V Domingo del Tiempo Ordinario
5 de febrero de 2006

MONICIÓN DE ENTRADA

Sed bienvenidos un domingo más a la Eucaristía que es una Asamblea de amor entre hermanos, porque Dios es Amor. Jesús devuelve la salud, destruye el sufrimiento y no solo a unos pocos. Son muchedumbre. Esa capacidad de Jesús para curar le convierte en salvador de la enfermedad y, por ello, nadie voluntariamente debe desear la enfermedad. Pero sí debe esperar la curación. Jesús no curaba para demostrar su poder y convencer a la gente de su condición de Mesías, ni como argumento de peso para predicar la venida del Reino de Dios. Lo hacía por amor. Luchaba contra el sufrimiento. Luego Él se encontró con un sufrimiento terrible: el martirio de la Cruz. Ahí estamos con Él. Pero no buscamos el dolor. No queremos el dolor fuera de Él o sin Él.


MONICIONES SOBRE LAS LECTURAS

1.- El relato de Job, que escucharemos en la primera lectura, parece pesimista. Sin embargo puede ser la realidad de muchos. Hemos de tenerlo en cuenta, la enseñanza de Job es que se sincera con Dios aún en los momentos difíciles. Será una buena enseñanza para nosotros, hoy. Acudir a Dios en todo momento y en toda ocasión.

S.- La replica al aislamiento que el mal o la enfermedad puede producir en nosotros nos dará cumplida respuesta el Salmo 146: “Alabad al Señor que sana los corazones destrozados”. Dios vendrá en nuestro apoyo si estamos cerca de Él.

2.- San Pablo en la Primera Carta a los Corintios, que es nuestra segunda lectura dice que es una necesidad ineludible para él predicar. ¿Y para quién no? La transmisión de la palabra de Dios no es una exclusiva de los curas, ni siquiera de los seglares comprometidos. Es labor de todos. Hemos de llevar el conocimiento de Cristo a nuestras casas, a nuestro trabajo e, incluso, al campo de fútbol o a la peluquería. No es broma, esto último. Todos tenemos el deber de dar a conocer la realidad de Cristo a quien no la sabe.

3.- San Marcos nos va a explicar, en el Evangelio, con la sencillez y profundidad de un pintor impresionista, como es una jornada de sábado de los primeros tiempos de la vida pública de Jesús. Come en casa de Pedro, tras la oración en la sinagoga. Quita la fiebre a la suegra del Apóstol. Luego se dedica, como todos sus días en la Tierra, a hacer el bien y a curar a los enfermos. A la jornada siguiente, muy de mañana, irá a hablar con su Padre. Y luego marchará a otros lugares a seguir haciendo el bien. Ese es su estilo. Nosotros no deberíamos olvidar nunca esa cotidianidad de Jesús dedicada a los hermanos. ¿Y nosotros?

Lectura de Postcomunión

MONICIÓN

Esta oración fue compuesta hace muchos años por el Cardenal Verdier. Hoy nos parece muy útil leerla en estos momentos de paz y sosiego.

ORACION AL ESPIRITU SANTO

Oh Espíritu Santo,

Amor del Padre, y del Hijo,

 

Inspírame siempre

lo que debo pensar,

lo que debo decir,

cómo debo decirlo,

lo que debo callar,

cómo debo actuar,

lo que debo hacer,

para gloria de Dios,

bien de las almas

y mi propia Santificación.

 

Espíritu Santo,

Dame agudeza para entender,

capacidad para retener,

método y facultad para aprender,

sutileza para interpretar,

gracia y eficacia para hablar.

 

Dame acierto al empezar

dirección al progresar

y perfección al acabar.

Amén.

 

Nota:- Tras la Homilía de padre Javier Leoz, correspondiente al V Domingo del Tiempo Ordinario, hay una muy buena oración que puede utilizarse también como lectura para despues de Comunión.


Exhortación de despedida

Jesús pasó su vida en la tierra haciendo el bien y sanando a los oprimidos. Hagamos nosotros el bien. No caigamos en el mal y ayudemos a los más necesitados en lo material y espiritual. Hagámoslo ya. No lo dejemos para más tarde.