Vigilia Pascual
26 de marzo de 2005

La homilía de Betania


1.- LA VICTORIA DE CRISTO

Por Antonio Díaz Tortajada

2.- DEL AYER AL HOY: UNA SUCESIÓN DE NOCHES. ¡ALELUYA!

Por Javier Leoz

3 - ¿CREEMOS EN LA RESURRECCIÓN O NO CREEMOS?

Por José Maria Maruri, S. J.

4.- EL BILLETE DE VUELTA

Por Ángel Gómez Escorial


1.- LA VICTORIA DE CRISTO

Por Antonio Díaz Tortajada

1.- La Iglesia nos anuncia esta noche la gran alegría de la resurrección de Jesús. Después de tantos y tan dolorosos sufrimientos a lo largo de su pasión el cuerpo de Jesús reposó en el sepulcro embalsamado con prisas por las piadosas mujeres y los discípulos en la víspera del gran sábado. Aquel cuerpo roto por tantas heridas y afeado por las manchas de sangre yacía inerte y había hundido la poca fe de los discípulos.

Todo había terminado con aquella gran injusticia, con la muerte del santo Mesías que había derrochado bondad a su paso por las aldeas de Israel, curando enfermos, resucitando muertos y anunciando la inminencia del reino de Dios. ¿Qué quedaba de todo aquello? Una gran desilusión, que llenaba de confusión y oscuridad a los testigos más cercanos de la vida de Jesús.

Nosotros contemplamos la pasión de Cristo y su gloriosa resurrección desde la fe. Somos privilegiados para comprender el designio de Dios, porque desde esta luz podemos comprender mejor las Escrituras, que desde los primeros tiempos habían profetizado la muerte del Mesías y al mismo tiempo la esperanza del triunfo de Dios en su Hijo para la salvación de todos los hombres. Así estaba profetizado. "Todo se ha cumplido", dijo Jesús poco antes de morir. Todo se ha cumplido definitivamente cuando en la mañana del primer día de la semana Jesús se levanta de la postración de la muerte y comienza una nueva vida, llena de gloria y felicidad como primicia de todos los que hemos de resucitar con él y entrar a la Casa del Padre.

2. Esta noche la Iglesia anuncia la resurrección de Cristo llena de gozo y puede exclamar en el pregón pascual: “Esta es la noche en que rotas las cadenas de la muerte, Cristo asciende victorioso del abismo... Necesario fue el pecado de Adán, que ha sido borrado por la muerte de Cristo. ¡Feliz culpa que mereció tal Redentor!"

La Iglesia y nosotros con ella anunciamos al mundo esta gran noticia: Que Cristo ha resucitado para nuestra salvación y vive para siempre en la gloria del Padre.

La reacción de los que escuchan este Evangelio es parecida en todo tiempo. Unos creen este anuncio y otros no. Los incrédulos lo interpretarán como un engaño, o como una ilusión de los discípulos fanáticos. Incluso aquellos que aceptan la figura de Jesús como un singular profeta no tendrán inconveniente en aceptar la resurrección como una bella “metáfora”, contentándose con el legado de las enseñanzas de Jesús. Verdaderamente era un profeta, un gran profeta, pero el anuncio de su resurrección les parecerá un exceso.

3.- Nosotros esta noche experimentamos el gozo de la fe que transforma y levanta nuestros corazones impulsándonos a proclamar con la Iglesia a los cuatro vientos: ¡Jesús ha resucitado!

La fe adormecida se ilumina. El corazón siente la caricia de la llama del Santo Espíritu. Todo encaja a esta luz, las profecías y las enseñanzas del Maestro, que como a los discípulos de Emaús se sienta con nosotros a la mesa, nos parte el pan y nos abre el sentido interior para comprender las escrituras, convenía que el Mesías padeciera y entrara así en la gloria como el primero de los hombres a quienes se les han abierto las puertas del paraíso.

4.- Esta noche Jesús nos invita a renovar nuestro bautismo y la confirmación, que nos concedió la gracia de pasar de la muerte a la vida. Si Cristo no hubiera resucitado, vana sería nuestra fe, estaríamos aún sometidos a la esclavitud de nuestros pecados, como enseñaba Pablo a los fieles de Corinto. La celebración de la pascua de la resurrección nos impulsará a vivir la fe bautismal, a ser fieles discípulos de Jesús, muriendo al pecado de una vez para siempre para vivir para Dios en Cristo Jesús resucitado. Esta es nuestra tarea fundamental si queremos ser mensajeros de la buena noticia ante nuestros hermanos.

La pascua de Jesús nos invita a sacudir la indolencia y la postura individualista de la comodidad, para entregarnos a la vida comprometida en el amor fraterno. Nuestro testimonio se realiza no solo con palabras, sino principalmente con obras de amor y misericordia, porque estas obras son signos del poder de Dios que actúa en nosotros por la resurrección de Jesús. "Seréis mis testigos. Yo os envío. Estaré con vosotros hasta el fin del mundo."


2.- DEL AYER AL HOY: UNA SUCESIÓN DE NOCHES. ¡ALELUYA!

Por Javier Leoz

1.- En esta noche santa, en que nuestro Señor Jesucristo ha pasado de la muerte a la vida, la Iglesia invita a todos sus hijos, diseminados por el mundo, a que se reúnan para velar en oración (Monición para el lucernario, Vigilia Pascual).

La iglesia revive y vela en esta noche, allá donde está presente, la sucesión de las etapas de la salvación: desde sus inicios (en el Génesis) hasta la hora de Jesús (el Evangelio)

Porque no hubo testigos de la resurrección de Cristo, la iglesia, no quiere perderse este momento: ¡Cristo ha resucitado! Porque, la Iglesia, quiere saborear y contemplar aquellos momentos de salvación que Dios ha realizado con su pueblo no quiere vivir de espaldas a esta noche.

¡Cantemos con alegría desbordante el regalo y el fruto de la pascua del Señor! ¡Todo, en Jesús, se ha cumplido! ¡El proyecto de Dios llega a su fin! ¡El proyecto de Dios se consolida definitivamente con la resurrección de Jesús! En esta noche, este gran acontecimiento, no puede pasar desapercibido

Con las tres mujeres, que se acercan al sepulcro, mucha gente de nuestro mundo llega y se queda paralizada ante la puerta del sepulcro. No saben que, Jesús no estaba llamado a las cenizas, sino al triunfo. ¡Ha resucitado! Aquel Alba, único e irrepetible para Jesús (pero futuro para los que creemos en EL) se convirtió en el broche y en el objetivo de la Pascua de Jesús: ¡Todo esto era necesario para que se cumplieran las sagradas escrituras! ¡Todo por el rescate del hombre! ¡Todo, sin dejar una coma escrita por Dios!

2.- Hoy, como en aquella madrugada, nos asomamos al sepulcro vacío y escuchamos: ¡No está ha resucitado! Y, si el Señor no está, no es porque lo hayan robado. Porque sea fruto de una broma macabra. Porque los discípulos jueguen a disimular o disfrazar la gran verdad de Jesús Maestro: ¡Volveré!

Hoy, en esta noche, como en el principio de la creación (donde todo era oscuridad y caos), como en aquella noche en que Abraham fue llamado a ser padre de numerosos pueblos, como en aquella noche en que María se convirtió en lámpara que alumbró a Cristo en Belén, como en aquella noche en la que Jesús estuvo a punto de pasar del cáliz amargo, como en aquella noche –sucesión de muchas noches- estamos en vela. ¡No queremos que nos venza el sueño¡ ¡No deseamos que, el Señor, se nos vaya sin darnos cuenta de entre las manos¡ ¡No podemos permitir que el Resucitado pase invisiblemente delante de nuestros ojos!

3.- ¡Bendita, esta noche, la última y la más gloriosa de otras tantas noches, traspasada por la fe, la luz, el amor y la ternura! Descosida y deshilachada en vendas y sudario que creyeron dejar, a una con la muerte, todo atado y bien atado.

Ayer era la silueta de la cruz la que nos invitaba a levantar la mirada. Hoy, en esta noche con la Iglesia en vela, afinamos nuestros oídos porque sabemos que un gran pregón se nos ha dado: ¡Ha resucitado! ¡El Cirio Pascual ilumina hasta los rincones más oscuros de nuestra existencia!

Aunque muchos no se den cuenta. Aunque otros prefieran a un Jesús enlosado o emparedado. Aunque otros se hayan quedado lacrimosos y agarrados a la cruz del Viernes Santo. Aunque otros, por el paso y el peso de los nuevos tiempos, hayan vendido a Jesús, no tanto por ruidosas monedas de plata, cuanto por cobardía o vergüenza. ¡Ha resucitado!

Hoy, hermanos, a partir de esta noche ya no podremos buscar a Jesús en el camposanto prestado. Hoy amigos, con el sepulcro dinamitado, a Jesús hay que buscarlo en la vida. Nosotros no creemos porque esté el sepulcro vacío; creemos porque hemos sentido a Jesús vivo y en nuestra vida. Una VIDA con mayúsculas que se nos es regala en la medida en que nos ponemos en movimiento para buscarla. Cuando nos ponemos en actitud de fe y de confianza. Cuando, lejos de mirar con el corazón roto hacia el calvario sangrante, cantamos con emoción contenida o sin contener delante del sepulcro vacío: ¡HA RESUCITADO!

4.- Busquemos a Cristo en su Palabra que es vida. En tantos gestos que nos ha dejado como cuño e impronta de su existencia. Descubramos a Cristo en la Eucaristía, memorial de su muerte y de su vida. Preguntemos por Cristo en el hermano, donde Jesús camina, llora, sufre y goza, a veces demasiado invisiblemente a nuestros ojos. Busquemos a Cristo

¿No lo oís? ¿No lo sentís? ¿No lo veis? Es el ángel del Señor. Una vez más nos dice que no busquemos a Cristo en esa dirección que nos lleva a la muerte. Que no lo busquemos en nuestros propios miedos, orgullos, miedos y vanidades.

¿No lo oís? ¿No os acaricia la suave brisa del caminar del ángel del Señor?

No busquéis a Cristo en vuestro vacío, en el camposanto del materialismo ni del poder, en el sepulcro de vidas encerradas en sí mismas. ¡No lo busquéis ahí!

5.- Esta noche, tal vez sin percatarnos del todo de su Misterio, se abre una nueva primavera para el mundo. Tenemos que llevar un mensaje de esperanza allá donde trabajamos, decidimos, lloramos o amamos.

Hemos sido, después de una sucesión de muchas santas noches, testigos del destello divino más grande anunciado desde siglos: ¡DIOS HA CUMPLIDO! Ahora nos toca a nosotros. Renovemos, con la misma fuerza que lo hicieron nuestros padres el día en el que nos bautizaron, el deseo de seguir a Cristo Resucitado.

¡Gracias, Señor, por haberme dejado compartir esta noche santa y dichosa!

Me he asomado a tu sepulcro, y en ese momento Señor, salías hablándome del triunfo de la vida sobre la muerte.

¡Ha merecido la pena, Señor, ser tu amigo!


3 - ¿CREEMOS EN LA RESURRECCIÓN O NO CREEMOS?

Por José Maria Maruri, S. J.

1. - Desde que nuestra sociedad comenzó a darse cuenta de que no éramos libres, que andábamos reprimidos, se empezó a hablar y a trabajar en contra de todo tabú: el tabú del sexo, el tabú del porro y las drogas, el tabú de los padres y maestros…

Pero ha quedado un tabú, del que es tabú hablar y es el tabú de la muerte. Digo, de él también se habla, pero no para librarnos de él, sino para, por eutanasia, poner la pesada losa de la muerte cuanto antes sobre los que no tienen remedio.

2.- Sólo ha habido un hombre en la Historia que se ha atrevido a hablar en contra del tabú de la muerte. El que se ha llamado a sí mismo: verdad y vida. Resurrección y vida. El que ha prometido vida eterna a los que creen en Él.

Jesús Dios es el único que puede prometer, sin aplicaciones políticas ni concesiones a la galería, que puede acabar con el tabú de la muerte con la idea de que pasaremos de esta vida, a través de la muerte, a una vida inacabable.

Jesús no escamotea la muerte. Pasa por ella, pero la vence.

Jesús no nos enseña a morir dignamente y a quedarnos en la tumba. Nos enseña que la muerte es un dintel oscuro entre dos habitaciones llenas de vida; que la muerte es una frontera entre dos vidas, que la muerte es un puente que une la orilla de la vida mortal con la orilla de la eternidad; que la muerte es el traqueteo del tren al entrar en esa estación del Reino de la Vida y de la vida eterna y que es una mera transformación del grano de trigo en la vitalidad pujante de la espiga.

3.- Jesús Dios no es dios de muertos, sino de vivos. Por eso los ángeles no comprenden que los discípulos busquen entre los muertos al que vive:

—No es en el sepulcro sellado.

—No es en la oscuridad de la tumba.

—No es en la tristeza y las lágrimas.

—No es en caras amargas y alargadas.

—No es en todo aquello que paraliza al hombre, donde Dios está:

—A Dios se le encuentra, no en la inmovilidad de un cadáver, sino en la agitación de aquellas mujeres que huyen del sepulcro vacío.

—A Dios lo encuentra María, no en las tinieblas de la tumba, sino en medio de una explosión de flores y plantas en el jardín.

—A dios se lo tropiezan al aire libre los caminantes de Emaús.

—A Dios lo palpan los Apóstoles en una reunión de amigos en el Cenáculo.

Dios es vida y está donde hay vida, no entre crespones de luto.

4.- Este es el mensaje de la Resurrección: Que Dios no ha hecho al hombre para la muerte sino para la vida y que en la misma muerte hay vida.

—Como en la muerte de la semilla está la fecundidad vital de toda planta.

—Como en la explosión de una estrella del cielo nace una luz por millones de años.

Así en la muerte de Jesús, y en la nuestra, hay una explosión de vitalidad que tiende al infinito.

¿Creemos en la Resurrección o no creemos? Si no creemos es natural la tristeza de tantos cristianos. Es natural que nos aburra la religión. Es natural que, a veces, hasta deseásemos no haber tenido esa Fe. Es natural que llevemos a rastras nuestra vida cristiana.

El que cree tiene la vitalidad del salmón que nada contracorriente río arriba para dejar, allá en lo alto, un nuevo principio de Vida.

El que ni cree se deja empujar como canto rodado río abajo. Vivirá como pez en pecera respirando malamente hasta que una mañana lo encuentren panza arriba, sin vida.


4.- EL BILLETE DE VUELTA

Por Ángel Gómez Escorial

1.- Quiero revelaros una cosa importante en esta noche santa de luz y de alegría. El fermento que en mi dejó la celebración de una vigilia pascual fue, sin duda, mi billete de vuelta para volver a la fe. Acudí a dicha ceremonia siendo muy joven, cuando iniciaba la separación total de la Iglesia. Pero siempre estuvo presente ese recuerdo localizado en la capilla bizantina del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, de la calle Serrano, de Madrid. Por eso cuando se acerca la hora nocturna para acudir al templo a esperar la Resurrección del Señor pues estoy nervioso y agitado. Creo que eso mismo les pasaría a los catecúmenos que en una noche como esta esperaban su bautismo y su entrada plena en la familia cristiana.

2.- En esta noche de Pascua es cuando se comprende ya totalmente lo que ha sido la Semana Santa, lo que han sido esos días tan especiales en los que Jesús pasaba de ser un hombre conocido, famoso, –querido por unos y perseguido por otros—a convertirse en un delincuente sometido a un proceso terrible, con turbas vocingleras intentando cambiar la voluntad del Gobernador romano, con un recorrido terrible –Vía Dolorosa—por la ciudad de Jerusalén con la cruz a cuestas y con una muerte atroz –de larga agonía—en el Gólgota. Hemos de ser justos. La desbandada de los apóstoles ante la detención de Jesús no es tan extraña o tan afrentosa. La situación creada era ininteligible. Y durante las horas siguientes el desconcierto y el dolor tuvieron que ser enormes.

3.- Nadie fue testigo de la Resurrección, algún autor fantasioso habla como de una explosión atómica, siendo tanta la energía desplegada en la salida de la gruta del Señor Jesús. Esa explosión es la que dejaría fuera de combate a los soldados que custodiaban el sepulcro. Muy fuerte parece eso. De todas formas, es difícil para un ser humano imaginas los modos y los procedimientos de Dios. No creo en la explosión –es una idea mía—si en un golpe de luz, la luz que hoy mismo llega a nuestros corazones después de haber encendido el cirio pascual, presencia viva del Espíritu Santo es nuestra cercanía.

4.- Las lecturas tan numerosas y bellas nos hablan de la historia del ser humano y de su caminar conjuntamente con Dios. Jesús de Nazaret murió para cambiar la historia y para reconciliar a la creación con Dios Padre. Resucitaba para confirmar esa fuerza divina de paz y amor. La tristeza del Viernes Santo se ha esfumado y, en su lugar, aparece la alegría desplegada ante la victoria de Cristo que es para siempre. Y todas estas cosas, toda la felicidad por el triunfo debe llegar –y llenar—nuestro corazón y hacerle rico en esperanza. Es verdad que la vida no es fácil, que el pecado, la desdicha, el dolor, todo ello está ahí. Pero la resurrección de Nuestro Señor es lo que nos enseña que podemos cambiar, que nuestra vida puede acercarse más y más a la de Jesús; y ser como Él, porque Él mismo nos lo ha mandado. La resurrección es un triunfo de todos y conlleva la promesa que un día todos tendremos un cuerpo glorioso semejante al de Él. Eso es lo importante y ello es lo que nos ayuda a seguir nuestro camino a la espera de encontrarnos con Él, como los discípulos de Emaús. Y ojalá nosotros sepamos reconocerles de inmediato. ¡Feliz Noche! ¡Feliz Pascua! ¡El Señor Jesús vive, ha resucitado!