¿AMOR Y CARIDAD, PERO NO ES LO MISMO?

Por Ángel Gómez Escorial

Enfrentarse a una labor de glosa y crítica de la primera encíclica de Benedicto XVI pues da un cierto vértigo. Joseph Ratzinger es uno de los grandes escritores de la historia reciente de la Iglesia. Y hoy su posición en la Cátedra de Pedro da un especial significado a esa pericia suya para escribir, para hacer teología. Pero el vértigo se calma cuando se comienza la lectura y se aprecia un estilo muy directo y muy didáctico. El Papa parece pretender –y hace bien—explicar algunas cosas como si no se conocieran para evitar falsas interpretaciones.

Realiza con precisión el uso de la palabra amor en la Escritura y de la misma en los tiempos en que se comenzó a escribir el relato evangélico. La traducción griega de los Setenta es la base lingüística de ese comienzo. Y es obvio que no es lo mismo eros que ágape y ahí explica la diferencia y la unidad. Uno mismo ha entendido de manera muy clara, algo que siempre ha intuido que todo el amor tiene la misma esencia y que esa es Dios. La diferenciación entre las traducciones posteriores de eros y ágape por amor y caridad no tienen sentido exclusivista o totalmente diferenciador. ¿Se busca un amor puro sin contaminación humana posible? No ciertamente. Eso no lo dice el Papa.

Por eso solo se puede traducir “Deus Caritas Est”, como Dios es Amor. Traducirlo como Dios es Caridad, pues sería complicarlo. O cuanto menos falsearlo.