BENEDICTO XVI PUBLICARÁ SU PRIMERA ENCÍCLICA EN ENERO

CIUDAD DEL VATICANO (ZENIT.org).- El portavoz de la Santa Sede ha revelado que Benedicto XVI publicará su primera encíclica en el mes de enero con el título «Deus Caritas est» («Dios es amor»). Según reveló Joaquín Navarro-Vals a las agencias de noticias italianas ANSA y Apcom, el documento ha sido firmado por el Papa en este día de Navidad. La decisión de hacerla pública en enero se debe al hecho de que el Papa publicará importantes documentos en estos días, reveló Navarro-Valls, según afirma Apcom. En diciembre, además de sus discursos para las celebraciones navideñas, el Papa ha publicado el mensaje para la Jornada Mundial de la Paz y su balance del año 2005 realizado junto a la Curia Romana, etc. Según estas fuentes de prensa, la decisión de aplazar la salida de la encíclica la adoptó personalmente el Papa. La primera redacción de la encíclica, en alemán, fue escrita por el Santo Padre el pasado verano, durante sus vacaciones en el Valle de Aosta. Juan Pablo II publicó catorce encíclicas en sus veintiséis años de pontificado.


HOMILÍA DEL PAPA EN LA MISA DE NOCHEBUENA

CIUDAD DEL VATICANO (ZENIT.org).- Publicamos la homilía que pronunció Benedicto XVI en la misa del Gallo en la Nochebuena, celebrada en la Basílica de San Pedro del Vaticano.

TEXTO ÍNTEGRO DE LA HOMILIA

"El Señor me ha dicho: Tu eres mi hijo, yo te he engendrado hoy". Con estas palabras del Salmo segundo, la Iglesia inicia la Santa Misa de la vigilia de Navidad, en la cual celebramos el nacimiento de nuestro Redentor Jesucristo en el establo de Belén. En otro tiempo, este Salmo pertenecía al ritual de la coronación del rey de Judá. El pueblo de Israel, a causa de su elección, se sentía de modo particular hijo de Dios, adoptado por Dios. Como el rey era la personificación de aquel pueblo, su entronización se vivía como un acto solemne de adopción por parte de Dios, en el cual el rey estaba en cierto modo implicado en el misterio mismo de Dios. En la noche de Belén, estas palabras que de hecho eran más la expresión de una esperanza que de una realidad presente, han adquirido un significado nuevo e inesperado. El Niño en el pesebre es verdaderamente el Hijo de Dios. Dios no es soledad eterna, sino un círculo de amor en el recíproco entregarse y volverse a entregar. Él es Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Más aún, en Jesucristo, el Hijo de Dios, Dios mismo se ha hecho hombre. El Padre le dice: "Tu eres mi hijo". El eterno hoy de Dios ha descendido en el hoy efímero del mundo, arrastrando nuestro hoy pasajero al hoy perenne de Dios. Dios es tan grande que puede hacerse pequeño. Dios es tan potente que puede hacerse inerme y venir a nuestro encuentro como niño indefenso, a fin de que podamos amarlo. Es tan bueno que puede renunciar a su esplendor divino y descender a un establo para que podamos encontrarlo y, de este modo, su bondad nos toque, nos sea comunicada y continúe actuando a través de nosotros. Esto es la Navidad: "Tu eres mi hijo, hoy yo te he engendrado". Dios se ha hecho uno de nosotros, para que podamos estar con Él, llegar a ser semejantes a Él. Ha elegido como signo suyo al Niño en el pesebre: Él es así. De este modo aprendemos a conocerlo. Y sobre todo niño resplandece algún destello de aquel hoy, de la cercanía de Dios que debemos amar y a la cual hemos de someternos; sobre todo niño, también sobre el que aún no ha nacido.

Escuchemos una segunda palabra de la liturgia de esta Noche santa, tomada en este caso del Libro del profeta Isaías: "Sobre los que vivían en tierra de sombras, una luz brilló sobre ellos" (9,1). La palabra "luz" impregna toda la liturgia de esta Santa Misa. Se alude a ella nuevamente en el párrafo tomado de la carta de san Pablo a Tito: "se ha manifestado la gracia" (2,11). La expresión "se ha manifestado" proviene del griego y, en este contexto, significa lo mismo que el hebreo expresa con las palabras "una luz brilló"; la "manifestación" – la "epifanía" – es la irrupción de la luz divina en el mundo lleno de oscuridad y problemas sin resolver. En fin, el Evangelio relata cómo la gloria de Dios se apareció a los pastores y "los envolvió en su luz" (Lc 2, 9). Donde se manifiesta la gloria de Dios, se difunde en el mundo la luz. "Dios es luz, en Él no hay tiniebla alguna", nos dice san Juan (1 Jn 1,5). La luz es fuente de vida.

Pero luz significa sobre todo conocimiento, verdad, en contraste con la oscuridad de la mentira y de la ignorancia. Así, la luz nos hace vivir, nos indica el camino. Pero además, en cuanto da calor, significa también amor. Donde hay amor, surge una luz en el mundo; donde hay odio, el mundo queda en la oscuridad. Ciertamente, en el establo de Belén ha aparecido la gran luz que el mundo espera. El aquel Niño acostado en el pesebre, Dios muestra su gloria: la gloria del amor, que se da como don a sí mismo y que se priva de toda grandeza para conducirnos por el camino del amor. La luz de Belén nunca se ha apagado. Ha iluminado hombre y mujeres a lo largo de los siglos, "los ha envuelto en su luz". Donde ha aparecido la fe en aquel Niño, ha florecido también la caridad: la bondad hacia los demás, la atención solícita a los débiles y los que sufren, la gracia del perdón. A partir de Belén, una estela de luz, de amor y de verdad impregna los siglos. Si nos fijamos en los santos –desde Pablo y Agustín a san Francisco y santo Domingo, desde Francisco Javier a Teresa de Ávila y Madre Teresa de Calcuta-, vemos esta corriente de bondad, este camino de luz que se inflama siempre de nuevo en el misterio de Belén, en el Dios que se ha hecho Niño. Contra la violencia de este mundo, Dios opone en aquel Niño su bondad y nos llama a seguir al Niño.

Junto con el árbol de Navidad, nuestros amigos austriacos nos han traído también una pequeña llama que encendieron en Belén, queriendo decir así que el verdadero misterio de la Navidad es el resplandor interior que viene de este Niño. Dejemos que este resplandor interior llegue a nosotros, que prenda en nuestro corazón la lumbrecita de la bondad de Dios; llevemos todos, con nuestro amor, la luz al mundo. No permitamos que esta llama luminosa se apague por las corrientes frías de nuestro tiempo. Que la custodiemos fielmente y la ofrezcamos a los demás. En esta noche en que miramos hacia Belén, queremos rezar de modo especial también por el lugar del nacimiento de nuestro Redentor y por los hombres que allí viven y sufren. Queremos rezar por la paz en Tierra Santa: Mira, Señor, este rincón de la tierra, al que tanto amas por ser tu patria. Haz que ella resplandezca la luz. Haz que la paz llegue a ella.

Con el término "paz" hemos llegado a la tercera palabra clave de la liturgia de esta Noche santa. El Niño que anuncia Isaías lo llama él mismo "Príncipe de la paz". De su reino se dice: "La paz no tendrá fin". En el Evangelio, se anuncia a los pastores la "gloria de Dios en lo alto del cielo" y la "paz en la tierra". Antes se decía: "a los hombres de buena voluntad"; en las nuevas traducciones se dice: "a los hombres que él ama". ¿Por qué este cambio? ¿Ya no cuenta la buena voluntad? Formulemos mejor la pregunta: ¿Quienes son los hombres que Dios ama y por qué los ama? ¿Acaso Dios es parcial? ¿Ama tal vez sólo a determinadas personas y abandona a las demás a su suerte? El Evangelio responde a estas preguntas presentando algunas personas concretas amadas por Dios. Algunas lo son individualmente: María, José, Isabel, Zacarías, Simeón, Ana, etc. Pero también hay dos grupos de personas: los pastores y los sabios del oriente, los llamados reyes magos. Detengámonos esta noche en los pastores. ¿Qué tipo de hombres son? En su ambiente, los pastores eran despreciados; eran considerados poco de fiar y en los tribunales no se les admitía como testigos. Pero ¿quiénes eran en realidad? Ciertamente no eran grandes santos, si con este término se entiende personas de virtudes heroicas. Eran almas simples. El Evangelio destaca una característica que luego, en las palabras de Jesús, tendrá un papel importante: eran personas vigilantes. Esto vale ante todo en su sentido exterior: por la noche velaban cercanos a sus ovejas. Pero también tiene un sentido más profundo: estuvieron disponibles para la palabra de Dios. Su vida no estaba cerrada en sí misma; tenían un corazón abierto. De algún modo, en lo más íntimo de su ser, le estaban esperando. Su vigilancia era disponibilidad; disponibilidad para escuchar, disponibilidad para ponerse en camino; era espera de la luz que les indicara el camino. Esto es lo que a Dios le interesa. Él ama a todos porque todos son criaturas suyas. Pero algunas personas han cerrado su alma; su amor no encuentra en ellas resquicio alguno por donde entrar. Creen no necesitar a Dios; no lo quieren. Otros, quizás moralmente igual de pobres y pecadores, al menos sufren por ello. Esperan en Dios. Saben que necesitan su bondad, aunque no tengan una idea precisa de ella. En su espíritu abierto a la esperanza, puede entrar la luz de Dios y, con ella, su paz. Dios busca a personas que sean portadoras de su paz y la comuniquen. Roguémosle para que no encuentre cerrado nuestro corazón. Esforcémonos por ser capaces de ser portadores activos de su paz, precisamente en nuestro tiempo.

Además, la palabra paz ha adquirido un significado del todo especial para los cristianos: se ha convertido en un nombre para designar la Eucaristía. En ella está presente la paz de Cristo. Mediante todos los lugares donde se celebra la Eucaristía, se extiende en el mundo entero como una red de paz. Las comunidades reunidas en torno a la Eucaristía son un reino de paz vasto como el mundo. Cuando celebramos la Eucaristía nos encontramos en Belén, en la "casa del pan". Cristo se nos da, y con ello nos da su paz. Nos la da para que llevemos la luz de la paz en lo más hondo de nuestro ser y la comuniquemos a los otros; para que seamos agentes de la paz y contribuyamos así a la paz en el mundo. Por eso rogamos: Cumple tu promesa, Señor. Haz que donde hay discordia nazca la paz; que surja el amor donde reina el odio; que se haga luz donde dominan las tinieblas. Haz que seamos portadores de tu paz. Amén.

[Traducción del original italiano distribuida por la Santa Sede]


JOSEFA SEGOVIA: «UN NUEVO MODO DE SER MUJER QUE ES CAMINO DE SANTIDAD»

Entrevista a Loreto Ballester, directora de la Institución Teresiana

ROMA (ZENIT.org).- El pasado 19 de diciembre, Benedicto XVI autorizó al cardenal José Saraiva Martins, prefecto de la Congregación de las Causas de los Santos, a publicar el decreto de virtudes heroicas de María Josefa Segovia Morón, primera directora de la Institución Teresiana. Su actual sucesora, Loreto Ballester, hace para Zenit una lectura del personaje, y comunica lo que supone este nuevo paso hacia el reconocimiento que hace la Iglesia de la santidad de esta mujer singular.

Loreto Ballester Raventós, de 61 años, es catedrática de Química Inorgánica en la Universidad Complutense de Madrid, realiza programas de investigación de alcance nacional e internacional y es autora de numerosas publicaciones científicas en las áreas de investigación y renovación didáctica. Ha sido profesora invitada o ha realizado estancias de investigación, en Inglaterra, Italia, República Checa y Bulgaria. Desde 2000, es directora de la Institución Teresiana.

--¿Qué significado tiene para la Institución Teresiana este nuevo paso en el proceso de Josefa Segovia?

--Loreto Ballester: Un fuerte sentimiento de alegría compartido por las personas formadas en la Institución Teresiana, muchas de ellas comprometidas actualmente en su misión, que agradecen a la Iglesia este nuevo paso hacia el reconocimiento de esta mujer como modelo de referencia creyente y laical. «Hemos abierto un camino nuevo en la Iglesia», decía san Pedro Poveda, sacerdote impulsor del laicado, que en 1911 en Oviedo iniciaba las Academias Teresianas para la formación de mujeres que desarrollarían su profesión en la enseñanza del Estado, y en otras instancias de la sociedad.

A Josefa Segovia, directora de la Institución Teresiana desde 1919, que en 1923 presentó la Obra a SS Pío XI para la aprobación pontificia, correspondió hacer realidad este camino nuevo, tal como lo afirmó el fundador: «En ti está encarnado el espíritu de la Institución Teresiana». Su figura de mujer, en un tiempo de silencio, como es el primer tercio del siglo XX, es pionera de aquellas que salen del ámbito familiar al público y muestra que la mujer puede aportar una nueva manera de estar en el mundo y en la Iglesia. Y este nuevo modo de vivir un seguimiento apasionado de Cristo, a lo Teresa de Jesús, siglos más tarde, es camino de santidad.

--Usted es educadora y también lo fue Josefa Segovia. ¿Qué rasgos destacaría de las dotes de educadora de Josefa Segovia?

--Loreto Ballester: La dimensión educadora, es algo connatural a ella, forma parte de su ser. Con una extraordinaria capacidad de comunicación, todo en ella, su mirada, sus gestos, sus palabras vivas, transmitían sentido, despertaban nuevas energías, formaban. Era mujer de lo concreto, de lo cercano y, al mismo tiempo, su hacer y proyectar aportaba direccionalidad. Acogía en su corazón entrañable, al tiempo que lanzaba, proyectaba, dirigía. Sobresalía en la calidad de sus relaciones, con la capacidad singular de hacer sentir a cada persona, y a cada pueblo y cultura, la dignidad más profunda otorgada por el Dios y Padre de misericordia. Con esta fuerza, pedía también la coherencia de vida, la formación sólida, la responsabilidad social, la fe formada y vivida. Siempre «levantaba» e invitaba a «levantar», partiendo de una mirada profunda y positiva las personas y las situaciones, y acompañaba en el camino. Así actuaba con su familia, con las estudiantes universitarias de Madrid, con las maestras de las Escuelas rurales de las que era inspectora. También con muchos sacerdotes con los que tuvo profunda comunicación. Por ello su personalidad atraía, fascinaba, dejaba huella profunda. Una huella que siempre orientaba, favorecía el encuentro con Dios.

--Josefa Segovia fue pionera, con un feminismo 'sui generis', que no la llevó a competir, sino a demostrar sus cualidades como intelectual, dirigente sin tutelas, tras la muerte del fundador, de una asociación laical internacional. Esto ha hecho que las mujeres de la Institución Teresiana sean hoy, según afirman muchos, una fuerza transformadora allí donde realizan su misión. La promoción de las mujeres ¿es un rasgo fundamental de su carisma personal?

--Loreto Ballester: Sí. Podemos decir que es este un rasgo fundamental del carisma teresiano. Poveda elige como referente para su Institución a una mujer, arraigada profundamente en Dios que busca la renovación y la revitalización de las estructuras en las que vive, Teresa de Jesús. La propone como modelo a las jóvenes profesoras que, con él, comienzan la aventura educativa de las Academias, ámbitos de vida y formación de las jóvenes que accedían a sus estudios de Magisterio y a la Universidad. Josefa Segovia a quien P. Poveda encomienda la dirección de la Academia de Jaén, recién terminados sus estudios en la Escuela Superior del Magisterio de Madrid, posee ese «quid», tan singular. Su experiencia personal y la que le proporcionó el contacto con alumnas y con maestras siendo inspectora de enseñanza primaria, los debates ideológicos de su tiempo, fueron afianzando en ella la urgencia de contribuir más y con mejores medios al despertar cultural y social de las mujeres. Pensaba que para lograrlo había que atreverse a romper con un modo reductivo de entender el destino de las mujeres, y apostar por una preparación que permitiera modificar este destino. Ella misma realizó estudios de nivel superior, para los que apenas se contaba entonces con precedentes y con modelos femeninos. Fue esa inquietud personal, compartida con otras profesionales de la educación, la que la llevó a implicarse en los proyectos educativos iniciados por Pedro Poveda en 1911, incorporándose a la Institución Teresiana.

Como Directora de la misma, desde 1919 y hasta su muerte, alentó un asociacionismo femenino que favoreciera la implicación y el protagonismo de las mujeres en diferentes ámbitos de la sociedad, a través del ejercicio profesional y de la participación en la vida pública. Contribuyó igualmente a la creación de centros que apoyaran el acceso y la presencia de un número creciente de mujeres jóvenes a la educación superior, lo que hizo posible a lo largo de su vida en numerosas provincias españolas y en otros veinte países de cuatro continentes. Mujeres con cuidada preparación, capaces de dialogar y de proponer, para las que la experiencia de la fe se compagina con una profunda preparación cultural y científica, era el programa que presentaba como bagaje para el protagonismo al que debían sentirse llamadas en la vida social, en el trabajo, en la familia, en los propios itinerarios biográficos. Desde el principio, las iniciativas de la Institución Teresiana fueron dirigidas a muchas mujeres decididas a orientar sus vidas desde perspectivas más amplias que las ofrecidas por el entorno social de su época.

Hoy las circunstancias han cambiado en numerosos países respecto a la situación de las mujeres, y donde aún no se ha producido, ese mismo objetivo sigue acompañando los proyectos que desarrolla. Y no deja de participar –en los foros académicos, en los debates sociales, y con intervenciones en realidades concretas- en los nuevos caminos que hay que recorrer para que las mujeres puedan, siendo ellas mismas, ser consideradas y reconocidas en sus aportaciones y dinámicas especificas. La visión y misión de la Institución, para mujeres y varones, sigue teniendo, respecto a la mujer, el horizonte expresado por una anterior directora de la Institución, Ángeles Galino: «Poveda --escribe en 2002- aborda el problema femenino desde dos puntos principales: la educación y el trabajo (...) pero ha hecho algo mejor, ha interpelado a la mujer, ha puesto en manos de mujeres la dirección de la búsqueda y el descubrimiento de su propia identidad»

--A Josefa Segovia tocó tras la muerte de san Pedro Poveda, recoger una asociación golpeada por la guerra y llevarla a muchos países. ¿Cree que Josefa Segovia previó un mundo futuro más globalizado, en el que se necesitaba el diálogo entre razas, pueblos, culturas, generaciones?

--Loreto Ballester: «Globalizado» es un término muy reciente que corresponde a parámetros de nuestro momento histórico, sin embargo el horizonte al que remite en cuanto a diversidad, y a las posibles maneras de vivirla, sí podemos decir que J. Segovia lo intuyó. Los estudios realizados en su tiempo, su mente abierta, el contacto con personas de diferentes contextos, los viajes que realizó a varios países de Europa, América, Medio Oriente (Tierra Santa), su participación en encuentros y congresos de cultura y espiritualidad y, en otro sentido, me atrevería a decir que también su propia experiencia de Dios y su vivencia eclesial, nos hablan de ello.

Su compromiso personal y el impulso dado a la Institución Teresiana muestra su visión de un mundo más interdependiente, abierto a otras culturas, a otras razas y pueblos, necesitado de diálogo, de colaboración, y de la riqueza que genera un hacer en el que intervienen personas adultas y jóvenes, en el que se entrelaza experiencia y entusiasmo, reflexión y creatividad, sentido de la realidad y actitud de riesgo. Resulta muy elocuente que, en una de las últimas grabaciones que se conservan de ella, reflexiona precisamente sobre este tema. Pone de relieve la necesidad del diálogo de la diversidad, de la comunicación intergeneracional y, con una apertura y una visión casi profética, entra muy a fondo en lo que hoy denominamos pluralismo multicultural y multiétnico. Sin duda ninguna, el tipo de preparación humana, cultural y espiritual que ella propició, las experiencias de vida que ella desarrolló, como clave de una vida «plenamente humana y toda de Dios», llamada a vivir como los primeros cristianos, paradigma claro del Fundador, hablan claramente de personas con visión y con entrenamiento para construir, integrando críticamente la multiculturalidad.

--Se dice que los ámbitos en los que vivió Josefa Segovia se caracterizaron por un cálido ambiente familiar, como el mejor caldo de cultivo educador. ¿Cuáles serían los rasgos teresianos, o si se quiere povedanos, de este ambiente de familia?

--Loreto Ballester: Desde el comienzo de su actividad educativa, Pedro Poveda se pregunta por 'la fisonomía de las Academias'. Fisonomía que es el 'espíritu exteriorizado', añade él, y para describirlo une dos palabras cargadas de significado: fortaleza y amor. Firmes, con fortaleza que hace posible el sacrificio, la paz y al mismo tiempo, suaves, amables, como la sal que al tiempo que preserva y cura, da sabor. Estas son las personas por cuya formación apuesta y estos son los ambientes capaces de configurar personas a las que él mira en el horizonte de plenitud que Dios ofrece a la existencia humana. Ambientes humanos en los que cada uno está llamado a dar cuanto puede y a recibir cuanto necesita. Donde cada uno tiene su lugar, como en el desarrollo de una familia natural. Son ambientes en los que todo lo que constituye la persona entra en juego y en los que se desarrolla lo mejor de cada uno, en los que se genera confianza, alegría, visión positiva de la vida. Ambientes de naturalidad y autenticidad, de acogida incondicional y de memoria permanente de las metas y valores que unen. Por ello son ambientes de comprensión y de exigencia, de fiesta y de compromiso. Seguramente también hoy, como le sucedió a Josefa Segovia y las primeras colaboradoras, nos surge la pregunta a Pedro Poveda de cómo adquirir ese espíritu y fisonomía. Su respuesta fue: el secreto está en poner a Dios en el corazón. Y nuestros esfuerzos y búsquedas siguen siendo también hoy los caminos que abren a la comunicación, al encuentro de cada ser humano, de cada grupo humano, con el Dios que a través de nosotros, como en Jesús, quiere seguir encontrándose con la humanidad de este siglo.


"AÑO VIEJO, VIDA NUEVA"

Reflexión de fin de año del centro de los jesuitas de Cataluña 'Cristianisme i Justicia'

MADRID (IVICON).- El centro de estudios Cristianisme i Justicia, promovido por los jesuitas de Cataluña, ha hecho público este mes de diciembre una "reflexión de fin de año" en el que recoge en "doce flashes de 2005" tanto las "preocupantes sombras" como las "esperanzadoras luces" del año que está a punto de acabar. Por su interés, reproducimos a continuación el texto íntegro de la reflexión, titulada "Año Viejo, Vida Nueva":

Un nuevo año empieza. Otro año viejo que dejamos atrás. Éstas fueron algunas de sus preocupantes sombras, acompañadas de algunas esperanzadoras luces. Doce flashes de 2005:

1) Crispación creciente

A pesar de los esfuerzos de muchos, se ha seguido deteriorando el clima de convivencia política en nuestro país. Hay políticos que parecen interesados en restaurar un ambiente de hostilidad política y división social similar al que hace casi setenta años nos llevó a un conflicto civil que todos creemos haber superado. Igualmente, dirigentes muy relevantes de la Iglesia parecen haber optado por abanderar alguna de las facciones y profundizar en la división en vez de ser signo de diálogo y conciliación. No sabemos si de este modo unos y otros obtendrán el respaldo electoral o la influencia social que pretenden, pero ¿a qué tipo de sociedad conducen estos planteamientos agresivos?

2) Tensión territorial

Este año hemos visto cómo se incitaba al enfrentamiento entre territorios de un modo que no veíamos desde hacía mucho tiempo. El proyecto de estatuto catalán parece haber desatado en muchos una hostilidad que va más allá del contenido concreto de un texto jurídico. Resulta preocupante contemplar cómo nuevos recelos e incomprensiones se suman a los ya existentes y tienden a avivarlos aún más. En cambio, resulta esperanzador el proceso existente en Euskadi, donde se multiplican los rumores de una posible tregua de ETA, la organización terrorista que tanto daño ha causado en las últimas décadas.

3) Desconcierto europeo

Éste ha sido el año en que parece haber embarrancado la Constitución Europea. Los ciudadanos europeos hemos tenido por fin la posibilidad de tomar parte en el debate sobre la identidad y el futuro de Europa. Pero en varios países los descontentos han sido más numerosos y hoy parece improbable que la Constitución llegue a aprobarse. El estancamiento económico de Alemania y Francia y la ausencia de verdaderos líderes europeos han favorecido un cierto desánimo sobre la construcción europea que se ha reflejado en las urnas. El propio debate ha evidenciado la falta de acuerdo sobre aspectos tan esenciales como los límites territoriales de Europa, su alcance social o si el modelo debe ser federal o simplemente cooperativo. Sin embargo, el ámbito internacional (negociaciones con China, la OMC, Kyoto, etc.) ha vuelto a poner de manifiesto la urgencia de que Europa sea un verdadero agente global, un interlocutor capaz de hacerse oír en un mundo globalizado. Un contrapeso al poder de los Estados Unidos que sólo tiene sentido si se mantiene fiel a sus valores fundacionales de paz, justicia y derechos humanos. Europa es luz y aliciente por los valores que simboliza, pero no siempre por las conductas concretas en que se encarnan esos valores.

4) Una valla entre Ceuta y París

Dos caras de la misma moneda: la vergüenza humana de las vallas en Ceuta y Melilla y los sorprendentes episodios de violencia en la banlieu de París. Son los efectos directos de la incesante concentración de los recursos mundiales en manos de unos pocos. Algunos prefieren mirar a otro lado o hacer la facilona y dañina vinculación de inmigración igual a violencia, cuando la única violencia existente es la de la pobreza y la falta de oportunidades que muchos y muchas están destinados a sufrir cotidianamente. Ceuta y Melilla es el rostro de quien está dispuesto a perder la vida en un alambre de espinos, a ser disparado o a ahogarse en una patera por aspirar a una vida digna. París es el estremecedor grito de aquellos a los que les fue negado la oportunidad de ser alguien y quemando coches gritan socorro.

5) Esperanza en Palestina y terror en Iraq

El sangrante conflicto en Palestina nos deja una buena noticia "a medias": el desalojo de Gaza por parte del Gobierno israelí y la esperanza de que la convivencia entre unos y otros será posible algún día. Pero es "a medias" porque están por ver las auténticas intenciones de Israel, recordando que las ocupaciones emprendidas por colonos en Cisjordania han aumentado desde entonces, porque queda el enigma de Jerusalén, y porque más de cuatro millones de refugiados palestinos siguen padeciendo desde hace décadas el sufrimiento del desarraigo. Pero Palestina no está sola en este laberinto llamado Oriente Medio. Iraq siguió derramando sangre de inocentes a manos de unas tropas de ocupación internacionales que no tuvieron el menor reparo en arrasar ciudades enteras como Faluya o incluso reconocieron utilizar la humillación y la tortura como arma de guerra en pleno siglo XXI. Nada que envidiar de Al Qaeda, que también siguió sembrando el terror en Bagdad, Bali o Londres, cobrándose la vida de miles de personas ajenas a este irracional y preocupante teatro de la guerra global.

6) Violencia y paz invisible

Lejos de Iraq y Palestina, otras 21 guerras continuaron generando hambre y sufrimiento en el resto del planeta. Guerras todas ellas invisibles, no mediáticas, inexistentes a ojos de la humanidad: Argelia, Burundi, Costa de Marfil, Nigeria, República Democrática del Congo, Somalia, la región sudanesa de Darfur, Uganda, Colombia, Afganistán, Filipinas, India, Indonesia, Nepal, Sri Lanka, Tailandia, Chechenia, etc. Millones de personas se vieron obligadas a huir de la violencia o fueron víctimas de constantes violaciones de los derechos humanos ante la parsimonia internacional. No obstante, en muchos de estos escenarios surgieron esperanzadoras iniciativas de paz, que aún sin ser publicitadas, supusieron un halo de luz para miles de personas. Especialmente significativo fue el acuerdo de paz en el sur de Sudán que en el mes de enero puso fin a 22 años de guerra, dejando un reguero de más de dos millones de muertos y cuatro millones de desplazados.

7) La guerra del sida y el crimen farmacéutico

El genocidio silencioso del sida volvió a cobrarse la vida de más de seis mil personas cada día, en su mayoría en el continente africano. Tres millones al finalizar el año. Doce paulatinos tsunamis a los que casi nadie prestó la atención ni el esfuerzo debido. Existieron nuevamente pomposas declaraciones, iniciativas sin respaldo financiero y, sobre todo, la alarmante actitud de una industria farmacéutica reticente a abandonar sus privilegios y deseosa de hacer negocio con la desdicha y el descalabro humano. La retención de las patentes que abaratarían los medicamentos antirretrovirales, hoy efectivos y plausibles en Occidente, son más que una quimera para pueblos como el de Zimbabwe, Malawi o Swazilandia, donde el 40% de la población se muere de sida ante la codicia y la maldad de unos pocos.

8) Desastres no tan naturales

A la sombra de los tsunamis en el sur de Asia, que dejaron un desolador balance de 250.000 vidas humanas, otras tragedias como la del Huracán Stan en Guatemala, la del terremoto en Pakistán o las inundaciones en Nueva Orleáns, también segaron la vida de decenas de miles de personas a lo largo del año. De nuevo, los más empobrecidos fueron las principales víctimas de unos fenómenos que, lejos de ser fruto únicamente de la fatalidad, tienen sus raíces en las alteraciones que los seres humanos estamos provocando en el planeta o en la extrema vulnerabilidad de unos países que no gozan de la capacidad necesaria para hacer frente a la adversidad. No obstante, la opinión pública quedó conmocionada ante unas tragedias ya casi convertidas en cotidianas y que merecen la concienciación y la militancia activa de la ciudadanía internacional. En el mismo sentido, la sequía que cada año arrasa con cosechas en el continente africano, dio un toque de atención a España, donde la cuestión del agua fue, con frecuencia, una mera batalla política, en vez de constituir un serio motivo de sensibilización.

9) El escándalo de la pobreza

En este año que termina hemos constatado que desgraciadamente los llamados "Objetivos de Desarrollo del Milenio", fijados para el año 2015, están todavía muy lejos de poderse cumplir. Ésta es, sin duda, la peor noticia del año: ni la reducción de la pobreza, ni la atención primaria de la salud, ni el acceso al agua potable han avanzado del modo que se esperaba, a pesar de la modestia de los objetivos. Resulta inaceptable que los países ricos sigan tratando de imponer sus intereses egoístas en las negociaciones de la OMC, a través de unas ventajas comerciales inaceptables que perjudican gravemente a los miles de millones de personas que viven en la pobreza.

10) El Sur se organiza

Por el contrario, la consolidación del G-20, iniciativa que agrupa a los países en desarrollo más importantes, constituye una de las mejores noticias de 2005. La estrecha colaboración entre ellos hace cada vez más difícil a los países ricos el seguir imponiendo sus intereses económicos en los diferentes ámbitos internacionales. Países tan poblados como China e India (que agrupan al 38% de la población mundial) mantuvieron un elevado crecimiento económico que, aunque por el momento no beneficia a la mayor parte de su población, está destinado a cambiar la faz del mundo.

11) "Paz de Bush" frente a paz ciudadana

Tres planes para gestionar el mundo siguieron estando sobre la mesa. El primero, el proyecto imperial de Bush, que apostó de nuevo por el discurso de la polarización y el miedo, así como por la estrategia del rearme, con niveles ya similares a los de la Guerra Fría. El segundo, el planteado por Naciones Unidas, incapaz de arraigar por la falta de recursos que sufre la organización, por la inexistente voluntad de las potencias que lo rigen y, en definitiva, por la deformación genética que la convierte en inoperante hasta que sea objeto de una profunda y desinteresada reforma. Un tercer plan es el propuesto por los movimientos sociales mundiales reunidos en diferentes partes del mundo desde hace algunos años. Un plan que suscita grandes esperanzas, pero que precisa de una mayor participación y articulación que lo erijan en una fuerte y sólida alternativa a los modelos de construcción del mundo hoy dominantes.

12) ¿Nuevos tiempos para la Iglesia?

La elección del cardenal Ratzinger como nuevo papa Benedicto XVI ha suscitado al tiempo decepción y esperanza. Su perfil conservador no invita a ver en él al reformador que hoy la Iglesia y sus fieles necesitan en beneficio de toda la humanidad. Sin embargo, la sencillez y discreción que ha mostrado hasta hoy permite albergar cierta esperanza de que su pontificado contribuya a que la Iglesia se oriente en una dirección más evangélica, más acogedora y más próxima a los pobres y al seguimiento de Jesús.

Conclusión: Corresponsabilidad y esperanza

Aunque hemos procurado hablar desde la serenidad, el panorama descrito no puede dejar de afectarnos: no podemos leerlo como si fueran noticias deportivas o de meteorología y sería trágico que éstas nos interesaran más que lo que aquí hemos recordado. Sabemos que las causas de muchos de estos males son estructurales y que, por tanto, la responsabilidad de ellos recae mucho más sobre quienes tienen en sus manos la gestión de la convivencia en el planeta y que, con excesiva frecuencia, sólo piensan en su propio poder y en sus intereses grupales. Pero esa insolidaridad de los poderosos se ve acolchada por la insensibilidad de todos nosotros. Y ello es una pena porque hay infinidad de gente buena en nuestro mundo que sacrifica y entrega buena parte de su vida ayudando y aliviando el dolor de muchas de las víctimas con que vamos sembrando la tierra. Si todos nos sumáramos a ellos, aunque fuera parcialmente, su trabajo resultaría mucho más eficaz y se alejaría la tentación de creer que trabajan en vano.

En cualquier caso, quisiéramos concluir con dos verdades elementales. La primera vale para todos: "el que juega con fuego acaba por quemarse". La segunda vale para los creyentes y es una cita del teólogo sudafricano Albert Nolan, escrita en la época del apartheid: "Dios está airado. Dios está literalmente furioso por lo que se está haciendo hoy. Lo digo sin ninguna vacilación".