TALLER DE ORACIÓN


A partir de esta semana –y durante las ediciones correspondientes al verano-- la oración de La Casa de Betania hace una interesante reflexión sobre la Eucaristía. Su autora, Julia Merodio, dirige hoy estas palabras a los matrimonios. Tendrá sentido, entonces, que los textos que vienen a continuación se lean en pareja y se saboreen como un acto más de la vida matrimonial. Pero también es útil leerlos en comunidad. Recordemos que el cristianismo no es una religión den solitarios y que no rezamos con un “padre mío que estás en los Cielos”, sino con el “comunitario” Padre Nuestro...


HABLEMOS DE LA EUCARISTÍA

Por Julia Merodio

+ 1ª. Corintios.- “Acción de gracias”

“Tomó el pan y el vino y pronunciando la acción de gracias...”

-- Pan partido y sangre derramada. ¿Te quieres comprometer con el Señor?. Si es así, toma la decisión de amar con todo lo que conlleva de ofrenda, silencio y gratuidad. Dios para crearnos sólo pronunció unas palabras “Hagamos al hombre...” pero nos redimió con su sangre. Nosotros cuando recibimos nuestro sacramento, lo hicimos con unas palabras “si quiero”, pero para hacer familia hace falta sufrir, ofrecerte, callar, regalarte gratuitamente a los demás... y esto no puede hacerse sin decisión, sin esfuerzo. A ti no te corresponde morir derramando tu sangre, pero tendrás que morir un poco cada día entregándote a los demás.

+ Todos somos conscientes de la importancia de la Eucaristía, de su valor infinito.

Pues yo creo que la institución de la Eucaristía fue la rúbrica de una eucaristía vivida en el día a día. Jesús había hecho de su vida una eucaristía, sólo le faltaba sellarla y ofrecerla. Jesús había perdonado sin límites; había sido Palabra entregada a todos públicamente, sin elegir a los destinatarios; había dedicado mucho tiempo a la escucha del Padre en la soledad y el silencio.

También había sido “ofertorio” porque se ofreció a los demás con su cercanía, sus milagros y su amor. Solamente le faltaba vivir la consagración para que la eucaristía fuera perfecta, por eso no duda al entregarse para subir a la Cruz. Él será “cuerpo entregado y sangre derramada”. Él será el amor fiel que nunca dice basta; es el que no deja fuera de su amor ni siquiera a los que a nosotros nos parece imposible amar. Es el amor perdón hasta las últimas consecuencias. Es el que entrega la vida por aquellos que se la están arrebatando.

Dios no sólo ama. Dios es AMOR. Por eso necesita el momento de la comunión, para llegar a todos, para fundirse con todos. Se parte y se reparte para regenerar nuestras fuerzas, para acompañarnos en el camino, para hacernos saborear su plenitud.

+ La Eucaristía tiene que estar insertada en nuestra vida.

Después de más de 2000 años, los cristianos nos seguimos reuniendo para celebrar la eucaristía. Mas no vamos a misa porque somos buenos, sino porque somos pobres. Si no te sientes pequeño, pobre, limitado, con actitudes que no responden a lo que te gustaría ser y creer, no serás capaz de arrodillarte ante Dios para decirle: Te necesito.

Mas para que la eucaristía se encarne en tu vida, tendrás que insertarla en todos los acontecimientos. Tendrás que vivirla: como familia, como comunidad y como iglesia.

Empieza por acercarte a tu esposo/a. Estamos llamados a recorrer el camino de nuestra vida juntos. Un camino duro, difícil, las fuerzas parecen agotarse, pero Jesús abre cada día su mesa, para alimentarnos porque sabe que necesitamos fuerza para seguir. ¡Qué importante es que nos sentemos a la mesa junto a Jesús!.

+ En la mesa se revelan las intimidades.

¿Cuánto hace que no habláis desde el corazón? ¿Cuánto hace que no escuchas al otro, porque crees que ya sabes todo lo que te va a decir?.

“Os he dado a conocer los secretos del Reino”, dice Jesús.

¿Le he dado yo a mi marido, a mi mujer a conocer mi intimidad, eso que me preocupa?. ¿Acaso tengo algún temor de poner en sus manos mis miedos, mis prejuicios, mis carencias, mis limitaciones?.

La mesa es un lugar de acogida, el lugar de lo gratuito, se reparte sin esperar compensaciones. La mesa es el lugar de la fiesta. ¡Qué importante es hacer de nuestras celebraciones una fiesta!. Compartir la amistad, las vivencias, los bienes, los dones de cada uno...

¿Será esta celebración una fiesta? ¿Me he sentido acogido al llegar? ¿He saludado a todos con alegría, o sólo a los conocidos, a los cercanos?

Tendremos que revisar cómo va lo de partir el pan para que llegue a todos, lo de tomar en unión el vino que regenera. Tenemos que entregarnos a los demás, vivir en comunión con todos y responder si, de verdad, queremos entregar nuestra vida. “Tengo poder para perder la vida y para darla”. Esto es la Eucaristía.

+ Como todo lo Grande de verdad, la Eucaristía tiene que tener un

modelo de vivencia y una actitud de compromiso.

Ese modelo es María. Ella nos lo trasmite con luz propia y nos lo regala como lo más preciado de su existencia. María fue eucaristía constante durante nueve meses. María fue el Arca de la Alianza, esa Custodia de brillantes que transportó a Cristo llenando de luz cada entorno donde ella se movió. María fue ese cristal transparente y nítido que dejó ver a Cristo sin mancha alguna. María fue la mujer fuerte que, al venir su Hijo al mundo, supo desaparecer ella para que creciese Él. Así de sencillo y así de grande. Por eso hoy tenemos que acercarnos a la madre para que nos enseñe lo que es la eucaristía, para que la viva a nuestro lado, para que nos ayude a encarnarla en la vida, llevándola a los demás.

Pues vivir la eucaristía es:

* Poseer el bien más preciado de la vida.

* La reunión de los hermanos en la fraternidad.

* La que te hace ser buena noticia, formada a la luz del evangelio.

* Es la que te da fuerza para cargar con la cruz de cada día.

* La que te ayuda a olvidarte de ti para vivir en comunión con los demás.