La Asunción de la Virgen María
15 de agosto de 2006

La homilía de Betania


1.- LA VIRGEN SE NOS VA DE LAS MANOS

Por José María Maruri SJ

2.- ¡QUÉ BIEN! ¡PERO QUÉ BIEN CUMPLIÓ!

Por Javier Leoz

3.- LA ASUNCIÓN DE MARÍA ES SU RESURRECCIÓN

Por Antonio Díaz Tortajada

4.- TRIUNFO DE LA MUJER, TRIUNFO DE MARÍA

Por Antonio García Moreno

5. - LA DORMICIÓN DE MARÍA

Por Ángel Gómez Escorial


LA HOMILÍA MÁS JOVEN


ASUNCIÓN O DORMICIÓN

Por Pedrojosé Ynaraja


1.- LA VIRGEN SE NOS VA DE LAS MANOS

Por José María Maruri SJ

1.- Este evangelio es lo menos oportuno que se puede pensar, cuando parece que todos nosotros como aquella buena mujer del pueblo tendríamos que decir bendita sea tu Madre precisamente por ser tu Madre, y como consecuencia bendita por su Inmaculada Concepción. Y por su Asunción a los cielos, el Señor pone en su punto todas estas alabanzas de esa mujer de pueblo y de todos nosotros.

Porque ser Madre de Dios, ser Inmaculada por ello y ser asunta a los cielos no es mérito ninguno de la Virgen Santísima y ella lo sabe muy bien. La Virgen María no se glorió en vida más que de uno de sus títulos, es verdad que se sintió dichosísima de ser madre de Jesús, se sentiría orgullosísima de ello a sabiendas de que todo lo debía a la libre elección de Dios.

Pero si hay un título en el evangelio del que Ella hace gala desde un principio y es precisamente de lo mismo que Jesús la alba en el evangelio de hoy, Feliz el que conoce la voluntad de Dios y la cumple, feliz y bienaventurada la Esclava del Señor. He aquí la esclava del Señor.

2.- La Virgen Santísima ascendida por los aires al cielo se nos va de las manos y Ella misma no sé yo si se siente muy a gusto separándose así de sus hijos.

Es mucha verdad que Ella resucitada y ascendida al cielo es para todos nosotros el ejemplo palpable de lo que va a ser con nosotros. María es el primer ser puramente humano que alcanza del Señor su plena resurrección y en el mismo tren que Ella vamos nosotros y donde Ella ya ha llegado llegará un día nuestro vagón para encontrarnos en el mismo andén que ella y en ese estado de una nueva vida resucitada.

Pero lo mismo el Señor Jesús que nos avisa hoy en el evangelio que nuestra Madre que en esta vida no quiso más que ser la esclava nos hace bajar los ojos del cielo por el que se nos va nuestra Madre a esta tierra llena de hermanos, llena de hijos de Dios y de la Virgen, a cuya suerte va unida la nuestra.

3.- Ninguno de nosotros va a ir al cielo solo, los compartimentos del tren del cielo son familiares, son comunitarios, hay que llenarlos de gente antes que el tren se ponga en marcha.

El egoísta que quisiera meterse en uno de esos compartimentos y cerrar la puerta para ir más cómodo al cielo se quedaría en tierra, su vagón se desengancharía automáticamente del tren y nunca llegaría a la estación de término.

El que quiera suplir con oraciones y novenas y muchos golpes de pecho al amor a los demás la preocupación por los demás, el que quiera cambiar el tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber por muchas indulgencias plenarias compostelanas se queda en tierra, no sale en la foto.

Al andén del cielo hay que bajar llevando de la mano un montón de hermanos y hermanas formando una larga fila en la que se vea una carilla negrita y con unas tirantes trenzas, unos ojillos rasgados con un flequillo que casi tapa los ojos, un mocosillo gitano con la tripa al aire, todos felices y contentos de ir de la mono a ver a nuestra común Madre. Madre de todos cristianos y no cristianos.

Llenemos nuestro vagón a tiempo antes que salga el tren, porque si estamos solos nuestro vagón se desengancha automáticamente, no lo olvidemos.


2.- ¡QUÉ BIEN! ¡PERO QUÉ BIEN CUMPLIÓ!

Por Javier Leoz

1.- Estamos celebrando una de las grandes fiestas de nuestra piedad mariana: la Asunción de Maria a los cielos. ¿Qué es lo que buscan o pretenden los atletas, los deportistas, los países que participan en diversas competiciones nacionales o mundiales?: rivalizar para ganar, conquistar el podium y, con cuantas medallas, más y mejor.

La festividad de la Asunción, me atrevería a decir, es la gran distinción que DIOS impone a la Virgen por haber estado ahí, por haber corrido hasta el final, por haber permanecido fiel, por no haber humillado al adversario –y esta es la diferencia con los juegos de los hombres- sino al revés: haberse humillado para que Dios hiciera aquello que tenia pensado

Hoy es el día en el que Dios eleva a la Virgen al podium del cielo; le abre sus puertas, la sienta a su lado por haber jugado limpiamente, con sencillez y obediencia, en pobreza y humildad, con pureza y desde la disponibilidad.

2.- No es extraño, por lo tanto, que miles de pueblos, ciudades, congregaciones, parroquias, diócesis, hermandades etc., la tengan como punto de referencia en sus vidas: la suerte que tuvo Ella la queremos tener nosotros.

-La lotería que le tocó a Ella, ser ascendida cerca del rostro de Dios, la añoramos, meditamos, cantamos y queremos para nosotros.

-Si Ella en este día subió a los cielos, nosotros también estamos llamados a juntarnos con la Madre en ese mismo lugar

-Si Ella permaneció hasta el final FIEL a sus principios, que nosotros no los olvidemos. La fiesta de la Asunción es precisamente eso: no perder el norte; no permitir que nadie vulgarice y adultere nuestra vida.

Una de las epidemias que nos asola, es la desmotivación general que existe en la juventud por superarse (¿ascender?) ¡Cómo se queman etapas antes de tiempo! ¿Qué pasará dentro de unos años ante la ausencia de ideales? Hay una respuesta y reto a la vez: llenar de nuevo el fondo de las personas; rearmarlas y rehacerlas de nuevo con la presencia de Dios.

Ante la presión sistemática, para que miremos exclusivamente a la tierra obviando esos otros valores que emergen del cielo, de esa fuente de felicidad y de fortaleza que nos viene de la fe en Dios, la Asunción es una invitación a elevar la cabeza, el espíritu y la mente.

A eso ha vino el Papa Benedicto a Valencia: .en la debilidad de la sociedad, DIOS nos da pistas para encarar de nuevo el futuro.

Por eso venimos aquí nosotros y honramos a la Virgen, la llevamos en procesión en este 15 a agosto o manifestamos públicamente nuestra adhesión a Ella.

3.- Fiesta de la Asunción. Llamada a mirar al cielo, a contemplar una vida ejemplar y valientemente vivida por Santa Maria.

Hoy Dios se la lleva a su lado, porque su cuerpo no puede corromperse en la tierra.

Mirar al cielo y tener fe como Ella, conlleva un triunfo. Una apoteosis que no son las medallas de oro y de plata que el azar o el mérito de la vida nos da, es la alegría de ver un día cara a cara a los nuestros y ver cara a cara el rostro de Cristo, el semblante de Dios, la fuerza viva del Espíritu, la figura que tanto hemos amado, mientras estábamos en la tierra, de Maria.

4.- Subes Maria

Subes, Santa María, Virgen y Madre

porque, mientras estuviste con nosotros en la tierra,

ye dejaste llevar por la Palabra que, suavemente, bajaba del cielo.

Subes, Santa María, porque Dios no puede permitir

que, tanta belleza, quede escondida y corrompida

por lo que, a los demás, un día nos ocurrirá.

Subes, Santa María, y se abren las puertas del cielo

con la misma rapidez, y de par en par,

como se abrieron las de tu corazón en aquel día de Nazaret.

Subes, Santa María, ¿subes o te llevan?

¡Te lleva, Virgen y Madre!

¡Te lleva el Dios que te enamoró!

¡Te lleva, a su lado, el Dios que cautivó tu corazón!

¡Te lleva, cerca de su trono, Aquel que por un Ángel te habló!

Subes, Santa María, para recibir el premio por tanta locura de amor

Subes, Santa María, para ser coronada por el mismo Dios

¿Subes, María, o te suben?

¡Te ascienden, María!

Te ascienden para que nos señales el camino a los demás

Para que, viendo el destello de tu gloria,

no olvidemos el sendero que une el cielo con la tierra

Para que, entrando Tú, como lo hizo el Hijo,

un día también nosotros podamos gozar, bailar,

festejar, cantar y saborear lo que, en este día,

Tú contemplas y sientes al ser elevada.

¡Felicidades, María!

¡Felicidades por este premio que Dios te concede!

¡Felicidades por estar tan cerca del trono de la Gloria!

¡Felicidades por haber cumplido tanto y tan bien!

¡Felicidades por ser referente en nuestra vida de fe!

¡Felicidades por no conocer la corrupción!

¡Felicidades por tanto amor en el cielo!

¡Felicidades por ser Madre en la tierra!

¡Felicidades, y no olvides, guiarnos desde el cielo!

Amén.


3.- LA ASUNCIÓN DE MARÍA ES SU RESURRECCIÓN

Por Antonio Díaz Tortajada

1. María es la madre de Jesús. María, por eso, es la madre de Dios-hecho-hombre. María es nada menos que la madre de Dios-hecho-hombre, y nada más que eso. Una mujer como todas las demás, lo que nos hace seguro el hecho de que Jesús era perfectamente hombre, realmente humano, y no un Dios disfrazado de hombre. Cuando Dios tomó la carne y la hizo suya lo hizo con todas las consecuencias.

Porque su carne iba a tener una unión íntima con la carne de Dios-hecho-hombre, María fue preservada de todo pecado desde su concepción, es decir, desde que ella fue concebida por sus padres. Pero todos los dogmas marianos son ejemplares y eclesiológicos: Nos revelan algo sobre la Iglesia y algo sobre cada uno de nosotros sus miembros. El dogma de la Inmaculada Concepción también nos revela algo sobre nosotros: Si nosotros no quedamos inmaculados (limpios de todo pecado o mancha) por nuestro bautismo, María tampoco lo fue desde su concepción. El bautismo nos hace miembros del cuerpo de Cristo, nos da esa unión íntima con la carne de Dios-hecho-hombre que tuvo María al concebir en su seno a Cristo.

2. Por haber sido concebida sin pecado María es, como nadie, la mujer nueva, la nueva Eva. Con ella comienza la nueva humanidad en la que el pecado no tiene derecho a existir, en donde debe llegar a ser (el pecado) sólo un mal recuerdo del pasado; el pecado y todas sus consecuencias: el dolor, la injusticia, la muerte.

La Asunción de Nuestra Señora expresa que María, por su íntima unión con Dios-hecho-hombre y por su fidelidad en el amor, está ya resucitada, está ya en plena posesión de Dios. El dogma de la Asunción nos revela lo que será nuestro fin, en qué acabará nuestra vida, en qué acabará la vida del hombre, la vida de los seres humanos. El dogma de la Asunción nos revela que toda nuestra persona está destinada a resucitar, a entrar en plena posesión de Dios. Prueba de ello es que un ser totalmente humano, un ser exactamente como el nuestro, el ser de María, está ya en plena posesión de Dios.

Cada uno de nosotros, como miembros del cuerpo de Cristo, está destinado a resucitar como Cristo, eso ya se ha efectuado en María, igualmente se efectuará en todos los miembros del cuerpo de Cristo, porque algún día la cabeza entera y el cuerpo entero estará resucitado y glorioso.

3. En la primera lectura sacada del libro del Apocalipsis, se nos dice que no nos desanimemos nunca. Que aunque el mal parezca hacer despliegue de su poder y fuerza, o de toda su malicia, Cristo acabará triunfando y el triunfo de Cristo es la primicia, el prólogo, del triunfo de cada uno de los seguidores de Cristo, porque donde esté el Señor allí estarán también sus servidores.

A través de la toda esta pirotecnia celestial que se nos describe simbólicamente en relato del Apocalipsis, se nos anuncia el triunfo de la Iglesia, cuerpo de Cristo.

San Pablo a los cristianos de Corinto, insiste en que no se puede hablar de María sin hacer referencia a Cristo. El triunfo de Cristo es el triunfo de su madre, María, y es como una prenda segura del triunfo definitivo de cada uno de nosotros. Lo que se afirma de María se afirma de toda la Iglesia, cuerpo de Cristo. La asunción de María es el triunfo anticipado de la Iglesia.

La visita de María a Isabel, que nos relata el Evangelio, es un episodio sencillo de una vida humilde al servicio de los que necesitan ayuda. Con la fiesta de la Asunción celebramos el triunfo grande que Dios reserva a las vidas humildes, a las vidas de los humildes que dedican su vida a servir por amor a sus semejantes.

Fijémonos en cómo María, con frases que hasta podrían parecernos duras, dice que se alegra de que Dios le “dé vuelta a la tortilla”, de que “los que siempre han estado” tengan que ceder su lugar acostumbrado a los que jamás soñaron sentarse en un trono u ostentar el poder. María dice que se alegra de que Dios llene de sus bienes a los pobres y despida con las manos vacías a los que siempre las han tenido llenas.

Al llevar a María a la plena posesión de Dios, por su asunción, Dios mismo hace triunfar al pueblo de los humildes. La Asunción de María es su resurrección, igual que al ascensión de Jesús no es sino el desenvolvimiento de la misma idea teológica encerrada en la verdad de su resurrección.


4.- TRIUNFO DE LA MUJER, TRIUNFO DE MARÍA

Por Antonio García Moreno

1.- "Una gran señal apareció en el cielo: una Mujer, vestida de sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas en su cabeza" (Ap 12,1). San Juan habla con frecuencia de los signos. Incluso, a diferencia de los Sinópticos, llama a los milagros que Jesús realiza con ese término. Así al milagro de Caná le llama “el primero de los signos”. De esa forma ve en los prodigios que el Señor realiza una manifestación de su poder y su gloria, una revelación del Misterio de Cristo. Así al narrar el milagro de la multiplicación de los panes y los peces acaba diciendo que Jesucristo es el Pan de vida.

Es curioso y significativo que en el último de los signos joánicos aparezca, como en el primero, la figura de la Mujer. En Caná intercediendo por aquellos jóvenes esposos y en el Apocalipsis enfrentada al Dragón rojo que intenta matar al hijo que va a nacer. En ambos casos su intervención es providencial. Y lo mismo que consiguió que Jesús convirtiera el agua en vino, de la misma forma conseguirá vencer al Demonio y salvar a sus hijos.

2.- "Cristo resucitó de entre los muertos como primicia de los que durmieron" (1 Co 15,20). Jesús abatió a la muerte. Su poder divino devolvió la vida a su cuerpo muerto. Se iniciaba así el desfile triunfal de los vencedores. Es cierto que cuantos van tras de él, han de esperar aún al último día, cuando el Señor vuelva glorioso a juzgar vivos y muertos, para alcanzar la plenitud del triunfo con la participación en la gloria del propio cuerpo. Sin embargo, hay una excepción que confirma esa regla, María Santísima.

En efecto, lo mismo que nadie como ella participó de los sufrimientos del Redentor, de la misma forma nadie como ella debía participar de la victoria de Cristo. Por otra parte, ella fue concebida sin pecado y, por tanto, era lógico que no sucumbiera al poder de la muerte como los demás hombres. Así lo reconocieron los cristianos desde los primeros tiempos. Por fin, la Iglesia se pronunció solemnemente y por medio del Papa Pío XII declaró el dogma de la Asunción de María en cuerpo y alma a los cielos.

3.- "Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre..." (Lc 1,42) Isabel exclama gozosa ante la presencia de la Virgen María. Tan sólo llegar y ya ha brotado el alborozo del niño que late en sus entrañas desde hace seis meses, los suficientes para hacerse sentir ante la cercanía de la Madre del Señor. El Hijo de Dios, ya en el seno virginal de María, permanece silencioso y escondido... Misterio profundo que sólo mediante la fe podemos comprender un poco y aceptar rendidos.

Cercanía de la Virgen que suscita admiración y gozo, cantos de amor y de esperanza a nuestra Madre y Señora. También nosotros hemos de unir nuestras voces al coro de las alabanzas que todas las generaciones cantan a la Bienaventurada Virgen María. Pero no olvidemos que nuestro mejor poema no se hace con palabras sino con obras, con una vida semejante a la de Santa María, "Maestra en el sacrificio escondido y silencioso", como gustaba recordar San Josemaría Escrivá.


5. - LA DORMICIÓN DE MARÍA

Por Ángel Gómez Escorial

1.- Las Iglesias Orientales hablan de la Dormición de María como titularidad de la presente fiesta. Es, tal vez, más completa la nomenclatura eclesial de Occidente que habla de asunción: de subida al cielo. Pero la Dormición --el plácido sueño-- como tránsito de esta vida a su presencia eterna en la Gloria de Dios es algo muy bello. En la Liturgia de las Horas, en las Completas, todas las noches, antes de rezar la última antífona que está dedicada a la Virgen, se repite: "El Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una muerte santa". El sueño parece una antesala de la muerte cuando los cristianos despegamos del hecho de morir todo lo truculento o desagradable que culturalmente hemos añadido y la fe nos lleva a considerarlo como una Dormición.

Sabemos que la Virgen María está, junto a Jesús, en el cielo y en cuerpo y alma. Esos dos cuerpos gloriosos, no sometidos --ya-- a mutación alguna son la promesa de lo que ocurrirá después de nuestra resurrección. Y en la esperanza gloriosa de la vida eterna hay mucha fuerza para seguir nuestro camino, acompañando a Jesús, a la Virgen, a la Iglesia. Es cierto que hay una tendencia a amortiguar lo maravilloso que encierra el mundo futuro del que nos habla Cristo. Da un cierto vértigo pensar en la forma de nuestro futuro cuerpo glorioso. Y, sin embargo, va a ser real. Jesús, en su conversación con un grupo de saduceos, quienes le planteaban la trampa de la viuda, sucesivamente casada con varios hermanos, habló de que "seremos como ángeles". No, ángeles. Y esa es una alusión muy directa a la glorificación de nuestra humanidad.

2.- Hemos repetido varias veces que algo que nos produce estupor es que las iglesias llamadas protestantes -su gran mayoría- han prescindido de dos ayudas fundamentales para la vida del cristiano: la Eucaristía y el culto a la Virgen. Los católicos encontramos en esos dos caminos una fuerza enorme para continuar todos los días la senda de seguimiento de Cristo. No establecemos comparación --ni competición-- entre ambas. En la Eucaristía está Jesús y es, fehacientemente, alimento espiritual. La devoción a María es para la mayoría un camino amable --y entrañable-- de devoción popular. Muchos los han experimentado como un remedio "in extremis" para sus dolencias espirituales. Ocurre, entonces, que sin contar con la ayuda de la Eucaristía tiene que ser más difícil y más lejana la vivencia de la amistad, de la proximidad de Cristo. Y algo parecido puede decirse de la ausencia de la devoción mariana, aunque como decíamos sin comparaciones entre ambos caminos.

3.- En las lecturas de la Misa del 15 de Agosto tenemos el relato impresionante del libro del Apocalipsis. Aparece en el cielo una imagen portentosa, el de una mujer encinta. Y el dragón está presto a devorar al niño que va a nacer. Los tratadistas ven en esa mujer a la Iglesia y, sin embargo, nada puede estar mejor dibujado en la alegoría de San Juan como la irrupción de María en la acción salvadora de Cristo. Y el relato del Apocalipsis enlaza directamente con la Epístola de Pablo. Se refiere a la victoria final, a la derrota de la muerte y al establecimiento del reino del futuro.

San Lucas nos va a traer el episodio de la visitación de María a su prima Isabel que termina con el rezo ilusionado del Magnificat, una de las páginas más bellas de los Evangelios. El Himno del Magnificat está presente en la Liturgia de las Horas, en el rezo de las Vísperas y tiene especiales resonancias para muchos. Es la contribución diaria a ese culto hermoso y sereno a la Madre de Dios.


LA HOMILÍA MÁS JOVEN


ASUNCIÓN O DORMICIÓN

Por Pedrojosé Ynaraja

1.-Cuentan viejas historias, mis queridos jóvenes lectores, que Santa María, la buena madre del Salvador, llegó a la ancianidad. Había sido acogida por Juan, el discípulo joven y predilecto, que, sin perder la juventud espiritual, se había hecho hombre maduro. Son diversas las historias que se cuentan de aquella etapa. Unos lo sitúan en las cercanías de Esmirna, o Éfeso, donde se conserva un santuario al que llaman la cocina de la Virgen. Otra historia explica que estaba en Jerusalén y, ante el agravamiento de su salud, los ángeles corrieron, (los ángeles ya sabéis no corren, tampoco vuelan, es un decir), visitando a cada uno de los discípulos del Señor y diciéndoles que acompañaran a la Madre del Maestro en su tránsito definitivo. Se reunieron a su alrededor. El icono de la dormición es un prodigio de ternura. Estaban, según cuentan, en la misma habitación alta donde se reunieron aquella última Pascua, donde estaban también, cuando el Espíritu Santo descendió como una tormenta sobre la pequeña comunidad de discípulos. Seguramente esta última historia es del todo correcta. En Jerusalén se ha edificado una Basílica en lugar muy próximo al acontecimiento. Es un precioso homenaje a Nuestra Señora.

2.- Los discípulos tomaron el cuerpo de la Santa Madre y lo bajaron a enterrar a Getsemaní, aquel lugar tan querido de Jesús, que se cree era propiedad de una amiga de Ella. Otro Santo Entierro. Con seguridad se acordarían del primero. Y pasó un tiempo y, al ir un día a visitar la tumba, la encontraron, como la otra, vacía. No cuentan las crónicas que se le apareciera a ninguna magdalena. Continúa, según dicen, apareciéndose. Y Lourdes y Fátima, La Salette y Guadalupe, Medjugorje y Betania de Venezuela, y otras muchas, son pruebas de ello. Santa María no abandona a nadie, parece repetirnos estos lugares. Desde entonces, a orillas del torrente Cedrón, permanece muda la losa donde un tiempo reposó aquel cuerpo inmaculado. Arqueológicamente, es auténtica.

Seguramente os ha chocado la descripción que se narraba en la primera lectura. Me refiero al texto enigmático del Apocalipsis. Se escribió este libro en tiempos de persecución y, ya sabéis que en estas circunstancias, se utiliza un lenguaje cifrado. Sea lo que fuere, nosotros aplicamos el párrafo a Santa María. Aunque esto que os voy a decir, muy pocos de vosotros, mis queridos jóvenes lectores, podáis realizarlo, os recomiendo que, si os desplazáis por la vieja Europa y os acercáis a los Alpes, no dejéis de visitar la iglesita, frente al Mont Blanc y Chamonix, del Plateau d’Assy. Allí veréis un precioso tapiz de Lurçat, que ilustra esta primera lectura. De todos modos, aunque no podáis ir, podéis sin duda ver una buena reproducción por Internet, acudiendo a la web de la población francesa. La lectura y la ilustración os ayudarán a comprender la importancia de la Señora. Y es que María en su maravillosa sencillez, encierra el gran misterio de su fidelidad, que dio paso a la aceptación de la maternidad, a la protección del mismo Hijo de Dios y a la aceptación de su maternidad en favor nuestro. El recinto del que os acabo de hablar se llama “Nuestra Señora de todas las gracias” y allí, rodeado de muchas obras de arte, os resultará fácil recordar que al ser llevada al Cielo, María se convierte en madre generosa de toda la humanidad.

3.- Nos toca hoy unirnos espiritualmente a los apóstoles, acompañarles en su piadosa procesión y descubrir en nuestro interior, que está muy próxima y pedirle entonces que interceda por nosotros, ahora y en la hora de nuestra muerte. Y repetir esta súplica millones de veces en la vida. La lectura evangélica nos lleva a otra reflexión. ¿Como sería la convivencia con Isabel aquellos tres meses? Porque Maria era santísima, pero era una joven, matrimoniada, todavía sin boda, y lo más normal, a los ojos de los vecinos, es que estuviera embarazada. Ahora bien, a los ojos del vulgo, lo extraordinario era que una mujer de avanzada edad, esperara un hijo. E Isabel no era tan santa y el marido, Zacarías, un mudo histérico, no sería demasiado fácil de tratar. La convivencia, en algunos momentos, no sería fácil. Se lo confirmaría más tarde el viejo Simeón. Ahora lo iba adivinando: aquel hijo que esperaba, no le proporcionaría una vida cómoda. El chiquillo adoptivo, que somos cada uno de nosotros, tampoco se lo facilitamos. Pero ella aceptó, generosa, ser intercesora nuestra ante su Hijo.

Cerca del núcleo urbano de Ein-Karen, donde se recuerda la visitación que narra el evangelio de hoy, está la tumba de Isabel. Al visitarla, o al recordarla, no dejéis de admirar a esta pareja de viejecitos, relacionados, por familia y por los designios de Dios, a la salvación de la gran familia humana.