Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo
29 de mayo de 2005

MONICIÓN DE ENTRADA

Hoy es Corpus Christi. Un día grande, un día para caer de rodillas ante la grandeza del Dios-Amor; un día de adoración, un día para reconocer que sólo Dios es Dios y la adoración, nuestro primer deber. Los cristianos de hoy hablamos mucho de Dios, hacemos muchas cosas por Él; pero hemos perdido el privilegio de hablar con el Señor y de adorarle. Recibamos al sacerdote llenos de paz y alegría, sin perder de vista que adorar a Cristo no sólo es un deber de seres agradecidos, creados por Él, sino que es la forma más elevada de nuestra condición de hombres y mujeres libres.


MONICIONES SOBRE LAS LECTURAS

1.- La primera lectura, sacada del Libro de Deuteronomio, nos lleva al desierto, porque el desierto ayuda a vivir con intensidad, ayuda a vivir el momento presente, ayuda a dar sentido a nuestra sed, nos recuerda nuestras carencias y nos encamina a la interminable sorpresa que da la búsqueda de un sustento gratuito capaz de saciar nuestra hambre de lo auténtico.

2.- Y el punto de unión de la primera lectura con la segunda, que procede de la primera carta del Apóstol San Pablo a los Corintios es éste: "El Cáliz de nuestra acción de gracias". Porque comer el mismo pan y beber el mismo vino en la Eucaristía compromete a una sólida comunión, no sólo superficial durante la liturgia, sino auténtica en nuestra propia vida.

S.- El salmo 147 del salterio judío corresponde a dos del salterio cristiano, tras la Vulgata: el 146 y el 147. Nosotros hoy recitamos “nuestro” 147 que se inicia en el versículo 12 del 147 judío. El texto exalta al Señor, Dios, al Salvador de Israel. Qué manifestó todo su poder en la creación y su amor y ternura al favorecer a los pobres y a los humildes. Ese poder y amor, para nosotros, está representado en el gran milagro que es la permanencia de Cristo en el Sacramento del Pan y el Vino santos.

3.- En el Evangelio que oiremos ahora procede del Capítulo Sexto del Apóstol San Juan: Jesús se proclama sin rodeos que es el Pan Vivo bajado del cielo y es lo que produce en nosotros la vida eterna. Por eso la Eucaristía es la celebración de la vida, y así la comunidad cristiana que se congrega para celebrarla se acerca a un Dios próximo y lleno de amor y recibe la seguridad de sentirse amada, perdonada, purificada y feliz.

 


Oraciones para la Bendición con el Santísimo en el Año de la Eucaristía

Por Javier Leoz

 

1.- ORACION, ANTE EL SANTISIMO

No te quedes, Señor, en la soledad de un templo vacío

y, en esta hora, más que nunca

desciende a los áridos y complicados caminos

donde se debate el presente y el futuro del hombre.

Baja, Señor, y comparte la existencia de aquellos que buscan,

en la vida y con su vida, una razón para nunca perderte.

No te quedes, Señor, en el silencio que algunos pretenden imponerte:

¡Habla! ¡Bendice! ¡Camina junto a nosotros!

 

Nunca, como hoy, el mundo vacío necesita llenarse de algo.

No permitas, Señor, que tu Cuerpo se haga invisible

después de haberte multiplicado en la gran mesa de tus invitados.

No permitas, Señor, que tu Sangre quede paralizada por la vergüenza

y la falta de valentía, de aquellos que decimos creer y seguirte.

No permitas, Señor, que tu Palabra quede enmudecida

por otras que son falsas y que no conducen a nada.

¡Quédate, Señor, con nosotros!

 

Sin tu Eucaristía, el corazón se enfría

Sin tu Palabra, el pensamiento se racionaliza y endurece

Sin tu presencia, se hace menos fraterno

y más egoísta el caminar de cada jornada

¡Quédate, Señor, con nosotros!

 

Bendícenos en esta mañana radiante y jubilosa

Penétranos con un nuevo afán evangelizador

Llénanos de vitalidad evangélica

Danos y auméntanos el gusto por la Eucaristía

¡Quédate, Señor, con nosotros!

 

Haz que, cada plaza y cada calle, por donde Tú hoy caminas

sean una llamada a no dormir el mensaje de salvación que nos traes.

Hoy, prometemos ante tu custodia, Rey de reyes:

ser tu cuerpo allá donde alguien necesite tu mano

ser tu Palabra, allá donde brote el desaliento

ser tu rostro, allá donde exista el absurdo y el sin sentido

Hoy, ante tu altar, Señor,

déjanos prometer aquello que nos falta

para ser auténticos miembros de tu pueblo;

déjanos convencernos que, con la Eucaristía,

es como más y mejor se viven los ideales de una nueva humanidad.

Pues bien sabemos, Señor, que la Eucaristía es mirada hacia el cielo

para desbordarse luego, amando, hacia la tierra.

 

Haz, Señor, que nuestros corazones

queden, ante la grandeza de tu presencia,

tocados por tu gracia, iluminados por tu luz,

fortalecidos por tu pan, ilusionados con tu Palabra,

y dispuestos a abrirse ante aquellos hermanos

y situaciones que nos reclaman.

 

Hace un momento, Señor, nos has recordado:

“esto es mi cuerpo” “ésta es mi sangre”

haz, que nunca olvidemos, que también nosotros

estamos llamados a ser tu cuerpo y, también tu sangre,

en esta realidad que nos toca vivir.

Quédate con nosotros, Señor.

Amén.

 

2.- SALES SEÑOR DE TU TEMPLO

Limitado por cuatro  paredes,

a nuestras calles que no conocen techo, cota ni altura

para hacernos entender que la fe

hay que llevarla  y clavarla en  la vida

y que, la existencia del hombre, se hace mas santa

cuando se apura el cáliz de tu sangre;

que, el día a día, se hace más fuerte

cuando se come el pan que deja de serlo

en uno de los mayores sagrados misterios

 

Saltas, hoy señor, a nuestras plazas

y te seguimos tan de cerca, como lo hicieron

tus amigos de entonces:

al tocar tu túnica el enfermo su salud se restablece

al estrechar tus manos, el ciego recobra la vista

al sentir tu aliento, el moribundo vuelve a la vida

y, al escuchar tus palabras,

los demás caemos rodilla a tierra.

¡Qué bien se está aquí, Señor!

 

Sales, señor, por pueblos y ciudades

para recordarnos que no todo, aquí y ahora,

es justicia ni verdad

para proclamar tu reino, aun a sabiendas

de las  dificultades que conlleva el anunciarlo

para observar, muy de cerca, las heridas y curarlas

palpar los corazones rotos y restañarlos

Sales, señor, en medio de lluvia


Lectura de Postcomunión


Aunque es un poco larga conviene leer esta oración lentamente, también podría tener sentido repartirla entre los fieles fotocopiada para que pudieran conservarla. No se debe dejar de consignar que fue compuesta por el Doctor Angélico: por Santo Tomás de Aquino.


LA ACCIÓN DE GRACIAS DE SANTO TOMÁS DE AQUINO

Gracias te doy,

Señor Santo, Padre Todopoderoso,

Dios eterno, porque a mí, pecador,

indigno siervo tuyo,

sin mérito alguno de mi parte,

sino por pura concesión de tu misericordia,

te has dignado alimentarme

con el precioso Cuerpo y Sangre

de tu Unigénito Hijo

mi Señor Jesucristo.

 

Suplícote, que esta Sagrada Comunión

no me sea ocasión de castigo,

sino intercesión saludable para el perdón;

sea armadura de mi fe,

escudo de mi voluntad,

muerte de todos mis vicios,

exterminio de todos mis carnales apetitos

y aumento de caridad, paciencia y verdadera humildad,

y de todas las virtudes:

sea perfecto sosiego de mi cuerpo y de mi espíritu,

firme defensa contra todos mis enemigos

visibles e invisibles,

perpetua unión contigo,

único y verdadero Dios,

y sello de mi muerte dichosa.

 

Ruégote, que tengas por bien

llevar a este pecador a aquel convite inefable,

donde Tú, con tu Hijo y el Espíritu Santo,

eres para tus santos, luz verdadera,

satisfacción cumplida,

gozo perdurable,

dicha consumada Y felicidad perfecta.


EXHORTACIÓN DE DESPEDIDA

Hoy, hermanos, debemos salir del templo con ganas de proclamar a todo el mundo que Jesús nos quieres, que va a estar con nosotros hasta el final de los tiempos y que su alegría es solución a muchos de nuestros problemas. Feliz Día del Corpus, para todos.