EL PAPA AFRONTA LA POSIBILIDAD DE DEJAR MÁS RESPONSABILIDADES A LA MUJER EN LA IGLESIA

En una conversación con párrocos de Roma

CIUDAD DEL VATICANO (ZENIT.org).- Benedicto XVI considera que es justo preguntarse si es posible dejar más responsabilidades a la mujer en la Iglesia católica, según explicó el 2 de marzo en un encuentro con los párrocos de Roma. El pontífice distinguió, sin embargo, esta cuestión del sacerdocio de las mujeres, mencionando la doctrina de Juan Pablo II en la carta apostólica «Ordinatio sacerdotalis», según la cual, «la Iglesia no tiene en modo alguno la facultad de conferir la ordenación sacerdotal a las mujeres». El Papa afrontó el argumento en respuesta al padre Marco Valentini, vicario parroquial de San Jerónimo en Corviale (sector oeste de la diócesis), quien presentó su pregunta basándose en la experiencia de una madre de familia y de algunas religiosas comprometidas en la recuperación de sacerdotes en crisis.

La respuesta del Santo Padre recibió ese día amplio eco en las agencias de noticias internacionales, a pesar de que no se había publicado el texto escrito de la conversación. Ahora ha sido facilitado por la Sala de Prensa de la Santa Sede. El sacerdote preguntó: « ¿Por qué no hacer que la mujer también participe en el gobierno de la Iglesia? De hecho, su punto de vista en las decisiones que hay que tomar es diferente del masculino». En su respuesta, el Papa comenzó constatando que los sacerdotes tienen la experiencia de «mujeres creyentes que nos ayudan en nuestro camino», motivo por el cual «la Iglesia tiene una gran deuda que agradecer a las mujeres», añadió.

En realidad, el Papa aclaró que «las mujeres hacen mucho, me atrevería a decir, por el gobierno de la Iglesia, comenzando por las hermanas de los grandes padres de la Iglesia, como san Ambrosio, hasta las grandes mujeres de la Edad Media --santa Hildegarda, santa Catalina de Siena--, y después santa Teresa de Ávila hasta llegar a la Madre Teresa». «Diría que este aspecto carismático se distingue ciertamente del sector ministerial, en el sentido propio de la palabra, pero es una auténtica y profunda participación en el gobierno de la Iglesia», indicó.

«¿Cómo podría imaginarse el gobierno de la Iglesia sin esta contribución, que en ocasiones se hace muy visible, como cuando santa Hildegarda critica a los obispos, o como cuando santa Brígida y santa Catalina de Siena amonestan y logran que los Papas regresen a Roma?», preguntó. Esta contribución, indicó, «es siempre un factor determinante, sin el que la Iglesia no puede vivir», respondió. Ahora bien, el Papa mismo dejó espacio a voces, como la del sacerdote que dicen: «queremos ver también más visiblemente, de manera ministerial, a las mujeres en el gobierno de la Iglesia».

Aclaró que «ministerio sacerdotal está reservado por el Señor, como sabemos, a los hombres, pues el ministerio sacerdotal es gobierno en el sentido profundo». En definitiva, subrayó, «el Sacramento gobierna a la Iglesia». «El punto decisivo» de la cuestión, según el obispo de Roma, es éste: «No es el hombre quien hace algo, sino que el sacerdote, fiel a su misión, gobierna, pues mediante el Sacramento es Cristo mismo quien gobierna, ya sea a través de la Eucaristía ya sea en los demás sacramentos, de modo que es siempre Cristo quien preside». «Sin embargo es justo preguntarse si también en el servicio ministerial --a pesar de que en esta cuestión Sacramento y carisma conforman la única vía en que se realiza la Iglesia-- es posible ofrecer más espacio, más posiciones de responsabilidad a las mujeres», concluyó.


EJERCICIOS ESPIRITUALES EN EL VATICANO: TIEMPO DE ENCUENTRO CON CRISTO

Meditaciones al Papa del cardenal Marco Cé, patriarca emérito de Venecia

CIUDAD DEL VATICANO (ZENIT.org).- Los ejercicios espirituales, que comenzaron en la tarde de este domingo Benedicto XVI y sus colaboradores de la Curia romana, deben ser un momento de encuentro con Dios, explica su predicador, el cardenal Marco Cé. El patriarca emérito de Venecia propuso al Papa, a los cardenales, obispos, sacerdotes y religiosos presentes en la Capilla «Redemptoris Mater» del Vaticano emprender una «peregrinación interior hacia quien es la fuente de la misericordia», Jesús.

Al mismo tiempo, aclaró según la crónica que ha ofrecido de la meditación de este lunes por la mañana «Radio Vaticano», Cristo «nos acompaña a través del desierto de nuestra pobreza, apoyándonos en el camino hacia la alegría intensa de la Pascua», la pasión, muerte, y resurrección de Cristo, «el corazón de nuestra fe». Ahora bien, el cardenal explicó que este encuentro tiene lugar porque antes Cristo ha salido en búsqueda de cada persona. «Si la gracia del Crucificado resucitado no nos llamara y si no saliera a buscarnos, no saldríamos nunca de nuestra pereza y de nuestro pecado. ¿Quién me liberará de este cuerpo de muerte?», se preguntó el purpurado, y respondió: «La gracia de Dios mediante Jesucristo».

Si los ejercicios espirituales se convierten en un encuentro con Cristo, añadió, serán también «un acto de amor por la Iglesia y por tantos hermanos que caminan por sendas lejanas» a quienes «Jesús quiere salvar». «El Evangelio nos pide que nos involucremos, que nos sintamos interpelados, que no seamos sólo espectadores encerrados en la fortaleza de nuestra racionalidad, sino que reaccionemos como los que encuentran a Jesús y se dejan envolver por su luz. Este es sentido del vivo deseo de Jesús cuando decía: "Creedme"», señaló el predicador. Tomar el Evangelio en serio, añadió, «es siempre un encuentro» en el que se encuentra la fuerza para convertirse, «para volver a orientar la vida hacia Dios, abriéndole de par en par el corazón en la fe».

En la segunda meditación de la mañana del lunes, el patriarca dejó este consejo al Papa y a sus colaboradores: «Tenemos que tener una sola ambición, que la gente vea en nosotros, a pesar de nuestros límites, personas que verdaderamente aman al Señor, que están enamoradas de Él, que no hay un abismo entre lo que dicen y lo que realmente son». La Cuaresma, concluyó el cardenal Cé, es «el tiempo de gracia para decidirse por el Señor». Es bello «pensar que Dios viene a buscarnos», dejemos «que nos encuentre en la Cuaresma». Los ejercicios espirituales, que tienen por tema «Caminando con Jesús hacia la Pascua, guiados por el evangelista Marcos», concluirán el próximo sábado. En estos días Benedicto XVI no mantiene audiencias públicas para dedicarse particularmente a la oración.


LA DEFENSA DE LA VIDA EXIGE EN OCASIONES DECISIONES HEROICAS "DIGNAS DEL PREMIO ETERNO"

VATICANO (ACI).- En un mensaje dirigido con ocasión de la Campaña Anual de Fraternidad promovida por la Iglesia en el Brasil con ocasión de la Cuaresma, el Papa Benedicto XVI señaló que la defensa de la dignidad humana desde la concepción hasta la muerte natural exige a veces “decisiones heroicas” que merecerán el premio eterno. En el mensaje, escrito en portugués, enviado al Cardenal Geraldo Majella Agnelo, Arzobispo de Bahia y Presidente de la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil, el Santo Padre afirma que el tema de este año, “Fraternidad y personas con discapacidad”, asume “un carácter de reflexión y de estímulo para renovar con mayor fuerza el mandamiento de la caridad, especialmente hacia los discapacitados”.

“No se trata únicamente de una actitud de ternura y de consuelo, sino de que estos hermanos y hermanas nuestros en Cristo se integren totalmente en la sociedad”, agrega el Pontífice. Benedicto XVI afirma además que “aun cuando la persona discapacitada esté herida en la mente o en sus capacidades sensoriales e intelectivas, es un sujeto plenamente humano, con los derechos sagrados e inalienables propios de toda criatura humana”. El Pontífice recuerda que “el ser humano, independientemente de las condiciones en que se desenvuelve su vida y de las capacidades que puede expresar, posee una dignidad única y un valor singular desde el inicio de su existencia hasta el momento de la muerte natural”.

El Papa subraya que “asumir la dignidad querida por Dios, propia de esta vida, exige actuaciones a veces heroicas y dignas del premio eterno, no sólo por parte de los que padecen estos sufrimientos, sino también de quienes ayudan a los más necesitados”.


TRIUNFO PRO-VIDA EN EEUU: GOBERNADOR DE SOUTH DAKOTA FIRMA LEY QUE PROHÍBE EL ABORTO

WASHINGTON D.C. (ACI).- El estado de South Dakota entró en la historia pro-vida cuando el Gobernador, Mike Rounds, firmó una ley que prohíbe todo tipo de aborto en ese estado. Esta es la primera ley estatal que desafía al fallo de Roe vs Wade, que legalizó el aborto en todo el país desde 1973. La nueva ley, que entrará en vigor desde el 1ero de julio de 2006, fue bien recibida por muchos líderes pro-vida, como el P. Thomas J. Euteneuer, Presidente de Vida Humana Internacional (VHI), quien afirmó al respecto que “la gente de South Dakota ha hablado y ha exigido ponerle fin a la matanza de bebés no nacidos por parte de grupos como Planned Parenthood”. “Esta y otras organizaciones que lucran con el aborto harán lo posible para revertir la voluntad de la gente de South Dakota con artificios legales, pero la marcha legal hacia la total protección de las personas desde la concepción hasta la muerte natural ha dado un gran paso”, añadió.

“Todos los estadounidenses deben estar orgullosos de su coraje moral e integridad (del Gobernador). Como sacerdote estoy contento de ver a un católico que juega un importante papel en la creación de una cultura de vida en los Estados Unidos”, concluyó el Presidente de VHI. Por su parte, el reverendo Patrick J. Mahoney, Director de la Christian Defense Coalition, aplaudió “el valor del Gobernador Mike Rounds y de la legislatura de South Dakota al prohibir el aborto y poner fin a esta trágica forma de violencia contra las mujeres y los niños. Con varios estados esperando leyes similares para prohibir el aborto, se genera un movimiento nacional para revertir el caso de Roe vs Wade”. “Lentamente, el caso de Roe vs Wade está siendo minado. Agradecemos al Gobernador Mike Rounds por firmar esta ley y esperamos que esto les hable claro a otros estados para que confirmen la dignidad de la vida”, concluyó Mahoney.


DIEZ MIL PEREGRINOS ASISTEN A EUCARISTÍA DE CLAUSURA DE PRIMERA JAVIERADA 2006

MADRID (ACI).- Con motivo del 5° centenario del nacimiento de San Francisco Javier, Patrón de Navarra, más de diez mil peregrinos participaron en la Eucaristía de clausura de la primera Javierada de este año, realizada en la explanada del Castillo de Javier. La Misa, parte de ella en euskera, lengua materna del santo jesuita, fue presidida por el Arzobispo de Pamplona, Mons. Fernando Sebastián, y concelebrada por varios sacerdotes. El también Obispo de Tudela invitó a los peregrinos procedentes de diversas partes de Navarra, a seguir la “estela de San Francisco Javier", a quien recordó como "un cristiano insigne que entregó y gastó su vida para difundir en el mundo la fe". "La primera lección que hoy tenemos que recibir de San Francisco de Javier es la de su conversión, una conversión radical, sincera, definitiva", anotó.

Mons. Sebastián pidió a los fieles que no se dejen dominar por la cultura del laicismo anticristiano y agregó que “un mundo sin Dios, sin ley moral, es un mundo desconcertado y retrógrado, que termina siendo cruel e inhumano”.Más de 15 sacerdotes abandonaron por un día el confesionario de sus parroquias y templos para impartir el sacramento de la reconciliación en los alrededores de la explanada del Castillo.


CONVENCIÓN DEL PARTIDO POPULAR HA IGNORADO LA FAMILIA, DENUNCIA INSTITUTO FAMILIAR

MADRID, (ACI).- “Ha sido una convención defraudante para la familia, ya que ha sido la gran ignorada y abandonada durante la convención del Partido Popular (PP) celebrada en este fin de semana”, señaló este lunes el presidente del Instituto de Política Familiar (IPF), Eduardo Hertfelder. “De los numerosos temas que se abordaron durante la Convención, ninguno de ellos fue el de la familia”, denuncia Hertfelder a través de una nota de prensa del IPF.

Según el Instituto, el PP “mantiene una actitud incoherente ya que, por una parte, reclama al PSOE medidas de apoyo a la familia y por otra parte la desprecia e ignora en sus convenciones y programas”. “Pareciera que para el PP los problemas que tiene la familia no son dignos de importancia como para ser tratados en su Congreso”, añade el IPF. En sus declaraciones difundidas por el comunicado, Hertfelder sostiene que “lo que es más preocupante es que para el mismo presidente del Partido Popular, Mariano Rajoy, la familia no mereció ni siquiera una sola mención durante su discurso de clausura”.

“No parece que lo mas conveniente para alguien que aspira a ser presidente del Gobierno, el que ni siquiera se acuerde una sola vez de la familia”, concluye Hertfelder.


“NEGAR EL ACCESO A LA VIDA SACERDOTAL O RELIGIOSA A LAS PERSONAS HOMOSEXUALES SERÍA UNA DISCRIMINACIÓN LAMENTABLE”

El jesuita López Azpitarte cree que “lo fundamental radica en el equilibrio de la persona, en su capacidad de autocontrol y en la ausencia de conflictos latentes”

MADRID (IVICON).- Cuatro meses después de que la Congregación para la Educación Católica diera a conocer ‘los criterios de discernimiento vocacional en relación con las personas de tendencias homosexuales antes de su admisión al Seminario y a las Órdenes Sagradas’, llega la hora de hacer una valoración del documento con serenidad, madurez y equilibrio. Este es el objetivo que se propone en las páginas centrales del semanario Vida Nueva el jesuita Eduardo López Azpitarte, para quien la instrucción vaticana “no ha sido acogida con plena objetividad”.

Frente a los “comentarios jocosos e hirientes que han surgido en torno a su publicación, con toda clase de epítetos y agresividades”, en un clima nada sereno y con un “talante poco serio y agresivo”, el prestigioso moralista cree que “vale la pena hacer una reflexión en voz alta por si pudiera iluminar a algunos”, aunque es consciente de que “no es fácil hablar sobre la sexualidad desde una neutralidad completa”.

El análisis de este profesor de Teología Moral en la Facultad de Teología de Granada llega después de definir la sexualidad humana en general y la homosexualidad en particular, al tiempo que se detiene en la valoración ética de las conductas homosexuales y en la regulación de determinadas situaciones de hecho en relación con la sexualidad. En este sentido, el teólogo es partidario de reformar la legislación respecto de las uniones homosexuales (“la pareja homosexual es una realidad social”, indica) pero se muestra contrario a equipararlas con el matrimonio heterosexual, dado que es “un término que goza de una amplia y universal aceptación”.

Para Azpitarte, “es evidente que la publicación del documento está motivada por los escándalos que han salido en la prensa por parte de algunos sacerdotes, sobre todo en los Estados Unidos”. Sin embargo, considera que “no parece que exista una relación entre la tendencia homófila y la relación con los niños o los jóvenes”. Además, “el peligro o la perversidad no existen por tener una u otra tendencia, sino que residen en la orientación práctica que se le dé a cualquiera de ellas”. Asimismo, “el peligro social no radica en lo que las personas son por naturaleza, sino en el comportamiento concreto que demuestran con su vida”. Al referirse a las “tendencias homosexuales profundamente arraigadas” en los candidatos al sacerdocio -de las que habla el documento-, Azpitarte comenta que “la mayor parte de las personas homosexuales lo son no por condicionantes extrínsecos en los que han podido sentirse envueltas, sino porque descubrieron que semejante tendencia estaba presente desde antiguo” en su vida. Por eso, “negar el acceso a la vida sacerdotal o religiosa a estos sujetos, por el simple hecho de tenerla, sería una discriminación lamentable, y no le encuentro una razonable justificación”.

En el último pliego del semanario Vida Nueva, titulado “Homosexualidad, sacerdocio, vida religiosa”, López Azpirate alude también a la afirmación del documento romano cuando habla de la “madurez sexual” del candidato al sacerdocio y afirma, en este sentido, que “lo fundamental radica en el equilibrio general de la persona, en su capacidad de autocontrol, en la ausencia de conflictos latentes, en su manera de relacionarse con los demás”.

En este sentido, “al margen de la orientación sexual, para vivir el celibato se requiere, además de la llamada de Dios, unas determinadas condiciones que posibiliten la sublimación auténtica, sin represiones o mecanismos neuróticos que deterioren el psiquismo del individuo. Cuando fallan esas exigencias, ninguna persona debería comprometerse con una forma de vida que dificultará su necesario equilibrio. Que pueda haber fallos esporádicos por autoengaño o debilidad no implica siempre una incapacidad para vivir semejante compromiso”.

Para el moralista jesuita, es un signo de honestidad que el candidato confiese su homosexualidad para “clarificar mejor la situación personal de cada uno y descubrir su capacidad para el ministerio o la vida religiosa”. Por eso, lamenta que no se facilite ni estimule esa confianza y sinceridad “cuando sólo se presente el documento como una cruzada para desterrar a todas las personas homosexuales, al margen de su equilibrio y maduración”, en lugar de crear el clima adecuado para “captar el proyecto de Dios para cada uno”.


“TENGO LA IMPRESIÓN DE QUE, AÚN SIN QUERER, HEMOS IDO MATANDO LA VIDA RELIGIOSA”

Testimonio del teólogo Sebastián Fuster Perelló, de 75 años de edad, 60 de ellos vividos como fraile dominico

MADRID (IVICON).- “Soy un hombre feliz. Vivo de fe”. Pese a la “noche oscura” de la enfermedad, así resume el teólogo Sebastián Fuster Perelló sus 75 años de vida, 60 de ellos como fraile dominico. “Rebelde” preconciliar, en 1958 defendió su tesis doctoral sobre "El sacerdocio de los fieles basado en el sacramento de la Confirmación", un texto que algunos profesores del Angelicum de Roma tacharon de "herético".

Convencido postconciliar, en 1969 fue nombrado formador de jóvenes aspirantes a la vida religiosa dominicana, donde pudo comprobar “la inmovilidad de unos, la tremenda movilidad de otros y la intransigencia de todos”. Como catedrático de Teología, ha impartido durante más de veinte años clases sobre el misterio del Dios trinitario, ha dirigido el seminario sobre Dios y ateísmo en la literatura contemporánea y ha publicado numerosos escritos teológicos. “Espero que mi último libro sea ‘Mis amigos los ateos’. He aprendido mucho de ellos, obligándome a replantearme muchos aspectos de mi fe”, afirma.

Por su interés, reproducimos a continuación el testimonio del teólogo dominico Sebastián Fuster Perelló, que aparece recogido en el último número del Boletín Informativo CONFER, publicado por el Departamento de Medios de Comunicación Social de la Conferencia Española de Religiosos:

EL TESTIMONIO

Rondo los 75 años de edad, llevo cincuenta y dos de presbítero y unos 60 de fraile dominico. Tenía apenas 15 años al ingresar en la Orden. Cuando a los veintiuno di mi palabra definitiva, en una profesión solemne, recuerdo haber escrito a mis padres una carta, especie de testamento, asegurando que "si me equivoco, y condeno mi vida por ello, me condenaría por amor, porque solo por amor me entrego". Por amor a Dios, por supuesto. Me consagré a Dios. Oigo decir con frecuencia que hay que comenzar por entregarse al "servicio de los hombres" y que, gracias a ello, descubriremos a Dios. Para mí esto es un error. Bueno, yo lo he aconsejado también muchas veces a los descreídos, agnósticos o ateos. Cierto, si se ama al prójimo se va descubriendo el Amor. Pero este no es el caso de los creyentes, y menos de los religiosos. Yo parto de que creo en Dios, y creo que Él "me llama" para que le ayude en su Proyecto creador. El mundo que hoy conocemos no es el mundo que Dios creó. Él lo hizo "muy bueno" (Gn 1,31), el hombre lo ha estropeado. Pero Dios, que conoce el número de las estrellas y a cada una llama por su nombre (Sal 146), conoce también el mío y me llamó, desde antes de mi nacimiento para que fuese alabanza de su gloria (Ef 1).

Soy un hombre de fe. No solamente creo en unas verdades que me propone la Iglesia, sino que vivo de fe. La fe es el motor de mi existencia. Hoy más que ayer; precisamente porque la oscuridad me envuelve. Camino en la noche oscura. Tengo la impresión de que, aún sin querer, hemos ido matando la vida religiosa. Cuando hace cuarenta años se clausuró el Concilio Vaticano II yo había cumplido los treinta y cinco y llevaba ya veinte de "consagrado". Como un nuevo Pentecostés, el Concilio fue una llamarada de espíritu que nos obligó a una fuerte revisión de vida: ser más fieles al Evangelio, desechando todas las formas viejas de vivirlo. Comenzamos por quitarnos el hábito, por poner el altar de cara al pueblo y por abaratar las observancias religiosas. Por cierto que mi madre fue la primera en regalarme un corte de tela para confeccionarme un traje. Muchos nos quedamos en los cambios exteriores. El corazón quedó sin convertir.

Antes del Concilio fui, en cierta manera, "rebelde". Once años antes de iniciarse, en 1958, presenté mi tesis doctoral sobre "El sacerdocio de los fieles basado en el sacramento de la Confirmación". Algunos profesores del ‘Angelicum’ de Roma me la desaprobaron como "herética". En realidad, defendía lo que luego el Concilio declaró solemnemente (LG 10-11; 30ss).

En noviembre de 1969, mis superiores me desarraigaron del barrio de pescadores –uno de los más marginales de la ciudad– donde desde diez años atrás desarrollaba mi mejor actividad y me enviaron a la Casa de Formación de los jóvenes aspirantes a la vida religiosa. Al parecer, se habían rebelado contra el "Maestro" –así se llama entre nosotros al "Formador"– quien había acabado por desaparecer. Reuní a los 36 jóvenes y pregunté: "¿Qué queréis de vuestro nuevo Maestro?". Respondieron: "Lo que queremos es no tener Maestro". Así las cosas –ellos sin querer "Maestro" y yo sin querer serlo– fuimos hablando, dialogando... No les faltaba razón en muchas cosas. Parecía evidente que el equipo formador –no sólo el "Maestro"– no había captado el nuevo talante conciliar.

Pedí reunirme con todos los demás miembros de la Comunidad y fue ahí, entre los más provectos doctores, donde hallé la peor oposición. “¿Qué pretendes, que sean los jóvenes quienes nos enseñen a cómo ser dominico?”, gritó un fraile venerable, a quien siempre –hasta entonces– había admirado. Y aquí tenemos la clave: la inmovilidad de unos y la tremenda movilidad de otros; y, en medio, la intransigencia de todos. Es la ley del péndulo: de un extremo a otro, apenas alguna vez en el centro, en el fiel. ¡Qué difícil encontrar el equilibrio! Cuando ahora escucho a los "jóvenes" (llamo ahora jóvenes a quienes ya rondan los sesenta) criticando a aquellos "abuelos" (entre ellos, estoy yo), o a ciertos aspectos de la vida religiosa de entonces, me callo y me río por dentro. Yo fui feliz antes del Concilio. Y no teníamos tele, ni dvd, ni ordenadores, ni móviles, ni apenas coches...

Hoy vivo la sensación de que la vida religiosa se está reduciendo a un grupo de "buenas personas", que mantienen ciertos ideales, que se reúnen para trabajar juntos... pero que no se diferencian apenas de un grupo homogéneo que se reúne para un cometido determinado. Empeñados en acercarnos a "los hombres" nos hemos "humanizado" tanto, que no hay diferencia entre los demás y nosotros. No causamos contraste. Viéndonos, no pueden descubrir a Dios (Mt 5,16). Somos iguales a los demás. El consumismo se ha infiltrado en las comunidades y el afán de "estar al día" nos maneja de tal forma que no nos falta nada. Somos pobres, pero lo tenemos todo. Y no me vale que un grupito se marche del viejo caserón monástico y se vayan a vivir a una chabola, sencillamente porque en ella viven más cómodamente que en mi frío convento, y esto que, ahora, hasta tengo aire acondicionado.

Sé de sobra que el problema de las vocaciones y de la vida religiosa supera cualquier miopía y que hay que situarlo en el amplio horizonte de la problemática mundial. Quizás tenga razón la "New Age" cuando asegura que se está pasando de la era "piscis" a la era "acuario", por lo que el mundo cambia de paradigma. También la "globalización" mundial puede que influya en la pérdida de "personalidad" de las diferentes Órdenes. ¿Qué más da ser jesuita o dominico o franciscano o salesiano, si todos somos lo mismo? ¿Y qué más da ser cristiano o judío o árabe, si todos servimos al mismo Dios? Es cierto que todo esto plantea problemas que habrá que dilucidar.

En todo caso, pienso que nuestro mayor pecado es el desaliento, la desesperanza, la desilusión. Vivimos a medio gas. No somos malos, pero tampoco "mejores". Me dejo llevar, sin fuerzas para avanzar contra corriente. Lejos de influir en el ambiente, nos hemos dejado arrastrar del ambiente. Hemos roto muchas cadenas que nos ataban al pasado, sin haber sido capaces de crear caminos de futuro. Pese a todo, soy feliz. Vivo de fe. Creo en Dios-Padre que me ha llamado, a quien me he consagrado. Sé que confía en mí para que le ayude a devolver a este mundo corrompido la belleza que el soñó en la primera creación. Él la hizo hermosa (Gn 1,31).

Creo en Dios-Hijo, hecho "humano" entre nosotros. Aunque crucificado hace veinte siglos, creo que ha de volver, y no ya al final de los tiempos, para juzgar como Señor de la historia, sino antes, mucho antes, para reinar de verdad. Sí creo que este mundo, que hoy anda a la deriva, será un día "cristiano". El mismo, pero cambiado. Continuará habiendo política y arte y templos y familia... pero todo bajo el signo de la fe, no del dinero-placer-fuerza como hoy. Soy predicador de esta "buena noticia".

Creo en Dios-Espíritu-Santo, el conductor de la Historia, el que hace la Iglesia. Creo que el Espíritu del Padre y del Hijo nos empuja, con fuerza irresistible, para ser testigos de una "tierra nueva" (Ap 21), abriendo caminos por sendas tortuosas. Un espíritu que sopla de forma, a veces, desconcertante, capaz de hablar no sólo por boca de la Jerarquía, sino también a través de los nuevos profetas que claman indefensos por los caminos. Creo que habla incluso por boca de los "ateos".

Espero que mi último libro –en el que ando ahora enfrascado– sea «Mis amigos los ateos». He aprendido mucho de ellos, obligándome a replantearme muchos aspectos de mi fe. Catedrático durante más de veinte años de “El Misterio de Dios trinitario”, he dirigido al mismo tiempo un Seminario sobre “Dios-ateísmo en la literatura contemporánea”. No voy entretenerme en ello, pero dejadme finalizar con estos versos de León Felipe:

Este es mi credo. Éste es mi viejo credo

y pronto será el vuestro.

Ya lo iréis aprendiendo.

 

Con él entraremos

por la puerta norte y saldremos

por el postigo del infierno.

El infierno no es un fin, es un medio...

(Nos salvaremos por el fuego)

Y no es un fuego eterno.

 

Pero es, como las lágrimas, un elevado precio

que hay que pagarle a Dios, sin bulas ni descuentos,

para entrar en el reino de la luz,

en el reino de los hombres, en el reino de los héroes,

en el reino que muchos han llamado siempre

el reino beatífico del cielo.