Solemnidad de la Anunciación del Señor
25 de marzo de 2006

La homilía de Betania


1.- LA MATERNIDAD SAGRADA

Por Antonio Díaz Tortajada

2.- SIEMPRE SERVICIO

Por José María Maruri, SJ

3.- LA ANUNCIACIÓN: EL HOMENAJE AL “SÍ”

Por Javier Leoz

4.- LA LIBERTAD DE LA VIRGEN MARÍA

Por Ángel Gómez Escorial


1.- LA MATERNIDAD SAGRADA

Por Antonio Díaz Tortajada

1.- El “si” de María ––el “fiat”– abre la puerta a un largo camino: el del Hijo de Dios entre nosotros. Desde María, desde su embarazo y su maternidad, éste es el camino que Dios eligió para mostrar mejor y con mayor claridad la intimidad de su ser divino y su deseo de salvarnos, desde entonces, la maternidad tiene un nuevo valor. No es sólo el camino para el comienzo de la vida de nuevas personas. Es mucho más: Es el camino que Dios mismo recorrió. Con este acontecimiento se abre una nueva perspectiva para considerar el origen y el desarrollo de nuestra vida y, en el caso que nos ocupa, Cristo en el seno de María es clave hermenéutica para comprender e interpretar el camino, la vida.

Toda maternidad refleja, de un modo nuevo, el rostro de Dios y su interés por la vida. Sea cual fuere el modo cómo se da la concepción (buscada o no, legítima, honesta o descontrolada, correctamente santa o no), toda maternidad que deriva de ella es siempre sagrada. Destruir la maternidad, impedirla, bloquearla es un crimen. Es el crimen más cruel y más despiadado porque su víctima, indefensa, silenciosa e inerme sólo puede recibir la agresión injusta y indebida, y esto es lo mas terrible, de quienes más espera y necesita protección de su madre y de quienes la acompañan.

Por eso la fiesta de la Anunciación de la Encarnación del Hijo de Dios es también un severo reclamo del Señor a favor de toda vida. El Dios viviente comienza a vivir como ser humano. En el santuario de la Madre, comienza ese camino de llegar a ser hombre pleno: desde su concepción hasta su muerte salvadora, muerte que será derrotada por su Resurrección.

2.- La Palabra de Dios nos indica que la misteriosa concepción de Jesús ocurrió por obra y gracia del Espíritu Santo. Dos voluntades decidieron el estar disponibles al Padre. La carta a los Hebreos muestra que en el hoy eterno de Dios, el Hijo le dice al Padre: “Aquí estoy para hacer tu voluntad”. Y en un momento de la historia humana, una joven nazarena, María, dice palabras parecidas al “enviado” de Dios: Aquí está la esclava del Señor. Hágase en mi según tu palabra. Esas dos decisiones hacen que el Espíritu Santo fecunde a María. Por esas dos decisiones, el Hijo del Padre Eterno comienza a ser el Hijo de María.

Y la historia de ambos, Madre e Hijo, será una historia de fidelidad a Dios, una historia de alegría y cruz, de esfuerzo y de persecución. La Vida Eterna, espléndida, será de distintos modos amenazada, bloqueada, perseguida, atormentada y destruida: "una espada atravesará tu corazón". La Vida, por instigación del “maligno”, por envidia, perversión, ignorancia o estupidez de los hombres, será atacada o destruida.

3.- El Señor asume nuestra vida y la eleva al orden sobrenatural. Desde el seno de su Madre, Jesús acepta correr todos los riesgos del egoísmo. Ya nacido, pero niño aún, fue sometido a la persecución de Herodes quien mataba a los niños en su carne porque a él lo mataba el miedo en su corazón.

Hoy también a los niños, y a los niños por nacer, los amenaza el egoísmo de quienes sufren la sombra de la desesperanza en su corazón, la desesperanza que siembra miedo y lleva a matar. Hoy también nuestra cultura individualista se niega a ser fecunda, se refugia en un permisivismo que nivela hacia abajo, aunque el precio de esa no-fecundidad sea sangre inocente.

Hoy también estamos influenciados por un teísmo biodegradador de lo humano; ese “teísmo spray” que pretende suplir a la gran Verdad: "El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros”. La Encarnación del Verbo, Jesús niño por nacer en el vientre de María, nos convoca una vez más a la valentía.

No podemos degradarnos en la cultura facilista que nos anula y que siempre –porque mata poco a poco– termina siendo cultura de la muerte. Queremos reivindicar la presencia de Cristo ya en el seno de su Madre, presencia que resitúa la realidad del niño por nacer. Aquí se fundamenta nuestro “si a la vida” –a toda vida– un “si” motivado por la Vida que quiso compartir el que es nuestro Camino y Verdad. En Cristo la centralidad del hombre como obra maestra de la creación llega a su plenitud.


2.- SIEMPRE SERVICIO

Por José María Maruri, SJ

1.- “He aquí la esclava del Señor, hágase en mi según tu palabra” es la respuesta de la Virgen a otras palabras que el Señor repite en otro lugar del Evangelio: “el que quiera servirme que me siga, y donde yo esté estará mi servidor; y a quien me sirva, el Padre le premiará”.

Y con toda realidad la Virgen estuvo siempre donde Jesús estuvo, en Nazaret, dedicada plenamente al servicio de su hijo, en la vida pública la vemos en Caná de Galilea y si sabíamos que le seguían siempre unas santas mujeres, muy posiblemente María le siguió. Y sobre todo la vemos al pie de la cruz, siguiendo paso a paso en lo más doloroso.

San Ignacio recogiendo este espíritu de servicio del Evangelio, ponen en boca del Rey Eternal aquellas palabras: “”Mi voluntad es de conquistar todo el mundo y todos los enemigos y así entrar en la gloria del Padre. Por tanto quienes quisieran venir conmigo han de trabajar conmigo, porque siguiéndome en la pena también me siga en la gloria.”

2.- Nuestra vida debería ser siempre servicio. Servicio a Dios y a los que nos rodean. Servicio de nuestras familias, y servicio en nuestro trabajo. Y tal vez estamos mejor dispuestos a servir al Señor de una forma que yo diría “activa”, que en aquello otro de San Ignacio: “siguiéndome en la pena”.

“El que me quiera seguir, que tome su cruz y me siga…” Esa cruz de cada día, o esa cruz de algunos momentos de la vida, enfermedad, dificultades en el trabajo, paro, no aprobar los exámenes.


3.- LA ANUNCIACIÓN: EL HOMENAJE AL “SI”

Por Javier Leoz

1.- Desposada con el hombre, del que celebrábamos su festividad el pasado día 19 de marzo, recibe a un mensajero divino portando un correo increíble pero cierto: “has encontrado gracia ante Dios. Concebirás un hijo. Se llamará Hijo del altísimo”

María, al escuchar tal noticia, debió de cerrar y abrir de nuevo los ojos pensando que sería un sueño o que, tal vez Dios, se había confundido de casa, de persona o que se había vuelto loco.

Ni una cosa ni la otra: Un ángel se coló en la paz de su casa y, Dios, empezaba a cumplir en Ella y con Ella tantas promesas sugeridas desde siglos. El ángel, con certificado inesperado del cielo, venía en nombre del que habita en las alturas para, indicarle simplemente, que Dios de Ella se enamoró y que esperaba una respuesta.

Era María hermosa, grande y perfecta. No por su fisonomía sino por lo que a Dios cautivó y llamó su atención: su belleza interior. Ello le valió el que Dios se fijara en Ella. Que se hiciera presente en sus entrañas, en aquel sexto mes, y que turbara e inquietara la vida pobre y sencilla de una nazarena que era resto de Israel pero Madre del esperado por los siglos. ¡Alégrate María!

2.- En cierta forma, hoy, es el inicio de la Redención. Con el “hágase tu voluntad” Dios encuentra un cheque en blanco para escribir y cumplir, largo y tendido, en el seno de una mujer que fue colosal por ser inmensamente pequeña para el mundo.

La Anunciación del Señor es motivo de satisfacción para nosotros. Dios se fía, una vez más, de la humanidad. Y el camino para descender hasta ella es la humildad y la dulzura, la disponibilidad y la apertura de una mujer que, sin más objeciones que su propia pobreza, quiso brindar sus entrañas para que Dios-hombre, germinase y creciese en su interior.

Pero hoy, y no puede ser de otra manera, es el Anuncio del Señor. Es anuncio del que está por venir. De Aquel, que desde ahora hasta Navidad, irá tomando forma humana en los entresijos de Santa María.

En el marco de la cuaresma, a punto de iniciar la Semana Santa, puede que hasta nos cueste celebrar con especial solemnidad esta fiesta del Señor. Pero, el corazón del creyente, se alegra, palpita con el de María, cuando siente que, el Señor, irrumpe en la historia de la Salvación.

3.- Por otro lado, esta solemnidad, es el día del “SI”. Una afirmación positiva de una mujer que vivió con clave efectiva su ser, su obrar y su entrega incondicional a Dios. Necesitamos, de esta fiesta, para unir nuestros “sies” al de aquella mujer que, siendo poca cosa, no tuvo reparos en abrirse sin condiciones y sin obstáculos para que Dios hiciera obras grandes en Ella.

Hoy, dentro de la misma iglesia, andamos escasos, reacios de afirmaciones y consentimientos decididos y de por vida. Asustan y acobardan las entregas definitivas. El voluntariado es una feliz realidad pero, también es verdad, que la mayor de las veces eventual y por horas. Uno, contempla, el misterio de la Anunciación del Señor y concluye que, no solamente es el inicio de la vida de Jesús de Nazaret en un seno virginal, sino también compromiso recio, arriesgado y de por vida de María Virgen. Desde la Anunciación, pasando por el nacimiento, crecimiento y muerte de Cristo, María será aquella mujer que supo estar ahí con una renuncia total a su propia persona en favor de Dios.

Qué grande pensar que, cada vez que hay un “SI” por Dios, Jesús baja de nuevo a la tierra allá donde se pronuncia.

ES LA FIESTA DEL “SI”.

¡Si! Señor. Sin resistencias ni prejuicios

¡Sí! Señor. Sin filtros ni más palabras

¡Sí ¡Hágase tu voluntad!

¡Sí. Porque, simplemente, he encontrado gracia ante Dios

¡Sí ¡Dichosa me llamarán todas las generaciones!

¡Sí! ¡En todo agradar a mi Dios!

¡Sí! Con temor pero sin miedo que me paralice

¡Sí! Sin exigencias ni oscuridades

¡Sí! Mirando hacia delante y sin dudas sobre lo de atrás

¡Sí! Con respuestas firmes y humildes

¡Sí! Sostenidos en Dios y por Dios

¡Sí! Sin escurrir el bulto y con ansias de sumergirse

¡Sí! Con fe por la mañana y confianza por la noche

¡Sí! Con fortaleza en el trabajo e ilusión en el caminar

¡Sí! Con empeño en el esfuerzo y serenidad en las decisiones

¡Sí! Con madurez en la respuesta y generosidad en el dar

¡Sí! Cómo María: mirando a Dios y dejándole hacer y amar

¡Sí! Para que actúe el Señor y el mundo crea

¡Sí! Aunque cueste y seamos incomprendidos

¡Sí! Porque Dios, y el mundo, nos necesita

¡Sí! Por Dios y por Cristo

¡Si! En el Espíritu y por el Reino

¡Sí! En la iglesia y por los hermanos

¡Sí! Aunque, a veces, tenga ganas de negarme

¡Sí! Aquí estoy


4.- LA LIBERTAD DE LA VIRGEN MARIA

Por Ángel Gómez Escorial

1. - Es lógico situar la fiesta de la Anunciación el 25 de marzo, nueve meses antes del nacimiento de Jesús, el 25 de diciembre. Ya en el siglo III un autor opinaba que el Verbo se encarnó en el equinoccio de primavera, en el mismo día que nació Adán. Y Jesús siempre ha sido considerado como el nuevo Adán. Se decía también. En la monición de entrada, que esta fiesta es una solemnidad del Señor y de la Virgen y que, clamorosamente, no se les puede separar en la celebración. Nos llega, asimismo, en medio de la Cuaresma, como nos pasó la semana pasada con la solemnidad de San José, y es un motivo de alegría dentro de la austeridad de estos días.

No importan mucho –aunque deban de tenerse en cuenta—estas precisiones cronológicas sobre el “primer momento” de la Encarnación del Verbo salvador, que fue, precisamente, cuando el Arcángel San Gabriel visitó a María de Nazaret. Sus fechas han ido cambiado con los tiempos. Así estaba dentro del ciclo de Navidad y hoy, todavía, la Iglesia de Siria le dedica dos domingos anteriores a la Navidad. En Occidente, la liturgia ambrosiana, situaba la fiesta en el sexto domingo de Adviento, que era el anterior a también la Navidad. Y sabemos que fue la liturgia hispánica la que introdujo la primera fiesta dedicada la Virgen, en toda la Iglesia, y que se celebraba el 18 de diciembre.

2. - Pero podríamos decir también que esta es la “fiesta de la libertad”. Dios pregunta a una doncella de Nazaret, por medio del Ángel, si quiere ser la Madre del Redentor y espera de obtener su permiso. El poder y la grandeza de Dios no la coaccionan, ni Él tampoco la manipula, como no podía ser de otra forma. Y el hecho prodigioso de la salvación del genero humano comienza en el mismo momento que María de Nazaret dio su convencimiento. ¿Podría haberse negado? Claro que sí, en uso de su libertad. Hemos de meditar sobre que la justicia de Dios en su relación con el hombre esta basada en libertad. Y que esa libertad –asunto difícil de entender—forma parte de la esencia de Dios –como el amor—y que se lo ofrece a los hombres, como don principal. Es la misma libertad que nos lleva a renunciar a Dios o a desobedecerle. Por todo ello la escena de la Anunciación es tan importante y tan humana, al mismo tiempo que tan divina.

3. - El versículo de respuesta al salmo 29 y la Carta a los Hebreos repiten la frase “Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad”, que es muy parecida a la que le va a responder Maria al Ángel: “Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”. La aceptación de la voluntad de Dios es un acto libérrimo que magnifica nuestro amor y entrega al Señor. El no coacciona, ni engaña, solo espera que decidamos estar junto a Él. Aprovechemos, inmersos en este tiempo de cuaresma, la enseñanza de esta solemnidad de la Anunciación, origen y meta y de nuestro caminar, en libertad, tras los pasos liberadores de Cristo.