TALLER DE ORACIÓN

APRENDIENDO A ORAR

Por Julia Merodio

De nuevo aparece la necesidad de aprender a hacer oración, sabéis que lo he eludido más de una vez, no me veo capacitada para enseñar a nadie el modo de orar; de hecho, sólo Jesús, puede enseñarnos a orar como lo hizo con sus discípulos, pero lo que si voy a intentar es daros experiencias de oración que cada uno podrá insertar en su vida de la manera más conveniente.

Os parecerá contradictorio, pero yo he aprendido a orar, nadie nace enseñado, he hecho varios talleres de oración, me los han impartido gente fantástica, pero a orar se aprende orando, este es el verdadero taller. No obstante hay métodos, formas… que compartiremos pero lo importante, siempre es la constancia en hacer oración.

Orad, orad siempre, no os canséis; la oración lo da todo, lo hace todo, lo suple todo. Cuanto se está a solas son el Señor, cuando el alma se vacía para dejarle sitio solamente a Él, el prodigio se realiza y no hay palabras para expresarlo; sólo la vivencia puede darnos la medida de su grandiosidad.

Estad seguros de que lo único que puede salvar al mundo es la ORACIÓN.

TENEMOS NECESIDAD DE ORAR

Es verdad que talleres de oración se encuentran en muchos sitios y es estupendo asistir a alguno de ellos; pero nosotros, en esta andadura, más que hacer propiamente un taller, haremos un planteamiento de oración, para entrar en esta dinámica tan sugerente. Y, para haceros llegar las pautas necesarias, empiezo con ilusión y entusiasmo esta nueva andadura.

Lo primero que necesitamos para hacer oración es:

Querer orar.

Gustar el silencio.

Estar abiertos a la escucha.

No desanimarnos.

Posiblemente algunos de los que os acercáis a la página habéis empezado esta experiencia alguna vez más y lo habéis dejado porque los esfuerzos que hicisteis no estaban en consonancia con los frutos esperados.

Necesito deciros que la oración no se basa en los esfuerzos que hacemos para llevarla a cabo. La oración no es cosa de “puños”, la oración es una gracia y lo primero que tenemos que pedir al Señor es que nos ayude a adentrarnos en ella.

Tampoco los frutos van en función del esfuerzo. Si los frutos fueran en proporción directa al esfuerzo y al tiempo empleado y descubrieran un termómetro que midiera sus frutos, estoy segura que todos sacaríamos tiempo para hacer oración. Pero la oración no es una línea recta; el tiempo de Dios no es nuestro tiempo ni su manera de actuar la nuestra, por eso nos resulta tan difícil caminar por sus caminos. La oración es gratuidad, regalo, entrega, donación.

La oración es dejar a Dios manejar tu vida. Dejarnos hacer por él, entregarle las riendas de nuestros asuntos… Pero esto requiere una fe grande y un total desprendimiento.

DANDO EL PRIMER PASO

Ya sé que quiero orar pero ¿qué hacer? Primero buscar un sitio silencioso donde me encuentre cómodo y reservarlo para hacer la oración en él cada día. Sería estupendo que, este sitio fuese en una capilla, delante del Sagrario, pero si no es posible cada uno puede buscar el sitio más apropiado, siendo muy conveniente que sea siempre el mismo.

Quizá muchos creáis que esto es de personas maniáticas, pero no es cierto. Los grandes maestros de oración como puedan ser Santa Teresa, San Ignacio de Loyola, San Juan de la Cruz… y muchos otros más contemporáneos siguen la misma línea, una línea que enseguida te das cuenta que es la verdadera.

Después la postura, de nuevo el escepticismo, ¿qué tendrá que ver la postura con la oración? Pues tiene mucho que ver; tanto que al ver a una persona haciendo oración su postura te habla mucho de su forma de orar.

Así entramos en la relajación. Silenciar nuestro cuerpo y nuestra mente para que la ocupe solamente Dios.

Y después la respiración. Haciendo una respiración profunda dos o tres veces, observaremos que nuestro cuerpo queda más tranquilo y relajado.

MOMENTO DE ORACIÓN

Con este primer apunte sobre la oración pasamos a la acción y nos disponemos a orar.

Vamos siguiendo las pautas que acabo de apuntar y llegamos al umbral de la oración. Tomemos conciencia de esta realidad, no son sólo palabras, son hechos que hay que gustar. Tomémonos el tiempo necesario para ello, si hay algún enemigo que aparece frecuentemente cuando se intenta hacer oración es este: la prisa.

Cuando alguien se encuentra situado en el umbral, es porque necesita entrar, llegar, permanecer… de ahí al importancia de tener la certeza de que estamos en el umbral de la oración.

Pasamos dentro y nos hacemos presentes. ¿Cómo actuaríamos si tuviésemos que presentarnos ante una personalidad? Pues nos hacemos presentes, nada más y nada menos, que ante el mismo Dios, el Absoluto, la máxima personalidad de cielo y tierra.

Hazte presente al Señor.

Déjate mirar por el Señor.

Da tiempo a que pronuncie tu nombre ¡Escúchalo!

Siente su calido abrazo.

Toma conciencia de que te quiere así, como eres.

HABLANDO CON EL PADRE

“Cuando entres en tu habitación, cierra la puerta y habla con tu Padre que está en lo escondido. Y tu Padre que ve lo escondido te lo premiará” (Mateo 6, 5- 9)

Para la oración vamos a tomar, este bello himno, tomado de la liturgia de las Horas.

“Crece la luz bajo tu hermosa mano, Padre celeste,

y suben los hombres matutinos al encuentro de Cristo primogénito.

 

Él hizo amanecer en tu presencia y enalteció la aurora

cuando no estaba el hombre sobre el mundo para poder cantarla.

Él es principio y fin del universo, y el tiempo en su caída,

se acoge al que es la fuerza de las cosas y en él rejuvenece.

Él es la luz profunda, el soplo vivo que hace posible el mundo

y anima en nuestros labios jubilosos, el himno que cantamos.

 

Ha aquí la nueva luz que asciende y busca su cuerpo misterioso;

he aquí, en el ancho sol de la mañana, el signo de su gloria.

Y Tú que nos lo entregas cada día, revélanos al Hijo,

potencia de tu diestra y Primogénito de toda criatura. Amén”

 

“Yo soy la luz del mundo; el que me siga no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida" (Juan 8, 12)

Dios se manifiesta con luz resplandeciente. No tenemos nada más que coger el evangelio y recorrer los diversos pasajes que lo confirman.

Los Magos llegan a Jesús porque han visto la luz.

Los discípulos contemplan su luz en el Monte Tabor, cuando Jesús se transfigura ante ellos.

El la mañana de la Resurrección, una gran luz ilumina la estancia.

El profeta Simeón, ve en Él la luz y, anuncia que será Luz para las naciones…

La luz siempre hace amanecer la presencia del Señor, como nos lo muestra este bello himno de Laudes.

Vamos a centrar el él nuestra oración. Vamos a contemplar a Dios dando luz al universo. Y, sobre todo, vamos a preguntarnos:

¿Qué luces me guían hasta el Señor.

¿Estas luces prenden en mi interior o, simplemente, me deslumbran?

¿Qué luces van encendiendo en mí en este encuentro con el Señor?

LUCES QUE ILUMINAN NUESTRA VIDA

Aquí junto al Señor, en este silencio vamos a mirar esos dones que Él nos ha regalado, para que iluminen el entorno donde nos movemos y que adornan nuestra vida:

El don de la fe.

El don de la esperanza.

El don de la alegría.

El don de la fortaleza.

El don de la perseverancia

Hemos de tener presente que el encuentro personal con Cristo ilumina la vida con un nuevo resplandor, que nos muestra el camino a seguir y nos hace ser sus testigos.

Esa luz nos hace ver con más nitidez y de forma distinta a las personas que viven a nuestro lado, al mundo que nos rodea, a todos los que antes no nos gustaban demasiado…

Sin embargo cuando la luz desaparece, empieza a ser opaca la realidad que nos rodea y todos sabemos lo que se experimenta en la noche: temor, inseguridad, miedo… Muchos pueden quedarse paralizados en medio de esa oscuridad, pero nosotros sabemos bien que la luz vuelve a llegar cuando amanezca.

De ahí la importancia de que nosotros seamos centinelas de la mañana que anuncien a los demás la llegada del alba.

Vosotros sois la luz del mundo (Mateo 5, 13 – 14)

DESDE LAS CONCLUSIONES DEL SÍNODO DE MADRID

En un libro que se ha publicado con las conclusiones del sínodo de Madrid, en uno de sus apartados: Acoger y vivir el don de la fe con un nuevo impulso, se habla de la necesidad de fomentar la oración y aquí dejo, para que junto al Señor los interioricemos, estos puntos que me parecen muy importantes:

43.- Educar en la oración, en las familias y en las comunidades cristianas, incluyéndola en toda programación pastoral, de manera que se asegure una iniciación básica en los diferentes tipos de oración personal, familiar y comunitaria.

45.- Facilitar el conocimiento de los grandes maestros de oración que ha habido a lo largo de la historia de la Iglesia.

46.- Impulsar la práctica de los Ejercicios Espirituales, Jornadas de retiro, Convivencias de oración.

Seguiremos ampliando todo esto creo que para esta semana tenemos bastante materia. Pediré por todos para que el Señor nos dé esa luz que nos lleve a iluminar a este mundo que camina en tinieblas.