Domingo despues de Pentecostés
La Santísima Trinidad
11 de junio de 2006

MONICIÓN DE ENTRADA

Bienvenidos a la Eucaristía en este día grande de nuestra fe en que celebramos a la Santísima Trinidad. Iniciamos, hoy, el Tiempo Ordinario que nos acompañará en nuestro recorrido litúrgico hasta el 3 de diciembre en que conmemoraremos el Primer Domingo de Adviento. Debemos expresar en este día que nos da miedo pensar que somos la proyección de Dios para los que caminan a nuestro lado. Que somos su reflejo porque somos hijos suyos y que la señal trinitaria está dentro de cada uno de nosotros. Por eso preferimos eludir la responsabilidad y movernos en la superficie de las cosas que no comprometen, que no cuestionan, que no profundizan. Mas sabemos bien que Dios significa: la profundidad última de nuestra vida, la fuente de nuestra existencia, la realización de nuestro amor. Por eso, hoy es un día para callarnos y meditar sobre nuestra dignidad de hombres y mujeres creados, porque, cuando nos dejemos inundar, en el silencio, por el misterio de Dios, empezaremos a implicarnos en la salvación del mundo.


MONICIONES SOBRE LAS LECTURAS

1.- La primera lectura, que procede del Libro del Deuteronomio, nos ofrece en palabras de Moisés una gran lección de la teología del Dios único que tanto significaba para los judíos. Y para nosotros es lo mismo: porque el Señor es el único Dios en el cielo y en la tierra. Pero además Jesús nos reveló que es un Dios único, pero no solitario y alejado. Es un Dios familiar que convive en la cercanía del Padre y del Hijo. Y que es un Dios amoroso que vierte su amor, por medio del Espíritu, en su Hijo Único y, además, en toda la creación.

S.- El Salmo 32 es un himno que los creyentes dedicaban –y dedicamos—a la providencia de Dios que vela por todo lo creado. Y en sus versos se expresa el deseo y la necesidad personal de amar a Dios y situarle en el principio de todo nuestro amor y de todas nuestras obras.

2.- El breve fragmento que vamos a escuchar del capítulo octavo de la Carta de Pablo a los Romanos es un compendio maravilloso de la teología trinitaria. Jesús comunicó a sus discípulos que su nombre preferido para Dios era el de Abba y, además, ha sido el Espíritu Santo que nos ha comunicado que somos hijos de Dios. Texto, pues, muy indicado para el día que celebramos.

3.- El Evangelio de San Mateo nos muestra un encargo importante que Jesús hizo a sus apóstoles antes de irse al cielo. Les pidió –y a nosotros también—que fueran por el mundo entero bautizando en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Y ello expresa perfectamente el significado de la Trinidad Santísima que hoy conmemoramos.

 


Lectura de Postcomunión


MONICIÓN

En esta jornada en la que veneramos a la Trinidad Santa es muy indicado leer la oración de San Francisco de Asís. Nos servirá, en estos momentos de quietud, para fortalecer nuestra fe, nuestra esperanza y nuestro amor.

ORACIÓN DE SAN FRANCISCO DE ASÍS

 

Tú eres santo, Señor Dios único, que haces maravillas.

Tú eres fuerte, tú eres grande, tú eres altísimo.

Tú eres rey omnipotente, tú eres Padre santo, Rey del cielo y de la tierra.

Tú eres trino y uno, Señor Dios, todo bien.

Tú eres el bien, todo bien, sumo bien, Señor Dios, vivo y verdadero.

Tú eres caridad y amor, tú eres sabiduría.

Tú eres humildad, tú eres paciencia, tú eres seguridad.

Tú eres quietud, tú eres gozo y alegría.

Tú eres justicia y templanza.

Tú eres todas nuestras riquezas a satisfacción.

Tú eres hermosura, tú eres mansedumbre.

Tú eres protector, tú eres custodio y defensor.

Tú eres fortaleza, tú eres refrigerio.

Tú eres esperanza nuestra, tú eres fe nuestra.

Tú eres la gran dulzura nuestra.

Tú eres la vida eterna nuestra, grande y admirable Señor, Dios omnipotente, misericordioso

salvador.


Exhortación de despedida

Sabemos que Dios es amor. Y la prueba de ese amor divino es la existencia de la Trinidad Santísima que el mismo Jesús nos reveló. Salgamos contentos del templo a comunicar a todo el mundo que nuestro Dios es un Dios de amor.