1.- EXÁMENES PARCIALES

Por David Llena

Vaya por delante, como suele decir nuestro querido padre Ynaraja, que este escrito está totalmente deformado por mi situación laboral. Y es que estamos en momento de hacer exámenes parciales. El mes de febrero es el mes central del curso, ha pasado una mitad y queda aún otra mitad. Momento de hacer una parada para recopilar todo lo aprendido hasta ahora y ponerlo a la luz. Es hora de ver si realmente estamos siguiendo el curso con aprovechamiento y así tener posibilidad de poner remedio si no vamos por buen camino. También rompe con la rutina de ir a clase pensando que ya estudiaremos más adelante lo que hoy nos explican. Ya no hay tiempo para la demora. Es tiempo de preparar resúmenes, de resolver dudas, de volver a repasar lo que se pudo haber olvidado, es hora de pasar de la inactividad de oyente para pasar a ser capaces de responder ante las cuestiones que nos planteen en un examen. Todo lo que estudiemos ahora, nos servirá de base para lo que estudiemos hasta final de curso. Así pues, los exámenes parciales también nos ayudan a preparar la segunda parte del curso.

Coincide esa mitad temporal, también entre el tiempo de Navidad y el de Cuaresma. Es por tanto también momento oportuno para hacer un repaso de nuestro primer mes de tiempo ordinario. Podemos hacer un alto en el camino de este tiempo vivido y reflexionar si realmente estamos “aprovechando el tiempo” ordinario. Si vamos a misa solo como oyentes dejando para más adelante lo que allí se nos “explica”, si el ir a misa y nuestro cristianismo en general se ha convertido en una rutina… Y pensar como se nos invitaba unos domingos atrás a ponernos en marcha que el tiempo apremia, que el tiempo se cumple. Es momento (siempre para esto es momento) de poner nuestra vida a la luz de Cristo y ver si vamos por buen camino y repasar aquello que no es grato a Dios en nuestro interior y poner remedio a aquello que nos aleja de Él. Todo lo que hagamos ahora servirá de fundamento para nuestra vida de fe. Aprovechemos una fiesta como la de la Presentación de Jesús en el templo para presentar nuestras vidas ante el Maestro, para que Él con su infinita Sabiduría nos corrija y nos aliente en nuestro paso por esta vida, para que podamos graduarnos y pasar a la Vida eterna por haber servido con Amor a Cristo en el hermano.

 

2.- NARANJAS (DE NUEVO)

Por Pedrojosé Ynaraja

Con los sacerdotes que vamos de excursión periódicamente, vuelvo al sur de Catalunya. No ha acabado el mes de enero y ya vemos un almendro que ha florecido. Pensé, y se lo dije al compañero, que el proceder del árbol era imprudente, que se había avanzado a la temporada y tal vez se helaran y muriesen sus flores. Como lo que esperábamos encontrar al final de la marcha eran naranjos, no me fijé en su belleza, no me dejé sorprender. Fue una lástima, no pienso lo mismo ahora. Se me ocurre hoy que esta rama es una parábola, una homilía de la naturaleza. Pienso que a la clerecía progre de hoy en día le sobra acomodarse a los tiempos y le falta valentía. En mi lectura diaria de la Biblia, leo esta temporada textos proféticos. Trato de pensar el mensaje que dirigido a los primeros destinatarios y el que a nosotros corresponde.

Los profetas no fueron vecinos fáciles para sus congéneres, casi siempre resultaron incómodos y hasta parecieron con frecuencia huesos dislocados y molestos. Para sus jerarcas y para el pueblo llano. Por eso digo que hoy hay carestía de profetas. Opino que a veces se tilda de avanzado al que simplemente proclama, en lenguaje elegante, lo que su auditorio desea escuchar, sin que remueva sus entrañas. Tal vez lo que diga sea verdadero para su actualidad inmediata, pero es de poca utilidad para un próximo futuro, que exigirá un cambio radical. Supondrá una sorpresa, tal vez desagradable, será un revulsivo necesario para la conversión, pero evidentemente será necesario para emprender nuevas rutas, diferentes en muchos sentidos y abandonar criterios y valores intermedios, a los que estamos tan acostumbrados que nos parecen imprescindibles. Como se abandonó el arma de sílex, la vida organizada en tribus y clanes, la choza y la cueva. Y parecían irreemplazables. Que cada uno saque sus consecuencias. La levadura es necesaria, pero quien la prueba sabe que es agria y desagradable. Sobran intérpretes que tranquilizan y faltan profetas que incomoden.

Acabada la marcha entramos en la plantación. Somos invitados de uno de los compañeros. Hace ya tiempo que arrancaron la fruta, pero se distinguen por entre el verdor de las hojas algunas naranjas. Recordamos el pasaje bíblico que recomienda al labrador que no sea meticuloso en la siega, que piense en el rebusco que hará el pobre y el extranjero. Con ilusión nos entregamos a nuestra recolección particular, yo procuro alejarme para poder imaginar que estoy en situación antigua y bíblica. Pienso en los inmigrantes que vienen y descubren nuestras riquezas y se lucran de ellas, como el forastero recogía las espigas de los lindares de los campos. Aquellos se aprovechaban del trabajo de los propietarios, que en poco se diferenciaban de ellos. El caso de los nuestros es diferente. La mayoría de los que vienen por nuestras tierras proceden de países que pudieran haber sido ricos, si los llegados de fuera, nuestros antepasados, no los hubieran explotado. Y se quedaron ellos sin nada. Sin nada en posesión y sin nada para la explotación. En consecuencia sin sentido de la responsabilidad. En su tierra, por ejemplo, no podían comprar aceite de oliva, no estaba a su alcance, si lo tomaban algún día era como medicina. Llegan aquí y lo desaprovechan, imitando nuestras malas costumbres. Carecían de energía eléctrica y en nuestras casas se deja las luces encendidas. Lo primero que aprenden es a tirar, tirar lo que sea, aquello que reciben como ayuda y aquello que les sobra. Tal proceder nos indigna y deberíamos recordar que llevan siglos de pobreza, consecuencia de conquistas y colonizaciones injustas. No se puede ser responsable de lo que no se tiene.

Me reúno con el grupo tenemos algunos árboles cargados de frutos que habían reservado para nosotros, pienso entonces en el libro de Rut, y el compañero anfitrión, Monseñor Lluís. Portabella, se convierte en el Booz bíblico.

De las naranjas no se habla en la Biblia pero un cítrico del país, semejante a nuestros limones, es una de las cuatro especies vegetales necesarios actualmente en la celebración de las fiestas de Sukkot (los otros son la palmera, el mirto y el sauce). El día ha resultado rico en distracción, en reflexiones y en frutos sabrosos.