Nuestro ilustre colaborador nos envía la homilía que pronunció en la misa en la que conmemoraba sus 50 años de sacerdocio. Nos ha parecido de gran interés, dada la calidad del escrito, ofrecer integro ese tan especial sermón, hoy cuando se cumplen 53 años. Decir solo que, al final, de la presente homilía, el Padre Martín Ballester ha dedicado a los lectores de Betania un muy interesante texto sobre el templo que acogió a ese cura amigo el día que su predicación cumplió 50 años. Hoy, repetimos, cuando se cumplen 53 años pues queremos repetirlo bajo la idea de que muchos lectores de Betania no habrán tenido la oportunidad de acceder a tan preclaros textos. Mantenemos en segundo término el texto de Javier Leoz sobre San Francisco Javier que ya publicamos la semana pasada.


1.- UNA HOMILIA DE 53 AÑOS

Por Jesús Martí Ballester

"No me habéis elegido vosotros a mí, fui yo quien os he elegido a vosotros y os destiné a que os pongáis en camino y deis fruto, y un fruto que dure" (Jn 15,16).

1. Quiero dar las gracias a todos los que habéis querido acompañarme en este día de mis Bodas de Oro con el sacerdocio, sacerdotes, compañeros, familiares, amigos. Hoy hace cincuenta años había mucha gente que estaban aquí visibles y ahora están en el cielo, especialmente mis padres y mi hermana, padrinos, y tantos y tantos amigos queridos. Santos queridos, hacednos sentir hoy vuestra presencia en esta celebración jubilar entre nosotros ahora.

Me gustaba en Barcelona pasear de vez en cuando por una rosaleda grandiosa, Cervantes. Era una pura delicia. Había rosas blancas, amarillas, rosas, rojas, burdeos, granate, carmesíes. Y pensaba: Yo veo las rosas, su colorido y hermosura, percibo su olor y perfume. Ellas no me ven. Viven en otra dimensión. Crecen, pero no entienden. Se visten de colores, pero no aman. Así los moradores de la ciudad celeste nos ven a nosotros, aunque nosotros no les vemos a ellos porque vivimos en la nube oscura. Son invisibles, pero no ausentes. ¿Están en las sombras? Somos nosotros los que vivimos en la sombra. Ellos están ahora más presentes que antes. Nos ven, nos aman, ruegan por nosotros, ellos con ojos bellos y resplandecientes, llenos de gloria nos reconocen. Felices, transfigurados, no han perdido su delicadeza, su amor por nosotros. Porque los que eran cristianos corrientes, ahora son perfectos, los que sólo eran hermosos, ahora son buenos; los que eran buenos, ahora son santos. No sólo ven la esencia divina porque son bienaventurados, sino que no han perdido su naturaleza humana y continúan todo lo que lleno de belleza y amor habían atesorado durante su vida terrena. Viven una vida divina y una vida humana gloriosa y transfigurada. Y siguen con dinamismo mayor actuando, inspirando, arreglándonos problemas, a veces minúsculos, a veces grandes. Le pregunté a mi madre, poco antes de morir: "Mare, ¿que fará per mí cuant estiga en el cel?" - Y me respondió sin pensarlo, con aquella rapidez e inteligencia que la caracterizaba: "Tot lo que puga". Estaba en la línea de Teresita: "Yo no muero, entro en la Vida". "Quiero pasar mi cielo haciendo el bien sobre la tierra".

2. Porque Dios ama, creó el mundo: Cuánta maravilla, cuánta belleza. Creó los hombres. Los hombres pecaron. Lo hemos escuchado en la lectura del Génesis (3,9). El pecado es un desequilibrio, un desorden, los ojos fuera de sus órbitas, monstruoso, un hueso fuera de su sitio, en busca de un placer, un egoísmo, una soberbia. Un sol que se sale del camino buscando su independencia. Frustraron el camino y la meta de la felicidad. De ahí nace la necesidad de la expiación, del sufrimiento, del dolor, por amor, para restablecer el equilibrio y el orden. Dios envía una Persona divina, su Hijo, a "aplastar la cabeza de la serpiente", haciéndose hombre para que ame como Dios, hasta la muerte de cruz, con el Corazón abierto.

Ese hombre Dios, inicia la redención de los hombres, sus hermanos. El es la Cabeza, a la cual quiere unir a todos los hombres, que convertidos en sacerdotes darán gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu, e incorporados a la Cabeza, serán corredentores con El de toda la humanidad. Pero, antes de morir, elige a unos hombres para que, en virtud del sacerdocio ministerial, bauticen, perdonen los pecados y renueven su propio sacrificio, en beneficio y servicio de sus hermanos.

Por eso los cristianos debemos tomar nuestra cruz, y los sacerdotes, más, por más configurados con Cristo, con sus mismos poderes. Los sacerdotes de la A. A. sacrificaban en el altar animales, pero no se sacrificaban ellos. Los sacerdotes nos hemos de inmolar porque Cristo se inmoló a sí mismo. Hemos de ser como él, sacerdotes y víctimas, porque nuestro sacerdocio es el suyo.

Una idea infantil del cristiano, que se acomoda al mundo, una mentalidad inmadura del sacerdote, lo hace un funcionario. De ahí surgen consecuencias de carrierismo, al estilo del mundo, excelencias, trajes de colores, que obnubilan el sentido sustancial del sacerdote-víctima, que conducen a la esterilidad, y contradicen la misión: "para que os pongáis en camino y deis fruto que dure". El fruto que dura es el de la conversión, la santidad, que permanecerá eternamente.

3. El sacerdocio hoy está bastante desvalorizado. Las cosas poco prácticas no se cotizan. Esta generación consumista sólo tiene ojos para sus intereses. Ha perdido el sentido de la gratuidad. Un beso y una sonrisa no sirven para nada, pero los necesitamos mucho. Un jardín no es un negocio, pero necesitamos su belleza. Cultivar patatas y cebollas es más productivo, pero los rosales y las azucenas son necesarios.

El sacerdote sirve. Siempre está sirviendo. Es necesario como la escoba para que esté limpia la casa. Pero a nadie se le ocurre poner la escoba en la vitrina.

El sacerdote perdona los pecados, es instrumento de la misericordia de Dios. En un mundo lleno de rencores y envidias, el sacerdote es portador del perdón. Está siempre dispuesto a recibir confidencias, descargar conciencias, aliviar desequilibrios, a sembrar confianza y paz. El sacerdote ilumina. Cuando nos movemos a ras de tierra, nos señala el cielo. Cuando nos quedamos en la superficie de las cosas, nos descubre a Dios en el fondo.

El sacerdote intercede. Amansa a Dios, le hace propicio, le da gracias, da a Dios el culto debido. Impetra sus dones. El sacerdote ama. Ha reservado su corazón para ser para todos. El sacerdote es antorcha que sólo tiene sentido cuando arde e ilumina. El sacerdote hace presente a Cristo. En los sacramentos y en su vida. Es el alma del mundo. Donde falta Dios y su Espíritu él es la sal y la vida. No hace cosas sino santos. Todos hemos de ser santos, pero sin sacerdotes difícilmente lo seremos. Es grano de trigo que si muere da mucho fruto. Nada hay en la Iglesia mejor que un sacerdote. Sí lo hay: dos sacerdotes. Por eso hemos de pedir al Señor de la mies que envíe trabajadores a su mies (Mt 9,38).

4. "No me habéis elegido vosotros a mí, os he elegido yo a vosotros". La elección indica siempre predilección. Si voy a un jardín, miro y remiro: tallo, capullo, color, aguante...Elijo, corto y me la llevo. Pero sé que yo no podré ni cambiar el color, ni darles más resistencia, ni aumentarles la belleza.

Cuando Dios elige, elige a través de su Verbo: "Por El fueron creadas todas las cosas". Cuando un joven elige a su novia, es él quien elige. Si eligiesen sus padres u otros, probablemente saldría mal. Cuando Dios elige esposa, respeta a su Hijo, que se ha desposar con ella. Cuando Dios elige ministros suyos, deja a su Verbo la elección. Porque han de continuar sus mismos misterios.

Parece que el Señor tendrá sus preferencias. Contando con que siempre puede rectificar y enderezar, romper el cántaro y rehacerlo, y purificar, es verosímil que cuente con lo que ya hay en las naturalezas, creadas por El: "Omnia per ipso facta sunt".

Una de las primeras cualidades que parece buscará será la docilidad. Docilidad que casi siempre es crucificante. Otra, será la sencillez: "Si no os hacéis como niños"... Manifestarse sin hipocresía, con naturalidad.

5. Llegó a la parroquia un sacerdote fuera de serie. Me fascinó: -¿Quieres ser acólito?- me preguntó. Y dije que sí. Los acólitos llevábamos unos bonetes rojos muy graciosos, a tono con las sotanas rojas. Nos había advertido el Señor Cura que al pasar por la ermita de San Roque en los entierros, saludáramos quitándonos el bonete. Nadie se acordaba. Yo sí, y me descubrí. El Cura, que nos observaba, me dijo, metiéndome debajo de la capa: "¡Qué bon retoret faríes!". Pasó un tiempo, y germinó la semilla, y un día le dije: -"Vullc ser capellá". El se puso serio. Llamó a mis compañeros y quise que lo repitiera ante ellos. Me comprometió. Y hasta hoy. Cincuenta años. Día a día, gota a gota...

6. HIMNO SACERDOTAL.

Brota de mi corazón un himno ardiente

cuajado en el manantial del ser:

Jesús Martí, yo te elijo, vente,

yo te llamo: Jesús Martí Ballester.

 

Cogiste mi corazón de niño

con ternura delicada y paternal,

me sedujeron tu afecto y tu cariño

y me dejé cautivar.

 

Yo escuché tu llamada gratuita

sin saber la complicación que me envolvía,

me enrolé en tu caravana de tu mano

sin pensar ni en las espinas ni en los cardos.

 

Te fui fiel, aunque a jirones

fui dejando en mi camino pedazos de corazón,

hoy me encuentro con un cáliz rebosante de jazmines

que potencian mis anhelos juveniles

y me acercan más a Dios.

 

En el ocaso de la carrera de mi vida

siento el gozo de la inmolación a Tí.

 

Tienes todos los derechos de exigirme,

puedes pedir si me ayudas a decir siempre que ¡Sí!.

 

Necesitaste y necesitas de mis manos

para bendecir, perdonar y consagrar;

quisiste mi corazón para amar a mis hermanos,

pediste mis lágrimas y no me ahorré el llorar.

 

Mis audacias yo te dí sin cuentagotas,

mi tiempo derroché enseñando a orar,

gasté mi voz predicando tu palabra

y me dolió el corazón de tanto amar.

 

A nadie negué lo que me dabas para todos.

Quise a todos en su camino estimular.

Me olvidé de que por dentro yo lloraba,

y me consagré de por vida a consolar.

 

Muchos hombres murieron en mis brazos,

ya sabrán cuánto les quise en la inmortalidad,

me llenarán de caricias y de flores el regazo,

migajas de los deleites de su banquete nupcial.

 

Pediste que te prestara mis pies

y te los ofrecí sin protestar,

caminé sudoroso tus caminos,

y hasta el océano me atreví a cruzar.

 

Cada vez que me abrazabas lo sentía

porque me sangraba el corazón,

eran tus mismas espinas las que me herían

y me encendían en tu amor.

 

Fui sembrando de hostias el camino

inmoladas en la cenital consagración:

más de treinta mil misas ofrecidas

han actualizado la eficacia de tu redención.

 

No me pesa haber seguido tu llamada,

estoy contento de ser latido en tu Getsemaní;

sólo tengo una pena escondida allá en el alma:

la duda de si Tú estás contento de mí.

 

Mi gratitud hoy te canto, ¡Cristo de mi sacerdocio!

Mi fidelidad te juro, Jesucristo Redentor.

Ayúdame a enriquecer con jardines a tu Iglesia,

que florezcan y sonrían aun en medio del dolor.

 

Sean esos jardines para tu recreo y mi trabajo,

multiplica tu presencia por los campos hoy en flor,

que lo que comenzó con la pequeñez de un pájaro,

se convierta en muchas águilas que roben tu Corazón.

 

EN CARPESA

Las Bodas de Oro las celebré en la Parroquia de lo Santos Abdón y Senén de la Ciudad de VALENCIA-CARPESA, donde mis padres contrajeron matrimonio, fui bautizado, confirmado y recibí la primera Comunión, escuché la llamada del Señor, celebré mi Primera Misa, oficié los funerales de mis padres y hermana y donde sus cuerpos esperan la Resurrección. CARPESA existe ya en el tiempo de los árabes y fue conquistada por Jaime I que la entregó a la Orden de Montesa permutándola por Ruzafa cuya historia ofrezco:

LA CONSTRUCCIÓN

Jaime I conquista a los árabes la torre y la alquería de Moncada y Carpesa y las cambia a la Orden del Temple por Ruzafa y otras propiedades llegando a la consolidación definitiva por carta de población en 1248. Cincuenta años duró el dominio del Temple hasta que pasó a la Orden de Santa María de Montesa. El rey Jaime II proyectó, fundir las Ordenes de los Templarios y Hospitalarios, y crear una nueva orden, propia del territorio valenciano, para luchar contra los árabes. El Papa Juan XXII, quiso que la orden llevara el título de Santa Maria de Montesa concediendo su licencia desde Aviñón, en bula del 10 de junio de 1317, para contener las invasiones de sarracenos en el Reino de Valencia, bajo la regla del Cister y como filial de la de Calatrava en el castillo de Montesa, a la que incorporaba todos los bienes, créditos, honores, derechos, jurisdicciones, vasallos, en el Reino de Valencia de la extinguida orden del Temple, así como también lo poseído por la orden del Hospital, para prestar al rey de Aragón todos los servicios como lo habían hecho Hospitalarios y Templarios.

FUNDACIÓN DE LA ORDEN

El 22 de julio de 1319 se fundó la orden. En la Capilla del Palacio del Obispo de Barcelona, reunidos el Comendador de Calatrava, los Abades de Santa Creus, de Benifasar y de Valldigna, Caballeros militares, de las órdenes de San Juan del Hospital, de San Jorge y de la Merced, y muchos Caballeros de la Corte Real; tras la misa solemne, vistieron el hábito y profesaron la orden de Calatrava Guíllem de Eril y otros más. A continuación el Abad de Santa Creus, autorizado por el papa, nombró primer maestre de Montesa a Fray Guíllem de Eril. La Orden comprendía la valía de Cervera y San Mateo, Traiguera, San Jorge, Chert, Canet lo Roig, La Jana y Cálig. Cuevas de Vinromá, Albocácer, Salsadella, Tirig, Villanueva de Alcolea, Torre Endoménech y Serratella, y Culla, Benafigos y el Molinell, Adzaneta, Torre Embesora, Villar de Canes y Vistabella, Benasal, Ares, Benicarló,Vinaroz, Alcalá de Chivert, Santa Magdalena de Pulpis, Onda, Tales y Artesa, Villafamés y Burriana, Peñíscola, Montroy, Perpuchent, Ademuz y Castellfabib, Moncada, CARPESA, Borbotó y Masarrojos, Benifaraig, Rocafort y Godella Sueca, Montesa, Vallada y Silla. En 1399 el rey de Aragón Martín el Humano incorporó a la orden de Montesa la de San Jorge con aprobación del papa Benedicto XIII. El emblema de Montesa, que hasta entonces había sido una cruz florlisada en negro cambiaría por la cruz llana de gules de San Jorge. La denominación popular por la que siguió conociéndose continuó siendo "de Montesa" y continuó perteneciendo a la Corona de Aragón.

Su carisma era socorrer a los pasajeros cristianos. En 1587, Felipe II incorporó la orden de Montesa a la Corona, y asumió la jerarquía de Gran Maestre, que siguió siendo siempre el rey de España, hasta el rey Alfonso XIII, aunque con la Constitución de Cádiz de 1812 los bienes de la orden pasaron al Tesoro público. Cuando se declararon extinguidos los señoríos territoriales por la desamortización de Mendizabal, en 1835, la orden quedó reducida a una corporación nobiliaria de carácter honorífico.

LA REPÚBLICA

En 1931, al proclamarse la República, las órdenes militares fueron suprimidas. El poblado pasa por varias vicisitudes: será municipio independiente y después incorporado a la ciudad de Valencia. Su parroquia, cuyos Titulares son los Santos mártires Abdón y Senén, tiene varias filiales, Bonrepós y Mirambell, que en 1574 se erigió como parroquia independiente, segregándose de Carpesa. También era filial Borbotó, que se independizó a mediados del Siglo XX. La Parroquia de San Bernardo Mártir- Pueblo Nuevo, fue erigida, segregándola de la Parroquia de Carpesa-Valencia el año 1942. Carpesa en la actualidad es un Distrito de Valencia Ciudad.

Las fotos de Marti Ballester proceden de la entrega del premio Escritor del Año. Acompañan al padre Martí, el Editor Ángel Gómez Escorial y el padre Antonio Diaz Tortajada, tambien Escritor del Año en otra edición


 

2.- VITAMINAS "JAVERIANAS" PARA 2006

Por Javier Leoz

AFABILIDAD. Se consigue más con miel que con hiel. San Francisco Javier, a los capellanes portugueses escribía: “Sed amables, nada de enfado, nada de tristeza, siempre llenos de bondad y de benignidad”

TESTIMONIO. Nos encontramos en un mundo donde, muchos cristianos, no saben ni por qué lo son. Ya, San Francisco Javier, contrastó parecida situación: “Los cristianos que hay por estas partes no saben de doctrina nada más que decir que son cristianos, porque no hay quien les diga Misa, ni quien les enseñe el Credo”

PIEDAD. A veces corremos el riesgo de no dar importancia a las formas. Lo cierto es que, los signos y símbolos, también ayudan en la transmisión de la fe. Si San Francisco Javier estuviera hoy en medio de nosotros, a ciencia cierta, que utilizaría todos los medios a favor de Dios: “Salía el Santo por las calles y plazas de Goa acompañado de un grupo de niños y muchachos. Lleva un rosario en el cuello y esgrimía una campanilla” (Cros, Biografía, I, pág.216)

FE. El convencimiento de lo que uno cree y lleva es la mayor garantía de lo que uno hace y promueve. “Llevo al rey de china…una pieza, la cual nunca fue enviada por ningún rey ni señor…..Este regalo es la ley verdadera de Jesucristo…..que si él conociera, lo estimaría más que ser tan grande y poderoso como es” (Carta 109, n.4)

OPTIMISMO. Todo lo que se siembra, tarde o temprano, fructifica. San Francisco Javier tenía confianza en las futuras generaciones: “Los muchachos, espero en Dios nuestro Señor que han de ser mejores hombres que sus padres porque muestran mucho amor a Dios y a sus Mandamientos” (Carta 70, n.3)

CONFIANZA. En un océano de tantas propuestas, ideas y religiones, puede que tengamos la tentación de echar marcha atrás. San Francisco Javier, desde Malaca, escribía: “Muy confiados vamos en la misericordia de Dios nuestro Señor, que nos ha de dar victoria contra sus enemigos….porque quien no conoce a Dios ni a Jesucristo, ¿qué puede saber?.....y los que no desean otra cosa que la gloria de Dios…..¿qué pueden recelar ni temer? (Carta 85, n.9)

CARIDAD. San Pablo nos dice preciosamente que “sin el amor” todo lo demás que somos y hacemos no sirve de nada. San Francisco Javier, hablando de la caridad, dice que ésta suple con creces todas las demás deficiencias: “es un buen hombre, sobrado de mucho celo, bondad y magna simplicidad, pero no muy letrado….Quiere ser sacerdote y creo que suplirá con su mucha bondad lo que no alcanza por letras” (Carta 12, n.4)

AGRADECIMIENTO. El hombre es más proclive a los derechos que a las obligaciones. Hasta tal punto podemos acentuarlo que olvidemos el ser agradecidos: “Dios nuestro Señor se lo pague, pues yo no puedo hacer con obras cosa igual….Toda mi vidame quedo obligado a rogar por Vmd…(carta 136, n.1)

ESPERANZA. Dicen, y es verdad, que hay déficit de esperanza en el mundo. San Francisco Javier se aventuró en su misión, con todas las consecuencias, apoyándose en la esperanza: “…desconfiar de su misericordia y de su poder, por los peligros en que nos podemos ver por su servicio, es mucho mayor peligro que los males que nos pueden hacer todos los enemigos de Dios” (Carta 131, n.4)

SANACION. El encuentro con Cristo produce salud espiritual y también física. Constantemente llamaban a San Francisco Javier para que visitara a los enfermos. Ante la imposibilidad de hacerlo con todos les decía: “id y decidles que digan oraciones y sanarán”

HUMILDAD. Cuando somos grandes en humildad estamos más cerca de lo que merece la pena, más cerca de lo auténticamente grande. San Francisco Javier entendía que, la humildad, era camino imprescindible en el conocimiento y seguimiento a Jesús: “Disponeos para buscar humildad interior y exterior….para que sepáis primero curaros a vosotros mismos y luego a los demás” (Carta 90, n.25)

CRUZ. Cuando uno contempla y mira la cruz, todo sufrimiento se vive de otra manera; se relativiza, parece como si disminuyera. San Francisco Javier vivió enamorado del amor clavado en la cruz y, murió, agarrándose a la cruz. “En verla, Dios nuestro Señor sabe cuánta consolación recibimos, conociendo cuán grande es la virtud de la cruz, viéndola así sola…” (Carta 15, n.6)