1.- ¡CUÁNTO TE QUIERO!

Por Jesús Martí Ballester

No son pocos los que, ya tarde, reconocen que se han privado de abrazar o de expresar el cariño a las personas que aman o que han amado dándoles muestras de afecto y les han dejado morir sin haberle dicho jamás: “Te quiero”. Y no ha es que no han querido dar esas demostraciones, ni por no haber demostrado el amor en actos y cuidados, sino porque se nos ha educado y enseñado a reprimir todas las expansiones sentimentales, así despectiva y arbitrariamente calificadas. Todos somos tributarios de una represión procedente de la idea de que el amor se demuestra en las obras, pero no en que el amor requiere también decirse a sí mismo, y ensimismarse en la repetición de unas fórmulas rituales que actúen como promesas renovadas.

Cuando esas fórmulas no se dan porque se supone que son una redundancia, cuando se omiten por pudor o miedo al ridículo, el amor suele resentirse de modo fatal; bien lo saben los enamorados, que necesitan glosar su amor con coloquios repetidos, pues del mismo que las palabras sin obras acaban degenerando en mera palabrería vacía, las obras sin palabras se arriesgan a convertirse en rutinas del afecto. Cuando la conciencia de ridículo contagia el ámbito privado, el amor se queda sordomudo, y llegar a morir asfixiado y hambriento.

JESÚS PIDE QUE SE LE DIGA EL AMOR

Jesús le pidió a Pedro tres manifestaciones de amor y bien que conocía su corazón, y a una mística francesa, Helena Bossí, le echa en cara que le dice pocas veces que le ama. Es una pena. Nos han educado en la represión verbal de ciertos afectos como el de mostrarse satisfechos y agradecidos por ciertos detalles humanos, o por demostrar aquello que vemos que se ha hecho con sacrificio y esfuerzo. Y no digamos entre padres e hijos, sobre todo con los varones, que sólo alcanza a ser huidiza, y como avergonzada. Todo queda en un vínculo de autoridad severo y acartonado, y escasamente afectuoso. El silencio se impone sobre las palabras, las embrida y amordaza, hasta el extremo de matar las emociones más puras y entrañables. Esta condena de silencios recíprocos y omisiones vergonzantes estrangula la fluencia espontánea de los afectos y acaba originando desapegos, distanciamientos, resquemores que nos hacen incapaces de sublevarse contra ellos, y ocultan la realidad.

TERESA DE JESÚS

Son y forman parte de una herencia de prejuicios irracionales, que consideran esa noble acción, de falsa y sentimentaloide, contra la que se levantó en su tiempo Santa Teresa de Jesús, tan copiosa en esta materia y con todos y todas, hasta con aquel novicio que huyó ante el abrazo cariñoso de la Madre Fundadora. Por su pluma pasan todos y todos los acontecimientos y todos y cada uno de los problemas, suyos y de los otros, siempre con ánimo, vigor, amor manifestado, humanidad, respeto, exigencia. Sobre la manifestación de su amor a las personas no conozco en la hagiobiografía un caso semejante de alguien que hable de amor sin ningún rebozo y con tanta generosidad, salvo San Pablo en algunas de sus cartas. Yo creo que este estilo nos está haciendo mucha falta. Preocupados con exceso por las ideas, como buenos occidentales que rinden culto a la mente, -Descartes con su cogito ergo sum- que no es exacto, sino este otro: Cogitor, ergo sum”- olvidamos el corazón, que es parte integrante de nuestra vida de hombres, y la que le da follaje al árbol, le hace florecer y le da perfume.

JESÚS TIENE CORAZÓN

Jesús tiene Corazón. Y nuestros hermanos también tienen corazón. Y, como miembros del Cuerpo Místico, integran a Jesús. Jesús se deja querer y se hace de querer. En cada hermano nuestro hay un Niño, que necesita amor y dedicación. Una sonrisa le hace feliz; una pequeña atención puede disipar una tristeza.

Teresa no quiere hombres y mujeres hirsutos, "almas encapotadas", personas cerebrales, que tienen miedo de manifestar sus sentimientos porque creen, equivocadamente, que eso les empequeñece, y les rebaja: "Cuanto más santas más conversables con las hermanas". Los que así piensan, no tienen ni idea de que la grandeza consiste en la sencillez, y de que el hombre integral no es sólo cerebro, sino también corazón, es decir sensibilidad, afectos, emociones, sentimientos. Dice Jesús: "Tengo compasión de esta gente". Jesús llora ante el sepulcro de Lázaro, se deja perfumar por Magdalena, acaricia y bendice a los niños, y deja que se le acerquen y rodeen, consuela a la viuda que lloraba a su hijo muerto: "Mujer, no llores"... Hemos de aprender en la escuela de los sentimientos de Jesús, porque somos prolongación de Jesús y, no solo histórica, sino principalmente, profunda e interior. "Tened los mismos sentimientos de Cristo", nos dice San Pablo. La Iglesia, Esposa de Cristo, ha de estudiar más los sentimientos de Cristo que las ideas de Cristo. Porque en la Iglesia, huyendo del peligro de caer en el sentimentalismo, se cae, con muchísima facilidad, en el racionalismo. Y la razón no conmueve. Y sólo desde la conmoción podemos adoptar las grandes decisiones, y se consiguen las plenas adhesiones.

GENIAL

Muchas lanzas rompió el genio de Teresa que cambiaron el rumbo de la historia, pero no es pequeña la que rompe en la manifestación de su afecto, en una época hirsuta de señorías, sus mercedes y sus reverencias, cuando incluso a su sobrina Teresica le habla de usted.

Teresa hoy, con su estilo, sustancial y accidental, puede centrar la atención a los hombres de acción para que no se pierdan en lo superficial, pero con tintes de clarividencia y siempre de ternura y con su disposición al sacrificio. Teresa entendió bien el adagio latino: “Aquila non capit muscas”. Hay gente que se pasa la vida de leguleyos, cazando moscas de detalles y niñerías, que debilitan las fuerzas e incapacitan a la persona, para volar como águilas y no arrastrarse como los sapos, niñerías, insignificancias, ¿qué importa eso para lo sustancial y total? ¿Por qué aparece tan preocupada por la salud, sobre todo de los responsables, Gracián en primera línea, y después las prioras, sino porque aquella vida que ella ha ideado inmolada y sin descanso, les minaba las energías? Sacrificio cuyos frutos sabe que sólo verá en el cielo, como fruto ímprobo de su trabajo. "No sienta que haya padecimientos, pues el padecer trae tantas ganancias".

Paparruchas moralistas y freudianas engendran el sentimiento erróneo de decir a la cara, sin embarazo ni rubor, cuánto amamos. Cuando el amor no se dice a sí mismo acaba pereciendo por asfixia o inanición. Esperar a amar cuando ya estén las personas en el sepulcro sólo engendra melancolía y depresión.

 

BENEDICTO XVI, OBISPO DE ROMA

Por Jesús Martí Ballester

El Papa Benedicto XVI ha tomado posesión de su cátedra como obispo de Roma en la Basílica de San Juan de Letrán, Madre de todas las Iglesia, su Catedral. En la homilía ha afirmado que el obispo de Roma se sienta en su cátedra para dar testimonio de Cristo, que es el símbolo de la «potestas docendi», potestad de enseñanza que constituye una parte esencial del mandato de atar y desatar conferido por el Señor a Pedro y, después de él, a los Doce. En la Iglesia, la Sagrada Escritura, cuya comprensión crece bajo la inspiración del Espíritu Santo, y el ministerio de la interpretación auténtica, conferido a los apóstoles, se pertenecen mutuamente de manera indisoluble.

LA SAGRADA ESCRITURA

Allí donde la Sagrada Escritura es extraída de la voz viva de la Iglesia, se convierte en víctima de las disputas de los expertos. La ciencia por sí sola no puede ofrecernos una interpretación definitiva y vinculante; no es capaz de darnos, en la interpretación, esa certeza con la que podemos vivir y morir. Hace falta la voz de la Iglesia viva, confiada a Pedro y al colegio de los apóstoles hasta el final de los tiempos. Esta potestad de enseñanza da miedo a muchos hombres dentro y fuera de la Iglesia. Se preguntan si no es una amenaza a la libertad de conciencia, si no es una presunción que se opone a la libertad de pensamiento. No es así. El poder conferido por Cristo a Pedro y a sus sucesores es, en sentido absoluto, un mandato a servir. La potestad de enseñar, en la Iglesia, comporta un compromiso al servicio de la obediencia a la fe.

EL MINISTERIO DEL PAPA

El Papa no es un soberano absoluto, cuyo pensamiento y voluntad son ley. Por el contrario, el ministerio del Papa es garantía de la obediencia a Cristo y a su Palabra. El Papa no debe proclamar sus propias ideas, sino vincularse y vincular a la Iglesia a la obediencia a la Palabra de Dios, ante los intentos de adaptarse y aguarse, así como ante todo oportunismo. Lo hizo el Papa Juan Pablo II, cuando ante todos los intentos, aparentemente benévolos, ante las erradas interpretaciones de la libertad, subrayó de manera inequívoca la inviolabilidad del ser humano, la inviolabilidad de la vida humana desde su concepción hasta la muerte natural. La libertad de matar no es una verdadera libertad, sino una tiranía que reduce el ser humano a la esclavitud. El Papa es consciente de estar ligado a la gran comunidad de la fe de todos los tiempos, a las interpretaciones vinculantes desarrolladas a través de la peregrinación de la Iglesia. Su poder no está por encima, sino que está al servicio de la Palabra de Dios, y sobre él pesa la responsabilidad de hacer que esta Palabra siga haciéndose presente en su grandeza y resonando en su pureza, de manera que no se haga añicos con los continuos cambios de las modas.

POTESTAD DE ENSEÑANZA

La cátedra es símbolo de la potestad de enseñanza, que es una potestad de obediencia y de servicio, para que la Palabra de Dios -¡su verdad!- pueda resplandecer entre nosotros, indicándonos el camino. Pero ¿cómo es posible dejar de recordar las palabras que san Ignacio de Antioquia escribió a los romanos? Pedro, procedente de Antioquia, su primera sede, se dirigió a Roma, que se convirtió en sede definitiva con el martirio que unió para siempre su sucesión con Roma. Ignacio, obispo de Antioquia, se dirigía hacia el martirio en Roma. En su Carta a los Romanos, se refiere a la Iglesia de Roma como la que preside en el amor. Para la antigua Iglesia, la palabra amor, «ágape», hacía referencia al misterio de la Eucaristía. En este misterio, el amor de Cristo siempre se hace tangible entre nosotros. Aquí, Él se entrega siempre de nuevo. Aquí, Él se hace traspasar el corazón siempre de nuevo. Aquí, Él mantiene su promesa según la cual, desde la Cruz, habría atraído a todos hacía sí. En la Eucaristía, nosotros mismos aprendemos el amor de Cristo.

LA EUCARISTIA

Gracias a este centro y corazón, gracias a la Eucaristía, los santos han vivido, llevando el amor de Dios al mundo de formas y maneras siempre nuevas. ¡Gracias a la Eucaristía, la Iglesia renace siempre de nuevo! La Iglesia no es más que esa red -¡la comunidad eucarística!- en la que todos nosotros, al recibir al mismo Señor, nos convertimos en un solo cuerpo y abrazamos a todo el mundo. Presidir en la doctrina y presidir en el amor, al final, tienen que ser una sola cosa: toda la doctrina de la Iglesia, al final, lleva al amor. Y la Eucaristía, como amor presente de Jesucristo, es el criterio de toda doctrina. Del amor dependen toda la ley y los profetas, dice el Señor (Mateo 22, 40). El amor es el cumplimiento de la ley, escribe san Pablo a los romanos (13, 10).

INTENTOS DE ADAPTAR Y OPORTUNISMO

El Papa debe ligarse a sí mismo a la Iglesia para obedecer la palabra de Dios cuando se enfrenta a todos los intentos de adaptar, y al oportunismo". "Eso fue lo que hizo Juan Pablo II cuando, frente a interpretaciones erróneas de la libertad, subrayó de un modo inequívoco la inviolabilidad del ser humano, de la vida humana desde la concepción a la muerte natural". "La libertad para matar no es una verdadera libertad sino una tiranía que reduce al ser humano a la esclavitud”. El Papa afirma que mantendrá la posición de Juan Pablo II sobre el aborto y la eutanasia asegurando que los Pontífices deben ser fieles a la palabra de Dios frente a los intentos de "aguar" la doctrina de la Iglesia. Y en la vida interna de la Iglesia, ¡cuánto trabajo por hacer, tantas verdades a medias por aclarar, cuántas indolencias y cuántos errores aún por disipar, cuántos fuegos moribundos por avivar! Lo irá haciendo con su estilo claro y terso, diáfano, estéticamente perfecto, que entienden todos y deleita a todos, con el don de la oratoria de que hablaba Horacio para el orador, “vir bonus dicendi peritus”, con su sabiduría teológica que sabe ir al grano y a la manifestación de la verdad y de la belleza, con su mansedumbre, tan denostada e incomprendida, que le han colgado unos y otros, el erudito profesor, el teólogo que atraía a la juventud en su cátedra de Ratisbona.

ESTADO ACONFESIONAL

Que el Estado sea aconfesional no significa que el Estado sea amoral; y cuando se va contra la ley natura se es amoral. Si la ley exige que se encarcele a los terroristas no es porque es católica, sino porque es humana. Si la ley detiene a los ladrones no es por ser católica, sino humana. Si ha de ser protegida toda vida humana aún no nacida no es por ley católica, sino por valor humano. Si los embriones humanos son dignos de respeto es porque todos hemos sido embriones. Si es injusto igualar el matrimonio a las uniones homosexuales es porque tenemos ojos en la cara, no porque vamos a misa. Si la guerra injusta es un error intolerable, no es por ser ley católica, sino porque no se puede hacer un mal para conseguir un bien. Eso sí. Si nos esforzamos por no hablar mal y rezar por los que están haciendo mucho daño a la sociedad eso sí que es porque seguimos el evangelio.

LEVI-STRAUSS

Hay pocos hombres con galones suficientes para mirar de frente a la Humanidad. El etnólogo francés Claude Lévi-Strauss es uno de ellos. Con un siglo de pensamiento, a sus 97 años ha cantado las cuarenta al género humano. “La única oportunidad que le queda a la Humanidad es reconocer que se ha convertido en su propia víctima, para quedarse en igualdad con todas esas otras formas de vida que se ha empeñado y se empeña en destruir”, ha dicho con su dicción acompasada y sin inmutarse, en los salones de la Academia Francesa, donde recibió el XVII Premio Internacional de Cataluña. Con fuerzas todavía para hacer sonar la campana de la Historia, el pensador clamó para que la sociedad frene su tren desbocado de desarrollo a costa de consumirse y Occidente deje de ser carnívoro: “Los derechos de la Humanidad cesan en el momento en que su ejercicio pone en peligro la existencia de otras especies. Lévi-Strauss considera que está en peligro ese registro inmaterial que es el saber si unas culturas devoran a otras, si Occidente se zampa otros continentes y el ser humano arrasa con otros seres vivos.

Si esperamos saber un día qué es el hombre, urge reunir, mientras sea todavía posible, todas esas realidades culturales que no debían nada a los aportes y las imposiciones de Occidente, aseveró uno de los últimos sabios del XX, escoltado por la atenta mirada de los cuadros y estatuas de Montesquieu, Dumas o Corneille, que le precedieron en descifrar y describir el mundo.

EL NACIONALISMO

Levi-Straus considera que las nuevas relaciones que desbordan las fronteras permitirán borrar los desastres que provocaron en el XX, «las identidades nacionales» de los Estados. Reconoció haberse inspirado en Ramón Llull, escritor valenciano del siglo XIII. Llena de gozo y esperanza este caso de juventud nonagenaria y compensa la pena de los más frecuentes de decrepitud espiritual juvenil. Hace falta mucho garbo para, sin dejar de ser un hombre de orden y un maestro de cortesías, saber recibir un premio de la Generalitat y convertir el acto, en la Academia que fundó el cardenal Richelieu, en una demoledora crítica ante el fenómeno del nacionalismo. El antropólogo propone como alternativa reforzar los Estados, difuminando sus fronteras. Está a favor del sentido común y de la Historia para que los vectores que han marcado la condición humana a lo largo de los siglos puedan seguir actuando en el futuro.

BENEDICTO XVI VISTO POR GUSTAVO BUENO

Gustavo Bueno, filósofo --ateo católico--, considera que Benedicto XVI no está en Babia y que sabe muy bien cuál debe ser la postura de la Iglesia en este momento, muy lejos de utópicas alianzas de civilizaciones. “Estar en Babia” es un refrán español, del reino de León, cuando España estaba formada por reinos que luchaban por recuperar de los árabes los reinos arrebatados. Los reyes de León pasaban el verano en Babia, región placentera, bien comunicada, habitada por gente pacífica e hidalga, leal al rey y llena de lugares para cazar osos, corzos y jabalíes; lugares paradisíacos y alejados del campo de batalla. Los Ordoños, Alfonsos, Ramiros y Fernandos se encerraban en Babia huyendo de las intrigas de la corte leonesa y de las ambiciones de nobles y prelados. Los súbditos cuando necesitaban al rey y preguntaban por él, los ministros les contestaban: El rey está en Babia, expresión que hoy se refiere a toda persona distraída o que parece ausente. Bueno critica a los católicos que arremeten contra el Papa y no dejan la Iglesia, y a los no católicos entrometidos que también le fustigan. El prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe era el guardián de la ortodoxia. El hombre que debía conocer el Antiguo Testamento, el Nuevo Testamento, los teólogos, los santos padres, la tradición agustiniana y sobre todo la tomista.

CUESTIONES SOCIALES

Dicen que no se interesa por las cuestiones sociales. La teología de la liberación la considera una cuestión social. Pero a mí me parece que su actitud ante Boff es doctrinal. Boff dice que en los pueblos del Tercer Mundo están las semillas del verbo. Y que por tanto hay que interpretar las mitologías étnicas para entender la teología de la liberación. La clave del rechazo no está tanto en el diálogo entre cristianos y marxistas cuanto en las visiones teológicas indigenistas.

HANS KÜNG

Con Hans Kung también choca. Lo leí bien, un embrollo tremendo y repugnante pues es de una ambigüedad enorme. Mezcla Nietzche con no se qué más. Un lío, no sabe dónde está. Y lógicamente Ratzinger lo condena. Recuerdan aquello de Fray Gerundio de Campazas: “El Espíritu Santo dice, y en mi opinión dice bien”. Lo llaman reaccionario, inquisidor. Están los teólogos, los cristianos de base o las catequistas. Es el colmo ver a una catequista muy progre diciendo que no le vale este Papa. Vaya falta de sindéresis. Sorprende que siendo católicos no afirman que el Espíritu Santo dice y dice bien, sino que el Espíritu Santo dice y dice mal. Es el colmo de la insolencia. Que se vayan de la Iglesia. Otros dicen, como un cura de Oviedo, que este Papa es un teórico. Pero lo que dice un defensor de la fe no es teoría, es doctrina.

ES UN TEÓLOGO

No es un teórico es un teólogo. Santo Tomás utilizaba a Aristóteles y Benedicto XVI utiliza a Kant. Ratzinger dice que la Iglesia es Cristo. Y que Cristo es verdad y caridad que confluyen y se identifican porque la caridad sin la verdad es ciega y la verdad sin la caridad es vacía. ¡Eso es Kant!, que afirma que los conceptos sin intuiciones son vacíos y las intuiciones sin conceptos son ciegas. Coge a Kant y lo varía un poco. Modula a Kant. Es muy importante porque ése es uno de los puntos en que Kant demuestra que no tiene idea de cómo se unen esas dos cosas. La intuición es el espacio y el tiempo y los conceptos son el entendimiento puro, las categorías. Explicar con metáforas auditivas o visuales cómo se unen no es ya filosofía. Es uno de los puntos débiles del sistema kantiano. En cualquier caso, la Iglesia se entiende por la teología. Es lo que dignifica al catolicismo. El catolicismo sin teología no se distingue de los mormones absolutamente en nada. Los que no admitan la teología porque lo consideran pura teoría que se salgan de la Iglesia.

La cosa es aún peor con los críticos no creyentes. Como Saramago, que dice que este Papa es el gran inquisidor. Saramago es especialmente rechazable por gratuito. Se presenta además como la última palabra de la progresía. Hablar de gran inquisidor es identificarse con la época de Galileo o de Voltaire. Pero ahora la gente en tal caso se deja inquirir. Saramago defiende a supuestos oprimidos. Como él hay mucha gente, todos los intelectuales y artistas. No respetan a la gente que voluntariamente está en la Iglesia.

LA DEMOCRACIA

Al caer la Unión Soviética la democracia es la referencia universal. El fin de la historia política, según Fukuyama, es una idea ya compartida por todos. Lo que hay, en tal caso, es déficit democrático, dicen. Hasta China es demócrata de alguna manera. La ortodoxia es la democracia. Desde la caída del Muro, la gente ve la Iglesia como una sociedad antidemocrática. Pero los grandes jefes de Estado se arrodillan ante el cadáver del Papa. Ratzinger dice que la Iglesia no es democrática sino sacramental y jerárquica. Los jefes de Estado de todo el mundo, que hablan en nombre de la democracia, se arrodillan ante él. Es lo más importante de lo que está ocurriendo y sin embargo no se capta porque aún no se ha digerido. Una de dos, o se considera que no tiene razón Fukuyama y su fin de la historia o estamos ante el fin de la Iglesia. Pero como la Iglesia no es una reliquia, está viva y coleando, ya me dirán. -Se discute hasta el nombre, que ya son ganas de marear la perdiz.

BENEDICTO XVI NO ESTÁ EN BABIA

En los inicios del siglo XX, Benedicto XV había puesto al día las críticas contra el modernismo según el cual la Iglesia mana a través de la inmanencia vital. Roma no tiene sentido. Es de alguna manera lo que muchos años después dijo Boff: Dios inspira a través de la mitología de los pueblos. Benedicto XVI está orientado a las religiones del libro, al cristianismo y al judaísmo. A los musulmanes los ve como una herejía, como el arrianismo. Le interesa Europa, la ekumene cristiana. Cuando la batalla de las Navas de Tolosa por Alfonso VIII de Castilla, el rey de León se había ido a Babia. Era la gran batalla donde se jugaba el destino de España. Al principio apoyan tropas francesas y alemanas pero hacen tal matanza de moros que Castilla los rechaza. Portugal no ayuda y el rey de León se va a Babia. Benedicto XVI no está en Babia, no habla de la alianza de civilizaciones, ni de la paz perpetua. Soy ateo católico que no es lo mismo que ser ateo musulmán. Los católicos son aliados míos en muchas cosas contra terceros. El catolicismo es derecho romano más filosofía griega. Es nuestra tradición. Benedicto XVI no está en Babia, no habla de la alianza de civilizaciones.

 

3.- SAN FELIPE NERI

El 26 de mayo la Iglesia celebra la festividad de este gran santo

Por Jesús Martí Ballester

De niño corría por las calles de Florencia, crecía en un hogar piadoso y bien acomodado, y, aunque no era travieso, y le llamaban Felipe el Bueno, hacía también alguna trastada, como subirse a un asno que habían dejado a la puerta de su casa y galopar sobre él hasta que el animal loe tiraba al suelo. Felipe… lloraba. Ya adolescente, en San Germano, al pie de Montecasino, es ayudante de comercio al lado de un tío suyo. "Felipe no será nunca un buen comerciante; yo se lo dejaría todo en herencia, pero tienes la manía de rezar." Más que entre las mercancías, el joven vivía en las iglesias; y cuando algún muchacho se presentaba en la tienda, en vez de regatear, Felipe se entretenía preguntando a sus clientes si sabían el Padrenuestro, si había uno o tres Dioses, si habían comulgado por Pascua florida. Comprendió que no estaba hecho para aquello, y un buen día desapareció de casa y tomó el camino de Roma. Tenía veinte años.

ESTUDIANTE Y POETA

En Roma estudia elocuencia, filosofía y teología, y vive dando lecciones. Como alimento diario un pan y un vaso de agua. Busca el desprecio como otros buscan la admiración y la fama, y escribe poemas para su propio deleite y entretenimiento; como todos los florentinos, hace versos italianos, y elegías en latín y lo hacía bien. Son versos de amor, pero de amor a Dios, llenos de unción ardorosa: "Yo amo—escribe en un soneto—; y no puedo dejar de amar. Quiero que mi amor se haga vuestro y el vuestro mío; quiero que, por un trueque admirable, seas Tú yo, y yo Tú. ¡Ah! Venga pronto el momento feliz en que yo salga de mi horrible prisión, de este olvido loco, de este necio vivir dentro de mí mismo." "¡Oh dulce sonrisa de la tierra! ¡Oh canto de la brisa que pasa entre el follaje! ¡Cielo claro y aguas tranquilas! Nunca el sol me pareció tan brillante. Los pájaros dicen: ¿Quién es el que no se alegra y no ama? Yo solamente; no puede alegrarse el alma con las alas rotas."

Algo más tarde todo había cambiado: el alma de Felipe era un ascua encendida en la llama de amor viva. En sus arrebatos amorosos, exclama: "Basta, Señor, basta, que no lo puedo sufrir." Es el mismo grito de Xavier en la playa de Sanchón. Y su cuerpo temblaba agitado por la vehemencia del amor. Su corazón empezó a palpitar de una manera tan violenta, que levantaba su túnica y movía los objetos que hubiera a su lado.

EL AMOR PIDE OBRAS

A los treinta años abandonó los libros y se entregó a las obras de caridad. Las noticias que llegan a Roma de San Francisco Javier le deciden a marchar a las Indias para predicar el Evangelio; pero oye una voz que le dice: "Felipe, la voluntad de Dios es que vivas en esta ciudad como si estuvieras en un desierto". Y busca a los pobres y a los peregrinos, para darles comida y alojamiento, para instruirles y guiarles por las basílicas de Roma. Se entretiene con los mendigos que piden limosna. Él mismo duerme en los pórticos y en las sacristías. Le gusta, sobre todo, andar con los niños y los jóvenes a quienes recoge, les procura diversiones, conciertos y paseos, que sabe transformar en peregrinaciones. Juega con la tropa infantil, la adiestra en el deporte de la carrera, en la música y en la declamación. Pasaba largos ratos con San Carlos Borromeo, Camilo de Lelis, San Ignacio de Loyola y San Félix de Cantalicio. A la sombra de los árboles del Janículo, hacia representar a los muchachos comedias para inspirar la piedad y la virtud. Decía que alternando los ejercicios serios con espectáculos agradables se atrae lo mismo a los pequeños que a los mayores. ¿Acaso Nuestro Señor no se servia redes para cazar las almas?". Era un verdadero sembrador de alegría. "Jugad, gritad, divertíos, pero os pido que no cometáis un solo pecado. Cómo puede resistir la algazara de los chiquillos: "Con tal de que no ofendan a Dios, pueden cortar leña sobre mi espalda.

DIRECTOR DE ALMAS

A los cuarenta años, el catequista, ya sacerdote se hace director de almas. Nunca se había visto un confesor más paciente, más amable, más sugestivo. Su gran preocupación era que nadie se fuera triste, que nadie se desalentase, que nadie desconfiara de convertirse. Y con la dulzura, solía conseguir más que con la aspereza. Una señora le pregunta si podía llevar zapatos con altos tacones para parecer más alta, y le dice: "Llévelos, hija mía, pero cuide de no caerse." Muchos penitentes iban a comer al hospital donde el santo tenía su residencia; los recibía en una habitación, se sentaba y se entretenía con ellos hablando de Dios. Poco a poco los discípulos se hicieron tan numerosos, que se tuvo necesidad de reunirse en una iglesia, y la concurrencia creció tanto, que se tuvo que hacer grupos, dirigidos por sus discípulos más aprovechados.

EL ORATORIO

Axial nació el Instituto del Oratorio, sin más reglas que los cánones, sin más votos que los compromisos del bautismo y de la ordenación, sin más vínculos que los de la caridad. Las reuniones empezaban con una lectura y el comentario del que presidía; al que seguía una enseñanza dialogada, y, finalmente, uno de los ayudantes del santo, al principio César Baronio, recordaba algún punto de Historia eclesiástica, y sacaba de él la enseñanza teológica o moral. La Congregación del Oratorio quedó establecida en 1575.

CRECE LA LLAMA

La actividad crecía junto con el fuego que inflamaba aquella vida. Tenía que hacer esfuerzos para no levantarse en el aire. En su Misa, su alma quedaba enajenada, sus ojos inmóviles y sus brazos levantados. Tenía que hacer un gran esfuerzo para bajarlos y volver a la tierra. Al pronunciar el Agnus Dei, su ayudante le dejaba solo durante dos horas, y cuando volvía le encontraba con frecuencia en éxtasis. Se le veía rodeado de luz. A veces San Ignacio y él se encontraban en la calle o a la entrada de una iglesia; y los dos fundadores se miraban silenciosamente durante largo rato, y se despedían sin pronunciar palabra. Como Ignacio, Felipe estaba muy demacrado; comía poco y dormía menos, y cuando le aconsejaban que se alimentara más, respondía graciosamente: "Tengo miedo a engordar." Tuvo el don de milagros y el de lágrimas. Sus ojos no cesaban de llorar, tanto, que todos se extrañaban de que conservase la vista. Cuanto más subía a los ojos de los hombres, más bajaba a sus propios ojos. "Señor-decía-, guardaos de mí; si no me sujetáis bien con vuestra gracia, os haré traición hoy mismo, y cometeré yo solo los pecados del mundo entero." Espíritu lleno de suavidad, Dios le dio la gracia de una muerte dulce y tranquila. "Hay que morir", repetía en sus últimos días El.25 de madrugada dijo la misa; confesó, rezó. Después abrazó a sus discípulos y se acostó. A las seis de la mañana, murió.