LAS HISTORIAS DEL ABUELO (II)

Por Federico Berenguer Suárez

Ahora hace tres años, Federico Berenguer Suárez publicaba en Betania una monumental biografía novelada de Cristo. Se publicó en varios capítulos y tuvo mucho éxito. Recuperamos con gusto a este autor y, a partir de ahora, volveremos a publicar nuevas cosas suyas. La semana pasada publicamos un interesante, curioso y creativo tratado sobre el Rosario, explicado por un perrillo que pertenecía a la Virgen María. Federico, ahora, anda algo enfermo y por eso pedimos oraciones por él. Iniciamos, pues aquí la serie de “Las Historias del “Abuelo. Iremos dando unas cuantas por número. Originalmente, Federico Berenguer no ha dado título específico a cada una de las historias. Nosotros sí, pero diferenciarlas, ya que se publican en entregas. El mismo autor explica su desarrollo:

La acción se desarrolla en la ciudad de Almería, capital de la provincia más oriental de Andalucía, de clima suave y amparo de jubilados, pero con el contraste de una gran actividad agrícola en los famosos invernaderos de levante que surten de frutas, legumbres y flores durante todo el año a Europa. El abuelo es un militar retirado, padre de siete hijos; de los cuales están tres felizmente casados, una hija farmacéutica que trabaja y vive en Marbella y otros tres que aún están en casa ( mamá ¡qué bien cocinas!; mamá ¿me planchas este pantalón?; Papi ¿me prestas veinte euros?...). Jorge es el mayor de sus nietos, primogénito de su hija mayor, Ana. Guapo, listo y con un afán de aprender impresionante (¿pasión de abuelos?). La familia vive en el barrio de Pescadería, cerca de la salida hacia Málaga, y aunque en la realidad la hija mayor vive en Roquetas de Mar, a unos 20 kilómetros de la ciudad, en la ficción vive en el mismo barrio y cerca de la casa de los abuelos. Por esta razón, también es ficción que abuelo y nieto salgan a pasear por la ciudad, pero ello es necesario para ambientar las preguntas que hace el niño.

Las historias no tienen más hilo conductor que la curiosidad del niño y la, presunta, habilidad del abuelo en contarle las cosas. El niño llama al abuelo, cariñosamente, Abú y a la abuela, Mami. Cuando comenzó esta serie sólo tenía un hermano, Juan Carlos, rubio, travieso y peligroso, pero ahora casi dos años después, ya tiene otro, Pablo.

La semana pasada dimos los primeros capítulos, ahora seguimos añadiendo nuevos relatos. En este caso son el tercero y el cuarto. De momento volvemos a reproducir la entradilla de la semana pasada pero mejor comprensión de la serie.

 

3.- UN DÍA EN CASA

- Mira, Jorge, como hoy está el día un poco frío y con mucho viento, vamos a quedarnos en casa.

-Pero, Abú, si no salimos no te voy a poder hacer preguntas

- ¡Ojalá!...

- Por cierto, abuelo, ¿por qué se dice “¡ojalá!” cuando se desea que suceda algo?

El abuelo levantó los ojos hasta el techo con un gesto resignado de ¡ya empezamos!

- Esa palabra quiere decir “Dios lo quiera”. Viene de la expresión árabe “Na xa Aláh” que copiaron los cristianos cuando la dominación árabe, porque ellos lo decían mucho.

- ¿Quienes son los árabes? ¿Los moros?

- No hijo, los árabes son los procedentes de la Península Arábiga, que está al final del Mediterráneo, y los moros son los habitantes de la zona norte de Marruecos, que antiguamente se llamaba Mauritania. Lo que ocurre es que la gente confunde árabes con moros y con musulmanes.

Musulmanes son los que practican la religión musulmana y creen en un sólo Dios Todopoderoso, como nosotros. Fue fundada hace más de 1300 años por Mahoma que se proclamó "el Profeta". Es una de las tres grandes religiones “monoteístas” (y aquí el abuelo, hizo una pausa, como animando al niño a que preguntara, pero Jorge seguía callado, así que el abuelo continuó) y tienen un libro sagrado que se llama Al Corán.

Tomó aire para respirar, momento que aprovechó Jorge para hacer la pregunta que el abuelo esperaba.

- Abuelo, eso de “monoteístas” ¿tiene algo que ver con los gorilas, los monos y demás...?

- No, hijo. “monoteístas” quiere decir que adoran a un sólo (mono) Dios (Theos). Y estas tres grandes religiones son: la cristiana, la musulmana y la hebrea. Para nosotros tres, sólo hay un Dios y lo que nos diferencia es lo referente a Jesucristo, pues ni los hebreos ni los musulmanes lo tienen por Hijo de Dios ni creen que resucitó, sino que dicen que fue un gran profeta. Tampoco creen en la Virgen María como Madre de Dios, aunque la quieren y respetan como una Gran Señora.

Y hablando de la Virgen, nuestra ciudad, como sabes, se llama Almería. Casi todas las palabras que empiezan por Al, son de procedencia árabe, porque es el artículo que va delante del nombre. Hay personas que han estudiado el origen de nuestra ciudad y dicen que Almería procede de Al- Myrian, es decir "La (ciudad) de María". Fíjate que bonito. Y te digo una cosa, que aunque el origen del nombre de nuestra ciudad no sea ese, a mi me gusta y me ayuda a acordarme de Nuestra Madre.

- Abu, en mi cole hay una niña que se llama Myrian y está muy orgullosa porque dice que su nombre es original.

- Pues ya ves que no, lo que pasa es que nombres castellanos escritos en otro idioma, suenan muy bonitos; por ejemplo, Vanessa. En Rusia, cuando los santos Cirilo y Metodio hicieron la gramática del idioma ruso, que no existía, aprovecharon parte de los caracteres o letras del latín. Estas nuevas letras se llaman "cirílicas" en honor de uno de los santos que las inventó. Pues bien, en ruso la "J" se escribe "I" y la "U", "V", así que si escribes JUAN en caracteres cirílicos tendrías que poner IVAN.

El abuelo cogió un bolígrafo y en un trozo de papel escribió JUAN = IVAN.

- Pero -saltó Jorge- ¿y lo de Vanessa?

- Pues es el diminutivo de Iván, Vania, pero en femenino, así que Vanessa significa Juanita. Por eso te decía que los nombres en idioma extranjero suenan, algunas veces más bonitos que en castellano.

-¡Jorge, deja de darle la lata al abuelo y ven a merendar!

-¡Voy, mamá!, pero Abú, ¿por qué están encendidas las farolas de la calle si todavía hay sol?

-Eso, hijo mío, -suspiró el abuelo- es otra historia.

 

4.- TODO SUCEDIÓ EN BELÉN

Abuelo y nieto fueron andando hasta la parada del autobús. Jorge iba mirando las palmeras del parque, contando las que estaban rotas o se habían secado.

-Mira, Abú, hay siete secas y cuatro rotas y además el suelo está muy sucio por esas bolitas marrones que caen de las palmeras más altas.

-Esas "bolitas" es el fruto de la palmera y se llaman dátiles.

-¡Anda, lo que le gusta tanto a Mami! Pero estos parecen distintos de los que tu le compras.- (Una aclaración, Jorge, lo mismo que su hermano pequeño Juan Carlos, llama Mami a la abuela.)

- Claro, hijo, porque después de cogerlos de las palmeras hay que dejarlos madurar solos o en vinagre y cuando se ponen casi negros, ya se pueden comer. Es un alimento que da mucha energía porque tiene mucha azúcar y los beduinos lo comen... (El abuelo se arrepintió de haber dicho aquello porque enseguida...)

- Y ¿qué son beduinos, abuelo?

- Pues beduinos, son los habitantes del desierto, que son esas grandes extensiones de piedra y arena que se ve en las películas y en los reportajes de la 2ª. Los beduinos son nómadas, que quiere decir que no tienen casa fija sino que viajan de un lado para otro del desierto, buscando comida y sobre todo, agua.

-Y sus casas ¿las abandonan cuando se marchan?

-No, se las llevan con ellos porque sus casas son tiendas como las del camping de La Garrofa, sólo que en lugar de ser de tela están hechas de pelo de camello.

-Abú ¿y por qué no hacen embalses para recoger el agua de la lluvia?

-Porque en el desierto apenas llueve y a veces se pasan cuatro y cinco años sin llover. Cuando yo estuve en El Aaiún en el antiguo Sahara español, un día llovió tanto que se inundó la rambla y estuvimos aislados del norte. Estas lluvias se filtran en la tierra y se concentra en pozos hondos que ellos conocen muy bien, pero hay veces que el agua está más a flor de tierra y entonces se forma un "oasis", con palmeras y vegetación. Estos oasis están relativamente cerca unos de los otros y los beduinos los aprovechan para moverse a través del desierto, teniendo siempre agua.

Así es como hicieron el viaje la Sagrada Familia, José, María y Jesús cuando tuvieron que salir huyendo de Israel.

-¿Es que se tuvieron que marchar como Noemí?

- Si, pero por otros motivos. Cuando los Reyes de Oriente, guiados por una estrella, buscaban a Jesús, fueron a Jerusalén y le preguntaron al rey Herodes donde había nacido el rey de Israel. Puedes imaginar el mosqueo que cogió Herodes porque el rey era él, así que entretuvo a los reyes y consultó con sus ministros que le dijeron que en Belén de Judá nacería el Rey de Israel, el Mesías y así se lo dijo a los reyes y les encargó que cuando volvieran de verlo, le dijeran donde estaba porque también él quería adorarle. ¡Menuda cara! Lo que él quería era quitarlo de en medio. Pero los Reyes, cuando encontraron a Jesús recibieron en sueños un aviso para que no volviesen a ver a Herodes.

El abuelo estaba extrañado que Jorge no le preguntase nada, pero éste estaba escuchando con tanta atención que continuó.

- Cuando éste se dio cuenta que los reyes no volvían se enfadó mucho y mandó matar a todos los niños menores de dos años que había en Belén y sus alrededores.

- ¡Que malo Abú! ¿Y también mataron a Jesús?

- No, hijo, no lo mataron porque un Ángel avisó en sueños a José y prepararon las cosas, aparejaron el burro y se marcharon a Egipto, para lo que tuvieron que pasar por el desierto.

A todo esto ya habían llegado a la parada y se subieron en el autobús del Zapillo, porque abuelo y nieto iban al Paseo Marítimo a dar una vuelta. Se bajaron del autobús y se dirigieron hacia la playa. El mar estaba en calma y apenas había oleaje en la orilla. Se sentaron en uno de los bancos y el abuelo siguió contando.

- Lo pasaron muy mal porque el desierto hay que conocerlo para no perderse y poder encontrar los pozos. Aunque es muy probable que se unieran a alguna caravana de las muchas que iban a Egipto, pero...

-Abu, y si San José era tan viejo como se le ve en algunas estampas, ¿cómo podía cuidar de la Virgen y del Niño?

- Porque no era viejo. No es lógico que habiendo Dios escogido como Madre de su Hijo a una mujer joven y guapa, iba a ponerle un padre viejo y achacoso. José era joven, fuerte y guapo, mayor que la Virgen, como es lo normal, pero muy poco mayor, así que podía perfectamente cuidar de ambos. Pero volvamos a la historia. Hay quien dice que Jesús hacía hoyitos en la tierra y salía agua y las palmeras se agachaban solas para que pudiesen coger los dátiles, pero no es cierto porque Jesús, a pesar de ser Dios era Hombre y nunca quiso aprovecharse de su poder en beneficio propio.

Llegaron a Egipto y se integraron en la comunidad judía que allí era muy grande, pero de todas formas estaban en tierra extraña y sin parientes, aunque enseguida por la habilidad de José en el trabajo y la bondad de la Virgen hicieron muchos amigos. Y un día...

- Oye, Abú, y ¿por qué la gente tira tantos papeles al suelo...?

-Eso, hijo mío, -suspiró el abuelo- es otra historia.