro desprenderse sin esperar nada en la tierra, sin buscar ningún interés personal de tipo material. Sobre todo viviendo en un mundo que gira y danza al son del dinero, del placer, de la materia; un mundo que fácilmente se vende al mejor postor. Es poco menos que imposible no sentirse salpicado por la ambición de los de arriba y los de abajo, la sensualidad voluptuosa de los unos y los otros.

Para ti, Señor, no hay imposibles, tú tienes muchos seguidores que luchan por darse del todo, por darlo todo. Hombres que se olvidan de sí, que se queman en silencio día a día. La pena es que no sabemos comprender el valor de ese sacrificio callado y constante del que se ha entregado, de una forma o de otra, al servicio de los hombres por Dios... Multiplícalos, fortalécelos para que no se cansen, para que no cesen en el loco empeño de gastar su vida sin buscar nada para sí... Sólo de este modo, con esa donación alegre y generosa, podrá seguir vivo el milagro de tu misericordia y de tu perdón.

2.- "...abres tú la mano, Señor, y sacias de favores a todo viviente" (Sal 144, 16) La visión que nos ofrece hoy el canto interleccional es luminosa, positiva. Habla de que todas las criaturas han de dar las gracias al Señor, le han de bendecir todos sus fieles, proclamar la gloria de su reinado y hablar de sus hazañas. La razón última de esa actitud está en la inmensa bondad de Dios, que cuida de todo ser viviente y le da el sustento a su tiempo.

Y sin embargo, hemos oído decir muchas veces que la realidad es muy distinta, que existen muchos seres que pasan hambre. Los dos tercios de la población mundial llegan a sostener. Y ante esta situación calamitosa señalan soluciones drásticas de limitación de natalidad. Si somos menos, vienen a decir, cabremos a más... Pero en el fondo lo que pretenden es repartirse la tajada entre unos pocos, sin darse cuenta de que ahogando la vida nunca se librarán de la muerte, y que si son pocos a consumir también lo son para producir.

"El Señor es justo en todos sus caminos" (Sal 144, 17) Dios dijo: Creced y multiplicaos. Y la Santa Madre Iglesia, permaneciendo fiel a la doctrina del Señor, continúa oponiéndose con energía y claramente al control de natalidad; dice un no rotundo al uso de métodos y fármacos que pervierten el sentido excelso y fecundo del amor humano. Porque la solución cristiana está en trabajar por hacer más grande la tajada y en repartirla con más equidad, con más justicia y más amor, entre todos. Da grima, indignación y pena, el saber que se tiran al mar o se queman toneladas y toneladas de alimentos, para mantener así el alza de los precios.

Por otra parte está comprobado, con más seriedad que el dato de esos dos tercios de hambrientos, que existen enormes reservas de proteínas en la inmensidad de los mares y océanos, y que todos los recursos de alimentación no están, ni mucho menos, totalmente descubiertos y aprovechados... Sí, a pesar de todo lo que quieren hacernos creer, el Señor es bueno, bondadoso en todas sus acciones. Él no puede querer un crecimiento de población, si no existiera de forma paralela un crecimiento en los recursos.

3.- "Hermanos: yo, el prisionero por Cristo, os ruego que andéis como pide la vocación a la que habéis sido convocados" (Ef 4, 1) La liturgia de la misa dominical sigue presentando ante nuestra mirada la carta de San Pablo a los Efesios. Esta carta, junto a la que envió a los Filipenses, a los Colosenses y a Filemón, constituye el grupo de las llamadas cartas de la cautividad. Todas ellas están escritas desde la prisión. La valentía del Apóstol en predicar el mensaje de Cristo le ha llevado a esta situación humillante y penosa. Pero Pablo no ceja en su empeño y, aunque sea entre cadenas, sigue predicando a Cristo, sigue animando a los cristianos para que vivan como tales.

Ahora les dice que sean siempre humildes y amables, comprensivos, sabiendo sobrellevarse los unos a los otros con amor... Sus palabras, no lo olvidemos, se dirigen también a cada uno de nosotros, esperando una respuesta a esa exigencia que nos pone por delante. Si somos cristianos, y lo somos, vamos a luchar por vivir conforme a la vocación que hemos recibido. Sobre todo en esos puntos que San Pablo señalaba: en la sencillez y en la amabilidad, en la comprensión, en el amor mutuo.

"Un Dios, Padre de todo, que lo trasciende todo, y lo penetra todo, y lo invade todo" (Ef 4, 6) En medio de su prisión, San Pablo vibra apostólicamente. Sus palabras están pletóricas de entusiasmo, llenas de fe, pujantes y optimistas. Si no lo indicara, se pudiera pensar que escribe en circunstancias distintas, más halagüeñas, más placenteras. La razón de todo ese vigor y empuje está en su fe profunda en Dios. Está convencido del poder divino, de su amor infinito, de su grandeza indescriptible, con un optimismo desbordante, con un gozo sin fin.

Una vez más las palabras de Pablo se convierten en un canto de gloria, una doxología que sale a borbotones de su alma transida y gozosa, de su espíritu desbordado por la gracia divina. Ese estado de ánimo le hace exclamar: Bendito sea Dios por los siglos de los siglos. Amén.

4.- "Lo seguía mucha gente, porque había visto los signos que hacía con los enfermos" (Jn 6, 2) Las muchedumbres seguían a Jesús, cuyas palabras penetran en los corazones como bálsamo que cura heridas e infunde esperanza. Luces nuevas se encendieron en el mundo desde que Cristo llegó, ilusiones juveniles anidaron en el corazón del hombre, afanes por alcanzar altas metas de perfección y de santidad. Hoy también la gente marcha detrás de Jesucristo cuando percibe, o intuye, su presencia entrañable. El espectáculo de las multitudes en seguimiento del Papa es una prueba de ello.

Dice el texto que Jesús subió a la montaña y se sentó allí con sus discípulos. Es uno de esos momentos de intimidad del Maestro con los suyos. Momentos de trato personal y directo que hemos de revivir cuantos queremos seguir de cerca a Jesús. Son instantes para renovar la amistad con Dios, el deseo de servirle con alma vida y corazón. Acudamos, pues, al silencio de la oración para oír la voz de Jesús, para decirle cuán poco le amamos y cuánto quisiéramos amarle.

Aquellos que van detrás de Jesús en este pasaje, son gente que tiene hambre y camina a la deriva. Hambre de comprensión y de cariño, hambre de verdad y de recta doctrina, hambre de Dios en definitiva. El Señor satisfizo el hambre de aquella multitud multiplicando unos panes y unos peces. Aquel suceso vino a ser un símbolo de ese otro Pan que el Señor nos entrega, el Pan que da la Vida eterna. Jesús vuelve cada día a multiplicar su presencia bienhechora en la celebración Eucarística. Una y otra vez reparte a las multitudes hambrientas el alimento de su Cuerpo sacramentado. Sólo es preciso caminar detrás de Jesús, acudir a su invitación para que participemos, limpia el alma de pecado, en el banquete sagrado de la Eucaristía.


4.- NO VIVIMOS EN PAZ

Por Antonio Díaz Tortajada

1. - En la primera lectura del segundo libro de los Reyes, se nos cuenta una historia muy breve paralela a la que aparece en el evangelio de Juan: Un milagro realizado por el profeta Eliseo. Se trata, como en el caso de Jesús, imagen anticipada del milagro de Jesús, del “pan de las primicias”, panes de cebada; se trata de repartirlos a mucha gente hambrienta; se trata de que el encargado de repartirlos hace notar la insuficiencia; se trata de que el pan, después de repartido y saciada la gente, sobra; se trata de que la Palabra de Dios se cumple.

La primera lectura nos señala ya que Jesús habla en nombre de Dios, es profeta de Dios, y por ello su palabra, por ser la Palabra de Dios, se cumple. Se trata de señalarnos que los milagros son signos, señales, de que el Reino de Dios llega, ya está aquí y ya ha empezado con la persona de Jesús de Nazaret.

La segunda lectura recoge los primeros compases de la larga exhortación de San Pablo a los cristianos de Éfeso. El Apóstol nos pide que vivamos como lo que decimos que somos. Y añade una serie de recomendaciones que ciertamente no hemos seguido. No somos ni humildes ni amables, ni comprensivos, no nos sobrellevamos mutuamente con amor, no mantenemos la unidad del Espíritu, no vivimos en paz. No nos sentimos miembros de un mismo cuerpo. Es más, el Espíritu Santo, que debiera llevarnos siempre a mantenernos unidos en una sola comunidad de amor, nos sirve muchas veces de pretexto para mantenernos aparte, separados, paralelos al resto de la comunidad de seguidores de Jesús. ¡Otro gallo nos hubiera cantado a los cristianos, durante estos dos mil años, si hubiéramos seguido los consejos que nos da san Pablo! ¡Ojalá esta celebración eucarística nos sirviera para comenzar la lucha por vivir cada día lo que san Pablo nos recomienda con tanto amor!

2.- San Juan presenta a Jesús no sólo como el nuevo Adán, el hombre nuevo, sino también, como el nuevo Moisés, el verdadero líder y maestro del nuevo pueblo de Dios. Se le presenta como aquel en quien el Dios de la Antigua Alianza se hace plenamente presente. Va a superar la Pascua.

Para el Evangelio según san Juan, Jesús es el nuevo y mejor Moisés, el nuevo y mejor “maná”, el nuevo y mejor cordero pascual. El verdadero paso (la verdadera Pascua, porque eso es lo que significa la palabra “pascua”: Paso) se da en Él; el paso de la muerte a la vida, de la esclavitud a la libertad, de vivir en la carne o mundo a vivir en el espíritu.

En este fragmento del evangelio Juan habla de comida, de Eucaristía. El milagro es signo, icono, sólo signo, de la realidad sacramental. Juan divide su evangelio en “antes de la hora” y “después de la hora”. La “hora” es el momento de la muerte de Jesús en la cruz. Antes de “la hora” sólo hay signos; después de “la hora” sólo realidades sacramentales: Verdadero pan, que da la verdadera vida, porque es, verdaderamente, el cuerpo de Cristo, pan y palabra de Dios que dan la vida verdadera al hombre nuevo, al verdadero hombre.

La comida es de panes y peces. Desde la destrucción del templo, año 70, los judíos celebraban la Pascua con panes y peces, en vez de pan y cordero. Cristo cambia la Pascua judía por una pascua nueva en que lo que comen los seguidores es pan del cielo, su propio cuerpo y sangre sacramentales y realmente presentes en la Eucaristía.

3. El relato que tenemos en la versión del Evangelio según san Juan del relato de las tentaciones de Jesús, que aparecen explicitadas en los otros tres evangelistas. Aparece el pan multiplicado (la riqueza o la abundancia) en forma de banquete, típica de la mentalidad judía antigua y de la evangélica. Aparece el milagrerismo: El profeta que multiplica panes y hace milagros. Aparece el poder: Venían a hacerlo rey. Aparece Jesús venciendo la tentación pues se va al monte, solo. Las tentaciones que pueden hacer que la misión de Jesús se convierta en algo demoníaco siguen siendo las mismas para su cuerpo, la Iglesia: La riqueza, el milagrerismo, el poder. Ninguno de los tres liberará al pueblo de Dios. Sólo libera el servir hasta dar la vida por él.

Jesús sabía que la solución del hambre del pueblo está en compartir. Hubo muchos más milagro en que los que querían acaparar aprendieran a dar. La solución no está en comprar, en tener plata guardada para invertirla en pan; la solución no vendrá de la sociedad de consumo. Se trata de organizar la vida de todos de otra manera, organizarla de tal manera que la gente quiera compartir los panes y peces que cada uno tenga. En la alegría, el pueblo, que por fin comparte y sacia su hambre, descubre que Jesús es el Mesías que tenía que venir al mundo.


5.- LOS BIENES MATERIALES

Por Ángel Gómez Escorial

1.- Mucha gente --y hace bien-- le pide a Dios que le arregle sus asuntos materiales. No parece un disparate que un hambriento pida pan al Señor y que un pobre le demande algo para salir de su situación precaria. Solo los soberbios eligen el tipo de peticiones que no se "pueden" hacer a Dios. Cuando Jesús multiplica los panes y los peces la muchedumbre le quiere hacer rey y el se marcha, solo, a la montaña. No desprecia el entusiasmo popular y lo comprende, pero no puede ser así y por eso se marcha.

Jesús nunca habló de peticiones especializadas, sino de la fe necesaria para pedirlas. Asimismo, otros soberbios no piden porque no confían en que Dios podrá satisfacerlos y ese es muy mal camino. Nuestra oración a Dios debe ser completamente sincera. Ello nos llevará a pedir lo que consideramos justo y necesario. Pero, no podemos dejar de pedir a un amigo lo imposible si ello es bueno. Estamos seguros aquí en Betania que, de una forma u otra, el Señor siempre da cumplida respuesta a nuestras peticiones.

2.- Un solo cuerpo, un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo. Ese es el resumen del pasaje de la Carta de Pablo a los Efesios y nos dispone a pensar en la unidad de los cristianos. La desunión es una de las cosas que más escandalizan y debemos de esforzarnos porque un día solo haya un rebaño conducido por el Señor Jesús. En los últimos tiempos se ha trabajado mucho en el Ecumenismo, pero no hay transferencias reales. Los templos de una y otra confesión siguen cerrados para los que no pertenecen a la misma. Hay que avanzar en ese camino de puertas abiertas. A veces es lógico pensar que la herejía es más una posición que una concreción doctrinal. Anglicanos, católicos y ortodoxos estamos muy cerca en nuestras celebraciones litúrgicas y, sin embargo, continuamos desunidos. Habría que dar un paso "provisional" para que, al menos, los templos nos sirvieran a todos. Esto es lo que deseamos con todo el corazón.


LA HOMILIA MÁS JOVEN


COMUNISMO

Por Pedrojosé Ynaraja

1.- Ya sabéis, mis queridos jóvenes lectores, que en el evangelio de Juan debemos buscar siempre una segunda intención, es decir, que el texto no es una simple crónica. No seré yo quien lo ignore, pero, no obstante, para que lleguemos al meollo de la cuestión es preciso pasar primero por la corteza. (Como para entrar en el interior de la vivienda de un amigo, es necesario primero saber donde se alberga y después atravesar la fachada). Que todo el evangelio de hoy nos prepara para la realidad insigne de la Eucaristía, no hay duda, pero que la Revelación nos llega mediante un escenario que hay que conocer y unas circunstancias en las que hay que fijarse, también es verdad.

Os recuerdo que el episodio ocurre a lado de una gran masa de agua que confiere al ambiente un alto grado de humedad, el lago de Galilea. Que se vive a 200 metros bajo el nivel del mar y que la temperatura llega a veces a subir por encima de los de 40º C. La sensación de bochorno en estos lugares es inmensa. Por muy habituados que estuviesen aquellos galileos, Jesús entre ellos, influían estas circunstancias en su estado de ánimo. Ciertamente que disponían de tiempo en abundancia, cosa de la que nosotros carecemos casi siempre. Podían escuchar al Maestro largamente y nada impedía que si les entraba sueño, se quedasen dormidos, pero el hambre, sin duda, corroería su interior al cabo de un tiempo. La pereza dificultaría tomar decisiones firmes, pero no embotaría el entendimiento, ni frenaría la secreción gástrica y por ende la sensibilidad del estómago vacío.

2.- Jesús que con serenidad pretende iniciarlos en uno de sus más sublimes proyectos, es realista y tiene conciencia de que ha llegado el momento en que la gente siente desfallecimiento a causa de no haber comido. Quiere compartir la preocupación con los suyos. De parte del primer discípulo con quien habla, escucha palabras escapistas. Pero no se queda en la constatación de que se necesitarían muchas cargas de alimentos para satisfacer las necesidades de aquella multitud. Indaga en las posibilidades con que cuentan. Le dice otro, Andrés, hermano de Pedro, que hay un chico que tiene cinco panes y dos peces, poca cosa, pero no despreciable, si está dispuesto el chaval que los ha traído, a cederlos.

Cinco panes de cebada (duros serían y nada esponjosos, como corresponde a los elaborados con este cereal) Dos peces, salados sin duda, como los elaboraban por aquellas tierras, especialmente en la vecina Mágdala, situada a pocos kilómetros del lugar (para entendernos sería algo así como nuestro bacalao). Tratándose de tan poca cosa ¿a quien se le ocurre pedírselos, para repartirlos a los demás?

3.- Entendámonos: es relativamente fácil decidir un día, que cada uno se lleve su merienda, que luego se pondrá sobre un mantel y se compartirá entre todos. El comunismo idealista de los que tienen mucho, es fácil de entender y no tan difícil de practicar. Lo que cuesta es compartir con los demás, que no han traído nada, lo poquito que uno tiene. Cuesta y además es estrambótico pretenderlo. Seamos realistas: una miga de pan no calma el hambre. Y no mucho más que una miga es lo que les podía tocar a aquella multitud fervorosa, reunida alrededor del Maestro. Y un trocito de aleta de pescado salado, tampoco podía saciarles. Así es, pero también lo es que, a veces, hay personas que tiene una generosidad quijotesca. A este anónimo chico que se desprendió de lo poco que había traído en su zurrón, se le debería levantar un monumento. En la Eternidad, con seguridad que ya se lo han erigido.

El joven aporta su pequeña gran generosidad y Jesús con ella obra la portentosa gran y divina generosidad. Seguramente que aquel muchacho entendía muy poco de lo que se explicaba cada sábado en la sinagoga, seguramente que a Jesús le conocía muy poco. Simplemente fue generoso y gracias a ello se obró el prodigio y se ofreció a los hombres un ensayo de Eucaristía. La más elemental y profunda diferencia que distingue entre sí a los hombres, es que unos son generosos y otros egoístas. Preguntaos ahora, cada uno de vosotros, donde os encontráis

4.- Pero no olvidéis, mis queridos jóvenes lectores, que aun en estos momentos tan solemnes, Jesús piensa en los necesitados ¿a dónde fueron a parar todos aquellos cestos de panes que sobraron? No se han preocupado los autores de decírnoslo. En realidad, fueran a parar donde quisieran, la conciencia de que si hay hambre no se puede tirar comida, la aprendieron. Y nosotros hoy, también la debemos aprender y obrar en consecuencia, aunque en casa creamos que no hay sitio para guardar las cosas que a otros que carecen de ellas, les pueden ser útiles.

Y el Señor aun en estos momentos no se desprende de la modestia. Van a condecorarle, pues Él se evade. No ha venido a recoger trofeos, sino a servir. Otro día veremos que, todo esto, no ha sido más que una introducción, al generoso y admirable don de la Eucaristía.