XXXII Domingo del Tiempo Ordinario
6 de noviembre de 2005

MONICIÓN DE ENTRADA

Bienvenidos a la Eucaristía. Y todos juntos deberíamos reconocer que estamos en la época donde triunfan los sabios. Todo el mundo está ávido de saber. Intentamos que los niños desde pequeños ya lo sepan todo. Solamente los que saben mucho triunfan en la vida. Hay concursos donde se pone a prueba el saber. Cada día se hacen cientos de entrevistas para contratar al que más sabe. Y la palabra de Dios, siempre actual, también nos habla hoy de la Sabiduría. Pero nos habla de una Sabiduría que nos resulta un tanto extraña a los hombres y mujeres de este tiempo de progreso acelerado. Porque esta Sabiduría no pueden enseñarla los libros, ni los hombres de ciencia, ni los doctos en sus reuniones. Esta Sabiduría nace del encuentro con el Señor, de la escucha de su palabra en el silencio de la oración. Nace de estar atento a cada momento de la historia personal para descubrir lo que Él quiere decirnos. Y esa Sabiduría llega a todos, a los pobres, a los marginados, a los cojos, a los ciegos, a los sencillos, a los pequeños… a todos nosotros.


MONICIONES SOBRE LAS LECTURAS

1.- Vamos a escuchar uno de los textos más bellos del antiguo testamento: un fragmento del capítulo sexto del Libro de la Sabiduría. Y hay una invitación a la prudencia que hemos de tener muy en cuenta. Por eso, en este mundo donde imperan las prisas, hoy nos invita a detenernos, a descansar, a calmarnos y sobre todo a estar vigilantes. El Evangelio va a hacer lo mismo: ya que Jesús es la encarnación de la sabiduría divina.

S.- Salmo de oración personal. Uno de los muchos que se utilizaban en la oración individual. Aunque este 62 tiene un especial registro de búsqueda esforzada de Dios, como almas muy necesitadas de la cercanía del Señor. Todos –hoy y siempre—necesitamos de Dios y podemos invocar al Señor como lo hizo el Rey David cuando estaba –sólo y triste—en el desierto.

2.- En la segunda lectura, sacada de la Carta a los Tesalonicenses, San Pablo va refiriéndose al final de los tiempos. En estos últimos domingos del año litúrgico, el Apóstol nos muestra ese camino de salvación en el que, también, la esperanza y la prudencia son factores importantes.

3.- El evangelio de hoy nos invita a revisar dos características esenciales en la vida de un creyente: la prudencia y la esperanza. Teniendo en cuenta que la manera de actuar de Dios no es nuestra manera y su tiempo no es nuestro tiempo. San Mateo nos presenta ya a un Jesús de Nazaret en la cercanía de la Pasión. Y quiere instruir a sus discípulos en esa línea de prudencia y esperanza. La imagen de las vírgenes necias es muy inquietante, pero hemos de tenerlo en cuenta. La salvación tiene su precio y mucho esfuerzo, aunque la inestimable ayuda de Jesús nos facilite ese camino de manera fundamental. Pero hemos de trabajar, ya que si no, corremos el riesgo de irnos vaciando por dentro cada vez más, creyendo que ya habrá alguien que llene nuestras carencias. No nos damos cuenta que hay valores que no se pueden transferir, que cada uno es responsable de su vida ya que lo importante es no suplantar al otro sino ayudarle a encontrar su propio camino.

Lectura de Postcomunión


MONICIÓN

Entre nosotros –sin duda—habrá muchos padres y madres y preocupados por sus hijos. Merece la pena dedicar esta oración a los hijos, en estos momentos de quietud y amor, cuando acabamos de recibir al Señor Sacramentado.

ORACIÓN POR LOS HIJOS

 

Señor, ilumina la mente de nuestros hijos

para que conozcan el camino

que tú has querido para ellos,

para que te puedan dar gloria

y alcancen la salvación.

 

Sostenlos con tu fuerza,

para que alienten en su vida

los ideales de tu Reino.

Ilumínanos también a nosotros,

sus padres, para que les ayudemos

a reconocer su vocación cristiana

y a realizarla generosamente,

colaborando con tus inspiraciones interiores.

Amén


EXHORTACIÓN DE DESPEDIDA

Salgamos alegres del templo. Hemos celebrado todos juntos, como hermanos verdaderos, la asamblea del Gran Amor en la que se hace el milagro de la Presencia de Dios. Jesús nos ha enseñado hoy que debemos tener esperanza y paciencia en la espera. Y eso hemos de enseñarlo nosotros fuera, para llevar a nuestros hermanos un mensaje de paz, alegría y confianza.