La singularidad de esta meditación sobre la Anunciación nos lleva a situarla en la sección de Reportaje. En la sección habitual de Julia Merodio en La Casa de Betania, continúa con una otro bello texto más de su esplendido “Taller de Oración”. Asimismo, damos la sexta entrega de la serie “El Abuelo” escrita por Federico Berenguer.

1.-LO INESPERADO DE UN ANUNCIO

Por Julia Merodio

“El Ángel entrando a su presencia dijo: No temas, María, Porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin.”

Como todos los días, María, se retiró para estar a solas con su Señor. Era ese momento dulce, ese regalo ansiado, ese tiempo especial, en el que, en silencio contemplaba, alababa, adoraba a Dios en lo más profundo de su corazón. ¡Se sentía tan dichosa! ¡Añoraba tanto la salvación! ¡Se sentía tan cercana a su Señor! que todo su ser se abría a ese amor infinito de Dios.

Abstraída en estos sentimientos, que llenaban su corazón, la estancia se ilumina y alguien se hace presente ¡Alégrate María! Las palabras llenaron el silencio. Sin darle tiempo a reaccionar, la presentación oficial: “porque has hallado gracia delante de Dios”; luego es un emisario de Dios el que trae la misiva. “Concebirás y darás a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús”. No entiende nada, no sabe nada, turbada pregunta ¿Cómo será esto? “La fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra: por eso el santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios”. ¿No se habrá confundido? ¿Será de verdad para ella en mensaje del Señor? No duda, ni cuestiona, ni reprocha. “He aquí la esclava del Señor, hágase en mi según tu palabra.” El ángel la dejó. Así de sencillo y así de grande. Imposible entrar en la mente de Dios.

¡Qué contento debió de ponerse Dios, ante la respuesta de María! Lo que más debió gustarle fue su: saber estar y su respuesta afirmativa.

En nuestra vida cotidiana, nosotros nos movemos para que los demás digan, para que los demás piensen, para que los demás opinen, siempre con la máscara puesta, siempre con el camuflaje.

Sin embargo María vivió a cara descubierta, sin guardar el tipo, sin segundas intenciones. Ella no tenía nada que esconder. Ella era íntegra, era fuerte, era la SEÑORA. Su porte era regio porque se había vaciado por dentro para que habitase Dios.

Qué lección para los hombres de nuestro tiempo cargados de pesadumbre, incertidumbre y desasosiego. Todo se mide y se compra, todo tiene un precio y, si además tiene marca, eso se vende a precio de oro.

Pues... la marca de María era la disponibilidad; su certeza, el Señor; su sosiego, la aceptación de la voluntad de Dios.

Y NUESTRA MARCA ¿CUÁL ES?

¿Hace mucho que no recibes un anuncio? Pues hoy te llega uno personal, con nombre y apellido, espero que al responderlo pienses en María.

Empresa en expansión busca personas activas, sinceras, alegres, disponibles, serviciales... para trabajar al servicio de un Reino. Puesto de trabajo fijo, “bien remunerado” y exento de competitividad. Formación a cargo de la empresa.

Abstenerse personas aletargadas.

• ¡Ah, si me hubiera llegado este anuncio cuando tenía 20 años menos! ¡Cuántas cosas hubiera hecho! Pero, ahora, es ya demasiado tarde.

• Fíjate, precisamente ahora que ya tenemos los hijos “creciditos” nos llega el anuncio. Ahora que podemos viajar, salir, divertirnos... que trabajen los jóvenes ¡qué para eso están!

• ¡Qué vida tan complicada la nuestra! Imposible responder al anuncio. Llevamos tan poco casados que entre el trabajo y los niños no nos queda tiempo ni para saber que existimos.

• Yo tan joven. La juventud es para disfrutarla, ya tendré tiempo de hacer cosas cuando sea más mayor.

Y yo me pregunto: si no pueden trabajar los jóvenes, ni los menos jóvenes, ni los que son un poco más mayores ¿Se parará la creación que el Señor puso en nuestras manos para que la continuásemos?

Hace bastante tiempo alguien que creía en la persona humana dijo a cada uno:

Necesito gente que no huya de los compromisos. Necesito jóvenes alegres y dinámicos que no se echen para atrás a la hora de anunciar el evangelio.

Necesito personas valientes que no se escondan a la hora de dar un testimonio de vida.

Hace bastante tiempo alguien que creía en el matrimonio los reunió y les dijo:

El Señor ha puesto en vuestras manos la gracia de un sacramento para que os améis, os ayudéis, os comprometáis y seáis espejo del amor de Dios en el mundo cuando los demás vean vuestro proceder.

Cada cierto tiempo, aquellos que habían creído en las personas, se reunían con estos grupitos generosos que se esforzaba en trabajar por el Reino y los acompañaban, los guiaban, les enseñaban, y les ayudaban en su trabajo.

Pero veían que había mucho por hacer, muchos por invitar, muchos por responder.

Eran los que hacían oídos sordos a la llamada. Les costaba integrarse, estaban muy bien sin compromisos y el miedo a dejar la comodidad y la tranquilidad les hacía permanecer sentados en su sillón viendo la "tele”, comiendo bien y dándose algún capricho.

LOS QUE NO QUERÍAN CRECER

Aquellos hombres al ver que, los llamados, no querían crecer, ni madurar, ni hacerse adultos, mandaron a los suyos para que salieran, de nuevo a su encuentro a decirles:

Os necesitamos. Os necesita mucha gente que espera vuestra valía, vuestra generosidad y vuestro servicio.

Al oír esto salieron de sí mismos uniéndose a los que les abrían sus puertas, para regalarles su amistad y compartir con ellos.

Así, llegó a los grupos la ilusión y las ganas de dar y darse; en ellos se vivía la alegría y se les veía florecer.

Pero en todo lo que tiene vida, lo queramos o no, llega el acomodamiento, la rutina, el sopor... y, sin saber cómo, el frío va penetrando sus rendijas tratando de congelar lo que hay dentro.

Por eso hoy, día de la anunciación, quiero plantearos, de nuevo, la oportunidad que se nos presenta de recomenzar, de tomárnoslo en serio, de no dejar las cosas para otra ocasión mejor. El refrán dice que: “lo que puedas hacer hoy no lo dejar para mañana” ¿has pensado que quizá mañana sea tarde?

El tiempo que pasa es irrecuperable; por eso ha de ser hoy cuando, como María, optes en serio por Cristo. No intentes demorarlo, no mires a otro sitio. Es a nosotros a ti y a mí a los que se nos llama para que empecemos, de nuevo, a caminar juntos en comunidad.

INVITA A LOS ENCUENTRES EN EL CAMINO

Invita a los que te encuentres en el camino, anímalos a venir, a vivir lo que tú vives, a que se apasionen por Jesús lo mismo que tú te has apasionado por Él.

Deja de lado los condicionamientos, no te aferres a la edad, no pongas de excusa los años, date cuenta que para Dios la edad debe de tener muy poca importancia a la hora de llamarnos a trabajar en su Reino.

• Mira como llamó a María joven de temprana edad.

• Pero, también, llamó a los apóstoles, a Saulo a Zaqueo, mayores que ella.

• Llamó a Zacarías e Isabel, cuando nadie lo esperaba.

¿No será que Dios mira a la persona de distinta manera que nosotros?

Dios se fija en lo de dentro. Le preocupa el interior de la persona y ¿acaso el alma puede envejecer o rejuvenecerse? ¿Acaso no puede haber deterioro o plenitud en todas las edades? ¿Acaso se envejece porque se vive? Se envejece porque no se Vive. El Espíritu no tiene edad, sin embargo nosotros aferrados a nuestros esquemas cortos y limitados no acabamos de acostumbrarnos a las sorpresas de Dios. Él llama a la primera hora, a la de tercia y a la de sexta, siempre necesita obreros para trabajar en su mies.

Por eso, sería bueno que hiciésemos silencio para escuchar al Señor, como María y respondiésemos a su llamada con generosidad.

FICHA PARA LA REFLEXIÓN PERSONAL:

Están llamando: Rinnnnnnnnnnnnnn

¿Quién llama?

¿Por qué me llama a mí?

¿A qué me llama?

¿Para qué me llama?

El reto está lanzado. Exige una respuesta.

Quizá mañana sea demasiado tarde.

 

2.- LAS HISTORIAS DEL ABUELO (VI)

Por Federico Berenguer Suárez

Ahora hace tres años, Federico Berenguer Suárez publicaba en Betania una monumental biografía novelada de Cristo. Se publicó en varios capítulos y tuvo mucho éxito. Recuperamos con gusto a este autor y, a partir de ahora, volveremos a publicar nuevas cosas suyas. La semana pasada publicamos un interesante, curioso y creativo tratado sobre el Rosario, explicado por un perrillo que pertenecía a la Virgen María. Federico, ahora, anda algo enfermo y por eso pedimos oraciones por él. Iniciamos, pues aquí la serie de “Las Historias del “Abuelo. Iremos dando unas cuantas por número. Originalmente, Federico Berenguer no ha dado título específico a cada una de las historias. Nosotros sí, pero diferenciarlas, ya que se publican en entregas. El mismo autor explica su desarrollo:

La acción se desarrolla en la ciudad de Almería, capital de la provincia más oriental de Andalucía, de clima suave y amparo de jubilados, pero con el contraste de una gran actividad agrícola en los famosos invernaderos de levante que surten de frutas, legumbres y flores durante todo el año a Europa. El abuelo es un militar retirado, padre de siete hijos; de los cuales están tres felizmente casados, una hija farmacéutica que trabaja y vive en Marbella y otros tres que aún están en casa ( mamá ¡qué bien cocinas!; mamá ¿me planchas este pantalón?; Papi ¿me prestas veinte euros?...). Jorge es el mayor de sus nietos, primogénito de su hija mayor, Ana. Guapo, listo y con un afán de aprender impresionante (¿pasión de abuelos?). La familia vive en el barrio de Pescadería, cerca de la salida hacia Málaga, y aunque en la realidad la hija mayor vive en Roquetas de Mar, a unos 20 kilómetros de la ciudad, en la ficción vive en el mismo barrio y cerca de la casa de los abuelos. Por esta razón, también es ficción que abuelo y nieto salgan a pasear por la ciudad, pero ello es necesario para ambientar las preguntas que hace el niño.

Las historias no tienen más hilo conductor que la curiosidad del niño y la, presunta, habilidad del abuelo en contarle las cosas. El niño llama al abuelo, cariñosamente, Abú y a la abuela, Mami. Cuando comenzó esta serie sólo tenía un hermano, Juan Carlos, rubio, travieso y peligroso, pero ahora casi dos años después, ya tiene otro, Pablo.

Seguimos publicando, número a número, dos episodios de estas sensacionales historias del abuelo. Esperamos que estas dos que aparecen a continuación también entusiasmen a nuestros lectores como todas las anteriores

 

11.- UN DÍA DE SAN ANTONIO

Para el abuelo y la abuela el día de San Antonio fue un gran día. Su hija dio a luz a su tercer hijo, al que le pusieron el nombre de Pablo. Quedaba en el ánimo de los abuelos el temor de cómo sería, pues si se parecía a su hermano Jorge, les cosería a preguntas, pero si el parecido fuera con Juan Carlos, la cosa sería peor.

A los pocos días del feliz acontecimiento y cuando ya su hija estaba en casa, les llamó para contarles la última (?) hazaña de Juan. Como hacía mucho calor, porque eran días de levante, no se le había ocurrido más que echar en el suelo del salón una jarra de agua y bañarse como si estuviese en una piscina.

A pesar de los riesgos que podían correr le propusieron a su hija llevarse a los dos niños a su casa, pero ella, inteligente, les pidió que sólo tuvieran a Jorge unos días mientras ella y su marido organizaban la actividad que suponía el nuevo hijo.

El domingo fue el Abú con Jorge a misa a San Juan, mientras la abuela, que ya había ido a misa el sábado, preparaba la comida. Llegaron con tiempo al templo y se colocaron en la parte posterior, a la derecha, junto al ventilador que ya estaba funcionando. Al abuelo le gustaba mucho la iglesia de San Juan, porque a pesar de que había estado abandonada durante muchos años y luego la utilizaron como almacén o cuadra, la restauración le había devuelto su antigua dignidad. Le gustaba además por lo recio de sus muros y las doce columnas que sustentaban la bóveda. Le recordaba la reciedumbre y fortaleza de la Iglesia, que a pesar de todos los avatares de la historia seguía viva desde hacía veinte siglos y las doce columnas, como recordaba D. Carlos a menudo, eran la representación de los Doce Apóstoles, sostén de la Iglesia.

Durante la Santa Misa, Jorge estuvo muy formal, siguiendo con atención la ceremonia, aunque se distraía de vez en cuando, como niño que era. El abuelo ya le había explicado lo que era la iglesia y cómo debía comportarse en ella.

- Jorge, la iglesia es un lugar en donde hay que estar en silencio, porque con el único que se habla es con Jesús, que está allí, en aquella arquita que se llama Sagrario. También se habla con la Virgen, con nuestra Virgen de las Angustias. Si se habla con otras personas, a no ser por un motivo importante, se molesta a los demás y se comete una falta de educación. Imagínate que vas a casa de un amigo a jugar y en lugar de eso, te pones a hablar con otra persona, sin hacerle caso. Tampoco, y esto a los pequeños os es muy difícil, se puede uno estar moviendo, o subiendo y bajando del banco, o corriendo por el pasillo. Se molesta a los demás y se les distrae. Pero si te cansas o te aburres, me lo dices y yo te acompaño a la puerta, estás un ratito fuera y cuando quieras vuelves a entrar.

Cuando llegó el momento de la Comunión el abuelo se levantó y con Jorge de la mano se acercó a recibir al Señor. Cómo Jorge aún no había hecho la Primera Comunión, se tuvo que contentar con una caricia de D. Carlos. El abuelo notaba que Jorge se fijaba en todo y temía el momento de salir de la iglesia porque sospechaba la andanada que le iba a soltar el niño.

Terminado el Santo Sacrificio y después de esperar a que el sacerdote abandonase el altar, salieron con todos los fieles. Ya en la escalera, Jorge tiró de la mano del abuelo repetidas veces para llamar su atención. Él esperó a estar fuera, y sin pararse en la puerta como hacen otras personas sin darse cuenta que no dejan salir a los de dentro, se separó andando en dirección al cuartel.

- Dime, Jorge, ¿Qué me querías preguntar?

- Abú, ¿por qué el sacerdote se pone esa ropa larga y con bufanda de color?

El abuelo no pudo reprimir la risa.

- La ropa larga se llama alba, que en latín, quiere decir blanco, y significa la pureza y limpieza con la que el sacerdote debe acercarse al altar. y lo que tu llamas bufanda es la estola, de color según la época del año litúrgico -miró al niño, esperando que le preguntara, pero como no decía nada, siguió- y es signo de la autoridad sacerdotal, que preside la ceremonia.

- Abú, has dicho una de esas palabras raras que a ti tanto te gustan, año...

- Litúrgico, llamado así porque es la división que hace la Iglesia para las distintas épocas del año, recordando la vida y Pasión de Jesús y las fiestas del Señor, de la Virgen y de los Santos. Hace poco era el tiempo de Cuaresma, luego el de Pasión, con la Semana Santa; luego vino la Pascua de Resurrección y ahora estamos en el “tiempo ordinario”, que recuerda los años de vida oculta de Jesús en el que no hay ninguna conmemoración especial de su vida, aunque si hay fiestas muy importantes de la Virgen y de los santos. Pronto vendrá el Adviento, que significa espera, y luego la Navidad. Esto se repite todos los años y así recordamos los cristianos la vida de Jesús y la historia de nuestra Redención.

- Abú, tu y yo hemos venido a la iglesia muy arreglados y peinados, pero he visto a algunas personas que van con poca ropa y parece que están sin arreglar.

- Veo que te fijas en las cosas. Pues si, Jorge, desgraciadamente, hay personas que no se dan cuenta a donde viene y a qué viene. Seguro que si recibieran una carta de la Casa Real invitándoles a una comida con los Reyes, irían con sus mejores trajes y bien arregladas. En cambio para la misa, que es más que un banquete en palacio, vienen de cualquier manera e incluso algunas chicas y señoras parecen que van a la playa o a la piscina en lugar de a la iglesia.

- Pues, nada, Abú, se pone un cartelito en la puerta diciendo que ahí dentro no hay piscina, a ver si se dan cuenta.

- No sería mala idea -rió el abuelo- y ahora vayámonos a casa a ayudar a la abuela a poner la mesa.

-Si, Abú, pero ¿por qué tardan tanto en arreglar la calle?

- Eso, hijo mío, -suspiró el abuelo- es otra historia.

 

12.- PREPARANDO LA PRIMERA COMUNIÓN

Los abuelos llamaron a casa de su hija Ana para felicitarla por su santo. Luego se puso Jorge al teléfono -le encanta hablar por teléfono y cuesta hacerle colgar- y estuvo hablando con el abuelo.

- Abú, te tengo que dar una noticia; dentro de dos meses hago la Primera Comunión .El abuelo pensó que esos dos meses bien serían dos años que es lo normal, pero no se lo dijo al niño, que seguía hablando.

- Eso de la Primera Comunión es un “rollo”, porque hay que estudiar un libro así de gordo.

- Bueno, Jorge, pero cuando te expliquen bien lo que significa la Comunión, verás que no es “rollo”, mejor dicho, que es “rollo” pero del bueno.

- Además hay que ir más tiempo a la catequesis, porque nos ha dicho la “seño” que esto es muy importante.

- ¡Ya lo creo que es importante y cuando nos veamos, hablaremos de esto.

- Vale, Abú, pero sin palabras raras de las tuyas.

- Vale, Jorge. - Al abuelo se le pega la manera de hablar del niño-

Pocos días después, abuelo y nieto con toda la familia, se fueron a la playa de Cabo de Gata y se pusieron enfrente de las marismas, junto al observatorio de aves. Había muy poca gente, la arena estaba limpia y el agua clara, apenas rizada por una brisa de poniente. Los dos, abundantemente embadurnados en crema solar (protección no se cuantos) y con un amplio aunque anticuado sombrero de paja que les protegía bastante del sol, se fueron a dar una vuelta por la orilla, dejando que las olas refrescaran sus pies.

Cuando llevaban un rato andando, Jorge inició el tema, que se conoce que le preocupaba.

- Entonces, Abú, ¿eso de la Primera Comunión...?

- No es que sea difícil de explicar, sino que lo que nos cuesta es comprenderlo -el abuelo se dio cuenta que la frase le había salido demasiado “filosófica”, pero la respuesta de Jorge le tranquilizó-.

- Bueno, pues tu me lo explicas y si no lo entiendo te lo pregunto, Abú.

- Y además tienes a la “seño” y a tus padres, que son los primeros que te deben enseñar esto bien. La fecha de la Primera Comunión, marca el paso de la infancia a una primera juventud que poco a poco va madurando en la fe.

- Abú, tú me has contado ya que Jesús está en esa casita de la iglesia que se llama sagrario y que está ahí para que le visitemos y le contemos nuestras cosas...

- Bueno, pues la Primera Comunión es al revés. Quien viene a visitarte es Jesús, directamente a tu corazón. En el Sagrario no hay un Jesús chiquitito en carne y hueso, sino que está bajo la forma de pan. Ese Pan, por el poder de las palabras del sacerdote durante la Santa Misa, en el momento de la consagración, se convierte “por dentro” en el Cuerpo de Jesús. Perdona que use una palabra rara, pero es necesario y además te la van a decir en la Catequesis. Ese cambio “por dentro”, es decir, de la substancia del pan que se convierte en el Cuerpo y la Sangre de Jesús, se llama “transubstanciación”. Y por el poder de Dios, en cada parte del pan está Jesús todo entero. Habrás visto que cuando la gente comulga el sacerdote le pone en la boca o en la mano una Sagrada Forma, que es redonda y blanca. Está hecha de harina de trigo pura, pero sin levadura, por lo que está así de fina. También se le llama “Sagrada Hostia”...

- Abú, en mi cole hay un niño que dice muchas veces...

- Si, - le interrumpió el abuelo- ya imagino lo que dice y eso está mal porque es una falta de respeto a la Eucaristía. Las personas mayores también lo dicen, muchas veces sin mala intención pero otras con el deseo de ofender a Dios y eso es un mal pecado. Tú nunca lo digas.

- Vale, Abú, te lo prometo. Pero me estabas contando que la Primera Comunión es como una visita de Jesús.

- Pues, si. Cuando se comulga, Jesús viene a verte. Entra en tu corazón y en tu alma y te llena con su Amor y con su gracia. Pero volvamos a donde están los demás porque ya se está haciendo tarde y seguiremos otro día hablando de esto.

- Si, Abú, pero ¿por qué la gente tira en la playa tantos desperdicios?

- Eso, hijo mío, -suspiró el abuelo- es otra historia.