TALLER DE ORACIÓN

SAN MARTÍN DE PORRES

Por Julia Merodio

El santo que he elegido para nuestra oración de esta semana es: San Martín de Porres, cuya fiesta se celebra el día 3 de noviembre. Este, es un santo muy querido para mí. Desde muy niña me he sentido muy cercana a él y nunca hubiera pensado, tener la suerte de poder escribir sobre su vida. Por eso lo hago con muchísimo cariño y me siento muy afortunada de haber tenido esta oportunidad.

“Nos encontramos ante un santo con una existencia tan fértil de experiencias, prodigios, anécdotas y detalles que es imposible plasmarlas en tan breve espacio de tiempo, pero apuntaré los rasgos que más me han llamado la atención y que tanto han aportado a la historia de la Iglesia.

Estoy segura que muchos de vosotros habréis visto la película de “Fray Escoba”, ella esta basada en la vida de este gran Santo. Un clérigo mulato, cuya vida está plagada de humildad, abnegación y amor a sus semejantes.

Por amor a Cristo asumió sobre sí terribles cargas de miseria, hambre, enfermedades, reproches y acusaciones infundadas. Estoy segura de que os preguntaréis de donde pudo sacar, este fraile dominico, tanta energía y entusiasmo. Pues él mismo lo contesta sin titubear: de Dios, deposito inagotable de amor, fuerza y bondad… del que la multitud de santos se han nutrido y se nutrirán a lo largo de la historia. Fray Martín sentía el sufrimiento ajeno como propio y se sonrojaba cuando le ofrecían tareas “dignas”.

Para Fray Martín, no existieron barreras de credo, de raza, ni de posición social. Él amaba a todas las criaturas de Dios, desviviéndose por ellas.

Tan unido y a la vez desprendido estaba de las cosas de este mundo que, a cada paso, daba lugar a hechos prodigiosos para los que nadie hallaba explicación racional.

SUS VIRTUDES.

La virtud del santo, su intensa vida espiritual, sostenían su entrega, pero sin duda alguna, aquello que más recuerda el pueblo de Lima son sus numerosos milagros. A veces se trataba de curaciones instantáneas, en otras bastaba tan sólo su presencia para que el enfermo desahuciado iniciara un sorprendente y firme proceso de recuperación. Muchos lo vieron entrar y salir de recintos estando las puertas cerradas. Otros lo vieron en dos lugares distintos a un mismo tiempo. Todos, grandes señores y hombres sencillos, no tardaban en recurrir al socorro del santo mulato: "yo te curo, Dios te sana" decía Martín con grande conciencia del inmenso amor del Señor que ha gustado siempre de tocar el corazón de los hombres con manos humanas.

Enfermero y hortelano herbolario, Fray Martín cultivaba las plantas medicinales que aliviaban a sus enfermos. Su amor humilde y generoso lo abarcaba todo: su amabilidad con los animales era fruto de su inmenso amor por el Creador de todas las cosas. El pueblo de Lima venera hoy su dulce y sencilla imagen, con su escoba en la mano dando de comer, de un mismo plato, a perro, ratón y gato.

Tras una vida de honda respuesta a la gracia de Dios, de intensa y perseverante entrega vivida al calor de la caridad y el sacrificio, ya a los sesenta años de edad, Fray Martín cayó enfermo y supo de inmediato que había llegado la hora de encontrarse con el Señor. El pueblo se conmovió, y mientras en la calle toda Lima lloraba, el mismo virrey fue a verlo a su lecho de muerte para besar la mano de quien decía de sí mismo ser un perro mulato, tal era la veneración que todos le tenían. Poco después, mientras se le rezaba el credo, besando el crucifijo con profunda alegría, el santo partió. Pero esta partida no lo alejó de su pueblo quien esperanzado le reza a diario aguardando su tierna intercesión y agradeciendo sus milagros. Fray Martín de Porres, el mulato "santo de la escoba" fue canonizado el 6 de mayo de 1962 por el Papa Juan XXIII”

RECURRIENDO AL CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA

84.- “El depósito Sagrado” contenido en la Sagrada Tradición y en la Sagrada Escritura fue confiado por los apóstoles al conjunto de la Iglesia. “Fiel a dicho depósito, el pueblo cristiano entero, unido a sus pastores, persevera siempre en la doctrina apostólica y en la unión, en la Eucaristía y la oración, y así se realiza una maravillosa concordia de apóstoles y fieles en conservar, practicar y profesar la fe recibida”

127.- El evangelio ocupa en la Iglesia un lugar único; de ello dan testimonio la veneración de que lo rodea la liturgia y el atractivo incomparable que ha ejercido en todo tiempo sobre los Santos:

“No hay ninguna doctrina que sea mejor, más preciosa y más espléndida que el texto del Evangelio. Ved y retened lo que Nuestro Señor y Maestro, Cristo, ha enseñado mediante sus palabras y realizado mediante sus obras” (Santa Cesárea la Joven, Risch)

ABRIENDO LOS OJOS

De nuevo, ante nosotros una vida sorprendente que nos deja asombrados. Pero claro, muchos se dirán: una cosa es vivir en tiempo de San Martín de Porres y otra muy distinta vivir en este momento de la historia ¿A qué persona, por muy fraile que fuera, podrían fotografiar ahora, agarrado a una escoba? Y como se puede ir, hoy a un trabajo con humildad y abnegación… si vas así “te comen”

Ahora tienes que ir al trabajo pisando fuerte, queriendo subir a base… de lo que sea, llevando unos buenos niveles de producción y lo demás son cosas obsoletas que nada tienen que ver con nuestra vida.

Es más cuando alguien intenta decir algo sobre la grandeza de dar, de darse, de ayudar, de esforzarse… a eso le han puesto un nombre muy sugerente “eso es masoquismo” y claro nadie quiere ser: “masoca”

Pero damos un paso más. ¿También está obsoleto el evangelio? Quizá a muchos les parezca que sí, pero sorprende que, esos de los que nada quieren saber de él, lo usen para hacer anuncios de televisión y proclamen sus palabras en discursos públicos, parece sorprendente ¿no os parece? Pues bien, sea de la forma que sea, nosotros hemos elegido, lo mismo que San martín de Porres, tomar como proyecto de vida el evangelio y si bien algunos en público no lo aceptan, incluso nos ridiculizan, más de una vez se preguntan dónde está el secreto para vivir con esa alegría y felicidad.

PASANDO POR LA PUERTA ESTRECHA

“Mientras iban de camino hacia Jerusalén, Jesús enseñaba en los pueblos y aldeas por donde Él pasaba.

Uno le preguntó:

--Señor, ¿Son pocos los que se salven?

Jesús le contestó:

--Esforzaos por entrar por la puerta estrecha, porque os digo que muchos intentarán entrar y no podrán” (Lucas 13, 22 – 25)

Cuando, de verdad quieres vivir coherentemente tu vida el pilar donde ha de cimentarse es el pilar de: la fe. Pero la fe no es algo que tengamos en más o menos medida, el una gracia que, hay que pedir y renovar constantemente. Y sabemos por experiencia que, cuando hemos querido renovar nuestro acto de fe, lo primero que hemos tenido que hacer ha sido, dejar de mirarnos a nosotros mismos para encontrar en todas las cosas a Dios; pero, eso no se puede hacer de golpe, es un proceso en el que advertimos una necesidad de encuentro. Es, como si fuésemos llevados al acercamiento de ese Alguien de quien nos hemos fiado, y en esta experiencia, que va creciendo en silencio, disponibilidad y entrega, nos encontramos con el Señor que está dando vida a cada una de esas etapas por las que discurre nuestra existencia. “En Él somos, nos movemos y existimos”, como nos recuerda S. Pablo.

¡Cuántos actos de fe han tenido que surgir para llegar a esta experiencia! ¡Cuántas vivencias de Dios en nuestro caminar por la vida! Lo que pasa es que siempre llevamos desconectado el “móvil” y por eso no nos llega la comunicación.

Vivir, desde el evangelio, es el mayor don que Dios ha puesto en nuestras manos para vivir por Él, con Él y en Él; pero a ti y a mí, nos corresponde entrar en el silencio que nos ayude a llevarlo a cabo.

Aceptar este planteamiento es admitir el “Hágase de Dios” en nosotros. Es seguir nuestra vida cotidiana, nuestro trabajo ordinario con los ojos puestos en Él y, como dice el evangelio, sin mirar atrás.

Porque la existencia vivida desde la fe, es lo único que nos hace renacer a la novedad Dios: a la misericordia, a la bondad, a la alegría.

Querer ser santo es, dejar de buscar mi provecho para comenzar a esperar que sea Dios es el que aliente mi vida. Esa vida que se medirá por los frutos que deja en el corazón de la persona que ha decidido seguir al Señor con humildad y agradecimiento.

A LOS QUE LLAMÓ LOS PUSO EN CAMINO DE SALVACIÓN

“Asimismo el Espíritu viene en ayuda de nuestra flaqueza, pues nosotros no sabemos orar como es debido y es el mismo Espíritu el que intercede por nosotros. Sabemos, además, que y todo contribuye al bien de los que aman a Dios. Por eso, a los que predestinó los llamó; a los que llamó, los justificó; y a los que justificó, a esos también, los glorificó” (Romanos 8, 26 – 31)

No tenemos nada más que abrir el evangelio, para ver que Jesús no pasa desapercibido. Acaba de ponerse, junto a un grupo de personas y ya hay alguien que ve en él algo especial. Pero su atractivo, no deja indiferente, hace que esa persona quiera conocerlo, seguirle, ser su amigo… ¿Pero si no sabe nada de Él? ¡No importa! La pregunta no se hace esperar ¿Dónde Vives? Tampoco, Jesús, pierde el tiempo. Le mira y le dice ¡Ven y verás!

Jesús ha venido a cumplir la voluntad del Padre y la llevará a cabo hasta el final por eso se hace presente en el Jordán, porque ha comprendido que es el momento de comenzar su misión y Jesús, tiene claro que necesita seguidores, necesita a las personas. Él no es solitario ni, mucho menos, egocéntrico. Él es don, salido de sí, entregado sin límites por amor a todos los hombres.

“Elige a doce para que vivieran con él y después nombrarlos para ser enviados a cumplir una misión” (Lucas 10, 16).

Desde entonces, Jesús no ha dejado de elegir a hombres y mujeres de todos los tiempos para confiarles su misión y enviarles, como a los apóstoles, a predicar la Buena Nueva del Evangelio; son innumerables, pero la Iglesia ha reconocido a multitud de ellos y, son precisamente, estos Santos, los que nos ayudan y empujan a seguir su ejemplo, en lo del seguimiento de Jesús.

Hoy, Jesús, nos elige a ti y a mí y nos dice: venid, y seguidme. Yo os enseñaré, como a ellos, y os enviaré al mundo como portadores de la Buena Noticia. Mas no esperes que Jesús te dé una doctrina sobre Dios. Cuando Jesús llama a seguirle no nos pide que sepamos mucho, ni que tengamos buena presencia, ni don de gentes, ni modelos de última moda. A Jesús le preocupa el cambio de la persona; porque, solamente cuando el ser humano cambie, podrá cambiar la sociedad recuperando los valores perdidos y será capaz de hacer, cada día, un hueco mayor para que vaya entrando en ella, la esencia de las Bienaventuranzas, o lo que es lo mismo: caminar en proceso hacia la santidad.

CAMBIANDO EL CORAZÓN

Si a Jesús le preocupa el cambio de corazón para sus seguidores y nosotros hemos decidido seguirle, bueno será que hagamos silencio y examinemos, cada uno en particular, en qué cosas tenemos que cambiar; para llegar al fin que pretendemos. Aquí os dejo unas pautas para la reflexión y el examen. Estoy segura que, cada uno, añadiréis muchas más.

Sitúate allí donde la vida te ha puesto (familia, trabajo, entorno, amigos...). Piensa que también tú estás allí como “persona en proceso” y en nombre del Señor pregúntate:

¿Soy consciente de que, entre los que me rodean, dejaré inevitablemente una huella buena o mala? ¿Pienso que es lamentable que esa huella sea mala?

Como llamado a la santidad, ¿Procuro, parecerme a Jesús, lo más posible?

Ante San Martín de Porres, nos preguntaremos:

Mirando la manera de Servir.-

-- ¿Considero lo que tengo que hacer como un deber que me hace cada vez más persona, o lo hago con tal desgana que me aplasta cada día?

--¿Soy responsable de lo que tengo que hacer, o procuro ignorarlo esperando que alguien lo haga por mí?

--¿Me escudo en las cosas que hago para eludir otras responsabilidades que me cuestan más esfuerzo o me desagradan?

Ante mi realidad personal.-

-¿Me preocupo de formarme, o creo que ya lo sé todo?

-¿Trato de formarme para mejorar como: padre, madre, esposo/a, hijo/a, religioso/a, sacerdote, joven... como persona?

-¿Cuáles son mis lecturas?

-¿Qué amistades frecuento?

-¿Pertenezco a algún grupo?

-¿Asisto a charlas o conferencias que brinde la parroquia, o impartan personas responsables?

-¿Qué tiempo dedico a la televisión?

-¿En qué ambiente me muevo cuando salgo a divertirme?

Como miembro de una familia.-

-¿Qué lugar ocupa mi familia en mi vida?

-¿Es mi casa una unidad familiar basada en el compartir, en el amor, en el servicio..., o una vivienda donde, cada uno come, se asea, y se va?.

-¿Cómo es mi comportamiento como esposo/a, como padres, como hijos, como familia, como amigos?

-¿Soy con ellos educado, delicado, los quiero, los amo... o simplemente los utilizo?

-¿Soy dialogante o huyo del compartir, cerrándome en mi mismo?

-¿Colaboro con las tareas de casa?

-¿Soy ordenado?

Mis amigos y yo

-¿Elijo bien a mis amigos?

-¿Les ayudo desinteresadamente sin aprovecharme de ellos?

-¿Los critico cuando no están?

-¿Los acepto tal como son, o quiero hacerlos a mi gusto?

-¿Compartimos de vez en cuando lo que es para cada uno la amistad?

Desde mi condición de Bautizado.-

-¿Qué significa para mí ser cristiano?

-¿Me conformo con ir a misa el domingo?

-¿Cómo vivo la Eucaristía? ¿Es para mí una rutina, un aburrimiento... o de verdad la vivo comprometiéndome a hacerla vida?

-¿Recibo con frecuencia el sacramento de la reconciliación, confesándome con humildad y procurando mejorar mis actitudes?

-¿Leo la palabra de Dios?

-¿Hago oración? ¿Cuánto tiempo le dedico?

-¿Hago obras de caridad?

-¿Qué significa para mí ayudar al necesitado?

-¿Ayudo en la parroquia en alguna tarea?

-¿Me he prestado a ello?

Aquí está nuestra libertad y los dos platillos de la balanza. Ya ves, en uno: egoísmo, vagancia, despilfarro, críticas, fama, poder dinero...; en otro: trabajo, ayuda, esfuerzo, donación, amor... En tu caso, personal, ¿cuál de los dos se ha inclinado más? Sea cual sea no te inquietes, toma conciencia de ello y pide al Señor su gracia para ir cambiando tu corazón, renovándote lo más posible. Pero siempre con la seguridad de que Dios te quiere como eres. A ti te toca responder a tantas gracias, con tu sí incondicional salido de lo más profundo de tu ser. Hazlo con la generosidad con que lo hizo: San Martín de Porres.