Domingo XV del Tiempo Ordinario
16 de julio de 2006

La homilía de Betania


1.- LA LISTA DEL AJUAR

Por José María Maruri

2.- DE ACUERDO CON EL MENSAJE

Por Antonio Díaz Tortajada

3.- ¡MANOS PARA LA OBRA! ¿LAS ENCONTRARÁ EN NOSOTROS?

Por Javier Leoz

4.- ENVIADOS DE CRISTO

Por Antonio García Moreno

5.- ¡SALID A PREDICAR!

Por Ángel Gómez Escorial


LA HOMILÍA MÁS JOVEN


UNO PASTOR Y RECOLECTOR UNO, LOS OTROS AVENTUREROS

Por Pedrojosé Ynaraja


HOMILIA PARA LA FESTIVIDAD DE LA VIRGEN DEL CARMEN


EL MAR DE LA VIDA

Por Javier Leoz


1.- LA LISTA DEL AJUAR

Por José María Maruri

1.- Esta lista del equipo de los apóstoles me recuerda siempre la lista del equipo que teníamos que llevar al noviciado cuando ingresamos en la Compañía de Jesús y honra muchísimo a esta institución que es lo único que en los muchos años de vida en la Compañía pidió a mi familia.

Mateo, Marcos y Lucas ponen esta lista del equipo pero no se ponen de acuerdo en el bastón y las sandalias Mateo no admite ni sandalias ni bastón Marcos admite el bastón y las sandalias y Lucas no admite el bastón y se le olvidan las sandalias.

Lo cual quiere decir la poca importancia que dieron ellos a esa lista del ajuar para quedarse sólo con lo importante y es que el Señor les aconsejaba ir a predicar no agobiados por una de esas inmensas mochilas que llevan a veces chicos y chicas para ir a la montaña.

Lo importante es la disposición desprendida y generosa del apóstol, o cura de turno que no debe olvidarse de estas palabras del Señor de que debe dar gratis lo que gratis ha recibido que es la Fe. Esto se lo saben muy bien, más que los curas los fieles y por eso son generosísimos cuando se pide para el Hambre... el Domund, etc. y se les arruga el bolsillo cuando se pide para el mantenimiento de la Parroquia.

Y como los "curas" deben acordarse de aquel dar gratis lo que gratis recibieron los fieles deberían acordarse de lo que en este mismo pasaje pone San Mateo, hombre más acostumbrado a los números y es "que el obrero merece su sustento por eso no está bien que los fieles nos apliquéis la eutanasia pasiva a vuestros "curas" aunque en nuestros casos siempre la Compañía sale generosísimamente en nuestra ayuda.

2.- Sabéis lo que vosotros y nosotros solemos olvidar que el Reino y su extensión no depende de medios humanos y tal vez vosotros y nosotros confiamos más en medios humanos que sobrenaturales.

Allá por los años 20 se discutían los primeros puestos en nuestra Casa Profesa de la calle la Flor (que fue devastada e incendiada por las democráticas hordas republicanas de los años 30) digo que se llenaba nuestra iglesia para oír a un célebre predicador, de gran fama entonces el Padre Alfonso Torres su pensamiento preclaro corría ligero por frases pulidas y concertadas y los más ignorantes, y que no entendían ni palabra, se veían forzados a alabarlo por que eso redundaba en propia alabanza haber escuchado y entendido a tan gran predicador.

Y en esa misma Casa Profesa había otro hombre, ese Padre Rubio –a San José María Rubio-- cuya tumba tenemos en el claustro de la Iglesia de la calle Serrano, y nadie cuenta alabanzas de su predicación, pero todos cuentan que desde el momento que el Padre Rubio, lleno de Dios aparecía en la iglesia se hacía un silencio respetuoso y profundo que llegaba al corazón. Del Padre Alfonso Torres han quedado sus elocuentes sermones del Padre Rubio no ha quedado mas que su santidad. No olvidéis y no olvidamos que eso es lo único que importa.

3.- El Señor acepta la hospitalidad tan propia de la mentalidad hebrea el huésped no debe ser un parásito. La didajé, o enseñanza de los apóstoles reduce a dos días esa estancia del enviado y más o menos concuerda con aquel dicho chino que dice "el huésped como el pescado al tercer día huele mal".

San Marcos insiste en la no hospitalidad, en el rechazo que va a encontrar el que quiera extender el Reino de Dios. El enviado, el pobre cura, no es un representante de una casa comercial, que se vale de la excelencia de los productos y su precio módico para vender sus productos, el pobre cura tiene que hacerse impopular no pocas veces diciendo que está mal lo que todo el mundo dice que está bien, apareciendo como un ensotanado opositor retrógrado del aborto como una señora dijo recientemente en TV, y que lo dijo, claro, porque era una defensora a ultranza del aborto. Y para ella si había sitio en la TV.


2.- DE ACUERDO CON EL MENSAJE

Por Antonio Díaz Tortajada

1. La primera lectura de la liturgia eucarística es del libro del profeta Amós. Amos es un pastor y cultivador de higos enviado por Dios a profetizar contra la injusticia social. El libro nos relata lo que ocurrió con el profeta cuya misión duró alrededor de tres meses nada más. Parece ser que Amós se corrompió lo suficiente como para dedicarse a comer del mismo santuario al que criticaba. Cuando uno de los sacerdotes de ese santuario se lo hizo notar, el profeta cayó en la cuenta de su pecado y volvió al buen camino de su honestidad; se retiró y no se supo más de él.

No basta que digamos la verdad, hace falta que nuestra vida esté de acuerdo a nuestro mensaje. Nuestra vida y nuestras palabras tienen que ir de acuerdo. No podemos mantener una incoherencia entre la fe que decimos profesar y la vida que llevemos. Nuestra fe debe verse por nuestras obras.

La protesta de Amós acerca de su ser o no ser profeta nos indica hasta qué punto el oficio de profeta se había desprestigiado ya para esa época. Ni los verdaderos profetas querían ser tenidos por tales. El desprestigio se debió a que cualquiera se presentaba diciendo: A mí el Señor me dijo tal cosa o tal otra. El desprestigio llegó hasta la época de Jesús y así vemos a Juan Bautista negando que él fuera profeta.

2. Con la segunda lectura empieza el desarrollo de la carta de San Pablo a los cristianos de Éfeso. Es un himno de acción de gracias a Dios por su plan salvador. Se trata de una confesión de fe en lo que la persona de Cristo es. Es una especie de desenvolvimiento o explicitación de lo que decimos al final de la plegaria eucarística: “Por Cristo, con El y en El”, nada más que en esta ocasión lo que se explica es lo que por Cristo, con Cristo y en Cristo nos ocurre a todos nosotros los hijos de Dios y miembros de su cuerpo. Por Cristo, con El y en El, hemos sido bendecidos, elegidos para ser consagrados, incondicionalmente redimidos, perdonados, constituidos herederos, llenados del Espíritu Santo.

3. La tercera lectura está tomada del evangelio según san Marcos. Las instrucciones que Jesús da a sus enviados a evangelizar van dirigidas enteramente a subrayar que el evangelizar es algo urgente, algo tan urgente que no debe ser retrasado ni detenido por ningún motivo. Nada debe detener a los enviados; ellos deben moverse continuamente; nada debe resultarle un impedimento para viajar ininterrumpidamente. No se trata de ningún ensayo o entrenamiento, se trata de que anunciar el Reino de Dios urge. Todas las medidas a tomar, según el relato que analizamos, son las medidas que toma quien emprende un nomadeo urgente y sin fin.

Los primeros cristianos vivieron diariamente la sensación de tener que escoger entre hacerse discípulos de Cristo o quedar bien con los miembros de su familia, amistades o ciudad. Tenían que escoger aun entre Cristo y su propia vida. Hacerse anunciador del Evangelio, del Reino, es hacerse continuador de la misión de Jesús. Igual que el Padre envió a Cristo, El envía a sus seguidores a continuar esa misión. La misión de los seguidores es la misión de Cristo.

Un detalle del relato, en el que vale la pena fijarse, es el de que los envió de dos en dos. No significa que mandó a Pedro con Santiago, por ejemplo, sino que los envió a cada uno con su esposa. Así lo interpreta claramente San Pablo en la primera carta a los Corintios: “Acaso no tenemos derecho a viajar en compañía de un mujer cristiana como los demás apóstoles, incluyendo a los parientes del Señor y a Pedro?”.

El hecho de que en otra parte del Evangelio se den las mismas instrucciones referidas a los “setentaidós” lo único que implica es que nosotros vemos diferencias entre esos dos grupos de apóstoles (los doce o los “setentaidós”), pero que los evangelistas no las veían y que tampoco las veían los doce o los “setentaidós” seguidores de Jesús y continuadores de la misión de anunciar y proclamar el Reino de Dios.

Si el Reino de Dios significa algo en Marcos es precisamente la derrota definitiva de Satanás. En donde Reina Dios no puede reinar lo que se le opone, lo maligno, lo que no es Dios. Si creemos en el poder de Cristo no podemos creer en que el demonio tenga poder. El Reino de Dios se ofrece, se regala, lo mismo que Dios se ofrece y se regala porque tiene valor infinito y sabe que nosotros no podemos pagar su precio.

Si hubiéramos seguido esas indicaciones evangélicas de Cristo para su predicación y testimonio acerca del Reino, qué hubiera ocurrido con el mundo? ¿Cómo anunciamos nosotros que creemos en el Reino de Dios?


3.- ¡MANOS PARA LA OBRA! ¿LAS ENCONTRARÁ EN NOSOTROS?

Por Javier Leoz

1.- En este XV domingo del Tiempo Ordinario, cuando tenemos un recuerdo entrañable por los hombres y mujeres del mar, en el día de la Virgen del Carmen, nos reunimos en el Día del Señor como continuadores de aquella gran obra de los apóstoles; de aquellos hombres y mujeres que gozaron con la presencia del resucitado, que se fortalecieron con el pan de la eucaristía todos los domingos y que, no dudaron, en sacudirse de encima todo lo que les estorbaba para ser canales por los que siguiera corriendo el agua fresca que Jesús trajo con el Reino de Dios.

Entre aquellos y nosotros ha pasado el tiempo, pero el tesoro de la fe junto con su contenido, sigue siendo el mismo, aunque las formas –en algunos aspectos- hayan variado.

2.- Da vértigo y asombra el pensar la multitud de hermanos nuestros que han escuchado las mismas palabras de Jesús que nosotros hemos tenido la oportunidad de reflexionar hoy:

-Cuántos de ellos, sin más bastón que el apoyo en Dios, supieron fiarse en El y seguir adelante por su nombre.

-Cuántos de ellos, sin más alforja que la confianza en Dios, marcharon por esos mundos de Dios pregonando a los cuatro vientos que Jesús era el máximo bien añorado por todos los tiempos.

-Cuántos de ellos, sin más dinero que el esperar a que amaneciera para poder comer, no se distrajeron por el pan que calma el hambre, sino volcaron su ser en el afán de dar a conocer el evangelio.

-Cuántos de ellos, sin más vestido que la sencillez, no reservaron minutos para mirarse al espejo o en el reflejo del agua, porque sabían que no había tiempo que perder.

3.- ¿Y nosotros? Hagámonos un breve examen de conciencia:

¿Nos sentimos enviados por Jesús o simplemente miembros de una asociación con derechos y sin obligaciones?

¿En qué nos recreamos? ¿En la moda o en la felicidad que da el ser? ¿En la apariencia o en la sobriedad? ¿En la oración o en una cartilla saludable y pletórica de dinero?

¿Cómo reaccionamos ante las contrariedades? ¿En huída hacia delante o dando razón de nuestra fe? ¿Manifestando lo que somos o diluyéndonos como si fuésemos sal en un vaso de agua?

4.- Pidamos al Señor que, en primer lugar, arrojemos de nosotros mismos tantos demonios que nos impiden continuar –con nitidez y sin tapujos- la presencia de la gran bendición de Dios a nuestra tierra: JESUCRISTO

Pidamos al Señor que, en segundo lugar, nos sintamos responsables y activos misioneros en nuestras familias; en nuestro barrio; en nuestra cuadrilla de amigos. No hace falta marchar a miles de kilómetros para anunciar el Evangelio. Los más cercanos a nosotros, necesitan de un primer o segundo anuncio del Señor.

A nosotros que estamos tan acostumbrados a ir fletados en seguridades; con la tarjeta de crédito de acompañante; al grito de la última moda y con un refresco en la mano cuando hace calor….el Señor nos pide un poco de tiempo, una opción por el compromiso, un poco de desprendimiento y saber salir airosos de las situaciones que nos impiden el realizar nuestra misión de bautizados.

En el verano (un tiempo en el que nos despojamos de tantas cosas que dan calor) que el Señor nos haga ver que, en el resto del año, también es importante –por su Reino y por los demás- llevar un equipaje ligero y tener unas ideas claras.


4.- ENVIADOS DE CRISTO

Por Antonio García Moreno

1.- "El Señor me sacó de junto al rebaño y me dijo: Ve y profetiza a mi pueblo de Israel" (Am 7, 15) Amós era labrador. Allá por las tierras del sur, cultivaba las verdes higueras de Judá, pastoreaba su rebaño, inmerso en la soledad ancha de aquellos paisajes llenos de historia santa. Y un día llegó a sus oídos la voz recia de Yahvé, esa voz de muchas aguas que llamaba a quien proclamara su mensaje de justa indignación. Israel, la adúltera del norte, se había olvidado de Dios. Y era preciso recordarle las exigencias de este Dios enamorado. Y Amós fue escogido para ello y enviado a pesar de las dificultades. Y esa vocación y misión serán su carta de garantía, como la firma que avala la autenticidad de sus palabras.

Y es que el verdadero profeta sólo lo es el llamado por Dios, el que recibe la misión de hablar en su nombre. Por eso en la Iglesia, en el pueblo de Dios, sólo se puede considerar verdadero profeta al que llama Dios a través de sus apóstoles, o de sus sucesores los obispos. Y será buen profeta sólo si transmite el mensaje que se le ha confiado. Tanto es así, que cuando caigan en la tentación de pronunciar palabras propias, o palabras ajenas a las que le fueron confiadas, estarán traicionando al que le envió.

Estamos necesitados de verdaderos profetas, de hombres llamados por Dios, enviados con la misión de proclamar el divino mensaje. Hombres fieles que no se dejen llevar de sus propios intereses, que no pretendan estar de moda, atraerse el aplauso de la multitud. Hombres que no traicionen al que le envió, al Obispo que le confió la delicada misión de hacer resonar en las mentes y en los corazones la palabra de Dios.

"Vidente, vete y refúgiate en tierra de Judá: come allí tu pan y profetiza allí" (Am 7, 12) Amós ha llegado hasta Betel, llevando palabras de fuego contra los que no cumplen la ley de Yahvé, contra todos aquellos que reducían el culto de Dios a una serie de prácticas meramente externas, a un vivir cómodo y sin complicaciones personales, sin una entrega total y sin abnegación de sí mismos. Su palabra escuece, levanta inquietud y zozobra en los espíritus aburguesados, en los que quieren vivir a gusto, sin lucha, sin doblegarse ante el criterio del que hace cabeza.

También Amasías, el sacerdote de Betel, ha sentido en su carne el golpe rudo de la palabra de Amós. Y protesta y se revuelve rabioso: Vete a tu tierra, visionario. Come allí tu pan y predica a los tuyos. Déjanos en paz... Amasías estaba a gusto, tranquilo en su vida fácil, sin lucha. Por eso las exigencias de este hombre de campo que brama en nombre de Dios, le molestan, le resultan insoportables. Y le manda callar.

Como hemos hecho nosotros cuando la palabra de Dios nos ha llegado preñada de exigencias y de renuncias. Nos hemos rebelado, nos hemos justificado, hemos buscado mil razones para escabullirnos, para seguir haciendo lo que nos ha resultado más fácil. Y hemos protestado contra los que, en nombre de Dios y enviados por él, nos han hablado claramente de entrega, de justicia, de verdad, de humildad.

2.- "Voy a escuchar lo que dice el Señor..." (Sal 84, 9) Ojalá sea también un deseo tuyo este de escuchar hoy al Señor. Sí, ojalá escuches y no endurezcas tu corazón como lo endurecieron los israelitas en el desierto. Las palabras que siguen en el salmo, ésas que hemos de escuchar en este momento, dicen así: “Dios anuncia la paz a su pueblo y a sus amigos. La salvación está ya cerca de sus fieles y la gloria habitará en nuestra tierra...” Qué verdad es que los pensamientos del Señor son pensamientos de paz y no de aflicción. Lo que él desea para cada uno de nosotros es nuestra misma felicidad, la alegría y el sosiego de nuestro espíritu.

La misericordia y la fidelidad se encuentran, la justicia y la paz se besan; la fidelidad brota de la tierra y la justicia mira desde el cielo. La misericordia de Dios va de generación en generación, su amor dura por siempre; sin dejarse abatir por la falta de correspondencia, está abierto de forma permanente al perdón y al comenzar de nuevo. Y al mismo tiempo su justicia no tiene paliativos ni favoritismos, la justicia de Dios que todo lo ve y todo lo sabe, sin necesidad de testigos, ni abogados defensores o fiscales implacables. Párate un poco a pensar en todo esto, para que te animes en la lucha por corresponder a ese amor y fidelidad, en el afán por superar con éxito el examen final de tu vida.

"Muéstranos, Señor, tu misericordia" (Sal 84, 8) Y danos tu salvación, continúa la oración del salmista, que hemos de hacer oración personal, diálogo de tú a tú con Dios nuestro Padre... El Señor nos dará la lluvia, y nuestra tierra dará su fruto. La justicia marchará ante él, la salvación seguirá sus pasos.

En aquella tierra, lo mismo que en la nuestra, la lluvia en el tiempo oportuno era decisiva para las cosechas. Aquellos hombres, que el salmista representa, también cultivaban el trigo y la cebada, los olivares y las viñas. Eran tierras de secano, sometidas a las aguas que el cielo enviaba o retiraba. De ahí esa actitud de dependencia casi absoluta de la bendición de lo alto. Si Dios mandaba el agua, todo estaba salvado. Si no, eran inútiles todas las fatigas y sudores del año.

En la vida espiritual ocurre otro tanto. Somos tierra de secano. Sólo tenemos cosecha cuando hay lluvia, sólo daremos algún fruto sobrenatural si Dios nos riega con su gracia. Con razón decía el Apóstol que ni el que planta ni el que siega es nada, sino sólo Dios que da el crecimiento. Y también Jesús nos asegura que sin él nada podemos... Acudamos, pues, a Dios con insistencia, con humildad, para que nos mande la lluvia necesaria.

3.- "Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo" (Ef 1, 3) Muchas veces en los escritos paulinos encontramos lo que técnicamente se llama una doxología, exclamaciones de alabanza a Dios, expresiones llenas de júbilo y de gratitud. En este pasaje tenemos una de las más bellas y extensas doxologías de San Pablo. Comienza con esta frase que todavía hoy es usual entre nosotros: Bendito sea Dios. Una expresión que la gente sencilla y buena sigue repitiendo en circunstancias de alegría y también de penas.

Sí, siempre que el hombre se siente cerca del Señor, por la alegría o por el dolor, exclama con espontaneidad: Bendito sea Dios... Aquí Pablo expone los motivos que le hacen exclamar gozoso esas palabras tan significativas. Ante todo porque Dios nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bienes espirituales, nos ha elegido para que fuéramos santos e irreprochables ante él por el amor. Antes de crear el mundo ya pensaba Dios en cada uno de nosotros, ya nos amaba, ya deseaba favorecernos, ayudarnos, darnos la vida eterna, hacernos felices a través del amor ... Ante todo esto no cabe otra cosa que exclamar llenos de alegría: Bendito sea Dios.

"Por este Hijo, por su sangre, hemos recibido el perdón de los pecados" (Ef 1, 7) Sigue San Pablo con entusiasmo: "Él nos ha destinado en la persona de Cristo --por pura iniciativa suya-- a ser sus hijos, para que la gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en su querido Hijo, redunde en alabanza suya. Por este Hijo, por su sangre, hemos recibido la redención, el perdón de los pecados. El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia, ha sido un derroche para con nosotros, dándonos a conocer el Misterio de su voluntad".

Un derroche, dice San Pablo. Un derroche porque son infinitos los bienes que Dios nos ha concedido, infinitos en cantidad, y, sobre todo, en calidad. Bienes que no acabamos de apreciar porque somos tremendamente torpes, tremendamente materialistas. Por eso existe el peligro de que ese derroche por la abundancia, se convierta en un derroche por la inutilidad de su aprovechamiento. Es decir, que todo el inmenso bien que Dios nos quiere comunicar se quede en muy poco, o en nada, a causa de nuestra desidia, a causa de nuestra torpeza, de nuestra ingratitud, de nuestra mezquindad... Ojalá recapacitemos, ojalá rectifiquemos a tiempo, ojalá comprendamos el derroche de amor que Dios hace con nosotros y le correspondamos de forma adecuada.

4.- "Jesús llamó a los Doce y los fue enviando de dos en dos..." (Mc 6, 7) El Señor fue preparando de forma paulatina a sus apóstoles; aquellos hombres que, a pesar de sus limitaciones, fueron escogidos para la misión de implantar el Reino de Dios sobre la tierra. Eran hombres rudos, algunos incluso ignorantes, torpes a menudo para entender las cosas de Dios. Sin embargo, fueron generosos, audaces a la hora de seguir a Jesús. Se olvidaron de sus propios defectos y confiaron plenamente en el poder divino.

Para aumentar su confianza en Dios, fueron enviados sin dinero, con lo puesto casi. Ellos no lo pensaron dos veces y marcharon por los caminos de Palestina, recorriendo los pueblos y alquerías para anunciar que la salvación había llegado con Jesús de Nazaret, el joven Rabí que enseñaba la comprensión mutua, la conquista de un mundo mejor a través de la propia renuncia, de la entrega por amor a Dios en el servicio a todos los hombres.

Era una aventura para gente joven, para hombres y mujeres que supieran de amores limpios y nobles, para "locos de remate" que se olvidaran de sí mismos y se preocuparan de los demás. Se trata de una tarea de redención universal, de una guerra donde las armas son la persuasión amable, la oración ferviente, el sacrificio escondido, la santidad personal en una palabra.

Aquellos pescadores y labriegos emprendieron una marcha que, a través de sus sucesores, ha de durar durante siglos, la marcha de los misioneros evangélicos. Aquella fue la primera misión y tuvo un éxito rotundo. Volvieron gozosos y radiantes porque la paz y la alegría habían brotado al conjuro de sus palabras. Aquello era sólo el principio, una prueba fehaciente de que quienes se ponen en camino en nombre de Cristo, a pesar de sus limitaciones personales, sembrarán con eficacia la semilla de la fe, del amor y de la esperanza.


5.- ¡SALID A PREDICAR!

Por Ángel Gómez Escorial

1.- El Señor Jesús manda a sus Apóstoles a predicar. Han de ir de dos en dos. Y sin medios, sin dineros, sin alforjas. Eso es lo que se ha venido en llamar la pobreza apostólica. A veces las buenas obras –el apostolado, la ayuda a los hermanos—no se llevan a cabo porque especulamos y calculamos en demasía los medios que necesitan para cumplir esa misión. Y al final el primer impulso queda ahogado de tanto planificar. Y no debe ser así. En cuanto el Señor nos lo mande hemos de salir inmediatamente a la calle. Vamos a recibir gracias suficientes para realizar nuestro trabajo. Los Apóstoles van a ser capaces de expulsar a los espíritus malignos y curaran con la unción con aceite. Ya se anuncia aquí lo que será después el sacramento de la Unción, sacramento este que es de vivos y no de muertos. Y que debe recibirse para ser curado y no a modo de extremaunción. Solo el poder divino puede expulsar demonios y curar enfermos. Y esa es la prueba que el Señor va a dar mucho poder a los Apóstoles –y a todos los que quieran dedicarse al apostolado—para mejor cumplir su misión. Y la difusión de la Palabra de Dios debemos confiar más en la ayuda del Señor, que en nuestras propias fuerzas, aunque para evitar tentaciones del Maligno, hemos de poner todo nuestro esfuerzo en ese empeño. Hemos de salir al campo inmediatamente y comenzar a trabajar.

La característica de ese trabajo evangelizador está excepcionalmente bien reflejado en fragmento del Capítulo Siete del Libro de Amós, que hemos leído hoy. El encargo al profeta es muy preciso y sin lugar a dudas. Y así suele presentarnos Dios sus proyectos. Pero eso sí: debemos tener muy abiertos los “oídos del corazón” para comprender su mensaje. Igualmente, Jesús cuando manda a los Doce les indica lo que tienen que hacer, incluso “sacudirse el polvo de los pies o llevar solo un bastón.

2.- Hemos comenzado la lectura de la Carta del Apóstol San Pablo a los Efesios. Y ese inicio se ha convertido en uno de los himnos más bellos que utiliza la Iglesia. Pero es además una declaración teológica de gran hondura y la confirmación como proyecto divino de lo que es la Iglesia. La doctrina de Pablo sobre Cristo como cabeza y los demás fieles (la Iglesia) como cuerpo es un designio de Dios que da vida a nuestra actividad común, entonces y ahora. No hemos de olvidar la substancia divina que reside en la Iglesia. No es una organización estrictamente humana, mejor o peor dirigida o intencionada. Es una fundación de Dios, basada en la misión de su Hijo Unigénito para reconciliar al mundo.

3.- Y sirvan estas últimas palabras a modo de epilogo y recordatorio para toda la semana. El comienzo de la Carta de San Pablo a los Efesios se utiliza como himno en la Liturgia de las Horas. La mayoría de los inicios de las epístolas paulinas contiene bellísimos actos de acción de gracias por la conversión de sus discípulos. La obra que conocemos de San Pablo es más que monumental y muy importante para el desarrollo de la Iglesia. Es un compendio doctrinal de tal naturaleza que bien podríamos decir que "ya no ha hecho falta más". Pero la importancia de San Pablo no eclipsa el mensaje evangélico propiamente dicho a cargo de los cuatro evangelistas. En el texto de San Marcos de esta semana hay un encargo para salir a predicar. Es un como un entrenamiento previo para acciones mayores y futuras. Les da poder para expulsar a los espíritus malos y para curar y no puede dejarse de pensar la gracia recibida. Unos rústicos pescadores van a tener inmediatamente capacidad para exponer que es el Reino de Dios y, además, curaran del cuerpo y del espíritu. Hay siempre en la acción del apostolado una aportación de fuerzas que no parece propia. Ciertamente, no es una cuestión "automática". Donde uno cree que va a ser más fácil convencer, resulta muy complicado; pero, inesperadamente, aparecen otros momentos que todo se presenta como más fácil. Jesús estaba con los apóstoles --predicadores y peregrinos-- que salieron al mundo. Está, también, con todo aquellos que se inician en la misión de llevar la Palabra de Dios a los otros hermanos. Dios está con todos los apóstoles, con quienes ejercen con esperanza el apostolado.


LA HOMILÍA MÁS JOVEN


UNO PASTOR Y RECOLECTOR UNO, LOS OTROS AVENTUREROS

Por Pedrojosé Ynaraja

1.- El buen Amós, metió la pata, quiero decir que él, judío del sur y pobre como era, un pastor que a ratos perdidos dedicaba su tiempo a trasformar frutos, tuvo el atrevimiento de desplazarse e increpar a la autoridad del norte. Hoy en día es un delito perfectamente tipificado, se trata de injerencia de un extranjero en los asuntos internos del país donde se encuentra, sin ser el suyo, actitud que ocasiona la expulsión de inmediato del que se atreve a tal cosa. Y suerte tiene el tal sujeto, si esta es la única consecuencia de su atrevimiento. El pobre Amós se entretenía en pinchar higos de higuera, o de sicomoro, da lo mismo, pues son semejantes. Los tales frutos maduran proporcionando mejor calidad, si uno los manipula de esta forma. Después es preciso extenderlos para que el sol y el viento los deshidraten y, conservándolos sueltos o machacándolos hasta convertirlos en pasta espesa, elaborar un dulce que se conserva con facilidad y es agradable al paladar. Amós, un humilde artesano, se atreve a denunciar a la autoridad, Amós este pobre hombre, hombre pobre, es un gran hombre audaz. La audacia, tan necesaria hoy en día, no es privilegio ni de poderosos, ni de ricos, ni de intelectuales, ni de matones. Ser audaces es una manera de responder noble y arriesgadamente a Dios. Mis queridos jóvenes lectores, este es momento de que os preguntéis ¿Qué espera Dios de mí, en su proyecto de cambio y mejora de la actualidad? Por inexpertos que os creáis, encontraréis ejemplos de chicos o chicas que os han precedido y que, con su pequeña valentía, han cambiado su entorno, mejorándolo, haciéndose a la vez santos. Desde el niño Tarsicio hasta la joven Juana de Arco.

2.- Vosotros sabéis que la letra de muchas canciones de hoy en día, canciones que os pueden gustar por su ritmo o sonoridad, es frecuentemente de muy pobre contenido. En la antigüedad era todo lo contrario. En la segunda lectura de este domingo tenéis un himno muy denso. Es el resumen de varias lecciones de teología. Dejo el comentario para otro día. Vale la pena fijarse bien en la lectura del fragmento evangélico.

Sabéis la actualidad que tienen los deportes de aventura y riesgo. Desde la escalada al puenting, rafting, etc. Sabéis también que, para practicarlos, se requiere costosos equipos, complicadas técnicas, federarse y pagar cuotas de seguros. Tal vez lamentéis no poder sufragar estos gastos y miráis con envidia a los que pueden practicar la escalada, el descenso a simas, o deslizarse por corrientes de aguas rápidas. Estas prácticas deportivas son para gente escogida, pero, si queréis gozar de felicidades semejantes y aún mayores, debéis sumergiros en el terreno espiritual. Cuando uno se hace del equipo del Señor, cuando se aviene a formar cordada con Él, cuando aspira a penetrar en las profundidades de la mística, o decide emprender la conquista de nuevas y desconocidas aventuras apostólicas, comprueba que al meterse en estos vericuetos, se logra, sin tener que pagar nada, sin necesitar equipo, buenos éxitos, y sin cuotas. Y es más interesante.

3.- Con diferente lenguaje lo dice Jesús en el fragmento evangélico de hoy, a sus apóstoles de aquel tiempo. Les prepara un viaje para abrir caminos y les dice que deben desprenderse del lastre que entorpece movimientos. Tampoco deben encargar habitaciones de hotel. Ser apóstol será una gran aventura en la que, aunque puedan sufrir pasajera derrota, no perderán el honor y no serán vencidos. Encontrará uno peligros y dificultades, hay que vencerlos. Pasará por momentos inimaginables, por encuentros insospechados, por descubrimientos que le estaban hasta entonces, velados. No perderá el tino y gozará de la aventura y, al final, del triunfo. Mis queridos jóvenes lectores, quien esto os escribe ha pasado muchos años siguiendo esta aventura y venciendo problemas en los que nunca había creído pudiera encontrarse. Pero quien os invita a esta fascinante aventura, discípulo del Señor, no es el único en haberla emprendido, muchos se han animado a hacerlo, a vuestro alrededor también los podréis encontrar. Preguntadles y os explicarán la gran cantidad de alegría de que han gozado y lo contentos que están de que un día, de vuelta de la gran excursión, que es la llegada al Reino, están ilusionados que se encontrarán con el Señor, nuestro maestro, el entrenador, el patrocinador del mejor deporte que pueda uno escoger.


HOMILIA PARA LA FESTIVIDAD DE LA VIRGEN DEL CARMEN


EL MAR DE LA VIDA

Por Javier Leoz

1.- Aquella que en las aguas turbulentas del mar de la vida se convierte en puerto seguro para descargar sobre él penas y fatigas, fracasos y contrariedades.

Recuerdo aquella vieja leyenda de un niño que rechazaba a su madre por las cicatrices en su rostro y porque su cuerpo estaba prácticamente vestido por las secuelas de un fuego devastador.

Sentía vergüenza aquel hijo de caminar por las calles con su madre. Mucho menos se dejaba acompañar por ella, en sus primeros pasos hacia la guardería, y más tarde siendo niño al colegio.

Prefería que su madre le despidiera sobriamente en el interior de la casa y, que incluso, si se topaba con ella en público....le dejara pasar desapercibido.

Un día, el niño que se hizo joven y alcanzó la cima universitaria, volvió a su hogar y un vecino le salió al paso diciéndole: “¿por qué tratas así a tu madre? ¿sabes por qué presenta esas cicatrices en el rostro y por qué su cuerpo está quemado? El hijo sorprendido y atento a las explicaciones de aquel vecino le contestó: “no; dímelo”. “Tu madre está así porque un día, cuando eras todavía un bebé, estuviste a punto de caer en medio de un gran incendio....ella se puso de cortafuegos entre tú y el fuego”. “Sus cicatrices y sus quemaduras....son las que te pusieron a ti a salvo”.

2.- El estudiante, sin pensárselo demasiado, dejando caer la maleta y los libros desparramados por el suelo, subió de cinco en cinco las escaleras y buscando la sala donde estaba su madre le dijo: “¡qué ciego y que cruel he sido contigo madre....perdóname por no haber estado a tu altura...perdóname por no haber conocido ni haber sabido agradecer todo lo que hiciste y haces por mí!”.

Tal vez, en nuestra vida de infancia, nos dejamos acompañar fácilmente por María. Pasan los años y, el cristianismo vergonzoso y vergonzante, hace que dejemos “a la Madre” arrinconada en el hogar de la parroquia, del recuerdo, del sentimentalismo o replegada a una simple devoción puntual.

La Virgen del Carmen es:

Una llamada a redescubrir la figura de una mujer que en la sencillez y con la obediencia.....colaboró por y en nuestra salvación.

Es portadora de la Buena Noticia.

Es barca que nos adentra para conocer el contenido de la Fe.

Es vela sobre la que empuja el viento de la Fe.

Es ancla que se incrusta en la tierra firme y segura cuando nos zarandean las olas de las dificultades.

Es aquella que se interpone constantemente como un gran escudo entre los peligros y sus hijos e hijas que somos nosotros.

Es remo para navegar contracorriente.

Es vigía para discernir el horizonte de los caminos a elegir

La Virgen del Carmen es:

Estrella que guía, en medio del mar turbulento y oscuro, los avatares de nuestra travesía cristiana

Es calma en la tempestad producida por los malos entendidos y las divisiones.

Es salvavidas cuando todo parece hundirse a nuestro paso

Es timón cuando nos falta luz en las decisiones y seguridad en el caminar.

Es brújula cuando nos torpedean con multitud de ofertas que nos distraen y nos despistan

3.- La Virgen del Carmen, por ser Patrona del mundo del mar, mejor que nadie va desatando esos nudos que nos enredan y nos impiden vivir con cierta libertad y soltura en el día a día. Mejor que nadie, la Virgen del Carmen, va soltando las amarras de nuestra hipocresía y de nuestra infelicidad, de nuestra comodidad y de nuestra falta de horizontes.

Pidámosle, en esta jornada, que hagamos lo indecible por mantenernos a flote en ese gran océano embravecido de nuestra existencia. Que sepamos ver a ese Jesús que, hoy más que nunca, necesita hombres y mujeres de fe para surcar el mar de nuestra vida con el timón y la antorcha de la fe y de la esperanza.

Aún se sostiene, en el aire, el eco de la voz del Papa Benedicto con motivo del V Encuentro de las Familias en Valencia: “María es el modelo de madre en la familia” Feliz día de la Virgen del Carmen

¡SÍ! VIRGEN DEL CARMEN

Aunque altas se disparen las olas

más fuerte, con tu ayuda, será mi voluntad para poder superarlas

Aunque profundas sean las aguas

más ingeniosa, con tu mano, será mi forma de nadar para salir a flote

Aunque oscuro se presente el horizonte

siempre una luz, por el destello de tu estrella, iluminará el caos

Aunque me asolen y sorprendan mil tormentas

abriré el paraguas de tu protección, María.

Si mi supervivencia, por momentos, se agrieta

Tú serás quien la vuelva a encajar con nuevo sentido

Si mis palabras son hirientes como el anzuelo

Tú me enseñarás la dulzura de tus labios

Si mi caminar es pesado como un ancla

Tú me animarás a prosperar con ligero de equipaje

Si mi pensamiento es inseguro como la barca azotada por el viento

Tú serás mi resorte para no hundirme en el abismo

Si mi corazón se acelera como el mar en plena tormenta

Tú serás el aliento que pronto me lleva a la calma

¡Sí, Virgen del Carmen!

Porque, nadie como Tú, conoce las incertidumbres del hombre

Porque, nadie como Tú,

sabe proteger la gran barca de nuestra existencia

con la brújula de la fe en Dios

Porque, nadie como Tú,

procura llevar a buen puerto la barca de nuestra iglesia

Porque, nadie como Tú,

sabe conducir, por el inmenso océano de nuestra vida,

las almas y los corazones que quieren gravitar según Dios.

¡Sí, Virgen del Carmen!

Eres profunda como el mar

Limpia como el amanecer de cada mañana de primavera

Delicada como las olas que lavan suavemente la arena

Fecunda como las profundidades del mar

Grande como el mismo universo

Azul como el infinito manto del cielo

Humilde, como el susurro de una caracola

¡Sí, Virgen del Carmen!

Ancho y peligroso resulta a veces el mar de nuestro existir

Mas, cuando te vemos junto a nosotros,

no hay viento que nos detenga, ni nube que nos asuste

tormentas que nos acobarden, ni peligros que nos echen atrás

Porque, cuando llega –cada mes de Julio- tu fiesta del Carmen

sabemos que una gran capitana –junto con Dios-

está al frente del timón.

Amén.