EL PRIMER AÑO DE PONTIFICADO DE BENEDICTO XVI

CIUDAD DEL VATICANO (ZENIT.org).- La edición semanal en lengua española de «L'Osservatore Romano» publica en el número de la semana de Pascua el artículo «El primer año de pontificado de Benedicto XVI» que por cortesía del periódico vaticano Zenit reproduce a continuación. El artículo ha sido escrito por Jesús Villagrasa, L.C., profesor de Filosofía en el Ateneo Pontificio «Regina Apostolorum».

EL TEXTO

Con ocasión del primer aniversario de su elección al Sumo Pontificado, muchas personas elevarán a Dios su acción de gracias por los dones que Dios regala a su Iglesia a través de la persona y ministerio del Santo Padre. Podrían decir del pensamiento de Joseph Ratzinger lo que Benedicto XVI ha escrito refiriéndose a la música de Mozart: «Queda en mí últimamente un agradecimiento, porque él nos ha regalado todo esto, y un agradecimiento porque esto le haya sido regalado a él» [1].

Los dones dispensados por la divina Providencia a la persona de Joseph Ratzinger han redundado en bien de toda la Iglesia: primero, como profesor en las aulas universitarias alemanas; después, como arzobispo de la arquidiócesis de Munich-Frisinga y prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe (CDF); finalmente, como Sumo Pontífice, principio visible de unidad y caridad de la Iglesia Universal a la que ilumina con la proclamación de la Palabra de Dios y con su rico Magisterio.

Una dimensión central de la espiritualidad y de la teología de Joseph Ratzinger es su carácter eclesial. Desde el día de su nacimiento y bautismo, el 16 de abril de 1927, la Iglesia católica ha sido la casa espiritual de Joseph Ratzinger. Se siente un miembro más de la familia de Dios, que es la Iglesia. Esa conciencia de vivir radicado en la fe de la Iglesia ilumina su vida, unifica su obra y constituye el espacio de su reflexión teológica y de su vida cristiana. Con la Iglesia, profesa, profundiza y vive la fe de la comunidad creyente; explica y practica su moral; celebra su culto.

En la Misa de inicio solemne del Pontificado en la plaza de San Pedro, Benedicto XVI pareció expresar esta conciencia eclesial de dos modos: ante todo, presentándose como miembro de una Iglesia viva, un miembro que se sabe acompañado en su misión por la oración de los fieles y por la multitud de santos dilatada por todos los tiempos y latitudes, algunos de los cuales habían sido invocados repetidamente en las letanías de los santos durante la procesión de ingreso: Tu illum adiuva. La expresó, también, al ofrecer «su programa» para el pontificado:

NO HACER MI VOLUNTAD

Mi verdadero programa de gobierno es no hacer mi voluntad, no seguir mis propias ideas, sino ponerme, junto con toda la Iglesia, a la escucha de la palabra y de la voluntad del Señor y dejarme conducir por Él, de tal modo que sea él mismo quien conduzca a la Iglesia en esta hora de nuestra historia (24-IV-2005).

Dios le ha encomendado una misión excelente. Cada fiel está llamado a dar su propio testimonio, a cumplir su personal misión al servicio de toda esta familia. Y, entre la multitud de testigos de la fe común que pueblan la historia y la geografía de la Iglesia, él, como Vicario de Cristo, ha recibido de Dios la misión de rendirle un particular testimonio. En la Basílica de San Juan de Letrán, durante su toma de posesión de la cátedra del Obispo de Roma, quiso ilustrar una dimensión específica de su testimonio petrino, simbolizada en la cátedra: la «potestas docendi».

Esta potestad de enseñanza asusta a muchos hombres, dentro y fuera de la Iglesia. Se preguntan si no constituye una amenaza para la libertad de conciencia, si no es una presunción contrapuesta a la libertad de pensamiento. No es así. El poder conferido por Cristo a Pedro y a sus sucesores es, en sentido absoluto, un mandato para servir. La potestad de enseñar, en la Iglesia, implica un compromiso al servicio de la obediencia a la fe. El Papa no es un soberano absoluto, cuyo pensamiento y voluntad son ley. Al contrario: el ministerio del Papa es garantía de la obediencia a Cristo y a su Palabra. No debe proclamar sus propias ideas, sino vincularse constantemente a sí mismo y la Iglesia a la obediencia a la Palabra de Dios, frente a todos los intentos de adaptación y alteración, así como frente a todo oportunismo (7-V-2005).

El servicio de la «potestas docendi» –y, análogamente, de la «potestas regendi» et santificandi»– que el Papa ejerce no se limita a la explicación fiel de la Palabra de Dios, sino que pasa primeramente por la obediencia a la fe de la Iglesia, porque, en su ministerio petrino de decidir y enseñar, el Papa está unido a la gran comunidad de la fe de todos los tiempos y a las interpretaciones vinculantes surgidas a lo largo del camino peregrinante de la Iglesia. La potestad de enseñanza es, por lo tanto, una potestad de obediencia y un servicio a la verdad.

Esta conciencia de vivir profundamente radicado en la fe de la Iglesia constituye un hilo conductor de la vida y obra de Joseph Ratzinger, de inicio a fin. Él no comparte la opinión de quienes dividen su vida en dos etapas: en la primera, habría sido un teólogo progresista y, en la última, un obispo conservador.

HACE 30 AÑOS

La decisión fundamental de mi vida es una constante en mí, porque yo creo en Dios, en Cristo y en su Iglesia, y trato de vivir partiendo de este punto firme. Esta decisión se ha ido desarrollando a lo largo de mi vida y por eso creo que lo justo sea no congelarla en alguna de sus etapas. Los hombres cambian mucho con la edad y un hombre de setenta años no debe pretender vivir como uno de diecisiete, ni al contrario. Yo deseo permanecer fiel a lo que he conocido como esencial y, al mismo tiempo, estar abierto a las variaciones necesarias. Todo lo que rodea a un hombre también va variando y, por eso, de pronto, uno se encuentra colocado en otras coordenadas. El debate actual de la Iglesia es muy diferente del sostenido hace treinta años. Las circunstancias acaban por dar a lo que uno dice o hace un valor diferente. Que en mi vida se hayan dado cambios no lo discuto, pero mantengo firmemente que estos se han dado siempre en una sustancial identidad y que, precisamente mediante estos cambios, he permanecido fiel a lo que siempre me ha importado. En esto estoy de acuerdo con el Cardenal Newman cuando dice «vivir es cambiar y ha vivido mucho quien haya sido capaz de cambiar mucho» (ST [2] 134).

A lo largo de su vida ha escrito de temas muy variados porque los retos que afronta la Iglesia van cambiando. No obstante, lo esencial de su vida ha permanecido siempre inmutable: su relación personal con Cristo vivo, en una Iglesia viva, a quien se ha consagrado. Su lema episcopal Cooperatores veritatis expresaba esa voluntad de servicio en la comunión eclesial. Ha querido ser un cooperador que, en comunión con otros cooperadores de la verdad, aporte al servicio de la Iglesia la contribución de su experiencia y competencia teológica, primero, y el carisma del ministerio episcopal y petrino, después.

Su pasión por la verdad y su obediencia a la Iglesia lo hacen soberanamente libre. Como teólogo o pastor, no ha temido interpelar a algunos renombrados teólogos y reaccionar con vigor cuando ciertas críticas se dirigían a la fe de la Iglesia, al núcleo central de la doctrina. Se le ha escuchado decir: «la Iglesia es de Dios y no un campo de experimentación para los teólogos».

Yo no pretendo en modo alguno enfrentarme a los teólogos, porque es como luchar contra mí mismo. La teología es un oficio noble e importante y el trabajo realizado por un teólogo siempre es relevante. Lo cual implica también la crítica y ser críticos. Me opuse claramente, es cierto, a una teología que parecía haber perdido el norte, su unidad de medida, y que, por tanto, había dejado de cumplir debidamente su servicio. Para mí el punto decisivo es éste: nosotros estamos al servicio de la Iglesia y no decidimos qué es la Iglesia. En efecto, aquella frase: «ésta es su Iglesia, no la nuestra», significa exactamente para mí el punto nodal. Se trata de reconocer que nosotros no decidimos con nuestros razonamientos qué es la Iglesia, sino que creemos firmemente que Dios quiere su Iglesia y nosotros tratamos de comprender qué quiere Dios de ella para ponernos a su servicio (ST 92-93).

SERVICIO A LA VERDAD

Concibe el servicio a la verdad, prestado en su calidad de teólogo y pastor, como un servicio personal porque se trata de proclamar la persona de Cristo, la Verdad que salva, a sus hermanos. En los últimos meses, como Sumo Pontífice, lo presta con el dignísimo título de Servus servorum Dei. El fin último de su ministerio a la Iglesia es Dios, porque se trata de servir a la Iglesia de Dios. En el centro de su teología están Dios y, subordinada a Él, la Iglesia.

Al inicio me fijé en el tema de la Iglesia, el cual ha seguido presente a lo largo de mi vida. Sin embargo, siempre me ha parecido importante –y cada vez más– que la Iglesia no es un fin en sí misma, sino que su razón de ser es que nosotros podamos conocer y llegar a Dios. Diría que trato el tema de la Iglesia porque de ella nace una mirada hacia Dios. En ese sentido, Dios es el tema central de toda mi investigación (ST 74).

Su voluntad de servicio a la verdad lo lleva a ahondar en las fuentes de la fe y a no pretender «originalidades». O, mejor dicho, la «originalidad» de Joseph Ratzinger está en nutrirse de las fuentes originarias. Así como su «autoridad» episcopal y papal tienen su origen en la institución divina, asimismo su «autoridad» teológica procede del origen divino de la Revelación que alimenta su reflexión y del magisterio eclesial que interpreta esa divina Revelación. Esta originalidad y autoridad animan y dan frescura a una teología viva, capaz de dialogar con el hombre de hoy.

No he tratado de crear un sistema propio o una particular teología. Quizá lo específico de mi trabajo podría consistir en que me propongo pensar con la fe de la Iglesia y eso significa sobre todo pensar junto con los grandes pensadores de la fe. No hago una teología aislada, concebida sólo por mí, sino una teología abierta lo más posible dentro del camino común del pensamiento de la fe. Por eso he dado especial importancia a la exégesis. No logro imaginarme una teología puramente filosófica. El punto de partida es el Verbo: creer en la Palabra de Dios, tratar de conocerla y entenderla, para después reflexionar junto a los grandes maestros de la fe. Por eso mi teología tiene cierto carácter bíblico y también un carácter que le deriva de los Padres, sobre todo, de Agustín. Pero, como es natural, procuro no quedarme en la Iglesia primitiva; trato de subrayar los aspectos más relevantes del pensamiento del pasado y, a la vez, de entablar un diálogo con el pensamiento contemporáneo (ST 74-75).

ROMANO GUARDINI

En su obra teológica más difundida, «Introducción al cristianismo» (1968), comentó el Símbolo de los Apóstoles porque, en los agitados años que siguieron inmediatamente al Concilio, veía cuestionada o rechazada la raíz que, hasta entonces, había dado vida a la Iglesia y a la teología. El cristianismo, decía, no es un relato de meros hechos históricos, ni una ideología revolucionaria; es la propuesta de una revelación divina a la que se responde con la fe, que vivida en la Iglesia se articula en expresiones normativas (dogmas). La teología es, precisamente, la inteligencia de esa fe.

El teólogo Joseph Ratzinger ha subrayado que en el concepto de revelación está implicado el receptor que la acoge en la fe. En su trabajo post-doctoral de habilitación para la libre docencia, quiso mostrar que del concepto de revelación toma siempre parte el sujeto receptor: «donde nadie percibe la revelación, allí no se ha producido precisamente ninguna revelación porque allí nada se ha desvelado. La idea misma de revelación implica un alguien que entre en su posesión» (MV [3] 84). Este sujeto receptor es, ante todo, la Iglesia misma; y, en ella, cada creyente. En este concepto se percibe el influjo de un gran maestro: Romano Guardini, quien, durante sus años de estudios teológicos en Munich, enseñaba en la facultad de Filosofía. Este autor comunicaba una mirada nueva y esa conciencia eclesial imprescindibles para descubrir lo esencial de la fe, de la teología y de la Iglesia.

Frente al individualismo kantiano de una razón seccionada de la totalidad de la experiencia humana y cercenada por la duda que cierra el paso a una confiada abertura al Misterio, y frente a una actitud modernista que aislaba al individuo de la comunidad eclesial que nos enraíza en la objetividad de la revelación divina, Guardini descubrió la fe como la respuesta humana a la revelación divina, hecha posible por ésta creando el fundamento de aquélla. Tanto el destinatario de la revelación como el sujeto de la fe es la persona en cuanto miembro de Iglesia, que por ello, en cuanto tal comunidad, personalmente constituida e institucionalmente suscitada por Dios, es el sujeto primordial tanto de la recepción de la palabra de Dios para el hombre como de la respuesta y acción litúrgica ante Dios [4]

Viviendo y pensando en la fe de la Iglesia, Ratzinger maduró su propia aportación a la teología. De la que considera su «obra más elaborada y cuidada», el libro Escatología (1977), ha dicho: Intenté, ante todo, repensar nuevamente mi dogmática según la línea del Concilio, retomando de manera todavía más profunda las fuentes y teniendo muy presente la producción más reciente. Maduré, por tanto, una visión total que se nutría de las múltiples experiencias y conocimientos que mi camino teológico me había puesto enfrente. Gusté la alegría de poder decir algo mío, nuevo y, al mismo tiempo, plenamente inscrito en la fe de la Iglesia (MV 126).

La dimensión eclesial de su teología está animada por una viva solicitud pastoral, que se expresa no en escritos triviales o ramplones, sino en la seriedad y rigor de sus estudios y en la claridad de su palabra. Con ocasión de sus cincuenta años de sacerdocio, Juan Pablo II le decía en una carta:

El fin al que, desde los primeros años de sacerdocio, se ha dirigido es servir a la Verdad, tratando de conocerla siempre más a fondo y de darla a conocer siempre más ampliamente. Fue precisamente este anhelo pastoral, constantemente presente en su actividad académica, lo que indujo al Papa Pablo VI de v. m. a elevarle a la dignidad episcopal (20-VI-2001).

PASTORAL PARROQUIAL

Después de un primer año de sacerdocio entregado a la pastoral parroquial, sufrió al tener que dejarla para dedicarse al estudio y a la enseñanza. Más tarde, al recibir el nombramiento episcopal, le costó dejar la investigación y la docencia universitarias, porque pensaba que en ese momento comenzaba a aportar algo novedoso a la explicación de la fe. En cada etapa de su vida ha sabido descubrir el específico servicio pastoral que Dios le pedía. Su habitual celo por el bien de sus hermanos y su posición al frente de la CDF dieron a su condición de teólogo una dimensión más pastoral. El trabajo en la CDF le ha permitido comprender, estudiando diariamente los informes que llegaban a su mesa desde todo el mundo, en qué consiste la preocupación por la Iglesia universal.

Desde mi silla, bien incómoda (pero que al menos me permite ver el cuadro general), me he dado cuenta de que determinada «contestación» de ciertos teólogos lleva el sello de las mentalidades típicas de la burguesía opulenta de Occidente. La realidad de la Iglesia concreta, del humilde pueblo de Dios, es bien diferente de como se la imaginan en esos laboratorios donde se destila la utopía (IF [5] 24).

El servicio a la fe de este «humilde pueblo de Dios», presente en toda su producción teológica, se puso más de relieve durante sus años al frente de la CDF.

EL MISTERIO DE LA IGLESIA

Joseph Ratzinger vive hondamente el misterio de la Iglesia ad intra y la misión de la Iglesia ad extra. En este año las dos dimensiones podrían representarse en las dos imágenes que podrían resumir los primeros meses de pontificado de Benedicto XVI. La primera: el Papa de rodillas ante Cristo Eucaristía, en silencio adorante, acompañado de la comunidad de fieles: el día del Corpus Christi, sobre el papamóvil en procesión con sus nuevos fieles diocesanos; en Colonia, con un millón de jóvenes; en la plaza de san Pedro, con cien mil niños de primera comunión; el 17 de octubre, con los 250 obispos reunidos en Roma para el Sínodo. La segunda: el Papa, en pie, con los brazos abiertos hacia la multitud que representa al mundo, como ese abrazo inmenso, en Colonia, al millón de jóvenes reunidos para la vigilia de oración. La caridad cristiana une estas dos imágenes porque, como dice en la encíclica Deus caritas est, el amor es el nexo profundo entre la adoración eucarística y la misión, entre el recogimiento orante y el servicio fraterno, entre la identidad católica y el diálogo con el mundo, entre la Iglesia ad intra y la Iglesia ad extra. Así sucede en su ministerio papal: «La Eucaristía, corazón de la vida cristiana y manantial de la misión evangelizadora de la Iglesia, no puede menos de constituir siempre el centro y la fuente del servicio petrino que me ha sido confiado» (20-IV-2005). Ese es, también, el mensaje esencial entregado a los jóvenes en Colonia: el cristianismo como encuentro con Cristo que se profundiza en la adoración eucarística y que se dilata en el encuentro con los hermanos. En esa profundidad y dilatación nace y explota la «revolución de Dios», la revolución del amor que llevará a la verdadera reforma de la Iglesia y a un renovado ardor misionero.

Estas dos dimensiones corresponden también a la experiencia teológica madurada durante el Concilio Vaticano II. Juan XXIII, al convocarlo, había dado una orientación general, dejando a los Padres conciliares un espacio casi ilimitado para su configuración concreta. El consenso tácito era que la Iglesia constituía el tema principal de la Asamblea conciliar: «Los cardenales Montini y Suenens trazaron planes para un planteamiento teológico de vasto alcance de las labores conciliares, en el que el tema ‘Iglesia’ debía ser articulado en las cuestiones ‘Iglesia hacia dentro’ e ‘Iglesia hacia fuera’» (MV 99). El Concilio quería abrir la Iglesia al mundo, con la conciencia de que esta apertura y diálogo con el mundo (ad extra) sólo es posible sobre la base de una identidad indiscutida (ad intra). «Podemos y debemos ‘abrirnos’, pero sólo cuando estemos verdaderamente seguros de nuestras propias convicciones. La identidad firme es condición de la apertura. Así lo entendían los Papas y los Padres conciliares» (IF 42), aunque, después del Concilio muchos católicos se hayan abierto sin filtros ni freno al mundo y a su cultura, a la vez que se interrogaban sobre las bases mismas del depositum fidei.

En la apertura y en el diálogo con las culturas y religiones del mundo, la Iglesia no pierde su identidad. En estos temas de frontera, algunos teólogos o fieles pueden encontrar mayores dificultades para reconocer que, en la Iglesia, las decisiones de fondo siguen siendo válidas, aunque las formas de su aplicación a contextos nuevos puedan cambiar. En la parte final de su discurso de análisis del año dirigido a la Curia, el Papa Benedicto XVI ha iluminado este aspecto al tratar, en la parte final, la nueva relación entre el cristianismo y el mundo moderno que el Concilio Vaticano II ha querido impulsar. El Concilio Vaticano II, «con la nueva definición de la relación entre la fe de la Iglesia y ciertos elementos esenciales del pensamiento moderno, revisó o incluso corrigió algunas decisiones históricas, pero en esta aparente discontinuidad mantuvo y profundizó su íntima naturaleza y su verdadera identidad. La Iglesia, tanto antes como después del Concilio, es la misma Iglesia una, santa, católica y apostólica en camino a través de los tiempos» (22-XII-2005).

EL CONCILIO

En el Concilio fue necesario aprender algo que no todos lograban captar, porque escapa fácilmente a la primera percepción. En los sectores donde se daba esta apertura de la Iglesia al mundo podía emerger una cierta forma de discontinuidad. Ahora bien, hechas las debidas distinciones entre las situaciones históricas concretas y sus exigencias, resulta claro que no se ha abandonado la continuidad en los principios. Precisamente, porque las decisiones y principios de fondo siguen siendo válidas y deben mantenerse, las formas de su aplicación a contextos nuevos pueden, y en ocasiones deben, cambiar. La verdadera reforma consiste en este conjunto de continuidad y discontinuidad en diferentes niveles. Las decisiones de la Iglesia relativas a cosas contingentes necesariamente deben ser contingentes también ellas, porque se refieren a realidades en sí mismas mudables. «Era necesario aprender a reconocer que, en esas decisiones, sólo los principios expresan el aspecto duradero, permaneciendo en el fondo y motivando la decisión desde dentro. En cambio, no son igualmente permanentes las formas concretas, que dependen de la situación histórica y, por tanto, pueden sufrir cambios» (22-XII-2005).

El «sí» fundamental de la Iglesia a la edad moderna, su «apertura al mundo», no está exenta de dificultades, porque la misma edad moderna vive profundas tensiones y contradicciones interiores y porque no debe subestimarse la fragilidad de la naturaleza humana que, en todos los períodos de la historia y en toda situación histórica, es una amenaza para el camino del hombre. La Iglesia, como el Evangelio que anuncia, sigue siendo signo de contradicción. El Concilio en su apertura al mundo sólo ha querido eliminar las contradicciones erróneas o superfluas, para presentar al hombre actual la exigencia del Evangelio en toda su grandeza y pureza. La Iglesia más «abierta al mundo» después del Concilio será, si cabe, más «signo de contradicción», porque el mundo seguirá rebelándose a la proclamación de la verdad que lo puede salvar. Esta misma apertura permitirá a la Iglesia descubrir su rostro menos triunfalista y más misionero; y, también, su conciencia de pertenecer a una minoría y su capacidad de oponerse a las tendencias negativas de la cultura actual.

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[1] BENEDICTO XVI, «Mein Mozart», publicado en el diario vienés «Kronen Zeitung» y traducido en Alfa y Omega, 26-I-2006, 30.

[2] J. RATZINGER, «La sal de la tierra». Citamos, en traducción nuestra, de la edición italiana («Il sale della terra», San Paolo, Milano 1997), aunque la 5ª edición española de «Ediciones Palabra» (2005) haya mejorado la traducción de su primera edición (1997).

[3] J. RATZINGER, «Mi vida. Recuerdos 1927-1977», Encuentro, Madrid 1997.

[4] O. GONZÁLEZ DE CARDEDAL, «Ratzinger y Juan Pablo II», 51.

[5] J. RATZINGER, «Informe sobre la fe», BAC, Madrid 2005.


EL PAPA CLAMA POR LA PAZ EN SU MENSAJE DE PASCUA

En particular en África, Oriente Medio y Latinoamérica

CIUDAD DEL VATICANO (ZENIT.org).- El primer mensaje de Pascua de Benedicto XVI se convirtió en una reivindicación de paz en nombre de la resurrección de Jesús para las zonas ensangrentadas del planeta, en particular, para África, Oriente Medio y América Latina. En el día en que cumplía 79 años y tres días antes de su primer aniversario como pontífice, el Papa Joseph Ratzinger, tras celebrar la misa del Domingo de Resurrección, leyó un mensaje de confianza para «esta época nuestra marcada por la inquietud y la incertidumbre».

«Jesús ha resucitado y nos da la paz; Él mismo es la paz», afirmó. «Que la humanidad del tercer milenio no tenga miedo de abrirle el corazón. Su Evangelio sacia plenamente el anhelo de paz y de felicidad que habita en todo corazón humano». «Cristo resucitó porque Dios es amor» dijo en latín al concluir su mensaje leído en italiano.

Escuchaban al Santo Padre, en una mañana soleada que había contradicho las previsiones meteorológicas, unas cien mil personas congregadas en la plaza de San Pedro, así como centenares de millones de personas que seguían el acontecimiento por radio y televisión (102 canales de televisión de 65 países). El Papa propuso la esperanza que ofrece la resurrección de Jesús a los puntos calientes del planeta, comenzando por las poblaciones de la región sudanesa de Darfur, «que atraviesan una dramática situación humanitaria insostenible».

Su mensaje llegó también «a las regiones de los Grandes Lagos, donde muchas heridas aún no han cicatrizado; a los pueblos del Cuerno de África, de Costa de Marfil, de Uganda, de Zimbabwe y de otras naciones que aspiran a la reconciliación, a la justicia y al desarrollo». Al pasar su mirada por Oriente Medio, el Santo Padre deseó que «en Irak prevalezca finalmente la paz sobre la trágica violencia, que continúa causando víctimas despiadadamente». También deseó «ardientemente la paz para los afectados por el conflicto de Tierra Santa, invitando a todos a un diálogo paciente y perseverante que elimine los obstáculos antiguos y nuevos».

«Que la comunidad internacional, que reafirma el justo derecho de Israel a existir en paz, ayude al pueblo palestino a superar las precarias condiciones en que vive y a construir su futuro encaminándose hacia la constitución de un auténtico y propio Estado», exhortó el Santo Padre. El obispo de Roma alentó también «un renovado dinamismo en el compromiso de los países de Latinoamérica, para que se mejoren las condiciones de vida de millones de ciudadanos, se extirpe la execrable plaga de secuestros de personas y consoliden las instituciones democráticas, en espíritu de concordia y de solidaridad activa».

Este repaso de la actualidad internacional llevó al sucesor del apóstol Pedro a afrontar «las crisis internacionales vinculadas a la energía nuclear», exigiendo que se llegue «a una salida honrosa para todos mediante negociaciones serias y leales». En este sentido, pidió que «se refuerce en los responsables de las naciones y de las organizaciones internacionales la voluntad de lograr una convivencia pacífica entre etnias, culturas y religiones, que aleje la amenaza del terrorismo». «Éste es el camino de la paz para el bien de toda la humanidad», afirmó. Antes de su mensaje, el Papa presidió la eucaristía en una plaza de San Pedro que junto al altar se había convertido en un auténtico jardín de miles de flores de todos los colores, en particular, margaritas, rosas, lirios, violetas, narcisos y tulipanes.

Tras el mensaje, felicitó en 63 idiomas por la Pascua al mundo, entre otros, en árabe, hebreo, y chino. Hablando en inglés, dijo entre aplausos: «¡Os deseo a todos una buena y feliz fiesta de Pascua, con la paz y la alegría, la esperanza y el amor de Jesucristo Resucitado!».

Benedicto XVI, que ha presidido todas las celebraciones litúrgicas de la Semana Santa en el Vaticano, se ha marchado en la tarde del domingo a la residencia pontificia de Castel Gandolfo, a unos 30 kilómetros de Roma, para pasar unos días de mayor tranquilidad. El miércoles, 19 de de abril, viaja en helicóptero al Vaticano para poder participar en la semanal audiencia general. En ese día, se celebrará el aniversario de su elección como obispo de Roma.


MENSAJE DE PASCUA DE BENEDICTO XVI

CIUDAD DEL VATICANO (ZENIT.org).- Publicamos el mensaje que dirigió Benedicto XVI este Domingo de Resurrección antes de impartir la bendición «urbi et orbi» a los miles de peregrinos presentes en la plaza de San Pedro y a quienes le escuchaban a través de los medios de comunicación.

TEXTO ÍNTEGRO

Queridos hermanos y hermanas:

Christus resurrexit! - ¡Cristo ha resucitado!

La gran Vigilia de esta noche nos ha hecho revivir el acontecimiento decisivo y siempre actual de la Resurrección, misterio central de la fe cristiana. En las iglesias se han encendido innumerables cirios pascuales para simbolizar la luz de Cristo que ha iluminado e ilumina a la humanidad, venciendo para siempre las tinieblas del pecado y del mal. Y hoy resuenan con fuerza las palabras que asombraron a las mujeres que habían ido la madrugada del primer día de la semana al sepulcro donde habían puesto el cuerpo de Cristo, bajado apresuradamente de la cruz. Tristes y desconsoladas por la pérdida de su Maestro, encontraron apartada la gran piedra y, al entrar, no hallaron su cuerpo. Mientras estaban allí, perplejas y confusas, dos hombres con vestidos resplandecientes les sorprendieron, diciendo: «¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado» (Lucas 24, 5-6) «Non est hic, sed resurrexit» (Lucas 24, 6). Desde aquella mañana, estas palabras siguen resonando en el universo como anuncio perenne, e impregnado a la vez de infinitos y siempre nuevos ecos, que atraviesa los siglos.

«No está aquí... ha resucitado». Los mensajeros celestes comunican ante todo que Jesús «no está aquí»: el Hijo de Dios no ha quedado en el sepulcro, porque no podía permanecer bajo el dominio de la muerte (cf. Hechos 2, 24) y la tumba no podía retener «al que vive» (Apocalipsis 1, 18), al que es la fuente misma de la vida. Porque, del mismo modo que Jonás estuvo en el vientre del cetáceo, también Cristo crucificado quedó sumido en el seno de la tierra (cf. Mateo 12, 40) hasta terminar un sábado. Aquel sábado fue ciertamente «un día solemne», como escribe el evangelista Juan (19, 31), el más solemne de la historia, porque, en él, el «Señor del sábado» (Mateo 12, 8) llevó a término la obra de la creación (cf. Génesis 2, 1-4a), elevando al hombre y a todo el cosmos a la gloriosa libertad de los hijos de Dios (cf. Romanos 8, 21). Cumplida esta obra extraordinaria, el cuerpo exánime ha sido traspasado por el aliento vital de Dios y, rotas las barreras del sepulcro, ha resucitado glorioso. Por esto los ángeles proclaman «no está aquí»: ya no se le puede encontrase en la tumba. Ha peregrinado en la tierra de los hombres, ha terminado su camino en la tumba, como todos, pero ha vencido a la muerte y, de modo absolutamente nuevo, por un puro acto de amor, ha abierto la tierra de par en par hacia el Cielo.

Su resurrección, gracias al Bautismo que nos "incorpora" a Él, es nuestra resurrección. Lo había preanunciado el profeta Ezequiel: «Yo mismo abriré vuestros sepulcros, y os haré salir de vuestros sepulcros, pueblo mío, y os traeré a la tierra de Israel» (Ezequiel 37, 12). Estas palabras proféticas adquieren un valor singular en el día de Pascua, porque hoy se cumple la promesa del Creador; hoy, también en esta época nuestra marcada por la inquietud y la incertidumbre, revivimos el acontecimiento de la resurrección, que ha cambiado el rostro de nuestra vida, ha cambiado la historia de la humanidad. Cuantos permanecen todavía bajo las cadenas del sufrimiento y la muerte, aguardan, a veces de modo inconsciente, la esperanza de Cristo resucitado.

Que el espíritu del Resucitado traiga consuelo y seguridad, particularmente, a África a las poblaciones de Darfur, que atraviesan una dramática situación humanitaria insostenible; a las de las regiones de los Grandes Lagos, donde muchas heridas aún no han cicatrizado; a los pueblos del Cuerno de África, de Costa de Marfil, de Uganda, de Zimbabwe y de otras naciones que aspiran a la reconciliación, a la justicia y al desarrollo. Que en Irak prevalezca finalmente la paz sobre la trágica violencia, que continúa causando víctimas despiadadamente. También deseo ardientemente la paz para los afectados por el conflicto de Tierra Santa, invitando a todos a un diálogo paciente y perseverante que elimine los obstáculos antiguos y nuevos. Que la comunidad internacional, que reafirma el justo derecho de Israel a existir en paz, ayude al pueblo palestino a superar las precarias condiciones en que vive y a construir su futuro encaminándose hacia la constitución de un auténtico y propio Estado. Que el Espíritu del Resucitado suscite un renovado dinamismo en el compromiso de los Países de Latinoamérica, para que se mejoren las condiciones de vida de millones de ciudadanos, se extirpe la execrable plaga de secuestros de personas y consoliden las instituciones democráticas, en espíritu de concordia y de solidaridad activa. Por lo que respecta a las crisis internacionales vinculadas a la energía nuclear, que se llegue a una salida honrosa para todos mediante negociaciones serias y leales, y que se refuerce en los responsables de las Naciones y de las Organizaciones Internacionales la voluntad de lograr una convivencia pacífica entre etnias, culturas y religiones, que aleje la amenaza del terrorismo. Éste es el camino de la paz para el bien de toda la humanidad.

Que el Señor Resucitado haga sentir por todas partes su fuerza de vida, de paz y de libertad. Las palabras con las que el ángel confortó los corazones atemorizados de las mujeres en la mañana de Pascua, se dirigen a todos: «¡No tengáis miedo!...No está aquí. Ha resucitado» (Mt 28,5-6). Jesús ha resucitado y nos da la paz; Él mismo es la paz. Por eso la Iglesia repite con firmeza: «Cristo ha resucitado – Christós anésti». Que la humanidad del tercer milenio no tenga miedo de abrirle el corazón. Su Evangelio sacia plenamente el anhelo de paz y de felicidad que habita en todo corazón humano. Cristo ahora está vivo y camina con nosotros. ¡Inmenso misterio de amor! Christus resurrexit, quia Deus caritas est! Alleluia!

[Traducción del original italiano distribuida por la Santa Sede © Copyright 2006 - Libreria Editrice Vaticana]


LA COMPAÑÍA DE JESÚS CELEBRA, EL 22 DE ABRIL, EL TRIPLE JUBILEO DE LOS TRES PRIMEROS JESUITAS

En Madrid se celebrará una eucaristía presidida por el Nuncio y se podrá venerar el brazo derecho de San Francisco Javier.

MADRID (IVICON).- El 22 de abril, fiesta de la Virgen Madre de la Compañía, es el día sugerido por el General de los jesuitas, Peter-Hans Kolvenbach, para que en toda la Compañía de Jesús se celebre el triple Jubileo de los tres primeros compañeros: San Ignacio de Loyola, San Francisco Javier y el Beato Pedro Fabro. Todos los jesuitas del mundo celebrarán esta fiesta en sus lugares de residencia con distintos actos. En España, cada ciudad ha organizado su propio acto, la mayoría consisten en una eucaristía y celebraciones festivas posteriores. En Madrid se celebrará una eucaristía en la iglesia jesuita de San Francisco de Borja, a las 20’00 horas, que será presidida por Mons. Manuel Monteiro, Nuncio Apostólico en España. Ese mismo día, el cardenal Angelo Sodano, Secretario de Estado del Vaticano, presidirá otra eucaristía en la Basílica de San Pedro, a la que acudirá la Curia General de la Compañía. El Papa Benedicto XVI recibirá posteriormente a los participantes.

También en Madrid, y a partir del día 20, los fieles que lo deseen podrán venerar una de las reliquias más significativas de San Francisco Javier, su brazo derecho. Esta reliquia, que llegará a la iglesia de San Francisco de Borja el día 20, permanecerá en el citado templo hasta el día 24 de abril que regresará a la iglesia de Il Gesú de Roma, donde está habitualmente.


ARZOBISPO DE BARCELONA RECHAZA REFORMA DE ESTATUTO POR NO RECONOCER LIBERTAD RELIGIOSA

BARCELONA (ACI).- El Arzobispo de Barcelona, Mons. Lluís Martínez Sistach, rechazó el Título I del proyecto de reforma del Estatuto aprobado por el Congreso de Diputados, porque no reconoce el derecho a la libertad religiosa, a diferencia de la Constitución española y el proyecto de la Constitución europea. En declaraciones a “Catalunya Informació”, el Prelado dijo que “no era necesario” que el nuevo texto tuviese un título de derechos y deberes para lograr un consenso entre creyentes y no creyentes. Indicó que el Estatuto debe satisfacer a la totalidad de ciudadanos. “Hay muchos grupos de personas y de cristianos, que constituimos un número importante de la sociedad catalana, que merecemos un reconocimiento y que no nos encontramos satisfechos”, señaló.

El Prelado dijo que la llegada masiva de inmigrantes y nuevas religiones no está “enrareciendo” la relación de éstas con la Iglesia. Sin embargo, aclaró que “no hay que perder el norte y no perder nuestras raíces cristianas”. “Lo que identifica a un pueblo de Cataluña es un campanario y no una mezquita”, recordó. Mons. Martínez defendió el derecho de los musulmanes de construir mezquitas de acuerdo al número “y en proporción de sus miembros”, pero lamentó que en algunos de los países de donde estos proceden no se respete el derecho a la libertad religiosa. Pidió a la Unión Europea promover el “principio de reciprocidad”.


REDUCEN A LA MITAD CIFRAS OFICIALES DE ABORTOS EN ESPAÑA PARA EVADIR IMPUESTOS

MADRID (ACI).- En un informe en el que se citan fuentes del Ministerio de Sanidad y los centros abortistas de España, el Semanario Alba denunció que se informa sólo de la mitad de abortos practicados en diversas zonas de ese país para no pagar impuestos al Estado. Al respecto, el director del centro de abortos Euskalduna, Roberto Lertxundi, y el Jefe de Servicio de Ginecología del Hospital Santiago Apóstol de Vitoria, Iñaki Lete, confirmaron al semanario que las cifras de abortos presentadas anualmente por el Ministerio de Sanidad no representan la realidad del aborto en España ya que "sólo una parte de estas prácticas queda registrada en las estadísticas de los organismos públicos por temor al fisco". Dicha tesis también fue avalada por el Presidente de la Sociedad Española de Contracepción, Ezequiel Pérez Campos, tras señalar que lo denunciado por Alba es coherente con lo manifestado por las mujeres que han acudido alguna vez a un centro de abortos.

Por su parte, la Jefa de Salud de la Mujer y del Niño del Ministerio de Sanidad, Sagrario Mateu, afirmó que "en el ministerio calculamos la cifra real en el doble de la oficial ya que las competencias están transferidas a las comunidades autónomas y no nos resulta tan fácil exigir las estadísticas". Agregó también que en los hospitales públicos muchos abortos son camuflados bajo el nombre de "legrados terapéuticos". Entre tanto, la secretaria de Políticas Sociales del Partido Popular y ex Ministra de Sanidad, Ana Pastor, confirmó que el hecho de esconder la realidad del aborto se da tanto en los centros privados como públicos ya que muchos de los abortos realizados son disfrazados no sólo por evadir impuestos sino por "una cuestión de imagen y de vergüenza".

Asimismo, fuentes de la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid confirmaron a Alba la facilidad para realizar el camuflaje de las cifras en hospitales públicos ya que el personal no quiere dar explicaciones a los médicos objetores de conciencia y esconden los abortos bajo el nombre genérico de legrados terapéuticos para evitar problemas". La Asociación de Víctimas del Aborto (AVA), indicó que la denuncia de Alba confirma que existe un fraude en las estadísticas oficiales y exhortó a las autoridades a investigar el tema ya que hay indicios suficientes para pensar que en los centros de aborto privados la cifra de mujeres sometidas al aborto podría ser el triple y en el sector público el doble.


OPUS DEI PIDE A SONY: UNA "ACLARACIÓN" EN LA PELÍCULA EL CÓDIGO DA VINCI

REDACCIÓN CENTRAL (ACI).- La prelatura del Opus Dei dirigió una carta a los productores de la película El Código Da Vinci, la empresa Sony Corporation, en la que señala que la inclusión al principio del filme de un "aclaración" sería un "gesto de respeto" hacia Jesucristo, la Iglesia y las creencias religiosas de los espectadores. "Algunos medios de comunicación han escrito concretamente que Sony está valorando la posibilidad de incluir al principio de la película un ‘disclaimer’ que aclare que ésta es una obra de ficción, y que cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Una eventual decisión de Sony en ese sentido sería un gesto de respeto hacia la figura de Jesucristo, la historia de la Iglesia y las creencias religiosas de los espectadores", señala la misiva de la oficina de prensa de la institución católica en Japón, sede de la empresa productora del largometraje.

En una carta abierta dirigida a los accionistas, directores y empleados de Sony Corporation y fechada el 6 de abril, la oficina señala que "hay varios aspectos de la novela El Código Da Vinci que deforman la figura de Jesucristo, y que afectan a las creencias religiosas de los cristianos". Asimismo, recuerda que en el libro inspirador de la película se dice que "la fe cristiana se basa sobre una gran mentira, y que la Iglesia Católica ha empleado a lo largo de los siglos medios delictivos y violentos para mantener a la gente en la ignorancia".

"La novela mezcla realidad y ficción, y al final no se sabe dónde están las fronteras entre los hechos verídicos y los hechos inventados, de manera que un lector que conozca poco la historia puede llegar a conclusiones falsas, y es posible incluso que se sienta inclinado a mirar con menos simpatía a la Iglesia, que sin embargo es merecedora de respeto", dice el texto. Además de expresar su disponibilidad "para informar a quien desee conocer la realidad del Opus Dei, que nada tiene que ver con el retrato que dibuja esa novela", la oficina apela a la responsabilidad social de toda empresa y que se debe expresar en el respeto "a las creencias de los ciudadanos: en nuestras sociedades libres, ser responsable implica ser respetuoso".

"Por diferentes declaraciones públicas de personas que participan en este proyecto, sabemos que Sony-Columbia desea vivamente que esta película no hiera la sensibilidad religiosa de los espectadores, y quiere evitar que el estreno sea motivo de división, en un mundo ya demasiado dividido", señala el Opus Dei.


PRELADO MEXICANO APOYA BOICOT DE INMIGRANTES EN EEUU

MÉXICO D. F. (ACI).- El Obispo de Ciudad Juárez, Mons. Renato Ascencio, indicó recientemente durante la Semana Santa que apoyará el boicot comercial anunciado por los inmigrantes en Estados Unidos para el próximo 1 de mayo. El obispo mexicano señaló que apoyará esta medida de los inmigrantes en Estados Unidos para exigir una reforma migratoria “justa e integral”. Se trata de una campaña que están emprendiendo todos los latinos y la consigna es no comprar absolutamente nada de productos estadounidenses, enfatizó Mons. Ascencio, quien es también Presidente de la Comisión para la Movilidad Humana de la Conferencia Episcopal Mexicana. Añadió que él mismo “dará el ejemplo” y el 1 de mayo no cruzará la frontera para comprar, ya que su diócesis limita con la fronteriza ciudad de El Paso, en Texas.

“Los mexicanos que vivimos de este lado nos debemos solidarizar con los inmigrantes, como lo están haciendo los guatemaltecos, nicaragüenses y otros países de Centroamérica”, agregó. Mons. Ascencio dijo que sus fieles se pueden sumar al movimiento no acudiendo a El Paso, y rechazando los productos estadounidenses en Ciudad Juárez, una de las mayores localidades del estado de Chihuahua. El Prelado, una de las personalidades mexicanas más activas en la defensa de los indocumentados en Estados Unidos, convocó en enero pasado a una jornada de oración interreligiosa y expresó su rechazo a la ley “anti-inmigrante” aprobada en diciembre por la Cámara de Representantes en Washington. Tal norma contempla la construcción de muros en la frontera con México y el castigo a los inmigrantes indocumentados, y a todos aquellos que les prestaran ayuda.


OBISPO ARGENTINO RECUERDA QUE DERECHOS HUMANOS “DEBEN SER DERECHOS Y NO TORCIDOS”

BUENOS AIRES (ACI).- El Obispo de San Justo, Mons. Baldomero Carlos Martín, exhortó a los fieles en su mensaje pascual a “tener claro y saber qué son los derechos humanos, porque se corre el riesgo de convertirlos en “derechos torcidos”, si olvidamos que “es Cristo quien revela al hombre su auténtica dignidad como persona”. Mons. Martini inició su mensaje pascual deseando que “en Cristo resucitado experimentemos que Dios es Amor”, y agregó que “en Cristo resucitado se nos revela el hombre nuevo”. Luego de estas consideraciones Mons. Martini llamó a los cristianos a recordar que “son auténticos derechos humanos, todos aquellos que tienen su fuente en la dignidad humana. Los derechos humanos desprendidos del hombre como imagen e hijo de Dios, si no tienen en cuenta a todo el hombre y a todos los hombres se convierten en derechos torcidos y denigran su dignidad como persona”.

Asimismo, el Obispo de San Justo consideró que los cristianos “no pueden permanecer indiferentes cuando se quieren desconectar los derechos humanos de la dignidad de todo el hombre y de todos los hombres, desde su concepción hasta la muerte natural y en todo su recorrido, de la dignidad del varón como varón y de la mujer como mujer, de los niños, de los jóvenes, de las familias”. “Debemos iluminar las realidades temporales –continuó el Prelado– con la fuerza del Evangelio, con la fuerza del Resucitado para que la política, la justicia, las leyes, lo social y la economía estén al servicio del hombre y de su dignidad y no al revés”. Mons. Martini insistió en que “por ser creyentes y por ser hombres debemos velar por los auténticos derechos humanos que alcanzan a todos y en todos deben ser respetados. No son propiedad de ideologías sino de la humanidad que no olvida, ni le da las espaldas a su origen y a su Liberador”.


CARDENAL CIPRIANI: CONCERTACIÓN CON LA VERDAD DEBE RESPETAR LA VIDA, MATRIMONIO Y FAMILIA

LIMA (ACI).- El Arzobispo de Lima, Cardenal Juan Luis Cipriani, exhortó a las diferentes fuerzas políticas del país a buscar una concertación con la verdad para defender la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural, y salvaguardar el matrimonio y la familia como instituciones fundamentales de la sociedad. Al presidir la Misa del Domingo de Resurrección en la Catedral de Lima, el Purpurado señaló que esta concertación en el país debe estar siempre al servicio de todos sin exclusiones y basarse en un “exquisito respeto a los derechos humanos, que empieza por el respeto a la vida así como en la búsqueda de un clima de paz”. Agregó que otro aspecto que debe contemplarse en la misma es "el deseo de justicia social en el país, el cual constituye un desafío social y en el cual no caben proyectos revolucionarios, sino concertaciones y discrepancias dentro del ordenamiento jurídico".

El Cardenal Cipriani indicó también que en este diálogo por el país debe respetarse el derecho a impartir la educación católica buscando de esa manera que el empobrecimiento de la sociedad no mutile los principios morales fundamentales. “En la actualidad hay una enorme necesidad de espiritualidad que se debe rescatar con Jesucristo presente en la Eucaristía. El mundo tiene sed de libertad, la cual no debe estar contaminada de un materialismo sutil y venenoso que pretende atarnos, reduciendo la religión al ámbito de lo privado”, anotó. Finalmente, el Arzobispo de Lima agradeció a todos los medios de comunicación peruanos por permitir que la festividad de Semana Santa llegue a todos los rincones del país.


CARDENAL ERRÁZURIZ LLAMA A FELIGRESES A INTERIORIZAR VERDAD DE RESURRECCIÓN DE CRISTO

SANTIAGO (ACI).- Este Domingo de Resurrección, el Arzobispo de Santiago, Cardenal Francisco Javier Errázuriz, instó a los chilenos a profundizar que “Jesucristo verdaderamente resucitó” y a vivir la Pascua con “corazón generoso” con la familia y los más necesitados. Durante la Misa celebrada en la Catedral Metropolitana, el Purpurado destacó la importancia de creer que Cristo “verdaderamente venció el dominio de la muerte y del pecado”. Añadió que “el hecho de que Jesucristo es vencedor, que Cristo vive y que nos quiere apoyar en nuestro camino a la vida es un hecho fundamental en la existencia nuestra”. Asimismo, recordó el mandato del Señor de “desvivirnos por los hermanos y los necesitados con un corazón generoso y compasivo como el suyo”. También, indicó, “nos pide practicar la justicia y la fraternidad”.

“Jesucristo, nuestra vida y nuestra esperanza, nos ha dado la inmensa alegría de seguir viviendo ahora junto al Padre, y también junto a nosotros. Nos ha reconciliado con el Padre, nos ha abierto las puertas a la vida, las puertas del Cielo y de la tierra. Nos ha invitado a vivir compartiendo con nosotros su vida, sus proyectos, aún sus más nobles sentimientos”, afirmó el Arzobispo de Santiago. Finalmente, llamó a los chilenos a “vivir con mucha alegría” y a alegrarse “con su madre María y con sus apóstoles, con quienes comparten nuestra fe y con quienes sin compartirla aprecian profundamente la vida y las enseñanzas del Señor”.


MASIVA PARTICIPACIÓN DE CUBANOS EN VIA CRUCIS Y PROCESIONES POR SEMANA SANTA

LA HABANA (ACI).- Numerosos católicos cubanos participaron este Viernes Santo en el Vía Crucis, organizado en las calles del centro histórico de La Habana, así como en otras ciudades de la isla, donde se realizaron una veintena de procesiones. Con autorización de las autoridades correspondientes, la procesión del Vía Crucis partió del Convento de la Orden del Santísimo Salvador de Santa Brígida y culminó en la Iglesia del Cristo del Buen Viaje. El Arzobispo de La Habana, Cardenal Jaime Ortega y Alamino, recordó que "celebramos a aquel que vino a dar la batalla por el amor, por el bien y la justicia" y destacó que "todas las cruces de nuestra vida encuentran en la cruz de Jesús una respuesta".

Las imágenes de la Virgen María Dolorosa, Jesús Nazareno y una enorme cruz de madera recorrieron las calles sobre los hombros de los costaleros, mientras cientos de fieles y penitentes entonaban cánticos y rezaban. Dos religiosos describían cada una de las 14 estaciones ante la mirada de los vecinos que observaban la procesión desde los balcones o las puertas de sus viviendas. El Vía Crucis terminó con una homilía del Cardenal, en la entrada de la Iglesia del Cristo del Buen Viaje. También en las parroquias, iglesias y catedrales de las diócesis de La Habana, Santa Clara y Cienfuegos, Bayamo, Camagüey y Holguín se realizaron una veintena de procesiones. Holguín es la diócesis que mayor número de procesiones programó para el Viernes Santo, dos de ellas en la propia ciudad, y el resto, en Banes, Cueto, Mayarí, Antilla, Gibara, Floro Pérez, Fray Benito, Rafael Freyre y Velazco. Las procesiones religiosas fueron autorizadas por el Gobierno cubano en 1998, por primera vez después de casi cuarenta años, tras la histórica visita del fallecido Papa Juan Pablo II.


CONFER-RIOJA ORGANIZA LA XIV SEMANA DE VIDA CONSAGRADA

Se celebra en Logroño entre el 25 y 29 de abril y analizará la Vida Religiosa en la sociedad actual.

MADRID (IVICON).- Del 25 al 29 de abril se celebrará en Logroño la XIV Semana de Vida Consagrada que organiza CONFER-Rioja. Abrirá las jornadas José Ignacio Calleja, profesor de moral social cristiana en la Facultad de Teología de Vitoria, con una conferencia sobre cómo ser cristianos en una sociedad democrática. La religiosa del Santo Ángel Consuelo Junquera, por ora parte, hablará sobre la felicidad como camino hacia la plenitud de la persona. También participará el salesiano Antonio Mª Calero con dos conferencias, una en la que abordará cómo ser profetas en la sociedad secular y, otra, sobre cómo recuperar a María en la Vida Consagrada. Además de las ponencias, se ha organizado una oración vocacional y otros momentos de convivencia. La XIV Semana de Vida Consagrada de CONFER-Rioja se cerrará con una eucaristía presidida por Mons. Juan José Omella, obispo de Obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño.