EL CELO ME DEVORA

Por Ángel Gómez Escorial

Si digo que no lo pasé mal, mentiría. Y me costó dos días de reflexión para salir del problema. Resulta que Julia Merodio ha editado dos libros en San Pablo. Uno de ellos, muy bien “preparado” y con el título “Vivir la Cuaresma, gozar la Resurrección”, está basado en la mayoría de sus textos ,en lo ya publicado por Julita en su habitual sección de Betania, que tantos años lleva funcionando también en nuestra página. Pero mira por donde en la biografía que aparece en el volumen no se menciona a Betania y sólo se habla de una “pagina Web”, mientras que si se citan otros medios periodísticos donde ella colabora. Me sentó muy mal pues siempre he tenido la idea de que a Betania nadie le hace suficiente caso, a pesar de que está muy introducida y de tener muchos lectores en España y en América. Creí al principio que era una “bola negra” de la Editorial, de San Pablo”, pero luego hablando con Julia creo que nunca ella citó el nombre de Betania para que apareciese en la biografía. Si citó mi nombre, pero, obviamente, y como se entenderá en el texto de Julita, no tiene mucho sentido que se diese, no soy yo una personalidad religiosa como para que se cite. No así, desde luego, Betania. En fin merece la pena, reproducir el correo que Julia Merodio me enviaba.

EL CORREO DE JULIA

Dice así: “Aquí te mando lo que les puse en mi biografía. Esto no significa que yo quiera quitarme responsabilidades. Todos tenemos equivocaciones y descuidos y, normalmente no hay casualidades Dios permite las cosas por algo. Por tanto si esto ha pasado, sin yo pretenderlo, lo asumo y sé que todo lo que pase, será para bien. Esto es lo que puse:

¿Cómo empecé a escribir?

En el año 1999 se celebraban los 25 años de la Parroquia Sta. Mª de la Esperanza y como somos del consejo de liturgia, preparé las moniciones, porque me gustaba mucho hacerlo. La acción de gracias se la dieron a leer a un periodista Ángel Gómez Escorial, ya que los bloques de los periodistas pertenecen a la parroquia, y al día siguiente me llamó para que escribiera, en una magnífica página que él tenía en Internet. Por supuesto le dije que no. Yo no soy periodista, ni escritora, ni siquiera de letras, soy de ciencias; pero me insistió y, sin saber cómo me vi haciendo las moniciones para las eucaristías de los domingos. Empecé el domingo de Pentecostés y así llegue hasta Septiembre. Cuando volví de vacaciones en Septiembre me dijo que escribiera un apartado al que llamaba meditación, de nuevo le dije que no, pero terminé haciéndolo, no sin antes advertirle que el día que no supiera que poner lo dejaría. Así, llevo desde entonces haciendo una página de oración semanal y aquí estoy hasta que Dios quiera.

Esto es lo que mandé. Ahora haz lo que te parezca oportuno. Hagas lo que hagas lo entenderé, pero me parecería bien tener un respeto hacia la editorial. De todo lo que pueda decir la gente de Betania, asumo mi torpeza. Y lo de publicarlo o no está en tu mano y lo acepto plenamente. Sabes, que sé muy bien el sitio que ocupo y que tengo muy claro que tú eres el único responsable de Betania y por tanto el que tienes siempre la última palabra, la cual acato sin ninguna réplica con respeto y aceptación. Un abrazo. Julia”

Julia me dice que el interés de San Pablo hacia sus escritos surgió, desde luego, por verlos en Betania, pero la editorial no tiene la obligación de citarla si la autora no dice nada. Y la realidad es que cuando llegó a mis manos el folleto de San Pablo de las novedades de febrero, me dio una gran alegría al ver en el mismo nada menos que tres libros de dos colaboradores de Betania, pues además de los de Julia, está el nuevo libro del padre Antonio Pavía. Luego esa omisión del nombre de Betania me amargó un par de jornadas, hasta que –como decía recapacité.

BETANIA Y YO

Llevo casi diez años haciendo Betania. Creo que estoy obsesionado con esta obra. Es verdad que ha obtenido un gran éxito. Pero creo que doy mucha mas importancia a esta página que a mi propio trabajo periodístico y editorial, que es lo que da de comer a mi familia, a mis colaboradores y a la propia Betania. Los gastos que suscita Betania salen de mi empresa, sin que tenga aportación alguna. Además desde que yo mismo “cuelgo” la página en el servidor de Internet mi trabajo en la misma se alarga a unas 30 horas semanales lo cual es mucho y retrae en parte mi trabajo en lo remunerado. También estoy pendiente en domingos y fiestas por si el servidor se cae y, en fin, que no paro. Desde luego lo que no puedo hacer es quitar méritos a los colaboradores, sin ellos esto no tendría sentido y no sería mucho más que una página personal. Así es más que claro que demuestro mi agradecimiento profundo a la propia Julia Merodio, a Antonio Pavía, José María Maruri, Javier Leoz, José María Alonso, Antonio Díaz Tortajada, Antonio García Moreno, Pedrojosé Ynaraja, David Llena –que además meritoriamente corrige los textos una vez colgados—y al decano y mas veterano de los colaboradores, el padre Jesús Martí Ballester. Y respecto a este último siempre andamos –bueno ando yo—a trompicones porque el no reproduce el nombre de Betania en los textos suyos que, una vez aparecidos en esta Web, difunde entre todos los miembros de un movimiento de espiritualidad que él ha fundado y preside.

Pero la cuestión fundamental es que no nos vemos, no hablamos de Betania. Cada uno está en su sitio. Y algunos de ellos –como Leoz y García Moreno—ni siquiera los he visto en mi vida. Significa que algo que ayudaría mucho al futuro desarrollo de Betania sería la constitución de un pequeño equipo de apoyo que viera más posibilidad y más ideas que solamente las mías.

LA SUPERVIVENCIA DE BETANIA

Mi angustia por estas cosas creo que viene de la ausencia de recursos por el mantenimiento de Betania y creo que si tiene mucha difusión esto un día podrá ser utilizado para su supervivencia. Durante varios años he meditado –más desde la vertiente periodística que desde cualquier otra—como encontrar fondos para que Betania continúe e, incluso, crezca. He pensado en la publicidad, pero los anuncios en Internet son muy poco rentables si no hay grandes audiencias. La cuestión de los libros es interesante. Se podía montar un almacén virtual de libros e intentar venderlos a partir de Betania. Incluso en las Web americanas he visto anuncios de ornamentos sagrados y, realmente, tenemos una importante cifra de lectores que son sacerdotes. En fin no sé… A lo mejor habría que empezar a pedir donativos como hacen otras muchas páginas religiosas de Internet. Tal vez ese sea el mejor sistema, por lo menos para empezar a dotar de más medios a Betania, porque, ciertamente, la publicidad podría conseguirse, pero ni siquiera tenemos aquí en la página un departamento comercial.

Y la cosa es que, de cara a la supervivencia de Betania, habrá que decir que el próximo 7 de marzo cumplo 65 años edad de jubilación, y aunque no lo voy a hacer de momento, no sería nada raro que, por cuestiones laborales, yo me jubile de mis otras actividades el primer día de 2007. De cara a todos esos desarrollos estoy obligado a crear un cierto sistema de continuidad que supere mi propia peripecia.

Pero, en fin, lo que motiva todo esto es mi “incidente” con Julia Merodio –repetido alguna vez mas con Martí Ballester—y demostrativo del celo que me devora respecto a Betania, aunque, ciertamente, mejor sería que, en lugar de apurarme por ciertas cosas, trabajara mejor para el futuro de Betania. De todos modos, la realidad es que en el libro de Julia debería haber aparecido el nombre de Betania.