LAS IMÁGENES DE LA TRINIDAD

Por Ángel Gómez Escorial

En el tiempo de elaboración de esta Betania de la Santísima Trinidad pues el Padre Leoz y yo tuvimos un lenguaje por E-Mail. Él me pedía opinión sobre las imágenes de la Trinidad que había escrito en el poema con que habitualmente termina sus homilías. La realidad es que contiene dicho poema imágenes de una gran fuerza que definen muy bien ese misterio de difícil expresión que es la Trinidad Santísima.

Y al hilo de la respuesta recordé otra imagen que se me ocurrió hace bastantes años y que, me parece, ya escribí en Betania. Se trataría de comparar a la Trinidad con un módulo espacial de esos que exploran los planetas remotos. La nave es una sola, pero de ella sale un módulo explorador que descenderá a tierra firme para investigar y actuar. Éste sería el Hijo. A su vez, el cordón umbilical de las trasmisiones, por hilo o inalámbrico, que une a los dos módulos, que los une y que los comunica, y que transmite, en doble dirección, el amor que se profesan, pues eso sería el Espíritu Santo. Parece que a Javier Leoz le gustó mucho el ejemplo. Y a mi me ha parecido que podría ser útil volverlo a recordar.

AMOR DE DIOS

Sin embargo, hay algo que, en los últimos tiempos, llena mi alma y que me dice que, tal vez, esa busca de imágenes, aunque útil y bien intencionada, sea un poco inútil. A partir de la creencia, comunicada por Jesús, de que Dios es amor, pues todo es posible. Si Dios es amor no puede permanecer solo y su existencia solo puede ser un tributo de amor que engendra al Hijo y se comunica mediante el Espíritu Santo. Dios familiar y amoroso que, así, se acerca cada día a nosotros.

Por otro lado, cada día me importa menos la concreción exacta de un relato. Es decir, la continua acción divina para comunicarse con el género humano, mediante el Espíritu, ha producido su reflejo en la Sagrada Escritura.La Biblia toda está escritas por hombres concretos, inspirados por Dios, pero inmersos en su tiempo y en su cultura. Y esto hay que tenerlo en cuenta. Por ello cada vez me importa menos la literalidad de los mensajes y mucho más lo que la lectura de esos mensajes produce en mi corazón.

Creo que existe ahora, sobre todo en Estados Unidos, una teoría llamada creacionista y que plantea la literalidad de los relatos de la creación en el Génesis, sin admitir posibilidad simbólica alguna en los mismos. Intentan oponerse, por ejemplo, a la teoría de la evolución de las especies y, también, al llamado “big bang” como fórmula inicial de la creación. Es lógico pensar que siempre Dios actuó de acuerdo con las leyes –creadas por el mismo— que iban a regir el devenir de los hechos, de las cosas y de los años. Los días de la Creación divina no pueden ser, en ninguno de los casos, periodos de 24 horas, pues además habría que admitir que el Señor Dios estaba llevando la creación sentado en el algún risco o en alguna nube del planeta Tierra. En fin que esos seis días bien pueden ser larguísimos periodos de tiempo, medidos en sólo Dios sabe que unidad de tiempo. Darle otro significado es solo cosa de hombres…

IMÁGENES Y CIENCIA

Por otro lado, iríamos al lado contrario: creer más –como tal—en el “big bang” del primer momento de la creación que en cualquier adjudicación en imágenes de cómo fue el acto de la voluntad divina pues tampoco parece muy lógico. No hay certeza científica, empírica, de que el universo comenzara a alentar de esa manera. Pero la idea de la gran explosión ha sida aceptada como científica cuando no lo es. ¿Adonde nos lleva todo esto? Pues que la búsqueda de imágenes no es un remedio total. Ciertamente, que una imagen vale más que mil palabras. Pero por eso no podemos entrar en la tiranía de las imágenes posibles y no muy probables frente a las ideas o, incluso, frente a las fuertes intuiciones que vienen de algún lado de nuestra alma o de nuestro corazón.

Para Dios todo es posible. Y la tendencia, antigua y frecuente, de interpretarle con medida de hombre pues nunca será muy adecuada. Respecto a la Trinidad, Jesús nos habló de un Padre amoroso, el nos dijo que era su Hijo y que el Padre y el Hijo eran iguales. Y habló de su Espíritu. La Escritura anterior a Jesús siempre habló también del Espíritu de Dios como una realidad que actuaba continuamente. ¿No es ya suficiente? Pero, en fin, es lógico que se busquen ejemplos, que se facilite la comprensión de los grandes misterios de nuestra fe. Pero, realmente, como muy bien hace el Padre Leoz en sus ejemplos, todos deben estar impregnados por el amor. Y es que mediante el amor Dios se comunica con nosotros.