1.- ES CRISTO QUE PASA

Por David Llena

Corpus en España es sinónimo de procesión, alegría y afán en adornar las calles por donde pasará el Señor. Realmente no es una procesión más. No es una imagen de Cristo o de la Virgen como las que recorren las calles en Semana Santa, es el Cristo verdadero el que pasa. De esa forma real quiso quedarse entre nosotros. De la forma más sencilla más común en un trozo de pan y una copa de vino, cercanía, sencillez, alimento…

Muchas veces he reflexionado en esas pequeñas procesiones que ocurren todos los domingos, e incluso todos los días, en las que ese mismo Cristo en esa misma forma va desde el altar al sagrario. Muchos en señal de respeto y admiración se levantan, es también Cristo que pasa. Pero me quedo pensando en todas aquellas personas que se han acercado a recibir el pan partido y compartido, todas esas personas también son dignas de respeto, no por ellas, sino porque Dios, Cristo está en ellas.

No propongo que nos levantemos y saludemos a cada una de esas personas, pero creo que debemos pensar que cuando nos acercamos a comulgar, Cristo entra a formar parte de nuestra vida, su Vida se mezcla con la nuestra; al igual que al vino antes de bendecirlo se le añade unas gotas de agua, así nuestra vida insípida de agua al mezclarse con la de Cristo se transforma en la realidad de Cristo. No es un cambio radical pero es un cambio constante y continuo. Así como el agua gota a gota perfora la dura piedra, así Cristo semana a semana transforma nuestra vida. Sintámonos como custodias vivas cada vez que comulguemos y dejemos a Cristo que pasee por nuestro corazón como paseará este domingo (jueves) por nuestras calles.

 

2.- LA ENCINA

Por Pedrojosé Ynaraja

Llevo a una amiga belga a un lugar donde se yergue una magnífica encina. Se trata, según me han dicho, de uno de los cien árboles catalogados, para su mejor conservación. Si el diámetro de su tronco no es excesivamente grande, sí lo es su imponente copa. La amiga quiere cobijarse a su sombra y abrazarse al árbol. Siente, me dice, la mucha energía que emana, noto su gran gozo al sentirse enriquecida por ella. Como todo acto importante hay que fotografiarlo, hacerlo, en nuestro tiempo, es levantar acta notarial elemental. Los vegetales se dejan fotografiar sin exigir derechos ni exclusivas. Vienen también amigas argentinas y nos desplazamos todos hasta la iglesia. También allí hay fotos. Nunca he entendido la manía de prohibir fotografiar en nuestros ámbitos religiosos o en nuestras celebraciones. Dificultándolo se consigue que la gente se lleve del país muestras de playas, montañas, comercios y restaurantes, quedándoles un triste recuerdo ¿o es que en esta tierra no hay más que bikinis, islas comerciales y salas de baile? Delante de la iglesia también hay un bello ejemplar de encina. Tocando el árbol advierte la belga que su hoja es perenne, de lo cual se extraña. Las encinas de su patria nos dice que son caducifolias. Viene a continuación una de esas entretenidas conversaciones sobre el vocabulario en uno y otro idioma y sobre lo que crece en los paisajes en que cada uno habita. Para aclarar la cuestión corto algunas ramas y las observamos. En la mano se ve bien la diferencia. Se trata de dos vegetales distintos. Las hojas de uno, el roble, se ponen mustias muy pronto, las del otro, encina, pinchan y se ve a la legua que son perennes. En llegando a casa, buscamos un diccionario y comprobamos la equivalencia, similitud y diferencia de los vocablos. Nuestra encina, se llama chêne en francés, el roble chêne rouvre. No me convence mi diccionario, pero no es hora de estudios filológicos. Recuerdo, de mi época de peón de carpintero, que aparentemente la madera de ambos árboles es similar, aunque sus aplicaciones no sean las mismas. La utilización de la encina es muy limitada, tal vez sólo para traviesas de ferrocarriles, trompicos y vigas de estercolero. Antiguamente era muy apreciada para elaborar carbón vegetal, el combustible de los pobres. Hoy en día esta utilidad ya casi se ha abandonado para cocinar y queda reducida a selectos asados o a utilizaciones de laboratorio. El roble, en cambio, principalmente el importado, tiene buena utilización, tanto en ebanistería, como en elaboración de toneles, para citar las mas corrientes.

Mis amigas se han llevado los CD con las múltiples fotos, ayudarán a recordar el buen rato pasado en un bosque. Por mi parte he tenido muy presente los pasajes bíblicos donde se cita tanto la encina, como el roble y el terebinto, de semejantes características. Porque el pueblo de la Revelación encontró en la tierra prometida muchos lugares sagrados señalados por la presencia de estos árboles. Seguramente en la capacidad de vivir muchos años, la frondosidad de sus copas y la dureza de su madera, habían visto los habitantes del lugar imágenes que evocaban lo Trascendente. El mismo Abraham albergándose a su sombra, había encontrado al Dios que le había invitado a salir de la casa de sus padres y le pronunció las primeras palabras de promesa de una tierra para él y su descendencia. Estoy pensando en Siquem. Más al sur, en el lugar santo de Mambré, también en un encinar, pudo gozar de la dicha mas grande que pueda imaginar el ser humano, allí invitó al mismo Dios a un banquete y allí recibió el anuncio de lo que él, como beduino que era, más ambicionaba, bajo una encina se le dijo que en plazo muy corto tendría un heredero. Repaso la Biblia y leo al profeta Oseas: dice que la sombra de estos árboles es buena. Pienso en mi amiga belga. Buena sombra o energía, tal vez sean lo mismo. Lector amigo, no pases nunca indiferente cerca de estos árboles, detente un rato, contémplalos y reflexiona, a lo mejor, como a Abraham, quiere el Señor hablarte. Aunque el Dios de Jesús no necesite mediatices, tal vez desee perpetuar maneras antiguas de comunicarse.