EN EL INICIO SOLEMNE DE PONTIFICADO, EL PAPA LLAMA A LA UNIDAD ENTRE LOS CRISTIANOS

CIUDAD DEL VATICANO (ZENIT.org).- En la misa de inicio de pontificado, este domingo resonó en la plaza de San Pedro un llamamiento a la unidad perdida entre los cristianos, lanzada por Benedicto XVI. Si bien en su primer mensaje como Papa, 20 de abril, desde la Capilla Sixtina ya había ratificado su compromiso ecuménico, el nuevo Papa volvió a dedicar un pasaje de su homilía a la unidad. «¡Ay de mí, Señor amado!», exclamó el Papa Joseph Ratzinger, «ahora la red» del cristianismo «se ha roto, quisiéramos decir doloridos».

«Pero no, ¡no debemos estar tristes! --invitó-- Alegrémonos por tu promesa que no defrauda y hagamos todo lo posible para recorrer el camino hacia la unidad que tú has prometido». «Hagamos memoria de ella en la oración al Señor, como mendigos; sí, Señor, acuérdate de lo que prometiste. ¡Haz que seamos un solo pastor y una sola grey! ¡No permitas que se rompa tu red y ayúdanos a ser servidores de la unidad!», añadió. Escucharon las palabras del Papa representantes de las Iglesias y comunidades cristianas que participaron en la celebración eucarística.

Entre los numerosos representantes de las Iglesias ortodoxas se encontraba el metropolitano de Éfeso del Patriarcado de Constantinopla, Chrysostomos, y por en representación del Patriarcado de Moscú el metropolitano de Smolensk y Kaliningrado, Kirill. La comunión anglicana estaba representada por el primado Rowan Williams, arzobispode Canterbury. Había también representantes metodistas, luteranos, pentecostales…


EL NUEVO PAPA CONFIRMA EL COMPROMISO ECUMÉNICO «IRREVERSIBLE» DE LA IGLESIA

Así como el diálogo con los creyentes de otras religiones al servicio de la paz

CIUDAD DEL VATICANO (ZENIT.org).- El nuevo obispo de Roma, Benedicto XVI, confirmó este lunes el compromiso ecuménico «irreversible» de la Iglesia católica, e hizo un llamamiento para que los creyentes de todas las religiones se conviertan en promotores de paz. Las palabras del Papa Joseph Ratzinger resonaron en la Sala Clementina del Palacio Apostólico Vaticano, donde recibió a los representantes de las confesiones cristianas y de otras religiones que este domingo participaron en la misa de inicio solemne de pontificado.

El pontífice dividió en dos partes independientes su discurso. La primera, estaba dirigida a los delegados de las Iglesias ortodoxas, de las Iglesias ortodoxas orientales y de las comunidades eclesiales de Occidente; la segunda a los representantes de otras religiones. «Siguiendo las huellas de mis predecesores --comenzó diciendo--, en particular de Pablo VI y de Juan Pablo II, siento intensamente la necesidad de afirmar nuevamente el compromiso irreversible, asumido por el Concilio Vaticano II» para recorrer el «camino hacia la plena comunión querida por Jesús para sus discípulos».

Este objetivo, reconoció, «implica una docilidad concreta a lo que les dice el Espíritu a las Iglesias, valentía, dulzura, firmeza y esperanza para llegar hasta el final. Implica, ante todo, la oración insistente y con un solo corazón, para lograr del Buen Pastor el don de la unidad para su grey». «En esta ocasión tan particular, que nos reúne precisamente al inicio de mi servicio eclesial acogido con temor y confiada obediencia al Señor, os pido a todos vosotros que deis conmigo ejemplo de ese ecumenismo espiritual, que en la oración realiza sin obstáculos nuestra comunión», dijo a sus huéspedes.

A continuación, el Papa agradeció en particular la presencia «de miembros de la comunidad musulmana» y expresó su aprecio «por el crecimiento del diálogo entre musulmanes y cristianos, tanto en el ámbito local como en el internacional». «Os aseguro que la Iglesia quiere seguir construyendo puentes de amistad con los seguidores de todas las religiones para buscara el bien verdadero de todas las personas y de la sociedad entera», aseguró.

«Al inicio de mi pontificado --concluyó-- os dirijo a todos vosotros y a los creyentes de las tradiciones religiosas aquí representadas, así como a todos los que buscan con corazón sincero la Verdad, una intensa invitación a convertirnos juntos en artífices de paz, en un recíproco compromiso de comprensión, de respeto y de amor».


BENEDICTO XVI SE COMPROMETE A UN DIÁLOGO FECUNDO CON LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN

Siguiendo las huellas de Juan Pablo II

CIUDAD DEL VATICANO (ZENIT.org).- Su primer encuentro público como Papa, Benedicto XVI quiso dedicarlo este sábado a los comunicadores y periodistas para agradecerles el esfuerzo que han realizado desde los últimos días de vida de Juan Pablo II para cubrir acontecimientos sin precedentes. En la audiencia, celebrada en la Sala Pablo VI del Vaticano, se encontraban unos cinco mil periodistas, fotógrafos, operadores televisivos de los cinco continentes. Muchos de ellos, enviados especiales, comienzan a regresar a sus países tras la misa de inicio de pontificado.

En su discurso, el nuevo obispo de Roma aseguró que desea continuar el «diálogo fecundo» que mantuvo Juan Pablo II entre los medios de comunicación y la Iglesia durante sus más de 26 años de pontificado. Citando la última carta apostólica escrita por el difunto pontífice, «El rápido desarrollo», el Papa Joseph Ratzinger alentó a la Iglesia a realizar «una especie de revisión pastoral y cultural que le haga capaz de afrontar, de manera adecuada, el cambio de época que estamos viviendo», la era de la comunicación. En nombre de los presentes tomó la palabra el arzobispo John P. Foley, presidente del Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales.

El encuentro estuvo caracterizado por la sencillez y sobriedad del Papa, que fue recibido con un largo aplauso en pie y que habría durado más si él mismo no lo hubiera interrumpido. Su saludo lo dirigió en cuatro idiomas (italiano, francés, inglés y alemán) y concluyó el acto invitando a todos a rezar el Padrenuestro.

A los periodistas latinoamericanos y españoles que preguntaron por qué no había hablado en español, Navarro-Valls que el Papa «por supuesto que hablará en español la próxima vez. En este encuentro quería hacer solo una cosa breve». Monseñor Cipriano Calderón, vicepresidente emérito de la Comisión Pontificia para América Latina, explicó que «la falta de traducción se debía a un simple descuido de la Secretaría de Estado».


EL HERMANO DEL PAPA REVELA PENURIAS DE LOS RATZINGER EN LA ALEMANIA NAZI

MUNICH (ACI).- La semana que pasó fue muy intensa para el Padre Georg Ratzinger. Además de lidiar con la avalancha de los medios, tuvo que salir al frente de ciertos medios que acusaron a su hermano, el Papa Benedicto XVI, de haber simpatizado con el régimen nazi. Cuando el diario británico Sun, el tabloide más popular de Gran Bretaña, escribió “de las juventudes hitlerianas... al Papa Ratzi” en uno de sus titulares, Georg Ratzinger vio la necesidad de explicar con claridad el pasado de su familia y de su hermano. “Quien escribe tal tipo de cosas lo hace porque necesita escribir”, indicó el P. Georg con relación a los titulares más sensacionalistas y añadió que “quien escribe eso... no entiende los tiempos aquellos”.

En los tiempos de la Alemania nazi, los Ratzinger escuchaban en la radio las noticias de los aliados. “Era un acto de desafío simple pero riesgoso en la pequeña ciudad bávara. Nuestro padre lo hacía para que sus hijos supiéramos la verdad sobre los nazis y la Segunda Guerra Mundial”, recordó. El P. Georg comentó que escuchar a los aliados “estaba absolutamente prohibido. Si te atrapaban te enviaban a un campo de concentración, así que lo hacíamos en secreto. Las noticias alemanas no eran ciertas. Mi padre quería escuchar lo que en verdad sucedía”.Opciones como la de pertenecer a las juventudes hitlerianas a los 14 años y al ejército a los 18 años, permitieron la supervivencia al actual Pontífice y su hermano. “(El Papa) No tenía alternativa. Tenías que unirte o te disparaban. Era un régimen brutal. Era una dictadura inhumana”, declaró el sacerdote y añadió que “no había nada bueno en ella. Él (el Papa) fue operador de radio. Nunca peleó. Eran tiempos duros y tuvo que mantener los cañones, pistolas y otros suministros”.

Según Volker Dahm, director de investigación sobre la era nazi del Instituto de Historia Contemporánea de Munich “aproximadamente el 90 por ciento de los jóvenes en Alemania formó parte de las juventudes hitlerianas. Negarse a pertenecer a ellas era condenarse a ser enviado a un campo de re-educación, algo similar a un campo de concentración”. En 1943, cuando Joseph Ratzinger tenía 16 años, toda su clase del seminario fue convocada para ayudar en las baterías antiaéreas que defendían una planta de BMW y luego una fábrica de aviones en Oberpfaffenhofen, en la que se construyeron los primeros reactores alemanes.

En 1944, fue obligado a servir en la construcción de diques antitanques en la frontera austro-húngara. “Un oficial del SS vino y nos obligó a enlistarnos”, según escribió el nuevo Papa en su libro autobiográfico Memorias 1927 - 1977. “Algunos se enlistaron en este grupo criminal. Yo tuve la suerte de decir que quería ser sacerdote católico y me echaron con insultos”, comentó en dicho libro. Franz Haselbeck, un activista, aseguró que “Traunstein –adonde llegaron los Ratzinger– era como todas las otras ciudades en ese tiempo, todos debían formar parte del partido nazi. Existía tal represión que era imposible vivir una vida normal. Nadie podía. No hay forma en que un niño normal pudiese haber enfrentado eso”.

Personajes tan polémicos como, Abraham Foxman, director de la Liga Antidifamación de Estados Unidos, han salido en defensa del nuevo Pontífice. Foxman declaró que el Papa Benedicto XVI “es un sobreviviente de la tiranía y debe ser valorado como un hombre que vio lo peor de la humanidad y pasó el resto de su vida en pos de algo muchísimo mejor”.


¿OBJECIÓN DE CONCIENCIA ANTE LA LEY DE «MATRIMONIOS» HOMOSEXUALES?

Responde el catedrático Rafael Navarro Valls, autor de un libro sobre la materia

MADRID (ZENIT.org).- La aprobación en el Congreso de los Diputados español de la figura del «matrimonio entre personas del mismo sexo», ha producido reacciones muy variadas. Organismos jurídicos de la máxima solvencia (Consejo de Estado, Consejo del Poder Judicial, Real Academia de Jurisprudencia y Legislación etc.) han manifestado su disconformidad con la medida.

Por otro lado, organizaciones ciudadanas han planteado una iniciativa parlamentaria popular contraria a la ley, la práctica totalidad de las confesiones religiosas han manifestado su disconformidad con la medida legal, y acaba de sugerirse el eventual ejercicio del derecho constitucional de la objeción de conciencia, en el caso de que la ley fuera aprobada definitivamente tras su paso por el Senado.

En relación con esta última cuestión Zenit ha entrevistado a un experto en objeción de conciencia. Rafael Navarro Valls, en efecto, es Catedrático de la Universidad Complutense y autor del libro «Las objeciones de conciencia» (escrito con el profesor Javier Martínez Torrón), que obtuvo para España el premio Arturo Carlo Jemolo, concedido por Italia al mejor libro sobre esta materia.

--¿Por qué la objeción de conciencia es una institución en expansión?

--Rafael Navarro Valls: En materia de objeción de conciencia se ha producido un big-bang jurídico. Desde un pequeño núcleo --la objeción de conciencia al servicio militar-- se ha propagado una explosión que ha multiplicado por cien las modalidades de objeciones de conciencia. Así, han aparecido en rápida sucesión la objeción de conciencia fiscal, la objeción de conciencia al aborto, al jurado, a los juramentos promisorios, a ciertos tratamientos médicos, la resistencia a prescindir de ciertas vestimentas en la escuela o la Universidad, a trabajar en determinados días festivos y un largo etcétera. La razón estriba en el choque --a veces dramático-- entre la norma legal que impone un hacer y la norma ética o moral que se opone a esa actuación. Si a eso se une una cierta incontinencia legal del poder, que invade campos de la conciencia, se entiende la eclosión de las objeciones de conciencia. Recuérdese que, en España, la causa más de fondo que llevó a la instauración de un sistema de ejército profesional fue la cascada de objeciones de conciencia, que acabó dinamitando (con el aplauso de los partidos políticos) el sistema de servicio militar obligatorio.

--La posible aprobación del matrimonio entre personas del mismo sexo ha planteado también la posibilidad de la objeción de conciencia de los jueces encargados del registro civil y de los alcaldes y concejales llamados a autorizar esos matrimonios. ¿Tiene base legal esta posibilidad?

--Rafael Navarro Valls: La cobertura legal con la que cuentan estos hipotéticos objetores es abundante. El Tribunal Constitucional español ha dicho en su sentencia de 11 de abril de 1985 (fundamento jurídico 14): «la objeción de conciencia existe y puede ser ejercida con independencia de que se haya dictado o no tal regulación. La objeción de conciencia forma parte del contenido del derecho fundamental a la libertad ideológica y religiosa reconocida en el art. 16.1 de la Constitución». A su vez, la Constitución europea (aprobada por España en referéndum) expresamente reconoce la objeción de conciencia a nivel de derecho fundamental en el artículo II-70. También el Convenio Europeo de Derechos Humanos (art. 9) y un largo etcétera de leyes y sentencias. Por ejemplo, el Tribunal Federal Norteamericano ha denominado a la libertad de conciencia «la estrella polar» de los derechos.

--Antes de la objeción de conciencia, los funcionarios llamados a la celebración de esas uniones ¿tendrían alguna otra opción?

--Rafael Navarro Valls: Los jueces encargados del registro Civil (que son los que mayoritariamente intervienen en la celebración de matrimonios) pueden plantear, ante todo, la llamada objeción de legalidad ante el Tribunal Constitucional. No hay que olvidar que el art. 35 de la Ley Orgánica del Tribunal Constitucional establece que cuando un juez considere que una norma con rango de ley aplicable al caso pueda ser contraria a la Constitución, planteará la cuestión al Tribunal Constitucional. Así, pues, nos encontramos ante una primera objeción que parte del convencimiento por parte del juez de que tal norma (en este caso, la ley que autoriza el matrimonio entre personas del mismo sexo) no se adapta al marco de la Constitución. Esta posición no sería temeraria, si tenemos en cuenta que organismos de solvencia (Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España, Consejo del Poder Judicial y Consejo de Estado) han planteado, directa o indirectamente, dudas acerca de la constitucionalidad de la reforma legal en marcha. En concreto, la Real Academia de Jurisprudencia ha recalcado que la Constitución española establece una «garantía institucional» a favor del matrimonio heterosexual. La existencia de una garantía institucional determina la inconstitucionalidad de las eventuales normas que tuvieran por objeto suprimir la susodicha institución o la de aquellas que la vacíen de su contenido propio.

--¿Y tendrían derecho a plantear una verdadera objeción de conciencia?

--Rafael Navarro Valls: Además de la objeción de legalidad, cabría efectivamente la estricta objeción de conciencia. Es decir, la posición de quien comunica a su superior (ya sea juez encargado del registro civil, alcalde o concejal) los escrúpulos de conciencia respecto a la celebración del matrimonio entre personas del mismo sexo y la consiguiente negativa, por razones de conciencia, de intervenir en la celebración de esas uniones. El derecho comparado conoce supuestos de objeción de conciencia de funcionarios, que han sido aceptados por el legislador o la jurisprudencia. Por ejemplo, en Norteamérica la Corte de Distrito de Columbia en el caso Haring resolvió el siguiente supuesto. Paul Byrne Haring, funcionario del Servicio Interno de Rentas Públicas (IRS) se negaba habitualmente a calificar las peticiones de exención de impuestos de organizaciones que practicaban el aborto, pasándolas a otros compañeros del Servicio. Cuando le correspondió ascender, el IRS se lo negó aduciendo que su ejemplo podría «seducir» a otros funcionarios. El Tribunal dio la razón a Haring estableciendo: 1) El IRS, como cualquier otra empresa, debe acomodarse a los disentimientos de sus empleados basados en razones de conciencia; 2) Tales conductas, cuando no son dañinas para el Estado, pues pueden llevarlas acabo otros funcionarios, han de ser protegidas, ya que «la libertad no está limitada a las cosas que parecen importantes: eso sólo sería una sombra de libertad».

En el concreto caso de uniones de homosexuales, Dinamarca ha introducido en su ley de «parejas de hecho» (prácticamente idéntica a las leyes que introducen el matrimonio entre homosexuales) cláusulas para defender la conciencia de concretas personas que pueden intervenir en esas uniones. Así, excluye a las uniones de homosexuales de la libertad de elección, vigente en Dinamarca para el matrimonio heterosexual, entre una celebración religiosa o civil. Precisamente para que los pastores de la iglesia luterana oficial (que tienen condición equiparable a los funcionarios) no se vean compelidos a intervenir en la celebración de esos matrimonios. Y en el proceso de divorcio entre parejas homosexuales, al que se aplica el mismo procedimiento que para el matrimonio heterosexual, no se puede solicitar (como expresamente se prevé en la disolución de matrimonio heterosexual por divorcio) la mediación de un clérigo luterano para intentar la reconciliación entre los partners. Son medidas que el propio legislador prevé, adelantándose a actitudes que, la oposición a la ley en el trámite de su elaboración, ha manifestado como muy posibles.

En todo caso, no es de recibo intentar disuadir a los objetores haciendo referencias amenazadoras «a la obligación de cumplir las leyes». Entre otras razones, como autorizadamente se ha dicho, «porque la ley, y su aplicación, están sujetos al respeto a los derechos fundamentales». Entre ellos el de libertad de conciencia. No se olvide que, cuando por estrictas razones de conciencia, se pone en marcha un mecanismo de base axiológica contrario a una ley, estamos ante planteamientos muy distintos de quien transgrede la ley para satisfacer un capricho o un interés bastardo. En el primer caso, el respeto al objetor paraliza los mecanismos represores de la sociedad. Por lo demás, siempre cabe la posibilidad de que celebre la unión objetada otro juez, alcalde o concejal otros funcionarios de idéntica condición cuya conciencia no se vea alterada ante esa celebración.