La Sagrada Familia: Jesús, María y José
30 de diciembre de 2005

La homilía de Betania


1.- EL MODELO DE LA SAGRADA FAMILIA

Por José María Maruri, SJ

2.- NAVIDAD ES FAMILIA

Por Javier Leoz

3. - COMUNIDAD DE VIDA Y AMOR

Por Antonio Díaz Tortajada

4.- LA FAMILIA DE NAZARET, NUESTRA FAMILIA

Por Ángel Gómez Escorial


LA HOMILIA MÁS JOVEN

LA SAGRADA FAMILIA

Por Pedrojosé Ynaraja


1.- EL MODELO DE LA SAGRADA FAMILIA

Por José María Maruri, SJ

1.- Tengo la impresión de ser un gran atrevido al querer hablaros de la familia, yo que no tengo la mía propia. He nacido y crecido en una y sé de muchas, por vosotros mismos. Pero lo natural es que hoy nos hablara un padre o una madre de familia de su experiencia.

Yo no creo que en ningún tiempo la familia haya sido algo idílico. En el mejor de los casos los problemas la han acompañado siempre. Lo mismo pasó con la familia de Nazaret, por mucho que se hayan esforzado los más famosos pintores en desfigurar la realidad.

Jesús, María y José, vivieron en un país ocupado por un ejército invasor con todos los derechos. Un país agitado de vez en cuando por los terroristas, pero los zelotes, en un ambiente religioso poco limpio, que Jesús iba después a vapulear.

José no fue un obrero cualificado, sino un manitas de los que valen para todo, sobre todo para las chapuzas. Y que no pocas veces se vería en la plaza del pueblo esperando que alguien lo contratase y eso, además, sin subsidio de paro.

José se encuentra con un hijo que no es suyo y lo acepta por fe después de resolver el problemón levantado en su corazón. María y José no comprenden la manera de actuar de Jesús Niño. Y cuando llegan los treinta años, María, cuyo único amparo y seguridad era Jesús, se ve abandonada por él.

2.- Nuestras familias tienen sus problemas que dificultan la convivencia:

--cuando un miembro de la familia cae enfermo de importancia, toda la familia enferma.

--cuando los hijos, que han recibido educación cristiana dejan las prácticas religiosas, los pobres padres se sienten fracasados en su intento educador.

--cuando hay un revés de fortuna o una equivocación que hace descender el nivel familiar, hay bombardeos de acusaciones.

--cuando el padre de familia o no le prorrogan el contrato de seis meses o le jubilan anticipadamente, no pocas veces las relaciones esposo-esposa, hijos-padres se agrian.

--cuando el padre y la madre tienen que trabajar para sacar adelante la familia, y la vivienda es pequeña, el abuelo o la abuela ancianos, o el padre o la madre que no pueden vivir solos, son una angustia y un torcedor de corazón para las hijas y los hijos buenos que quieren cuidar de ellos.

--cuando los hijos convierten el hogar paterno en un hotel, regresando a casa a la hora que quieren sin hacer caso de la preocupación y el trastorno que causan, se crea un trastorno generacional, que yo llamaría falta de sentido común por parte de los hijos o exceso de egoísmo.

--y si por su estupidez, debilidad u otras razones un hijo cae en la esclavitud de la droga el mismo infierno entra en la familia.

La familia que no haya tropezado con alguno de estos problemas, u otros más graves como sería la desunión de la familia por la separación de los padres, esa familia dichosa debe dar gracias a Dios día y noche.

3.- La familia será siempre el fundamento de la sociedad, aunque hoy no encuentre apoyo, ni aliciente gubernamental ninguno. Antes bien figuras bien representativas hacen alarde de “cambio de parejas” y hasta de acumulación de pareja, reflejo de un mini-harén moruno. No solo no se alaba la familia, sino que los grandes modelos que llenan los medios de comunicación no son padres y madres de familia, sino lo que podrían llamarse es “trota-catres”.

En la familia es donde el niño aprende a amar y a ser amado, a convivir, a sentir que pertenece a un grupo en el que se desarrolla y recibe apoyo. Si no es un niño poseído como un juguete por sus padres. Pero si se le deja crecer orientado y apoyado por su familia entera, el niño empieza a sentirse él mismo, agradecido a los que le ayudan a ser quien es.

En la familia aprende el niño la existencia de los elementos de una sociedad, aprende a que hay padre y madre, hay hermanos mayores y menores, hay tíos y tías, hay hombres y mujeres, hay diversidad de temperamentos, hay diversidad de opiniones. Pero todo eso es al mismo tiempo una unidad y sobre esa unidad y fortificando esa unidad está Dios, a quien todos respetan y quieren.

El niño aprende lo más fundamental, que el hombre no puede ni vivir solo, ni vivir para si mismo, sino que es un ser llamado por Dios a ser “para los demás”. Así fue la Sagrada Familia y hacia ese modelo deben tender las nuestras.


2.- NAVIDAD ES FAMILIA

Por Javier Leoz

1.- Cuando, mucho se habla de algo, es porque se valora. La Sagrada Familia, escasamente suscitaría interés alguno en aquel momento histórico donde la situamos. ¿A quién iba afectar tres personajes pobres y humildes, sin más trascendencia que unos signos que, unos simples pastores o unos legendarios reyes, decían haber oído o visto?

Siglos después, aún siendo bandera discutida por algunos, vemos que, la familia, aporta –además de amor- seguridad y paz a nuestra sociedad, equilibrio a las personas, transmisión de valores a los que la cuidan la alimentan y la potencian.

Algo de bueno tiene que tener la familia cuando, hasta el mismo Dios, decidió nacer en medio de ella.

No nacemos aprendidos. Todos necesitamos de unos puntos que den consistencia a nuestra madurez afectiva, social, económica y también religiosa. Precisamente por ello, la Sagrada Familia, se convirtió en ese lugar idóneo donde Jesús –además de la inspiración divina- bebería los primeros sorbos del amor a Dios; sentiría los primeros coletazos de la muerte de los más allegados a su familia; aportaría su trabajo y su dinamismo para que, aquella singular y sagrada casa, siguiera adelante.

A Jesús lo vemos tan perfecto y tan “señor” que, sin darnos cuenta, podemos correr el riesgo de desgajarlo o separarlo de una bonita realidad: nació, creció, vivió, trabajó y perteneció a una familia formada por José, María y El mismo.

Y, entre Navidad y Año Nuevo, puede que esta fiesta pase desapercibida. Pero, en muchos hogares cristianos, es la estampa más codiciada, querida y expuesta con motivo de la Navidad: en Belén no puede faltar Jesús, José y María.

Eran tres pero, en el amor, eran todo uno. Ese es el secreto que le hace a una familia salir de sí misma y triunfar: el amor.

Eran tres pero, desde el amor, formaban una sola realidad. Esa es la grandeza del Misterio de Belén. El amor es capaz de fusionarlo todo.

Eran tres pero, por amor, supieron dar cabida a una mano misteriosa que guió desde el principio hasta el fin, las aventuras y desventuras, avatares y gozos, idas y venidas de esta familia.

2.- Hoy, al divisar a la Sagrada Familia, tenemos que reconocer que supone una interpelación, una denuncia seria a nuestra sociedad y a nuestro mundo. No estamos acostumbrados a cimentarlo todo en el amor; los intereses y los individualismos, los caprichos y el deseo de conocer “algo más”, el afán de tener o la impaciencia, la falta de amplitud de miras o el salvaguardar la fidelidad son aspectos, entre otros, que ponen en peligro muchas parejas que decidieron unirse para siempre pero que se quedaron a mitad de camino.

Por ello mismo, la Sagrada Familia, es un ejemplo para animar a tantos amigos nuestros, a tantos vecinos y conocidos nuestros para que sigan progresen en ese empeño. Por más que se empeñen en vender lo contrario, son muchos más los jóvenes, los mayores, los matrimonios que siguen adelante que –aquellos otros- que han visto truncado su amor. Pero, la familia feliz, por lo visto no interesa. O, tal vez, la familia feliz “no vende” primeras páginas en los periódicos, televisión, revistas de corazón o radio. Esto, de todas formas, no es nuevo. Tampoco, la Sagrada Familia, interesó en su momento.

La Sagrada Familia es un ejemplo de cómo hay que enfrentarse a las dificultades, a las soledades, a las pruebas, a los sufrimientos.

3.- La Sagrada Familia es un canto a la sencillez y la confianza en el otro. José se fió de María; María confió en José y Jesús se fió y confió en los dos.

Una de las cosas que más me impresionan de esta “original familia” es que se dejaron guiar al cien por cien por Dios.

Los que estamos, día a día, en la primera línea de la evangelización, vemos el drama que supone detectar como, la familia, no es cadena de transmisión del valor de la fe.

La asignatura pendiente de la coyuntura actual, por lo menos a nivel pastoral, es el despertar en nuestras familias el gusto, el apetito, el orgullo por las cosas de Dios. Con razón, alguien ha dicho, que o la familia interviene en el futuro de la fe, o será difícil que las generaciones del mañana conozcan a ese Jesús que nació en Belén y que tantas pasiones, música, escritos, arte y poemas, en su nombre, han salido a la luz.


3.- COMUNIDAD DE VIDA Y AMOR

Por Antonio Díaz Tortajada

1.- Jesús nace en el seno de la familia humana, como hijo de la familia de José y María. El mensaje de este domingo es un verdadero Evangelio de la familia: Anuncio de la presencia de Dios en esta realidad humana. Comunidad de vida y amor, la familia cristiana debe encontrar en la Sagrada Familia de Nazaret el modelo a imitar y debe constituirse en Iglesia doméstica. Eso supondrá para cada uno de los cristianos y cristianas un compromiso por realizar su propia vocación cristiana en familia y extender esta vivencia a toda la gran familia de los hijos de Dios. Teniendo de trasfondo la difícil situación de la familia en el mundo de hoy, las lecturas de esta fiesta destacan el designio de Dios sobre la familia.

La primera lectura está tomada del libro de Ben Sirá o «Sirácida» (llamado antiguamente «Eclesiástico») y es un estupendo comentario al cuarto mandamiento del decálogo: « Honra a tu padre y a tu madre». Ya que el individuo recibe la vida de su padre y de su madre (y de Dios a través de ellos), debe asumir la actitud de respeto y obediencia hacia ellos (y a Dios a través de ellos); si lo hace, garantiza vida y felicidad para sí. Jesús seguramente amó, respetó y obedeció a sus padres como se nos enseña en la lectura. La mayor parte de su vida la pasó en compañía de los suyos, aunque no sepamos las circunstancias concretas. Los judíos en la época de Jesús no conocían las actuales dificultades y crisis por las que atraviesa en nuestra época la institución familiar. Lo normal era que la familia permaneciera unida, que los vínculos entre sus miembros fueran muy estrechos y positivos.

2.- La segunda lectura está tomada de la carta a los Colosenses y es una exhortación a la vida de amor en el seno de una comunidad cristiana. En ella se hace la aplicación de cuanto hemos dicho hasta ahora, mostrando que las relaciones familiares son una consecuencia de la vida creyente. La identidad de los «elegidos y amados de Dios» comporta el máximo de humildad y el máximo de respeto por los otros. De allí que la reciprocidad necesaria en las relaciones familiares debe estar animada por la caridad (comportarse con los otros como el Señor se comporta con nosotros). Es más, la Iglesia tiene que ser como una gran familia que vive en la presencia del Padre Dios con los sentimientos tan elevados y nobles que San Pablo enumera en su carta: misericordia entrañable, bondad, humildad, dulzura, comprensión, perdón mutuo, paz.

3.- Las reflexiones anteriores nos permiten iluminar con la Palabra de Dios las variadas realidades familiares que vivimos y reflexionar en las principales orientaciones del magisterio acerca de la familia. Comunidad de personas, la familia nace del matrimonio, sacramento de la unión de Cristo con su Iglesia. La misión de la familia cristiana ha de realizarse tanto en la formación de una comunidad de amor entre sus miembros como en el servicio de transmisión de la vida y de educación en los valores esenciales de la vida humana. Siendo célula primera y vital de la sociedad, la familia ha de participar en el desarrollo de la sociedad y de la Iglesia, constituyéndose en comunidad creyente y evangelizadora, en diálogo con Dios y al servicio del prójimo. La familia cristiana no debe ser como cualquier familia, debe vivir abierta a la entera comunidad eclesial, de suyo debe ser como una especie de «Iglesia doméstica» que se integra a la gran Iglesia constituyendo uno de sus pilares fundamentales. Las relaciones entre los esposos cristianos no están regidas por un simple contrato civil de matrimonio; entre ellos se realiza el misterio del amor de Dios significado en el sacramento del matrimonio y, junto con sus hijos e hijas, deben vivir los mismos ideales que la Escritura muestra para la Iglesia entera.

4.- Sin embargo, al mirar las familias de nuestras comunidades, viene espontánea la pregunta: ¿Por qué nuestras familias no son así? A este punto, convendría resaltar las dificultades que atraviesan las familias y los núcleos familiares en nuestra realidad, especialmente en las áreas rurales y marginales. La violencia intrafamiliar, el machismo, el abandono de cónyuge e hijos, el divorcio, son todas realidades que enfrentamos y que se explican porque falta una apropiada educación para el amor que permita entrar en el proyecto de Dios para la familia. El papa Juan Pablo II habla de la familia como del «santuario de la vida». Eso fue la Sagrada Familia. ¿Porqué nuestras familias no podrían también serlo? ¿Qué actitudes de las señaladas en las lecturas de hoy podrían ayudarnos para lograrlo?

5.- Nosotros podemos transformar concretamente nuestras actitudes y, por tanto, las variadas situaciones familiares que vivimos para acoger el anuncio de la Palabra. Se trata de hacer presentes aquellas actitudes muy humanas que pueden hacer la vida familiar más conforme al plan de Dios: gratitud, lealtad, obediencia, generosidad, afabilidad, etc. Actitudes que deben ser asumidas por todos los miembros de la familia, especialmente hacia las personas más necesitadas de amor activo en el núcleo familiar. Los ejemplos dependerán de las circunstancias de los oyentes, pero han de llevar a un compromiso real de cambio.


4.- LA FAMILIA DE NAZARET, NUESTRA FAMILIA

Por Ángel Gómez Escorial

1.- El calendario de este año, en los postreros días de 2005, este viernes, día 30, y dentro de la octava navideña, celebramos la fiesta de la Sagrada Familia. Otros años dicha fiesta se celebra en domingo y también en la cercanía del Primero de Año. Hoy, la Iglesia y su liturgia quieren que vayamos a la intimidad familiar en que se desarrolló humanamente el Salvador del Mundo. Siendo Jesús auténtico hombre --al mismo tiempo que era Dios-- creció con características idénticas a como lo hace cualquier niño. Y para los pequeños, la familia --y, sobre todo, su padre y su madre-- son un universo total y muy significativo. La fiesta de la Sagrada Familia es de reciente creación y su finalidad es, como se ha dicho, recrear el ambiente hogareño de Jesús, Maria y José. El último párrafo del Evangelio de San Lucas que leemos hoy marca perfectamente esa normalidad en el hogar. Dice Lucas: "Y cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba". Nos ha contado antes el rito de la purificación y la ofrenda de gente pobre --eso era la Sagrada Familia-- ofrecida en el templo. Tras la incorporación oficial de Jesús a la religión el texto parece indicar que volvieron a Nazaret, sin más. Pero no sería así.

2.- Y es que no iba a ser fácil la vida de Jesús en la Tierra. No se habían apagado los ecos maravillosos del quehacer de los ángeles sobre el cielo de Belén y, asimismo, la presencia de los Reyes Magos --personajes importantes y misteriosos, que venían de lejos para adorar al Hijo de Dios-- cuando Herodes inicia una cobarde persecución contra los niños menores de dos años, para así terminar con su presunto "competidor" en el trono. San José, que iba a ejercer con eficacia la paternidad terrena del Niño Jesús, tenía ante sí un nuevo desafío. Es de suponer habrían sido para él muy difíciles los días en los que dudaba de su esposa. Un ángel le contó la verdad y le entregó la responsabilidad de custodiar del Hijo de Dios. La primera prueba era terrible: emigrar al extranjero al amparo de la noche para proteger la vida del pequeño. Nada sabemos del tiempo que la Sagrada Familia pasó en Egipto. Probablemente, José mejoraría su oficio de artesano, pues los egipcios tenían técnicas muy adelantadas. Pero, por supuesto, no tuvo que ser fácil. Ahí vemos el reflejo de la actividad difícil de los emigrantes. España se ha transformado de país de emigrante a nación que recibe mucha emigración. Debemos de tenerlo en cuenta y ser muy solidarios con aquellos que se ven obligados a llegar a nuestra tierra para sobrevivir. Pero, asimismo, hemos de recordar siempre la condición de Jesús emigrante, pero que no se nos olvide la necesidad de ayudar a nuestros prójimos que vienen de países lejanos. En este ciclo B se lee el Evangelio de San Lucas sobre la presentación en el templo de Jesús. El episodio de la huida a Egipto, de San Mateo, es propio el ciclo A, pero es importante reseñarlo hoy aquí, para tener una impresión mas completa de como fueron los primeros años de esa Familia Sagrada.

3.- Hay otro reflejo interesante y es meditar pausadamente sobre la familia de Nazaret, sobre el crecimiento de Jesús y sobre su aprendizaje profesional y vital. Tampoco hay muchos datos sobre la larga estancia de la Sagrada Familia en Nazaret. Los Evangelios solo hablan de la subida a Jerusalén, de la desaparición de Jesús y de su estancia en el Templo. Durante un tiempo esas jornadas familiares en Nazaret fueron suplidas por los piadosos relatos de los evangelios apócrifos. No es posible establecer su verosimilitud y tampoco es importante que no sean hoy conocidos. Es fácil pensar, con nuestra propia imaginación, el tiempo maravilloso de la infancia, adolescencia y primera juventud del Salvador. La ventaja es que, sobre la base del amor y de la adoración al Salvador, podemos "construir" nuestro propio relato. Durante muchos años la preocupación por lo ocurrido en esos tiempos de Nazaret produjo, como decíamos, una enorme cantidad de textos apócrifos, sin duda muy piadosos y bellamente ingenuos, pero sin rigor documental, canónico o histórico.

4.- La importancia del Evangelio de Lucas es tanta que el parlamento expresado ante la Virgen por Simeón, el "Nunc Dimitis", se constituyó en uno de los primeros himnos litúrgicos de la Iglesia y es utilizado por millones de cristianos --consagrados o no-- que siguen la Liturgia de las Horas como oración final del Oficio de Completas, la plegaria que se hace poco antes de iniciar el sueño. Simeón exclama, lleno del Espíritu Santo: "Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel". Pero también va a dar conocer, proféticamente, a la Virgen Maria la contradicción de la vida de Jesús. Viene a salvar al mundo, pero una parte de ese mundo declinará dicha gracia y dirá a Maria que su Hijo "está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma". La escena del Gólgota, la crucifixión del Salvador, será la espada que atravesará el alma de Maria. Es obvio que en la vida familiar existen luces y sombras. No hay familia que no tenga sufrimientos, como asimismo goza de las alegrías de una vida en común.

6.- Tanto la primera lectura como la segunda de este domingo son comunes en todos los ciclos litúrgicos. El texto que hemos oído en primer lugar es del Libro del Eclesiástico y son consejos para la armonía familiar. Ya el pueblo judío reconoció desde históricamente muy temprano la importancia de la familia. Los consejos que nos da este texto son perfectamente aplicables a nuestro tiempo y debemos de tenerlos muy en cuenta. En el fragmento de la Carta de Pablo a los Colosenses da consejos para conseguir la concordia entre los primeros cristianos. Dichos consejos no "superaban" el ámbito familiar porque la vida de las primitivas iglesias era como la de una familia santa. No es mal "espejo" para hoy. Hace falta en nuestras comunidades religiosas una mayor hermandad, una vida de familia que hoy no existe. Las recomendaciones de Pablo de Tarso incluye en dicha "actividad familiar" la Liturgia con la alusión a la Acción de Gracias. Finalmente, da algunos consejos muy oportunos para estos tiempos, pero que, tal vez, son poco apreciados por las familias, las parejas o las mujeres de hoy. Dice Pablo: "Mujeres, vivid bajo la autoridad de vuestros maridos, como conviene en el Señor. Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas. Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, que eso le gusta al Señor. Padres, no exasperéis a vuestros hijos, no sea que pierdan los ánimos". Pablo tenia un sentido de la familia basada en la propia estructura de la Iglesia. Cristo era la cabeza de ella, lo mismo que el marido era la cabeza de la familia. No se trata de que la mujer no acceda a sus derechos de igualdad. El mensaje de hoy es que la familia necesita amor y armonía. Y esa armonía se consigue con un cierto orden. Haría falta, pues, un núcleo coherente en el interior de la familia que evitase cualquier dispersión. ¿A quien le toca hoy ser cabeza de familia? Pues a quien pueda acometer esa labor o tenga vocación por ella. Da igual que sea la mujer o el hombre. La oración dirigida a la Familia de Nazaret, que es nuestra Familia, nos servirá para conseguir nuestros propósitos de paz y amor en el entorno familiar.


LA HOMILIA MÁS JOVEN


LA SAGRADA FAMILIA

Por Pedrojosé Ynaraja

1.- En la distribución de los mandamientos, nosotros, los católicos occidentales, lo hacemos en dos compartimentos. En el primero ponemos 3 y decimos que son los mandamientos referidos a Dios. En el otro ponemos 7 y decimos que son los referentes al prójimo y, entre estos ponemos el mandamiento de honrar a los padres. En la distribución que hacen los judíos a este último lo ponen en la primera tabla, porque dicen que honrar a los padres es un precepto que pertenece a Dios.

Padres e hijos juntos, forman una familia. A veces se añaden a ellos los abuelos y es una buena práctica, si ellos lo necesitan. A esto, frívolamente, muchos le llaman la familia tradicional, como si se debiera actualizar, modernizar y modificar esta manera de vivir.

2.- Es bueno que hoy nos preguntemos ¿Cómo debe ser una familia? En este terreno nosotros los cristianos no debemos buscar inventos. Es preciso aprender de Dios mismo, pues, al venir al mundo, lo hizo perteneciendo a una familia y pasando la mayor parte de su vida en vida familiar. José, seguramente, murió cuando Jesús era joven. María quedo viuda, sin desamparar nunca a su hijo. Lo acompañó, al principio de su vida apostólica, en aquellas bodas de Caná y, sabiendo ya la categoría que tenia, intercedió a favor del honor de los recién casados. Lo defendió cuando los parientes creían que estaba loco y por encima de todo lo acompañó en el momento de su muerte. Esta familia a la que llamamos sagrada, ha de ser ejemplo para todos nosotros. Que los demás llamen familia a lo que quieran, las nuestras han de ser imitación de la de Nazaret. Y cualquiera de vosotros, cuando no sepa que decisión tomar, ha de imaginarse que está allí y preguntarse ¿Qué haría Jesús, si se encontrara en mi situación? Imaginarse y rezar para obtener ayuda ha de ser nuestra costumbre. Los ordenadores evolucionan de tal manera que al poco de comprar uno ya sale otro modelo. Pero los ordenadores son fruto de la técnica, la familia en cambio un querer de Dios. Si esto lo tuvieran siempre presente los hijos, si esto lo tuvieran presente los esposos, no habría tantos disgustos, ni tantos divorcios. Pueden cambiar los domicilios, puede cambiar la manera de vestir o los horarios, pero el amor filial, el maternal y el paternal, no debe cambiar. Hoy vosotros, aunque seáis jóvenes, debéis preguntaros ¿Cómo quiero que sea la familia que yo formaré? Y aprovechad el día para pedir ya ahora al Señor que cuando os caséis seáis muy fieles a su ejemplo.

3.- En el evangelio se nos cuenta que fueron los padres con su hijo a ofrecerlo al Templo. La distancia no era grande, unos 10 Km., con seguridad la harían muy emocionados. Como no eran ricos, ofrecieron un par de tórtolas o dos pichones, y cuando marchaban satisfechos, por aquella gran explanada se encontraron a dos viejecitos. La gente dice riéndose, que los ancianos son como niños, y no les hace caso. Pero los abuelitos de Jerusalén tenían una larga vida de fidelidad a Dios y por eso en aquel momento se convirtieron en los primeros profetas del Nuevo Testamento en Jerusalén. Uno le hablo con mucha seriedad a la joven madre, de los sufrimientos que le ocasionaría su hijo. Se atrevió a evangelizar a la Virgen, ¡ya es valentía hacerlo! Pero si así fue es porque había pasado su vida siendo fiel a Dios y había recibido con confianza las confidencias que el Espíritu Santo le había hecho. La otra, sin sentir vergüenza, continuó lo que habían iniciado los ángeles en Belén y se puso a anunciar las maravillas de aquella Criatura, la primera mujer apóstol, como más tarde lo sería Maria Magdalena.

4.- Con estos inicios, no es extraño que esta menudita familia fuera creciendo y fueran un ejemplo para todos los creyentes de todas las épocas. No os dejéis engañar. Los grandes deportistas, los mayores ricos, los más poderosos políticos, pueden hacerse famosos un momento, pero pronto la gente se olvida de ellos y son superadas sus conquistas. Y lo que hicieron pronto deja de ser importante. Han pasado 2000 años y todavía la vida de la Sagrada Familia, es un ejemplo que nos sirve para imitarlos y lograr ser felices.