IV Domingo de Cuaresma
26 de marzo de 2006

MONICIÓN DE ENTRADA

Sed todos bienvenidos a esta asamblea de hermanos y hermanas que se aman que es la Eucaristía. Vamos recorriendo el tiempo de Cuaresma. Este domingo Cuarto ya nos sitúa en la cercanía del inicio de la Semana Santa. Tras el Quinto ya llega el Domingo de Ramos. El tiempo pasa y nosotros debemos aprovechar el tiempo para mejorar, para acercarnos a una vendedera conversión. Jesús nos ha pedido que creamos en Él, que creamos en el Evangelio. Recordemos que en el Miércoles de Ceniza se nos decía “Convertíos y creed en el Evangelio”. Esa es la tarea y la meta la alcanzaremos con la ayuda de Dios.


MONICIÓN SOBRE LAS LECTURAS

1.- Nuestra primera lectura procede el capitulo 36 del Libro de las Crónicas. Y lo más importante de este texto del Antiguo Testamento es que nos ayuda a darnos cuenta –aquí y ahora que siempre Dios elegirá a quien Él quiera para llevar a cabo cualquier misión. Traicionado por los dirigentes del pueblo judío, del pueblo elegido, el Señor va a ungir a un rey extranjero para que purifique al pueblo de Israel. Nadie tiene la exclusiva del favor de Dios. Tengámoslo en cuenta.

S.- El salmo 137 narra una escena de los desterrados judíos en Babilonia. Allí sus captores pretenden que les diviertan con cantos sagrados y ellos se rebelan. El salmo está en sintonía con la primera lectura y marca el deseo de volver a Jerusalén. Nosotros los cristianos siempre anhelamos la llegada de esa otra Jerusalén, la que un día, brillante y luminosa, bajará del cielo.

2.- San Pablo en la Carta de los Efesios habla de renacer a partir del sacrificio de Cristo. Nuestra segunda lectura de hoy plantea un tema capital para la vida de los cristianos y que no es otra cosa que ese “renacimiento” por la vida por el efecto de la gracia de Jesucristo. Todos hemos de renacer. El agua del bautismo tiene que llegar a nuestras mentes e iniciar la nueva vida que Jesús nos pide a todos.

3.- El Evangelio de San Juan nos acerca hoy especialmente a la escena del Gólgota. Jesús dice a Nicodemo que cuando el Hijo del Hombre sea elevado todos pondrán su vida en Él. Utiliza el símil de la serpiente de bronce que Moisés elevó para librar al pueblo judío del veneno. La Semana Santa se acerca y el Misterio de la Cruz se abre ya cerca de nosotros.

Lectura de Postcomunión

MONICIÓN

Es un bello himno que nos anticipa, ya, el sufrimiento de María en los días Santos de la Pasión de Cristo.

ORACIÓN A MARÍA

 

Dame tu mano, María,

la de las tocas moradas;

clávame tus siete espadas

en esta carne baldía.

Quiero ir contigo en la impía

tarde negra y amarilla.

Aquí, en mi torpe mejilla,

quiero ver si se retrata

esa lividez de plata,

esa lágrima que brilla.

 

¿Dónde está ya el mediodía

luminoso en que Gabriel,

desde el marco del dintel,

te saludó “Ave Maria”

Virgen ya de la agonía

tu Hijo es el que cruza ahí.

Déjame hacer junto a ti

Ese augusto itinerario.

Para ir al monte Calvario,

cítame en Getsemaní.

 

A ti, doncella graciosa,

hoy maestra de dolores,

playa de los pecadores,

nido en que el alma reposa,

a ti te ofrezco, pulcra rosa,

las jornadas de esta vía

A ti, Madre, a quien quería

cumplir mi humilde promesa.

A ti celestial princesa,

Virgen sagrada María.

Amen

 

(Diurnal. Himno sabatino de Cuaresma)

Exhortación de despedida

Salgamos del templo con la gran esperanza de que la Redención está a punto de cumplirse. El Señor Jesús se ofrece para que nos salvemos. Y junto a la dificultad de la Cruz esta la gloria de la Resurrección. Será la Luz que nos salvará a todos. Es pues motivo de alegría. Nunca la Cuaresma ha de ser tiempo de tristeza.