Jueves Santo: Misa Vespertina de la Cena del Señor
24 de marzo de 2005

La homilía de Betania


1.- ES, EL SEÑOR, QUIEN SE ARRODILLA

Por Javier Leoz

2.- CON AMOR INMENSO TE AME

Por Jesús Martí Ballester

3.- EUCARISTIA. PASCUA NUEVA Y ETERNA

Por Antonio Díaz Tortajada

4.- SE HIZO ESCLAVO POR NOSOTROS

Por Ángel Gómez Escorial


1.- ES, EL SEÑOR, QUIEN SE ARRODILLA

Por Javier Leoz

1.- Jueves Santo es el día de la cena eucarística acompasada de un gesto que, dejó desconcertados, a más de un discípulo: Jesús lavando los pies

Cuando somos invitados, además de una buena mesa; ¿No agradecemos los detalles que tiene el anfitrión con nosotros? ¿No es mejor un buen ambiente que unos suculentos alimentos?

2. Era costumbre entre los judíos ofrecer a los invitados la oportunidad de asearse los pies. Los caminos polvorientos daban una ocasión propicia para que el señor de la casa, a través de los siervos, honrase a los visitantes de esta manera.

Lo extraordinariamente nuevo del relato evangélico es que, no es un discípulo quien se humilla para lavar los pies, es el mismo Cristo (quien siendo Señor) realiza este gesto como enseñanza, indicación y condiciones para ser sus testigos: “si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros”.

A partir de ese momento, aunque todavía estaban sostenidos en el aire los ecos de las bienaventuranzas, cambia el orden de valores para entender y comprender el fundamento de la comunidad cristiana: quién más sirve es el mas importante a los ojos de Dios y cuenta con el beneplácito del Maestro.

2.- Cuando el sacerdote se arrodilla a los pies de doce personas, que representan el apostolado, se recuerda a sí mismo y nos interpela a todos sobre el camino que llevamos para vivir el Evangelio: el amor. Este gesto, entre otras muchas cosas, nos pregunta sobre ciertos atajos que a veces cogemos para huir de realidades que no nos gustan.

Ciertamente que, a veces, es duro llevar hasta las últimas consecuencias esa exigencia: amar aún humillándose. Pero lo cierto es que, Jueves Santo, no es un simple reportaje para contemplar tres diapositivas sobre el sacerdocio, la eucaristía o el amor.

Jesús, antes de ofrecer su vida al Padre, quiere dejarnos (como lo hizo con sus discípulos) algunas cosas claras y que expresan sus últimas voluntades.

Pedro, en su reacción airada, puede reflejar perfectamente a cuántos nos resistimos a comprender, entender la fe y el ser iglesia desde el servicio. ¿Lavarme Tú a mí los pies?

3.- Jueves Santo es una llamada a la Iglesia para que siga potenciando, aunque muchos no se den cuenta o incluso lo ignoren, uno de sus pilares fundamentales: el amor desde el servicio.

Sólo una Iglesia que sirve (aunque sea desde el silencio y sin demasiado ruido) puede celebrar con verdad el segundo regalo que el Señor nos deja después de lavarnos los pies: la eucaristía.

La eucaristía, en Jueves Santo, se convierte para nosotros en una garantía de que el Señor, aunque se vaya, se quedará de una forma misteriosa pero real. ¿Por qué nos cuesta tanto mantener vivo el deseo de Jesús de que no nos cansáramos de celebrarla?

Estamos, por iniciativa de Juan Pablo II, metidos de lleno en el Año de la Eucaristía. Hoy, Jueves Santo, es un día muy apropiado para comprometernos a cuidar y valorar, vivir y formarnos en este Misterio que es la fuente y la cumbre de todo nuestro apostolado, de nuestro ser iglesia, de todo lo que realizamos allá donde nos encontramos.

Nuestra vida cristiana no puede quedar reducida a una relación única y personal con Dios (sería muy cómodo) pero tampoco a una especie de “ONG” que prescinde totalmente de una referencia al amor divino instalándose en un plano meramente solidario y humanitario.

Recientemente me sorprendía, en un programa radiofónico, la confesión de un joven que cansado de trabajar altruistamente en un país extranjero manifestaba: “la diferencia entre los sacerdotes, misioneras y voluntarios cristianos y los que trabajamos en el campo social es que, aquellos, aunque fracasen y reciban incomprensiones siguen adelante en su misión”.

Jesús, junto con el mandamiento del amor y la eucaristía, nos deja para nuestra reflexión y servicio, el don del sacerdocio. Los sacerdotes, con muchas debilidades y conscientes de nuestros fallos, intentamos que –por encima de todo- el mundo no olvide que Dios es amor. Un amor que se entrega y se hace presente en cada eucaristía. Un amor que, cuando se consagra y se comulga, empuja a desvivirse con pasión y sin miedos a favor de los hombres. Aunque sea en pequeños detalles.

Si el Señor se arrodilla en esta tarde ¿Por qué nos cuesta a nosotros incluso inclinar un poco la cabeza ante el hermano?


2.- CON AMOR INMENSO TE AME

Por Jesús Martí Ballester

1.- "Sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo" Juan 13,1. El amor inmenso de Dios a sus discípulos y en ellos a todos los hombres, encerrado en el Corazón de Cristo, como un embalse gigantesco, parece que se va a desbordar en la expresión del evangelista: "los amó hasta el extremo". La manifestación de ese amor extremado va a ser la institución de la Eucaristía. San Juan de Ribera lo formuló en su divisa episcopal: "Tibi post haec, fili mi, ultra quid faciam". "Después de esto, ¿qué más puedo hacer por ti, hijo mío?"

2. La característica más típica de la pascua hebrea era que había de celebrarse "de prisa". Su celebración es anterior a la vida del pueblo de Israel en Egipto. Era una fiesta de pastores, que se celebraba en la primavera. En el plenilunio, sin sacerdote y en familia, se sacrificaba un cordero y con su sangre ungían los palos de la tienda. Este gesto tenía carácter propiciatorio. Asaban el cordero y lo comían con pan ázimo y con hierbas amargas.

3. Con la liberación de Egipto, la Pascua ya conocida y celebrada, recibe un significado nuevo y salvífico: Desde entonces, la "Pascua", "pasah", es el paso del ángel exterminador de los primogénitos egipcios, pasando de largo ante las casas de los hebreos, ungidas con la sangre del cordero. Israel salió de prisa de Egipto. La esclavitud cesaba y comenzaba el Éxodo. Ya no se celebraría la pascua hasta la entrada en la tierra prometida pasado el Jordán, al llegar a Jericó. A partir de entonces, la celebrarán según las prescripciones del Éxodo: con el vestido de viaje, ceñida la cintura, con un bastón en la mano y "de prisa", como peregrinos: "Hora es ya de caminar", dijo Santa Teresa preparándose para la muerte, para el "paso". Éxodo 12,1. Paso del Señor, ahora en el recuerdo, como salvación actualizada. En la historia y en mi historia. Será éste el primer mes del año. Será celebrada en familia, por tanto en el amor.

4. De los romanos habían aprendido los judíos que los hombres libres comen sentados; sólo los esclavos comen de pie. En tiempo de Jesús comían ya sentados. En la parte superior de Jerusalén está situado el Cenáculo. Cuando todo estaba preparado, Jesús, que había visto celebrar y había celebrado toda su vida la cena pascual, se reunió Jesús con sus discípulos, y, recostados alrededor de la mesa, comenzaron a celebrar la Pascua.

Jesús recita una breve oración para bendecir la mesa y todos se lavan las manos. Después bendice una primera copa que circula entre todos de mano en mano, y dice: "¡Cuánto he deseado cenar con vosotros esta Pascua antes de mi Pasión! Porque os digo que nunca más la comeré hasta que tenga su cumplimiento en el Reino de Dios". Seguidamente se sirve el pan ázimo, con las hierbas amargas untadas con salsa roja de dátiles, almendras, higos y canela. Finalmente se sirve el cordero asado. Y mientras Jesús explica el significado de la Pascua, y recuerda los beneficios de Yahvé a su pueblo, y su liberación de Egipto, se reparte una segunda copa.

5. Recostados como están sobre cojines, comen el cordero pascual asado y las hierbas silvestres, y mientras todos beben la segunda copa, dice Jesús: "Tomad esto y repartidlo entre vosotros. Porque os digo que ya no beberé el vino de la vid hasta la llegada del Reino de Dios"

6. Entonces, los discípulos contemplarán atónitos una escena inaudita e impresionante: Jesús se puso en pie, tomó una jofaina y comenzó a lavarles los pies y a secárselos con la toalla. Pedro se resiste y Jesús le dice que si no se deja lavar los pies, lo descarta de los suyos. Sólo entonces Pedro deja hacer, aunque no lo comprende. El quiere hacer cosas por Cristo, hasta dar la vida por él. Piensa que puede purificarse él solo; es necesario que Pedro se deje salvar por Jesús. Que se deje amar por el Señor. Que acepte su servicio salvífico, redentor. Este lavatorio tiene un sentido más profundo de lo que parece: no sólo es un acto de amor y un humilde servicio a sus discípulos, y acto ejemplar que deben realizar unos con otros; es un bautismo, anticipación y profecía del bautismo de sangre de mañana, Viernes Santo, cuando la derrame por Pedro y por todos los hombres en el Calvario. Lavar es purificar. La misión de Jesús es asociarse un pueblo de purificados. Así encuentran significado las palabras dichas a Pedro. Que el pequeño se incline ante el grande, no es humildad, es normalidad. Que el grande se abaje al pequeño, eso es humildad. "Cristo, a pesar de su condición divina, no se aferró a su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, haciéndose uno de tantos". Pero, ni la muerte ni la resurrección significados en el lavatorio, serán eficaces, sin la fe y el amor de los discípulos. Por eso Judas, que estaba presente, sigue manchado. Jesús quiere crear una comunidad de amor entre los hombres, desde su amor. Jesús les purifica de todo lo que se opone al amor. Ahora Pedro exagera: los pies y la cabeza. Basta la aceptación de la purificación.

7, Como cuando Juan escribe su evangelio, los tres sinópticos ya han relatado la institución de la Eucaristía, y porque sus oyentes ya la conocían y practicaban la fracción del pan, Juan no nos relata.

8. De Mateo, Lucas y Marcos, recibimos la narración escalofriante, hecha con toda sencillez y laconismo: "Mientras comían, Jesús cogió un pan, pronunció la bendición y lo partió; luego lo dio a sus discípulos, diciendo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo. Y cogiendo una copa, pronunció la acción de gracias y se la pasó, diciendo: Bebed todos, que esta es mi sangre, la sangre de la alianza, que se derrama por todos para el perdón de los pecados"

9. Veinticinco años más tarde, Pablo testifica que él ha recibido la misma tradición del Señor 1 Corintios 11,23.

10. Hoy, estamos reunidos para celebrar el sacrificio del Señor, cuyo amor inmenso al que apenas podemos asomarnos, nos produce vértigo. Al comer este pan y beber este cáliz esta tarde y quedar incorporados a su misma vida y a su mismo amor, y unificados unos con otros todos, cantemos de corazón con el salmista: "El cáliz que bendecimos es la comunión de la sangre de Cristo. ¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho? Te ofreceré un sacrificio de alabanza, invocando tu nombre, Señor" Salmo 115.

Tres grandes misterios el Señor nos propone hoy a nuestra vida y con el deseo de que centremos en ellos nuestro corazón: la institución de la Eucaristía, la institución del orden sacerdotal y el mandamiento del Señor sobre la caridad fraterna.


3.- EUCARISTIA. PASCUA NUEVA Y ETERNA

Por Antonio Díaz Tortajada

A través de la Palabra de Dios, vemos como se hacen realidad los tres grandes misterios en los que el Señor desea que entremos hoy y que los contemplemos. Como siempre la Palabra que viene de Dios nos hace entrar en la profundidad del misterio de nuestra vida que alcanza luz y fuerza, precisamente en ella. Nos ha dicho el Señor hoy a nosotros, utilizando las mismas palabras que dijo a su pueblo, en aquella Pascua o primer paso de Dios por la vida de su pueblo, que anunciaba y prefiguraba la Pascua definitiva que iba a realizar nuestro Señor Jesucristo: “Éste será un día memorable para vosotros, y lo celebraréis como fiesta en honor de Yahvé de generación en generación. Decretaréis que sea fiesta para siempre”.

2. Por nuestros pecados y también por la fuerza de los poderes de este mundo que desean fijar la atención en la mediocridad de nuestros pecados y no en la grandeza de la gracia y de la fuerza del Señor, el ministerio sacerdotal quiere ser atacado en sus fundamentos mismos. La obra es del Señor y esos fundamentos no hay fuerza humana que los derrumbe. Jesucristo ha manifestado en sí mismo el rostro perfecto y definitivo del sacerdocio de la Nueva Alianza. Esto lo ha hecho en su vida terrena, pero sobre todo en el acontecimiento central de su pasión, muerte y resurrección.

Jesús es el Buen Pastor, que ha venido no para ser servido, sino para servir. Al servicio de este sacerdocio universal de la Nueva Alianza, Jesús llamó consigo, durante su misión terrena, a algunos discípulos y con una autoridad y mandato específicos llamó y constituyó a los Doce para que estuvieran con Él, y para enviarlos a predicar con poder de expulsar los demonios.

A su vez, los Apóstoles instituidos por el Señor llevarán a cabo su misión llamando, de diversas formas, pero todas convergentes, a otros hombres, como obispos, presbíteros y diáconos, para cumplir el mandato de Jesús resucitado, que los ha enviado a todos los hombres de todos los tiempos.

3. La Eucaristía es memorial de la Pascua nueva y eterna, realizada por Cristo de una vez por todas; sacrificio convivial ofrecido a los cristianos para alimento de la vida en Cristo; prenda de la gloria futura; presencia real de Jesucristo. En la Eucaristía no solamente está presente la voluntad de Jesús que instituye un gesto de salvación, sino el propio Jesús. San Pablo nos ha hablado de tres dimensiones de la Eucaristía: Memoria del pasado, “haced esto en conmemoración mía”, pero es relación con una persona Cristo salvador que fue crucificado y ha resucitado. Se nos hace contemporáneo nuestro Jesucristo, realmente presente entre nosotros. Contemplemos, gustemos, vivamos de nuestro Señor; proclamación del presente, ya que hoy está aquí el cuerpo y la sangre del Señor, es Jesucristo quien se hace presente y por tanto toda la historia humana se concentra en este momento extraordinario de la celebración de la Eucaristía, y se nos da una orientación para el futuro, ya que en la Eucaristía se proclama el futuro del hombre y de la humanidad, “hasta que el venga”. Es un futuro que se va haciendo en comunión con Jesucristo. En la Eucaristía, donde el Señor se hace presente, descubrimos mejor que en ningún sitio, que somos amados por Dios, que Él derrama su amor sobre nosotros, manteniendo y prolongando su Encarnación entre nosotros. En la Eucaristía, se nos comunica algo indescriptible: que nada puede separarnos del amor de Dios.

4.- Nos lo ha dicho el Evangelio que “habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo”. Y no hay posibilidad de formar parte de su pueblo, de vivir de su vida y con su vida, más que acogiendo ese amor que Él nos ha regalado. Hoy celebramos el día del amor fraterno. Pero, ¿qué amor celebramos? Se trata de acoger el mismo amor del Señor en nuestra vida. No es una solidaridad más sobre asuntos que ciertamente tienen que ver con la construcción de este mundo. No se trata de utilizar las mismas armas que otros utilizan siendo en sí mismas buenas y muy humanas.

Hoy nos pide el Señor que salgamos a la vida con la originalidad de su amor, que además solamente nos lo puede dar Él. Los cristianos en este sentido, tenemos que tener el atrevimiento de salir a este mundo entregando este amor. No podemos aguarlo con otros amores por muy humanos y por tanto por buenos que sean. El Señor nos mete en este mundo para hacer entrega de su amor. Y esto nos está exigiendo ser testigos de ese amor, es decir, haber tenido experiencia del amor de Dios. Nadie puede ser testigo de nada si es que no ha visto aquello para lo que decide presentar su testimonio. Esto nos está pidiendo un descentramiento de nosotros mismos. En segundo término ser amigos de quien da ese amor y mantener esa amistad siempre: “Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando”. Y lo que nos pide el Señor es que vivamos en este mundo con su originalidad, que es entregar el amor de Dios a los hombres. Y para entregar este amor, hay que ser místicos. Y el místico no es un ser especial, es el hombre o la mujer que han decidido salir fuera de sí mismos. Es lo que hizo Jesús, todo lo puso en manos del Padre para estar dispuestos a ser mártires, a dar la vida por este amor, que para nosotros tiene un nombre: Jesucristo. Es tomar la decisión de depender solamente de quien ama.

Se trata de entrar y de participar en el centro mismo del misterio de la Eucaristía para vivir este amor. Es en la Eucaristía donde descubrimos mejor lo que es vivir de este amor. El Amor es el corazón de la Iglesia. Recordemos aquella expresión de Santa Teresa de Lisieux: “comprendí que la Iglesia tenía un Corazón y que este Corazón ardía de amor. Entendí que sólo el amor movía a los miembros de la Iglesia”.

5. ¿No es esto decir que el gran desafío que tenemos es vivir del amor que Jesús nos ha entregado? ¿No es este amor el único que da la posibilidad de vivir y crear la comunión? Promovamos una espiritualidad de comunión que nos haga sentir a cada ser humano como alguien que me pertenece y como alguien al que tengo que darle espacio en mi vida. Sintamos y vivamos según el compromiso de vida al que nos lleva esta espiritualidad.


4.- SE HIZO ESCLAVO POR NOSOTROS

Por Ángel Gómez Escorial

1.- Es sabido pero es bueno reseñarlo. Entre el pueblo judío solo los esclavos lavaban los pies al resto de los mortales. Si no había esclavos en una casa, cada uno limpiaba el polvo del camino de sus pies por si mismos. Cuando Jesús, anudándose una toalla a la cintura, decide lavar los pies a sus discípulos sabe lo que hace: se convierte en esclavo de sus apóstoles y de todos nosotros. Por eso Pedro se escandaliza. Comprende perfectamente el gesto y con su habitual sinceridad se opone a que Jesús, su Maestro, le lave a él los pies. Y este episodio de una gran belleza plástica nos lo narra el Evangelista San Juan. Su evangelio se escribió muchos después de los otros tres Sinópticos y por eso Juan pudo meditar más ese significado de servicio de Jesús a todos los hombres y mujeres de todos los tiempos.

El lavatorio se produce durante la cena de Pascua y fue durante su celebración cuando Jesús realizó otra prueba de amor, perfectamente correspondiente –y aún superior, si se quiere—con el regalo sublime de dejarnos su presencia total en el Pan y en el Vino consagrado. Fue la primera Eucaristía de la historia y el relato preciso de la misma la hemos escuchado en la Primera Carta a los Corintios, uno de los textos más antiguos de los evangelios. Y, obviamente, el texto nos resulta conocido porque las palabras de Jesús, que transcribe San Pablo, son la fórmula litúrgica utilizada para la Consagración, para la conversión del pan y del vino en Cuerpo y Sangre de Nuestro Señor Jesucristo. La primera lectura, procedente del Libro de Éxodo narra las instrucciones dadas por Dios a Moisés para la celebración de la Pascua y es correspondiente, entonces, con la Cena que celebró Jesús y cuyo ritual utilizó.

2.- Con esta celebración de la Cena del Señor entramos en el Triduo Pascual, en el cual vamos a asistir a ese milagro de amor que es la muerte y la Resurrección de Jesús. Esta celebración nos prepara para esas horas y nos deja con la tristeza de lo que ocurrirá un poco después de la cena. Getsemaní aparece en el horizonte y también la detención, la tortura y la falsa condena a muerte de un hombre justo. No hemos de perder la oportunidad de entrar fuerte, con toda nuestra alma y todo nuestro corazón, en lo que se abre para nosotros a partir de esta hora. El sacrificio de Jesús nos ha hecho libres, pero hemos de tener conciencia y consciencia de lo que significa. No perdamos, hoy esa oportunidad. No es difícil es tan solo un lenguaje de amor, de supremo amor.