1.- A LAS PUERTAS DE LA CUARESMA

El próximo, día 1 de marzo, es Miércoles de Ceniza. Con ello daremos comienzo a la Cuaresma. Completamos, pues, ocho semanas del Tiempo Ordinario desde que se terminaran las celebraciones de Navidad y Epifanía. Los tiempos litúrgicos siguen su marcha y esa dinámica nos conduce, sobre todo, atemperar nuestras actitudes con el contenido de los Evangelios; es decir, con la Vida de Jesús de Nazaret, nuestro Amigo, nuestro Maestro, nuestro Dios. Son hitos del camino para que vayamos avanzando en nuestra conversión. El tiempo de Adviento fue una preparación personal y colectiva para mejor recibir al Hijo de Dios que iba encarnarse en el género humano. Siempre esos días de vigilia, mientras esperamos el Nacimiento de Cristo, nuestros corazones se abren al amor que es lo fundamental del mensaje que ese Niño que es Dios nos va enseñar cuando llegue a ser hombre. Y ese amor es conversión.

La Cuaresma tiene su origen en la conmemoración de la penitencia que Jesús hizo en el desierto durante cuarenta días. Y que fue una preparación para el comienzo de su etapa de evangelización, para esos tiempos en los que el Maestro caminaba ligero –era un gran caminante—por las tierras de Palestina, enseñando y haciendo el bien. Sufrió Jesús tentaciones terribles y profundas. El Malo quería apartarle de su misión mesiánica, socavar, en definitiva, sus deseos de servir al Padre para salvar a sus hermanos. Saber que Jesús fue tentado nos consuela del continuo efecto que también nosotros sufrimos a cargo del “enemigo principal de la naturaleza humana”. La Cuaresma es tiempo de preparación para asistir al suceso más grande de la historia de la humanidad. Y para estar presentes ante ese gran misterio es necesario que nuestro cuerpo esté ligero, la inteligencia despierta y el alma libre de los efectos de la esclavitud del pecado.

El sacrificio de la Cruz trajo nuestra redención. Pero este episodio fundamental, sobrecogedor y creador de vida nueva no terminó con la muerte de Jesús. El moría para derrotar a la muerte, su último enemigo. La Resurrección era el triunfo definitivo. No puede entenderse la Cruz sin la Resurrección. La Cruz es camino, no final. Sabemos que Jesús nos dice que tomemos su Cruz y le sigamos, precisamente hacia la victoria final, hacia la Gloriosa Resurrección. Y para esto vivimos la Cuaresma. Para mejor identificarnos con la enorme epopeya –llevada en amorosa humildad—de Jesús. La contemplación de lo ocurrido en Semana Santa y Pascua nos servirá para acercarnos más y más al significado de la Redención. Se abre pues un tiempo fecundo, importante, en el que no es posible dejarlo pasar, porque Cristo se nos va a hacer presente en nuestras vidas, mediante el conocimiento del significado del sufrimiento de los hermanos y ello nos traerá comprender sin falsas imágenes la promesa del final de la muerte: la glorificación final y eterna que todos esperamos.

 

2.- ADELANTAMOS LA SALIDA AL LUNES, 27

Nuestra próxima edición contendrá las celebraciones del Miércoles de Ceniza y del Primer Domingo de Cuaresma. Como queda dicho en el anterior editorial es el día 1 de marzo cuando la Iglesia celebra el principio de la Cuaresma mediante la imposición de la ceniza, signo de penitencia. Por tanto, haremos nuestro cambio el lunes –es el día 27-- en lugar del martes. Intentaremos, poner esa edición en la Red lo más pronto que podamos, hemos calculado que será sobre las ocho de la tarde (hora española) del mencionado lunes 27.