EN ESTAS VACACIONES (II)

Por David Llena

Sentado esta vez frente al mar (aquí, en este caso lo tengo cerca) pero lejos del bullicio playero, en las tempranas horas del amanecer, cuando las aves se posan en la arena y llega sin obstáculos a nuestros oídos el rumor del mar, releo aquellos consejos que yo mismo daba, allá por el tiempo de navidad, para rememorar la vida ante el pesebre. Hoy los leo ante el amanecer, allí amanecía Dios en el portal, aquí el sol que da vida comienza a lanzar sus rayos sobre la humedad de la arena.

Comienzo a rememorar este último año, desde el pasado verano: nació el pequeño David, a la vez que nacía el Diurnal en Betania; comenzaba un curso en el que Betania “cumplía” el millón de visitantes y yo “cumplía” con la necesidad interior de contar con alguien cerca que me hiciese descubrir como el Espíritu Santo transformaba mi interior.

Descubrí la dirección espiritual, algo que mi alma sabía que necesitaba pero que yo no encontraba; a la par que el pequeño re-condicionaba de nuevo nuestra vida, “obligando” a las atenciones que un bebé necesita.

Y así, me dejo ahora, unos momentos en manos de un Dios Padre y me siento como un pequeño que necesita de la atención y el cuidado de su Padre. Repaso las veces que no quise su amor; y como, conforme soltaba la mano del Padre, caía al suelo sin remedio. Pero ahí estaba Él siempre tendiéndome la mano para volver a levantarme.

Recuerdo, ahora con cariño esas tardes de catequesis. Como les explicaba la Palabra de Dios y como sentía crecer en mí todo aquello que ofrecía a los demás. También aquellos ratos de preparación, y aquellos momentos de oración. Se me viene a la memoria, la fiesta del Corpus y la celebración de la Semana Santa, la primera vez que se hacían en la parroquia (que fue creada en el verano pasado).

Realmente este año ha sido como el primer año. Como el primer año en muchos aspectos de la vida y espero que el próximo sea también el primero en muchas otras facetas, eso indicará que la vida se renueva y solo unido a la vid podemos renovarnos, morir al hombre viejo y dar fruto, aunque éste no lo veamos y lo disfruten otros hermanos.

Me levanto de la arena, al igual que hace rato se levantó el sol, el rumor de las olas se desvanece entre el bullicio de los bañistas, así me desvanezco llevándome un rato de charla con Dios ante la inmensidad de su mar por Él creado.

 

2.- SEDA

Por Pedrojosé Ynaraja

Me desplazo a Valencia con motivo del Encuentro Mundial de las Familias. El párroco de L’Eliana, R. Arnau, me enseña la catedral y la iglesia que alberga la imagen de la Virgen de los Desamparados y posteriormente la Lonja. Le pregunto, después de contemplar la maravillosa edificación de gótico civil, qué es lo que en aquel recinto se vendía y me contesta: seda. Me explica él, que, en tiempos antiguos, la riqueza del país salía de esta materia. Ahora recuerdo haberlo leído en aquellos tiempos en que, como cualquier chaval de estas tierras, tuve gusanos de seda. Veo luego, por algún parque de la ciudad, preciosas moreras, cuyas hojas constituyen el alimento de las larvas, seguramente son recuerdo de aquella antigua industria. Acude a mi mente de inmediato la pregunta habitual ¿aparece, la tal materia, en el Sagrado Texto?

El pueblo bíblico utilizaba comúnmente tejidos de lana o de lino. La lana podía ser de diferentes animales. Nunca debían mezclarse fibras de dispares orígenes. Israel no desconocía el algodón, muy usado en el antiguo Egipto, ni la seda, llegada seguramente de las lejanas tierras chinas. La seda no era de uso común y el nombre que le da el Antiguo Testamento, mesi en hebreo, ni siquiera están seguros los comentaristas que corresponda exclusivamente a los tejidos que nosotros conocemos. En el Nuevo Testamento, exactamente en Apocalipsis 18,12, que aparece con la palabra griega sirikon, en este caso sí se trata de la fibra de la que hablamos.

Si son escasas las menciones explicitas, lo que también dicen los estudiosos es que cuando en la Biblia se habla de púrpura, propiamente se refiriere a tejidos teñidos con una sustancia extraída de algunos moluscos del género nurex. Si este tinte, de precio mucho más elevado que el mismo metal oro, se debía utilizar para algo, sin duda se trataría de tejidos de alto valor, por tanto la seda. Viene ahora a la mente el simpático episodio narrado en los hechos de los Apóstoles 16,14. Cuenta el autor, que fueron Pablo y compañía, un sábado al atardecer, al lugar donde acostumbraban reunirse los judíos. El episodio ocurrió en Filipos. Escuchó al Apóstol una comerciante de púrpura. Suponen los autores que debería decir, para ser exacto: comerciante de tejidos de seda teñidos con púrpura. Se trataría, pues, de una empresaria, de posición media alta, autónoma y que si demostró interés en la doctrina que se le trasmitía, tuvo desparpajo y poder de convicción como para convencer a Pablo de que se quedara en su domicilio. Lidia se bautizó y con ella todos los de su casa (atención, aquellos que exigen mayoría de edad para recibir el bautismo) fue la primera conversión europea que consiguió el de los gentiles. Proveniente ella de Tiatira, judía prosélita, tendría tal talento y poder de convicción, que no sólo pernoctó en esa ocasión el Apóstol en su casa, sino que enviado a prisión, por razones de las que no hablo hoy, cuando salió de la cárcel, volvió de nuevo a la residencia de esta mujer.

En la Babilonia condenada por el Apocalipsis se dice que entre las riquezas de sus comerciantes abundaba la seda, que con las demás materias será destruida. Pienso que la mayor parte de nosotros, vive bastante al margen de los tejidos de seda natural que aunque rica, es muy delicada. Santa María, en su doméstico telar de Nazaret, nunca tejería piezas de este origen, salidas de aquellos capullos que, en nuestra niñez, nos intrigaron tanto y nunca supimos devanar.